Justificación y Salvación

El Mérito

En esta sección se abordan los estudios relacionados a la doctrina de la justificación y salvación respecto a la doctrina católica, así como las distintas objeciones protestantes.

Se analiza también la doctrina de la Sola Fides, doctrina protestante que rechaza la colaboración del libre albedrio como colaboradora de la gracia en la obra salvadora.

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¿Enseña la Biblia a estar "seguros de nuestra salvación" al modo como lo entienden muchos cristianos hoy?

(Tradujo Fernando Machado, Monasterio del Verbo Encarnado, San Rafael, Argentina)

Difícilmente haya un tema más confuso, cuando algunas iglesias evangélicas y católicos se sientan a hablar, que el de la salvación. Va más allá de la pregunta de base de los fundamentalistas: "¿Has sido salvado?" (que también significa, "¿No te gustaría sentirte ya salvado?"). Evangélicos y fundamentalistas nos aseguran tener tal absoluta seguridad. Abrigan la certeza absoluta de que irán al cielo inmediatamente después de la muerte. Concluyen de la Biblia que Cristo prometió que el cielo es de ellos a cambio de un acto muy simple. Todo lo que deben hacer es, "aceptar a Cristo como su salvador personal", y asunto acabado. Probablemente vivirán luego vidas ejemplares, pero el vivir bien no es crucial, al modo de ver de ellos: definitivamente no afecta a su salvación. No importa lo que suceda después, no interesa cuán pecaminosamente vivan el resto de sus días: su salvación está asegurada. Puede que el Espíritu Santo los castigue en esta vida por sus pecados, pero de ningún modo pueden descartar su salvación, porque esta no depende del valor intrínseco de sus almas o de los efectos de los pecados que se cometan.

Kenneth E. Hagin, un afamado tele evangelista pentecostal de la rama "Word Faith" del protestantismo nos dice que la seguridad de esta salvación viene a través de ser "renacido": "Si no nacéis de nuevo, no entraréis en el Reino de Dios" (Jn. 3,3). En su pequeño libro, El Nuevo Nacimiento (The New Birth), Hagin nos dice que, "el nuevo nacimiento es una necesidad para ser salvo. A través del nuevo nacimiento tu entras en la correcta relación con Dios".

De acuerdo con Hagin, hay muchas cosas que este nuevo nacimiento no es. "El nuevo nacimiento no es: Confirmación, miembro de la Iglesia, agua del Bautismo, el recibir los Sacramentos, observar las obligaciones religiosas, una intelectual recepción del cristianismo, ortodoxia en la fe, ir a la iglesia, decir oraciones, leer la Biblia, ser bueno, ser culto o refinado, hacer buenas obras, hacer lo mejor que puedas (la idea es esforzarse en lo de uno), ni ninguna de las muchas otras cosas en que algunos hombres confían que los salvarán". Aquellos que obtuvieron el nuevo nacimiento "hicieron lo necesario: aceptaron a Cristo Jesús como el Salvador personal repitiendo y volviéndose a Dios con todo el corazón como un niño". Aquel singular acto de la voluntad, explica, es todo lo que necesitaban hacer. ¿Pero, es esto verdad? ¿Sostiene la Biblia este concepto?

La Iglesia Católica enseña que la salvación final depende del estado del alma al momento de la muerte (cf. Mat. 25,31-46). El que muera en el estado de amistad con Dios (el estado de gracia) irá al cielo. El que muera en estado de enemistad y rebelión en contra de Dios (el estado de pecado mortal, cf. Jn. 5,16-17) irá al infierno. Cristo ya nos ha redimido, nos abrió las puertas del cielo, como originalmente estaban. Nótese que redención no es lo mismo que salvación pero es un preludio necesario. Él hizo su parte, y, como resultado de las gracias que mereció para nosotros por su muerte violenta en la Cruz, nos capacita para que nosotros hagamos nuestra parte (Fil. 1,6; 2,13; Heb. 13,20-21). Para pasar por aquellas puertas debemos estar espiritualmente vivos -en el estado de gracia- en el momento de nuestra muerte corporal. Si un alma está en el estado de pecado mortal, sin el regalo de Dios de la gracia santificante -la gracia que da al alma la vida sobrenatural- entonces está espiritualmente muerta y por lo tanto incapaz de gozar del cielo.

