El Perdón
Por Ing. José Miguel Arráiz
Así dice el Señor
“En
verdad, en verdad os digo: el que
escucha mi Palabra y cree en el que me ha enviado, tiene vida eterna y no
incurre en juicio, sino que ha pasado de la muerte a la vida.” Juan 5,24
Es
importante meditar siempre las implicaciones que tiene la fe en nuestro Señor. Para
creer verdaderamente en Él, debemos guardar su palabra y vivir como él vivió:
en el amor. La palabra de Dios nos enseña cuales son las características del
verdadero amor:
“La caridad es paciente, es
servicial; la caridad no es envidiosa, no es jactanciosa, no se engríe; es
decorosa; no busca su interés; no se irrita; no toma en cuenta el mal; no se
alegra de la injusticia; se alegra con la verdad. Todo lo excusa. Todo lo cree.
Todo lo espera. Todo lo soporta. La caridad no acaba nunca.” 1 Corintios 13,1-13
Según
las características del amor que hemos visto, no podemos vivir en el amor y
guardar rencor a nuestros hermanos. Para el verdadero cristiano no hay cabida
para el rencor.
El perdón
Ya desde
tiempos antiguos el mandato del Señor de no guardar rencor era claro:
“No te vengarás ni guardarás
rencor contre los hijos de tu pueblo. Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo, Yahveh.” Levítico 19,18
En el
libro del Eclesiástico encontramos.
“Sea cual fuere su agravio, no
guardes rencor al prójimo, y no hagas nada en un arrebato de violencia.” Eclesiástico 10,6
Como
discípulos de Cristo debemos vivir como él vivió, y el a este respecto nos dio
un ejemplo muy claro al perdonar a aquellos que le clavaron
en la cruz:
“Llegados
al lugar llamado Calvario, le crucificaron allí a él y a los malhechores, uno a
la derecha y otro a la izquierda. Jesús decía: «Padre, perdónales, porque
no saben lo que hacen.»…” Lucas 23,33-34
Consecuencias de no
perdonar
El Padre
John King cuenta que cuando
era pequeño su hermano mayor fue asesinado por un ladrón que entró a su casa a
robar. El, aunque bastante joven, pero bien formado en la fe cristiana, sabía
que solo en el perdón podía hallar paz. Fue a visitar al asesino de su hermano
y luego de regalarle una Biblia le dijo: “Yo
te perdono por lo que le hiciste a mi hermano”. El asesino con lágrimas en
los ojos partió a la cárcel donde comenzó a estudiar la palabra de Dios,
confesó sus pecados al sacerdote y asistió asiduamente a misa. Luego comentaba
que fue curiosamente en la cárcel donde consiguió la verdadera libertad.
Para
entonces el joven John por medio del perdón había
conseguido liberar su corazón de una verdadera cárcel también, ya que de no
haber perdonado los presos hubieran sido dos, el asesino y él, atrapado en su
odio y alejado del amor de Dios.
Por eso
ciertamente sufre más quien odia que quien es odiado, y mientras la persona no
perdone permanecerá en tinieblas, y dice la Palabra de Dios no tiene vida
eterna permanente en él:
“Quien dice que está en la luz y
aborrece a su hermano, está aún en las tinieblas. Quien ama a su hermano
permanece en la luz y no tropieza. Pero quien aborrece a su hermano está en
las tinieblas, camina en las tinieblas,
no sabe a dónde va, porque las tinieblas han cegado sus ojos.” 1 Juan 2,9-11
“Nosotros
sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida, porque amamos a los hermanos. Quien no ama permanece en la muerte. Todo
el que aborrece a su hermano es un asesino;
y sabéis que ningún asesino tiene vida eterna permanente en él.”
1 Juan
3,14-15
Es necesario perdonar
para ser perdonados
Ya desde
al antiguo testamento Dios nos había dejado claro que para ser perdonados
debíamos perdonar:
“El que
se venga, sufrirá venganza del Señor, que cuenta exacta llevará de sus pecados.
