San Atanasio de Alejandría
Sobre los Sacramentos
Tomado de la Biblioteca Patrística
http://ar.geocities.com/magisterio_iglesia/pa/escritos_padres.html
Magisterio de la Iglesia
El bautismo.
Los arrianos corren el peligro de perder la plenitud
del sacramento del bautismo. En efecto, la iniciación se confiere en nombre del
Padre y del Hijo; pero ellos no expresan al verdadero Padre, ya que niegan al que
procede de él y es semejante a él en sustancia; y niegan también al verdadero
Hijo, pues mencionan a otro creado de la nada, que ellos se han inventado. El
rito que ellos administran ha de ser totalmente vacío y estéril, y aunque
mantenga la apariencia es en realidad inútil desde el punto de vista religioso.
Porque ellos no bautizan realmente en el Padre y en el Hijo, sino en el Creador
y en la criatura, en el Hacedor y en su obra. Pero, siendo la criatura otra
cosa distinta del Hijo, el bautismo que ellos pretenden administrar es distinto
del bautismo verdadero, por más que profesen nombrar al Padre y al Hijo de
acuerdo con la Escritura. No basta para conferir el bautismo decir: «¡Oh Señor!», sino que hay que tener al mismo tiempo la
recta fe. Y ésta fue la razón por la que nuestro Salvador no mandó simplemente
bautizar, sino que dijo primero: «Enseñad». y sólo
luego: «Bautizad en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo».
Porque de la instrucción nace la recta fe, y una vez se da la fe puede realizarse
la iniciación del bautismo... (22).
La celebración pascual de la eucaristía.
Hermanos, después que el enemigo que tenía tiranizado
al universo ha sido destruido, ya no celebramos una fiesta temporal, sino
eterna y celestial; ya no anunciamos aquel hecho con figuras, sino que en
realidad lo vivimos. Antes celebraban los judíos esta fiesta comiendo la carne
de un cordero sin mancha y untando con su sangre sus jambas para ahuyentar al
exterminador. Pero ahora comemos la Palabra del Padre y señalamos los labios de
nuestro corazón con la sangre del Nuevo Testamento, reconociendo la gracia que
nos ha hecho el Salvador diciendo: «Os he dado poder de andar sobre las
serpientes y las víboras y sobre todo poder de enemigo» (Lc
10, 19)... Por lo demás, amadísimos míos, es sabido que los que celebramos esta
fiesta no hemos de llevar vestidos sucios sobre nuestras conciencias, sino que
nos hemos de adornar con vestidos absolutamente limpios para este día de
nuestro Señor Jesús, a fin de poder realmente estar en la fiesta con él. Nos
vestimos así cuando amamos la virtud y aborrecemos el vicio; cuando guardamos
la castidad y evitamos la lujuria; cuando preferimos la justicia a la
iniquidad; cuando nos contentamos con las cosas necesarias y nos entregamos más
bien a fortalecer nuestra alma; cuando no nos olvidamos de los pobres, sino que
estamos determinados a que nuestras puertas estén abiertas para cualquiera;
cuando nos esforzamos por humillar nuestro ánimo y detestar la soberbia...(23).
La eucaristía, alimento espiritual.
En el Evangelio de Juan he observado lo que sigue.
Cuando habla de que su cuerpo será comido, y ve que a causa de esto muchos se
escandalizan, dice el Señor: «¿Esto os
escandaliza? ¿Qué sería si vieseis al Hijo del hombre bajando de allí donde
estaba al principio? El Espíritu es lo que vivifica: la carne no aprovecha para
nada. Las palabras que yo os he hablado son espíritu y vida» (Jn 6, 62-64). En esta ocasión dice acerca de sí mismo ambas
cosas: que es espíritu y que es carne; y distingue al espíritu de lo que es
según la carne, para que creyendo no sólo lo visible, sino lo invisible que
había en él, aprendan que lo que él dice no es carnal, sino espiritual. ¿Para
alimentar a cuántos hombres seria su cuerpo suficiente? Pero tenía que ser
alimento para todo este mundo. Por esto les menciona la ascensión al cielo del
Hijo del hombre, a fin de sacarlos de su mentalidad corporal y hacerles
aprender en adelante que la carne que él llama comida viene de arriba, del
cielo, y que el alimento que les va a dar es espiritual. Les dice: «Lo que
os he hablado es espíritu y vida» (Jn 6, 64), que
es lo mismo que decir: lo que aparece y lo que es entregado para salvación del
mundo es la carne que yo tengo, pero esta misma carne con su sangre, yo os la
daré a vosotros como alimento de una manera espiritual. O sea que es de una
manera espiritual como esta carne se da a cada uno, y se hace así para cada uno
prenda de la resurrección de la vida eterna... (24).
El misterio de la eucaristía.
Verás a los ministros que llevan pan y una copa de
vino, y lo ponen sobre la mesa; y mientras no se han hecho las invocaciones y
súplicas, no hay más que puro pan y bebida. Pero cuando se han acabado aquellas
extraordinarias y maravillosas oraciones, entonces el pan se convierte en el
cuerpo y el cáliz en la sangre de nuestro Señor Jesucristo... Consideremos el
momento culminante de estos misterios: este pan y este cáliz, mientras no se
han hecho las oraciones y súplicas, son puro pan y bebida; pero así que se han
proferido aquellas extraordinarias plegarias y aquellas santas súplicas, el
mismo Verbo baja hasta el pan y el cáliz, que se convierten en su cuerpo(25).
La práctica de la penitencia.
De la misma manera que un hombre al ser bautizado por
un sacerdote es iluminado con la gracia del Espíritu Santo, así también el que
hace confesión arrepentido recibe mediante el sacerdote el perdón por gracia de
Cristo(26).
Los que han blasfemado contra el Espíritu Santo o
contra la divinidad de Cristo diciendo: «Por Beelzebub,
príncipe de los demonios, expulsa los demonios» (Lc
11, 15) no alcanzan perdón ni en este mundo ni en el futuro. Pero hay que hacer
notar que no dijo Cristo que el que hubiera blasfemado y se hubiese arrepentido
no habría de alcanzar perdón, sino el que estuviera en blasfemia, es decir,
permaneciera en la blasfemia. Porque la condigna penitencia borra todos los
pecados... La blasfemia contra el Espíritu es la falta de fe (apistía), y no hay otra manera para perdonarla si no es la
vuelta a la fe: el pecado de ateísmo y de falta de fe no alcanzará perdón ni en
este mundo ni en el futuro(27).
![]()
|
NOTAS |