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Introducción
al tema
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Siendo mexicano y estudiante, yo conocía lo más general de este episodio histórico
de México cuando inicié la Investigación, y decidí colocar un resumen de la
Conquista, sin meterme en detalles.
Pero consideré que un resumen tal no valía la
pena, además de que al estudiar en buenos libros este suceso tan lleno de
colores y rico en sustancia, me propuse investigar más a fondo y publicar una
narración más detallada de la Conquista.
Por alguna razón, en la sociedad mexicana (la mayoría escasamente instruida
en Historia), la Conquista fue una guerra de españoles malos contra
indios buenos, quedando todo en un vulgar enfrentamiento entre
"héroes y villanos". En la "Historia Oficial", no sólo se
habla de que "esos malvados españoles nos vinieron a invadir, hasta que
por fin los echamos, luego de 3 siglos de dominación extranjera", además
de una apreciación muy simplista, pues se supone que los españoles
"fácilmente, con sus armas de fuego y sus caballos, arrollaron a los
indios".
Pero no fue nada de eso, en primer lugar, nosotros no somos "indios
dominados por extranjeros", sino MESTIZOS, descendientes sí, de
los indios, pero también de los españoles, y odiarlos a ellos es, en
parte, odiarnos a nosotros mismos. Y la
Conquista no fue fácil para los españoles, y de ello dan testimonio
varios de los cronistas de la epopeya: les costó sufrir heridas, tener
enemigos por todos sus flancos, soportar desastrosas derrotas, sobreponerse a
sus temores, vencer su propio terror y angustia, y sobre todo, ser fieles a
su Dios y al Evangelio de Cristo, por cuya causa luchaban, y que sin su
convicción de tener el deber de expandir la Fe, no se hubieran lanzado a
conquistar -con todas las probabilidades en contra-, un país que tantos
problemas les causó.
Corrientes más hispanófobas, tratan a los españoles de "gachupas",
a Cortés de "maricón" cuando lloró en la Noche Triste, y de
"cobardes" a los españoles que tomaron Tenochtitlán.
Personalmente, provengo de sangre tanto mexicana como española, puesto que
desciendo del pueblo mestizo de México, y de toda una gama de mescolanzas que
se dieron al contacto racial entre europeos e indígenas. Estoy tan orgulloso
de llevar sangre india en las venas, como de mi ascendencia española, y
respeto y admiro a los mundos de mis antepasados, el mundo cristiano español,
emanado del Medioevo y renovado con los albores del Renacimiento por los
Reyes Católicos y el cardenal Giménez de Cisneros, donde la tenacidad y el
sincero espíritu misionero permitieron a los españoles lograr lo que parecía
imposible -aún con su superior armamento-, y era conquistar una nación varias
veces más grande y poblada que España; y del mismo modo admiro y respeto al
mundo cosmo-mágico azteca, donde privaban los más nobles conceptos de
fidelidad a los dioses, honestidad, respeto a la sociedad y a los mayores,
honor y auto-disciplina, amén de su gran espíritu de combate, que ahora me
inspira cuando encuentro algún obstáculo en la vida.
Y no vacilo en declarar que a partir de la presente investigación, La
Conquista de México se ha convertido para mí en uno de los temas
históricos más apasionantes no sólo a nivel nacional sino mundial. Es un
episodio único y con matices variados, contradicciones, epopeyas y detalles
inclusive "tiernos", diría yo.
¿Por qué hablar de la Conquista, si el tema es sobre la Virgen de
Guadalupe?; para conocer las circunstancias culturales más que
políticas, en las que convivían los indios y españoles en los principios
de la Etapa Colonial. Estudiando la Conquista, podemos comprender mejor cómo
se sentían conquistadores y conquistados, antes de que el Tepeyac se
cubriera de flores.
En su libro Flor y Canto del nacimiento de México, José Luis Guerrero
empieza hablando de los orígenes del pueblo azteca, y dedica casi la
totalidad del libro a hablar de la Conquista en sí, pero interesantemente,
su libro culmina con la aparición de la Virgen de Guadalupe; como fin de
una línea, de un proceso socio-cultural, en especial de los indígenas.
Donde los indígenas se marchitaban de tristeza ante lo que parecía el
abandono de sus dioses, llamados "demonios" por los frailes, he
aquí que de repente es el PRIMERO de los Dioses, el VERDADERO (Ométeotl),
quien viene a ellos para darles como Madre a Su Madre: La Madre del
Redentor.
De ahí mi convicción de que las apariciones guadalupanas son el mejor
complemento cultural de la Conquista.
Nota
explicatoria: El capítulo concerniente a ¿Quién era Motecuhzoma
Xocoyotzin?, se compone de fragmentos transcritos directamente y sin
cambios del capítulo del libro Flor y Canto del nacimiento de México,
de José Luis Guerrero, relativo precisamente al huey tlatoani mexica que
recibió a Cortés.
* Casi el total de las citas bibliográficas al pie, son las que proporciona
José Luis Guerrero en su obra.
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Reseña
del Descubrimiento de América, y de las primeras expediciones españolas a
México
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La Edad Media llegaba a su fin, denotada por dos factores principales; El Renacimiento
tanto cultural como científico, y la toma de Constantinopla por los turcos
otomanos en 1453.
Los europeos occidentales, imposibilitados de llegar al Oriente, Asia Menor,
y Persia, sobre todo, decidieron buscar otras rutas por las cuales fuera
factible establecer tráfico comercial de especias, porcelana, seda oriental y
en general, productos asiáticos.
Mucho antes de la toma de Constantinopla, los portugueses ya habían empezado
a navegar temerariamente fuera del Mediterráneo, llegando a Madeira en 1419 y
hasta Sierra Leona en 1447. [1]
En ruta hacia el sur, las carabelas portuguesas buscaban rodear África, pero
antes de que lograran llegar a Asia doblando el cabo de Buena Esperanza, el genovés
Cristóbal Colón presentó un nuevo proyecto: llegar a Oriente navegando
hacia el Occidente, y si la Tierra [redonda] era tan pequeña como él
creía, los navíos de aquella época podían alcanzar la costa más oriental de
Asia.
Luego de varias exposiciones que no tuvieron éxito en España y Portugal, los
Reyes Católicos de España, Fernando e Isabel, terminaron la guerra de
Reconquista con la toma de Granada, última plaza musulmana en España, y
aceptaron patrocinar la aventura de Colón, y le proporcionaron una nao (La
Santa María), y dos carabelas (La Niña y La Pinta), con las que Colón se hizo
a la vela el 3 de agosto de 1492, rumbo a mares desconocidos.
Después de varias semanas de navegar con incertidumbre y temor, y sin saber
lo que tenían adelante, el 12 de octubre se avistó Tierra: América había
sido descubierta.
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Hasta
su muerte, Colón creyó que había llegado a Asia, pero sus contemporáneos empezaron
a dudarlo. El italiano Américo Vespucio señaló que por el diámetro de la
Tierra calculado por Eratóstenes, era imposible que Asia estuviera tan
cerca, amén de que las tierras descubiertas no se parecían a las costas de
Catay y Cipango que había descrito Marco Polo. [1b]
Se había descubierto un Continente Nuevo, desconocido para los europeos
hasta entonces (excepto su extremo nororiental, ya visitado por los
vikingos de la Edad Media).
Pronto, los españoles habían fundado importantes plazas en el Caribe: La
Española (Santo Domingo), Jamaica, Puerto Rico y Fernandina (Cuba).
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LOS NAVÍOS DE COLÓN CRUZANDO EL
OCEANO INCOGNITO
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En su cuarto viaje, Colón se acercó a las islas Guanajas, y ahí se encontró
con una barca tripulada por indios mayas, quienes informaron de tierras muy
pobladas al occidente; en referencia, sin duda, a la península de Yucatán.
Aunque Colón no se interesó por dicha tierra, el grumete de a bordo, Antón
de Alaminos, tomó nota del hecho, para aprovecharlo más tarde.