Perdona a tu prójimo el agravio, y, en
cuanto lo pidas, te serán perdonados tus pecados. Hombre que a hombre
guarda ira, ¿cómo del Señor espera curación? De un hombre como él piedad no
tiene, ¡y pide perdón por sus propios pecados! El, que sólo es carne, guarda rencor, ¿quién obtendrá el perdón de sus
pecados? Acuérdate de las postrimerías, y deja ya de odiar, recuerda la
corrupción y la muerte, y sé fiel a los mandamientos. Recuerda los mandamientos, y no tengas rencor a tu prójimo,
recuerda la alianza del Altísimo, y pasa por alto la ofensa.” Eclesiástico
28,1-7
Y luego
Jesús lo confirmó:
“Pedro se acercó entonces y le
dijo: «Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar las ofensas que me haga mi
hermano? ¿Hasta siete veces?» Dícele Jesús: «No te
digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.» «Por eso el Reino de los Cielos
es semejante a un rey que quiso ajustar cuentas con sus siervos. Al empezar a
ajustarlas, le fue presentado uno que le debía 10.000 talentos. Como no tenía
con qué pagar, ordenó el señor que fuese vendido él, su mujer y sus hijos y
todo cuanto tenía, y que se le pagase. Entonces el siervo se echó a sus pies, y
postrado le decía: "Ten paciencia conmigo, que todo te lo pagaré." Movido
a compasión el señor de aquel siervo, le dejó en libertad y le perdonó la
deuda. Al salir de allí aquel siervo se encontró con uno de sus compañeros, que
le debía cien denarios; le agarró y, ahogándole, le decía: "Paga lo que
debes." Su compañero, cayendo a sus pies, le suplicaba: "Ten
paciencia conmigo, que ya te pagaré." Pero él no quiso, sino que fue y le
echó en la cárcel, hasta que pagase lo que debía. Al ver sus compañeros lo
ocurrido, se entristecieron mucho, y fueron a contar a su señor todo lo
sucedido. Su señor entonces le mandó
llamar y le dijo: "Siervo malvado, yo te perdoné a ti toda aquella deuda
porque me lo suplicaste. ¿No debías
tú también compadecerte de tu compañero, del mismo modo que yo me compadecí de
ti?" Y encolerizado su señor, le entregó a
los verdugos hasta que pagase todo lo que le debía. Esto mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si no perdonáis de
corazón cada uno a vuestro hermano.»” Mateo 18,21-35
¿Cómo perdonar?
Perdonar
es un acto de voluntad. Consiste en voluntariamente considerar saldada la deuda
con el ofensor. El que perdona renuncia a cualquier intento de revancha o de
venganza. Como es un acto de la voluntad no está ligado a los sentimientos, por
eso es importante entender que una cosa es perdonar, y otra cosa es sanación
interior. Podemos haber perdonado a nuestro hermano y renunciado a todo acto de
revancha y de desearle mal y todavía sentir dolor, ira y resentimiento al
momento de recordar la ofensa o ver al ofensor.
¿Cómo sanar?
Solo en
Dios podemos encontrar la sanación a las heridas sufridas. Algunas veces la
sanación es un proceso lento, sobre todo cuando las heridas causadas son muy
profundas. Algunas recomendaciones que podemos seguir para que Dios nos sane
son:
1.
Ante
todo debemos por medio de un acto de voluntad, perdonar la ofensa del hermano y
pedir a Dios que tampoco exija cuentas al hermano por la ofensa. Recordemos que
aunque renunciemos a cobrar la deuda, si voluntariamente consentimos el deseo
de que Dios si le cobre, realmente no habremos perdonado
2.
Buscar
la guía de un sacerdote que nos pueda orientar en el proceso de sanación.
3.
Luego
de haber perdonado, confesar y comulgar asiduamente
4.
Tratar
de evitar a toda costa recordar la ofensa (por lo menos hasta haber sanado) ya
que esto dificulta la sanación. Cuando recordamos la ofensa la “revivimos”,
“ocurre nuevamente”, y esto es como continuar tocando una herida no
cicatrizada. El padre Ignacio Larrañaga lo describe como continuar golpeándose
la cabeza con la pared.
5.
Orar
diariamente por la conversión y salvación de la persona que nos ha ofendido.
Cada vez que en el día sintamos resentimiento por la persona también hacer en
ese momento una pequeña oración por ella. Esto es sumamente efectivo ya que al
pagar mal por bien nos hacemos más semejantes a Cristo y le devolvemos al
enemigo del alma la pelota con un Home-run
Recordamos
para terminar las palabras del Apóstol Pablo:
“Bendecid a los que os persiguen,
no maldigáis… Sin devolver a nadie mal por mal; = procurando el bien = ante =
todos los hombres: = en lo posible, y en cuanto de vosotros dependa, en paz con
todos los hombres; no tomando la
justicia por cuenta vuestra, queridos míos, dejad lugar a la Cólera, pues
dice la Escritura: = Mía es la venganza:
yo daré el pago merecido, = dice el Señor. Antes al contrario: = si tu enemigo tiene hambre, dale de comer;
y si tiene sed, dale de beber; haciéndolo así, amontonarás ascuas sobre su
cabeza. = No te dejes vencer por el mal; antes bien, vence al mal con el bien.”
Romanos 12,14.17-21
Si
hermanos, así debemos hacer los cristianos, nunca devolver mal por mal, sino
venciendo el mal con el bien.