Hermenéutica Protestante aplicada a la doctrina de
la Sola Fides.
Por
José Miguel Arráiz
Introducción.
Recientemente invité a participar en mi foro a Fernando García Sotomayor (un
pastor director de un seminario protestante de Barranquilla Colombia). En medio
de una de nuestras pláticas en donde no llegábamos a un acuerdo, sugirió que el problema era
que debíamos "revisar" nuestra hermenéutica, y tuvo la gentileza de compartirnos
algunas de las reglas que utilizan los protestantes.
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Regla PRIMERA.
Es preciso en cuanto sea posible tomar las palabras en su sentido usual y
ordinario esta es una regla sumamente natural y sencilla. Pero téngase muy
presente que el sentido usual y ordinario no equivale siempre al sentido
literal. Es decir, no siempre debe tomarse al “pie de la letra” especialmente
cuando los giros lingüísticos varían de un idioma a otro. Regla SEGUNDA.
Es del todo preciso tomar las palabras en el sentido que indica el conjunto
de la frase. Es decir, se debe tener en cuenta el significado de una palabra
a la luz de todas las frases. Por eso es necesario conocer el pensamiento del
autor. |
Cuando
terminó su explicación aproveché de comentarle que los protestantes no suelen
utilizar dichas reglas para definir sus sustentar sus doctrinas fundamentales. No es dificil notar que en su mayoría interpretan la Biblia de acuerdo a las enseñanzas
del fundador de su denominación. Esto es completamente normal (nadie de las
cosas en estado puro) y explica como los luteranos interpretan al modo de Lutero, los presbiterianos al de Calvino,
los metodista al modo de Arminio y Wesley, etc. etc. etc.
Antes de comenzar quiero aclarar que muchos de los
principios de hermenéutica bíblica protestante son muy similares a los de la
hermenéutica bíblica católica: Interpretar la Biblia en su contexto, en armonía
con toda la Biblia, etc, etc,
son principios que todos aplicamos. Otros son simplemente descabellados (como la regla primera). La diferencia básica estriba en que bajo
los lentes de la reforma, no se admite ningún dogma que el juicio privado de
cada creyente no apruebe. Así la última palabra en definición dogmática no reside
en el magisterio de la Iglesia sino en lo que cada quien interpreta de la
Escritura. Recuerdo haber escuchado comentar a este respecto: “La regla de hermenéutica
por excelencia es: Toda interpretación por ser interpretación está bajo
sospecha" (Esto incluye echar abajo cualquier dogma si fuese necesario).
Tomaré una doctrina
protestante fundamental, aplicaré sus propias reglas de hermenéutica y
veremos los resultados.
La
doctrina de la Sola Fides o salvación por solamente
la fe.
Esta doctrina enseña que el hombre se salva solamente por
la fe, las obras no son requeridas en ningún modo para salvarnos. Los protestantes suelen justificarla con pasajes como:
"Porque pensamos que el hombre es justificado por
la fe, sin las obras de la ley." Romanos 3,28
"Pues habéis sido salvados por la gracia mediante la
fe; y esto no viene de vosotros, sino que es un don de Dios; tampoco viene de
las obras, para que nadie se gloríe." Efesios 2,8-9
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Regla QUINTA.
Es necesario consultar los pasajes paralelos. Los pasajes paralelos son
aquellos que tienen relación, o que tratan de un mismo asunto. El buen
estudiante de la Biblia debe adquirir conocimientos exactos sobre las
doctrinas y las prácticas cristianas. Las cosas espirituales se explican por
medio de cosas espirituales. I. Co. 2:13. Un pasaje
paralelo junto a otro conforma lo que se llama una cadena temática. Ejemplo, Prov.
