Estudiando el tema de
la salvación a profundidad
Por Ing. José Miguel Arráiz
Introducción
¿Cómo se obtiene
la salvación?, este es un tema ampliamente discutido, y la respuesta a esta
pregunta puede variar de acuerdo entre las diferentes denominaciones.
Iniciaremos
primero por explicar detalladamente cuales son las diferentes posturas y
posiciones en este tema. Luego profundizaremos en la enseñanza bíblica y su
concordancia con cada una de las posturas presentadas.
1. Diferentes perspectivas de la
salvación
1.1. Perspectiva de la salvación según
la Iglesia católica
La Iglesia
Católica profesa que la salvación es un don gratuito de Dios, que recibimos por
medio de la fe en Cristo, pero para poder hacer efectiva esta salvación debemos
también cumplir los mandamientos, hacer buenas obras y vivir una vida basada en
el amor.
La Iglesia enseña
que la salvación es “gracia”. Esto
quiere decir que Cristo, por los méritos de su muerte en la cruz, la ha ganado
para nosotros. No hay nada que hubiéramos podido hacer para merecer tal
sacrificio, tampoco hay nada que hubiéramos podido hacer para justificarnos. En
ese sentido, cuando decimos que es gracia es porque la hemos recibido “gratuitamente”. A partir de este
punto, donde el hombre es justificado por la fe, la obediencia, la práctica de
las buenas obras y el cumplimiento de los mandamientos son requisitos para
alcanzar la salvación. No la compran, pero son necesarias. Decimos que la
salvación es por fe, pero no solamente por fe, que las obras también son
necesarias para la salvación. Por consiguiente la salvación es fe y luego
obras, (fe primero, obras después) pero no fe+obras.
En la siguiente
sección colocaré las algunas de las secciones del catecismo oficial de la
Iglesia Católica que tratan del tema:
“Nuestra justificación
es obra de la gracia de Dios. La gracia es el favor, el auxilio gratuito que
Dios nos da para responder a su llamada, ser hijos de Dios (cf
Jn 1,12-18), hijos adoptivos (cf
Rm 8, 14-17), partícipes de la naturaleza divina (cf 2 P 1,3-4), de la vida eterna (cf
Jn 17,3).” CIC 1996
“Esta vocación a
la vida eterna es sobrenatural. Depende enteramente de la iniciativa gratuita
de Dios, porque sólo él puede revelarse y darse a sí mismo. Sobrepasa las capacidades de la inteligencia
y las fuerzas de la voluntad humana, como de toda criatura (1 Co 2,7-9).” CIC 1998
“La gracia de
Cristo es el don gratuito que Dios nos hace de su vida infundida por el
Espíritu Santo en nuestra alma para curarla del pecado y santificarla: es la
gracia santificante o deificante, recibida en el Bautismo. Es en nosotros la
fuente de la obra de santificación (cf Jn 4,14; 7,38-39):
Por tanto, el que
está en Cristo es una nueva creación; pasó lo viejo, todo es nuevo. Y todo
proviene de Dios, que nos reconcilió consigo por Cristo (2 Co
5,17-18).” CIC
1999
“La gracia
santificante es un don habitual, una disposición estable y sobrenatural que
perfecciona al alma para hacerla capaz de vivir con Dios, de obrar por su amor.
Se debe distinguir entre la gracia habitual, disposición permanente para vivir
y obrar según la llamada divina, y las gracias actuales, que designan las
intervenciones divinas sea en el origen de la conversión o en el curso de la
obra de la santificación.” CIC 2000
Y respecto a la
colaboración de las obras con la fe agrega:
“La adopción
filial, haciéndonos partícipes por la gracia de la naturaleza divina, puede
conferirnos, según la justicia gratuita de Dios, un verdadero mérito. Se trata
de un derecho por gracia, el pleno derecho del amor, que nos hace
"coherederos" de Cristo y dignos de obtener la "herencia
prometida de la vida eterna" (Cc. de Trento: DS
1546). Los méritos de nuestras buenas obras son dones de la bondad divina (cf. Cc. de Trento: DS 1548).
"La gracia ha precedido; ahora se da lo que es debido...los méritos son
dones de Dios" (S. Agustín, serm. 298,4-5).” CIC 2009
“Por pertenecer a
Dios la iniciativa en el orden de la gracia, nadie puede merecer la gracia
primera, en el inicio de la conversión, del perdón y de la justificación. Bajo
la moción del Espíritu Santo y de la caridad, podemos después merecer en favor
nuestro y de los demás gracias útiles para nuestra santificación, para el
crecimiento de la gracia y de la caridad, y para la obtención de la vida
eterna. Los mismos bienes temporales, como la salud, la amistad, pueden ser
merecidos según la sabiduría de Dios. Estas gracias y estos bienes son objeto
de la oración cristiana. Esta remedia nuestra necesidad de la gracia para las
acciones meritorias.” CIC 2010
“La caridad de
Cristo es en nosotros la fuente de todos nuestros méritos ante Dios. La gracia,
uniéndonos a Cristo con un amor activo, asegura la cualidad sobrenatural de
nuestros actos y por consiguiente su mérito tanto ante Dios como ante los
hombres. Los santos han tenido siempre una conciencia viva de que sus méritos
eran pura gracia.” CIC 2011
“La fe es la
virtud teologal por la que creemos en Dios y en todo lo que El nos ha dicho y
revelado, y que la Santa Iglesia nos propone, porque El es la verdad misma. Por
la fe "el hombre se entrega entera y libremente a Dios" (DV 5). Por
eso el creyente se esfuerza por conocer y hacer la voluntad de Dios. "El
justo vivirá por la fe" (Rom 1,17). La fe viva
"actúa por la caridad" (Gál 5,6).” CIC 1814
“El discípulo de
Cristo no debe sólo guardar la fe y vivir de ella, sino también profesarla,
testimoniarla con firmeza y difundirla: "Todos vivan preparados para
confesar a Cristo delante de los hombres y a seguirle por el camino de la cruz
en medio de las persecuciones que nunca faltan a la Iglesia" (LG 42; cf DH 14). El servicio y el testimonio de la fe son
requeridos para la salvación: "Por todo aquél que se declare por mí ante
los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los
cielos; pero a quien me niegue ante los hombres, le negaré yo también ante mi
Padre que está en los cielos" (Mt 10,32-33).” CIC 1816
1.2. Perspectiva de la salvación según Pelagio
Pelagio era un
monje romano-británico que aproximadamente en el año 390 se trasladó a Roma y
predicó la no necesidad de la gracia divina y la redención de Cristo. Pelagio también negó la existencia del pecado original, la
necesidad de bautizar niños y la necesidad de la gracia para la salvación del
hombre. Argumentaba que la corrupción de la naturaleza humana no es innata,
sino que se debe a malos ejemplos y hábitos, y a que las facultades naturales
de la humanidad no se habían visto afectadas de forma perjudicial por la caída
de Adán. Decía que los seres humanos pueden llevar vidas de rectitud moral y,
por esta razón, merecen el cielo por sus propios méritos. Pelagio
afirmó que la verdadera gracia subyace en los dones naturales de la humanidad,
incluyendo el libre albedrío, la razón y la conciencia. También predicaba lo
que llamaba gracias externas, como la ley mosaica y la enseñanza y ejemplo de
Cristo, que estimulan la voluntad "desde fuera", pero no tenían un
poder divino implícito. Para Pelagio, la fe y el
dogma casi no importaban, porque la esencia de la religión para él era la
acción moral. Su creencia en la perfección moral se debía a las influencias que
el había recibido del estoicismo.
El estoicismo
derivaba de una escuela de filosofía occidental, fundada en la antigua Grecia.
La filosofía estoica se desarrolló a partir de la de los cínicos, cuyo fundador
griego, Antístenes, fue discípulo de Sócrates.
El estoicismo fue
la filosofía más influyente en el Imperio romano durante el periodo anterior al
ascenso del cristianismo, cuando este era pagano. Los estoicos, como los
epicúreos, ponían el énfasis en la ética considerada como el principal ámbito
de conocimiento. Para Pelagio, influenciado por estas
corrientes filosóficas, la salvación era puramente “por obras”. El hombre podía
ganarse el cielo por sus propios méritos y haciendo exclusivo uso de su libre
albedrío, con el cual podía siempre perseverar en bien.
1.3. Perspectiva de la salvación según
las Iglesias evangélicas
Martín Lutero, un teólogo alemán que vivió en el período
1483-1546, se hizo una controversial figura cuando se separó de la Iglesia
Católica, predicaba que la salvación es una gracia de Dios que se recibía
únicamente por la fe. Las buenas obras para él eran un producto natural de la
fe, y hacía énfasis en que no eran necesarias para salvarse. Predicaba que como
la salvación es “gracia” que se recibe por medio de la fe, ya no hacia falta
nada más, y ya el hombre podía tener una seguridad total de ser salvado. Para
él era incompatible decir que si la salvación era “gracia”, eran también
necesarias las obras. En sus encendidos
sermones, predicaba que podía fornicar 24 veces al día, sin que esto afectara
en nada su salvación, afirmaba que esta “no dependía de él”, ya Cristo la había
ganado para él, y así como no hizo nada para recibirla (gratuita), ya una vez
salvo, no podía hacer nada para perderla. Lutero
argumentaba que su posición estaba sustentada en la Escritura, en Romanos 3,28
("Pues estoy convencido de que el hombre obtiene la salvación por la fe y
no por el cumplimiento de la ley") y Romanos 4,3 ("Creyó Abraham a
Dios y eso le fue tenido en cuenta para obtener la salvación").
A partir de
entonces, fue virtualmente la posición oficial de todas las Iglesias
evangélicas surgidas de la reforma, y es incluso la posición actual de una
buena mayoría hoy día. Así, encontramos que evangélicos
y fundamentalistas nos aseguran tener una absoluta seguridad de ser salvos.
Concluyen de la Biblia que Cristo prometió que el cielo es de ellos a cambio de
un acto muy simple. Todo lo que deben hacer es, "aceptar a Cristo como su
salvador personal", y asunto acabado. Probablemente vivirán luego vidas
ejemplares, pero el vivir bien no es crucial, al modo de ver de ellos:
definitivamente no afecta a su salvación. No importa lo que suceda después, no
interesa cuán pecaminosamente vivan el resto de sus días: su salvación está
asegurada. Puede que el Espíritu Santo los castigue en esta vida por sus
pecados, pero de ningún modo pueden descartar su salvación, porque esta no
depende del valor intrínseco de sus almas o de los efectos de los pecados que
se cometan.
Kenneth E. Hagin,
un afamado tele evangelista pentecostal de la rama
"Word Faith" afirma que la seguridad de
esta salvación viene a través de ser "renacido": "Si no nacéis
de nuevo, no entraréis en el Reino de Dios" (Juan 3,3). En su pequeño
libro, El Nuevo Nacimiento (The New
Birth), Hagin afirma:
“El nuevo nacimiento: "el nuevo nacimiento es una
necesidad para ser salvo. A través del nuevo nacimiento tu entras en la
correcta relación con Dios” Kenneth E. Hagin
Afirma Kennet que el nuevo
nacimiento solo es producto de aceptar a Cristo como salvador personal, luego
de este acto de voluntad y de fe, ya todo está hecho, y ya estás salvado para
siempre. El resto, quien no haya aceptado a Cristo, (incluyendo a quienes nunca
han escuchado de él), no importa cuantas buenas obras hayan hecho, cuan
rectamente hayan vivido, cuanto hayan obedecido la ley natural de su
conciencia, irán al infierno, al horno de fuego, a la condenación eterna.
