Estudiando la comunión de los Santos a profundidad
Por Ing. José Arráiz
Introducción
Uno de los dogmas de fe de la Iglesia católica es la comunión de los
Santos, el cual afirma que el cuerpo de Cristo, que es la Iglesia está
compuesto de la iglesia triunfante, la iglesia purgante y la iglesia militante.
La Iglesia triunfante son todos aquellos que ya han muerto, se han salvado y
completamente purificados están en comunión completa con Dios. La Iglesia
purgante son todos aquellos, que aunque ya han muerto y están salvados y
destinados al cielo, todavía no se encuentran completamente purificados. Y la
iglesia militante somos todos aquellos miembros del cuerpo de cristo que
estamos con vida sirviendo a nuestro Señor aquí en la tierra.
El Catecismo nos dice:
CIC 954: “Los tres estados de la iglesia. "Hasta que
el Señor venga en su esplendor con todos sus ángeles y, destruida la muerte,
tenga sometido todo, sus discípulos, unos peregrinan en la tierra; otros, ya
difuntos se purifican; mientras otros están glorificados, contemplando
claramente a Dios mismo, uno y trino, tal cual es.”
La intercesión de los Santos
La Iglesia considera que aquellos que pertenecen a la Iglesia triunfante
pueden interceder por nosotros ante Dios para que nos brinde su auxilio
oportuno y nos ayude en nuestro camino hacia Él. Los ángeles que también están
en comunión con Dios y ven constantemente su rostro también pueden interceder
por nosotros. El catecismo a este respecto nos dice:
CIC 957: “Por el hecho de que los del cielo están más íntimamente
unidos con Cristo, consolidan más firmemente a toda la Iglesia en la santidad…
no dejan de interceder por nosotros ante el Padre. Presentan por medio del
único Mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús, los méritos que
adquirieron en la tierra… Su solicitud fraterna ayuda pues, mucho a nuestra
debilidad.”
Es frecuente encontrar ante esta doctrina una dura oposición de los
hermanos cristianos de Iglesias no católicas. Afirman que no se les debe pedir
a los Santos intercesión ante Dios, algunos dan unas razones y otros dan otras.
Para analizar estas razones y su validez a la luz de la Escritura he querido
hacer este pequeño estudio.
Razones de los hermanos no católicos para negar la
intercesión de los Santos.
Razón 1: Afirman que es pecado de idolatría
pedir a alguien que no sea Cristo que interceda por nosotros, ya que Él es el
único mediador entre Dios Padre y los hombres. Esta afirmación se basa en lo
que dice la escritura:
“Porque hay un solo Dios, y también un solo mediador entre Dios y los hombres,
Cristo Jesús, hombre también,” 1 Timoteo
2,5
Empecemos por dejar sentado que idolatría consiste en poner algo en lugar
de Dios, al pedir a los Santos que intercedan por nosotros ante Dios no se les
está colocando a ellos como Dios, todo lo contrario. También hay que notar que
tampoco les estamos dando el lugar de Cristo como único mediador, y veamos con
más detalle las razones:
Ante todo debemos saber que mediador etimológicamente proviene del latín mediator, de mediare, pararse o dividir en el medio, pero veamos una definición más
clara:
Mediador: "interceder o rogar por uno.
Interponerse entre dos o más que riñen o contienden, procurando reconciliarlos
y unirlos en amistad. Existir o estar una cosa en medio de otras".
El término mismo no produce gran dificultad, y se entiende en general de
buenas a primera: "mediador" es quién está entre dos o más
personas, ofreciendo su persona para hacer como de puente entre ellas,
sobretodo si estas están en conflicto.
Cristo es mediador porque el ha pagado por la deuda que el ofensor
(nosotros) teníamos con el ofendido (Dios). En esa forma solo Cristo puede
mediar por nosotros porque El ha muerto para pagar nuestros pecados y nadie
más. En ese sentido, más nadie, ni la Virgen, ni los Santos, ni los ángeles pueden
mediar.
Pero interceder suplicando al ofendido (Dios) que perdone al ofensor
(Nosotros), y en rogar al Todopoderoso que envíe ayudas especiales al
necesitado, en esta segunda forma de mediación, la Virgen, los Santos y hasta
nosotros podemos ser mediadores, porque todos somos miembros del cuerpo de
Cristo que es la Iglesia.
