El proselitismo religioso
En América Latina
Y la respuesta católica
Análisis del fenómeno sectario y su
solución.
Tomado del sitio del P.
Amatulli
Por el P.
Flaviano Amatulli Valente, fmap
Aunque el fenómeno de la
globalización trate de suavizar las cosas, es un hecho que en América Latina la
nota dominante no es el diálogo ni la comprensión, sino el proselitismo
religioso más descarado.
Proselitismo religioso de parte de
las sectas, los nuevos movimientos religiosos, los nuevaerianos (New Age), las
religiones no cristianas y las mismas iglesias históricas, cuya membresía en
gran parte está compuesta por excatólicos.
Desfase cultural
Pues bien, teniendo presente todo
esto, ¿dónde está la causa más profunda del derrumbe de la Iglesia Católica en
muchos lugares de América Latina y al mismo tiempo la razón más profunda del
avance de los grupos proselitistas? En una cierta desubicación o un desfase
cultural presente en la Iglesia Católica, especialmente en su jerarquía.
En efecto, existe una enorme diferencia
entre la manera de ser y actuar del pueblo católico y la manera de ser y actuar
de los grupos proselitistas. Mientras en la Iglesia Católica se privilegian el
ser, la mente y el conocimiento, en los grupos proselitistas se privilegian el
quehacer (la acción), el corazón y la experiencia. Mientras en la Iglesia
Católica se aprecian de una manera especial los valores de la verdad y la
fidelidad, en los grupos proselitistas se ponen en el primer lugar los valores
de la eficacia y el éxito. Mientras nuestro estilo es esencialmente profético,
el estilo de los grupos proselitistas es esencialmente empresarial. Mientras
para nosotros el mejor católico es el teólogo, el que conoce más profundamente
el misterio de Dios y su plan de salvación (casi todos los obispos salen de los
teólogos), para los grupos proselitistas el auténtico discípulo de Cristo es el
apóstol, el que anuncia a Cristo y conquista almas, utilizando todos los medios
posibles, lícitos o ilícitos.
Es suficiente comparar los
documentos de la Iglesia Católica con los documentos de los grupos
proselitistas para darnos cuenta de que nos encontramos frente a dos mundos
profundamente diferentes. En efecto, los documentos de la Iglesia Católica son
esencialmente doctrinales y exhortativos, mientras los documentos de los grupos
proselitistas son esencialmente operativos, con planes concretos de acción para
poder avanzar más. Según mi manera de ver las cosas, aquí está el secreto de
sus éxitos y al mismo tiempo la causa de nuestro retroceso. De seguir así las
cosas, no será difícil pronosticar el futuro religioso de América Latina.
Teniendo presente todo esto, lo
que se necesita en la Iglesia Católica es un cambio cultural profundo en la
línea de la modernidad o post-modernidad, buscando un equilibrio entre el
pensar y el actuar, exhortar y planear, conocer y experimentar. Es lo que están
intentando hacer los Movimientos Eclesiales, cuya membresía está compuesta
esencialmente por laicos comprometidos, que por su misma condición humana y
eclesial representan un puente entre la sociedad, totalmente metida en el
presente, y la jerarquía católica culturalmente ligada al pasado por su misma
formación teológico-filosófica.
Actores y espectadores
Cuando la Conferencia Episcopal
Mexicana me confió el Departamento de la Fe frente al Proselitismo Sectario,
los encargados del Ecumenismo así quisieron definir mi papel: “Su tarea será
la de tener informado al Episcopado acerca del avance de las sectas.” ¡Qué
bonita tarea, la de ser el testigo oficial de la derrota católica! Ser
espectador y nada más, tratando de no influir en el curso de los
acontecimientos, como si el avance de los grupos proselitistas obedeciera a un
proceso histórico ineludible. Lo que naturalmente rechacé por completo,
abocándome a la ardua tarea de buscar las estrategias más oportunas en orden a
fortalecer la fe de los católicos ante la embestida de los grupos
proselitistas.