1.4. Otras perspectivas de la salvación
según Iglesias evangélicas
Como
mencionamos, aunque después de la Reforma Protestante las Iglesias Evangélicas
enseñaban que la salvación era exclusivamente fe y la imposibilidad de perder
la salvación para quienes hubieran aceptado a Cristo como salvador, la paz no
duró mucho tiempo, pronto se levantaron detractores de estas doctrinas dentro
de sus mismas Iglesias, que comenzaron a afirmar que sí era posible perder la
salvación. Aquel movimiento creció, tomó fuerza y hasta hoy continúa el
debate entre Iglesias evangélicas.
En el siglo
XVII por ejemplo, Jacobo Armiño predicó que la libre voluntad humana puede
existir sin limitar el poder de Dios o contradecir la Biblia. Se oponía a las
doctrinas calvinistas que hacían énfasis en la predestinación.
Arminio,
quien estudió en Ginebra con el teólogo evangélico francés Teodoro Beza, regresó a su Holanda nativa y fue catedrático de
teología (1603-1609) en la Universidad de Leiden. Afirmaba que la
predestinación era bíblica y verdadera, es decir, que Dios había destinado a
algunas personas al cielo y a otras al infierno, como se indica por la
referencia de Jesús, “ovejas y cabritos”. Pero se centraba en el amor de Dios
más que en su poder a la hora de elegir, proceso por el cual Dios eligió a
aquellos destinados al paraíso.
Tras la
muerte de Arminio, un grupo de ministros que
simpatizaban con sus puntos de vista desarrollaron una teología sistemática y
racional basada en sus enseñanzas. En su declaración, protesta publicada en
1610, los arminianos afirmaban que la elección estaba
condicionada por la fe, que la gracia podía ser rechazada, que la obra de
Cristo estaba pensada para todas las personas, y que era posible que los
creyentes cayeran en desgracia.
En el
Sínodo de Dort o Dordrecht
(1618 -1619), los Sumos Calvinistas prevalecieron sobre el grupo de los arminianos y condenaron a los que estaban en desacuerdo con
su teoría. El Sínodo de Dort declaró que la obra de
Cristo estaba destinada sólo a aquellos elegidos para la salvación, que la
gente que creía no podía perder la gracia, y que la elección de Dios no dependía
de ninguna condición. Los evangélicos armíñanos fueron entonces totalmente
prohibidos en Holanda por el resto de evangélicos calvinistas hasta 1630, y
desde entonces no sin reservas hasta 1795. Sin embargo, la tradición arminia se mantuvo en los Países Bajos a finales del siglo
XX.
El teólogo
británico John Wesley
estudió y afirmó la obra de Arminio en su movimiento
metodista durante el siglo XVIII en Inglaterra. Para el pueblo, el arminianismo se resume en la idea de que no existe la
predestinación y que la gente es libre de seguir o rechazar el Evangelio.
A partir de
aquí, muchas Iglesias evangélicas a diferencia de las anteriores, afirman que
la salvación no se pierde, sino que “se rechaza”, lo cual, es en esencia, una
forma elegante de dar el brazo a torcer, ya que en fin de cuentas, es lo mismo.
Alguien que iba camino al cielo ayer, puede estar rumbo al infierno hoy.
Recientemente,
la Iglesia Luterana (más de 90 millones en todo el mundo) ha firmado un acuerdo
ecuménico con la Iglesia Católica, respecto a la justificación. En esta
declaración conjunta, producto del diálogo ecuménico, se ve una evolución de la
doctrina Luterana bastante diferente a la posición inicial de Lutero.
“Juntos
confesamos que las buenas obras, una vida cristiana de fe, esperanza y amor,
surgen después de la justificación y son fruto de ella. Cuando el justificado
vive en Cristo y actúa en la gracia que le fue concedida, en términos bíblicos,
produce buen fruto. Dado que el cristiano lucha contra el pecado toda su vida,
esta consecuencia de la justificación también es para él un deber que debe
cumplir. Por consiguiente, tanto Jesús como los escritos apostólicos amonestan
al cristiano a producir las obras del amor.” Declaración
Oficial conjunta catolico-Luterana, IV.7.
Las buenas obras del justificado 37
“Por la
justificación somos incondicionalmente llevados a la comunión con Dios. Esto
incluye la promesa de la vida eterna: «Porque si nos hemos hecho una misma cosa
con él por una muerte semejante a la suya, también lo seremos por una
resurrección semejante» (Rom 6, 5; cf. Jn 3, 36; Rom
8, 17). En el juicio final, los
justificados serán juzgados también por sus obras (cf.
Mt 16, 27; 25, 31-46; Rom
2, 16; 14, 12; 1Cor 3, 8; 2 Cor 5, 10, etc). Enfrentamos un juicio en el que la sentencia
misericordiosa de Dios aprobará todo lo que en nuestra vida y obras corresponda
a su voluntad. De todas formas, todo lo que en nuestra vida es injusto será
descubierto y no entrará en la vida eterna. La Fórmula de Acuerdo también
declara: «Es expreso mandato y voluntad divina que los creyentes realicen las
buenas obras que el Espíritu Santo obra en ellos, y Dios está dispuesto a
alegrarse con ellos por Cristo y promete recompensarlos gloriosamente en esta
vida y en la vida futura» (FC SD IV, 38). Toda recompensa es una recompensa de
gracia, que no podemos reclamar.” Declaración Oficial
conjunta catolico-Luterana, Anexo e.
Importante
notar la diferencia de la doctrina Luterana inicial donde las “obras de nada valen” y la actual,
donde afirman que “también seremos
juzgados por obras”.
2. Profundizando en la salvación a la
luz de la Biblia
2.1. ¿Puede el hombre salvarse a sí
mismo con sus propios méritos?
En el Génesis se
nos narra como por la desobediencia de Adán todos fuimos constituidos pecadores
y quedamos privados de la gloria de Dios. Esta desobediencia consistió en que
Dios cuando colocó a Adán en el jardín del Edén le permitió comer de todos los
árboles excepto del árbol del bien y del mal, ya que si lo hacía moriría sin
remedio:
“Y Dios impuso al
hombre este mandamiento: «De cualquier
árbol del jardín puedes comer, mas del árbol de la ciencia del bien y del mal
no comerás, porque el día que comieres de él, morirás sin remedio.»” Génesis 2,16
Adán comió de la
fruta prohibida incitado por Eva, quien fue tentada por el demonio en forma de
serpiente. Este pecado lo llamamos "pecado
original" porque fue la primera desobediencia a Dios y la que causó
que el hombre cayera del estado de gracia. En virtud de su falta, y por ser él,
la cabeza físico-jurídica de la humanidad, todos fuimos “Constituidos” pecadores.
“En efecto, así
como por la desobediencia de un solo
hombre, todos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia
de uno solo todos serán constituidos justos.” Romanos 5,19
La Palabra de
Dios enseña, que a causa de este pecado, el hombre ha quedado incapacitado de
salvarse a sí mismo.
“no entres en
juicio con tu siervo, pues no es justo
ante ti ningún viviente.” Salmo 143,2
En el pasaje anterior,
el salmista no está diciendo que no hay justos, muchos pasajes bíblicos hablan
de hombres justos, sino que ante Dios, no es justo ningún viviente, ya que como
vimos, el hombre ha sido constituido como pecador por Dios, luego del pecado
original. Debido a que el salario del pecado es la muerte:
“Pues el salario del pecado es la muerte” Romanos 6,23
No hay nada, que
el hombre en sí mismo, pueda hacer para pagar por el precio de sus pecados
“¡Si nadie puede redimirse ni pagar a Dios por su
rescate!;” Salmo 49,8
Bajo esta
perspectiva, la doctrina de la salvación según Pelagio
no es consistente con la Palabra de Dios, ya que la Biblia claramente enseña
que el hombre no puede por sí mismo y sin ayuda de la gracia de Dios alcanzar
la salvación.
En este sentido,
mientras Pelagio afirmaba que la corrupción de la
naturaleza humana no es innata, la Biblia afirma:
“Mira que en culpa ya nací, pecador me concibió mi
madre.” Salmo 51,7
Mientras Pelagio afirmaba que el hombre puede salvarse por sus
propios méritos y con el único uso exclusivo de su libre albedrío, sin
necesidad de la gracia, Cristo ha dicho que separados de él no podemos hacer
nada.
“Yo soy la vid;
vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto;
porque separados de mí no podéis hacer
nada.” Juan 15,5
La Biblia enseña
que solo por medio de Cristo podemos ser salvados.
“Porque no hay bajo el cielo otro nombre dado a
los hombres por el que nosotros debamos salvarnos.»” Hechos
4,12
Y solo Cristo es
el camino hacia el Padre
“Le dice Jesús: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida.
Nadie va al Padre sino por mí.” Juan 14,6
Solo por medio de
Jesús, quien es verdadero hombre y verdadero Dios, el hombre ha podido
reconciliarse con Dios, y en virtud de su obediencia ha sido justificado.
2.2. La Salvación es “gracia”
La Biblia enseña
que Dios, en su infinito amor, no quiere que el hombre se pierda, sino que se
salve
“Esto es bueno y
agradable a Dios, nuestro Salvador, que
quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento pleno de la
verdad.” 1 Timoteo 2,3-4
Y para eso ha
enviado a su unigénito, para salvar al mundo
“Y nosotros hemos
visto y damos testimonio de que el Padre
envió a su Hijo, como Salvador del mundo.” 1 Juan 4,14
La Biblia nos
enseña que la venida de Jesús es la manifestación de la “gracia salvadora de Dios”
“Porque se ha manifestado la gracia salvadora de
Dios a todos los hombres,… Mas cuando se
manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador y su amor a los hombres,” Tito 2,11; 3,4
Según el
diccionario “gracia” es un don, regalo o favor que se da sin merecimiento
particular. En este sentido la Biblia deja claro que hemos sidos salvados única
y exclusivamente por “gracia”, o lo
que es mismo, Dios ha mandado a su hijo Jesucristo para salvarnos, por pura
bondad de su parte, NO HUBO, NO HAY, NI
HABRA nada que podamos hacer los hombres para merecer que Cristo haya
venido a morir por nosotros en la cruz.
En este sentido
Dios ha mandado su hijo a salvarnos por pura misericordia sin considerar las
obras que hagamos hecho para merecerlo.
“que nos ha
salvado y nos ha llamado con una vocación santa, no por nuestras obras, sino por su propia determinación y por su
gracia que nos dio desde toda la eternidad en Cristo Jesús,” 2 Timoteo 1,9
“él nos salvó, no por obras de justicia que
hubiésemos hecho nosotros, sino según su misericordia, por medio del baño
de regeneración y de renovación del Espíritu Santo,” Tito 3,5
“estando muertos
a causa de nuestros delitos, nos vivificó juntamente con Cristo - por gracia habéis sido salvados - y con
él nos resucitó y nos hizo sentar en los cielos en Cristo Jesús, a fin de
mostrar en los siglos venideros la sobreabundante riqueza de su gracia, por su
bondad para con nosotros en Cristo Jesús. Pues
habéis sido salvados por la gracia mediante la fe; y esto no viene de vosotros,
sino que es un don de Dios;” Efesios 2,5-8
2.3. Nos hacemos acreedores de la
gracia de la salvación por medio de la fe
La Biblia nos
enseña también que es por medio de la fe que somos justificados y obtenemos la
gracia de la salvación.