En 1511, una expedición española que zarpó de Jamaica, naufragó cerca de las
costas de Yucatán, y unos cuantos supervivientes llegaron a México, donde los
indígenas mataron a todos a excepción de dos: Gonzalo Guerrero y Jerónimo de
Aguilar. Guerrero se acoplaría con los mayas, y llegaría a convertirse en
un verdadero indio, mientras que Aguilar por el contrario, mantuvo su
religión católica y sus costumbres españolas, cautivo de los naturales.
En 1517, el gobernador de Cuba, Diego de Velázquez, organizó una expedición
al mando de Francisco Hernández de Córdoba, cuyo fin inicialmente era la
búsqueda de indios en otras islas, para capturarlos y llevarlos a Cuba a
trabajar como esclavos. Pero Hernández de Córdoba empezó a explorar hacia el
occidente, guiado por Antón de Alaminos, quien iba como piloto.
La expedición llegó a Isla Mujeres y avistó la costa de Yucatán,
desembarcando en lo que llamaron Cabo Catoche. Ahí sufrieron un ataque de los
indígenas, y siguieron hasta Campeche. La agresividad de los indígenas los
llevó a abandonar el lugar y llegar a Champotón.
En Champotón fueron atacados nuevamente, pero esta vez, para su sorpresa, los
indígenas empleaban tácticas militares europeas, y sabían neutralizar a la
caballería española. Esto debido a que habían sido adiestrados a ese efecto
por Gonzalo Guerrero, quien a su vez participó en este ataque contra sus
hermanos de raza, y la superioridad numérica de los mayas decidió el combate.
Lo que quedó de la expedición se retiró y volvió a Cuba, donde Hernández de
Córdoba falleció a consecuencia de sus heridas, enviando antes una relación
de su viaje a Fray Bartolomé de las Casas.
Una segunda expedición, preludio ya de la expedición de Conquista, se llevó a
cabo en 1518, al mando de Juan de Grijalva, partió de Cuba el 1 de mayo de
ese año, esta vez con cuerpos de infantería en cuatro navíos; en este viaje
participaban Gil González de Ávila, Pedro de Alvarado (quien más tarde sería
lugarteniente de Cortés y conquistador de Guatemala), Francisco de Montejo y
Antón de Alaminos, quien era piloto mayor de la expedición.
El 3 de mayo los españoles llegaron a la Isla de las Golondrinas o
Cozumel, llamada de Santa Cruz por Grijalva.
Después de Cozumel, siguieron la costa de Yucatán hacia el sur, hasta la
bahía de la Ascensión, a la vista de la ciudad maya de Tulum. Viraron al
norte, y borderaron por la costa del Golfo hasta llegar a Puerto Deseado,
para internarse por la laguna de Términos, para llegar al río de San Pedro y
San Pablo, en el límite entre los estados de Campeche y Tabasco.
Llegaron a lo que hoy es el río Grijalva, y entablaron relación con los
indios tabasqueños, siguiendo una serie de ríos hasta el río Tonalá, entre
Tabasco y Veracruz, luego el río Papaloapan, y finalmente el río Jamapa, a 20
kilómetros de lo que hoy es el puerto de Veracruz.
Precisamente en estos lugares fue donde tuvieron contacto con los pochtecas
mexicas, los aztecas, quienes informarían a Motecuhzoma de la llegada
de hombres blancos y barbados.
Recibieron presentes de parte de Motecuhzoma, aunque Grijalva no contaba con
traductores (Cortés sí los tendría), y envió de regreso a Pedro de Alvarado
con una relación del viaje. El resto de la expedición llegó hasta el río
Pánuco, y ahí retrocedieron, para volver a Cuba.
La información proporcionada por los viajes de Hernández de Córdoba y
Grijalva, decidió al gobernador de Cuba a enviar una expedición formal de
colonización.
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Pero...
¿Quiénes eran los aztecas?
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Originalmente, los aztecas no eran una cultura, sino un grupo, que se
llamaban a sí mismos mexicas; oriundos de un lugar llamado Aztlán, en
la periferia de Mesoamérica.
La ubicación geográfica de Aztlán es desconocida, pero se supone cercana al
centro de México, debido a que fuentes como el Códice Ramírez pintan a
los mexicas como mesoamericanos, que habrían pasado entre otros lugares, por
la Tula de los toltecas antes de llegar al valle del Anáhuac.
Peregrinaron por Mesoamérica durante muchos años, y según la leyenda, su dios
Huitzilopochtli les daría una señal para establecerse, un águila parada
sobre un nopal, devorando una serpiente, donde fundarían su ciudad.
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En
un islote del lago de Texcoco, encontraron dicha señal (siempre según la
leyenda), y fundaron la ciudad de México-Tenochtitlán, en honor a su líder
Tenoch.
Ténoch conservó la suprema autoridad hasta su muerte en 1369. Dos años
antes, en 1367, los mexicas conquistaron Culhuacan en provecho de Tezozómoc
(señor Tepaneca, vecino de Huejotzingo y Tlaxcala), y los señores que allí
reinaban encontraron asilo en Coatlichan. A la muerte de Ténoch, algunos
nobles mexicanos fueron a solicitar a Coatlichan que un príncipe culhua,
llamado Acamapichtli, viniese a residir en México, aunque todavía no con la
calidad de huey tlatoani, que sólo tuvo a partir del año de 1376.
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FUNDACIÓN DE TENOCHTITLÁN EN EL
LAGO DE TEXCOCO
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Nota aclaratoria:El cargo de huey tlatoani no era -como
imaginaron los españoles-, equivalente al de rey o emperador,
sino más parecido al de Ministro de Relaciones Exteriores, que tenía que
rendir cuentas a un Consejo Superior llamado TLATOCAN.
Gobernados por Acamapichtli y Huitzilíuitl, los aztecas sirvieron al señorío
de Atcapotzalco, gobernado por el tirano Tezozómoc, quien murió en 1427,
siendo su sucesor su hijo Maxtla, quien inició una política odiosa y tirana
para sus vecinos, llegando a encarcelar al tlatoani mexica, Chimalpopoca,
quien murió cautivo.
El príncipe de Texcoco, Netzahualcóyotl, y el tlatoani mexica Izcoatl,
sucesor de Chimalpopoca, iniciaron la guerra contra Atzcapotzalco, derrotando
a los tecpanecas y formando la Triple Alianza junto al señorío de Tacuba.
Motecuhzoma Ilhuicamina amplió las conquistas aztecas por todo el valle de
México, expandiéndose hacia los estados actuales de Puebla, Morelos, Hidalgo
y México.
A dos pueblos nunca pudieron sojuzgar los aztecas; a los tarascos de
Michoacán y a los tlaxcaltecas de Tlaxcala, quienes serían en un futuro
aliados de Cortés contra el poderío azteca.
El tlatoani Ahuitzótl, sucesor de Tizoc, conquistó Oaxaca, con lo que el
Imperio Mexica alcanzó su máxima expansión, dejando sentir su influencia
hasta Centroamérica, y obviamente, era inevitable que los indígenas del
sureste de México informaran a los españoles de la existencia de
Tenochtitlán.
En la época de Motecuhzoma Xocoyotzin, sucesor de Ahuiztotl, y cuando
llegaron los españoles, el Imperio Mexica abarcaba casi todo Veracruz, Puebla,
Hidalgo, México, Morelos, gran parte de Guerrero y Oaxaca y las costas de
Chiapas. Su fama llegaba hasta Canadá por el norte y Nicaragua por el sur.
Al establecerse en Tenochtitlán, la sociedad mantuvo la división en
macehuales ('campesinos') y pillis (la clase dirigente). Sin embargo, debido
al rápido crecimiento del imperio azteca, su sociedad también tuvo una rápida
evolución.
La división entre macehuales (ó macehualli) y pillis no era hereditaria,
aunque tendía a serlo, ya que los hijos de los pillis tenían acceso a una
mejor educación y a mejores recursos. Los españoles los llamaron nobles por
su incapacidad de comprender una cultura diferente de la europea.
