Estudiando el tema de la salvación a profundidad

Por Ing. José Miguel Arráiz

Introducción

¿Cómo se obtiene la salvación?, este es un tema ampliamente discutido, y la respuesta a esta pregunta puede variar de acuerdo entre las diferentes denominaciones.

Iniciaremos primero por explicar detalladamente cuales son las diferentes posturas y posiciones en este tema. Luego profundizaremos en la enseñanza bíblica y su concordancia con cada una de las posturas presentadas.

1. Diferentes perspectivas de la salvación

1.1. Perspectiva de la salvación según la Iglesia católica

La Iglesia Católica profesa que la salvación es un don gratuito de Dios, que recibimos por medio de la fe en Cristo, pero para poder hacer efectiva esta salvación debemos también cumplir los mandamientos, hacer buenas obras y vivir una vida basada en el amor.

La Iglesia enseña que la salvación es “gracia”. Esto quiere decir que Cristo, por los méritos de su muerte en la cruz, la ha ganado para nosotros. No hay nada que hubiéramos podido hacer para merecer tal sacrificio, tampoco hay nada que hubiéramos podido hacer para justificarnos. En ese sentido, cuando decimos que es gracia es porque la hemos recibido “gratuitamente”. A partir de este punto, donde el hombre es justificado por la fe, la obediencia, la práctica de las buenas obras y el cumplimiento de los mandamientos son requisitos para alcanzar la salvación. No la compran, pero son necesarias. Decimos que la salvación es por fe, pero no solamente por fe, que las obras también son necesarias para la salvación. Por consiguiente la salvación es fe y luego obras, (fe primero, obras después) pero no fe+obras.

En la siguiente sección colocaré las algunas de las secciones del catecismo oficial de la Iglesia Católica que tratan del tema:

“Nuestra justificación es obra de la gracia de Dios. La gracia es el favor, el auxilio gratuito que Dios nos da para responder a su llamada, ser hijos de Dios (cf Jn 1,12-18), hijos adoptivos (cf Rm 8, 14-17), partícipes de la naturaleza divina (cf 2 P 1,3-4), de la vida eterna (cf Jn 17,3).” CIC 1996

“Esta vocación a la vida eterna es sobrenatural. Depende enteramente de la iniciativa gratuita de Dios, porque sólo él puede revelarse y darse a sí mismo.  Sobrepasa las capacidades de la inteligencia y las fuerzas de la voluntad humana, como de toda criatura (1 Co 2,7-9).” CIC 1998

“La gracia de Cristo es el don gratuito que Dios nos hace de su vida infundida por el Espíritu Santo en nuestra alma para curarla del pecado y santificarla: es la gracia santificante o deificante, recibida en el Bautismo. Es en nosotros la fuente de la obra de santificación (cf Jn 4,14; 7,38-39):

Por tanto, el que está en Cristo es una nueva creación; pasó lo viejo, todo es nuevo. Y todo proviene de Dios, que nos reconcilió consigo por Cristo (2 Co 5,17-18).” CIC 1999

“La gracia santificante es un don habitual, una disposición estable y sobrenatural que perfecciona al alma para hacerla capaz de vivir con Dios, de obrar por su amor. Se debe distinguir entre la gracia habitual, disposición permanente para vivir y obrar según la llamada divina, y las gracias actuales, que designan las intervenciones divinas sea en el origen de la conversión o en el curso de la obra de la santificación.” CIC 2000

Y respecto a la colaboración de las obras con la fe agrega:

“La adopción filial, haciéndonos partícipes por la gracia de la naturaleza divina, puede conferirnos, según la justicia gratuita de Dios, un verdadero mérito. Se trata de un derecho por gracia, el pleno derecho del amor, que nos hace "coherederos" de Cristo y dignos de obtener la "herencia prometida de la vida eterna" (Cc. de Trento: DS 1546). Los méritos de nuestras buenas obras son dones de la bondad divina (cf. Cc. de Trento: DS 1548). "La gracia ha precedido; ahora se da lo que es debido...los méritos son dones de Dios" (S. Agustín, serm. 298,4-5).” CIC 2009

“Por pertenecer a Dios la iniciativa en el orden de la gracia, nadie puede merecer la gracia primera, en el inicio de la conversión, del perdón y de la justificación. Bajo la moción del Espíritu Santo y de la caridad, podemos después merecer en favor nuestro y de los demás gracias útiles para nuestra santificación, para el crecimiento de la gracia y de la caridad, y para la obtención de la vida eterna. Los mismos bienes temporales, como la salud, la amistad, pueden ser merecidos según la sabiduría de Dios. Estas gracias y estos bienes son objeto de la oración cristiana. Esta remedia nuestra necesidad de la gracia para las acciones meritorias.” CIC 2010

“La caridad de Cristo es en nosotros la fuente de todos nuestros méritos ante Dios. La gracia, uniéndonos a Cristo con un amor activo, asegura la cualidad sobrenatural de nuestros actos y por consiguiente su mérito tanto ante Dios como ante los hombres. Los santos han tenido siempre una conciencia viva de que sus méritos eran pura gracia.” CIC 2011

“La fe es la virtud teologal por la que creemos en Dios y en todo lo que El nos ha dicho y revelado, y que la Santa Iglesia nos propone, porque El es la verdad misma. Por la fe "el hombre se entrega entera y libremente a Dios" (DV 5). Por eso el creyente se esfuerza por conocer y hacer la voluntad de Dios. "El justo vivirá por la fe" (Rom 1,17). La fe viva "actúa por la caridad" (Gál 5,6).” CIC 1814     

“El discípulo de Cristo no debe sólo guardar la fe y vivir de ella, sino también profesarla, testimoniarla con firmeza y difundirla: "Todos vivan preparados para confesar a Cristo delante de los hombres y a seguirle por el camino de la cruz en medio de las persecuciones que nunca faltan a la Iglesia" (LG 42; cf DH 14). El servicio y el testimonio de la fe son requeridos para la salvación: "Por todo aquél que se declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos; pero a quien me niegue ante los hombres, le negaré yo también ante mi Padre que está en los cielos" (Mt 10,32-33).” CIC 1816

1.2. Perspectiva de la salvación según Pelagio

Pelagio era un monje romano-británico que aproximadamente en el año 390 se trasladó a Roma y predicó la no necesidad de la gracia divina y la redención de Cristo. Pelagio también negó la existencia del pecado original, la necesidad de bautizar niños y la necesidad de la gracia para la salvación del hombre. Argumentaba que la corrupción de la naturaleza humana no es innata, sino que se debe a malos ejemplos y hábitos, y a que las facultades naturales de la humanidad no se habían visto afectadas de forma perjudicial por la caída de Adán. Decía que los seres humanos pueden llevar vidas de rectitud moral y, por esta razón, merecen el cielo por sus propios méritos. Pelagio afirmó que la verdadera gracia subyace en los dones naturales de la humanidad, incluyendo el libre albedrío, la razón y la conciencia. También predicaba lo que llamaba gracias externas, como la ley mosaica y la enseñanza y ejemplo de Cristo, que estimulan la voluntad "desde fuera", pero no tenían un poder divino implícito. Para Pelagio, la fe y el dogma casi no importaban, porque la esencia de la religión para él era la acción moral. Su creencia en la perfección moral se debía a las influencias que el había recibido del estoicismo.

El estoicismo derivaba de una escuela de filosofía occidental, fundada en la antigua Grecia. La filosofía estoica se desarrolló a partir de la de los cínicos, cuyo fundador griego, Antístenes, fue discípulo de Sócrates.

El estoicismo fue la filosofía más influyente en el Imperio romano durante el periodo anterior al ascenso del cristianismo, cuando este era pagano. Los estoicos, como los epicúreos, ponían el énfasis en la ética considerada como el principal ámbito de conocimiento. Para Pelagio, influenciado por estas corrientes filosóficas, la salvación era puramente “por obras”. El hombre podía ganarse el cielo por sus propios méritos y haciendo exclusivo uso de su libre albedrío, con el cual podía siempre perseverar en bien.

1.3. Perspectiva de la salvación según las Iglesias evangélicas

Martín Lutero, un teólogo alemán que vivió en el período 1483-1546, se hizo una controversial figura cuando se separó de la Iglesia Católica, predicaba que la salvación es una gracia de Dios que se recibía únicamente por la fe. Las buenas obras para él eran un producto natural de la fe, y hacía énfasis en que no eran necesarias para salvarse. Predicaba que como la salvación es “gracia” que se recibe por medio de la fe, ya no hacia falta nada más, y ya el hombre podía tener una seguridad total de ser salvado. Para él era incompatible decir que si la salvación era “gracia”, eran también necesarias las obras.  En sus encendidos sermones, predicaba que podía fornicar 24 veces al día, sin que esto afectara en nada su salvación, afirmaba que esta “no dependía de él”, ya Cristo la había ganado para él, y así como no hizo nada para recibirla (gratuita), ya una vez salvo, no podía hacer nada para perderla. Lutero argumentaba que su posición estaba sustentada en la Escritura, en Romanos 3,28 ("Pues estoy convencido de que el hombre obtiene la salvación por la fe y no por el cumplimiento de la ley") y Romanos 4,3 ("Creyó Abraham a Dios y eso le fue tenido en cuenta para obtener la salvación").