En la Biblia podemos encontrar varios ejemplos:
Cuando Dios se disgustó por los cuatro hombres que le habían inventado al
Patriarca Job lo que él no había hecho, les dijo:
“Así que tomad siete novillos y siete carneros,
id donde mi siervo Job, y ofreced por vosotros un holocausto. Mi siervo
Job intercederá por vosotros y, en atención a él, no os castigaré por
no haber hablado con verdad de mí, como mi siervo Job.»” Job 42,8
En este caso Job aparece como intercesor entre los hombres y Dios, pero no
para pagar las deudas que le tenían al Señor sino para rogar en favor de ellos.
Y el Señor atendió su petición y los perdonó.
Moisés también fue intercesor del pueblo de Dios:
“Perdona, pues, la iniquidad de este pueblo
conforme a la grandeza de tu bondad,
como has soportado a este pueblo desde Egipto hasta aquí.» Dijo Yahveh:
«Le perdono, según tus palabras.” Números 14,19
“El pueblo fue a decirle a Moisés: «Hemos
pecado por haber hablado contra Yahveh y contra ti. Intercede ante Yahveh para
que aparte de nosotros las serpientes,» Moisés intercedió por el pueblo.” Números 21,7
“Déjame ahora que se encienda mi ira contra
ellos y los devore; de ti, en cambio, haré
un gran pueblo.» Pero Moisés trató de aplacar a Yahveh su Dios, diciendo:
"¿Por qué, oh Yahveh, ha de encenderse tu ira contra tu pueblo, el
que tú sacaste de la tierra de Egipto con gran poder y mano fuerte?” Éxodo 32,10-11
Aquí otra vez, vemos que aparece Moisés como intercesor, no pagando los
pecados de los otros (que eso solamente lo pudo hacer y lo hizo Jesucristo)
sino rogando en favor de ellos.
Abraham intercedió por Somoda y Gomorra :
“Dijo, pues, Yahveh: «El clamor de Sodoma y de
Gomorra es grande; y su pecado gravísimo. Ea, voy a bajar personalmente, a ver
si lo que han hecho responde en todo al clamor que ha llegado hasta mí, y si
no, he de saberlo.». Abordóle Abraham y dijo: «¿Así que vas a borrar al
justo con el malvado? Tal vez haya cincuenta justos en la ciudad. ¿Es
que vas a borrarlos, y no perdonarás a aquel lugar por los cincuenta justos que
hubiere dentro?” Génesis 18,20-21.23-24
Único mediador pagando la deuda es Cristo. Pero intercesores rogando, si
pueden ser la Santísima Virgen María, los santos y lo podemos ser nosotros
rogando en favor de los demás.
Incluso también vemos como los mismos ángeles interceden con sus peticiones
por nosotros:
“Tomó la palabra el ángel de Yahveh y dijo: «Oh
Yahveh Sebaot, ¿hasta cuándo seguirás sin apiadarte de Jerusalén y de las
ciudades de Judá, contra las cuales
estás irritado desde hace setenta años?» Yahveh respondió al ángel que
hablaba conmigo palabras buenas, palabras de consuelo.” Zacarías 1,12-13
Un ejemplo de este tipo de intercesión poderosa (no pagando la deuda) sino
basada en la petición de aquellos que están unidos a Cristo lo vemos en el
nuevo testamento en el pasaje de las bodas de Caná:
“Fue invitado también a la boda Jesús con sus discípulos. Y, como faltara vino,
porque se había acabado el vino de la boda, le dice a Jesús su madre: «No
tienen vino.» Jesús le responde: «¿Qué tengo yo contigo, mujer? Todavía no
ha llegado mi hora.» Dice su madre a los sirvientes: = «Haced lo
que él os diga.» = Había allí seis tinajas de piedra, puestas para las
purificaciones de los judíos, de dos o tres medidas cada una. Les dice Jesús:
«Llenad las tinajas de agua.» Y las llenaron hasta arriba. «Sacadlo ahora, les
dice, y llevadlo al maestresala.» Ellos lo llevaron. Cuando el maestresala
probó el agua convertida en vino, como ignoraba de dónde era (los sirvientes,
los que habían sacado el agua, sí que lo sabían), llama el maestresala al novio
y le dice: «Todos sirven primero el vino bueno y cuando ya están bebidos, el
inferior. Pero tú has guardado el vino bueno hasta ahora.» Así, en Caná de
Galilea, dio Jesús comienzo a sus señales. Y manifestó su gloria, y creyeron en
él sus discípulos.” Juan 2,2-11
El pasaje anterior es clarísimo, nada menos que la hora en que Jesús
comenzó sus señales y manifestó su gloria fue adelantada en virtud de la
petición de su madre: («¿Qué
tengo yo contigo, mujer? Todavía no ha llegado mi hora.»). Aquí la enseñanza es clara, la
petición de aquellos que están unidos al Señor es poderosa. La petición de
María fue tan poderosa que el Señor adelantó su hora por amor a ella. Ahora
habría que preguntarse, ¿Si el Señor escuchaba hasta ese punto las peticiones
de su madre, no lo hará ahora que están juntos por toda la eternidad?