Todos los demás: al infierno

Para los Fundamentalistas y Evangelistas realmente no interesa -si de la salvación se trata- cómo vives o terminas tu vida. Tu puedes ser la Madre Teresa, pero irás al infierno si no aceptas a Cristo (en el sentido fundamentalista de la frase), y han habido algunos escritores Fundamentalistas y Evangelistas quienes remarcaron que la Madre Teresa está condenada al infierno. No cuentan ni su fe (para ellos falsa), ni sus amorosos actos de ternura y caridad hechos en el nombre de Cristo, ni los excelentes frutos espirituales que dio. Por otro lado, tu te puedes levantar un Domingo por la mañana, ir a la iglesia, responder al llamado del altar, anunciar que tu has aceptado a Jesús como tu Salvador personal, y, mientras realmente lo creas, listo, estás asegurado. Y muchos Protestantes continúan diciendo que de allí en más no hay nada que puedas hacer, no hay pecado que puedas cometer que afecte a tu salvación. Tu no puedes ir en contra de tu salvación, aún cuando así lo desees.

¿Muy bueno para ser real? Fíjate en lo que los fundamentalista y evangelistas dicen. Wilson Ewin, el autor de un pequeño libro llamado "Entonces, ya no hay Condenación", dice que, "la persona que ponga su fe en el Señor Jesucristo y en su sangre derramada en el Calvario está eternamente segura. No puede nunca perder su salvación. Ninguna violación de las leyes de Dios o de los hombres o de los mandamientos puede anular este estado".

Ewin cita a Hebreos 9:12, que dice que Jesús "entro de una vez por todas en el Lugar Santo, llevando no sangre de machos cabrios ... sino su propia sangre, por lo tanto asegurando una redención eterna". "Negar la seguridad de la salvación sería negar la redención perfecta de Cristo", argumenta Ewin, y esto es algo que él puede decir sólo porque confunde redención y salvación. La verdad es que en un sentido todos estamos redimidos por la muerte de Cristo en la Cruz -Cristianos, Judíos, Musulmanes, aún los espiritistas en los más oscuros bosques (1Tim. 2,6; 4,10; 1Jn. 2,2)- pero debemos afirmar que nuestra salvación es condicional.

Tu no puedes perder el Cielo

Ewin dice que "ningún acto erróneo u obra pecaminosa puede nunca afectar la salvación del creyente. El pecador no hizo nada para merecer la gracia de Dios, así tampoco no puede él hacer nada para desmerecer esa gracia. Es verdad, una conducta pecadora siempre lesiona la relación de uno con Cristo, limita su contribución con la obra de Dios y puede resultar en una seria acción disciplinaria por parte del Espíritu Santo". (¿Pero que tan seria puede ser esta acción disciplinaria, si la pérdida del cielo no es parte de ella?).