Nos preguntamos: “¿A qué se debe
una actitud tan pasiva y generalizada de parte del clero católico ante el
fenómeno del proselitismo sectario con una acción tan organizada, capilar y
arrolladora?” Sencillamente se trata de una lógica consecuencia del
desfase cultural del que hemos hablado anteriormente. Al tener la
conciencia clara de la propia incapacidad a reaccionar adecuadamente ante un
fenómeno tan hondo y global, opta por ignorarlo (la política del avestruz) o no
atribuirle la debida importancia, dando muestra de una enorme insensibilidad
ante el sufrimiento del pueblo católico, que se siente abandonado a sí mismo en
una lucha sin cuartel desatada por los grupos proselitistas.
En realidad, para poder enfrentar
con sano realismo el fenómeno del proselitismo religioso, se necesitan cambios
profundos al interior de la Iglesia, que lleven a un nuevo tipo de pastoral,
hecha ya no de simpatías personales, humores del momento o improvisación, sino
de investigación, planeación y un adecuado manejo de los recursos humanos y
económicos.
Pretextos
Ahora bien, al no sentirse
capacitado ni dispuesto a un cambio tan radical y al mismo tiempo queriendo dar
la apariencia de una actitud abierta y progresista, el clero se refugió en su
terreno propio, que es la reflexión teológica, tratando de justificar su
decisión de no intervención mediante pretextos sin ningún fundamento en la
realidad:
· Cristo no necesita a nadie que lo defienda; sabe defenderse solo.
· La fe no se defiende, se vive.
· Si muchos dejan la Iglesia Católica, es porque su fe ya no les satisface. Por lo tanto, si en otro lugar encuentran algo mejor, ¿por qué molestarlos?
· La apologética es cosa de otros tiempos. Ahora ya no sirve.
· Hay que evitar la apologética, puesto que puede entorpecer el proceso ecuménico.
Evidentemente, se trata de puros
pretextos. Es desconocer la realidad del proselitismo religioso, que se sirve
de todo para “conquistar” al católico: la calumnia, la dádiva, el testimonio
falso, la manipulación bíblica, la presión psicológica, etc. No es que uno, al
no sentirse satisfecho por las respuestas que le ofrece su fe católica, se pone
a incursionar por otro lado, buscando algo que dé sentido a su vida. Más bien,
se trata de otros que utilizan cualquier medio para hacerlo dudar y así
llevárselo a sus grupos.
Además, no se trata de defender a
Cristo o defender la fe en abstracto. Cuando hablamos de defensa de la fe, nos
estamos refiriendo a la fe del católico en carne y hueso, que se encuentra
desprotegido frente a los ataques del proselitismo religioso, vengan de donde
vengan. Se trata, entonces, de ayudar a ese católico concreto a defender su fe con
relación a los que la quieren perturbar, en la línea del buen pastor que no
huye frente al peligro, como hace el mercenario (Jn 10, 12-13), sino que está
dispuesto a dar la vida por las ovejas (Jn 10, 15).
Apologética y ecumenismo
Así que la apologética no es cosa
de otros tiempos; es algo fundamental para el creyente de todos los tiempos,
que lo ayuda a mantenerse firme en su fe ante cualquier amenaza. ¿Recuerdan
aquella estatua que vio en el sueño Nabucodonosor? Todo perfecto: oro, plata,
bronce, hierro... (Dn 2, 31-33). Solamente un punto débil: los pies de barro y
hierro. Bastó una piedra para que todo se derrumbara.
Es lo que está pasando ahora con
nuestro pueblo católico: catequesis a todos los niveles y con todos los recursos
pedagógicos imaginables, diferentes movimientos apostólicos, liturgia, altos
vuelos teológicos..., pero falta una cosa: la apologética, que fundamente y
fortalezca la fe del católico ante las amenazas presentes en el ambiente que lo
rodea. Estando así las cosas, aunque todo parezca bonito y perfecto, a la hora
de la prueba no resiste y se derrumba.