A partir de entonces, fue virtualmente la posición oficial de todas las Iglesias evangélicas surgidas de la reforma, y es incluso la posición actual de una buena mayoría hoy día. Así, encontramos que evangélicos y fundamentalistas nos aseguran tener una absoluta seguridad de ser salvos. Concluyen de la Biblia que Cristo prometió que el cielo es de ellos a cambio de un acto muy simple. Todo lo que deben hacer es, "aceptar a Cristo como su salvador personal", y asunto acabado. Probablemente vivirán luego vidas ejemplares, pero el vivir bien no es crucial, al modo de ver de ellos: definitivamente no afecta a su salvación. No importa lo que suceda después, no interesa cuán pecaminosamente vivan el resto de sus días: su salvación está asegurada. Puede que el Espíritu Santo los castigue en esta vida por sus pecados, pero de ningún modo pueden descartar su salvación, porque esta no depende del valor intrínseco de sus almas o de los efectos de los pecados que se cometan.

Kenneth E. Hagin, un afamado tele evangelista pentecostal de la rama "Word Faith" afirma que la seguridad de esta salvación viene a través de ser "renacido": "Si no nacéis de nuevo, no entraréis en el Reino de Dios" (Juan 3,3). En su pequeño libro, El Nuevo Nacimiento (The New Birth), Hagin afirma:

“El nuevo nacimiento: "el nuevo nacimiento es una necesidad para ser salvo. A través del nuevo nacimiento tu entras en la correcta relación con Dios” Kenneth E. Hagin

Afirma Kennet que el nuevo nacimiento solo es producto de aceptar a Cristo como salvador personal, luego de este acto de voluntad y de fe, ya todo está hecho, y ya estás salvado para siempre. El resto, quien no haya aceptado a Cristo, (incluyendo a quienes nunca han escuchado de él), no importa cuantas buenas obras hayan hecho, cuan rectamente hayan vivido, cuanto hayan obedecido la ley natural de su conciencia, irán al infierno, al horno de fuego, a la condenación eterna.

1.4. Otras perspectivas de la salvación según Iglesias evangélicas

Como mencionamos, aunque después de la Reforma Protestante las Iglesias Evangélicas enseñaban que la salvación era exclusivamente fe y la imposibilidad de perder la salvación para quienes hubieran aceptado a Cristo como salvador, la paz no duró mucho tiempo, pronto se levantaron detractores de estas doctrinas dentro de sus mismas Iglesias, que comenzaron a afirmar que sí era posible perder la salvación.  Aquel movimiento creció, tomó fuerza y hasta hoy continúa el debate entre Iglesias evangélicas. 

En el siglo XVII por ejemplo, Jacobo Armiño predicó que la libre voluntad humana puede existir sin limitar el poder de Dios o contradecir la Biblia. Se oponía a las doctrinas calvinistas que hacían énfasis en la predestinación.

Arminio, quien estudió en Ginebra con el teólogo evangélico francés Teodoro Beza, regresó a su Holanda nativa y fue catedrático de teología (1603-1609) en la Universidad de Leiden. Afirmaba que la predestinación era bíblica y verdadera, es decir, que Dios había destinado a algunas personas al cielo y a otras al infierno, como se indica por la referencia de Jesús, “ovejas y cabritos”. Pero se centraba en el amor de Dios más que en su poder a la hora de elegir, proceso por el cual Dios eligió a aquellos destinados al paraíso.

Tras la muerte de Arminio, un grupo de ministros que simpatizaban con sus puntos de vista desarrollaron una teología sistemática y racional basada en sus enseñanzas. En su declaración, protesta publicada en 1610, los arminianos afirmaban que la elección estaba condicionada por la fe, que la gracia podía ser rechazada, que la obra de Cristo estaba pensada para todas las personas, y que era posible que los creyentes cayeran en desgracia.

En el Sínodo de Dort o Dordrecht (1618 -1619), los Sumos Calvinistas prevalecieron sobre el grupo de los arminianos y condenaron a los que estaban en desacuerdo con su teoría. El Sínodo de Dort declaró que la obra de Cristo estaba destinada sólo a aquellos elegidos para la salvación, que la gente que creía no podía perder la gracia, y que la elección de Dios no dependía de ninguna condición. Los evangélicos armíñanos fueron entonces totalmente prohibidos en Holanda por el resto de evangélicos calvinistas hasta 1630, y desde entonces no sin reservas hasta 1795. Sin embargo, la tradición arminia se mantuvo en los Países Bajos a finales del siglo XX.

El teólogo británico John Wesley estudió y afirmó la obra de Arminio en su movimiento metodista durante el siglo XVIII en Inglaterra. Para el pueblo, el arminianismo se resume en la idea de que no existe la predestinación y que la gente es libre de seguir o rechazar el Evangelio.

A partir de aquí, muchas Iglesias evangélicas a diferencia de las anteriores, afirman que la salvación no se pierde, sino que “se rechaza”, lo cual, es en esencia, una forma elegante de dar el brazo a torcer, ya que en fin de cuentas, es lo mismo. Alguien que iba camino al cielo ayer, puede estar  rumbo al infierno hoy. 

Recientemente, la Iglesia Luterana (más de 90 millones en todo el mundo) ha firmado un acuerdo ecuménico con la Iglesia Católica, respecto a la justificación. En esta declaración conjunta, producto del diálogo ecuménico, se ve una evolución de la doctrina Luterana bastante diferente a la posición inicial de Lutero.

“Juntos confesamos que las buenas obras, una vida cristiana de fe, esperanza y amor, surgen después de la justificación y son fruto de ella. Cuando el justificado vive en Cristo y actúa en la gracia que le fue concedida, en términos bíblicos, produce buen fruto. Dado que el cristiano lucha contra el pecado toda su vida, esta consecuencia de la justificación también es para él un deber que debe cumplir. Por consiguiente, tanto Jesús como los escritos apostólicos amonestan al cristiano a producir las obras del amor.” Declaración Oficial conjunta catolico-Luterana, IV.7. Las buenas obras del justificado 37

“Por la justificación somos incondicionalmente llevados a la comunión con Dios. Esto incluye la promesa de la vida eterna: «Porque si nos hemos hecho una misma cosa con él por una muerte semejante a la suya, también lo seremos por una resurrección semejante» (Rom 6, 5; cf. Jn 3, 36; Rom 8, 17). En el juicio final, los justificados serán juzgados también por sus obras (cf. Mt 16, 27; 25, 31-46; Rom 2, 16; 14, 12; 1Cor 3, 8; 2 Cor 5, 10, etc). Enfrentamos un juicio en el que la sentencia misericordiosa de Dios aprobará todo lo que en nuestra vida y obras corresponda a su voluntad. De todas formas, todo lo que en nuestra vida es injusto será descubierto y no entrará en la vida eterna. La Fórmula de Acuerdo también declara: «Es expreso mandato y voluntad divina que los creyentes realicen las buenas obras que el Espíritu Santo obra en ellos, y Dios está dispuesto a alegrarse con ellos por Cristo y promete recompensarlos gloriosamente en esta vida y en la vida futura» (FC SD IV, 38). Toda recompensa es una recompensa de gracia, que no podemos reclamar.” Declaración Oficial conjunta catolico-Luterana, Anexo e.

Importante notar la diferencia de la doctrina Luterana inicial donde las “obras de nada valen” y la actual, donde afirman que “también seremos juzgados por obras”.

2. Profundizando en la salvación a la luz de la Biblia

2.1. ¿Puede el hombre salvarse a sí mismo con sus propios méritos?

En el Génesis se nos narra como por la desobediencia de Adán todos fuimos constituidos pecadores y quedamos privados de la gloria de Dios. Esta desobediencia consistió en que Dios cuando colocó a Adán en el jardín del Edén le permitió comer de todos los árboles excepto del árbol del bien y del mal, ya que si lo hacía moriría sin remedio:

“Y Dios impuso al hombre este mandamiento: «De cualquier árbol del jardín puedes comer, mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás, porque el día que comieres de él, morirás sin remedio.»” Génesis 2,16

Adán comió de la fruta prohibida incitado por Eva, quien fue tentada por el demonio en forma de serpiente. Este pecado lo llamamos "pecado original" porque fue la primera desobediencia a Dios y la que causó que el hombre cayera del estado de gracia. En virtud de su falta, y por ser él, la cabeza físico-jurídica de la humanidad, todos fuimos “Constituidos” pecadores.

“En efecto, así como por la desobediencia de un solo hombre, todos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno solo todos serán constituidos justos.” Romanos 5,19

La Palabra de Dios enseña, que a causa de este pecado, el hombre ha quedado incapacitado de salvarse a sí mismo.