“Pues habéis
sido salvados por la gracia mediante la fe; y esto no viene de vosotros, sino
que es un don de Dios; tampoco viene de las obras, para que nadie se gloríe.” Efesios 2,8
“Habiendo, pues, recibido de la fe nuestra
justificación, estamos en paz con Dios, por nuestro Señor Jesucristo,” Romanos 5,1
Ya que estaba
establecido que el justo viviría por la fe.
“Porque en él se revela la justicia de Dios, de fe en
fe, como dice la Escritura:
“El justo vivirá
por la fe” Romanos 1,17
Esta fe debe ser
expresada públicamente
“Porque, si
confiesas con tu boca que Jesús es Señor y crees en tu corazón que Dios le
resucitó de entre los muertos, serás salvo. Pues con el
corazón se cree para conseguir la justicia, y con la boca se confiesa para
conseguir la salvación. Porque dice la Escritura: Todo el que crea en él no
será confundido. Que no hay distinción entre judío y griego, pues uno mismo es
el Señor de todos, rico para todos los que le invocan. Pues todo el que invoque el nombre del Señor se salvará.” Romanos 10,9-13
Y por medio de la
fe tenemos vida eterna
“En verdad, en verdad os digo: el que escucha mi
Palabra y cree en el que me ha enviado, tiene vida eterna y no incurre en juicio, sino que ha
pasado de la muerte a la vida.” Juan 5,24
Pasajes que
hablan de que por medio de la fe hemos sido salvados hay decenas en la Biblia
“Le respondieron:
«Ten fe en el Señor Jesús y te salvarás
tú y tu casa.»” Hechos 16,31
“Os he escrito estas cosas a los que creéis en el
nombre del Hijo de Dios, para que os deis cuenta de que tenéis vida eterna.” 1 Juan 5,13
2.4. ¿Solo fe?
De alguna manera,
las Iglesias evangélicas han interpretado el hecho de que hemos sido salvados
por medio de la fe, en otro hecho completamente distinto, diciendo que
solamente hace falta fe para salvarnos, y de allí que afirmen que con un solo
acto sincero de fe no les hace falta hacer nada más, son salvos. Realizar
buenas obras y cumplir los mandamientos simplemente será un producto de la fe,
más no será un requisito para salvarse. Si no lo hacen, no afectará su
salvación.
Analizaremos
detenidamente cada uno de los pasajes que utilizan para apoyar dicha
argumentación y los armonizaremos con el resto la Escritura.
“Pues habéis
sido salvados por la gracia mediante la fe; y esto no viene de vosotros, sino
que es un don de Dios; tampoco viene de las obras, para que nadie se gloríe.” Efesios 2,8
El pasaje
anterior deja claro que hemos sidos salvador por gracia, y mediante la fe. Dice
que esta “gracia” no ha venido de nosotros, por lo tanto no podemos gloriarnos.
Pero hay que entender realmente en que consiste este pasaje. Este pasaje dice
que no hay nada que podamos hacer “ganar”
la salvación, pero eso no quiere decir que luego de que Cristo nos ha redimido
y hecho herederos de la salvación no sea un requisito obedecer los mandamientos
ni hacer buenas obras.
Ilustremos esto con un ejemplo: Imaginemos que a un
trabajador su jefe le dice: "Toma,
te regalo este cheque por UN MILLON DE DOLARES!",
"Es gratis". Si el empleado cree que el cheque tiene fondo y va
hasta el banco, podrá cobrar el dinero y será simplemente suyo. En el ejemplo anterior, el cheque de un
millón es “la salvación”. El creer
que tiene fondo es “la fe”, y el
caminar hasta el banco son “las obras”
o “conducta”. Si el empleado no
cree, no obtiene el dinero porque no va a cobrarlo, pero si NO VA al banco NO COBRA EL CHEQUE TAMPOCO porque ir al banco a cobrarlo es un "requisito" para obtener el
dinero.
Estamos claros en
que el empleado no puede decir "Me gané el dinero porque caminé al
banco", NO!!!, el cheque lo recibió "gratis", pero debe caminar
hasta el banco para cobrarlo, sino camina hasta el, no lo cobra y no recibe el
dinero.
Así es la salvación,
la recibimos “gratis”, es un “don gratuito”, Debemos hacernos
propietarios de ella, y esto es por medio de la fe en Jesús, pero luego debemos
"ir hasta el banco" por medio de la obediencia y las obras. Es por
medio de estas en que nos convertimos en verdaderos "hacedores de la palabra"
y no meros "oidores", es
por medio de esta "obediencia"
y "obras"
en que nosotros aceptamos en manera "práctica" más que "teórica" que Jesús es nuestro único y
suficiente salvador personal. En ese sentido no nos podemos gloriar porque el
cheque (la salvación) la recibimos "gratis",
pero debemos "obedecer"
y por eso es un "requisito"
para hacer efectiva esta salvación.
Sigamos
profundizando en pasajes que nos explican detalladamente esta relación entre la
fe y obras.
“No todo el que me diga: "Señor, Señor,
entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre
celestial. Muchos me
dirán aquel Día: "Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu
nombre expulsamos demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?" Y
entonces les declararé: "¡Jamás os conocí; apartaos de mí, agentes de
iniquidad!" «Así pues, todo el que oiga estas palabras mías y las ponga en
práctica, será como el hombre prudente que edificó su casa sobre roca: cayó la
lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, y embistieron contra
aquella casa; pero ella no cayó, porque estaba cimentada sobre roca.Y todo el que oiga estas palabras mías y no las ponga
en práctica, será como el hombre insensato que edificó su casa sobre arena:
cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, irrumpieron
contra aquella casa y cayó, y fue grande su ruina.»” Mateo 7,21-27
El pasaje
anterior es clarísimo, ya que Cristo dice que no todo el que le diga
“Señor, Señor” entrará en el cielo, sino
el que “haga” la voluntad de
Dios.
Lo primero que
debemos notar en el pasaje anterior, es que decirle a Jesús “Señor, Señor” significa haberle
aceptado como salvador. Jesús estaba hablando precisamente de aquellos que profesaron
con sus labios su fe en Él y le reconocieran como Señor. De estos dice que “No todos entrarán”. Este “no todo” se refiere a que “muchos si”, pero “algunos no”. Recordemos que la fe es necesaria para salvarnos, y
por eso cuando Jesús utiliza el “no
todo” está implicando que ciertamente muchos de los que profesaron su fe
efectivamente se salvaron. Notemos sin embargo que hay otro grupo que no se
salvó, y fueron los que “no hicieron la
voluntad del Padre”. Con este pasaje Jesús nos está diciendo que si bien es
un requisito la fe, también es un requisito “hacer la voluntad del Padre”, sin
la segunda tampoco nos salvaremos.
Del pasaje
anterior también es importante notar otra cosa, y es que muchos de estos que no
se salvaron incluso llegaron a “profetizar en nombre de Jesús”, expulsaron
demonios y hacer milagros. A estas personas Jesús no les dice que mienten,
efectivamente estas personas SI HICIERON
MILAGROS en nombre de Jesús, SI
EXPULSARON DEMONIOS con el poder del Espíritu Santo, SI PROFETIZARON, en fin, si recibieron los carismas del Espíritu
Santo. La falla que fue considerada inadmisible estuvo en que no cumplieron con
el segundo requisito y es hacer la voluntad de Dios. Por eso Cristo les dice: "¡Jamás os conocí; apartaos de mí,
agentes de iniquidad!"
Jesús luego de
narrar esto, termina explicando muy claramente la lección que debemos aprender,
y es que el verdadero creyente es aquel que “pone en práctica” la palabra de Dios, aquel que la “pone por obra”. Este obrar de la fe,
no solo es un producto de la fe, sino también “necesario” para la salvación.
Quien diga tener
fe, pero no la ponga por obra, se engañará a sí mismo, y será como dice el
pasaje: “grande su ruina” y estará
construyendo su casa sobre la arena.
Hemos visto que "hacer la voluntad de Dios"
es un requisito para entrar al reino de los cielos. Algo que es imposible negar
es que parte de hacer la voluntad de Dios incluye hacer buenas obras, no
hacerlas es pecado, y pecar no va acorde con la voluntad de Dios.
“Aquel, pues, que sabe hacer el bien y no lo hace,
comete pecado.” Santiago 4,17
Bajo la luz del
pasaje anterior es claro que la argumentación de las Iglesias evangélicas de
que “solo basta la fe” no solo no tiene fundamento bíblico, sino que está
plenamente contradicha a la palabra de Dios. La fe es requisito, pero es indispensable que esta fe sea puesta en
práctica y produzca buenas obras.
“Poned por obra la Palabra y no os contentéis sólo
con oírla, engañándoos a vosotros mismos. Porque si alguno se contenta con oír la Palabra
sin ponerla por obra, ése se parece al que contempla su imagen en un espejo: se
contempla, pero, en yéndose, se olvida de cómo es.” Santiago 1,22-24
El problema que
dificulta al cristiano evangélico a entender la necesidad de las obras, reside
en que cuando el cristiano evangélico escucha que “las obras son necesarias” entiende que estamos diciendo que con
las obras “ganan la salvación” aunque
realmente son dos cosas muy diferentes. No
es eso lo que quiere decir la Iglesia, hemos dicho que la salvación es
"gracia". Lo que realmente quiere decir el hecho de que las obras son
necesarias es que tanto la obediencia como las buenas obras son necesarias para
perfeccionarnos en el amor de Dios y hacer efectiva la salvación, ya por su
puesto, ganada por Cristo para nosotros en la cruz.
Cristo mismo puso
un ejemplo muy claro para darnos a entender esto en la parábola de las bodas
del hijo del rey
“«El Reino de los Cielos es semejante a un
rey que celebró el banquete de bodas de su hijo. Envió sus siervos a llamar
a los invitados a la boda, pero no quisieron venir… Entonces dice a sus
siervos: "La boda está preparada, pero los invitados no eran dignos. Id, pues, a los cruces de los caminos y, a cuantos
encontréis, invitadlos a la boda." Los siervos salieron a los caminos, reunieron
a todos los que encontraron, malos y buenos, y la sala de bodas se llenó de
comensales. «Entró el rey a ver a los
comensales, y al notar que había allí uno que no tenía traje de boda, le dice:
"Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin traje de boda?" El se quedó
callado. Entonces el rey dijo a los
sirvientes: "Atadle de pies y manos, y echadle a las tinieblas de fuera;
allí será el llanto y el rechinar de
dientes." Porque muchos son
llamados, mas pocos escogidos.»” Mateo 22,2-3.8-14
Analicemos el
pasaje anterior detenidamente.
Lo primero que vemos es que se relatan las “bodas del Cordero”, las bodas de
Cristo con su Iglesia. Los que inicialmente habían sido invitados y no
quisieron venir son los judíos que rechazaron creer en el Mesías, por lo que el
rey mandó a buscar por los caminos a todo el que quisiera asistir (los gentiles
o lo que es lo mismo: nosotros).