Más adelante Ewin argumenta que "la absoluta seguridad de salvación dada por la justicia nunca puede ser quebrada por el pecado. La razón es simple -esta justicia no tiene nada que ver con cumplir los mandamientos de Dios o la ley moral. La Biblia dice, 'Pero ahora, sin la Ley, se ha manifestado al justicia de Dios atestiguada por al Ley y los Profetas: la justicia de Dios, por la fe en Jesucristo, para todos los que creen' (Rom. 3,21-22). La Ley de Dios o mandamientos fueron dados para señalar los pecados. La ley muestra cuan débil y perdido está el hombre aún no regenerado frente a un Dios Santo. Cumplirlos o violarlos, no entra en la posesión -acreditada o dada- de la justicia por parte del creyente". Pero este concepto, que podrá ser de algún modo confortante para algunos, es simplemente inconsistente con la Escritura. "Tu que juzgas a los que hacen esas cosas e incurres en lo mismo, ¿acaso piensas librarte del Juicio de Dios? ¿O desprecias la riqueza da la bondad de Dios, de su tolerancia y de su paciencia, sin reconocer que esa bondad te debe llevar a la conversión? Por tu obstinación en no querer arrepentirte, vas acumulando ira para el día de la ira, cuando se manifiesten los justos juicios de Dios, que retribuirá a cada uno según sus obras. Él dará la vida eterna a los que por su constancia en la práctica del bien, buscan la gloria, el honor y la inmortalidad. En cambio, castigará con la ira y la violencia a los rebeldes, a los que no se someten a la verdad y se dejan arrastrar por la injusticia" (Rom. 2,3-8; ver también Mat. 19,16-21; 25,31-46).

Con respecto a que si los cristianos tienen una "absoluta" seguridad de salvación sin relación a sus actos, considera tres advertencias que dio San Pablo: "Todo esto les sucedió simbólicamente, y está escrito para que nos sirva de lección a los que vivimos en el tiempo final. Por eso, el que se cree muy seguro, ¡cuídese de no caer!" (1Cor. 10,11-12). "En cuanto a mí, poco me importa que me juzguen ustedes o un tribunal humano; ni siquiera yo mismo me juzgo. Es verdad que mi conciencia nada me reprocha, pero no por eso estoy justificado: mi juez es el Señor. Por eso, no hagan juicios prematuros. Dejen que venga el Señor: él sacará a la luz lo que está oculto en las tinieblas y manifestará las intenciones secretas de los corazones" (1 Cor. 4,3-5); y, "Considera tanto la bondad cuanto la severidad de Dios: él es severo para con los que cayeron y es bueno contigo, siempre y cuando seas fiel a su bondad; de lo contrario, tú también serás arrancado" (Rom. 11,22; ver también Heb. 10, 26-29; 2Pe. 2,20- 21).

De la transmisión "Clase Radial de Biblia" los oyentes pueden obtener un folleto ¿Puede Alguien Realmente Saber con Seguridad? Su autor anónimo dice que "El Señor Jesús quiso que sus seguidores estén seguros de su salvación así ellos se regocijen más en la esperanza del cielo que en las victorias sobre la tierra. 'Les he escrito estas cosas, a ustedes que creen en el nombre del Hijo de Dios, para que sepan que tienen la vida eterna' (1Jn. 5,13)".

Como la mayoría de las citas bíblicas de éste y otros folletos, este versículo puede querer decir justamente lo que el autor del folleto nos quiere hacer creer. El admite, sin embargo, que hay una falsa seguridad: "El Nuevo Testamento nos enseña que una genuina seguridad es posible y deseable, pero también nos previene ya que podemos ser engañados por una falsa seguridad. Jesús declaró: 'No son los que me dice "Señor, Señor", los que entrarán en el Reino de los cielos' (Mat. 7,21)". Pero uno puede hallar verdadera seguridad. "Primero, debes aceptar la obra de Cristo. Reconociendo tu pecado (Rom. 3,23; 6,23) e imposibilidad de salvarte a ti mismo (Ef. 2,8-9), pon tu esperanza en Jesucristo como tu Salvador personal (Heb. 16,13). Habiendo hecho esto, tu salvación ya es real. ¡Esto es verdadera seguridad!

Una engañosa seguridad

¿Cómo puede un Fundamentalista saber si su experiencia de salvación fue real, -esto es que haya funcionado? Sencillamente, no puede. Llevando una buena vida después de haber sido "renacido" no prueba nada, ya que uno puede pecar gravemente en un momento posterior. Y llevar una mala vida inmediatamente después de haber sido salvado, no lo desaprueba, ya que los pecados de uno son inmateriales. De todos modos, la doctrina parece casi inútil porque, cuando se reflexiona seriamente sobre ella, parece hacer imposible la misma seguridad que se supone que nos da.

