Justificación y Salvación

Justificación y Salvación

En esta sección se abordan los estudios relacionados a la doctrina de la justificación y salvación respecto a la doctrina católica, así como las distintas objeciones protestantes.

Se analiza también la doctrina de la Sola Fides, doctrina protestante que rechaza la colaboración del libre albedrio como colaboradora de la gracia en la obra salvadora.

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  Compendio de Apologética Católica  

 

 

 

Listado de artículos

 

Gracia y Libertad en la obra de salvación

Por Juan Pablo II

El apóstol Pablo, en la Carta a los Romanos, replantea con estupor un oráculo del libro de Isaías (cf. 65, 1), en el que Dios llega a decir por boca del profeta. «Me encontraron los que no me buscaban; me manifesté a quienes no preguntaban por mí» (Romanos 10, 20). Pues bien, después de haber contemplado en las catequesis precedentes la gloria de la Trinidad en el cosmos y en la historia, queremos emprender ahora un itinerario interior a través de los caminos misteriosos por los que Dios sale al encuentro del hombre, para hacerle partícipe de su vida y de su gloria. Dios, de hecho, ama a la criatura plasmada a su imagen y, como el pastor atento de la parábola (cf. Lucas 15, 4-7), no se cansa de buscarla, incluso cuando se muestra indiferente o fastidiada por la luz divina, como la oveja que se ha separado de la grey y se ha perdido en lugares agrestes y llenos de riesgos.

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El Mérito

Por Cardenal Charles Journet.

El segundo tema del que quiero hablaros es el del mérito. Es una palabra neurálgica. Cuando uno la pronuncia delante de protestantes, se crispan y no oyen más. Es mejor, sin pronunciar la palabra, explicarles la cosa: es posible que les parezca que expresa lo que ellos han creído siempre.

¿En qué consiste la doctrina del mérito?...

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La doctrina de la Sola Fides, la Iglesia primitiva y los Padres de la Iglesia

Por José Miguel Arráiz

“¿Creían los padres de la Iglesia en la doctrina de la Sola Fides?”

Durante la época en que yo coqueteaba con el protestantismo nunca reparé en esta pregunta. Yo llegué a rechazar esta doctrina por considerar que no tenía ningún sustento escriturístico, sin embargo, hoy día puede llegar a ser clarificador responder esta pregunta, que si bien para un fundamentalista pudiera parecer irrelevante, hay razones escrituristicas para que a mi no me lo parezca.

Y es que si esta doctrina fue una novedad del siglo XVI no habría manera que yo la tomara en serio, porque aunque como católico estoy abierto a lo que considero legítimos desarrollos en la doctrina cristiana, quien se ha tomado el tiempo de estudiar la historia y los textos patrísticos va a llegar a una cruda conclusión: La doctrina de salvación por la Sola Fe no solo no fue creída antes de Lutero, sino explicitamente anatemizada y rechazada.

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Conversando con amigos evangélicos sobre el tema de la Salvación

Por José Miguel Arráiz

Continuando con la serie de conversaciones entre amigos sobre temas de apologética, les comparto un diálogo ficticio sobre el tema de las salvación, un tema importante porque estuvo allí la principal causa de las divisiones entre católicos y protestantes en el siglo XVI. Me ha basado en algunas conversaciones con algunos amigos evangélicos, pero lo he reordenado para que el orden de los argumentos tenga más consistencia...

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La Predestinación

Por Cardenal Charles Journet

Con la ayuda de lo que ha sido dicho en las páginas precedentes, convendrá tratar de leer, de interpretar algunos textos de San Pablo referentes particularmente a la predestinación.

Estas cuestiones de la gracia son muy misteriosas, muy profundas. Si olvidáramos, cuando de ellas se trata, que Dios es un Dios de amor, si habláramos de ellas sin situarlas en ese ambiente de la bondad divina que precave los corazones podríamos decir cosas que parecieran, teológicamente –digamos mejor, verbalmente, literalmente- exactas, pero que serían en realidad desfiguradas, mentirosas, capaces de extraviar. En verdad, sólo los grandes santos, los grandes enamorados de Dios, pueden hablar de estas cosas sin alterarlas.

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La Predestinación y los Concilios

Por José Miguel Arráiz

En otro artículo trataba el tema de la predestinación, y compartía la didáctica explicación del cardenal Charles Journet de este tema tan complejo. Ahora que se se ha planteado la forma recta de entender la doctrina de la predestinación, deseo compartir lo que el magisterio de la Iglesia ha definido al respecto.

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Salvación y Predestinación

Por círculos teológicos de BuenaNueva.net

La Omnisciencia de Dios siempre ha llevado a los seres humanos de todos los tiempos, sobre todo a los cuestionadores de la Fe y a aquéllos que no están muy a tono con la Voluntad de Dios, a preguntarse lo siguiente:

Si Dios lo sabe todo, por supuesto sabe si me voy a salvar o a condenar, ¿para qué, entonces, esforzarme en tratar de lograr la salvación?