16:4; Mat. 10:37; Lc. 14:26; II. Ped. 3:9. |
Esta regla de hermenéutica protestante es descrita en
forma más sencilla por otros protestantes:
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“el significado doctrinal
atribuido al texto debe estar en consonancia no sólo con algunos textos
escogidos a capricho, sino con la enseñanza que sobre el mismo punto de
doctrina aparece a lo largo de toda la Biblia” José M. Martínez,
Hermenéutica Bíblica, CLIE, 1984, pág. 217 |
Ahora preguntémonos: ¿La doctrina de la Sola Fe está en
consonancia con algunos textos escogidos a capricho, o realmente esta doctrina
aparece en toda la Escritura y en todos los pasajes paralelos?
Dice también la Escritura:
” De qué sirve, hermanos míos, que alguien diga:
«Tengo fe», si no tiene obras? ¿Acaso podrá
salvarle la fe? Si un hermano o
una hermana están desnudos y carecen del sustento diario, y alguno de vosotros les dice: «Idos en paz,
calentaos y hartaos», pero no les dais lo necesario para el cuerpo, ¿de qué
sirve? Así también la fe, si no tiene
obras, está realmente muerta. Y al
contrario, alguno podrá decir: «¿Tú tienes fe?; pues
yo tengo obras. Pruébame tu fe sin obras y yo te probaré por las obras mi fe. ¿Tú crees que hay un solo Dios? Haces bien.
También los demonios lo creen y tiemblan. ¿Quieres saber tú, insensato, que la fe sin
obras es estéril? Abraham nuestro padre ¿no alcanzó la justificación por las
obras cuando = ofreció a su hijo Isaac sobre el altar? = ¿Ves cómo la fe cooperaba con sus obras y, por
las obras, la fe alcanzó su perfección? Y
alcanzó pleno cumplimiento la Escritura que dice: = Creyó Abraham en Dios y le
fue reputado como justicia = y fue llamado amigo de Dios.» Ya veis cómo el hombre es justificado por las
obras y no por la fe solamente. Del
mismo modo Rajab, la prostituta, ¿no quedó
justificada por las obras dando hospedaje a los mensajeros y haciéndoles
marchar por otro camino? Porque así como
el cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe sin obras está
muerta." Santiago 2,14-26
¿Que tenemos entonces? Una doctrina protestante
creada a base de unos cuantos textos, sin embargo otros textos
explícitamente contradicen su enunciado: "Ya veis cómo el hombre es
justificado por las obras y no por la fe solamente.". Mientras que ninguno
de los textos que proporcionan dicen que el hombre es salvado por la "sola
fe".
Hay muchos más pasajes que contradicen la doctrina
protestante, no podemos colocarlos todos, pero unos cuantos bastarán:
"Todo sarmiento que en mí no da fruto, lo corta,
y todo el que da fruto, lo limpia, para que dé más fruto." Juan 15,2
"Y vi a los muertos,
grandes y pequeños, de pie delante del trono; = fueron abiertos unos
libros, = y luego se abrió otro libro, que es el de la vida; y los muertos fueron
juzgados según lo escrito en los libros, conforme a sus obras. Y el
mar devolvió los muertos que guardaba, la Muerte y el Hades devolvieron los
muertos que guardaban, y cada uno fue juzgado según sus obras" Apocalipsis
20,12-13
"Porque es necesario que todos nosotros seamos
puestos al descubierto ante el tribunal de Cristo, para que cada cual reciba
conforme a lo que hizo durante su vida mortal, el bien o el
mal." 2 Corintios 5,10
“Aunque tuviera el don de profecía, y conociera
todos los misterios y toda la ciencia; aunque tuviera plenitud de fe como
para trasladar montañas, si no tengo caridad, nada soy” 1 Corintios 13,2.
El capítulo 25 de Mateo desde 31 es muy claro también.
Aclaración:
La doctrina católica no enseña que seamos salvados por obras (doctrina
pelagiana condenada por el magisterio). Creemos que que
la salvación es "por gracia". Dios nos salva justificandonos
gratuitamente por medio de la fe e infundiéndonos el Espíritu
Santo que nos mueve a obrar el bien. Sin embargo la gracia no anula el libre albedrío y así
los llamados de Dios deben ser respondidos: Creyendo y obrando.