Lo segundo que es importante notar, es que muchos aceptaron
la invitación y fueron a la boda. Estos que “si aceptaron la invitación” son aquellos que “profesaron su fe en Jesús” y le aceptaron como Señor y salvador.
De todos estos, uno de los invitados fue encontrado sin llevar puesto el “traje de bodas”. Si el invitado no lo
tenía puesto no es porque fuera pobre, o no tuviera con que comprarlo, ya que
el traje de bodas era suplido por el celebrante. El invitado no lo tenía puesto
sencillamente porque NO QUIZO PONERSELO.
Por eso, cuando el dueño de la casa le pregunta porque no lo trae, dice la
Escritura que “El se quedó callado”. Esto
indica que no tenía una excusa válida que presentar, ya que de lo contrario lo
hubiera hecho antes de ser echado fuera.
El traje de bodas
que menciona la parábola es “el traje
del hombre nuevo”, la nueva vida que debe llevar todo buen cristiano luego
de su conversión. Vida que debe ir acompañada de una obediencia a los
mandamientos y una fe que obre por la caridad. Es absurdo decir que solo basta
para un cristiano “aceptar la invitación” a la boda y decir que no es necesario
ponerse el traje del hombre nuevo. El mismo Jesús enseña que será echado sin
contemplaciones.
A pesar de
pasajes tan claros las Iglesias evangélicas siguen argumentando que la
salvación es exclusivamente fe, y aunque aclaran que alguien que sea “salvo” seguramente
cumplirá los mandamientos, afirman que de esto no depende porque es “gracia”.
Para ellos “gracia” y “obras” no son compatibles. De alguna no han entendido
que su afirmación convierte la “gracia” en "licencia para pecar", que
es lo que implica afirmar que no es requisito obedecer, por más que no lo
quieran entender.
“y llegado a la
perfección, se convirtió en causa de
salvación eterna para todos los que le obedecen,” Hebreos
5,9
El pasaje
anterior no deja lugar a dudas, Cristo es causa de salvación pero para QUIENES LE OBEDECEN. La obediencia por tanto es un “requisito”
Un ejemplo
clarísimo lo vemos también en el siguiente pasaje:
“En esto se le acercó uno y le dijo: «Maestro,
¿qué he de hacer de bueno para conseguir vida eterna?» El le dijo: «¿Por
qué me preguntas acerca de lo bueno? Uno solo es el Bueno. Mas si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos.»” Mateo 19,16-17
En el pasaje
anterior, el joven rico le pregunta a Cristo que debe hacer para conseguir la vida
eterna, o lo que es lo mismo, que debe hacer para salvarse, a lo que Cristo
responde que debe cumplir los mandamientos. Es importante notar que Cristo lo
hace un requisito, una condición cuando dice “Si quieres…” entonces
“Guarda los mandamientos”. Esta
forma de expresión es muy utilizada entre nosotros, cuando por ejemplo decimos
a nuestros hijos: "Si quieres ir al
cine…" entonces "pórtate
bien", y esto significa claramente que sino se porta bien, se quedará
viendo TV en casa. Lo mismo Cristo, cuando le dice al joven rico que si quiere
entrar la vida debe cumplir los mandamientos, le deja implícito que si no los
cumple simplemente no entrará.
Nosotros
aceptamos que la fe es importantísima, sin fe es imposible agradar a Dios,
“Ahora bien, sin fe es imposible agradarle, pues
el que se acerca a Dios ha de creer que existe y que recompensa a los que le
buscan.” Hebreos
11,5
Pero el mismo
Pablo es quien nos aclara que la fe, si bien es necesaria, sino es acompañada
de la caridad, de nada vale.
“…aunque tuviera plenitud de fe como para
trasladar montañas, si no tengo caridad, nada soy.” 1
Corintios 13,2
Pablo, que en
numerosas ocasiones realza la importancia de la fe, aquí está diciendo algo
bastante serio. Aún si tuviera la fe como hasta para mover montañas (hipérbole
que utiliza para significar una fe enorme) si no tiene amor, no se sirve de
nada, no le salva, no le ayuda, es como bronce que suena o címbalo que retiñe. Y por eso concluye que si bien
son importantes la fe, la esperanza y la caridad, la mayor de todas es la
caridad.
“Ahora subsisten la fe, la esperanza y la caridad, estas tres. Pero la mayor de todas ellas es la caridad.” 1
Corintios 13,13
¿Es posible
seguir afirmando que solo es necesario la fe cuando
Pablo expresamente dice que de nada le sirve sino tiene caridad?
La diferencia
entre la forma en como la Iglesia Católica y las Iglesias evangélicas
interpretan las Escrituras, es que, ante pasajes que aparentemente entran en
contradicción, las Iglesias evangélicas tienden a disociar, mientras que la
Iglesia Católica busca armonizar. Las Iglesias evangélicas han optado por dar
preferencia a los pasajes que les dan importancia a la fe llevándola al extremo
de hacerla exclusiva para la salvación, aunque eso implique ignorar decenas de
pasajes que contradicen dicha doctrina. Esto es parte de la consecuencia de
interpretar la Escritura de forma privada. La iglesia Católica por el contrario
tiene una perspectiva equilibrada, en donde cada pasaje es armonizado con el
resto para dar a la fe el lugar que tiene y a las obras el lugar que tiene.
Veamos otro
pasaje que es frecuentemente ignorado por las Iglesias evangélicas que echa por
tierra por completo la doctrina de la Sola fe.
“¿De qué sirve, hermanos míos, que alguien diga:
«Tengo fe», si no tiene obras? ¿Acaso podrá salvarle la fe? Si un hermano o una hermana están
desnudos y carecen del sustento diario, y alguno de vosotros les dice: «Idos en
paz, calentaos y hartaos», pero no les dais lo necesario para el cuerpo, ¿de
qué sirve? Así también la fe, si no
tiene obras, está realmente muerta. Y al contrario, alguno podrá decir: «¿Tú tienes fe?; pues yo tengo obras. Pruébame tu fe sin
obras y yo te probaré por las obras mi fe.
¿Tú crees que hay un solo Dios? Haces bien. También los demonios lo creen y
tiemblan. ¿Quieres saber tú,
insensato, que la fe sin obras es estéril? Abraham nuestro padre ¿no
alcanzó la justificación por las obras cuando ofreció a su hijo Isaac sobre el
altar?¿Ves cómo la fe cooperaba con sus obras y,
por las obras, la fe alcanzó su perfección? Y alcanzó pleno cumplimiento la
Escritura que dice: Creyó Abraham en Dios y le fue reputado como justicia y fue
llamado amigo de Dios.»Ya veis cómo el
hombre es justificado por las obras y no por la fe solamente. Del mismo
modo Rajab, la prostituta, ¿no quedó justificada por
las obras dando hospedaje a los mensajeros y haciéndoles marchar por otro
camino? Porque así como el cuerpo sin
espíritu está muerto, así también la fe sin obras está muerta” Santiago 2,14-26
En pasaje
anterior el apóstol Santiago nos arroja bastante luz sobre este asunto, por lo
que es necesario que lo desglosemos y analicemos por partes:
“¿De qué sirve,
hermanos míos, que alguien diga: «Tengo fe», si no tiene obras? ¿Acaso podrá salvarle la fe?” Santiago 2,14
Cuando Santiago
pregunta si podrá salvarle la fe luego de que antes acaba de decir que de nada
sirve tener fe si no tiene obras, lo que está dejando claro es que la fe sin
obras no puede salvar, y lo expresa con esta pregunta sarcástica. ¿Acaso
podrá salvarle la fe?
Esta idea la
confirma insistentemente, ya que continúa diciendo que la fe sin obras está
muerta.
“Así también la fe, si no tiene obras, está realmente
muerta.” Santiago 2,17
Por si fuera poco
luego nos da a entender que si solo fuera por la fe, hasta los demonios se
salvarían, ya que ellos efectivamente creen, pero no son salvos porque no han
obedecido a Dios.
“¿Tú crees que hay un solo Dios? Haces bien.
También los demonios lo creen y tiemblan…” Santiago
2,20
Y por eso
continúa llamando insensatos a quienes no se han dado cuenta de que la fe sin
obras es estéril
“¿Quieres saber tú, insensato, que la fe sin obras
es estéril?” Santiago 2,20…
Luego de hacer
estas aclaraciones, Santiago nos enseña claramente que las obras colaboran con
la fe y que es por medio de las obras que la fe alcanza su perfección
“¿Ves cómo la fe cooperaba con sus obras y, por
las obras, la fe alcanzó su perfección?” Santiago 2,22
Para finalizar
directamente y sin rodeos contradice la doctrina de la sola fe:
“Ya veis cómo el hombre es justificado por las obras y
no por la fe solamente.” Santiago 2,24
Importantísimo
este pasaje, poco o nada leído en las Iglesias evangélicas, simplemente porque
no se adapta a su doctrina. Pero lo cierto es que este pasaje está en todas las
Biblias del mundo, y dice que el hombre es
justificado por las obras y aclara que NO
POR LA FE SOLAMENTE.
Lo curioso es que
en toda la Biblia no aparece NI UNA SOLA
VEZ que “solamente” la fe salva,
pero si aparece “explícitamente” que
LA FE SOLAMENTE NO SALVA. A pesar de
que San Pablo usó la palabra “fe”
más de doscientas veces en el Nuevo Testamento, NI UNA SOLA VEZ juntó con las palabras “sola” o “sólo” y
tomando en cuenta que San Pablo utilizó las palabras “solamente”, “sólo” o “lo
único” muy frecuentemente, es claro que lo que quiso enseñar es que éramos
salvados por medio de la fe y no “solamente” por medio de la fe, que es muy
pero muy diferente, ya que la segunda, descarta todo lo demás y es exclusiva.
2.5. ¿Pero se contradice la Biblia
entonces?
En base a lo
antes visto, podríamos pensar que la Biblia se contradice, ya que por una parte
dice:
“Porque pensamos que el hombre es justificado por
la fe, sin las obras de la ley” Romanos 3,28
Y también dice:
“Ya veis cómo el hombre es justificado por las
obras y no por la fe solamente.” Santiago 2,24
Pasajes como
Romanos 3,28 en la escritura hay muchos, toda la carta a los Romanos y la carta
a los Gálatas son ejemplos claros que el hombre se
justifica por la fe, “sin las obras de la ley” pero Santiago claramente dice
que el hombre se justifica por las obras y no por la fe solamente. ¿Por qué
esta aparente contradicción? ¿Son las obras necesarias, o no son necesarias?
¿Es que Pablo contradice a Santiago y viceversa?
La Iglesia
siempre nos ha enseñado que para entender la escritura debemos estudiar el
contexto, solo por medio del contexto podemos armonizar los pasajes y entender
nos quiere decir cada uno.
Estudiemos el
contexto del primer pasaje: “el hombre
es justificado por la fe, sin las obras de la ley”
Lo primero que debemos
notar es que Pablo no utiliza la expresión obras, sino “obras de la ley”, del griego “ergon nomou” que significa literalmente “obras de la Torah”.
