¿Biblia o la Tradición?
Tomado de http://www.apologetica.org
Una
contraposición poco bíblica.
Cortesía
de Catholic Answers
Los Reformadores
Protestantes decían que la Biblia es la única fuente de las verdades de la fe,
y que para entender su mensaje había tan solo que leer las palabras del texto.
Es lo que se llama la teoría protestante de la sola scriptura,
o en español "solamente la Biblia". Según esta teoría, ninguna
autoridad no bíblica puede imponer una interpretación, y ninguna institución extrabíblica -por ejemplo la Iglesia- ha sido establecida
por Jesucristo para hacer las veces de árbitro en caso de conflictos de interpretación.
Como buenos herederos
de los Reformadores, las sectas fundamentalistas trabajan sobre la base de esta
teoría, y no pierden oportunidad para sacar a relucir su principio, que por
otro lado parecería ser su arma mas efectiva, algo que ellos aceptan como el
fundamento indiscutible de sus puntos de vista.
Sin embargo, no hay
cosa más difícil en el diálogo con los fundamentalistas que querer hacerlos
demostrar porqué creen ellos en el principio de que la Biblia solamente,
separada de toda otra fuente de autoridad, sea suficiente en cuestiones de fe.
La cuestión se reduce a saber cuál es el motivo que un Fundamentalista tiene
para creer que la Biblia es un libro inspirado, pues es obvio que ella puede
tomarse como regla de fe solamente en el caso que pueda ser comprobada su
inspiración, y por ende su inerrancia.
Claro que se trata de
una cuestión que no preocupa demasiado a la mayoría de los cristianos, y
ciertamente son pocos los que le ha brindado atención alguna vez. En general se
cree en la Biblia porque es el libro aceptado por todos los cristianos, cuya
autoridad no se discute; aún vivimos en tiempos en los que los principios
cristianos influyen en la cultura y en el medio en el que vive la mayoría de la
gente.
Un cristiano tibio que
no daría ni la más mínima credibilidad al Corán, pensaría dos veces antes de
hablar mal de la Biblia, ya que esta goza de cierto prestigio, aún cuando no
pueda explicarla ni entenderla demasiado. Podría decirse que esa persona acepta
la Biblia como inspirada -cualquiera sea su entendimiento de la inspiración-
por razones de tipo cultural, razones que, sin duda, son de escaso o ningún
valor, ya que por las mismas razones el Corán debería ser tenido como inspirado
en países de cultura musulmana.
"Para mí es motivo
suficiente"
Dígase lo mismo ante
quien sostiene que la familia en la que uno vino al mundo siempre tuvo la
Biblia como libro inspirado, y "para mí eso basta". Sería un buen
motivo solamente para aquel que no pueda hacer un trabajo de reflexión serio, y
no debemos nunca despreciar una fe sencilla, sostenida sobre fundamentos más
bien débiles. Pero sea como sea, la mera costumbre familiar o local no puede
establecerse como la base para creer en la inspiración divina de la Sagrada
Escritura.
Algunos sectarios
dicen que la Biblia es un libro inspirado porque "es un libro que
inspira". Pero la palabra inspiración es precisamente lo que se quiere
probar, y tengamos en cuenta que hay muchos escritos religiosos y muy antiguos
que ciertamente son mas "inspirados" o "emotivos" que
muchos textos, incluso libros enteros, del Antiguo Testamento. No es falta de
respeto afirmar que ciertas partes de los escritos sagrados son tan áridos como
lo serían estadísticas militares; ¡y algunas partes de la Biblia (Antiguo
Testamento) son eso, estadísticas militares!
Por ello concluyamos
que no es suficiente creer en la Sagrada Escritura por motivos culturales o por
costumbre, ni tampoco por sus textos emotivos o su belleza espiritual: hay
otros libros, alguno totalmente seculares, que sobrepasan en belleza poética
muchos pasajes de la Escritura.
¿Qué dice la Biblia de
sí misma?
¿Y qué decir de lo que
la misma Biblia enseña sobre su inspiración? Notemos que son muy pocos los
pasajes donde la Biblia misma enseña su inspiración, aunque sea de modo
indirecto, y la mayoría de los libros del Antiguo y del Nuevo Testamento no
dicen absolutamente nada sobre su inspiración. De hecho ningún autor de los
libros del Nuevo Testamento dice estar escribiendo bajo el impulso del Espíritu
Santo, excepto San Juan al escribir el Apocalipsis.
