La urgencia de la conversión
Por Ing.
José Miguel Arráiz
Así dice
el Señor
“…Desde
entonces comenzó Jesús a predicar y decir: «Convertíos, porque el Reino de
los Cielos ha llegado.»” Mateo 4,17
Jesús comenzó su
predicación con este importante llamado: "¡Conviértanse!",
pero…
¿Qué es
convertirse?
Convertirse es hacer que
nuestra vida cambie de dirección, si íbamos a la izquierda, ahora vamos a la
derecha. Si vivíamos actuando mal significa comenzar a vivir actuando bien.
¿Por qué
debemos convertirnos?
La Iglesia nos enseña
que la salvación es un don gratuito de Dios, o lo que es lo mismo: Un regalo
que nos ha sido otorgado inmerecidamente:
“él nos salvó, no por obras de justicia que
hubiésemos hecho nosotros, sino según su misericordia, por medio del baño
de regeneración y de renovación del Espíritu Santo,” Tito 3,5
Y ese regalo de la
salvación lo recibimos por medio de la fe:
“estando
muertos a causa de nuestros delitos, nos vivificó juntamente con Cristo - por
gracia habéis sido salvados - y con él nos resucitó y nos hizo sentar en
los cielos en Cristo Jesús, a fin de mostrar en los siglos venideros la
sobreabundante riqueza de su gracia, por su bondad para con nosotros en Cristo
Jesús. Pues habéis sido salvados por la gracia mediante la fe; y esto no
viene de vosotros, sino que es un don de Dios;” Efesios
2,5-8
Pero si es por la fe por
la que recibimos la herencia de la salvación y esta es gratuita, ¿Por qué
debemos convertirnos? ¿No ha ganado Cristo ya la salvación muriendo por
nosotros? Veamos un pequeño ejemplo para estudiar estas preguntas:
Imaginemos que a un
empleado lo llama el jefe y entregándole un cheque de un millón de dólares le
dice: "Toma, te lo regalo, es gratis", y el empleado le contesta:
"¿En serio?, pero yo no he sido muy bueno que digamos" y el jefe
insiste: "Yo se, pero aún así te lo regalo". Es necesario que para
que el empleado se pueda hacer con el dinero debe hacer dos cosas:
1) Creer que en verdad el cheque tiene fondo y que el
jefe no le engaña
2) Ir al banco a cobrar el cheque.
En el ejemplo anterior
el cheque de un millón de dólares es "la salvación", el
creer que el cheque tiene fondo es "la fe" y la
caminata al banco son "las obras" o "la
conversión". En ese sentido si el empleado no cree no va al banco
y no cobra el cheque, sin fe no es posible agradar a Dios. Ahora, si el
empleado cree pero no va al banco solo termina con un papel en la mano, tampoco
cobra el dinero. En ese sentido, ambas son condiciones indispensables para
hacerse con el dinero: La fe y la conversión.
Y no es que el empleado
pueda decir que ha ganado el dinero caminando al banco, ¡no!, el cheque lo
recibió gratis, pero la caminata al banco es un requisito indispensable para
cobrar el dinero.
En base a la comparación
anterior la Iglesia enseña que la salvación es un don gratuito de Dios que es
recibido por medio de la fe y donde las obras colaboran para la salvación y
podemos decir sin temor a equivocarnos que tanto la fe como las obras son
necesarias no porque la ganen (es gratuita) sino porque sin ellas no la
obtendremos.
“¿De qué sirve, hermanos míos, que alguien diga: «Tengo fe», si no
tiene obras? ¿Acaso podrá salvarle la fe? Si un hermano
o una hermana están desnudos y carecen del sustento diario, y alguno de
vosotros les dice: «Idos en paz, calentaos y hartaos», pero no les dais lo
necesario para el cuerpo, ¿de qué sirve? Así también la fe, si no tiene
obras, está realmente muerta.” Santiago 2,14-17
“¿Ves cómo la fe cooperaba con sus obras y, por las obras, la fe
alcanzó su perfección?” Santiago 2,22
“Ya
veis cómo el hombre es justificado por las obras y no por la fe solamente.” Santiago 2,24
Ahora, el problema mayor
es que el banco (la salvación) queda en dirección contraria a donde íbamos
anteriormente. El camino va para un lado y el banco está para otro. Incluso el
camino que dirige al banco no es tan cómodo, es estrecho, empinado mientras que
por el que íbamos era muy atractivo (de bajada, ancho, sin exigencias). El
problema es que el camino amplio va al desastre y el otro a la vida eterna.