Por otro lado, hay muchos otros versículos que refutan absolutamente la noción de una seguridad infalible: "Castigo mi cuerpo y lo tengo sometido, no sea que, después de haber predicado a los demás, yo mismo quede descalificado" dice San Pablo (1Co. 9,27). Esto sigue a los versículos donde S. Pablo exhorta a sus lectores a correr la carrera cristiana (de Cristo). El se refiere a la carrera de la vida, siendo la línea final la entrada al cielo.

Para llegar a esto, el autor del folleto de la "Clase Radial de Biblia" dice que Pablo "no quiso perder la recompensa de servir y satisfacer a su Señor a través de su flaqueza; el no temía perder su salvación". Tal interpretación fuerza el pasaje (lee todo el capítulo 9 y verás), y otros pasajes lo contradicen. Por ejemplo, Filipenses 2,12 dice: "Por eso queridos míos, ustedes que siempre me han obedecido, trabajen por su salvación con temor y temblor, no solamente cuando estoy entre ustedes, sino mucho más ahora que estoy ausente". Esta no es una expresión de seguridad total. Nuestra salvación es algo en lo que todavía se debe trabajar. San Pablo nos dice también, "Porque todos debemos comparecer ante el tribunal de Cristo (esto incluye a los cristianos que serán salvados e irán al cielo, cf. Mat. 25,31-45), para que cada uno reciba, de acuerdo con sus obras buenas o malas, lo que mereció durante su vida mortal" (2 Co. 5,10); "porque el que siembra en la carne, de la carne sólo recogerá la corrupción; y el que siembra según el Espíritu, del Espíritu recogerá la vida eterna . No nos cansemos de hacer el bien, porque la cosecha llegará a su tiempo si no desfallecemos" (Gal. 6, 8-9).

Éstos versículos demuestran que seremos juzgados por lo que hacemos -y no por un sólo acto de aceptación de Jesús como nuestro Salvador personal. "Entonces", podríamos preguntar: "¿es suficiente ser 'alguien que hace el bien' para obtener la salvación? ¡De ningún modo! La Biblia es bastante clara al decir, para que ninguno de nosotros se gloríe, que no somos salvados por nuestras obras, sino por el regalo de Dios de la gracia que recibimos a través de la fe (Ef. 2,8-9).

Los Protestantes que citan Ef. 2, 8-9, como un texto-prueba están justamente repitiendo la constante enseñanza da la Iglesia Católica. Yerran cuando piensan que somos salvados por sólo la fe. (Fue Martin Luther quien, en una deliberadamente incorrecta traducción de la Escritura, insertó la palabra "sola" en Romanos 3,28 y Gálatas 2,16 y quitó el libro de Santiago del Nuevo Testamento porque este (el libro) dice: "¿Quieres convencerte, hombre insensato, de que la fe sin obras es estéril?...¿Ves cómo la fe no estaba separada de las obras, y por las obras alcanzó la perfección?" (Santiago 2,20 y 22).

La enseñanza de la Biblia es que nuestras buenas obras -como resultado de nuestra fe en Cristo- son real y verdaderamente la obra de Dios en nosotros ("Porque Dios es el que produce en ustedes el querer y el hacer, conforme a su designio de amor" Fil. 2,13). En otras palabras, ambas, nuestra fe y nuestras obras, son realizadas en nosotros no por nuestra justicia separadamente de Cristo, sino que son regalos de la gracia de Dios en nosotros. Es por eso que no podemos jactarnos aun cuando nuestras obras fueran nuestro propio actuar únicamente.

Ahora bien, si es verdad que somos juzgados y premiados acorde con nuestras buenas obras hechas por la gracia de Dios en la fe (cf. Rom. 2,6-7), entonces no se puede decir que sólo la fe, en el sentido protestante (i.e. un mero confiar en las promesas de Cristo) pueda ser suficiente para la salvación. Si así fuere, no deberíamos preocuparnos por el papel de las obras, del cual, como hemos visto, la Biblia hace hincapié en que debemos ocuparnos (cf. 1Jn. 3,21-24; 4,20-21, Ap. 20,11-15).