“no entres en juicio con tu siervo, pues no es justo ante ti ningún viviente.” Salmo 143,2

En el pasaje anterior, el salmista no está diciendo que no hay justos, muchos pasajes bíblicos hablan de hombres justos, sino que ante Dios, no es justo ningún viviente, ya que como vimos, el hombre ha sido constituido como pecador por Dios, luego del pecado original. Debido a que el salario del pecado es la muerte:

“Pues el salario del pecado es la muerte” Romanos 6,23

No hay nada, que el hombre en sí mismo, pueda hacer para pagar por el precio de sus pecados

“¡Si nadie puede redimirse ni pagar a Dios por su rescate!;Salmo 49,8

Bajo esta perspectiva, la doctrina de la salvación según Pelagio no es consistente con la Palabra de Dios, ya que la Biblia claramente enseña que el hombre no puede por sí mismo y sin ayuda de la gracia de Dios alcanzar la salvación.

En este sentido, mientras Pelagio afirmaba que la corrupción de la naturaleza humana no es innata, la Biblia afirma:

“Mira que en culpa ya nací, pecador me concibió mi madre.” Salmo 51,7

Mientras Pelagio afirmaba que el hombre puede salvarse por sus propios méritos y con el único uso exclusivo de su libre albedrío, sin necesidad de la gracia, Cristo ha dicho que separados de él no podemos hacer nada.

“Yo soy la vid; vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto; porque separados de mí no podéis hacer nada.” Juan 15,5

La Biblia enseña que solo por medio de Cristo podemos ser salvados.

“Porque no hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres por el que nosotros debamos salvarnos.»” Hechos 4,12

Y solo Cristo es el camino hacia el Padre

“Le dice Jesús: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí.” Juan 14,6

Solo por medio de Jesús, quien es verdadero hombre y verdadero Dios, el hombre ha podido reconciliarse con Dios, y en virtud de su obediencia ha sido justificado.

2.2. La Salvación es “gracia”

La Biblia enseña que Dios, en su infinito amor, no quiere que el hombre se pierda, sino que se salve

“Esto es bueno y agradable a Dios, nuestro Salvador, que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento pleno de la verdad.” 1 Timoteo 2,3-4

Y para eso ha enviado a su unigénito, para salvar al mundo

“Y nosotros hemos visto y damos testimonio de que el Padre envió a su Hijo, como Salvador del mundo.” 1 Juan 4,14

La Biblia nos enseña que la venida de Jesús es la manifestación de la “gracia salvadora de Dios”

“Porque se ha manifestado la gracia salvadora de Dios a todos los hombres,… Mas cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador y su amor a los hombres,” Tito 2,11; 3,4

Según el diccionario “gracia” es un don, regalo o favor que se da sin merecimiento particular. En este sentido la Biblia deja claro que hemos sidos salvados única y exclusivamente por “gracia”, o lo que es mismo, Dios ha mandado a su hijo Jesucristo para salvarnos, por pura bondad de su parte, NO HUBO, NO HAY, NI HABRA nada que podamos hacer los hombres para merecer que Cristo haya venido a morir por nosotros en la cruz.

En este sentido Dios ha mandado su hijo a salvarnos por pura misericordia sin considerar las obras que hagamos hecho para merecerlo.

“que nos ha salvado y nos ha llamado con una vocación santa, no por nuestras obras, sino por su propia determinación y por su gracia que nos dio desde toda la eternidad en Cristo Jesús,” 2 Timoteo 1,9

“él nos salvó, no por obras de justicia que hubiésemos hecho nosotros, sino según su misericordia, por medio del baño de regeneración y de renovación del Espíritu Santo,” Tito 3,5

“estando muertos a causa de nuestros delitos, nos vivificó juntamente con Cristo - por gracia habéis sido salvados - y con él nos resucitó y nos hizo sentar en los cielos en Cristo Jesús, a fin de mostrar en los siglos venideros la sobreabundante riqueza de su gracia, por su bondad para con nosotros en Cristo Jesús. Pues habéis sido salvados por la gracia mediante la fe; y esto no viene de vosotros, sino que es un don de Dios;” Efesios 2,5-8

2.3. Nos hacemos acreedores de la gracia de la salvación por medio de la fe

La Biblia nos enseña también que es por medio de la fe que somos justificados y obtenemos la gracia de la salvación.

“Pues habéis sido salvados por la gracia mediante la fe; y esto no viene de vosotros, sino que es un don de Dios; tampoco viene de las obras, para que nadie se gloríe.” Efesios 2,8

“Habiendo, pues, recibido de la fe nuestra justificación, estamos en paz con Dios, por nuestro Señor Jesucristo,” Romanos 5,1

Ya que estaba establecido que el justo viviría por la fe.

“Porque en él se revela la justicia de Dios, de fe en fe, como dice la Escritura:  

“El justo vivirá por la fe” Romanos 1,17

Esta fe debe ser expresada públicamente

“Porque, si confiesas con tu boca que Jesús es Señor y crees en tu corazón que Dios le resucitó de entre los muertos, serás salvo. Pues con el corazón se cree para conseguir la justicia, y con la boca se confiesa para conseguir la salvación. Porque dice la Escritura: Todo el que crea en él no será confundido. Que no hay distinción entre judío y griego, pues uno mismo es el Señor de todos, rico para todos los que le invocan. Pues todo el que invoque el nombre del Señor se salvará.” Romanos 10,9-13

Y por medio de la fe tenemos vida eterna

“En verdad, en verdad os digo: el que escucha mi Palabra y cree en el que me ha enviado, tiene vida eterna y no incurre en juicio, sino que ha pasado de la muerte a la vida.” Juan 5,24

Pasajes que hablan de que por medio de la fe hemos sido salvados hay decenas en la Biblia

“Le respondieron: «Ten fe en el Señor Jesús y te salvarás tú y tu casa.»” Hechos 16,31

“Os he escrito estas cosas a los que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que os deis cuenta de que tenéis vida eterna.” 1 Juan 5,13

2.4. ¿Solo fe?

De alguna manera, las Iglesias evangélicas han interpretado el hecho de que hemos sido salvados por medio de la fe, en otro hecho completamente distinto, diciendo que solamente hace falta fe para salvarnos, y de allí que afirmen que con un solo acto sincero de fe no les hace falta hacer nada más, son salvos. Realizar buenas obras y cumplir los mandamientos simplemente será un producto de la fe, más no será un requisito para salvarse. Si no lo hacen, no afectará su salvación.

Analizaremos detenidamente cada uno de los pasajes que utilizan para apoyar dicha argumentación y los armonizaremos con el resto la Escritura.

“Pues habéis sido salvados por la gracia mediante la fe; y esto no viene de vosotros, sino que es un don de Dios; tampoco viene de las obras, para que nadie se gloríe.” Efesios  2,8

El pasaje anterior deja claro que hemos sidos salvador por gracia, y mediante la fe. Dice que esta “gracia” no ha venido de nosotros, por lo tanto no podemos gloriarnos. Pero hay que entender realmente en que consiste este pasaje. Este pasaje dice que no hay nada que podamos hacer “ganar” la salvación, pero eso no quiere decir que luego de que Cristo nos ha redimido y hecho herederos de la salvación no sea un requisito obedecer los mandamientos ni hacer buenas obras.

Ilustremos esto con un ejemplo: Imaginemos que a un trabajador su jefe le dice: "Toma, te regalo este cheque por UN MILLON DE DOLARES!", "Es gratis". Si el empleado cree que el cheque tiene fondo y va hasta el banco, podrá cobrar el dinero y será simplemente suyo. En el ejemplo anterior, el cheque de un millón es “la salvación”. El creer que tiene fondo es “la fe”, y el caminar hasta el banco son “las obras” o “conducta”. Si el empleado no cree, no obtiene el dinero porque no va a cobrarlo, pero si NO VA al banco NO COBRA EL CHEQUE TAMPOCO porque ir al banco a cobrarlo es un "requisito" para obtener el dinero.

Estamos claros en que el empleado no puede decir "Me gané el dinero porque caminé al banco", NO!!!, el cheque lo recibió "gratis", pero debe caminar hasta el banco para cobrarlo, sino camina hasta el, no lo cobra y no recibe el dinero.

Así es la salvación, la recibimos “gratis”, es un “don gratuito”, Debemos hacernos propietarios de ella, y esto es por medio de la fe en Jesús, pero luego debemos "ir hasta el banco" por medio de la obediencia y las obras. Es por medio de estas en que nos convertimos en verdaderos "hacedores de la palabra" y no meros "oidores", es por medio de esta "obediencia" y "obras" en que nosotros aceptamos en manera "práctica" más que "teórica" que Jesús es nuestro único y suficiente salvador personal. En ese sentido no nos podemos gloriar porque el cheque (la salvación) la recibimos "gratis", pero debemos "obedecer" y por eso es un "requisito" para hacer efectiva esta salvación.

Sigamos profundizando en pasajes que nos explican detalladamente esta relación entre la fe y obras.