Todos los jóvenes mexicas eran entrenados en la guerra. Al cumplir la mayoría
de edad se les rapaba la cabeza y sólo se dejaban crecer un mechón de pelo,
que sólo podían cortarse al obtener su primer prisionero, con lo cual podían
pasar a formar parte del ejército permanente. Al capturar 4 o 5 prisioneros
podía obtener el título de caballero jaguar o águila (a veces también
traducido 'capitán').
Los aztecas originalmente eran una de las tribus nahuas, y cuando llegaron al
valle de México, traian sus propios dioses. El mas importante era
Huitzilopochtli, cuyo nombre, en traducción llana, significa, colibri
izquierdo, el colibrí zurdo o colibrí del norte; sin embargo, según Laurette
Séjourné, en el lenguaje esotérico náhuatl se puede traducir como el alma
del guerrero que viene del paraíso.
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Al
llegar al valle de México, o valle del Anahuac, los aztecas trataron de
incorporar la cultura y los dioses de las civilizaciones mas avanzadas que
ya estaban establecidas y la de civilizaciones más antiguas como la
Tolteca; así incluyeron a Tlaloc, Tezcatlipoca y a Quetzalcóatl.
Sin embargo, algunos dirigentes aztecas como Tlacaelel modificaron la
historia para poner a su dios tribal, Huitzilopochtli, al mismo nivel que
los demás dioses nahuas.
Conforme los aztecas comenzaron a conquistar a otros pueblos, fueron
aceptando nuevos dioses y enlazando sus historias con las de los dioses que
ya tenían.
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VISTA DE LA GRAN TENOCHTITLÁN.
AL FONDO LOS VOLCANES IZTACCÍHUATL (a la izquierda) Y POPOCATÉPETL (a la
derecha)
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El estudioso moderno dr. Miguel León-Portilla afirma que, en la época de la
Conquista, los aztecas estaban en un proceso de sincretización donde todos
los dioses serían sólo expresiones de las potencias de una deidad
principal, Ometeotl/Omecihuatl.
Tal era el Pueblo Indígena que dominaba MÉXICO en 1519.
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¿Quién era Motecuhzoma
Xocoyotzin?(EXTRAÍDO
DEL LIBRO FLOR Y CANTO DEL NACIMIENTO DE MÉXICO)
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Motecuhzoma Xocoyotzin reinaba en Tenochtitlan para esas fechas. Gran
guerrero y hábil político, lo que, sin embargo, más definía su personalidad
era su insondable religiosidad. Hasta su elección había sido sacerdote,
profundo conocedor de la complicada teología indígena, y, como buen mexicano,
más dado a vivir en el mundo mágico de los dioses que en el de las
apariencias humanas. Su proceder errático y titubeante ante los españoles
sólo se explica si se toma esto en cuenta.
El caso de Motecuhzoma, bien poco estudiado, es digno de una tragedia griega
o de un memorable estudio psicoanalítico: su vida y su muerte fueron un
continuo luchar entre lealtades conflictivas, entre Quetzalcóatl y
Tezcatlipoca. Por su nacimiento, en año Ce-Acatl (Uno-Caña = 1467), estaba
ontológica y perpetuamente consagrado a Quetzalcóatl, y dedicó su vida a
cumplir incondicionalmente con esa consagración. Sin embargo, precisamente
esa vida de ilimitada entrega a sus deberes religiosos, le mereció que el
Tlatocan se fijara en él para designarlo sucesor de Ahuízotl. Así, al aceptar
ser el Huey Tlatoani de Tenochtitlan, quedaba irrevocablemente avocado a la
gloria de Tezcatlipoca-Huitzilopochtli... ¡Pocos seres humanos habrían de
vivir nada más dramático!
Sin embargo, sabía que sobre todo eso se balanceaba, funesta, la espada de
Damocles del retorno de Quetzalcóatl, que todo lo realizado bajo el signo y
en favor de Tezcatlipoca-Huitzilopochtli era provisional, poco menos que una
usurpación [2]. En su coronación había oído, como todos, que
ese poder se le confiaba provisoriamente: ".. Mirad que no es vuestro
asiento ni silla [..] que de prestado es, y será vuelto a Ce Acatl Topiltzin
Quetzalcóatl, cuyo es, que no habéis de permanecer para siempre jamás, y ésta
la tenéis como arrendada..." [3].
Fiel hijo de Quetzalcóatl por su nacimiento, deseoso de su venida y de su
triunfo, tenía ahora que temerlo y, en parte al menos, combatirlo como
lugarteniente de Huitzilopochtli y responsable del "Pueblo del
Sol".
Y a él nada se le escapaba de lo que sucedía en México: Ya desde antes del
naufragio de Guerrero y Aguilar habían llegado a sus manos ropas y armas
españolas "que ciertos hombres de la costa habían poco antes llevado
a Moteczuma una caja de vestidos con aquella espada y ciertos anillos de oro
y otras cosas de las nuestras, que hallaron a la orilla del agua, traídas con
tormenta..." [4], y sus vigías le tuvieron al tanto de lo
sucedido con Hernández de Córdoba. Hasta ese momento, sin embargo, el
problema no le concernía directamente, pues todo pasaba fuera del territorio
del Tlatocáyotl; pero los signos de una descomunal e inminente catástrofe
empezaron a pulular a medida que se acercaba el nuevo año Ce-Acatl, el año de
Quetzalcóatl (1519).
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Señales
que anunciaban una próxima catástrofe
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Según la versión directa del náhuatl del doctor Garibay, que proviene de las
aseveraciones de los informantes indígenas de Sahagún en el libro XII del
Códice Florentino, hubo 8 señales principales, que empezaron a ocurrir
10 años antes de la llegada de los españoles, que atemorizaron a los
indígenas, a Motecuhzoma de manera especial, y a todas luces, indicaban que
pronto, en cuestión de años tan solo, una desgracia se cerniría sobre el
Anáhuac.
En su Historia de Tlaxcala, Diego Muñoz Camargo parece seguir asimismo
las aseveraciones de los informantes de Sahagún, pues también describe las
señales funestas.
La primera fue una “espiga de fuego en el cielo”, lo que hoy conocemos como
cometa o estrella fugaz, que se veía muy claramente, desde el Oriente.
La segunda fue que el templo de Huitzilopochtli ardió de improviso, sin que
hubiera causa visible del incendio, que consumió todo lo que había de
combustible en el recinto.
La tercera fue un fenómeno desconocido, donde en medio de una leve llovizna,
un tremendo rayo cayó y destruyó un santuario de paja del dios Xiuhtecutli;
lo más sorprendente es que no se escuchó ningún trueno.
La cuarta fue una especie de fuegos en el cielo, que se veían como lluvia de
cometas que se movían del Oeste hacia el Este.
La quinta señal fue una marejada en el lago de Texcoco, donde mucha agua
inundó parte de Tenochtitlán, llegando a las casas habitadas.
La sexta fue que por las noches, durante algún tiempo, se escuchaban
lamentos, como si una mujer estuviera llorando, y gritaba “Hijitos míos,
tenemos que irnos lejos” y “Hijitos, ¿A dónde os llevaré?”.
La séptima fue que unos pescadores atraparon en el lago de Texcoco a un
pájaro que parecía grulla, y se lo llevaron a Motecuhzoma, quien en la cabeza
del pájaro pudo ver estrellas, como impresas en la cabeza del pájaro, y al
mirar con detenimiento, vio como si vinieran jinetes a prisa, cabalgando en
una especie de venados sin cuernos, y en actitud de combate, y cuando llamó a
sus acompañantes a que lo vieran, la extraña visión se desvaneció.
Por último, la octava señal fue que algunas gentes reportaban haber visto
monstruos extraños, como personas bicéfalas (con 2 cabezas), que anunciaban
el fin del mundo azteca, y que luego desaparecían.