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El Concilio de Trento y los decretos referentes a la justificación

Habiéndose difundido en estos tiempos, no sin pérdida de muchas almas, y grave detrimento de la unidad de la Iglesia, ciertas doctrinas erróneas sobre la Justificación; el sacrosanto, ecuménico y general Concilio de Trento, congregado legítimamente en el Espíritu Santo, y presidido a nombre de nuestro santísimo Padre y señor en Cristo, Paulo por la divina providencia Papa III de este nombre, por los reverendísimos señores Juan María de Monte, Obispo de Palestina, y Marcelo, Presbítero del título de santa Cruz en Jerusalén, Cardenales de la santa Iglesia Romana, y Legados Apostólicos a latere, se propone declarar a todos los fieles cristianos, a honra y gloria de Dios omnipotente, tranquilidad de la Iglesia, y salvación de las almas, la verdadera y sana doctrina de la Justificación, que el sol de justicia Jesucristo, autor y consumador de nuestra fe enseñó, comunicaron sus Apóstoles, y perpetuamente ha retenido la Iglesia católica inspirada por el Espíritu Santo; prohibiendo con el mayor rigor, que ninguno en adelante se atreva a creer, predicar o enseñar de otro modo que el que se establece y declara en el presente decreto.

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Las “obras de la ley” y la salvación

Por James Akin

En Romanos 3, 20 es la primera vez que San Pablo usa la expresión "obras de la Torah" (del griego, ergon nomou). Este término es familiar en las modernas prédicas como "obras de la ley"; sin embargo sería más propiamente traducido en el contexto como "obras de la Torah", porque la ley (nomos) de la cual Pablo habla en todas partes en Romanos y Gálatas es la Ley Mosaica (Torah; siendo nomos la traducción común de los Setenta del término hebreo "Torah")

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Serie "Gracia y libertad"

Por José María Iraburu

El reconocido sacerdote y teólogo pone a disposición de ApologeticaCatolica.org una serie de diez completos estudios para profundizar en la relación entre la gracia y la libertad y su relación con la vida espiritual.

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Gracia y Libertad

Por José Miguel Arráiz

En el siglo XVI un monje de nombre Martín Lutero se separó de la Iglesia y dio inicio a la Reforma Protestante. La pieza clave de su teología se conoce como la Sola Fides, o salvación por la “Sola Fe”. Quienes profesan esta doctrina sostienen que el hombre se salva por gracia y solamente por la fe. Las buenas obras, el cumplimiento de los mandamientos son solo consecuencias o producto de la fe, más no un requisito para alcanzar la salvación. A lo largo del presente capítulo haremos un breve repaso de la doctrina católica y de las herejías respecto al tema de la gracia y la libertad humana.

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La hermenéutica protestante aplicada a la doctrina de la Sola Fides

Por José Miguel Arráiz

Recientemente invité a participar en mi foro a Fernando García Sotomayor (un pastor director de un seminario protestante de Barranquilla Colombia). En medio de una de nuestras pláticas en donde no llegábamos a un acuerdo, sugirió que el problema era que debíamos "revisar" nuestra hermenéutica, y tuvo la gentileza de compartirnos algunas de las reglas que utilizan los protestantes.

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Gracia y libertad

Por Beatriz Aparicio

La doctrina católica y la protestante enseñan que el hombre caído está tan débil por el pecado, que es totalmente incapaz de salvarse sin ayuda de la gracia. Sin embargo los protestantes afirman que el hombre no puede contribuir en nada. Karl Barth dice “Si el buen pastor (Jn. 10:11ff.) da su vida por las ovejas, lo hace para salvar la vida de las ovejas, sin que ellas cooperen de ninguna forma”. Por la negación del libre albedrío, Lutero (a diferencia de Melanchton y Erasmo) trataba de eludir esta responsabilidad indudablemente seria.

En cambio la postura católica es más positiva y objetiva. El Concilio de Trento enseña que el hombre coopera con su salvación y que el libre albedrío no está perdido o extinguido después del pecado de Adán.

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Dios quiere que todos los hombres se salven

Por José Miguel Arráiz

Si usted pregunta a un calvinista, presbiteriano, bautista, puritano o cualquier cristiano evangélico de tendencia reformada, si Dios quiere que todos los hombres se salven, por más sorprendente que parezca, no podrá responder afirmativamente.

La razón es que para ellos, es voluntad de Dios que solo se salven solo unos escogidos, y que el resto sea condenado. Este error parte de la premisa falsa de asumir que si Dios es soberano, entonces si quisiera que todos se salvaran, inevitablemente se salvarían, de lo contrario esto sería atribuir a Dios cualidades de impotencia al no poder hacer su voluntad

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¿Enseño Pablo la doctrina de la Sola Fe?

Por Robet Sungenis

Existe una enseñanza común entre las distintas denominaciones protestantes: la de que el hombre se justifica ante Dios por la sola fe. Los protestantes pretenden que el hombre debe simplemente creer que Cristo ha hecho todo lo que se requiere para la justificación. Y, una vez que el hombre cree en Cristo, está salvado para siempre. Consecuentemente, los protestantes entienden que las buenas obras son meramente el fruto del estado justificado, pero no que sean meritorias para la justificación. Del mismo modo, las malas obras no amenazan el estado justificado. Han sido ya perdonadas.