“No todo el que me diga: "Señor, Señor, entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial. Muchos me dirán aquel Día: "Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre expulsamos demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?" Y entonces les declararé: "¡Jamás os conocí; apartaos de mí, agentes de iniquidad!" «Así pues, todo el que oiga estas palabras mías y las ponga en práctica, será como el hombre prudente que edificó su casa sobre roca: cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, y embistieron contra aquella casa; pero ella no cayó, porque estaba cimentada sobre roca.Y todo el que oiga estas palabras mías y no las ponga en práctica, será como el hombre insensato que edificó su casa sobre arena: cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, irrumpieron contra aquella casa y cayó, y fue grande su ruina.»” Mateo 7,21-27

El pasaje anterior es clarísimo, ya que Cristo dice que no todo el que le diga “Señor,  Señor” entrará en el cielo, sino el que “haga” la voluntad de Dios. 

Lo primero que debemos notar en el pasaje anterior, es que decirle a Jesús “Señor, Señor” significa haberle aceptado como salvador. Jesús estaba hablando precisamente de aquellos que profesaron con sus labios su fe en Él y le reconocieran como Señor. De estos dice que “No todos entrarán”. Este “no todo” se refiere a que “muchos si”, pero “algunos no”. Recordemos que la fe es necesaria para salvarnos, y por eso cuando Jesús utiliza el “no todo” está implicando que ciertamente muchos de los que profesaron su fe efectivamente se salvaron. Notemos sin embargo que hay otro grupo que no se salvó, y fueron los que “no hicieron la voluntad del Padre”. Con este pasaje Jesús nos está diciendo que si bien es un requisito la fe, también es un requisito “hacer la voluntad del Padre”, sin la segunda tampoco nos salvaremos.

Del pasaje anterior también es importante notar otra cosa, y es que muchos de estos que no se salvaron incluso llegaron a “profetizar en nombre de Jesús”, expulsaron demonios y hacer milagros. A estas personas Jesús no les dice que mienten, efectivamente estas personas SI HICIERON MILAGROS en nombre de Jesús, SI EXPULSARON DEMONIOS con el poder del Espíritu Santo, SI PROFETIZARON, en fin, si recibieron los carismas del Espíritu Santo. La falla que fue considerada inadmisible estuvo en que no cumplieron con el segundo requisito y es hacer la voluntad de Dios. Por eso Cristo les dice: "¡Jamás os conocí; apartaos de mí, agentes de iniquidad!"

Jesús luego de narrar esto, termina explicando muy claramente la lección que debemos aprender, y es que el verdadero creyente es aquel que “pone en práctica” la palabra de Dios, aquel que la “pone por obra”. Este obrar de la fe, no solo es un producto de la fe, sino también “necesario” para la salvación.

Quien diga tener fe, pero no la ponga por obra, se engañará a sí mismo, y será como dice el pasaje: “grande su ruina” y estará construyendo su casa sobre la arena.

Hemos visto que "hacer la voluntad de Dios" es un requisito para entrar al reino de los cielos. Algo que es imposible negar es que parte de hacer la voluntad de Dios incluye hacer buenas obras, no hacerlas es pecado, y pecar no va acorde con la voluntad de Dios.

“Aquel, pues, que sabe hacer el bien y no lo hace, comete pecado.” Santiago 4,17

Bajo la luz del pasaje anterior es claro que la argumentación de las Iglesias evangélicas de que “solo basta la fe” no solo no tiene fundamento bíblico, sino que está plenamente contradicha a la palabra de Dios. La fe es requisito, pero es  indispensable que esta fe sea puesta en práctica y produzca buenas obras.

“Poned por obra la Palabra y no os contentéis sólo con oírla, engañándoos a vosotros mismos. Porque si alguno se contenta con oír la Palabra sin ponerla por obra, ése se parece al que contempla su imagen en un espejo: se contempla, pero, en yéndose, se olvida de cómo es.” Santiago 1,22-24

El problema que dificulta al cristiano evangélico a entender la necesidad de las obras, reside en que cuando el cristiano evangélico escucha que “las obras son necesarias” entiende que estamos diciendo que con las obras “ganan la salvación” aunque realmente son dos cosas muy diferentes. No es eso lo que quiere decir la Iglesia, hemos dicho que la salvación es "gracia". Lo que realmente quiere decir el hecho de que las obras son necesarias es que tanto la obediencia como las buenas obras son necesarias para perfeccionarnos en el amor de Dios y hacer efectiva la salvación, ya por su puesto, ganada por Cristo para nosotros en la cruz.

Cristo mismo puso un ejemplo muy claro para darnos a entender esto en la parábola de las bodas del hijo del rey

“«El Reino de los Cielos es semejante a un rey que celebró el banquete de bodas de su hijo. Envió sus siervos a llamar a los invitados a la boda, pero no quisieron venir… Entonces dice a sus siervos: "La boda está preparada, pero los invitados no eran dignos. Id, pues, a los cruces de los caminos y, a cuantos encontréis, invitadlos a la boda." Los siervos salieron a los caminos, reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos, y la sala de bodas se llenó de comensales. «Entró el rey a ver a los comensales, y al notar que había allí uno que no tenía traje de boda, le dice: "Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin traje de boda?" El se quedó callado. Entonces el rey dijo a los sirvientes: "Atadle de pies y manos, y echadle a las tinieblas de fuera; allí será el  llanto y el rechinar de dientes." Porque muchos son llamados, mas pocos escogidos.»” Mateo 22,2-3.8-14

Analicemos el pasaje anterior detenidamente.

Lo primero que vemos es que se relatan las “bodas del Cordero”, las bodas de Cristo con su Iglesia. Los que inicialmente habían sido invitados y no quisieron venir son los judíos que rechazaron creer en el Mesías, por lo que el rey mandó a buscar por los caminos a todo el que quisiera asistir (los gentiles o lo que es lo mismo: nosotros).

Lo segundo que es importante notar, es que muchos aceptaron la invitación y fueron a la boda. Estos que “si aceptaron la invitación” son aquellos que “profesaron su fe en Jesús” y le aceptaron como Señor y salvador. De todos estos, uno de los invitados fue encontrado sin llevar puesto el “traje de bodas”. Si el invitado no lo tenía puesto no es porque fuera pobre, o no tuviera con que comprarlo, ya que el traje de bodas era suplido por el celebrante. El invitado no lo tenía puesto sencillamente porque NO QUIZO PONERSELO. Por eso, cuando el dueño de la casa le pregunta porque no lo trae, dice la Escritura que “El se quedó callado”. Esto indica que no tenía una excusa válida que presentar, ya que de lo contrario lo hubiera hecho antes de ser echado fuera.

El traje de bodas que menciona la parábola es “el traje del hombre nuevo”, la nueva vida que debe llevar todo buen cristiano luego de su conversión. Vida que debe ir acompañada de una obediencia a los mandamientos y una fe que obre por la caridad. Es absurdo decir que solo basta para un cristiano “aceptar la invitación” a la boda y decir que no es necesario ponerse el traje del hombre nuevo. El mismo Jesús enseña que será echado sin contemplaciones.

A pesar de pasajes tan claros las Iglesias evangélicas siguen argumentando que la salvación es exclusivamente fe, y aunque aclaran que alguien que sea “salvo” seguramente cumplirá los mandamientos, afirman que de esto no depende porque es “gracia”. Para ellos “gracia” y “obras” no son compatibles. De alguna no han entendido que su afirmación convierte la “gracia” en "licencia para pecar", que es lo que implica afirmar que no es requisito obedecer, por más que no lo quieran entender.

“y llegado a la perfección, se convirtió en causa de salvación eterna para todos los que le obedecen,” Hebreos 5,9

El pasaje anterior no deja lugar a dudas, Cristo es causa de salvación pero para QUIENES LE OBEDECEN. La obediencia por tanto es un “requisito”

Un ejemplo clarísimo lo vemos también en el siguiente pasaje:

“En esto se le acercó uno y le dijo: «Maestro, ¿qué he de hacer de bueno para conseguir vida eterna?» El le dijo: «¿Por qué me preguntas acerca de lo bueno? Uno solo es el Bueno. Mas si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos.»” Mateo 19,16-17

En el pasaje anterior, el joven rico le pregunta a Cristo que debe hacer para conseguir la vida eterna, o lo que es lo mismo, que debe hacer para salvarse, a lo que Cristo responde que debe cumplir los mandamientos. Es importante notar que Cristo lo hace un requisito, una condición cuando dice “Si quieres…”         entonces “Guarda los mandamientos”. Esta forma de expresión es muy utilizada entre nosotros, cuando por ejemplo decimos a nuestros hijos: "Si quieres ir al cine…" entonces "pórtate bien", y esto significa claramente que sino se porta bien, se quedará viendo TV en casa. Lo mismo Cristo, cuando le dice al joven rico que si quiere entrar la vida debe cumplir los mandamientos, le deja implícito que si no los cumple simplemente no entrará.

Nosotros aceptamos que la fe es importantísima, sin fe es imposible agradar a Dios,

“Ahora bien, sin fe es imposible agradarle, pues el que se acerca a Dios ha de creer que existe y que recompensa a los que le buscan.” Hebreos 11,5

Pero el mismo Pablo es quien nos aclara que la fe, si bien es necesaria, sino es acompañada de la caridad, de nada vale.