Este término es familiar en las modernas prédicas como "obras de la
ley"; sin embargo sería más propiamente traducido en el contexto como
"obras de la Torah", porque la ley (nomos) de la cual Pablo habla en todas
partes en Romanos y Gálatas es la “Ley Mosaica” (Torah;
siendo nomos la traducción común de los Setenta del término hebreo "Torah")
El término "obras
de la Torah" precede así a San Pablo y es un
término que él ha recogido del vocabulario judío de su tiempo. La primera vez
que Pablo utiliza la palabra es en Romanos 3,20
“ya que nadie
será justificado ante él por las obras
de la ley, pues la ley no da sino el conocimiento del pecado.” Romanos 3,20
Curioso es que
Pablo, líneas antes de este pasaje, en Romanos 2,6 afirma que Dios juzgará a
cada hombre de acuerdo con sus obras.
“el cual dará a cada
cual según sus obras” Romanos 2,6
Es curioso que
Pablo por un lado diga que la salvación de cada quien (que se definirá en el
juicio) será en base a sus obras, y luego diga que nadie será justificado por
las obras de la ley. A MENOS que lo
que Pablo quiere decir con “obras de la ley” no sea lo mismo que las “obras”
que acaba de mencionar en Romanos 2,6.
Si profundizamos
en el contexto, podemos ver que lo que Pablo trataba de dar a entender a los
cristianos era la “no necesidad del
cumplimiento de la ley Mosaica", "la no necesidad de circuncisión”. Recordemos
que este fue el primer conflicto serio que sufrió la Iglesia primitiva, y se
nos narra a cabalidad en todo el capítulo 15 del libro de los Hechos.
“Bajaron algunos
de Judea que enseñaban a los hermanos: «Si
no os circuncidáis conforme a la costumbre mosaica, no podéis salvaros.»” Hechos 15,1
No es de extrañar
que Pablo en sus epístolas tanto a los Romanos como a
los Gálatas haga hincapié en esto
“Porque nada cuenta ni la circuncisión, ni la incircuncisión, sino la creación nueva.” Gálatas 6,15
En el mismo
capítulo donde Pablo comenta que el hombre se salva por la fe sin las obras de
la ley comenta líneas antes:
“¿Cuál es, pues,
la ventaja del judío? ¿Cuál la utilidad
de la circuncisión?” Romanos 3,1
Es claro que
cuando Pablo hacía hincapié en que el hombre no se salvaba por las obras de la
ley estaba haciendo referencia a que no se salvaba por la ley Mosaica, donde la
circuncisión era la obra de la ley “por
excelencia” y es una de las 613 ordenanzas contenidas en el Pentateuco.
Recordemos que la “Ley Mosaica” está compuesta no solo de las leyes morales o
mandamientos, sino de las leyes ceremoniales, las prohibiciones alimenticias, y
era pactada por la circuncisión.
Pablo en pocas
palabras afirma que para salvarse no es necesario vivir sometido a las leyes de
la antigua alianza, no es necesario circuncidarse, no hay alimentos que no
puedan ser comidos en acción de gracias, no hay obligación de guardar sábados,
y días festivos, a los que los judíos querían esclavizar a los gentiles
convertidos.
Las obras de la
ley que no justifican en Romanos 3,28 no son las obras que son producto de la
fe y que si forman parte del proceso de salvación.
“Porque en Cristo Jesús ni la circuncisión ni la incircuncisión tienen valor, sino solamente la fe que actúa
por la caridad.” Gálatas 5,6
Estudiemos ahora
el segundo pasaje que aparentemente entraba en contradicción con Romanos 3,28
“Ya veis cómo el hombre es justificado por las
obras y no por la fe solamente.” Santiago 2,24
En este pasaje se
nos dice que las obras participan en el proceso de justificación, pero ¿A que
obras se refiere? ¿A las obras de la ley de las que habla Pablo que no
justifican?. Veamos el contexto.
“Si un hermano o una hermana están desnudos
y carecen del sustento diario, y alguno de vosotros les dice: «Idos en paz,
calentaos y hartaos», pero no les dais lo necesario para el cuerpo, ¿de qué
sirve? Así también la fe, si no tiene obras, está realmente muerta.” Santiago 2,15-17
Si estudiamos
bien el pasaje anterior, vemos que Santiago habla de otro tipo de obras, las
obras de la caridad que son producto de la fe, lo podemos ver porque se nos
narra la situación de un hermano o hermana en necesidad de vestido y sustento,
e inmediatamente se nos menciona la "obligación"
que tiene el cristiano de que esa fe se manifieste en una “obra de caridad” con el hermano necesitado. Aquí no se está
hablando de una obra de la ley Mosaica, sino una obra de amor. Estas son las
obras que si colaboran en el proceso de salvación.
Es importante
volver a aclarar que NO ES que estas
obras de caridad “ganen” la
salvación. Como habíamos dicho anteriormente, ninguna obra puede ganar la
salvación, pero luego y “solamente luego” que el hombre es justificado por la fe,
que estas obras “en gracia” colaboran con la fe para llevarla a la perfección y
participan del proceso de salvación.
Bajo esta
perspectiva todo encaja y es posible entender porque cada vez que la Palabra
define como será definida la salvación de los hombres en el juicio, dice que
será por medio de sus obras.
“Porque el Hijo
del hombre ha de venir en la gloria de su Padre, con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno según su conducta.” Mateo
16,27
En el pasaje
anterior se nos habla de la venida de Cristo para juzgar a cada uno, y el
criterio que utilizará será juzgando nuestras obras. Otros pasajes que
insistentemente reflejan la misma idea son:
“Porque es necesario que todos nosotros seamos
puestos al descubierto ante el tribunal de Cristo, para que cada cual reciba
conforme a lo que hizo durante su vida mortal, el bien o el mal.” 2 Corintios 5,10
Cuando el pasaje
anterior hace referencia a que Cristo nos dará conforme a lo que “hicimos en nuestra vida” se está
refiriendo a nuestras obras.
“Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie delante del
trono; fueron abiertos unos libros, y luego se abrió otro libro, que es el de
la vida; y los muertos fueron juzgados
según lo escrito en los libros, conforme
a sus obras. Y el mar devolvió los muertos que guardaba, la Muerte y
el Hades devolvieron los muertos que guardaban, y cada uno fue juzgado según sus obras. La Muerte y el Hades fueron
arrojados al lago de fuego - este lago de fuego es la muerte segunda -y el que
no se halló inscrito en el libro de la vida fue arrojado al lago de fuego.” Apocalipsis 20,12
El pasaje
anterior es más claro todavía. Se nos narra el juicio, y se nos dice claramente
que “cada uno fue juzgado según sus
obras”. Y si algo Cristo dejó claro, es que las “obras” a las que se
refería por las que seríamos juzgados eran las obras de la caridad, como puede
verse en el capítulo 25 de Mateo.
“Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria
acompañado de todos sus ángeles, entonces se sentará en su trono de gloria.
Serán congregadas delante de él todas las naciones, y él separará a los unos de los otros, como el
pastor separa las ovejas de los
cabritos. Pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda.
Entonces dirá el Rey a los de su derecha: "Venid,
benditos de mi Padre, recibid la herencia del Reino preparado para vosotros
desde la creación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve
sed, y me disteis de beber; era forastero, y me acogisteis; estaba desnudo, y
me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a
verme." Entonces los justos le responderán: "Señor, ¿cuándo te
vimos hambriento, y te dimos de comer; o sediento, y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos forastero, y
te acogimos; o desnudo, y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel,
y fuimos a verte?" Y el Rey les dirá: "En
verdad os digo que cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños,
a mí me lo hicisteis." Entonces dirá también a los de su izquierda: "Apartaos de mí, malditos, al fuego
eterno preparado para el Diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre, y no me
disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; era forastero, y no me
acogisteis; estaba desnudo, y no me vestisteis; enfermo y en la cárcel, y no me
visitasteis." Entonces dirán también éstos: "Señor, ¿cuándo te
vimos hambriento o sediento o forastero o desnudo o enfermo o en la cárcel, y
no te asistimos?" Y él entonces les responderá: "En verdad os digo que cuanto dejasteis de hacer con uno de estos
más pequeños, también conmigo dejasteis de hacerlo." E irán éstos a un
castigo eterno, y los justos a una vida eterna.»” Mateo
25,31-46
El criterio que
utilizará Cristo para separar “ovejas”
de “cabritos”, para definir si nos "salvamos" o nos "condenamos", si nos coloca “a la derecha” o “a la izquierda” será en base a las obras de misericordia que
hayamos hecho. Cristo aquí no dice: “Vengan aquí aquellos que me dijeron Señor,
Señor”, sino aquellos que cuando tuvo hambre le dieron de beber, y cuando tuvo
sed, le dieron de beber, estuvo desnudo y le vistieron, estuvo preso y le
visitaron, ya que cada vez que lo hicieron con el prójimo, con él lo hicieron.
Si analizamos en
conjunto los pasajes que nos hablan de la importancia de la fe y los pasajes
que nos muestran la importancia de las obras, podremos entender que lo que
realmente la Palabra de Dios nos enseña es:
LA FORMA EN QUE NUESTRA FE SERÁ EVALUADA ES POR
MEDIO DE NUESTRAS OBRAS.
Así como el árbol
se reconoce por su fruto, nuestra fe será evaluada por nuestras obras. No es
que somos salvados por obras como pensaba Pelagio,
sino que esas obras “en gracia” producto de la fe son la medida por las cuales
Cristo evaluará cuan verdadera es.
“Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos o
higos de los abrojos? Así, todo árbol bueno da frutos buenos, pero el árbol
malo da frutos malos.” Mateo 7,16-17
Es claro que la
argumentación de las Iglesias evangélicas de que “las obras de nada valen” no
es consistente con la Escritura. Es absurdo decir que “de nada valen” mientras
todos los pasajes que hablan del juicio nos dicen que seremos juzgados
"por obras". No es posible cerrar los ojos a todos esos pasajes
simplemente porque “no se adaptan” a su teología. Es más acertado decir que
“cualquier obra” anterior a la justificación por la fe de nada vale, pero
aquellas producto de la fe, y posteriores a la fe, no solo si valen, sino que
serán la medida por la que Dios nos juzgará a cada uno de nosotros y por las
cuales nuestra fe será evaluada “sin
excepción”.
2.6. ¿Se puede perder la salvación?
Otra doctrina que
predican una gran mayoría de Iglesias evangélicas hoy día, es que la salvación
no se puede perder. Esta doctrina es producida en consecuencia de la afirmación
anterior que expone que es solo fe. Es claro que si se piensa que la salvación
es solo fe, y que la conducta nada cuenta, se concluye que no importa que
hagamos, si tenemos fe nos salvaremos en virtud de esa fe. Esto realmente es
simple "asunción", la
Biblia no dice que la salvación no se pueda perder en ninguna parte.
Estudiaremos que pasajes han mal interpretado las Iglesias evangélicas para
decir que la salvación no se pierde.
“En verdad, en
verdad os digo: el que escucha mi Palabra y cree en el que me ha enviado, tiene
vida eterna y no incurre en juicio, sino que ha pasado de la muerte
a la vida.” Juan 5,24
En el pasaje
anterior los hermanos interpretan que como dice que el que "cree" tiene "vida
eterna", deducen que por tener "vida
eterna" no la pueden perder. Argumenta que eterno significa que nunca
acabará.