Además, en el supuesto
caso de que cada libro de la Biblia comenzase con la frase: "Este libro es
inspirado por Dios", semejante frase no probaría nada: el Corán dice estar
inspirado, el Libro del Mormón, varios libros de algunas religiones orientales.
Es más, lo libros de Mary Baker
Eddy, la fundadora de la Ciencia Cristiana, y de Ellen G.White, fundadora del
Adventismo del Séptimo Día se auto-declaran inspirados. Se puede concluir, con
bastante sentido común, que el hecho de que un escrito se atribuya cualidades
de inspiración divina no quiere decir que así lo sea.
Al fallar estos
argumentos, muchos fundamentalistas retroceden y nos afirman que "el
Espíritu Santo me dice claramente que la Biblia es inspirada", una noción
bastante subjetiva, por decir lo menos, muy afín con aquella otra, tan común
entre los sectarios, de que "el Espíritu Santo los guía para interpretar
las Escrituras". Y así, el autor anónimo del artículo "Cómo puedo
entender la Biblia", un folleto distribuido por la organización evangélica
"Radio Bible Class"
enlista doce reglas para estudiar la Biblia. La primera es "Busca la ayuda
del Espíritu Santo. El Espíritu fue dado para iluminar las Escrituras y
hacerlas revivir para ti cuando la estudies: deja que te guíe".
Si con esta regla se
entiende que cualquier persona que pida a Dios guía para interpretar la Biblia
recibirá esa guía de lo alto -y en este sentido lo entienden la mayoría de los
fundamentalistas- entonces la multiplicidad de interpretaciones contrarias y
contradictorias, aún entre los mismos Fundamentalistas, daría la preocupante
sensación de que el Espíritu Santo no ha estado haciendo bien su trabajo...
No con silogismos
Gran parte de los
fundamentalistas no dicen directamente que el Espíritu Santo les habló,
asegurándoles que la Biblia es un libro inspirado. Al menos no hablan de ese
modo. Más bien sucede así: al leer la Biblia el Espíritu "los
convence" que esa es la Palabra de Dios, reciben cierta sensación interior
de que es una palabra divina, y punto.
De cualquier modo que
se lo vea, la postura fundamentalista no resiste un razonamiento serio. Son
contados con los dedos de la mano los fundamentalistas que en un primer momento
se acercan a la Biblia como a un libro "neutral", y luego de su
lectura lo reconocen como tal, siguiendo un razonamiento lógico. De hecho los
fundamentalistas comienzan dando por supuesto el hecho de la inspiración, tal
como toman otras doctrinas de sus sectas sin razonar sobre ellas, y entonces
encuentran partes de la Sagrada Escritura que parecen fundamentar la
inspiración, cayendo así en un círculo vicioso, confirmando con la Biblia lo
que ellos crían de antemano.
La persona que quiere
reflexionar seriamente sobre el tema se defraudará con la posición fundamentalista
de la inspiración bíblica, dándose cuenta de que no cuenta con una base sólida
para mantener esa teoría. La posición católica es la única que, al fin de
cuentas, puede dar una respuesta intelectualmente satisfactoria.
La manera de razonar católica
para demostrar que la Biblia es inspirada es la siguiente: en un primer paso
consideramos la Biblia como cualquier otro libro histórico, sin presumir que es
inspirado. Estudiando el texto bíblico con los instrumentos de la ciencia
moderna llegamos a la conclusión que se trata de una obra confiable, de gran
precisión histórica, cuya precisión sobrepasa en mucho la de cualquier otro
texto histórico.
Un texto preciso
Sir Frederic Kenyon, en The Story of the Bible
hace notar lo siguiente: "Para todas las obras de la antigüedad clásica
nos vemos obligados a acudir a manuscritos escritos mucho después del original.