“…aunque tuviera plenitud de fe como para trasladar montañas, si no tengo caridad, nada soy.” 1 Corintios 13,2

Pablo, que en numerosas ocasiones realza la importancia de la fe, aquí está diciendo algo bastante serio. Aún si tuviera la fe como hasta para mover montañas (hipérbole que utiliza para significar una fe enorme) si no tiene amor, no se sirve de nada, no le salva, no le ayuda, es como bronce que suena o címbalo  que retiñe. Y por eso concluye que si bien son importantes la fe, la esperanza y la caridad, la mayor de todas es la caridad.

“Ahora subsisten la fe, la esperanza y la caridad, estas tres. Pero la mayor de todas ellas es la caridad.” 1 Corintios 13,13

¿Es posible seguir afirmando que solo es necesario la fe cuando Pablo expresamente dice que de nada le sirve sino tiene caridad?

La diferencia entre la forma en como la Iglesia Católica y las Iglesias evangélicas interpretan las Escrituras, es que, ante pasajes que aparentemente entran en contradicción, las Iglesias evangélicas tienden a disociar, mientras que la Iglesia Católica busca armonizar. Las Iglesias evangélicas han optado por dar preferencia a los pasajes que les dan importancia a la fe llevándola al extremo de hacerla exclusiva para la salvación, aunque eso implique ignorar decenas de pasajes que contradicen dicha doctrina. Esto es parte de la consecuencia de interpretar la Escritura de forma privada. La iglesia Católica por el contrario tiene una perspectiva equilibrada, en donde cada pasaje es armonizado con el resto para dar a la fe el lugar que tiene y a las obras el lugar que tiene.

Veamos otro pasaje que es frecuentemente ignorado por las Iglesias evangélicas que echa por tierra por completo la doctrina de la Sola fe.

“¿De qué sirve, hermanos míos, que alguien diga: «Tengo fe», si no tiene obras? ¿Acaso podrá salvarle la fe? Si un hermano o una hermana están desnudos y carecen del sustento diario, y alguno de vosotros les dice: «Idos en paz, calentaos y hartaos», pero no les dais lo necesario para el cuerpo, ¿de qué sirve? Así también la fe, si no tiene obras, está realmente muerta. Y al contrario, alguno podrá decir: «¿Tú tienes fe?; pues yo tengo obras. Pruébame tu fe sin obras y yo te probaré por las obras mi fe. ¿Tú crees que hay un solo Dios? Haces bien. También los demonios lo creen y tiemblan. ¿Quieres saber tú, insensato, que la fe sin obras es estéril? Abraham nuestro padre ¿no alcanzó la justificación por las obras cuando ofreció a su hijo Isaac sobre el altar?¿Ves cómo la fe cooperaba con sus obras y, por las obras, la fe alcanzó su perfección? Y alcanzó pleno cumplimiento la Escritura que dice: Creyó Abraham en Dios y le fue reputado como justicia y fue llamado amigo de Dios.»Ya veis cómo el hombre es justificado por las obras y no por la fe solamente. Del mismo modo Rajab, la prostituta, ¿no quedó justificada por las obras dando hospedaje a los mensajeros y haciéndoles marchar por otro camino? Porque así como el cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe sin obras está muerta” Santiago 2,14-26

En pasaje anterior el apóstol Santiago nos arroja bastante luz sobre este asunto, por lo que es necesario que lo desglosemos y analicemos por partes:

“¿De qué sirve, hermanos míos, que alguien diga: «Tengo fe», si no tiene obras? ¿Acaso podrá salvarle la fe?” Santiago 2,14  

Cuando Santiago pregunta si podrá salvarle la fe luego de que antes acaba de decir que de nada sirve tener fe si no tiene obras, lo que está dejando claro es que la fe sin obras no puede salvar, y lo expresa con esta pregunta sarcástica. ¿Acaso podrá salvarle la fe?     

Esta idea la confirma insistentemente, ya que continúa diciendo que la fe sin obras está muerta.

“Así también la fe, si no tiene obras, está realmente muerta.” Santiago 2,17

Por si fuera poco luego nos da a entender que si solo fuera por la fe, hasta los demonios se salvarían, ya que ellos efectivamente creen, pero no son salvos porque no han obedecido a Dios.

“¿Tú crees que hay un solo Dios? Haces bien. También los demonios lo creen y tiemblan…” Santiago 2,20

Y por eso continúa llamando insensatos a quienes no se han dado cuenta de que la fe sin obras es estéril

“¿Quieres saber tú, insensato, que la fe sin obras es estéril?” Santiago 2,20…

Luego de hacer estas aclaraciones, Santiago nos enseña claramente que las obras colaboran con la fe y que es por medio de las obras que la fe alcanza su perfección

“¿Ves cómo la fe cooperaba con sus obras y, por las obras, la fe alcanzó su perfección?” Santiago 2,22

Para finalizar directamente y sin rodeos contradice la doctrina de la sola fe:

“Ya veis cómo el hombre es justificado por las obras y no por la fe solamente.” Santiago 2,24

Importantísimo este pasaje, poco o nada leído en las Iglesias evangélicas, simplemente porque no se adapta a su doctrina. Pero lo cierto es que este pasaje está en todas las Biblias del mundo, y dice que el hombre es justificado por las obras y aclara que NO POR LA FE SOLAMENTE.

Lo curioso es que en toda la Biblia no aparece NI UNA SOLA VEZ que “solamente” la fe salva, pero si aparece “explícitamente” que LA FE SOLAMENTE NO SALVA. A pesar de que San Pablo usó la palabra “fe” más de doscientas veces en el Nuevo Testamento, NI UNA SOLA VEZ juntó con las palabras “sola” o “sólo” y tomando en cuenta que San Pablo utilizó las palabras “solamente”, “sólo” o “lo único” muy frecuentemente, es claro que lo que quiso enseñar es que éramos salvados por medio de la fe y no “solamente” por medio de la fe, que es muy pero muy diferente, ya que la segunda, descarta todo lo demás y es exclusiva.

2.5. ¿Pero se contradice la Biblia entonces?

En base a lo antes visto, podríamos pensar que la Biblia se contradice, ya que por una parte dice:

“Porque pensamos que el hombre es justificado por la fe, sin las obras de la ley”  Romanos 3,28

Y también dice:

“Ya veis cómo el hombre es justificado por las obras y no por la fe solamente.” Santiago 2,24

Pasajes como Romanos 3,28 en la escritura hay muchos, toda la carta a los Romanos y la carta a los Gálatas son ejemplos claros que el hombre se justifica por la fe, “sin las obras de la ley” pero Santiago claramente dice que el hombre se justifica por las obras y no por la fe solamente. ¿Por qué esta aparente contradicción? ¿Son las obras necesarias, o no son necesarias? ¿Es que Pablo contradice a Santiago y viceversa?

La Iglesia siempre nos ha enseñado que para entender la escritura debemos estudiar el contexto, solo por medio del contexto podemos armonizar los pasajes y entender nos quiere decir cada uno.

Estudiemos el contexto del primer pasaje: “el hombre es justificado por la fe, sin las obras de la ley”

Lo primero que debemos notar es que Pablo no utiliza la expresión obras, sino “obras de la ley”, del griego ergon nomou que significa literalmente “obras de la Torah”. Este término es familiar en las modernas prédicas como "obras de la ley"; sin embargo sería más propiamente traducido en el contexto como "obras de la Torah", porque la ley (nomos) de la cual Pablo habla en todas partes en Romanos y Gálatas es la “Ley Mosaica” (Torah; siendo nomos la traducción común de los Setenta del término hebreo "Torah")

El término "obras de la Torah" precede así a San Pablo y es un término que él ha recogido del vocabulario judío de su tiempo. La primera vez que Pablo utiliza la palabra es en Romanos 3,20

“ya que nadie será justificado ante él por las obras de la ley, pues la ley no da sino el conocimiento del pecado.” Romanos 3,20

Curioso es que Pablo, líneas antes de este pasaje, en Romanos 2,6 afirma que Dios juzgará a cada hombre de acuerdo con sus obras.

el cual dará a cada cual según sus obras” Romanos 2,6

Es curioso que Pablo por un lado diga que la salvación de cada quien (que se definirá en el juicio) será en base a sus obras, y luego diga que nadie será justificado por las obras de la ley. A MENOS que lo que Pablo quiere decir con “obras de la ley” no sea lo mismo que las “obras” que acaba de mencionar en Romanos 2,6.

Si profundizamos en el contexto, podemos ver que lo que Pablo trataba de dar a entender a los cristianos era la “no necesidad del cumplimiento de la ley Mosaica", "la no necesidad de circuncisión”. Recordemos que este fue el primer conflicto serio que sufrió la Iglesia primitiva, y se nos narra a cabalidad en todo el capítulo 15 del libro de los Hechos.