Ahora si bien es
cierto que la vida eterna significa "vida
para siempre", esto no significa "vida
en contra de nuestra voluntad". El mismo Diablo tenía "vida eterna" y la perdió,
Adán antes de pecar tenía "vida
eterna" pero Dios le había
dicho que el día que comiera del árbol "moriría".
El comió y perdió su vida eterna.
La vida eterna
está condicionada a la obediencia, si
pecamos la vida eterna NO ES PERMANENTE EN NOSOTROS. Lo dice muy claramente
la Biblia.
“Todo el que
aborrece a su hermano es un asesino; y
sabéis que ningún asesino tiene vida eterna permanente en él.” 1 Juan 3,15
En el pasaje
anterior Juan esta hablando de un hermano que "tenía" vida eterna, pero como ha comenzado a odiar a su
hermano, ya esta vida eterna ha dejado de ser "permanente" en él. Por eso Juan a continuación expone
que para que nosotros "permanezcamos" en la vida, para que podamos "permanecer" en el amor de
Dios, debemos vivir una vida en la caridad, sino "no permaneceremos". Recordemos que "no permanecer" significa "haber estado, pero no estar más de allí en adelante".
“Si alguno que posee bienes de la tierra, ve a su
hermano padecer necesidad y le cierra su corazón, ¿cómo puede permanecer en él
el amor de Dios? Hijos míos, no amemos de palabra ni de boca,
sino con obras y según la verdad. “1 Juan 3,17-18
La verdadera
interpretación del pasaje a la luz del resto de la Escritura, es que "El
que cree" tiene vida eterna, mientras
"cree", y mientras ese
"creer" se traduce en "obras". Como hemos visto no es
solo decir "Señor creo", sino
obedecer y obrar en el amor.
Pasemos a otro
pasaje:
“Os he escrito estas cosas a los que creéis en el nombre del Hijo de
Dios, para que os deis cuenta de que tenéis vida eterna.” 1 Juan 5,13
Este pasaje es interpretado
por las Iglesias evangélicas de manera similar a como interpretan Juan 5,24 que
acabamos de estudiar, ellas concluyen que por solamente creer, ya tienen vida
eterna, y como es eterna, no la pueden perder.
Es importante
notar en el pasaje 2 cosas:
Primero: El pasaje no dice que "solamente"
basta creer, dice que los que creen, pero no está excluyendo las obras, ni la
obediencia a los mandamientos, ni la caridad. Hemos visto por el contrario que
el creer que salva es el que se manifiesta en obras.
Segundo: El pasaje dice que quienes tienen vida eterna es
quienes "creen", evidentemente si dejan de creer, por consiguiente
pierden esta vida eterna. Cristo en el capítulo 15 de Juan nos explica esto con
la parábola de la vid y los sarmientos. Mientras estamos "EN CRISTO", unidos a él, tenemos vida eterna.
“Permaneced en mí, como yo en vosotros. Lo
mismo que el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo, si no permanece en la
vid; así tampoco vosotros si no permanecéis en mí. Yo soy la vid; vosotros los
sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto; porque separados de mí no podéis hacer
nada.” Juan 14,4-6
El pasaje
anterior es muy revelador. Cristo exhorta a quienes ya estamos unidos a él a
que "permanezcamos en Él". Notemos
que Cristo no habla a quienes no se han unido a él, sino a quienes ya estamos
en él, y por eso utiliza la palabra "permanecer"
la cual hemos antes visto que significa.
También deja
claro que si nos apartamos, no damos fruto, así como una rama no puede dar
fruto separada del árbol. Cierto es que esa rama pudo haber dado fruto en el
pasado, pero puede ser que ahora que está separada del árbol, ya no da mas
fruto.
Otro aspecto
importante notar en la parábola de la vid verdadera, es lo que dice Cristo que
sucederá con las ramas que "ya no
dan fruto"
“«Yo soy la vid
verdadera, y mi Padre es el viñador. Todo sarmiento que en mí no da fruto, lo
corta, y todo el que da fruto, lo limpia, para que dé más fruto.” Juan 15,1-2
Este pasaje nos
habla de sarmientos que estaban "unidos"
al árbol (No es posible cortar una rama que ya está separada) pero que dejaron
de "dar fruto". Estos fueron "cortados",
y no solo eso, sino "arrojados
al fuego".
“Si alguno no permanece en mí, es arrojado fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen, los echan al fuego y
arden.” Juan
15,6
Luego de que
Jesús nos ha indicado la importancia de permanecer en él, termina la enseñanza
dándonos la formula para poder "permanecer" y esa es la obediencia y
el cumplimiento de los mandamientos.
“Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi
amor, como yo he guardado
los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor.” Juan 15,10
Otra vez vemos
que Jesús con la sentencia condicional "Si" establece una condición
para permanecer en él. Dice: "Si guardan
mis mandamientos" entonces "permanecerán
en mi amor" dejando claro que "Si
no los guardan" no permanecerán y "serán
cortados como el sarmiento que no da fruto".
El pasaje de 1
Juan 5,13 no está enseñando que la salvación no la podemos perder, está enseñando que mientras permanezcamos
en Cristo tenemos vida eterna. Y para permanecer tenemos que cumplir los
mandamientos y hacer buenas obras.
Otros pasajes muy
utilizados para afirmar que la salvación no se puede perder son los que
detallaremos a continuación:
“Mis ovejas escuchan mi voz; yo las conozco y
ellas mi siguen. Yo les doy vida eterna y no perecerán
jamás, y nadie las arrebatará de mi mano. El Padre, que me las ha dado, es
más grande que todos, y nadie puede
arrebatar nada de la mano del Padre.
Yo y el Padre somos uno.»” Juan 10,27-30
Este es un pasaje
muy esperanzador, veamos otro que refleja la misma idea.
“Pues a los que de antemano conoció, también los
predestinó a reproducir la imagen de su Hijo, para que fuera él
el primogénito entre muchos hermanos; y a los que predestinó, a ésos
también los justificó; a los que justificó, a ésos también los glorificó. Ante
esto ¿qué diremos? Si Dios está por nosotros ¿quién contra nosotros? El que no
perdonó ni a su propio Hijo, antes bien le entregó por todos nosotros, ¿cómo no
nos dará con él graciosamente todas las cosas? ¿Quién acusará a los elegidos de Dios? Dios es quien justifica. ¿Quién
condenará? ¿Acaso Cristo Jesús, el que murió; más aún el que resucitó, el que
está a la diestra de Dios, y que intercede por nosotros? ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿La
tribulación?, ¿la angustia?, ¿la persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿los
peligros?, ¿la espada?, como dice la Escritura: Por tu causa somos muertos
todo el día; tratados como ovejas destinadas al matadero. Pero en todo esto
salimos vencedores gracias a aquel que nos amó. Pues estoy seguro de que ni la muerte ni la vida ni los ángeles ni
los principados ni lo presente ni lo futuro ni las potestades ni la altura ni
la profundidad ni otra criatura alguna podrá separarnos del amor de Dios
manifestado en Cristo Jesús Señor nuestro.” Romanos
8,29-39
Aquí mas
claramente se afirma lo anterior, no existe fuerza humana, ni espiritual que
pueda separarnos del amor de Dios.
“firmemente convencido de que, quien inició en
vosotros la buena obra, la irá consumando hasta el Día de Cristo Jesús.” Filipenses
1,6
Aquí se confirma
la idea también de que no hay fuerza que haga que la obra de Dios en nosotros
que inconclusa.
Todos estos
pasajes han sido interpretados por cristianos evangélicos como que no podemos
perder la salvación, ya que si nadie puede apartarnos del amor de Dios, la
batalla está ganada. ¿Es esta conclusión
cierta?
Estos pasajes
enseñan que nada ni nadie nos puede apartar del amor de Dios. Este nada ni
nadie incluye "La tribulación", "la angustia?", "la
persecución?, "el hambre", "la desnudez", "los
peligros"?, "la espada", "la muerte", "la
vida", "los ángeles", "los principados", "lo
presente", "lo futuro", "las potestades", "la
altura", "ni otra criatura". Pero esto "NO QUIERE DECIR QUE NOSOTROS MISMOS NO PODEMOS".
Precisamente por
la incapacidad que tiene el Diablo de apartarnos del amor de Dios es que para
atacarnos busca hacer que "NOSOTROS
MISMOS NOS SEPAREMOS", recordemos que de haber podido el demonio
hubiera "destruido" a Adán en el jardín del Edén. Nada hubiera podido
haber apartado a Adán del amor de Dios, NADA,
excepto él mismo con su "desobediencia".
Si el enemigo
pudiera destruirnos ahora mismo, de seguro lo haría, nos llevaría directo al
infierno. Pero NO PUEDE, porque aunque es poderoso, tenemos un Dios
Todopoderoso que se lo impide, por tanto lo que hace es "tentar" para
que nosotros por "libre
elección" nos apartemos de Dios y renunciemos a la vida.
No debemos
confundir los pasajes anteriores con el hecho de que Dios ciertamente nos ha
hecho "libres". Dios no
nos va a llevar a la fuerza al cielo, ya que si fuera así, estaría Satanás y
todos sus demonios en el cielo a la fuerza. Ellos una vez estuvieron, pero han "elegido" no obedecer a Dios
y se han "separado
voluntariamente" del amor de Dios. Lo mismo nosotros cuando pecamos y
desobedecemos nos separamos de la vid verdadera.
A esta libertad
de elegir que Dios nos ha dado la llamamos "libre
albedrío". Dios nos deja la elección de amarle y obedecerle
"libremente". Esto fue así desde Adán hasta ahora.
“Mira, yo pongo hoy ante ti vida y felicidad,
muerte y desgracia” Deuteronomio 3,15
“Pongo hoy por testigos contra vosotros al cielo y a la tierra: te pongo delante vida o muerte, bendición o
maldición. Escoge la vida, para que vivas, tú y tu descendencia, amando Yahveh tu
Dios, escuchando su voz, viviendo unido a él; pues en eso está tu vida…” Deuteronomio 3,15
Es por medio de
la "libre elección" que el cristiano a cada momento debe o permanecer
en Cristo o separarse de Él.
El último pasaje
que analizaremos que utilizan los hermanos separados para argumentar que no es
posible perder la salvación es el siguiente:
“Porque, si confiesas con tu boca que Jesús es
Señor y crees en tu corazón que Dios le resucitó de entre los muertos, serás
salvo…. Pues todo el que invoque el nombre del
Señor se salvará.” Romanos 10,9.13
Este pasaje es
muy instructivo para ilustrar como católicos y evangélicos podemos interpretar de un mismo pasaje cosas
completamente diferentes. Las Iglesias evangélicas del pasaje anterior ven "causa y efecto", ellos
confiesan con la boca que Jesús es Señor y según la palabra de Dios ya están
salvados. No es extraño ver en un culto de alguna Iglesia evangélica que cuando
un hermano hace su profesión de fe, muchos dan muestras de gozo con
afirmaciones de "¡Se ha salvado!", ya para ellos la seguridad de
salvación es total en virtud del pasaje anterior.
