La importancia de obedecer a Dios
Por José Miguel Arráiz
Introducción
Algo que es sumamente importante para el cristiano
y que solemos olvidar es el papel que desempeña la obediencia a Dios en nuestro
camino a la santidad. Solemos escuchar a hermanos decir “ya estoy salvado”,
“Cristo lo ha ganado para mí”, “No puedo perder mi salvación”, cuando la verdad
que nos enseña la palabra de Dios es que la fe sin la obediencia a Dios no nos
salva. Para profundizar un poco en este tema he querido escribir este pequeño
estudio
¿Para quién es Cristo es causa de
salvación eterna?
Dice la palabra de Dios:
“y llegado a la perfección, se convirtió en causa
de salvación eterna para todos los que le obedecen” Hebreos
5,9
Algo que debemos tener claros es que hemos sido
salvados por “gracia”, y siendo gracia un “don inmerecido de Dios” debemos
reconocer que no hay nada que pudiéramos haber hecho para merecer el sacrificio
de Cristo en la cruz. Nuestra salvación es obra pura y exclusivamente del amor
de Dios, pero una vez redimidos, una vez justificados por la fe (Romanos 5,1)
la obediencia a Dios y la perseverancia en las buenas obras se vuelven nuestro
traje del hombre nuevo para participar en el banquete de las bodas del rey.
El banquete de bodas
“«El Reino de los Cielos es semejante a un rey que
celebró el banquete de bodas de su hijo. Envió sus siervos a
llamar a los invitados a la boda, pero no quisieron venir. Envió todavía otros
siervos, con este encargo: Decid a los invitados: "Mirad, mi banquete está
preparado, se han matado ya mis novillos y animales cebados, y todo está
a punto; venid a la boda." Pero ellos, sin hacer caso, se fueron el uno a
su campo, el otro a su negocio; y los demás agarraron a los siervos, los
escarnecieron y los mataron. Se airó el rey y, enviando sus tropas, dio muerte
a aquellos homicidas y prendió fuego a su ciudad. Entonces dice a sus siervos:
"La boda está preparada, pero los invitados no eran dignos. Id, pues, a los cruces de los caminos y, a cuantos encontréis,
invitadlos a la boda." Los siervos salieron a los caminos, reunieron a
todos los que encontraron, malos y buenos, y la sala de bodas se llenó de
comensales. «Entró el rey a ver a los comensales, y al notar que había allí uno que
no tenía traje de boda, le dice: "Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin traje
de boda?" El se quedó callado. Entonces el rey dijo a
los sirvientes: "Atadle de pies y manos, y echadle a las tinieblas de
fuera; allí será el llanto y el rechinar de dientes."Porque
muchos son llamados, mas pocos escogidos.»” Mateo
22,2-14
Muy interesante como termina Jesús la parábola,
diciendo: “Porque
muchos son llamados, mas pocos escogidos”.
Muchos fueron los “llamados” al banquete,
muchos incluso aceptaron la invitación, pero solo los que se pusieron el traje
del hombre nuevo fueron “escogidos” a permanecer en presencia del rey. Por eso
tan ilustrativo el primer pasaje de Hebreos 5,9, donde se nos dice que “Es para quienes
obedecen” para quienes Cristo se ha
convertido en causa de salvación eterna. Para los desobedientes les espera el
fruto de la desobediencia:
Vivamos como hijos de la luz
“Que nadie os engañe con vanas razones, pues por
eso viene le cólera de Dios sobre los rebeldes. No tengáis parte con ellos.
Porque en otro tiempo fuisteis tinieblas; mas ahora sois luz en el Señor. Vivid como
hijos de la luz;” Efesios 5,6-8
Y vivir como hijos de la luz, implica hacer la
voluntad del Padre y guardar sus mandamientos:
Por que no todo el que dice Señor Señor entrará en el reino de los cielos
“«No todo el que me diga: "Señor, Señor,
entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre
celestial. Muchos me dirán aquel Día: "Señor, Señor, ¿no
profetizamos en tu nombre, y en tu nombre expulsamos demonios, y en tu nombre
hicimos muchos milagros?" Y entonces les declararé: "¡Jamás os
conocí; = apartaos de mí, agentes de iniquidad!" = «Así pues, todo el que
oiga estas palabras mías y las ponga en práctica, será como el hombre prudente
que edificó su casa sobre roca: cayó la lluvia, vinieron los torrentes,
soplaron los vientos, y embistieron contra aquella casa; pero ella no cayó,
porque estaba cimentada sobre roca. Y todo el que oiga estas palabras mías y no
las ponga en práctica, será como el hombre insensato que edificó su casa sobre
arena: cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos,
irrumpieron contra aquella casa y cayó, y fue grande su ruina.»” Mateo
7,21-27
Si en verdad amamos a Cristo guardaremos sus
mandamientos, entonces se cumplirá en nosotros la promesa que Cristo nos hizo y
vendrá a morar en nuestros corazones con
el Espíritu Santo que nos ha enviado.
“Si me amáis, guardaréis mis mandamientos; y yo pediré al Padre y os dará otro
Paráclito, para que esté con vosotros para siempre,” Juan
14,15-16
“Jesús le respondió: «Si alguno me ama,
guardará mi Palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él, y
haremos morada en él. El que no me ama no guarda mis palabras. Y
la palabra que escucháis no es mía, sino del Padre que me ha enviado.” Juan
14,23-24
Sembrar para cosechar…
Yo invito a todos los que leen estas líneas y a mi
mismo, a que nunca olvidemos lo importante que es la obediencia al Señor. Lo
que sembremos, eso cosecharemos, si vivimos en obediencia cosecharemos vida
eterna
“No os engañéis; de Dios nadie se burla. Pues lo que
uno siembre, eso cosechará: el que siembre en su carne, de la carne cosechará
corrupción; el que siembre en el espíritu, del espíritu cosechará vida eterna. No
nos cansemos de obrar el bien; que a su tiempo nos vendrá la cosecha si no
desfallecemos.” Gálatas 6,7-9
No seamos oyentes olvidadizos
Y de nada sirve escuchar mucho la palabra sino la
ponemos en práctica.
“Poned por obra la Palabra y no os contentéis sólo
con oírla, engañándoos a vosotros mismos. Porque si alguno se
contenta con oír la Palabra sin ponerla por obra, ése se parece al que
contempla su imagen en un espejo: se contempla, pero, en yéndose, se olvida de
cómo es.” Santiago 1,22-24
La corona prometida
No perdamos de vista la meta, que se obtiene
solamente haciendo que nuestra fe de verdaderos frutos, recordemos que al final
del camino viene la recompensa:
“…Mantente fiel hasta la muerte y te daré la corona
de la vida.” Apocalipsis 2,10
Y no olvidemos por último de “dar gracias” a
Dios por darnos “la gracia” de colaborar “con su gracia” (valga la redundancia)