“Bajaron algunos de Judea que enseñaban a los hermanos: «Si no os circuncidáis conforme a la costumbre mosaica,  no podéis salvaros.»” Hechos 15,1

No es de extrañar que Pablo en sus epístolas tanto a los Romanos como a los Gálatas haga hincapié en esto        

“Porque nada cuenta ni la circuncisión, ni la incircuncisión, sino la creación nueva.” Gálatas 6,15

En el mismo capítulo donde Pablo comenta que el hombre se salva por la fe sin las obras de la ley comenta líneas antes:

“¿Cuál es, pues, la ventaja del judío? ¿Cuál la utilidad de la circuncisión?” Romanos   3,1

Es claro que cuando Pablo hacía hincapié en que el hombre no se salvaba por las obras de la ley estaba haciendo referencia a que no se salvaba por la ley Mosaica, donde la circuncisión era la obra de la ley “por excelencia” y es una de las 613 ordenanzas contenidas en el Pentateuco. Recordemos que la “Ley Mosaica” está compuesta no solo de las leyes morales o mandamientos, sino de las leyes ceremoniales, las prohibiciones alimenticias, y era pactada por la circuncisión.

Pablo en pocas palabras afirma que para salvarse no es necesario vivir sometido a las leyes de la antigua alianza, no es necesario circuncidarse, no hay alimentos que no puedan ser comidos en acción de gracias, no hay obligación de guardar sábados, y días festivos, a los que los judíos querían esclavizar a los gentiles convertidos.

Las obras de la ley que no justifican en Romanos 3,28 no son las obras que son producto de la fe y que si forman parte del proceso de salvación.

“Porque en Cristo Jesús ni la circuncisión ni la incircuncisión tienen valor, sino solamente la fe que actúa por la caridad.” Gálatas 5,6

Estudiemos ahora el segundo pasaje que aparentemente entraba en contradicción con Romanos 3,28

“Ya veis cómo el hombre es justificado por las obras y no por la fe solamente.” Santiago 2,24

En este pasaje se nos dice que las obras participan en el proceso de justificación, pero ¿A que obras se refiere? ¿A las obras de la ley de las que habla Pablo que no justifican?. Veamos el contexto.

“Si un hermano o una hermana están desnudos y carecen del sustento diario, y alguno de vosotros les dice: «Idos en paz, calentaos y hartaos», pero no les dais lo necesario para el cuerpo, ¿de qué sirve? Así también la fe, si no tiene obras, está realmente muerta.” Santiago 2,15-17

Si estudiamos bien el pasaje anterior, vemos que Santiago habla de otro tipo de obras, las obras de la caridad que son producto de la fe, lo podemos ver porque se nos narra la situación de un hermano o hermana en necesidad de vestido y sustento, e inmediatamente se nos menciona la "obligación" que tiene el cristiano de que esa fe se manifieste en una “obra de caridad” con el hermano necesitado. Aquí no se está hablando de una obra de la ley Mosaica, sino una obra de amor. Estas son las obras que si colaboran en el proceso de salvación.

Es importante volver a aclarar que NO ES que estas obras de caridad “ganen” la salvación. Como habíamos dicho anteriormente, ninguna obra puede ganar la salvación, pero luego y “solamente luego” que el hombre es justificado por la fe, que estas obras “en gracia” colaboran con la fe para llevarla a la perfección y participan del proceso de salvación.

Bajo esta perspectiva todo encaja y es posible entender porque cada vez que la Palabra define como será definida la salvación de los hombres en el juicio, dice que será por medio de sus obras.

“Porque el Hijo del hombre ha de venir en la gloria de su Padre, con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno  según su conducta.” Mateo 16,27

En el pasaje anterior se nos habla de la venida de Cristo para juzgar a cada uno, y el criterio que utilizará será juzgando nuestras obras. Otros pasajes que insistentemente reflejan la misma idea son:

“Porque es necesario que todos nosotros seamos puestos al descubierto ante el tribunal de Cristo, para que cada cual reciba conforme a lo que hizo durante su vida mortal, el bien o el mal.” 2 Corintios 5,10

Cuando el pasaje anterior hace referencia a que Cristo nos dará conforme a lo que “hicimos en nuestra vida” se está refiriendo a nuestras obras.

“Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie delante del trono; fueron abiertos unos libros, y luego se abrió otro libro, que es el de la vida; y los muertos fueron juzgados según lo escrito en los libros, conforme  a sus obras. Y el mar devolvió los muertos que guardaba, la Muerte y el Hades devolvieron los muertos que guardaban, y cada uno fue juzgado según sus obras. La Muerte y el Hades fueron arrojados al lago de fuego - este lago de fuego es la muerte segunda -y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue arrojado al lago de fuego.” Apocalipsis 20,12

El pasaje anterior es más claro todavía. Se nos narra el juicio, y se nos dice claramente que “cada uno fue juzgado según sus obras”. Y si algo Cristo dejó claro, es que las “obras” a las que se refería por las que seríamos juzgados eran las obras de la caridad, como puede verse en el capítulo 25 de Mateo.

“Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria acompañado de todos sus ángeles, entonces se sentará en su trono de gloria. Serán congregadas delante de él todas las naciones, y él separará a los unos de los otros, como el pastor separa  las ovejas de los cabritos. Pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda. Entonces dirá el Rey a los de su derecha: "Venid, benditos de mi Padre, recibid la herencia del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; era forastero, y me acogisteis; estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a verme." Entonces los justos le responderán: "Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; o sediento, y te  dimos de beber? ¿Cuándo te vimos forastero, y te acogimos; o desnudo, y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel, y fuimos a verte?" Y el Rey les dirá: "En verdad os digo que cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis." Entonces dirá también a los de su izquierda: "Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el Diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; era forastero, y no me acogisteis; estaba desnudo, y no me vestisteis; enfermo y en la cárcel, y no me visitasteis." Entonces dirán también éstos: "Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento o forastero o desnudo o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?" Y él entonces les responderá: "En verdad os digo que cuanto dejasteis de hacer con uno de estos más pequeños, también conmigo dejasteis de hacerlo." E irán éstos a un castigo eterno, y los justos a una vida eterna.»” Mateo 25,31-46

El criterio que utilizará Cristo para separar “ovejas” de “cabritos”, para definir si nos "salvamos" o nos "condenamos", si nos coloca “a la derecha” o “a la izquierda” será en base a las obras de misericordia que hayamos hecho. Cristo aquí no dice: “Vengan aquí aquellos que me dijeron Señor, Señor”, sino aquellos que cuando tuvo hambre le dieron de beber, y cuando tuvo sed, le dieron de beber, estuvo desnudo y le vistieron, estuvo preso y le visitaron, ya que cada vez que lo hicieron con el prójimo, con él lo hicieron.

Si analizamos en conjunto los pasajes que nos hablan de la importancia de la fe y los pasajes que nos muestran la importancia de las obras, podremos entender que lo que realmente la Palabra de Dios nos enseña es:

LA FORMA EN QUE NUESTRA FE SERÁ EVALUADA ES POR MEDIO DE NUESTRAS OBRAS.

Así como el árbol se reconoce por su fruto, nuestra fe será evaluada por nuestras obras. No es que somos salvados por obras como pensaba Pelagio, sino que esas obras “en gracia” producto de la fe son la medida por las cuales Cristo evaluará cuan verdadera es.

“Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los abrojos? Así, todo árbol bueno da frutos buenos, pero el árbol malo da frutos malos.” Mateo 7,16-17

Es claro que la argumentación de las Iglesias evangélicas de que “las obras de nada valen” no es consistente con la Escritura. Es absurdo decir que “de nada valen” mientras todos los pasajes que hablan del juicio nos dicen que seremos juzgados "por obras". No es posible cerrar los ojos a todos esos pasajes simplemente porque “no se adaptan” a su teología. Es más acertado decir que “cualquier obra” anterior a la justificación por la fe de nada vale, pero aquellas producto de la fe, y posteriores a la fe, no solo si valen, sino que serán la medida por la que Dios nos juzgará a cada uno de nosotros y por las cuales nuestra fe será evaluada “sin excepción”.

2.6. ¿Se puede perder la salvación?

Otra doctrina que predican una gran mayoría de Iglesias evangélicas hoy día, es que la salvación no se puede perder. Esta doctrina es producida en consecuencia de la afirmación anterior que expone que es solo fe. Es claro que si se piensa que la salvación es solo fe, y que la conducta nada cuenta, se concluye que no importa que hagamos, si tenemos fe nos salvaremos en virtud de esa fe. Esto realmente es simple "asunción", la Biblia no dice que la salvación no se pueda perder en ninguna parte. Estudiaremos que pasajes han mal interpretado las Iglesias evangélicas para decir que la salvación no se pierde.

“En verdad, en verdad os digo: el que escucha mi Palabra y cree en el que me ha enviado, tiene vida eterna y no incurre en juicio, sino que ha pasado de la muerte a la vida.” Juan 5,24

En el pasaje anterior los hermanos interpretan que como dice que el que "cree" tiene "vida eterna", deducen que por tener "vida eterna" no la pueden perder. Argumenta que eterno significa que nunca acabará.