Otros ejemplos de intercesión que no es contrario a la única mediación de
Cristo los vemos cuando el Apóstol Pablo en numerosas ocasiones suplica que
oren e intercedan por El y por los demás miembros de la iglesia (a quienes
llama santos):
“Hermanos, orad también por nosotros.”
1 Tesalonicenses 5,25
“Tomad, también, = el yelmo de la salvación = y
la la espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios; siempre en oración y
súplica, orando en toda ocasión en el Espíritu, velando juntos con
perseverancia e intercediendo por todos los santos,” Efesios 6,18
“Confesaos, pues, mutuamente vuestros pecados
y orad los unos por los otros, para que seáis curados. La oración
ferviente del justo tiene mucho poder.” Santiago
5,16
Si los apóstoles pensaran que no se puede interceder por lo demás con la
oración, entonces ellos no pidieran orar por ellos y su intercesión no es
conflicto con la oración de Cristo porque es en su nombre. Por eso cuando
oramos en la misa y elevamos nuestras peticiones al Señor decimos POR CRISTO
CON ÈL Y EN ÈL. Todos somos intercesores porque estamos EN CRISTO, y
somos parte de su cuerpo místico que es la Iglesia.
Esto es tan claro que si analizamos en su contexto el pasaje de la carta de
Timoteo donde se nos habla de la mediación de Cristo entenderemos bien que una
cosa no entra en conflicto con la otra:
“Ante todo recomiendo que se hagan plegarias,
oraciones, súplicas y acciones de gracias por todos los hombres; por los reyes y por todos los constituidos en
autoridad, para que podamos vivir una vida tranquila y apacible con toda piedad
y dignidad. Esto es bueno y agradable a Dios, nuestro Salvador, que quiere
que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento pleno de la verdad.
Porque hay un solo Dios, y también un solo mediador entre Dios y los
hombres, Cristo Jesús, hombre también, que se entregó a sí mismo como rescate
por todos. Este es el testimonio dado en el tiempo oportuno,” 1 Timoteo 2,1-6
Del análisis completo del pasaje anterior podemos entender muchas cosas que
no se entenderían con el análisis aislado del versículo. Entre estas tenemos:
Primero que aunque todos podemos orar directamente a Dios, para Dios
también es agradable que oremos e intercedamos mutuamente por los demás, ya que
en esta forma colaboramos en la obra de salvación de Dios, que quiere que todos
nos salvemos, no como individuos, si no como iglesia y comunidad ayudándonos
mutuamente (ver versículos 1-3)
Segundo que Cristo es único mediador entre Dios porque se entregó a si
mismo como rescate por todos (Ver versículos 5-6), pero que esto en ningún
momento afirma que no podemos interceder con nuestras oraciones unos por otros.
Razón 2: Algunos hermanos afirman que os que
han muerto no tienen conciencia de nada, por lo que es inútil pedirles que
intercedan por nosotros. Este argumento generalmente es utilizado por testigos
de Jehová y algunas denominaciones evangélicas (una minoría).
Los que utilizan este argumento se basan en la interpretación literal del
siguiente pasaje:
“Pues mientras uno sigue unido a todos los
vivientes hay algo seguro, pues vale más perro vivo que león muerto. Porque los
vivos saben que han de morir, pero los muertos no saben nada, y no hay ya
paga para ellos, pues se perdió su memoria. Tanto su amor, como su
odio, como sus celos, ha tiempo que pereció, y no tomarán parte nunca
jamás en todo lo que pasa bajo el sol.” Eclesiastés
9,4-6
El pasaje anterior se refiere a sus cuerpos pero no a su espíritu que
retorna a Dios. En el mismo libro más adelante lo aclara:
“Acuérdate de tu Creador en tus días mozos, mientras no vengan los días malos, y se
echen encima años en que dirás: «No me agradan»;…vuelva el polvo a la
tierra, a lo que era, y el espíritu vuelva a Dios que es quien lo dio.” Eclesiastés 12.1.7
Para estudiar la Biblia hay que estudiarla en su contexto y el mensaje del
libro del Eclesiastés es que todo es vanidad sino es amar y servir a Dios.