El autor que lleva la delantera en este sentido es Virgilio, aún cuando el
manuscrito más antiguo que de él poseemos fue escrito 350 años después de su
muerte. Para todas las demás obras clásicas, el intervalo que existe entre la
fecha del escrito original y la del manuscrito más antiguo que de él se
conserva es mucho mayor: para Livio es de unos 500
años, para Horacio de 900, para la mayoría de la obras de Platón es de 1300,
para Eurípides 1600". Aún así, nadie pone
seriamente en duda el hecho de que poseemos copias fieles de las obras de estos
autores.
No solamente poseemos
manuscritos bíblicos más cercanos a los originales que los de la antigüedad
clásica, sino que poseemos un número mucho mayor que aquellos. Algunos de estos
manuscritos son libros enteros, otros son fragmentos, otros tan sólo algunas
palabras, pero todos ellos juntos suman miles de manuscritos en hebreo, griego,
latín, copto, siríaco y otras lenguas. Todo esto significa que poseemos un
texto rigurosamente fiel, y podemos trabajar con él con toda confianza.
Tomado históricamente
En un segundo momento
dirigimos nuestra atención a lo que la Biblia, considerada sólo como libro
histórico, nos enseña, particularmente en el Nuevo Testamento y en los
Evangelios. Examinamos el relato de la vida de Jesús, su muerte y su
resurrección.
Usando lo que nos
transmiten los Evangelios, lo que leemos en otros escritos extrabíblicos
de los primeros siglos y lo que nos enseña nuestra propia naturaleza -y lo que
de Dios podemos conocer por la luz de la razón- concluimos que Jesús o bien era
lo que decía lo que era -Dios- o bien estaba loco. (Sabemos que no pudo haber
sido tan solo un buen hombre que no fuese Dios, porque ningún buen hombre se
atribuye el ser Dios, si no lo es).
También podemos
excluir que era un loco, no solamente por lo que él dijo y enseño -ningún loco
habló jamas como lo hizo él, aunque tampoco un hombre
cuerdo nunca habló así...-, sino por lo que sus seguidores hicieron después de
su muerte. Un fraude (la tumba supuestamente vacía) se comprende, pero nadie da
la vida por un fraude, al menos por uno que no tiene ninguna perspectiva de
provecho. En conclusión, debemos afirmar que Jesús verdaderamente resucitó, y
que por lo tanto era Dios, como él decía, e hizo lo que prometió que iba a
hacer.
Otra cosa que él dijo
que haría es fundar su Iglesia, y tanto de la Biblia (tomada aún como simple
libro histórico, no como libro inspirado por Dios) como de otras fuentes
históricas antiguas sabemos que Cristo estableció una Iglesia con las notas que
hoy vemos en la Iglesia Católica: papado, jerarquía, sacerdocio, sacramentos,
autoridad para enseñar y como consecuencia de esta última, infalibilidad. La
Iglesia de Cristo debía gozar de infalibilidad de enseñanza si iba a cumplir
aquello para lo cual Cristo la fundó.
Hemos tomado materia
meramente histórico y hemos concluido que existe un Iglesia, la Iglesia
Católica, protegida por Espíritu Santo para que pueda enseñar hasta el fin de
los tiempos sin error. Vayamos entonces a la última parte del argumento.
Esa Iglesia nos dice
que la Biblia es inspirada, y podemos confiar en su enseñanza porque se trata
de una enseñanza autorizada, infalible. Sólo después de haber sido enseñados
por una autoridad propiamente constituida por Dios para transmitirnos las
verdades necesarias para nuestra fe, tal como la inspiración de la Biblia, sólo
entonces podemos usar de las Escrituras como de un libro inspirado.
Un argumento en espiral
Hay que notar que
nuestro argumento no cae en un circulo vicioso: no estamos basando la
inspiración de la Biblia en la infalibilidad de la Iglesia y la infalibilidad
de la Iglesia en la palabra inspirada de la Biblia; eso sería precisamente un
circulo vicioso. Lo que hemos hecho se llama argumento en espiral: por un lado
hemos argumentado sobre la confiabilidad de la Biblia como texto meramente
histórico; de allí sabemos que Jesús fundó una Iglesia infalible, y sólo
entonces tomamos la palabra de esa Iglesia infalible que nos enseña que la
palabra que nos transmite la Biblia es una palabra inspirada, Palabra de Dios.