Ahora si bien es cierto que la vida eterna significa "vida para siempre", esto no significa "vida en contra de nuestra voluntad". El mismo Diablo tenía "vida eterna" y la perdió, Adán antes de pecar tenía "vida eterna"  pero Dios le había dicho que el día que comiera del árbol "moriría". El comió y perdió su vida eterna.

La vida eterna está condicionada a la obediencia, si pecamos la vida eterna NO ES PERMANENTE EN NOSOTROS. Lo dice muy claramente la Biblia.

“Todo el que aborrece a su hermano es un asesino; y sabéis que ningún asesino tiene vida eterna permanente en él.” 1 Juan 3,15

En el pasaje anterior Juan esta hablando de un hermano que "tenía" vida eterna, pero como ha comenzado a odiar a su hermano, ya esta vida eterna ha dejado de ser "permanente" en él. Por eso Juan a continuación expone que para que nosotros "permanezcamos" en la vida, para que podamos "permanecer" en el amor de Dios, debemos vivir una vida en la caridad, sino "no permaneceremos". Recordemos que "no permanecer" significa "haber estado, pero no estar más de allí en adelante".

“Si alguno que posee bienes de la tierra, ve a su hermano padecer necesidad y le cierra su corazón, ¿cómo puede permanecer en él el amor de Dios?  Hijos míos, no amemos de palabra ni de boca, sino con obras y según la verdad. “1 Juan 3,17-18

La verdadera interpretación del pasaje a la luz del resto de la Escritura, es que "El que cree" tiene vida eterna, mientras "cree", y mientras ese "creer" se traduce en "obras". Como hemos visto no es solo decir "Señor creo",  sino obedecer y obrar en el amor.

Pasemos a otro pasaje:

“Os he escrito estas cosas  a los que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que os deis cuenta de que tenéis vida eterna.” 1 Juan 5,13

Este pasaje es interpretado por las Iglesias evangélicas de manera similar a como interpretan Juan 5,24 que acabamos de estudiar, ellas concluyen que por solamente creer, ya tienen vida eterna, y como es eterna, no la pueden perder.

Es importante notar en el pasaje 2 cosas:

Primero: El pasaje no dice que "solamente" basta creer, dice que los que creen, pero no está excluyendo las obras, ni la obediencia a los mandamientos, ni la caridad. Hemos visto por el contrario que el creer que salva es el que se manifiesta en obras.

Segundo: El pasaje dice que quienes tienen vida eterna es quienes "creen", evidentemente si dejan de creer, por consiguiente pierden esta vida eterna. Cristo en el capítulo 15 de Juan nos explica esto con la parábola de la vid y los sarmientos. Mientras estamos "EN CRISTO", unidos a él, tenemos vida eterna.

“Permaneced en mí, como yo en vosotros. Lo mismo que el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid; así tampoco vosotros si no permanecéis en mí. Yo soy la vid; vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto; porque separados de mí no podéis hacer nada.” Juan 14,4-6

El pasaje anterior es muy revelador. Cristo exhorta a quienes ya estamos unidos a él a que "permanezcamos en Él". Notemos que Cristo no habla a quienes no se han unido a él, sino a quienes ya estamos en él, y por eso utiliza la palabra "permanecer" la cual hemos antes visto que significa.

También deja claro que si nos apartamos, no damos fruto, así como una rama no puede dar fruto separada del árbol. Cierto es que esa rama pudo haber dado fruto en el pasado, pero puede ser que ahora que está separada del árbol, ya no da mas fruto.

Otro aspecto importante notar en la parábola de la vid verdadera, es lo que dice Cristo que sucederá con las ramas que "ya no dan fruto"

“«Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el viñador.  Todo sarmiento que en mí no da fruto, lo corta, y todo el que da fruto, lo limpia, para que dé más fruto.” Juan 15,1-2

Este pasaje nos habla de sarmientos que estaban "unidos" al árbol (No es posible cortar una rama que ya está separada) pero que dejaron de "dar fruto". Estos fueron "cortados", y no solo eso, sino "arrojados al fuego".

“Si alguno no permanece en mí, es arrojado fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen, los echan al fuego y arden.” Juan 15,6

Luego de que Jesús nos ha indicado la importancia de permanecer en él, termina la enseñanza dándonos la formula para poder "permanecer" y esa es la obediencia y el cumplimiento de los mandamientos.

“Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor.” Juan 15,10

Otra vez vemos que Jesús con la sentencia condicional "Si" establece una condición para permanecer en él. Dice: "Si guardan mis mandamientos" entonces "permanecerán en mi amor" dejando claro que "Si no los guardan" no permanecerán y "serán cortados como el sarmiento que no da fruto".    

El pasaje de 1 Juan 5,13 no está enseñando que la salvación no la podemos perder, está enseñando que mientras permanezcamos en Cristo tenemos vida eterna. Y para permanecer tenemos que cumplir los mandamientos y hacer buenas obras.

Otros pasajes muy utilizados para afirmar que la salvación no se puede perder son los que detallaremos a continuación:

“Mis ovejas escuchan mi voz; yo las conozco y ellas mi siguen. Yo les doy vida eterna y no perecerán jamás, y nadie las arrebatará de mi mano. El Padre, que me las ha dado, es más grande que todos, y nadie puede arrebatar nada de la mano del Padre.  Yo y el Padre somos uno.»” Juan 10,27-30

Este es un pasaje muy esperanzador, veamos otro que refleja la misma idea.

“Pues a los que de antemano conoció, también los predestinó a reproducir la imagen de su Hijo, para que fuera él  el primogénito entre muchos hermanos; y a los que predestinó, a ésos también los justificó; a los que justificó, a ésos también los glorificó. Ante esto ¿qué diremos? Si Dios está por nosotros ¿quién contra nosotros? El que no perdonó ni a su propio Hijo, antes bien le entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará con él graciosamente todas las cosas? ¿Quién acusará a los elegidos de Dios? Dios es quien justifica.  ¿Quién condenará? ¿Acaso Cristo Jesús, el que murió; más aún el que resucitó, el que está a la diestra de Dios, y que intercede por nosotros? ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿La tribulación?, ¿la angustia?, ¿la persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿los peligros?, ¿la espada?, como dice la Escritura: Por tu causa somos muertos todo el día; tratados como ovejas destinadas al matadero. Pero en todo esto salimos vencedores gracias a aquel que nos amó. Pues estoy seguro de que ni la muerte ni la vida ni los ángeles ni los principados ni lo presente ni lo futuro ni las potestades ni la altura ni la profundidad ni otra criatura alguna podrá separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús Señor nuestro.” Romanos 8,29-39

Aquí mas claramente se afirma lo anterior, no existe fuerza humana, ni espiritual que pueda separarnos del amor de Dios.

“firmemente convencido de que, quien inició en vosotros la buena obra, la irá consumando hasta el Día de Cristo  Jesús.” Filipenses 1,6

Aquí se confirma la idea también de que no hay fuerza que haga que la obra de Dios en nosotros que inconclusa.

Todos estos pasajes han sido interpretados por cristianos evangélicos como que no podemos perder la salvación, ya que si nadie puede apartarnos del amor de Dios, la batalla está ganada. ¿Es esta conclusión cierta?

Estos pasajes enseñan que nada ni nadie nos puede apartar del amor de Dios. Este nada ni nadie incluye "La tribulación", "la angustia?", "la persecución?, "el hambre", "la desnudez", "los peligros"?, "la espada", "la muerte", "la vida", "los ángeles", "los principados", "lo presente", "lo futuro", "las potestades", "la altura", "ni otra criatura". Pero esto "NO QUIERE DECIR QUE NOSOTROS MISMOS NO PODEMOS".

Precisamente por la incapacidad que tiene el Diablo de apartarnos del amor de Dios es que para atacarnos busca hacer que "NOSOTROS MISMOS NOS SEPAREMOS", recordemos que de haber podido el demonio hubiera "destruido" a Adán en el jardín del Edén. Nada hubiera podido haber apartado a Adán del amor de Dios, NADA, excepto él mismo con su "desobediencia".

Si el enemigo pudiera destruirnos ahora mismo, de seguro lo haría, nos llevaría directo al infierno. Pero NO PUEDE, porque aunque es poderoso, tenemos un Dios Todopoderoso que se lo impide, por tanto lo que hace es "tentar" para que nosotros por "libre elección" nos apartemos de Dios y renunciemos a la vida.

No debemos confundir los pasajes anteriores con el hecho de que Dios ciertamente nos ha hecho "libres". Dios no nos va a llevar a la fuerza al cielo, ya que si fuera así, estaría Satanás y todos sus demonios en el cielo a la fuerza. Ellos una vez estuvieron, pero han "elegido" no obedecer a Dios y se han "separado voluntariamente" del amor de Dios. Lo mismo nosotros cuando pecamos y desobedecemos nos separamos de la vid verdadera.