Uno de los grandes errores que se
han cometido después del Concilio, ha sido el de apostar todo por el
ecumenismo y el diálogo interreligioso, eliminando la apologética, el no haber
entendido que no hay oposición entre la apologética y el ecumenismo. Más bien
se trata de dos actividades complementarias: ecumenismo con los que están
dispuestos a dialogar y apologética con los que no aceptan el diálogo y luchan
por conquistar al católico. Dos caras de la misma medalla, que es el problema
de la unidad: unidad que hay que preservar (apologética) y unidad que hay que
recuperar (ecumenismo).
El no haber entendido esto, ha
llevado al abandono del pueblo católico frente a la embestida proselitista.
Sacerdotes, seminaristas, religiosas y laicos comprometidos, totalmente
aislados del pueblo, ufanándose de sus conocimientos en el plan ecuménico e
interreligioso, pero totalmente incapacitados para ayudar al católico ante las
objeciones y los ataques de los grupos proselitistas.
En el plan operativo, el error más
grande ha sido el haber puesto el asunto de las sectas, los nuevos movimientos
religiosos y la religiosidad alternativa en general en las manos de los
encargados del ecumenismo. Estos, en lugar de ver qué se puede hacer para
ayudar al pueblo católico ante la amenaza del proselitismo religioso, se
abocaron a analizar aspectos marginales y desviantes: si es correcto
hablar de sectas y nuevos movimientos religiosos o es preferible hablar
de grupos sectarios y cultos libres: si los grupos pentecostales y neo-
evangélicos son iglesias o sectas, etc.
Y cuando vieron que el problema
del proselitismo religioso se hacía siempre más grave y la meta de la unidad
aparecía siempre más lejana, en lugar de volverse más realistas y cambiar
estrategia, brincaron el obstáculo, afirmando que en el fondo
todos constituimos la misma Iglesia de Cristo “complementariamente”. Con
relación al asunto del diálogo interreligioso, para facilitar las cosas, no
tuvieron reparo en negar la unicidad del papel de Cristo y su Iglesia en
orden a la salvación, comparando a Cristo con Buda o Mahoma y hablando de
distintos caminos de salvación, igualmente válidos, quitando así todo sentido a
la misión.
Las reacciones al documento “Dominus
Iesus” dan razón de cuán lejos se llegó, una vez tomado el camino
equivocado, haciendo oídos sordos a la realidad concreta del pueblo católico y a
la voz de las Escrituras en sintonía con la Tradición auténtica, presente en la
Iglesia Católica y que ahonda sus raíces en Cristo y los apóstoles.
Naturalmente no todos llegaron a
estos excesos. De todos modos, esto nos invita a reflexionar sobre la gravedad
de la situación que se ha ido creando, al no haber sabido enfrentar con
la debida seriedad y cautela el asunto del pluralismo religioso, la división
entre los cristianos y el proselitismo.
Nueva apologética
¿En qué consiste? No en intentar
convencer a los grupos proselitistas, cuya única preocupación consiste en
“conquistar” a los demás, tratando siempre de hablar sin nunca escuchar,
sino de fortalecer la fe de los católicos de tal manera que puedan resistir
ante sus solicitaciones e insidias. ¿Cómo lograr esto? Aclarando nuestra
identidad y ofreciendo una respuesta a cada uno de sus cuestionamientos.
Identidad católica
Somos la Iglesia de Cristo. Aquí
están nuestro orgullo más profundo y nuestra seguridad. No en largos ayunos,
completa integridad moral o enormes conocimientos bíblicos. Para nosotros lo
que más vale es obedecer a Cristo, perteneciendo a la única Iglesia que Él
fundó personalmente, cuando vivió en este mundo y llegará hasta el final de la
historia. En ella reside la plenitud del Evangelio y de los medios de
salvación. Sus pastores cuentan con los poderes que Cristo entregó a Pedro y
los apóstoles para el bien de su Iglesia.
Todas las demás entidades
eclesiásticas poseen algo, pero no todo ni en la misma medida. En la medida
en la cual su patrimonio religioso coincide con el patrimonio de la Iglesia
Católica, cuenta con la garantía divina; en la medida en que se aparta u opone,
ya no cuenta con la misma garantía.