Los católicos sin
embargo, al armonizar este pasaje con el resto de la Escritura, entendemos que
lo que Pablo está haciendo realmente es narrar resumidamente "el inicio" y "final" de la carrera por la
salvación. Para el católico la salvación más que una causa y efecto es sobre
todo un "proceso"
Sabemos que es
así porque la Biblia nos enseña que para salvarse hay que perseverar hasta el
final.
“Y al crecer cada
vez más la iniquidad, la caridad de la mayoría se enfriará. Pero el que persevere hasta el fin, ése se
salvará” Mateo 24,12-13
Mientras evangélicos
dicen que "ya son salvos",
Cristo dice que se salvará "quien
persevere hasta el fin". Es ilógico hacer doctrina en base a un solo
pasaje sin armonizarlo con el resto. Si profundizamos aún más en la escritura
veremos que esto no es nuevo. Dios ya había establecido el principio de que la
fidelidad debía mantenerse hasta el fin para salvarnos.
“Y tú, hijo de
hombre, di a los hijos de tu pueblo: La
justicia del justo no le salvará el día de su perversión, ni la maldad del
malvado le hará sucumbir el día en que se aparte de su maldad. Pero tampoco el
justo vivirá en virtud de su justicia el día en que peque. Si yo digo al justo: «Vivirás», pero él,
fiándose de su justicia, comete la injusticia, no quedará memoria de toda su
justicia, sino que morirá por la injusticia que cometió. Y si digo al
malvado: «Vas a morir», y él se aparta de pecado y practica el derecho y la
justicia, si devuelve la prenda, restituye lo que robó, observa los preceptos
que dan la vida y deja de cometer injusticia, vivirá ciertamente, no morirá.
Ninguno de los pecados que cometió se le recordará más: ha observado el derecho
y la justicia; ciertamente vivirá.” Ezequiel 33,12-16
El pasaje
anterior nos enseña que podemos haber sido "justos",
"salvos", pero para
salvarnos debemos mantener esta justicia hasta el fin, ya que si el justo
comienza a practicar la injusticia morirá y se olvidará toda su justicia. Lo
mismo el pecador, si se aparta del mal y se convierte vivirá en virtud de su
estado actual.
El pasaje
continúa:
“los hijos de tu pueblo dicen: «No es justo el
proceder del Señor.» El proceder de ellos es el que no es justo. Cuando
el justo se aparta de su justicia para cometer injusticia, muere por ello.
Y cuando el malvado se aparta de su maldad y observa el derecho y la justicia,
vive por ello. Y vosotros decís: «No es
justo el proceder del Señor.» Yo os juzgaré, a cada uno según su conducta, casa
de Israel.” Ezequiel 33,17-20
La misma palabra
de Dios confirma nuestra tesis de que lo que Pablo está haciendo es
resumiéndonos como comienza y termina el proceso de la salvación. Un proceso
que se inicia con la fe, pero que luego de haber recibido la fe, con nuestras
obras vamos creciendo para esta salvación:
“Como niños
recién nacidos, desead la leche espiritual pura, a fin de que, por ella, crezcáis para la salvación,” 1 Pedro 2,2
El pasaje
anterior nos da a entender que la salvación es un proceso para el cual "se
va creciendo" y no algo de un momento.
Otro pasaje que
refleja la misma idea es el siguiente:
“Y esto, teniendo
en cuenta el momento en que vivimos. Porque es ya hora de levantaros del sueño;
que la salvación está más cerca de
nosotros que cuando abrazamos la fe.” Romanos 13,11
Otra vez se ve
aquí la misma idea que Pablo quiere expresar, donde el primer paso es la fe,
pero es solo el primer paso, con la perseverancia en las buenas obras nos vamos
acercando a la meta de la salvación. Es importante notar que Pablo está dejando
claro que el momento en que recibimos la fe y el momento en que hacemos
efectiva la salvación son dos momentos diferentes, ya que el pasaje anterior NO DICE que tenemos la salvación desde
que abrazamos la fe, sino que "está
más cerca de nosotros que cuando abrazamos la fe". Pasaje que
contradice la perspectiva de los hermanos de que la salvación es solo causa y
efecto.
La Biblia no dice
que ya podemos estar completamente seguros de que somos salvos en ninguna
parte, dice que la salvación será revelada en el último momento:
“a quienes el
poder de Dios, por medio de la fe,
protege para la salvación, dispuesta ya a ser revelada en el último momento.” 1 Pedro 1,5
Y podemos decir
que estamos salvados, pero conscientes que nuestra salvación es una
"esperanza", mas no algo que ya vemos, porque sino no fuera
esperanza.
“Porque nuestra salvación es en esperanza; y una
esperanza que se ve, no es esperanza, pues ¿cómo es posible esperar una cosa que se ve?” Romanos 8,24
Por eso, en ves
de afirmar una absoluta seguridad de ser salvos, lo que podemos afirmar es que
somos "herederos" de la
salvación.
“¿Es que no son todos ellos espíritus servidores con la misión de asistir a los
que han de heredar la salvación?” Hebreos 1,14
Herencia que solo
cobraremos al final de la carrera.
“…Manténte fiel hasta la
muerte y te daré la corona de la vida.” Apocalipsis
2,10
La corona de la
vida es "la salvación" y
esta analogía que la Palabra de Dios hace con una carrera donde la meta es la
salvación es una de las preferidas de Pablo en sus cartas.
“Los atletas se privan de todo; y eso ¡por una corona
corruptible!; nosotros, en cambio, por una incorruptible. Así pues, yo corro, no como a la ventura; y ejerzo el pugilato, no como
dando golpes en el vacío, sino que
golpeo mi cuerpo y lo esclavizo; no sea que, habiendo proclamado a los demás,
resulte yo mismo descalificado.” 1 Corintios 9,25-27
En el pasaje
anterior Pablo compara al cristiano con un atleta. El mismo habiendo sido uno
de los "primeros" atletas, que incluso inscribieron a los demás para
la carrera, no muestra una seguridad de llegar a la meta, por el contrario, dice
que golpea su cuerpo y lo esclaviza no sea que el mismo resulte: "DESCALIFICADO"
¿Qué puede significar ser descalificado en una
carrera por la corona de la vida?
Luego de haber
visto cual realmente es la visión que la palabra nos da de la salvación, podemos
entender que es lo que realmente Pablo quería decir con que luego de profesar
con nuestra boca que Jesús es el Señor seríamos salvados. No diciendo que ya
luego de eso "era seguro" que nos salvaríamos, sino que ese sería el
primer paso a dar en el camino de nuestra salvación.
Así como cuando
decimos a nuestros hijos que para conseguir un buen trabajo deben inscribirse
en la universidad, porque es el primer paso del camino, esto no quiere decir
que con simplemente inscribirse ya es "seguro" que conseguirán un
buen trabajo.
El cristiano debe
tener la esperanza que por medio de la fe será protegido para su salvación, que
Dios le dará todas las gracias necesarias para perseverar, que no será probado
más allá de lo que pueda resistir y siempre se le dará junto con la tentación
el auxilio necesario para vencer, pero debe estar consciente que el debe poner
de su parte, podrá tener completa seguridad de Dios, pero no completa seguridad
de sí mismo. Por eso, como decía Pablo:
“Así pues, el que crea estar en pie, mire no caiga.”
1 Corintios
10,12
En uno de los
sermones de unos de los programas de radio en la RRB (Red de radiodifusión
bíblica) uno de los pastores argumentaba que solo se podían perder
"batallas" pero la guerra no se podía perder, por tanto nuestra
salvación estaba "asegurada". En otro sermón otro pastor argumentaba
que "no hemos hecho nada para ganar la salvación, tampoco podemos hacer
nada para perderla".
Es evidente que
este argumento está basado en la "suposición",
no es lógico, bíblico ni consistente. Es como decir que si alguien me
regala un millón de dólares, por el simple hecho de que me lo han regalado no
puedo hacer nada para perderlo. ¿Es que acaso no lo puedo botar a la basura?
¿No puedo jugármelo en la lotería?
La misma idea de
que es necesario perseverar en el bien hasta el final de nuestra vida para
salvarnos es repetida por Cristo numerosas veces en su discurso sobre el reino
de los cielos. Lo tenemos en la parábola de las 10 vírgenes:
“Entonces el Reino de los Cielos será semejante a
diez vírgenes, que, con
su lámpara en la mano, salieron al encuentro del novio. Cinco de ellas eran necias, y cinco prudentes. Las necias, en efecto, al tomar sus lámparas, no se proveyeron de
aceite; las prudentes, en cambio, junto con sus lámparas tomaron aceite en
las alcuzas. Como el novio tardara, se
adormilaron todas y se durmieron. Mas a media noche se oyó un grito:
"¡Ya está aquí el novio! ¡Salid a su encuentro!" Entonces todas
aquellas vírgenes se levantaron y arreglaron sus lámparas. Y las necias dijeron
a las prudentes: "Dadnos de vuestro aceite, que nuestras lámparas se
apagan." Pero las prudentes replicaron: "No, no sea que no alcance
para nosotras y para vosotras; es mejor que vayáis donde los vendedores y os lo compréis." Mientras iban a comprarlo, llegó el novio,
y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de boda, y se cerró la
puerta. Más tarde llegaron las otras
vírgenes diciendo: "¡Señor, señor, ábrenos!" Pero él respondió:
"En verdad os digo que no os conozco." Velad, pues, porque no sabéis
ni el día ni la hora.” Mateo 25,1-13
En esta parábola
las 10 vírgenes representan a la totalidad de los creyentes que van a ir a las
bodas del Cordero. Los creyentes representados por las vírgenes son divididos
en dos categorías: Las "prudentes"
y las "necias". Las necias
quedaron fuera a pesar de estar invitadas a la boda y a pesar de ser creyentes.
Lo sabemos porque reconocen al novio como Señor cuando le dicen: "Señor, Señor, ábrenos" (como
en Mateo 7,21) pero aún así no entraron a la boda porque fueron necias y no
velaron hasta el final. Cristo termina la parábola con la moraleja de la
enseñanza:
"Velad, pues, porque no sabéis ni el día ni
la hora"
Lo mismo sucede
con la parábola del siervo fiel
“Por eso, también vosotros estad
preparados, porque en el momento que no penséis, vendrá el Hijo del hombre.
«¿Quién es, pues, el siervo fiel y
prudente, a quien el señor puso al frente de su servidumbre para darles la
comida a su tiempo? Dichoso aquel siervo a quien su señor, al llegar, encuentre
haciéndolo así. Yo os aseguro que le pondrá al frente de toda su hacienda. Pero si el mal siervo aquel se dice en su
corazón: "Mi señor tarda", y se pone a golpear a sus compañeros y
come y bebe con los borrachos, vendrá el
señor de aquel siervo el día que no espera y en el momento que no sabe, le
separará y le señalará su suerte entre los hipócritas; allí será el llanto y el
rechinar de dientes.” Mateo 24,44-51
En la parábola
anterior es importante notar que el Señor le está hablando a creyentes y les está
diciendo que ellos también deben estar preparados. A continuación le pone el
ejemplo de que pasará con el siervo que no fue fiel a su vocación y notemos que
cuando se refiere a él como "siervo"
efectivamente se está refiriendo, no solo a un creyente, sino a un creyente al
que el Señor le ha encomendado una tarea. Este a pesar de haber sido "un
siervo" será echado fuera junto con los hipócritas.