A esta libertad de elegir que Dios nos ha dado la llamamos "libre albedrío". Dios nos deja la elección de amarle y obedecerle "libremente". Esto fue así desde Adán hasta ahora.

“Mira, yo pongo hoy ante ti vida y felicidad, muerte y desgracia” Deuteronomio 3,15

Pongo hoy por testigos contra vosotros al cielo y a la tierra: te pongo delante vida o muerte, bendición o maldición. Escoge la vida, para que vivas, tú y tu descendencia, amando Yahveh tu Dios, escuchando su voz, viviendo unido a él; pues en eso está tu vida…” Deuteronomio 3,15

Es por medio de la "libre elección" que el cristiano a cada momento debe o permanecer en Cristo o separarse de Él.

El último pasaje que analizaremos que utilizan los hermanos separados para argumentar que no es posible perder la salvación es el siguiente:

“Porque, si confiesas con tu boca que Jesús es Señor y crees en tu corazón que Dios le resucitó de entre los muertos, serás salvo…. Pues todo el que invoque el nombre del Señor se salvará.” Romanos 10,9.13

Este pasaje es muy instructivo para ilustrar como católicos y evangélicos podemos  interpretar de un mismo pasaje cosas completamente diferentes. Las Iglesias evangélicas del pasaje anterior ven "causa y efecto", ellos confiesan con la boca que Jesús es Señor y según la palabra de Dios ya están salvados. No es extraño ver en un culto de alguna Iglesia evangélica que cuando un hermano hace su profesión de fe, muchos dan muestras de gozo con afirmaciones de "¡Se ha salvado!", ya para ellos la seguridad de salvación es total en virtud del pasaje anterior.

Los católicos sin embargo, al armonizar este pasaje con el resto de la Escritura, entendemos que lo que Pablo está haciendo realmente es narrar resumidamente "el inicio" y "final" de la carrera por la salvación. Para el católico la salvación más que una causa y efecto es sobre todo un "proceso"

Sabemos que es así porque la Biblia nos enseña que para salvarse hay que perseverar hasta el final.

“Y al crecer cada vez más la iniquidad, la caridad de la mayoría se enfriará. Pero el que persevere hasta el fin, ése se salvará” Mateo 24,12-13

Mientras evangélicos dicen que "ya son salvos", Cristo dice que se salvará "quien persevere hasta el fin". Es ilógico hacer doctrina en base a un solo pasaje sin armonizarlo con el resto. Si profundizamos aún más en la escritura veremos que esto no es nuevo. Dios ya había establecido el principio de que la fidelidad debía mantenerse hasta el fin para salvarnos.

“Y tú, hijo de hombre, di a los hijos de tu pueblo: La justicia del justo no le salvará el día de su perversión, ni la maldad del malvado le hará sucumbir el día en que se aparte de su maldad. Pero tampoco el justo vivirá en virtud de su justicia el día en que peque. Si yo digo al justo: «Vivirás», pero él, fiándose de su justicia, comete la injusticia, no quedará memoria de toda su justicia, sino que morirá por la injusticia que cometió. Y si digo al malvado: «Vas a morir», y él se aparta de pecado y practica el derecho y la justicia, si devuelve la prenda, restituye lo que robó, observa los preceptos que dan la vida y deja de cometer injusticia, vivirá ciertamente, no morirá. Ninguno de los pecados que cometió se le recordará más: ha observado el derecho y la justicia; ciertamente vivirá.” Ezequiel 33,12-16

El pasaje anterior nos enseña que podemos haber sido "justos", "salvos", pero para salvarnos debemos mantener esta justicia hasta el fin, ya que si el justo comienza a practicar la injusticia morirá y se olvidará toda su justicia. Lo mismo el pecador, si se aparta del mal y se convierte vivirá en virtud de su estado actual.

El pasaje continúa:

“los hijos de tu pueblo dicen: «No es justo el proceder del Señor.» El proceder de ellos es el que no es justo. Cuando el justo se aparta de su justicia para cometer injusticia, muere por ello. Y cuando el malvado se aparta de su maldad y observa el derecho y la justicia, vive por ello. Y vosotros decís: «No es justo el proceder del Señor.» Yo os juzgaré, a cada uno según su conducta, casa de Israel.” Ezequiel 33,17-20

La misma palabra de Dios confirma nuestra tesis de que lo que Pablo está haciendo es resumiéndonos como comienza y termina el proceso de la salvación. Un proceso que se inicia con la fe, pero que luego de haber recibido la fe, con nuestras obras vamos creciendo para esta salvación:

“Como niños recién nacidos, desead la leche espiritual pura, a fin de que, por ella, crezcáis para la salvación,” 1 Pedro 2,2

El pasaje anterior nos da a entender que la salvación es un proceso para el cual  "se va creciendo" y no algo de un momento.

Otro pasaje que refleja la misma idea es el siguiente:

“Y esto, teniendo en cuenta el momento en que vivimos. Porque es ya hora de levantaros del sueño; que la salvación está más cerca de nosotros que cuando abrazamos la fe.” Romanos 13,11

Otra vez se ve aquí la misma idea que Pablo quiere expresar, donde el primer paso es la fe, pero es solo el primer paso, con la perseverancia en las buenas obras nos vamos acercando a la meta de la salvación. Es importante notar que Pablo está dejando claro que el momento en que recibimos la fe y el momento en que hacemos efectiva la salvación son dos momentos diferentes, ya que el pasaje anterior NO DICE que tenemos la salvación desde que abrazamos la fe, sino que "está más cerca de nosotros que cuando abrazamos la fe". Pasaje que contradice la perspectiva de los hermanos de que la salvación es solo causa y efecto.

La Biblia no dice que ya podemos estar completamente seguros de que somos salvos en ninguna parte, dice que la salvación será revelada en el último momento:

“a quienes el poder de Dios, por medio de la fe, protege para la salvación, dispuesta ya a ser revelada en el último momento.” 1 Pedro 1,5

Y podemos decir que estamos salvados, pero conscientes que nuestra salvación es una "esperanza", mas no algo que ya vemos, porque sino no fuera esperanza.

“Porque nuestra salvación es en esperanza; y una esperanza que se ve, no es esperanza, pues ¿cómo es posible esperar una cosa que se ve?” Romanos 8,24

Por eso, en ves de afirmar una absoluta seguridad de ser salvos, lo que podemos afirmar es que somos "herederos" de la salvación.

“¿Es que no son todos ellos espíritus servidores con la misión de asistir a los que han de heredar la salvación?” Hebreos 1,14

Herencia que solo cobraremos al final de la carrera.

“…Manténte fiel hasta la muerte y te daré la corona de la vida.” Apocalipsis 2,10

La corona de la vida es "la salvación" y esta analogía que la Palabra de Dios hace con una carrera donde la meta es la salvación es una de las preferidas de Pablo en sus cartas.

“Los atletas se privan de todo; y eso ¡por una corona corruptible!; nosotros, en cambio, por una incorruptible. Así pues, yo corro, no como a la ventura; y ejerzo el pugilato, no como dando golpes en el vacío, sino que golpeo mi cuerpo y lo esclavizo; no sea que, habiendo proclamado a los demás, resulte yo mismo descalificado.” 1 Corintios 9,25-27

En el pasaje anterior Pablo compara al cristiano con un atleta. El mismo habiendo sido uno de los "primeros" atletas, que incluso inscribieron a los demás para la carrera, no muestra una seguridad de llegar a la meta, por el contrario, dice que golpea su cuerpo y lo esclaviza no sea que el mismo resulte: "DESCALIFICADO"

¿Qué puede significar ser descalificado en una carrera por la corona de la vida?

Luego de haber visto cual realmente es la visión que la palabra nos da de la salvación, podemos entender que es lo que realmente Pablo quería decir con que luego de profesar con nuestra boca que Jesús es el Señor seríamos salvados. No diciendo que ya luego de eso "era seguro" que nos salvaríamos, sino que ese sería el primer paso a dar en el camino de nuestra salvación.

Así como cuando decimos a nuestros hijos que para conseguir un buen trabajo deben inscribirse en la universidad, porque es el primer paso del camino, esto no quiere decir que con simplemente inscribirse ya es "seguro" que conseguirán un buen trabajo.

El cristiano debe tener la esperanza que por medio de la fe será protegido para su salvación, que Dios le dará todas las gracias necesarias para perseverar, que no será probado más allá de lo que pueda resistir y siempre se le dará junto con la tentación el auxilio necesario para vencer, pero debe estar consciente que el debe poner de su parte, podrá tener completa seguridad de Dios, pero no completa seguridad de sí mismo. Por eso, como decía Pablo:

“Así pues, el que crea estar en pie, mire no caiga.” 1 Corintios 10,12

En uno de los sermones de unos de los programas de radio en la RRB (Red de radiodifusión bíblica) uno de los pastores argumentaba que solo se podían perder "batallas" pero la guerra no se podía perder, por tanto nuestra salvación estaba "asegurada". En otro sermón otro pastor argumentaba que "no hemos hecho nada para ganar la salvación, tampoco podemos hacer nada para perderla".