Además, no cuentan con la nota de
la indefectibilidad, propia de la Iglesia de Cristo, que es la Iglesia
Católica. Por lo tanto, como empezaron en un determinado momento de la historia
de la Iglesia, así pueden desaparecer, sin ninguna garantía de permanecer hasta
el regreso de Cristo.
Biblia e Iglesia
Para que la salvación llegara a
todo el mundo, Jesús no escribió la Biblia, sino que fundó la Iglesia. Además,
la misma Biblia tiene que ver mucho con la Iglesia fundada por Cristo, que
pronto se llamó Católica.
En realidad, Jesús mandó a
“predicar” el Evangelio, no a escribirlo. De hecho, los apóstoles y sus
sucesores predicaron el Evangelio. Poco a poco se fue escribiendo algo por
razones prácticas; no se escribió todo. Pues bien, entre todo lo que se
escribió, la Iglesia declaró lo que es “Palabra de Dios”. Así surgió el Nuevo
Testamento.
Por lo que se refiere al Antiguo
Testamento, la Iglesia escogió la edición que se hizo fuera de Palestina, con
la traducción al griego de la edición hecha en Palestina en hebreo y añadiendo
siete libros escritos originalmente fuera de Palestina en griego. Es la edición
que utilizaron los apóstoles, al predicar fuera de Palestina.
Estando así las cosas, ¿cómo se
puede razonablemente aceptar la Biblia y rechazar la Iglesia, que tiene tanto
que ver con los mismos orígenes de la Biblia?
Respuesta a las objeciones
Cada grupo cuenta con sus
objeciones en orden a confundir al católico y llevárselo (bautizo de los niños,
imágenes, virginidad de María, confesión, sábado, etc.). Pues bien, una vez que
el católico esté al tanto de esas objeciones y al mismo tiempo conozca la
respuesta a cada una de ellas, se siente seguro en su fe.
Por el momento estamos enfrentando
el problema de los grupos proselitistas de origen cristiano, que son los más
activos y que más gente están apartando de la Iglesia. Poco a poco, pensamos
enfrentar el fenómeno de la Nueva Era, la santería, el espiritismo, el
satanismo, etc. y el proselitismo que empiezan a ejercer las religiones no
cristianas.
Ministerio especial
Puesto que el fenómeno del
proselitismo religioso está afectando tan hondamente la vida del pueblo
católico, es necesario que se establezca a todos los niveles un ministerio
especial, que se aboque a enfrentar este problema. Su tarea será la de
intervenir en la catequesis, las asociaciones y movimientos apostólicos en
orden a fortalecer la fe de los católicos. Que al momento de la dificultad, en
cada comunidad haya siempre alguien que pueda dar una mano de parte de la
Iglesia; lo mismo cuando alguien se encuentre en el camino del regreso y necesite
apoyo.
Los Apóstoles de la Palabra, ya
presentes en todos los países del continente americano, más en Italia, España y
Portugal, nos estamos abocando a esta tarea, promoviendo en todos los lugares,
en que nos permiten trabajar, Comisiones de Promoción y Defensa de la Fe y
distribuyendo material de apoyo: libros, folletos, cassettes, videocassettes,
programas de radio, etc. La experiencia demuestra que, donde se ha establecido
nuestro método de trabajo, se detiene el proselitismo religioso y empieza un
fenómeno de regreso hacia la Iglesia Católica.
En esta línea, vemos necesario que
se establezca una cátedra de apologética, juntamente a la de ecumenismo y
diálogo interreligioso, en todos los centros de formación para los agentes de
pastoral (facultades de teología, institutos teológicos, seminarios, centros
catequísticos, etc.). Al mismo tiempo sería oportuno que surgiera una facultad
teológica especializada en apologética, destinada a profundizar la problemática
del proselitismo religioso con todas las manifestaciones religiosas
alternativas, como son la santería, los cultos afro brasileños, el espiritismo,
el esoterismo, el ocultismo, el satanismo, la Nueva Era, etc.