Apliquemos ahora la segunda regla:
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Regla SEGUNDA. Es
del todo preciso tomar las palabras en el sentido que indica el conjunto de
la frase. Es decir, se debe tener en cuenta el significado de una palabra a
la luz de todas las frases. Por eso es necesario conocer el pensamiento del
autor |
He aquí otro punto donde los protestantes omiten dicha regla (el significado de la palabra en el conjunto de la frase). En Romanos
3,28 la palabra que utiliza San Pablo es "obras de la ley", del
griego “ergon nomou” que
significa literalmente “obras de la Torah”. Aunque se
suele traducir como "obras de la ley"; la exacta traducción es
"obras de la Torah", porque la ley (nomos)
de la cual Pablo habla en todas partes en Romanos y Gálatas
es la “Ley Mosaica” (Torah; siendo nomos la
traducción común de los Setenta del término hebreo "Torah")
Las obras de las que habla Pablo no son las obras movidas
por la fe y la caridad (De las que habla Santiago en el capítulo 2), sino las
613 leyes mosaicas que representaban para los judíos en cuanto a su
cumplimiento una forma de "comprar" la salvación.
Esto es confirmado porque en la misma carta a los Romanos
San Pablo utiliza el término "obras" (no de la ley) en un sentido
diferente (para decirnos que seremos juzgados por ellas)
"...la revelación del justo juicio de Dios, el
cual dará a cada cual según sus obras: a los que, por la
perseverancia en el bien busquen gloria, honor e inmortalidad: vida
eterna;" Romanos 2,5-7
Un análisis completo aquí: Las obras de la ley y la salvación, por James Akin (Ex protestante)
San Pablo ve bien con buenos ojos los que por
perseverancia en el bien busquen vida eterna. ¿Se está contradiciendo?, No,
veremos aplicando la siguiente regla hermenéutica que nos ha dado el pastor,
que no se contradice, sino que en el contexto cuando en Romanos 3,28 él excluye
la necesidad de hacer obras de la ley, no está refiriéndose a las obras producto
de la fe y caridad, sino a la ley Mosaica.
Apliquemos ahora la tercera regla:
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Regla TERCERA. Es necesario tomar las palabras en el sentido que indica
el contexto, a saber los versículos que preceden y siguen al texto que se
estudia. No se puede hacer doctrina con un solo versículo. Es decir se debe
tener en cuenta el contexto del texto para no inventar un pretexto. |
Si aplicamos la tercera regla veremos que se confirma lo
que concluimos al aplicar la regla 2. El contexto de Romanos y Gálatas se encuentra en pleno conflicto con los judaizantes (narrado en
Hechos 15). Estos predicaban que los gentiles tenían que circuncidarse y
cumplir el resto de las ordenazas de la ley de Moises para salvarse (incluyendo guardar el sábado, las
fiestas, los novilundios, abstenerse de comer
alimentos declarados impuros en el AT, etc.).
"Bajaron algunos de Judea que enseñaban a los
hermanos: «Si no os circuncidáis conforme a la costumbre mosaica, no podéis
salvaros.»" Hechos 15,1
Es aquí donde Pablo dice que no somos justificados por las
obras de la ley:
"Porque nada cuenta ni la circuncisión, ni la incircuncisión, sino la creación nueva." Gálatas 6,15
"Porque en Cristo Jesús ni la circuncisión ni la incircuncisión tienen valor, sino solamente la fe que
actúa por la caridad." Gálatas 5,6
En este contexto, San Pablo no está diciendo que las obras
motivadas de la fe no son necesarias, sino el cumplimiento cabal de la ley
Mosaica como forma de "comprar" de la salvación.
Este contexto es generalmente ignorado por los
protestantes, y cuando Pablo se refiere a "obras de la ley"
ellos generalizan a todo tipo de obras incluyendo de las que habla Santiago.
Una verdadera
aplicación de la hermenéutica en este tema.
Por último veamos ahora lo que la doctrina católica enseña
y como si está acorde con toda la relevación, y no con pasajes aislados.
La salvación es una gracia de Dios que recibimos al
momento de creer. Gracia significa "don", "regalo". El
hombre en su estado caído no podía salvarse a sí mismo, no había obra que él
pudiera hacer para rescatarse.