No se trata de un circulo cerrado, ya que la conclusión final (la Biblia es la
Palabra de Dios) no es el enunciado del cual partimos (la Biblia es un
libro históricamente confiable), y este enunciado inicial no esta basado en
absoluto en la conclusión final. Lo que hemos demostrado es que, si excluimos a
la Iglesia, no tenemos suficientes motivos para afirmar que la Biblia es la
Palabra de Dios.
Claro que lo que
acabamos de discutir no es precisamente el razonamiento que la gente
habitualmente hace al acercarse a la Biblia, pero es la única manera razonable
de hacerlo, a la hora de preguntarnos porqué creemos en la Biblia. Todo otro
razonamiento es insuficiente; tal vez haya argumentos más cercanos a la gente
desde el punto de vista psicológico, pero estrictamente son argumentos en el
fondo no convincentes. En matemáticas aceptamos "por fe" (no en el
sentido teológico del termino, claro) que dos más dos son cuatro. Es una verdad
que nos parece evidente y satisfactoria sin demasiados argumentos, pero el que
quiera estudiar el profesorado de matemáticas tendrá que estudiar un semestre
entero tratando de probar esas verdades "obvias".
Razones inadecuadas
El punto aquí es el
siguiente: los fundamentalistas tienen mucha razón en creer que la Biblia es un
libro inspirado por Dios, pero sus razones para creerlo son inadecuadas,
insuficientes, ya que la aceptación de la inspiración divina de las Escrituras
puede basarse satisfactoriamente sólo en una autoridad establecida por Dios que
nos lo asegure, y esa autoridad es la Iglesia.
Y precisamente aquí
llegamos a un problema más serio: puede parecerle a alguno que mientras yo crea
en la Biblia como en la Palabra de Dios poco importa el motivo por el cual lo
crea: lo importante es que acepto la Biblia como la Palabra de Dios. Pero el
motivo por el cual una persona cree en la Biblia afecta sustancialmente la
manera de interpretar la Biblia. El creyente católico cree en la Biblia porque
la Iglesia así se lo enseña, y esa misma Iglesia tiene la autoridad de
interpretar el texto inspirado. Los fundamentalistas, por su lado, creen en la
Biblia -aunque basados en argumentos poco convincentes- pero no tienen ninguna
otra autoridad para interpretar el texto bíblico excepto sus propios puntos de
vista.
El Cardenal Newman lo expresaba en 1884 de la siguiente manera:
"Ciertamente que si las revelaciones y enseñanzas bíblicas del texto sagrado
se dirigen a nosotros de una manera personal y práctica, se hace imperante la
presencia formal en medio de nosotros de un juez y expositor autoritativo de
esas revelaciones y enseñanzas. Es antecedentemente irracional suponer que un
libro tan complejo, tan poco sistemático, en partes tan oscuro, fruto de tantas
mentes tan distintas, lugares y tiempos diferentes, fuésenos
dado desde lo alto sin una autoridad interpretativa del mismo, ya que no
podemos esperar que se interprete a sí mismo. El hecho de que sea un libro
inspirado nos asegura la verdad de su contenido, no la interpretación del
mismo. Como puede el simple lector distinguir lo que es didáctico de lo que es
histórico, lo que es un hecho de lo que es una visión, lo que alegórico de lo
que es literal, lo que es un recurso idiomático y lo que es gramatical, lo que
se enuncia formalmente de lo que ocurre como al paso, cuales son las
obligaciones que obligan siempre y cuales obligan sólo en determinadas
circunstancias. Los tres últimos siglos han probado tristemente que en muchos
países ha prevalecido la interpretación privada de las Escrituras. El regalo de
la inspiración divina de las Escrituras requiere como complemento obligatorio
el don de la infalibilidad de su interpretación"
Las ventajas del razonamiento
católico son dos: en primer lugar, la inspiración es estrictamente demostrada,
no sólo "sentida". Segundo, el hecho principal que late detrás de
este razonamiento -la existencia de una Iglesia infalible, docente- nos conduce
como de la mano a dar una respuesta a la pregunta del eunuco etiope (Hechos
8:31): ¿Cómo sabemos qué interpretaciones del texto son las correctas? La misma
Iglesia que autentica la Biblia, que establece su inspiración, es la autoridad
establecida por Jesucristo para interpretar su Palabra.