Todos estos
pasajes nos revelan la necesidad de "velar"
que no significa otra cosa que mantenernos unidos a Cristo y perseverando en
obrar el bien. Si no lo hacemos, y llega el Señor y nos encuentra viviendo en
pecado, no será simplemente que hemos perdido "una batalla" ¡¡¡HABREMOS PERDIDO LA GUERRA!!!
Para complementar
la idea de que la salvación, si bien es "gracia" es también un
"proceso" que requiere de nuestro esfuerzo me gustaría que
estudiáramos el siguiente pasaje:
“Así pues,
queridos míos, de la misma manera que habéis obedecido siempre, no sólo cuando
estaba presente sino mucho más ahora que estoy ausente, trabajad con temor y temblor por vuestra salvación,” Filipenses 2,12
De este pasaje es
bueno que notemos 4 cosas importantes:
Primero: Está dirigido a creyentes en Cristo, todos han
recibido a Cristo como Señor y salvador, recordemos que esta carta está escrita
a la Iglesia de Filipo, y por eso se ve la forma
cariñosa que utiliza Pablo para dirigirse a ellos con "queridos míos"
Segundo: Les está exhortando a "trabajar" por su salvación. Según la interpretación de
las Iglesias evangélicas esto no tendría sentido, ya que como lo han limitado
todo a "solo fe" no habría que hacer nada, pero aquí la idea es
clara: "Hay que trabajar y por la
salvación". No porque la ganemos con obras, sino porque Dios en su
infinita misericordia nos ha permitido la gracia de participar de su gracia.
Tercero: En este pasaje en particular está haciendo énfasis
no en que trabajen por la salvación de los demás, sino en la de "ellos mismos" y por eso
dice: "por vuestra salvación"
Cuarto: Lo más importante que quería hacer notar de este pasaje, y lo que nos aboca
a esta sección, es que Pablo no les está dando una seguridad absoluta de
salvación, sino todo lo contrario, les manda a trabajar con TEMOR Y TEMBLOR. Es evidente que
alguien que trabaja con temor y temblor no es alguien que tiene
"total" seguridad de que nada le pueda pasar. Y no es que como
decíamos, alguien pueda separarle del amor de Dios, NO, sino que el estaba
consciente de que él mismo podía separarse, y por eso es que Pablo decía
esclavizar su cuerpo, no valla a ser que lo dominaran sus pasiones y el mismo
hiciera que fuera descalificado.
Pasemos ahora a
estudiar el capítulo 11 de la carta a los Romanos, donde Pablo exhorta a los
creyentes a no despreciar a los judíos. Muchos de los nuevos cristianos
debieron haberse engreído y menospreciar a quienes fueron antes el pueblo
escogido de Dios. En este mismo capítulo Pablo compara a Dios con una terreno donde somos plantados los creyentes. Los judíos
son llamados las "ramas
naturales" y nosotros "olivo
silvestre".
Vemos en el
pasaje como las ramas naturales fueron "arrancadas"
y nosotros "injertados"
“Que si algunas ramas fueron desgajadas, mientras
tú - olivo silvestre - fuiste injertado entre ellas, hecho participe
con ellas de la raíz y de la savia del olivo,” Romanos 11,17
Algo que es muy
cierto es que las ramas naturales fueron arrancadas por su "incredulidad" mientras que nosotros por nuestra "fe" hemos sido injertados.
“Pero dirás: Las
ramas fueron desgajadas para que yo fuera injertado. ¡Muy bien! Por su incredulidad fueron desgajadas,
mientras tú, por la fe te mantienes. ¡No te engrías!; más bien, teme.” Romanos 11,19-20
Pero luego Pablo
claramente revela, que a pesar de nosotros haber sido injertados por la fe,
podemos también ser "arrancados"
sino nos mantenemos en el amor de Dios.
“Que si Dios no perdonó a las ramas naturales, no
sea que tampoco a ti te perdone. Así pues, considera la bondad y la
severidad de Dios: severidad con los que cayeron, bondad contigo, si es
que te mantienes en la bondad; que si
no, también tú serás desgajado.” Romanos 11,21-22
Nótese que cuando
Pablo dice que si no nos mantenemos "también
seremos desgajados" está diciendo que correremos la misma suerte de
los judíos que rechazaron a Cristo, no importa cuanta fe hayamos profesado, ni
cuantas veces hayamos dicho "Señor, Señor", desgajados quedaremos.
¿Se imaginan a los primeros cristianos contestándole a Pablo que ellos no
podían ser desgajados porque eran “salvos”?
En ese sentido la
salvación es algo que no podemos descuidar.
“¿cómo saldremos
absueltos nosotros si descuidamos tan gran salvación? La cual comenzó
a ser anunciada por el Señor, y nos fue luego confirmada por quienes la oyeron”
Hebreos 2,3
Pero si el argumento de que no la podemos perder como
afirman algunas Iglesias ¿Será peligroso descuidarla? ¿No hay que evitar
descuidar algo que si se puede perder?
Un último
argumento que es bueno estudiemos, es la posición que suelen tener otras
Iglesias para justificar el hecho de que la salvación no se pierde. Este
argumento consiste en afirmar que quienes luego de profesar la fe comenzaron a
vivir una vida de pecado y cayeron, nunca fueron salvos en realidad. No perdieron la salvación porque nunca
la tuvieron. Para ellos, si eres verdaderamente salvo no vivirás en pecado,
tendrás caídas pero te levantarás. Pero aquel que no se levante, fue que nunca
fue sincero en su profesión de fe, trató de engañar al Señor, y nunca fue
heredero de la salvación.
Este argumento es
falso, la misma parábola del sembrador muestra que muchos creyentes si
recibieron con sinceridad y alegría la palabra de Dios, si querían ir por ese
camino, pero muchos de ellos fueron ahogados por las preocupaciones de la vida
diaria, otros fueron no se esforzaron lo suficiente por practicarla y vivirla,
por lo que la palabra no echó raíces.
“El que fue sembrado en pedregal, es el que oye la
Palabra, y al punto la recibe con alegría; pero no tiene raíz en sí mismo, sino
que es inconstante y, cuando se presenta una tribulación o
persecución por causa de la Palabra, sucumba enseguida. El que fue sembrado entre los abrojos, es
el que oye la Palabra, pero los preocupaciones del mundo y la seducción de las
riquezas ahogan la Palabra, y queda sin fruto.” Mateo
13,20-22
No es que ellos
no hayan aceptado la Palabra, sino que no fueron constantes o la dejaron ahogar
poco a poco con las preocupaciones de la vida.
El mismo Pedro
nos habla de aquellos que ciertamente eran creyentes pero se "echaron para atrás".
“Pues más les
hubiera valido no haber conocido el camino de la justicia que, una vez
conocido, volverse atrás del santo
precepto que le fue transmitido. Les ha sucedido lo de aquel proverbio tan
cierto: «el perro vuelve a su vómito» y «la puerca lavada, a revolcarse en el
cieno».” 2 Pedro 2,21-22
Estos creyentes
de los que hablaba Pedro ciertamente conocieron el camino de la justicia, y por
eso dice que más le hubiera no haberlo conocido, y deja claro que lo hicieron
cuando dice: "una vez conocido". Pero como se han "vuelto atrás" han sido como aquel puerco que luego de
haber sido bañado ha vuelto a revolcarse en el lodo. Si había sido "lavada" es que ciertamente
era un creyente con todas las de la ley.
Otro pasaje que nos enseña que pueden
haber personas que realmente tuvieron un conocimiento pleno de la verdad, pero
que luego por pecar perdieron la salvación lo tenemos a continuación:
“Porque si
voluntariamente pecamos después de haber recibido el pleno conocimiento de la
verdad, ya no queda sacrificio por los
pecados, sino la terrible espera del juicio y la furia del fuego pronto a
devorar a los rebeldes. Si alguno viola la Ley de Moisés es condenado a
muerte sin compasión, por la declaración de dos o tres testigos. ¿Cuánto más grave castigo pensáis que
merecerá el que pisoteó al Hijo de Dios, y tuvo como profana la sangre de la
Alianza que le santificó, y ultrajó al Espíritu de la gracia? Pues
conocemos al que dijo: Mía es la venganza; yo daré lo merecido. Y también: El
Señor juzgará a su pueblo. ¡Es tremendo caer en la manos de Dios vivo!” Hebreos 10,26-31
La salvación es
algo que recibimos gratuitamente, pero es algo que no debemos descuidar porque
si lo hacemos la podemos perder. La Palabra nos enseña que cosecharemos
conforme sembremos. Decir que podemos salvarnos por la fe sin importar cuanto
pequemos es pensar que el hombre puede burlarse de Dios.
“No os engañéis;
de Dios nadie se burla. Pues lo que uno siembre, eso cosechará: el que siembre
en su carne, de la carne cosechará corrupción; el que siembre en el espíritu,
del espíritu cosechará vida eterna. No nos cansemos de obrar el bien; que a su
tiempo nos vendrá la cosecha si no desfallecemos. Así que,
mientras tengamos oportunidad, hagamos el bien a todos, pero especialmente a
nuestros hermanos en la fe.” Gálatas 6,7-10
La gracia no es
licencia para pecar, quien afirma que por más que peque no puede perder la
salvación es porque no ha entendido nada de lo que la palabra de Dios enseña:
“Pues ¿qué?
¿Pecaremos porque no estamos bajo la ley sino bajo la gracia? ¡De ningún modo!
¿No sabéis que al ofreceros a alguno como esclavos para obedecerle, os hacéis
esclavos de aquel a quien obedecéis: bien del pecado, para la muerte, bien de
obediencia, para la justicia?” Romanos
6,15-16
Es tiempo de
levantarnos del sueño, de abandonar las doctrinas de hombres, no es posible
seguir repitiendo las sandeces que Lutero inventó en
el Siglo XVI, decir que no debo hacer nada para salvarnos es un ilógico,
insensato, inconsistente bíblicamente, un engaño de Satanás que quiere tenernos
confiados, desprevenidos, sin esforzarnos. Cristo nos pide santidad y no acepta
nada menos, fue muy claro que el reino de Dios es de los que se hacen violencia
“Desde los días
de Juan el Bautista hasta ahora, el
Reino de los Cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan.” Mateo 11,12
De los que entran
por la puerta estrecha:
“Entrad por la entrada estrecha; porque ancha es
la entrada y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que entran por ella; mas ¡qué
estrecha la entrada y qué angosto el camino que lleva a la Vida!; y poco son
los que lo encuentran.” Mateo 7,13-14
Por eso hermano,
¿tenemos fe?, Gloria a Dios por ello, pero asegurémonos que esta fe se
convierta en obras, porque si no tienes obras, estará muerta.
Bibliografía:
Biblia de Jerusalén
Catecismo Oficial de la Iglesia Católica
Enciclopedia Microsoft Encarta 2004
¿Enseño Pablo la justificación por la
"sola" fe?, Robert
Sungenis www.apologetica.org
Seguridad de la salvación, Catholic
Answers, www.apologetica.org
¿Qué responder cuanto de dicen que somos
justificados por la fe sola, Florida Center for peace,
www.apologética.org
¿Salvados por la sola fe? www.cristiandad.org
Las "obras de la ley" y la salvación,
James Akin, www.apologetica.org