Tan repetidas y fatídicas señales tenían a Motecuhzoma azorado y perplejo, y
el temor se dejó sentir en toda Tenochtitlán; en este ambiente de tenebrosos
presagios, y existiendo además la promesa de Quetzalcóatl de que un día
volvería, podemos juzgar el verdadero terror que llegó pocos años más tarde,
cuando un indio, natural de la costa maya, llegaría ante Motecuhzoma a
informarle, que “habían llegado del Oriente gentes extrañas, hombres
blancos y barbados, en pequeños cerros o torres flotantes, por el mar” [5].
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Hernán
Cortés zarpa de Cuba
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Ya hemos dicho que el gobernador Velázquez decidió enviar una expedición a
colonizar las tierras al oeste de Yucatán, y en esta expedición muchos
querían tener el mando; pero en este tipo de designaciones, prevalecían casi
siempre los intereses políticos y personales, y así Velázquez comisionó para
el mando de la expedición, a Hernán Cortés, con el título de Capitán, y quien
era amigo suyo.
Cortés se entusiasmó sobremanera con la empresa y se puso a hacer todos los
preparativos necesarios, recibiendo también un pliego de Velázquez con
instrucciones acerca de su comportamiento y obligaciones durante la
expedición, con base en las bulas alejandrinas y en el Tratado de
Tordesillas.
Pero casi a punto de salir, hubo diferencias entre Cortés y el gobernador
Velázquez, principalmente se habla de intrigas de enemigos de Cortés, y de
que Velázquez veía que Cortés se erigía en jefe absoluto de la expedición,
dejando en segundo término la autoridad gubernamental.
Y Cortés vio que si tardaba mucho, Velázquez tomaría medidas en su contra, y
le impediría zarpar. Por lo tanto, Cortés despachó correos convocando
voluntarios para el viaje, se apropió de comida y armas, a veces a costa de
saqueos. Velázquez se indignó y dio órdenes de arrestarlo, pero Cortés
recorría Cuba burlando a los agentes del gobernador, y dándose prisa para
zarpar.
Finalmente, y pese a los esfuerzos de Velázquez en detenerlo, Cortés salió de
Fernandina el 18 de febrero de 1519, con once navíos, más de quinientos
hombres entre soldados (infantería y caballería) y marineros, dieciséis
caballos, doscientos isleños, cañones, falconetes, ballestas, armaduras y
arcabuces.
Antón de Alaminos iba como piloto mayor, y once capitanes de flota, entre los
cuales destacarían Pedro de Alvarado, Francisco Montejo y Cristóbal de Olid.
Alvarado fue el primero en arribar a Cozumel; ahí se reunió la flota,
informándose de que efectivamente había españoles en Yucatán.
Cortés procedió a despachar al capitán Diego de Ordaz a Cabo Catoche, para
enviar un mensaje a dichos españoles, donde fijaba un plazo para comunicarse
con él. Venció el plazo sin noticias de los náufragos, y Ordaz regresó a
Cozumel.
Durante varios días, no obstante, la armada aguardó a los náufragos, antes de
internarse en el Golfo, pero estos no llegaron.
La flota zarpó alejándose de Yucatán, pero un navío sufrió un desperfecto, y
se vieron obligados a regresar.
Y cuando estaban llegando de vuelta a Cozumel, una canoa con indígenas se
dirigió a la flotilla, y un indio se acercó a los españoles, y ante el
estupor de éstos, saludó en castellano diciendo: ¡Dios, y Santa María y
Sevilla! [6]
Resultó que este indio no era indio, sino uno de los náufragos españoles que
Cortés había buscado; Jerónimo de Aguilar, quien vino a ser de gran utilidad
en su empresa, pues hablaba la lengua maya. Aguilar fue llevado ante Cortés y
relató como había naufragado su barco en 1511, salvándose sólo él y Gonzalo
Guerrero.
Guerrero se había hecho completamente indio, casado con una india y
entrenador de los guerreros que habían vencido a Hernández de Córdoba.
Aguilar nunca quiso unirse a su compañero, y menos por ser diácono, lo cual
le imponía también el celibato.
Bernal Díaz del Castillo consigna que Gonzalo Guerrero no quiso unirse a la
expedición, por estar a gusto con su vida de indio, y aparte, por temor de
que se descubriera su participación en el ataque a Hernández de Córdoba.
La flota de Cortés abandonó Cozumel y se acercó por el golfo a Champotón,
donde Cortés quería vengar a Hernández de Córdoba, pero el consejo de
Alaminos le hizo desistir de su empeño y seguir hasta el río Grijalva, en
territorio de Tabasco.
Los indios tabasqueños intentaron rechazarlos, pero los españoles los
derrotaron con facilidad, y se instalaron en unos templos.
Al día siguiente los tabasqueños contraatacaron con un ejército de
dimensiones considerables, que los españoles vencieron gracias a su
caballería y sus cañones; existe además un relato de López de Gómara y
Bernardino Vázquez de Tapia que señalan la intervención personal del apóstol
Santiago a favor de los castellanos. [7].
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Una
primera impresión para Motecuhzoma
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Reconociendo su derrota, los tabasqueños pidieron a Cortés la paz, y
obsequiaron a los españoles veinte esclavas indias, entre ellas La Malinche o
Malintzin, a quien los españoles llamarían Doña Marina, y que sería, como
Aguilar, pieza clave en la conquista; ella hablaba náhuatl, la lengua de los
mexicas, y el maya. Cortés podía pues, comunicarse con el propio Motecuhzoma.
La influencia de Marina en la Conquista no dejó de tener sus efectos; primero
Cortés se dirigía a Aguilar en español, éste traducía al maya a Marina, y
finalmente ella hablaba a los mexicas en náhuatl.
Esta triple versión tuvo muchas consecuencias, pues aunque Cortés siempre
negó ser dios, Marina siempre encabezaba sus traducciones con “estos
dioses dicen..” [8]
Los españoles avanzaron, dejando detrás a amigos indígenas, y llegaron a lo
que hoy es San Juan de Ulúa, en Veracruz.
Por una casi imposible casualidad, Cortés llegó a éste lugar el 22 de abril
de 1519, día Chiconahui-Ehécatl (Nueve-Viento), del año Ce-Acatl (Uno-Caña),
el día exacto del nacimiento de Quetzalcóatl.
Ese día era el indicado para el regreso de Quetzalcóatl, que Motecuhzoma
esperaba desde que tuvo noticias de la expedición de Grijalva.
El hecho de que Cortés llegara justo el día en que se preveía el retorno de
Quetzalcóatl, tuvo el impacto que es de prever, principalmente en
Motecuhzoma, distinguido sacerdote y amplio conocedor de la teología azteca.
Pero Motecuhzoma no era ningún crédulo; se propuso comprobar más
detalladamente si los que venían eran los dioses.
Para ello envió una embajada a Cortés, con la instrucción de ofrecerle un
sacrificio; la reacción de los llegados demostraría si eran o no los dioses
esperados.
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Y
los españoles reaccionaron justo como lo hubiera hecho Quetzalcóatl, con
horror y asco ante el sacrificio, que Cortés castigó en sus autores; con
esto aprobaban con 10 el examen al que les sometiera Motecuhzoma. [9]
Pesaba además que los españoles desplegaron un espectáculo de caballería,
cañonazos y disparos de arcabuces, para impresionar a los embajadores, cuyos
tlacuilos dibujaron bocetos de los “teules” (dioses), para llevarlos a
Motecuhzoma.
Si bien Cortés no era ningún blasfemo, y nunca afirmó ser Dios, antes bien
lo negó, el mensaje que envió a Motecuhzoma resultó entendible sólo en un
sentido para el huey tlatoani, esa secuencia tan compleja de ser enviado
del rey de España, a quien el Papa, Vicario de Cristo Hijo de Dios, había
confiado difundir la fe, sonó en su mentalidad sacerdotal a que
Quetzalcóatl regresaba, finalmente, a tomar la prometida revancha contra
Huitzilopochtli (Tezcatlipoca).