"Pues habéis sido salvados por la gracia
mediante la fe; y esto no viene de vosotros, sino que es un don de Dios;
tampoco viene de las obras, para que nadie se gloríe." Efesios 2,8-9
Es Dios quien tiene la iniciativa de salir al encuentro
con el hombre, por puro amor y bondad y no por algún merecimiento del hombre.
Así Dios infunde su gracia de forma completamente inmerecida. Esta gracia le
mueve (motiva, impulsa) a CREER y luego a OBRAR.
Dios también ha dado al hombre otro don, que es el libre
albedrío, posibilidad de elegir. Para que este don sea realmente del hombre, el
tiene que poder ejercerlo, con todas las consecuencias que puede implicar.
"Mira, yo pongo hoy ante ti vida y felicidad,
muerte y desgracia. Si escuchas los mandamientos de Yahveh
tu Dios que yo te prescribo hoy, si amas a Yahveh tu
Dios, si sigues sus caminos y guardas sus mandamientos, preceptos y normas,
vivirás y multiplicarás...Escoge la vida, para que vivas, tú y tu
descendencia" Deuteronomio 30,15-16.19
"Mira que estoy a la puerta y llamo; si
alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré
con él y él conmigo." Apocalipsis3,20
Así cuando Dios infunde su gracia al hombre, el hombre es
libre de dejarse o no mover por la gracia. (Abrir o dejar cerradas las puertas
de su corazón).
Al momento de la justificación, el hombre se deja
mover cuando cree, o se resiste cuando no cree
“El
que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará.” Marcos
16,16
"Así pues, queridos míos, de la misma manera que
habéis obedecido siempre, no sólo cuando estaba presente sino mucho más ahora
que estoy ausente, trabajad con temor y temblor por vuestra salvación,
pues Dios es quien obra en vosotros el querer y el obrar, como bien le
parece." Filipenses 2,12-13
Algo que se debe tener claro, es que Dios da su gracia a
todos los hombres, y quiere realmente que cada hombre se salve y lleguen al
conocimiento pleno de la verdad.
"Esto es bueno y agradable a Dios, nuestro
Salvador, que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al
conocimiento pleno de la verdad." 1 Timoteo 2,3-4
La diferencia entre el hombre que decide creer y no creer,
no reside en que Dios quiso o no quiso conceder el don de la fe a este hombre,
porque esto implicaría que lo predestinó a condenarse o a salvarse, sino que
este hombre haciendo ejercicio de su libertad aceptó o rechazó la gracia.
Una vez el hombre justificado, no solo le es imputada la justicia de Cristo sino que es realmente "hecho
justo", (regenerado realmente en su interior), es nueva criatura.
"Por tanto, el que está en Cristo, es una nueva
creación; pasó lo viejo, todo es nuevo." 2 Corintios 5,17
En este sentido el Espíritu Santo comienza la obra de
renovación que no es meramente un legalismo donde al hombre se le declara justo
pero sigue siendo pecador, sino que el hombre se va volviendo realmente justo.
Esto llamamos santificación.
"Porque esta es la voluntad de Dios: vuestra
santificación; que os alejéis de la fornicación, que cada uno de
vosotros sepa poseer su cuerpo con santidad y honor," 1 Tesalonicenses
4,3-4
"Teniendo, pues, estas promesas, queridos míos, purifiquémonos
de toda mancha de la carne y del espíritu, consumando la santificación
en el temor de Dios." 2 Corintios 7,1
“Procurad la paz con todos y la santidad,
sin la cual nadie verá al Señor.” Hebreos 12,14
En este momento, en y posterior a la justificación,
también el hombre sigue teniendo libertad de elegir y puede rechazar la gracia
tanto como hacerla fructificar. Esto es lo que explica la parábola de la vid,
ramas que de permanecer unidas a Cristo producen fruto. Unas más, otras menos,
otras pueden incluso no producirlos y son cortadas.
