Creer en Jesús,
Parte II
Por Ing. José Miguel Arráiz
Así dice el Señor:
“De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí, tiene vida eterna” Juan 6,47
En el
estudio anterior meditábamos estas palabras, donde el Señor nos dice que para
tener vida, hay que creer en Él. Estudiamos también que creer en Él implicaba
creerle a Él, que se traduce en escuchar su enseñanza a través del estudio de
la palabra de Dios bajo el abrigo de la Iglesia.
“Jesús le respondió: «Si alguno me ama, guardará mi Palabra,
y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada en él. El que no me
ama no guarda mis palabras. Y la palabra que escucháis no es mía, sino del
Padre que me ha enviado.” Juan
14,23-24
Por eso,
creer en Jesús significa aceptarle como Señor supremo de nuestra vida, y que en
nuestra vida no se haga nuestra voluntad, sino la suya. Una vez hemos comenzado
a hacer esto, somos sus discípulos.
El Testimonio
Así dice
el Señor:
“«Vosotros sois la sal de la tierra.
Mas si la sal se desvirtúa, ¿con qué se la salará? Ya no sirve para nada más
que para ser tirada afuera y pisoteada por los hombres. «Vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse una
ciudad situada en la cima de un monte. Ni tampoco se enciende una lámpara y la
ponen debajo del celemín, sino sobre el candelero, para que alumbre a
todos los que están en la casa. Brille así vuestra luz delante de los
hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que
está en los cielos.” Mateo 5,13-16
El
discípulo de Jesús es la sal de la tierra, porque es quien lleva y transmite el
mensaje del Señor al mundo entero. Es luz del mundo, no por él mismo, sino
porque transmite la luz que el Señor le ha dado. Ya decía el Apostol
Pablo:
“Porque yo recibí
del Señor lo que os he transmitido” 1 Corintios
11,23-24
El cristiano
tiene la obligación no solo de guardar la palabra de Dios (estudiarla y
practicarla), sino de transmitirla, ya que no se enciende una lámpara, para
esconderla debajo de la mesa.
El cristiano
debe dar el ejemplo con su conducta, ya que hay algo peor que pecar, ¿Oyeron?,
Si, hay algo peor que pecar, y es hacer pecar a los demás. Ya lo decía Jesús a
sus discípulos sobre aquellos que den mal ejemplo y sean causa de pecado a
otros:
“Dijo a
sus discípulos: «Es imposible que no
vengan escándalos; pero, ¡ay de aquel por quien vienen! Más le vale que le
pongan al cuello una piedra de molino y
sea arrojado al mar, que escandalizar a uno de estos pequeños.” Lucas 17,1-2
¿Cuántas
veces reenviamos a nuestros amigos correos indecentes? ¿Cuántas veces
celebramos actitudes que en nuestros hermanos van en contra de la voluntad de
Dios? ¿Cuántas veces dejamos de corregir al hermano cuando en frente de
nosotros desea la mujer de ajena?. Así como este, hay
cientos de casos en que dejamos de ser sal de la tierra y no servimos sino para
ser pisoteados.
¿Es que
acaso el cristiano puede desentenderse su obligación de ser sal de la tierra?
“A ti, también,
hijo de hombre, te he hecho yo centinela de la casa de Israel.
Cuando oigas una palabra de mi boca, les advertirás de mi parte. Si yo digo al malvado: «Malvado, vas a
morir sin remedio», y tú no le hablas para advertir al malvado que deje su
conducta, él, el malvado, morirá por su culpa, pero de su sangre yo te pediré
cuentas a ti. Si por el
contrario adviertes al malvado que se convierta de su conducta, y él no se
convierte, morirá él debido a su culpa, mientras que tú habrás salvado tu vida.”
Ezequiel 33,7-9
Tenemos
el deber de advertir del peligro del pecado a nuestros hermanos, y mostrarles
con nuestro ejemplo el camino correcto. En ellos quedará ya decidir que camino
tomar, pero nunca deben tomar el mal camino sin haber hecho nosotros todo lo
que Dios ha puesto en nuestras manos para evitarlo.
Recuerda: Eres sal de la tierra, eres luz del mundo,
eres testimonio!!!!
|
| Oposiciones Masters |