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MOTECUHZOMA OBSERVA LOS DIBUJOS
DE LOS ESPAÑOLES HECHOS POR SUS TLACUILOS
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Cortés
y Motecuhzoma convocan a sus Consejos
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Decidir lo que se haría después fue cosa que tanto el extremeño como el
tenochca se dispusieron a hacer.
Cortés consultó con sus capitanes, y aunque una facción velazquista propuso
el retorno a Cuba, Cortés sabía que regresar a Cuba era para él la muerte o
la cárcel, por lo que dimitió de su cargo, y los capitanes amigos suyos le
ofrecieron el título de Capitán General, que él fingió rechazar para luego
aceptar: esto le confería el mando de la expedición sin estar sometido a
Velázquez, sino directamente a Carlos V -quien para conveniencia de Cortés,
ignoraba absolutamente cuanto ocurría en esta nueva aventura de sus súbditos
conquistadores de América-.
Al tiempo en que Cortés ascendía a este rango, Motecuhzoma convocó a su
Consejo para decidir qué hacer ante la llegada de los “teules”.
Una parte del consejo, de tendencia guerrera, y acaudillada por el hermano de
Motecuhzoma, llamado Cuitlahuac, recomendó oponerse a los “teules” con todo
el poderío de Tenochtitlán y de la Triple Alianza (cosa que, desde luego,
hubiera significado el fin de los españoles). [10]
Pero Motecuhzoma y los sacerdotes pensaban de manera distinta:
Huitzilopochtli era un dios advenedizo, mientras que Quetzalcóatl era el
“titular” de la casa, el verdadero dueño de México, y en la teología azteca,
Quetzalcóatl iba a vencer al advenedizo, y si Huitzilopochtli se resistía,
conocería la humillación de ser prisionero; además de que una lucha de tal
calibre entre los dioses podría significar el fin del Quinto Sol, cuyo
equilibrio era primordial conservar.
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QUETZALCÓATL Y HUITZILOPOCHTLI,
LOS GRANDES RIVALES, CUYA ENEMISTAD IBA A TENER HONDA TRASCENDENCIA EN LA
CONQUISTA DEL ANÁHUAC
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Comprometido como huey tlatoani, con el pueblo de Huitzilopochtli,
Motecuhzoma no tenía el menor deseo de entregar a Tenochtitlán inerme en
manos de los “teules”.
Todo lo contrario: pensó resistir a Quetzalcóatl, pero con armas divinas; la
magia.
La intención de esta resistencia era convencer a Quetzalcóatl de que se
conformara con una reparación moral de su antigua derrota, sin desbancar a
Huitzilopochtli [11].
Para probar la fuerza del renovado Quetzalcóatl, Motecuhzoma envió contra él
dos embajadas de brujos de Tezcatlipoca, cuyos ritos mágicos no tuvieron
ningún efecto. [12]
Este fue el primer intento de Motecuhzoma por detener a los españoles, al
cual sucederían muchos más; por lo que no se puede decir que Motecuhzoma
fuera un cobarde o un traidor; quiso salvar a su pueblo, y para ello desplegó
todas las argucias teológicas y mágicas que su visión sacerdotal le permitía,
estando también a punto de caer en la cuenta de que los “teules” no eran sino
simples hombres.
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Estancia
de Cortés en Cempoala
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Decidido a no volver a Cuba, y aún suponiendo los tremendos peligros y dificultades
que iban a arrostrar, Cortés cortó por lo sano a los partidarios de
Velázquez, y mandó desfondar los navíos de la flota frente a Cempoala, con lo
cual los españoles quedaban aislados en tierra desconocida, probablemente
hostil, y sin más remedio que seguir adelante.
Como jefe de la expedición, Cortés ordenó la destrucción de los ídolos, entre
ellos el dios principal de los totonacas, el Tajín. [13]. Para los indios era totalmente desconocido
un dios que exigiera la aniquilación de los demás dioses, ya que unos y otros
eran necesarios para el equilibrio global.
La renuencia a cometer tal sacrilegio estuvo a un paso de provocar un
enfrentamiento que hubiera sido fatal para los castellanos, pero Doña Marina
intervino haciéndoles ver a los totonacas que su alianza con Cortés era una
ofensa a Huitzilopochtli, y que sólo escaparían de la venganza mexica si
acataban al pie de la letra las órdenes de Quetzalcóatl.
Con gran amargura y llanto, los totonacas hubieron de aceptar, y sólo
pidieron que no les tocara a ellos cometer el sacrilegio, por lo que los
españoles destrozaron los pedestales de los dioses, y los templos fueron
acondicionados para el culto cristiano, mandando poner Cortés una cruz y una
imagen de la Virgen María. [14]
Resulta al mismo tiempo interesante comprobar cuán honesta y sincera era la
intención española de evangelizar a los indígenas. Llegados en busca de oro,
y listos para ir a Tenochtitlán, se detuvieron en Cempoala, a enseñar a los
indios a poner arreglos florales y a fabricar velas: evangelizar no era
un pretexto para la conquista, como muchos pretenden, era un
propósito real y que los españoles cumplieron devotamente. Al respecto, José
Luis Guerrero reflexiona que no puede uno imaginarse a los hunos de Atila, o
a los vikingos, a los alemanes de Hitler o a los yanquis en Vietnam,
conquistando una población, y parándose a enseñarles a fabricar velas y poner
flores.
El 18 de agosto de 1519, los españoles salieron de Cempoala, dejando detrás
de ellos el Ayuntamiento de la Villa Rica de la Vera Cruz, regida por Juan de
Escalante como gobernador. En Veracruz quedaban también los más viejos y
enfermos, además de parte de los marineros, que no sabían pelear.
Cortés llevaba consigo una fuerza de 400 infantes, 15 caballos, 7 cañones y
unos cuantos miles de totonacas.
Semejante masa humana tenía problemas para hallar abastecimiento, y
Motecuhzoma, preso en su compleja mentalidad religiosa, era incapaz de ver
algo obvio: que los invasores estaban indefensos, y que con prohibir a sus
súbditos dar comida y pertrechos a los “teules”, la victoria sería suya.
Al mismo tiempo, la belleza y contrastes del paisaje iban a cautivar a los
españoles, quienes dieron a esta tierra un nombre que ninguna otra colonia
del Caribe ni del Centro había merecido aún: La Nueva España.
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Los
castellanos avanzan hasta Tlaxcala
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Los cempoaltecas (totonacas), habían programado la ruta hacia el Anáhuac
cruzando Tlaxcala; cosa que quiso evitar Motecuhzoma, por sospechar de las
intenciones del nuevo Quetzalcóatl de alistar en sus huestes a los
tlaxcaltecas, el único pueblo (junto con los purépechas), que seguía
resistiendo el poderío mexica, que era independiente y que ocasionalmente se
enfrentaba a los aztecas en la Guerra Florida.
Cortés envió emisarios totonacas a Tlaxcala, para aconsejarles la rendición,
añadiendo que venía como amigo y en son de alianza. [15]
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Los
totonacas enviados a Tlaxcala pudieron decir, finalmente, que éste nuevo
Quetzalcóatl había derrotado a Tajín, y que al parecer, iba en camino de
vencer al mismo Huitzilopochtli, por lo que someterse a él era lo más
aconsejable.
Pero los tlaxcaltecas hallaron ofensivo semejante mensaje; ellos tenían por
dios tribal a Camaxtle, y si Camaxtle podía desafiar y resistir a
Huitzilopochtli, muy bien podría hacer lo mismo con Quetzalcóatl.
Los totonacas fueron, pues, enviados de regreso, con la respuesta de que
“se trataba de argucias del traidor de Montezuma”, [16] un huey tlatoani que se había hecho
más odioso que los anteriores en Tlaxcala, y que los tlaxcaltecas se
disponían a hacer frente y aniquilar a los llamados “teules”.