Debemos tener en cuenta también que para este punto la revelación no estaba
completamente dada, no se tenía certeza de la vida después de la muerte, no se
sabía nada de la resurrección que fue mencionada por el profeta Daniel por
primera vez en el capítulo 12. En ese sentido no es raro encontrar en el libro
del Eclesiastés pasajes como:
“¿Quién sabe si el aliento de vida de los
humanos asciende hacia arriba y si el aliento de vida de la bestia desciende
hacia abajo, a la tierra?” Eclesiastés 3,21
No es que no se sepa si nuestro Espíritu va hacia el cielo en comparación
con el de los animales, sino que para ese entonces no estaba revelado.
“Porque el hombre y la bestia tienen la misma
suerte: muere el uno como la
otra; y ambos tienen el mismo aliento de vida. En nada aventaja el
hombre a la bestia, pues todo es vanidad.” Eclesiastés
3,19
No es que el hombre y la bestia tengan la misma suerte y que en nada
aventaje al hombre a la bestia, sino que para este punto no estaba revelado.
Cristo mismo reveló posteriormente que nosotros valemos más que los animales:
“Mirad las aves del cielo: no siembran, ni cosechan, ni recogen en graneros;
y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros más que
ellas?” Mateo 6,26
Este argumento de que los muertos no tienen conciencia de nada solo
cobraría fuerza ante alguien que no se ha leído el libro del eclesiatés
completo y sin analizarlo a la luz del nuevo testamento donde se nos revela que
aquellos que han muerto en Cristo abandonan su cuerpo para estar con Él en
espera de ser revestidos de su cuerpo resucitado.
Pablo siempre tuvo la certeza de que al morir estaría con Cristo, lo cual
para él era mucho mejor:
“Me siento apremiado por las dos partes: por
una parte, deseo partir y estar con Cristo, lo cual, ciertamente, es con
mucho lo mejor;” Filipenses 1,23
“Porque sabemos que si esta tienda, que es
nuestra morada terrestre, se desmorona, tenemos un edificio que es de Dios: una
morada eterna, no hecha por mano humana, que está en los cielos. Y así gemimos en este estado, deseando
ardientemente ser revestidos de nuestra habitación celeste, si es que nos
encontramos vestidos, y no desnudos. ¡Sí!, los que estamos en esta tienda
gemimos abrumados. No es que queramos ser devestidos, sino más bien
sobrevestidos, para que lo mortal sea absorbido por la vida. Y el que nos ha
destinado a eso es Dios, el cual nos ha dado en arras el Espíritu. Así pues, siempre
llenos de buen ánimo, sabiendo que, mientras habitamos en el cuerpo, vivimos
lejos del Señor, pues caminamos en la fe y no en la visión... Estamos,
pues, llenos de buen ánimo y preferimos salir de este cuerpo para vivir con
el Señor. Por eso, bien en nuestro cuerpo, bien fuera de él, nos
afanamos por agradarle.” 2 Corintios 5,1-9
La gran revelación de Cristo es que el ha venido para que tengamos vida y
la tengamos en abundancia y que Dios nos en un Dios de vivos sino un Dios de
muertos:
“Y acerca de que los muertos resucitan, ¿no
habéis leído en el libro de Moisés, en lo de la zarza, cómo Dios le dijo: =
Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob? = No es un Dios
de muertos, sino de vivos. Estáis en un gran error.»” Marcos
12,26-27
El pasaje anterior nos enseña que si Dios es Dios de Abraham, Isaac y Jacob
es porque ellos están vivos ya que Dios no puede ser Dios de alguien que no
existe o no tiene conciencia y por eso no es raro ver que Jesús habló con Elías
y Moisés:
“Se les aparecieron Elías y Moisés, y
conversaban con Jesús.” Marcos 9,1-4
Según lo anteriormente visto la creencia de que los muertos no tienen
conciencia de nada es equivocada y contradice lo que la Escritura enseña.
Razón 3: Una razón más frecuentemente
escuchada es que no hay prueba ni garantía de que los Santos y ángeles
intercedan por nosotros ante Dios, por lo cual es inútil pedirles.