"Todo sarmiento que en mí no da fruto, lo
corta, y todo el que da fruto, lo limpia, para que dé más fruto” Juan
15,2.
Es un error pensar que estas ramas nunca estuvieron unidas
a la vid (Cristo) por el hecho de haber dejado de producir fruto y haber sido
cortadas. (No podría ser cortada una rama que no estuvo unida al árbol y no
podría ser llamado al creyente a "permanecer" en Cristo sino estuvo
unido a Él). El creyente pudo haber estado unido a Cristo, pero por el
ejercicio de su libre albedrío puede apartarse rechazando la gracia:
“Y como cooperadores
suyos que somos, os exhortamos a que no recibáis en vano la
gracia de Dios.” 2 Corintios 6,1
” Pues
más les hubiera valido no haber conocido el camino de la justicia que,
una vez conocido, volverse atrás del
santo precepto que le fue transmitido. Les ha sucedido lo de aquel
proverbio tan cierto: = «el perro vuelve a su vómito» = y «la puerca lavada, a
revolcarse en el cieno».” 2 Pedro 2,21-22
Esta colaboración de la libertad con la gracia, definido
como el ejercicio del libre albedrío de la persona, y que se traduce en el
"obrar" es un requisito indispensable para que el hombre se
salve. El hombre debe obrar conforme a la gracia recibida, no solamente
creyendo sino luego de creyendo, obrando y obedeciendo.
"y llegado a la perfección, se convirtió en
causa de salvación eterna para todos los que le obedecen,"
Hebreos 5,9
"«No todo el que me diga: "Señor, Señor, entrará
en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre
celestial." Mateo 7,21
Teniendo en cuenta que la colaboración del hombre con la
gracia es indispensable en todo momento, es un error decir que la salvación
ocurre sin intervención humana, más bien es correcto decir que la salvación es
enteramente de Dios y a la vez enteramente nuestra, o mejor aún “de Dios
a través del hombre” En este sentido decía San Agustín: "El
Dios que te creó sin ti, no te salvará sin ti":
Esta colaboración del hombre con la gracia no puede ser
desestimada, no podemos tampoco hacer la afirmación de que si el hombre tiene
fe, seguramente producirá buenas obras, porque esta afirmación excluye la
posibilidad del ejercicio pleno del libre albedrío.
Imaginemos que tenemos una ecuación de dos variables,
hacer la afirmación anterior equivale a cambiar la variable por una constante,
y resolver la formula dando valores a la variable restante. El problema de
esto, es que se tiene solo parte de la verdad, y se cae en errores.
Un ejemplo de estos errores son
visibles entre los protestantes calvinistas y jansenistas. Ellos al entender
que el hombre que tiene fe “siempre” produce obras (excluyendo la libertad de
elegir), han concluido que como es Dios quien da el don de la fe, entonces es
Dios quien predestina a un hombre para salvarse o condenarse, y el hombre no
puede hacer nada al respecto. Han terminado cambiando a un Dios que quiere que
todos se salven, por un Dios que quiere que algunos se condenen y los crea para
tal cruel destino.
Por último, una vez entendiendo que la salvación es
producto de obra de Dios y nosotros somos colaboradores secundarios, podemos
entender que debemos colaborar al momento de Creer (Fe) y al momento de ejercer
el libre albedrío fructificando la fe (obras) y por eso, la fe sola no salva,
sino la fe que produce obras, o lo que los católicos llamamos fe y obras. Debemos
elegir creer y luego en cada momento elegir obrar conforme a la fe. Todo esto
en pleno uso de nuestra libertad.
Esto está en perfecta consonancia con el evangelio, donde
las obras no son una moneda de pago donde se compra la salvación al estilo
judaico, y por eso Pablo rechaza la doctrina de salvación por obras de la ley,
sino que explica perfectamente cual es el papel de las obras. Las obras son un
SI a la iniciativa de Dios de salvarnos por pura gracia.
Es posible entender entonces porqué en el juicio todos
seremos juzgados por obras, porque por medio de nuestras obras se verá si
realmente dijimos si a la gracia de Dios, creyendo y obrando.