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LOS ESPAÑOLES CAMINO DE
TLAXCALA
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Al acercarse los castellanos, los de Tlaxcala atacaron con un ejército muy
superior en número [17],
y aunque hubieran podido exterminar a los españoles, se retiraron al darse
cuenta, con cierta sorpresa, de que ellos morían a distancia ante los
disparos de arcabuces, mientras que los “teules” no salían heridos de las
pedradas, protegidos como estaban por sus armaduras.
[18]
Una nueva incursión tlaxcalteca al campamento español significó ya una
derrota para los españoles, a quienes sólo salvó la retirada de los indios,
sin que se sepa bien por qué se retiraron.
Sin saber por qué tan pocos “teules” resistían a los miles de tlaxcaltecas
que repetían los ataques, los sacerdotes de Camaxtle aportaron una respuesta
luego de estudiar la situación; tenían que atacar de noche, pues el día era
propicio a Quetzalcóatl, y del Oriente salía el sol, y del Oriente venían los
“teules”.
Los tlaxcaltecas atacaron pues de noche, seguros de la victoria, pero los
españoles resistieron con toda la fuerza de que eran capaces, y finalmente,
consiguieron poner en fuga a los indígenas.
Pero tal victoria fue desastrosa (pírrica) para los españoles, con 55
muertos, un gran número de heridos y enfermos, sin abrigos y sin comida;
estaban al límite de su resistencia, y se dieron cuenta de que si sufrían
otro ataque, su expedición habría terminado.
El pánico y el temor cundió entre los españoles, a quienes la fuerza de
Tlaxcala les infundió peores temores de lo que sería la potencia de
Tenochtitlán, pues si así luchaban los reducidos tlaxcaltecas, el poderío de
los aztecas sería de verdad invencible.
Fue entonces cuando muchos quisieron desertar, implorando a Cortés el regreso
a Veracruz y luego a Cuba. [19]
Pero Cortés se mostró inflexible, confesó sentir la misma angustia, pero no
creía que el retroceso fuera la solución; tenían que tener mayor fe en Dios,
por cuyo Evangelio luchaban, y además, ¿Qué diría Motecuhzoma si los veía
retroceder? Y los totonacas, que ya eran sus aliados, ¿Seguirían siéndolo si
los veían regresar derrotados? [20]
Semejante coraje y sinceridad evangélica inspira respeto; para los españoles
no fue cosa fácil la Conquista, sino sobrehumana, casi imposible, y hubieron
de luchar contra sus propios miedos y debilidades, a fin de avanzar y ganar.
Y no cabe duda que tener a semejantes hombres entre nuestros antepasados,
debe ser un motivo más de orgullo, y no de odio como es más común entre los
mexicanos actuales.
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Y
fue luego de su derrota nocturna, que los tlaxcaltecas se convencieron de
que el nuevo Quetzalcóatl era superior a Camaxtle, y que su única
alternativa era rendirse.
Así, Tlaxcala abrió sus puertas a Cortés y los señores principales,
dirigidos por Xicoténcatl, se declararon amigos y aliados, súbditos de
Carlos V y devotos de Quetzalcóatl, traducido finalmente en Jesucristo y en
la Virgen María.
Y los tlaxcaltecas iban a ser aliados fieles hasta la muerte,
incondicionales y totalmente apegados a la alianza fijada, incluso luego de
la Noche Triste.
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CORTÉS RECIBE LA RENDICIÓN
DE LOS SEÑORES DE TLAXCALA
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Quetzalcóatl
desafía a los dioses antiguos
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Durante su estancia en Tlaxcala, los españoles vivirían otro episodio que
incrementó su prestigio divino ante los indígenas.
Desde Tlaxcala, los castellanos habían visto a los dos volcanes que dominaban
el panorama. Del otro lado del llano de Cuetlaxcoapan (donde hoy está
Puebla), y ocultando el Valle de México, se levantaban, nevados e imponentes,
el Iztaccíhuatl y el Popocatépetl.
Este último les llamó mucho la atención, por sus constantes fumarolas; en
aquella época, el Popocatépetl estaba en plena actividad.
Los españoles quedaron sorprendidos, pues ellos no habían visto nada parecido
(sólo habían escuchado relatos de los volcanes Etna, en Sicilia, el Vesubio
en Italia y los que había en Islandia), y por mera curiosidad, el capitán
Diego de Ordaz solicitó de Cortés el permiso de ir a escalar el volcán.
Cortés concedió el permiso, y Ordaz partió con algunos indios muertos de
miedo. [21]
El subir el volcán significaba para los indios un desafío desquiciado, ya que
ambos volcanes eran morada de los dos dioses más poderosos y de más alta
alcurnia en el Anáhuac, en el Iztaccíhuatl dominaba Tláloc, quien mantenía su
Tlalocan en las nieves eternas, y en el Popocatépetl regía Xiuhtecutli o
Huehuetéotl, el Dios del Fuego.
Quetzalcóatl resultaba advenedizo e insolente al desafiar así a los dioses
mayores, pero obviamente, Ordaz no lo sabía, y subió al volcán con algunos
indios casi a rastras. Una coincidencia aumentó la importancia de la
ascención, pues durante unos días el Popocatépetl humeó más de lo normal,
echando incluso llamaradas de fuego por el cráter, lo cual en la mente
indígena no significaba sino que Xiuhtecutli se enfurecía al ver violados sus
dominios.
Desde Tenochtitlán también se pudo ver como llameaba el volcán.
[22]
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DOS VISTAS DEL VOLCÁN
POPOCATÉPETL, (a la derecha una vista desde Cholula), LA "MONTAÑA
HUMEANTE" QUE ES UN VERDADERO SÍMBOLO DEL ANÁHUAC: SEGÚN LA MITOLOGÍA
AZTECA, EN ESTE VOLCÁN REINABA EL DIOS VIEJO DEL FUEGO
XIUHTECUTLI-HUEHUETÉOTL
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Si bien para los españoles significó un suceso interesante y un tanto
difícil, para los indígenas tuvo un verdadero impacto teológico, estos
“teules” resultaban más poderosos de lo que nadie había imaginado, pues
habían vencido a los dioses mayores, los dioses viejos y superiores del
Anáhuac.
Y Ordaz trajo como relación a Cortés, que al otro lado del volcán, hacia el
valle que ocultaban las montañas, “había visto un mar rodeado de grandes
poblaciones y torres, y que en medio de dicho mar había una gran ciudad
edificada” [23].
Más tarde, desde Cholula, Cortés enviaría otra expedición a subir al volcán,
pero no lograron llegar hasta arriba, volviendo con nieve y hielo, dejando
pasmados a los españoles que no habían ido, y quienes no creían que pudiera
haber nieve en el paralelo donde se situaban las tropicales Cuba y Santo
Domingo. [24]
Aún desde nuestro punto de vista moderno, la escalada de Ordaz fue
verdaderamente una hazaña: Hoy día nadie sube al Popocatépetl sin equipo de
alta montaña y sin guías, se sube por caminos bien trazados y conocidos,
donde hay refugios para los alpinistas, se cuenta con medicamentos,
botiquines y equipos de rescate, y nadie sube en plena actividad volcánica (yo mismo, Jesús Hernández, he tenido que tragarme mis
deseos de subir al Popocatépetl, por la actividad que registra desde hace
algunos años).
Resulta increíble pensar que unas gentes acostumbradas a respirar al nivel
del mar, a vivir en clima mediterráneo en España o cálido en el Caribe, y que
sin ningún equipo técnico, hayan podido subir así, como "de paseo",
al Popocatépetl; tan increíble es, de hecho, que el ilustre científico alemán
Alexander von Humboldt no dio crédito a los relatos españoles, tachando de
Imposible, la ascención al volcán. [25], Como bien dice José Luis Guerrero, nos
proporciona una prueba más de cuán verdaderos superhombres forjó España en su
Siglo de Oro, y del increíble temple de los cofundadores de nuestra
nacionalidad. [26]
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La
Matanza de Cholula
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Finalmente, los españoles contaban con la importante alianza de Tlaxcala, con
la de los totonacas, y a estas dos se sumaron Huejotzingo, ciudad que vino a
ofrecer su alianza al saber de la ascención al Popocatépetl [27], y la misma alianza se
hizo con el caudillo texcocano Ixtlilxóchitl, quien se había rebelado contra
el rey de Texcoco y contra Motecuhzoma.