Esta razón es completamente inadecuada por varias razones:
Primero porque la Biblia enseña que aquellos que han muerto en santidad
están en su presencia clamando:
“Cuando abrió el quinto sello, vi debajo del
altar las almas de los degollados a causa de la Palabra de Dios y del
testimonio que mantuvieron. Se pusieron a gritar con fuerte voz:
«¿Hasta cuándo, Dueño santo y veraz, vas a estar sin hacer justicia y sin tomar
venganza por nuestra sangre de los habitantes de la tierra?» Entonces
se le dio a cada uno un vestido blanco y se les dijo que esperasen todavía un
poco, hasta que se completara el número de sus consiervos y hermanos que iban a
ser muertos como ellos.” Apocalipsis 6,9-11
Si ellos claman y piden al Señor ¿Es lógico pensar que no pueden pedir por
nosotros? ¿En que cabeza cabe que si pueden pedir no pueden elegir sobre lo que
van a pedir sino que tienen que pedir solo por ellos? ¿Qué clase de bien es ese
donde vivimos en comunión con Cristo Señor Omnipotente y este no puede escuchar
nuestras plegarias porque "ya estamos en el cielo"?
Debemos ser sinceros con la Biblia. La Biblia en ninguna parte dice que los
santos no pueden orar por nosotros y no es posible prohibir algo que la Biblia
no prohíbe.
Por otro lado la Biblia es clara en que si pueden pedir todo lo que deseen:
“Cuando lo tomó, los cuatro Vivientes y los
veinticuatro Ancianos se postraron delante del Cordero. Tenía cada uno una
cítara y copas de oro llenas de perfumes, que son las oraciones de los
santos.” Apocalipsis 5,8
Las copas de perfume ante Dios son las oraciones de los santos ¿Están
excluidos aquellos que están en su presencia clamando?
“Otro Angel vino y se puso junto al altar con un
badil de oro. Se le dieron muchos perfumes para que, con las oraciones de
todos los santos, los ofreciera sobre el altar de oro colocado delante del
trono. Y por mano del Angel subió delante de Dios la humareda de los perfumes
con las oraciones de los santos.” Apocalipsis
8,3-4
Cuando se refiere a las oraciones de "todos los santos"
los incluye a TODOS, sin excepciones, porque Dios es un Dios de vivos y
no de muertos.
“Pues los ojos del Señor miran a los justos y
sus oídos escuchan su oración, pero el
rostro del Señor contra los que obran el mal.” 1
Pedro 3,12
En el pasaje anterior podría uno preguntarse ¿Es que acaso los ojos del
Señor dejan de escuchar la oración de los justos precisamente cuando están en
más intima comunión con Él? ¿Es que acaso dejan de ser justos y su oración ya
no tiene poder?
“Confesaos, pues, mutuamente vuestros pecados y
orad los unos por los otros, para que seáis curados. La oración ferviente
del justo tiene mucho poder” Santiago 5,16
Si Jesucristo escuchó y respondió a la oración del buen ladrón por un
momento de fe cuando estaba en la cruz (Lucas 23,42) no escuchará a su madre
(Lucas 2,16) que hizo en perfección la voluntad de Dios y dijo: "he aquí
la esclava del Señor. Hágase en mi según tu Palabra" (Lucas 1,38). Si por
un minuto de fe escuchó y respondió al malhechor, ¿Qué no hará Jesús por sus
amigos los santos que tuvieron una vida de fe y obediencia?
Razón 4: Afirman que es inútil pedirles porque
como solo Dios es Omnipresente no pueden escucharnos ni vernos.
Es cierto que solo Dios es Omnipresente (puede estar en todos lados) pero
es cierto también que aquellos que estan unidos a Cristo, "cara a
cara" con Dios como dice Pablo, por medio de Él podemos enterarnos de todo
lo que acontece. Realmente no sabemos como funciona el tiempo en el más allá,
ya que los que han muerto y están con Dios están con el en la eternidad, la
cual no podemos medir ni entender.
Lo que si nos enseña la Biblia es que ellos si nos pueden ver. Si
analizamos el capítulo 11 y 12 de Hebreos se nos recuerdan a todos los Santos
de la antigüedad: Abel, Henoc, Noé, Abraham, Isaac, Jacob, Moisés, Rajab,
Gedeón, Barac, Sansón, Jefté, David, Samuel y los profetas.