El rol del Bautismo en la salvación

Recordemos que a Nicodemo le fue dicho por Cristo que debemos renacer por el agua del Espíritu Santo (Jn 3,5). Los católicos sostienen, siguiendo a la Biblia, que toda la frase "agua y el Espíritu Santo" es una unidad; significa bautismo. Pero algunos Protestantes piensan que solo la segunda parte de la frase es operativa. En el típico esquema Evangélico, el agua no realiza absolutamente nada. El Espíritu Santo hace su trabajo, dicen, convenciéndonos de pecado y mostrándonos que necesitamos depositar nuestra fe en Cristo. Pero la necesidad del agua de bautismo está totalmente olvidada.

Aunque la mayoría de los Evangelistas y Protestantes miran al bautismo como una disposición importante, al mismo tiempo están persuadidos que no es necesario para la salvación. Es una buena cosa para hacer, una manera de mostrar a los demás en al congregación de que ahora eres un Cristiano (y, por supuesto, admiten todos que Jesús mandó a los creyentes bautizarse - aunque meramente como un signo exterior), pero sostienen que no hay conexión entre bautismo y salvación porque el bautismo en sí mismo no realiza nada en el alma. Es la sincera e intelectual aceptación de Cristo que lo hace todo -más o menos así lo piensan.

Desafortunadamente, no es esto lo que la Biblia enseña. San Pedro lo explica de varias maneras: Primero, dice: "Conviértanse y háganse bautizar en el nombre de Jesucristo para que les sean perdonados los pecados, y así recibirán el don del Espíritu Santo" (Hech. 2,38), y también: "...Dios esperaba pacientemente, en los días que Noé construía el arca. En ella, unos pocos -ocho en total- se salvaron a través del agua. Todo esto es figura del bautismo, por el que ahora ustedes son salvados, el cual no consiste en la supresión de una mancha corporal, sino que es el compromiso con Dios de una conciencia pura, por la resurrección de Jesucristo,..." (1Pe. 3,20-21) Pedro es bastante claro al respecto: "Bautismo, por el que ahora son salvados". Esto se refiere al sacramento del agua del bautismo el cual Pedro lo compara a cómo la familia de Noé "se salvo a través del agua". Si bien el bautismo no borra las manchas físicas de nuestros cuerpos, nos salva limpiando nuestras almas por la gracia de Dios. San Pablo repite esto cuando le dice a Tito: "...no por las obras de justicia que habíamos realizado, sino solamente por su misericordia, él nos salvó, haciéndonos renacer por el bautismo, y renovándonos por el Espíritu Santo. Y derramó abundantemente ese Espíritu sobre nosotros por medio de Jesucristo, nuestro Salvador, a fin de que, justificados por su gracia, seamos en esperanza herederos de la vida eterna" (Tito 3,5-7).

¿Qué responder?

"¿Usted está salvado?", pregunta el fundamentalista. Un católico le respondería: "Como la Biblia dice, ya estoy salvado (Rom. 8,24; Ef. 2,5-8), pero también estoy siendo salvado (1Co. 1,8; 2Co. 2,15; Fil. 2,12), y tengo la esperanza de que seré salvado (Rom. 5,9-10; 1Co. 3,12-15)". "Estoy redimido," responde el católico, "y como el Apóstol Pablo, estoy trabajando por mi salvación con temor y temblor (Fil. 2,12), con esperanzada fe en las promesas de Cristo (Rom. 5,2; 2Tim. 2,11-13) -pero no con una falsa y "absoluta" seguridad acerca de mi capacidad de perseverar (2Co. 13,5). Y hago todo esto como la Iglesia Católica ha enseñado, sin cambios, desde el tiempo de Cristo".

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