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La salvación ¿solamente por fe?

Por Martín Zavala M.P.D.

Pregunta un lector: Sr. Zavala: Haga lo que usted haga, sin Cristo y sin poner su fe en él solamente, usted no puede hacer nada. Ya lo verá. Le envío una respuesta a cada una de sus columnas que usted pueda escribir semana tras semana, año tras año y década tras década. La verdad que está en Cristo no puede ser cambiada nunca jamás. Para salvarnos lo único necesario es la fe en Cristo.

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¿Salvados sólo por la fe?

Por Cristiandad.org

Durante los últimos días hemos visto aparecer en la opinión pública debates muy interesantes a propósito de enfrentamientos entre católicos y protestantes. Por una parte por la violencia utilizada en nuestra contra y en contra, incluso, imágenes veneradas de la Excelsa Madre de Dios o de Nuestro Señor Jesucristo. Por otra, la falsa noción sobre el acercamiento que la Iglesia intenta de los protestantes: no se trata de cambiar nuestra fe sino de sentar bases sobre lo que en común sostenemos para dialogar.

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Justificados ¿solo por la fe?

Por Florida Center for peace

Martín Lutero, el primero de los protestantes reformadores, creía que la Iglesia Católica ponía demasiado énfasis en la necesidad de las buenas obras para la salvación. El insistía en que era por la fe sola que somos justificados o salvados. La salvación es un don inmerecido por medio de Jesucristo; por tanto, decía Lutero, las buenas obras son (en términos de alcanzar la salvación) innecesarias e inútiles.

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¿Seguridad de salvación?

Tradujo Fernando Machado

Difícilmente haya un tema más confuso, cuando algunas iglesias evangélicas y católicos se sientan a hablar, que el de la salvación. Va más allá de la pregunta de base de los fundamentalistas: "¿Has sido salvado?" (que también significa, "¿No te gustaría sentirte ya salvado?"). Evangélicos y fundamentalistas nos aseguran tener tal absoluta seguridad. Abrigan la certeza absoluta de que irán al cielo inmediatamente después de la muerte. Concluyen de la Biblia que Cristo prometió que el cielo es de ellos a cambio de un acto muy simple. Todo lo que deben hacer es, "aceptar a Cristo como su salvador personal", y asunto acabado. Probablemente vivirán luego vidas ejemplares, pero el vivir bien no es crucial, al modo de ver de ellos: definitivamente no afecta a su salvación. No importa lo que suceda después, no interesa cuán pecaminosamente vivan el resto de sus días: su salvación está asegurada. Puede que el Espíritu Santo los castigue en esta vida por sus pecados, pero de ningún modo pueden descartar su salvación, porque esta no depende del valor intrínseco de sus almas o de los efectos de los pecados que se cometan.

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La presunción de ser una vez salvo, siempre salvo

Por Beatriz Aparicio Gereda

La Soberbia es el principal de los pecados capitales y de ésta se desprende la “presunción” que consiste en confiar demasiado en sí mismo , en sus propias luces .

A la pregunta ¿Puede estar seguro de su salvación? Una página web evangélica responde: ¡Puedes estar seguro!

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Juan 3,16, ¿Salvados de una vez y para siempre?

Por Steve Ray

Mi madre me preguntó, “¿Quisieras cincuenta centavos?” a lo que respondí de inmediato, “Me encantaría.” Qué pregunta más ingenua para un niño de ocho años. Claro que me gustaría obtener cincuenta centavos. Cincuenta centavos significaban mucho dinero cuando era pequeño. Mi madre continuó, “Aquí está un verso de la Biblia que quiero que memorices y cuando lo puedas recitar perfectamente, te daré el dinero.” Y así fue como por primera vez me aprendí y memorice algunos de los pasajes más conocidos de la Biblia. Memorice todo el Salmo 23, “El Señor es mi pastor...” Me aprendí el Salmo 119:105, “Su palabra es una lámpara para mis pies, y una luz para mi camino,” lo cual era un constante recordatorio del lugar de supremacía de la Biblia en mi vida, la única regla de fe y práctica.

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Los diez mandamientos en la vida de la Iglesia, del Catecismo

‘Maestro, ¿qué he de hacer yo de bueno para conseguir la vida eterna?’ Al joven que le hace esta pregunta, Jesús responde primero invocando la necesidad de reconocer a Dios como ‘el único Bueno’, como el Bien por excelencia y como la fuente de todo bien. Luego Jesús le declara: ‘Si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos’. Y cita a su interlocutor los preceptos que se refieren al amor del prójimo: ‘No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no levantarás testimonio falso, honra a tu padre y a tu madre’. Finalmente, Jesús resume estos mandamientos de una manera positiva: ‘Amarás a tu prójimo como a ti mismo’ (Mt 19, 16-19).

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¿Puede uno salvarse perteneciendo a cualquier iglesia?

Por P. Juan Sack

Elías, de 21 años, nos escribe desde México con inquietudes sobre este importante tema. He aquí la respuesta que le enviamos, y que creemos puede ser de provecho para todos los que se cuestionan sobre este asunto.

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