“Por la fe, ofreció Abel a Dios un
sacrificio más excelente que Caín, por ella fue declarado justo, …Por la fe, Henoc
fue trasladado, de modo que no vio la muerte y = no se le halló, porque le
trasladó Dios. = Porque antes de contar su traslado, la Escritura da en su favor
testimonio = de haber agradado a Dios. = … Por la fe, Noé, advertido por
Dios de lo que aún no se veía, … Por la fe, Abraham, al ser llamado por
Dios, obedeció y = salió = para el lugar que había de recibir en herencia, … lo
mismo que Isaac y Jacob, coherederos de las mismas promesas… Por
la fe, también Sara recibió, aun fuera de la edad apropiada, vigor para
ser madre, pues tuvo como digno de fe al que se lo prometía…Por la fe, bendijo Isaac
a Jacob y Esaú en orden al futuro… Por la fe, Jacob,
moribundo, bendijo a cada uno de los hijos de José, y = se inclinó apoyado en
la cabeza de su bastón. = … Por la fe, Moisés, recién nacido, = fue
durante tres meses ocultado por sus padres, = pues = vieron = que el niño era =
hermoso = y no temieron el edicto del rey… Por la fe, la ramera Rajab no
pereció con los incrédulos, por haber acogido amistosamente a los exploradores…
Y ¿a qué continuar? Pues me faltaría el tiempo si hubiera de hablar sobre Gedeón,
Barac, Sansón, Jefté, David, Samuel y los
profetas.” Hebreos 11,4-5.7-9.11.20-21.23.31-32
Y luego se les describe como una nube de testigos:
“Por tanto, también nosotros, teniendo en
torno nuestro tan gran nube de testigos, sacudamos todo
lastre y el pecado que nos asedia, y corramos con fortaleza la prueba que se nos
propone,” Hebreos 12,1
Que la nube de testigos se refiere a los santos antes mencionados es algo
imposible de negar, y ahora cabría preguntarse, Si la Biblia dice claramente
que son testigos nuestros ¿Hemos de dudar de lo que dice? ¿Será el argumento presentado
de que los santos no pueden vernos válido y consistente con la escritura que
les llama "nube de testigos?".
Razón 5: El último argumento que suelen
utilizar nuestros hermanos cuando los anteriores ya ha sido refutados es que no
se debe pedir a los Santos porque Cristo ha dicho que le pidamos directamente a
Él y eso es suficiente. Aquí mencionan pasajes como estos:
“Y todo lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si
me pedís algo en mi nombre, yo lo haré.” Juan
14,13-14
“Hijos míos, os escribo esto para que no
pequéis. Pero si alguno peca, tenemos a uno que abogue ante el Padre: a
Jesucristo, el Justo.” 1 Juan 2,1
Es claro que principalmente debemos pedir a Dios, pero también es cierto
que precisamente por las razones anteriores es que los Santos pueden pedir por
nosotros, porque ellos piden en nombre de Cristo, es Cristo que vive en ellos
que hace posible su intercesión:
“y no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en
mí; la vida que vivo al presente
en la carne, la vivo en la fe del Hijo de Dios que me amó y se entregó a sí
mismo por mí.” Gálatas 2,20
Si somos sinceros con las palabras de Jesús debemos aceptar que Cristo dice
que le pidamos a Él pero no dice que SOLO le pidamos a él, realmente estas son
dos cosas muy distintas y la segunda NO ESTA EN LA BIBLIA.
Afirmar que yo no necesito la intercesión de los Santos porque puedo orar a
Cristo directamente es como afirmar que no necesito que oren por mí. Es claro
que esta no es la actitud que tuvieron los primeros cristianos que perseveraban
juntos intercediendo unos por otros y pidiendo que sus hermanos no desmayaran
en orar por ellos. Pablo fue un ejemplo claro de esto ya que jamás dijo a nadie
que no oraran por él porque podía pedir a Cristo directamente, por el
contrario, él mismo pidió las oraciones de sus hermanos incansablemente.
Conclusión
Podemos estar seguros que los Santos y los ángeles pueden interceder por
nosotros ante Dios y es agradable a Dios que les pidamos que lo hagan. Dios
quiere que oremos unos por otros, y los Santos y Ángeles que están muy cerca de
Dios pueden ayudarnos en gran manera con sus oraciones ante Dios. Debemos estar
claros sin embargo que la fe de todo cristiano debe ser CRISTOCENTRICA, las
oraciones a los Santos deben tener un lugar completamente secundario, pero no
podemos negar que son escuchadas y que no pueden hacer nada por nosotros, esto
es equivocado desde todo punto de vista, recordemos que la oración ferviente
del justo tiene mucho poder.