Motecuhzoma, luego de imponer a su favorito como rey de Texcoco, mantenía en
jaque a Ixtlilxóchitl, amenazando con aplastarlo en cualquier momento, y el
rebelde encontró una excelente oportunidad al acercarse Cortés, y hacer
alianza con él. [28]
Pero ni con todas sus fuerzas, los aliados se atrevían a atacar a
Tenochtitlán, considerando una locura semejante intento, aunque viniera del
poderoso Quetzalcóatl.
Uno de los jefes totonacas que los acompañaban les dijo que él sabía que
aunque les llamaran“teules”, eran hombres y no dioses, y que los mexicas eran
tantos y tan poderosos, que nunca podrían contra la gran Tenochtitlán. [29]
Saliendo de Tlaxcala, con una correspondiente y nutrida escolta, los
castellanos avanzaron hacia los volcanes, en ruta a la ciudad de
México-Tenochtitlán, pasaron por detrás del cerro de Matlaltcueye (La
Malinche), y tras seguir el borde de lo que hoy es la ciudad de Puebla,
llegaron a Cholula.
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Fue
el propio Motecuhzoma quien insistió en que fueran a Cholula, por razones
que explicaremos de inmediato, mientras que los aliados indígenas
desaconsejaban pasar por dicha ciudad. [30]
Cholula era la Ciudad Santa del Anáhuac, con su pirámide que es la
mayor en el mundo, y era la ciudad de Quetzalcóatl por excelencia.
Aquí Motecuhzoma intentó otro brillante plan; dando órdenes a los
cholultecas de que atacaran a los españoles. (Algunas fuentes indígenas
contradicen esto, pero lo cierto es que Motecuhzoma quería a los españoles
en Cholula.)
Teológicamente esto significaba un enfrentamiento de Quetzalcóatl contra
Quetzalcóatl, pues el dios lucharía contra su propia ciudad. Suponía
Motecuhzoma que el tremendo poderío de este dios, capaz de vencer a los
dioses viejos, como eran Tláloc y Xiuhtecutli, se debía a que el dios era
Xólotl, el gemelo maligno de Quetzalcóatl, como un “doble” suyo, y un
enfrentamiento de este calibre iba a causar su caída.
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LA PIRÁMIDE DE CHOLULA; LA MÁS
GRANDE DEL MUNDO
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Los españoles advirtieron en Cholula los preparativos para el ataque, y
advertido por Marina y por los tlaxcaltecas, Cortés decidió atacar primero.
Convocó a los principales cholultecas, y éstos le confirmaron su temor: era
Motecuhzoma quien estaba detrás de todo, y lo repitieron enfrente de los
embajadores mexicas.
Pero Cortés encontró como salirse con la suya, y dijo a los embajadores que
estaba seguro de que los cholultecas mentían, acusando a Motecuhzoma de
traición inventado que obedecían sus órdenes, pero que él no creía a
Motecuhzoma capaz de tal cosa, y que iba a defenderlo de dicha acusación. [31].
Y los embajadores de Motecuhzoma tuvieron que ser testigos impotentes de la
matanza que los españoles hicieron con los principales cholultecas y con los
guerreros.
Posteriormente, el resto de los cholultecas juró vasallaje a Carlos V, con lo
que aumentaba el poder del nuevo Quetzalcóatl; al tiempo en que los
tlaxcaltecas recibían como premio oro, sal, mantas de algodón y esclavos.
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El
combate desesperado: Motecuhzoma contra los dioses
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A la par que los españoles avanzaban, Motecuhzoma se confundía cada vez más,
ya que la teología que él conocía no explicaba por completo a estos
misteriosos “teules”.
Fue significativo que Cortés le envió una medalla de oro con la imagen de San
Jorge venciendo al dragón [32],
y a los ojos de Motecuhzoma parecía un “teule” derrotando a la serpiente
voladora, al antiguo Quetzalcóatl, lo cual se traducía como la destrucción
del Anáhuac.
Para mantener el equilibrio del Omeyocan, se requería del agua divina, de la
sangre, saciando la sed de todos.
Pero estos “teules” resultaban incomprensibles sobre la sangre; ellos la
derramaban a ríos, pero en el campo de batalla o bien por el ataque a
traición; pero al mismo tiempo, les horrorizaba la forma más divina de
derramar sangre; el sacrificio.
Esto no tenía ningún sentido, pues para los indígenas lo contrario era lo
lógico, derramar la sangre en el sacrificio y no en combate mano a mano, sin
contar que los indígenas nunca atacaban por sorpresa.
Pero Motecuhzoma estaba decidido a defender a su pueblo hasta el fin; con
todas las armas de la teología azteca, y ya cerca de Tenochtitlán, los
españoles recibieron una embajada donde se les ofrecía cerca de 10 toneladas
de oro, una oferta que estuvo a punto de hacerlos regresar, millonarios y con
poder de adquirir mayores recursos para la Conquista. Pero Cortés, quien ya
había despachado correos a Carlos V, decidió que pese a tan tentadora oferta,
ellos eran heraldos del Rey y de Dios, y no podían dar marcha atrás en la
labor de evangelizar, y que sería un tanto absurdo regresar estando ya tan
cerca de la gran ciudad. [33]
José Luis Guerrero nos hace una puntual reflexión al respecto: Si los
españoles hubieran sido los vulgares bandidos que pinta la
"Historia Oficial", no sólo habrían aceptado gustosos el soborno,
sino que además se habrían ido con el convencimiento de que podían ir y
exigir de nuevo el tributo cuantas veces les viniera en gana. Sin embargo,
ellos tomaban muy en serio la Misión Evangelizadora, y mantenían lealtad a su
Rey, y fidelidad a Su Dios, Cristo, conscientes de que a ambos iban a rendir
cuentas, y que era de buenos cristianos sacar a los indígenas de la
"diabólica idolatría", y pese a la denostación de su inquisitorial
proceder que les han hecho críticos modernos, algo no puede negarse: EL
DESEO DE EVANGELIZAR ERA SINCERO, y se sobrepuso a su ambición personal,
con lo cual rechazaron por razones morales el tesoro que con esas
condiciones les ofrecía Motecuhzoma. Si en vez de españoles hubieran sido
turcos, normandos, o inclusive ingleses, más avezados a la piratería y al
saqueo indiscriminado, la cosa hubiera sido distinta.
Rechazando pues, el soborno, los españoles cruzaron por en medio de los
volcanes -lo que hoy es Paso de Cortés-, y por fin avistaron el gran valle
donde se veía Tenochtitlán, ante cuya vista quedaron fascinados. [34]
Y llegando al primer poblado, una vez más Motecuhzoma los enfrentó,
enviándoles a unos brujos con un “plato envenenado”.
Este plato consistía en carne humana ofrecida en sacrificio a
Huitzilopochtli, se había convertido con ese sacrificio en carne de
Tezcatlipoca, y si Quetzalcóatl la comía, tenía que morir por una suerte de
alergia a su peor enemigo.
Pero Marina puso en guardia a Cortés, advirtiendo que los brujos hablaban el
dialecto de las clases bajas, y Cortés sometió a tormento a los embajadores,
arrancándoles el secreto.