Sin duda, un análisis atento de toda
esa vasta gama de creencias religiosas sería de suma utilidad, no solamente
para la actividad pastoral, sino también a la formación de los mismos agentes
de pastoral (sacerdotes, religiosas y laicos comprometidos), que, por
desconocer estos fenómenos religiosos, se encuentran en la más grande
incertidumbre. Por eso prefieren no abordar estos temas en la catequesis, las
homilías o la consejería espiritual y, cuando se sienten interpelados al
respecto, por lo general su respuesta es muy superficial, corriendo el riesgo
de perjudicar más que ayudar a los feligreses.
El lugar ideal para establecer
este tipo de facultad sería el Estado de California (USA), que representa un
verdadero caldo de cultivo para el surgimiento de las más variadas expresiones
religiosas.
Biblia y catecismo: un cambio radical en la catequesis
presacramental
La Biblia representa el señuelo
más grande, que utilizan los grupos proselitistas de origen cristiano para
impactar y atraer a los católicos. Frente a ellos, normalmente los católicos se
sienten acomplejados precisamente por desconocer la Biblia.
Entonces, me pregunto: “¿Por qué
no enfrentamos el problema una vez por todas?” ¿Cómo? Empezando con la Biblia
desde la catequesis presacramental, en concreto desde la preparación para la
Primera Comunión.
Primero se presenta una panorámica
general de la Biblia (Historia de la Salvación), utilizando la Biblia y un
pequeño subsidio con todos los recursos pedagógicos posibles. Esto servirá para
que el niño se vaya familiarizando con la Biblia. Después se pasa al catecismo,
verificando en la Biblia todos sus contenidos. Al final se imparte un breve
curso de apologética, fundamentando su fe ante los ataques de los grupos
proselitistas. En otras latitudes posiblemente será mejor insistir en el
aspecto del diálogo ecuménico o interreligioso, siempre partiendo de la
conciencia de la propia identidad.
Lo mismo se tiene que hacer con la
preparación para la Confirmación y cualquier otro tipo de catequesis, retiros,
etc. Todo con la Biblia y nada sin la Biblia. Que la Biblia recobre en la vida
del católico el lugar que le corresponde, como texto básico para alimentar su
fe y punto de referencia obligado para cualquier asunto relacionado con la fe.
Al llevar a cabo este proyecto, en pocos años el pueblo católico podrá contar
con una plataforma y un lenguaje común en orden a la vivencia de la fe, la vida
litúrgica y la acción pastoral, saliendo del enorme bache cultural en que se
encuentra actualmente, sumido como está en la así llamada “Religiosidad
Popular”.
De esta manera, en una forma
sencilla y utilizando la infraestructura catequética de la que ya disponemos,
será fácil aumentar la autoestima del católico, ofrecerle la herramienta básica
para su maduración cristiana y al mismo tiempo crear un puente con relación a
los que se encuentran en la línea ecuménica y un dique ante la amenaza de los
grupos proselitistas.
Conclusión
Sin duda, el proselitismo
religioso nos tomó totalmente desprevenidos, preocupados esencialmente por el
diálogo ecuménico e interreligioso. Por eso logró causar grandes estragos en el
pueblo católico del continente americano. Tratándose de un pueblo que aún
cuenta con enormes reservas religiosas, muchos piensan aprovecharlas para
ensanchar sus filas.
Es tiempo de reaccionar de parte
de la Iglesia Católica. O pronto el Continente de la Esperanza se volverá en el
Continente de la Pesadilla.
Para
más información sobre Iglesia y Sectas, Apologética y Ecumenismo, Método de
Trabajo de los Apostoles de la Palabra, Catequésis pre-sacramental bíblica y
más material sobre la respuesta católica al problema sectario, ver el sitio del
P. Flaviano Amatulli Valente en http://www.padreamatulli.com. Puede
solicitar más información a padreamatulli@hotmail.com
o bien jorgeluiszarazua@hotmail.com