“El que ama su vida, la pierde; y el que odia su vida en este mundo, la
guardará para una vida eterna.” Juan 12,25
Es necesario entonces
como explicábamos al principio "virar", "dar vuelta",
"tomar el otro camino estrecho"
“Entrad por la entrada estrecha; porque ancha es la entrada y espacioso
el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que entran
por ella; mas ¡qué estrecha la entrada y qué angosto el camino que lleva a
la Vida!; y poco son los que lo encuentran.” Mateo
7,13-14
Y es un camino en donde
se nos exige apartarnos de todo mal a fin de crecer para la salvación:
“Rechazad, por tanto, toda malicia y todo engaño, hipocresías, envidias
y toda clase de maledicencias. Como niños recién nacidos, desead la leche
espiritual pura, a fin de que, por ella, crezcáis para la salvación,” 1 Pedro 2,1-2
Y entrenarnos como
buenos atletas ya que el camino al banco es nuestra carrera por la vida:
“Los
atletas se privan de todo; y eso ¡por una corona corruptible!; nosotros, en
cambio, por una incorruptible. Así pues, yo corro, no como a la ventura; y
ejerzo el pugilato, no como dando golpes en el vacío, sino que golpeo mi
cuerpo y lo esclavizo; no sea que, habiendo proclamado a los demás, resulte yo
mismo descalificado.” 1 Corintios 9,25-27
Sin descuidarla:
“¿cómo saldremos absueltos nosotros si descuidamos tan gran salvación? La
cual comenzó a ser anunciada por el Señor, y nos fue luego confirmada por
quienes la oyeron,” Hebreos 2,3
“Así
pues, queridos míos, de la misma manera que habéis obedecido siempre, no sólo
cuando estaba presente sino mucho más ahora que estoy ausente, trabajad con
temor y temblor por vuestra salvación,” Filipenses
2,12
Teniendo presente que la
meta que nos espera es la vida eterna:
“…Manténte fiel hasta la muerte y te daré la
corona de la vida.” Apocalipsis 2,10
¿Qué implica
la conversión?
Implica comenzar a
alimentarnos diariamente de la palabra de Dios:
“Mas
él respondió: «Está escrito: = No sólo de pan vive el hombre, sino de toda
palabra que sale de la boca de Dios.» =” Mateo 4,4
Y comenzar a
practicarla:
“Poned por obra la Palabra y no os contentéis sólo con oírla,
engañándoos a vosotros mismos. Porque si alguno se contenta
con oír la Palabra sin ponerla por obra, ése se parece al que contempla su
imagen en un espejo: se contempla, pero, en yéndose, se olvida de cómo es.” Santiago 1,22-24
Es practicando la
palabra en donde el creyente construye su casa sobre la roca:
“No todo el que me diga: "Señor, Señor, entrará en el Reino de los
Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial.
Muchos me dirán aquel Día: "Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y
en tu nombre expulsamos demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?"
Y entonces les declararé: "¡Jamás os conocí; apartaos de mí, agentes de
iniquidad!" «Así pues, todo el que oiga estas palabras mías y las ponga
en práctica, será como el hombre prudente que edificó su casa sobre roca: cayó
la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, y embistieron contra
aquella casa; pero ella no cayó, porque estaba cimentada sobre roca.Y todo el
que oiga estas palabras mías y no las ponga en práctica, será como el hombre
insensato que edificó su casa sobre arena: cayó la lluvia, vinieron los
torrentes, soplaron los vientos, irrumpieron contra aquella casa y cayó, y fue
grande su ruina.»” Mateo 7,21-27
En la palabra del
sembrador se nos narran los diferentes tipos de creyentes donde llega la
palabra de Dios como una semilla:
“Y
les habló muchas cosas en parábolas. Decía: «Una vez salió un sembrador a
sembrar. Y al sembrar, unas semillas cayeron a lo largo del camino; vinieron
las aves y se las comieron. Otras cayeron en pedregal, donde no tenían
mucha tierra, y brotaron enseguida por no tener hondura de tierra; pero en
cuanto salió el sol se agostaron y, por no tener raíz, se secaron. Otras
cayeron entre abrojos; crecieron los abrojos y las ahogaron. Otras cayeron
en tierra buena y dieron fruto, una ciento, otra sesenta, otra treinta.” Mateo 13,3-8
Jesús luego explica a
sus discípulos que en muchos creyentes la palabra no da fruto porque no la
entienden, otros porque les ahogan las preocupaciones
de la vida, otros porque no la toman en serio y no la retienen, y solo los
que la escuchan y la practican, esos dan fruto:
“«Vosotros,
pues, escuchad la parábola del sembrador. Sucede a todo el que oye la Palabra
del Reino y no la comprende, que viene el Maligno y arrebata lo sembrado en su
corazón: éste es el que fue sembrado a lo largo del camino. El que fue sembrado
en pedregal, es el que oye la Palabra, y al punto la recibe con alegría; pero
no tiene raíz en sí mismo, sino que es inconstante y, cuando se presenta una
tribulación o persecución por causa de la Palabra, sucumba enseguida. El que
fue sembrado entre los abrojos, es el que oye la Palabra, pero los
preocupaciones del mundo y la seducción de las riquezas ahogan la Palabra, y
queda sin fruto. Pero el que fue sembrado en tierra buena, es
el que oye la Palabra y la comprende: éste sí que da fruto y produce, uno
ciento, otro sesenta, otro treinta.»” Mateo 13,18-23
Está en nosotros
hermanos ser tierra buena, tomar la decisión ahora de comenzar a alimentarnos
de la palabra de Dios a diario y practicarla. No dejemos que el enemigo nos
arranque la palabra de Dios, o que las preocupaciones de la vida la ahoguen. La
clave es hacer de esto una regla para nuestra vida:
“No se aparte el libro de esta Ley de tus labios: medítalo día y noche;
así procurarás obrar en todo conforme a lo que en él está escrito, y tendrás
suerte y éxito en tus empresas. ¿No te he mandado que seas
valiente y firme? No tengas miedo ni te acobardes, porque Yahveh tu Dios estará
contigo dondequiera que vayas.»” Josué 1,8-9
Recordando siempre que
Dios es lo más importante, el cielo y la tierra pasarán pero su palabra no
pasará.
Vanidad de vanidades, todo vanidad, sino es amar y servir a Dios
solamente. Entender esto es alcanzar la conversión.
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