Furioso, Cortés mandó quemar la carne humana y enterrarla, enviando de vuelta
a los brujos acusándolos de que le habían querido hacer daño pretextando ser
enviados de Moctezuma. [35]
Otra vez piensa uno en la palabra Providencia, cuando se considera la
importancia del asunto; si Marina no hubiera advertido a Cortés, éste hubiera
comido con su acostumbrado apetito, sin sufrir ningún daño, pero entonces
Motecuhzoma -conocedor indiscutido de la teología indígena-, se hubiera dado
cuenta de que los “teules” eran simples hombres, y hubiera salido de su
confusión teológica, entendiendo claramente que Quetzaltcóatl finalmente no
había regresado.
Pero en vez de esto se dieron las cosas de tal modo que la única conclusión
fue que Quetzalcóatl parecía invencible.
Y los brujos vivieron una experiencia paranormal, donde el propio
Tezcatlipoca les dijo que había llegado el fin de México y que ya no le
podían pedir nada. [36]
Con esta negra premonición, Motecuhzoma empezó a desistir de su
enfrentamiento; Cortés ignoraba por completo que desde Veracruz, Motecuhzoma
había librado una verdadera guerra contra él, y que había perdido.
Primero le había enviado regalos y reconocido su preeminencia, pero
Quetzalcóatl no se conformó con esto.
Los ataques mágicos habían fallado.
Los tlaxcaltecas habían ensayado el enfrentamiento militar, y habían acabado
aliándose con él.
Intentó enfrentar a Quetzalcóatl contra sí mismo en Cholula, pero sólo
consiguió que aumentara su número de aliados.
Intentó sobornarlo, pero el enemigo había resistido.
Según la religión azteca, la pirámide de Cholula era una "bomba
acuática", y que si le quitaban algunas piedras incrustadas, conocidas
sólo de los sacerdotes, estallaría un cataclismo de agua, que ahogaría a
todos los seres vivos a su alrededor. Los sacerdotes habían "detonado la
bomba", retirando las piedras-clave, y... nada había sucedido. Para los
indígenas y Motecuhzoma, eso no significó que su creencia sobre la pirámide
fuera falsa, sino que simplemente este nuevo Quetzalcóatl era absolutamente
invencible.
Intentó envenenarlo con alimento de Huitzilopochtli, y Quetzalcóatl había
descubierto la trampa.
Había visto cómo los "teules" derrotaban a los dioses supremos del
Anáhuac, al invadir los dominios de Xiuhtecutli.
Y para colmo de males, su dios Tezcatlipoca le decía que no iba a ayudarlo
más.
Motecuzhoma había peleado con todas sus fuerzas... y había perdido.
Finalmente, no le quedaba sino resignarse y aceptar su derrota con dignidad,
dispuesto a ir al sacrificio ante el vencedor. [37]
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Cortés
y su tropa entran en Tenochtitlán
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Los castellanos bajaban hacia el Valle de México más confortados por el gran
número de aliados que dejaban atrás; pese a ello, sus acompañantes
tlaxcaltecas veían con terror lo cerca que estaban de la temida Tenochtitlán,
la ciudad que regía todo el Anáhuac y señoríos tan lejanos, hasta Veracruz y
Oaxaca, y donde iban a ser recibidos por los peores enemigos que tenían; los
mexicas.
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TRAZO DE LA RUTA QUE SIGUIERON
LOS ESPAÑOLES DESDE VERACRUZ HASTA TENOCHTITLÁN, Y UN PLANO DEL LAGO DE
TEXCOCO CON LOS SEÑORÍOS QUE HABÍA A SU ALREDEDOR, CUANDO LLEGARON LOS
"TEULES"
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Los conquistadores llegaron a Chalco, Ixcatyopa, y siguieron poblado tras
poblado hasta alcanzar Ixtapalapa.
Por esta calzada, finalmente los españoles entraron en Tenochtitlán, siendo
para los aztecas un espectáculo verlos desde las canoas en formación de
batalla, la caballería con las lanzas a punto, con la visera puesta, y la
infantería con sus arcabuces, sumando a ello los perros que llevaban, grandes
y peludos, en nada parecidos a los “itzcuintlis” mexicanos. [38]
Los europeos no se sintieron menos sorprendidos al entrar en la ciudad, que
para ellos resultaba enorme, con una población de 300 mil habitantes, muy por
encima de sus ciudades.
Toledo, por ejemplo, era la mayor ciudad española de la época y sólo llegaba
a 40 mil habitantes, y detrás de ella estaban Madrid, Zaragoza, Sevilla y
Alicante. Incluso la mayor ciudad de Europa, París, con 65 mil habitantes, no
tenía ni siquiera una cuarta parte del tamaño y población de la gran
Tenochtitlán. Sentían, pues, el sobrecogimiento del pueblerino que visita una
gran metrópoli.
El encuentro entre Motecuhzoma y Cortés se dio -según los historiadores- por
la acequia de Xoloc, donde hoy está la calzada de Tlalpan.
Motecuhzoma, revestido de todas sus galas reales, llevado por porteadores,
saludó a Cortés mediante un discurso de bienvenida, en el que lo invitaba a
descansar de su viaje, citando en su bienvenida a sus antecesores
huey-tlatoanis. El discurso significaba propiamente la plegaria de un
derrotado a un dios vencedor. [39]
Cortés, mediante Aguilar y Marina, entendió y se hizo entender por
Motecuhzoma, manifestando su satisfacción por haber llegado al fin.
Con Motecuhzoma venían los señores principales de Tenochtitlán, entre ellos
el impuesto rey de Texcoco, Cacamatzin, y el señor de Tacuba,
Tetlepanquetzaltzin, con lo cual los jefes de la Triple Alianza se hallaban
presentes.
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A LA IZQUIERDA UNA
RECONSTRUCCIÓN DE TENOCHTITLÁN, COMO LA VIERON LOS ESPAÑOLES, Y A LA
DERECHA, UNA MUESTRA DE LAS FRUTAS AMERICANAS QUE PROBARÍAN CON SORPRESA
LOS EUROPEOS
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Los españoles fueron instalados en el palacio del antiguo tlatoani Axayácatl,
donde encontraron un enorme tesoro consistente en oro, piedras preciosas,
pluma, mantas de algodón y objetos de orfebrería y cerámica; dicho tesoro fue
dejado por el momento intacto.
Los españoles recorrieron la ciudad, visitando el gran mercado de Tlatelolco,
las chinampas y el Templo Mayor.
Entonces probarían por primera vez, y con gran sorpresa y placer, frutas
desconocidas como la “mazatli” (piña), la “xalxócotl” (guayaba),
“chichihuaxócotl” (papaya), “tezonzapotl” (mamey), zapote negro, chirimoya,
pitaya, guanábana, tunas, etc. Y tendrían oportunidad de deleitar sus
paladares con el “xocolatl” (chocolate), la misteriosa bebida endulzada con
miel o bien amarga, y aromatizada con la flor negra, la “tlixóchitl”, que los
españoles llamarían vainilla.
Pero casi de inmediato, Cortés no se confió de los indígenas, y temía que en
cualquier momento cambiaran de actitud. Así pues, instaló puestos de guardia
en el sólido palacio donde se alojaban, lo fortificó y dispuso un verdadero
cuartel.
Los españoles visitaron el Teocalli o Templo Mayor, donde recibieron una de
sus peores impresiones, al ver las miles de calaveras en el tzompantli,
ídolos por doquier, y sangre seca y fresca, causó horror y asco a los
españoles.
Cortés demandó a Motecuhzoma que se quitaran los ídolos para poner una cruz y
una imagen de la Virgen, diciéndole con toda claridad que sus dioses eran “cosas
malas, que se llaman diablos” [40]
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Según la Teología azteca, Quetzalcóatl tenía derecho de imponer su imagen en
el templo de los vencidos, pero no tenía derecho a echarlos a ellos, ni a
insultarlos, por lo que Motecuhzoma y los sacerdotes se indignaron
amenazadoramente, y Cortés hubo de disculparse y resignarse a que los ídolos
permanecieran, si bien obtuvo permiso para levantar una capilla en su
cuartel, donde impuso la oración diaria, de rodillas, a todos los soldados. [41]
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