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USO DE RAZÓN. DICCIONARIO DE FALACIAS. © Ricardo García Damborenea |
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Falacia del MUÑECO DE PAJA, también llamada
falacia del espantapájaros y del maniqueo Tomado de Usodelarazon.com |
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Consiste esta falacia en deformar las tesis del
contrincante para debilitar su posición y poder atacarla con ventaja. Se
diferencia de la falacia ad
hominem en que ésta elude las razones para
concentrarse en el ataque a la persona. La falacia del muñeco de paja,
ataca una tesis, pero antes la altera. Para ello, disfraza las posiciones del
contrincante con el ropaje que mejor convenga, que suele ser el que recoge
los aspectos más débiles o menos populares. Una
invencible inclinación a la filantropía lleva a los políticos a señalarnos
los infinitos males de sus adversarios.[1][1] La
expresión muñeco de paja (straw man) pertenece a la imaginación boxística anglosajona
y refleja la idea de que es más fácil derribar a un adversario de paja,
indefenso, que a un hombre real obstinado en defenderse. Nosotros podríamos
hablar de pelele o alfeñique. No ataca esta falacia lo que es,
sino lo que nos gustaría que fuera. Los políticos la emplean sin fatiga: Nosotros
queremos construir un puente hacia el futuro. Bob Dole habla de construir un puente hacia el pasado. Bill Clinton. Los del
Partido Popular no creen en la democracia. F. González. ¿Por
qué los políticos están siempre deseando explicar lo que piensa la parte
contraria? La razón es obvia: quien expone la postura de su adversario
dispone de magníficas oportunidades para simplificarla o deformarla. Si la
posición de uno es blanca inmaculada y la contraria negra siniestra, la
elección que deba efectuar un ciudadano indeciso se simplifica. Este es el
propósito de una falacia que se basa en la creación de una falsa imagen de
las afirmaciones, ideas o intenciones del adversario. Por
ejemplo: Quien rechace una nueva tecnología puede ser acusado de añorar las
cavernas. Si propone una reducción de los gastos militares le dirán que se
rinde al enemigo. Si critica a los pescadores españoles le objetarán que da
la razón a los marroquíes. Rara
vez se deforman los hechos, pues resultan demasiado evidentes para admitir
simplificaciones. Lo normal es cebarse en opiniones o en propósitos que
siempre son más interpretables o se pueden inventar. Recientemente, al ser
suprimido en la Cámara de los Lores el privilegio
hereditario, uno de los afectados construyó, más que un muñeco, toda una
falla valenciana: Lo que
estamos viendo es la abolición de Gran Bretaña. La reforma quiere acabar con
la reina, la cultura, la soberanía y la libertad británicas. Existen
dos técnicas para atacar una opinión que no sea realmente la del contrario:
a) atribuirle una postura ficticia; b) deformar su punto de vista real. La
primera se inventa un adversario que no existe; la segunda lo modifica sólo
en parte. a. Atribuirle
una postura ficticia. Nos
inventamos al adversario. Forjamos un oponente imaginario. Le atribuimos
afirmaciones que no tengan nada que ver con lo que ha dicho o podría haber
dicho. Se trata de caricaturizar su posición para atacarla más fácilmente. Si
alguien desea perjudicar a la derecha, puede convertir cualquier sugerencia
de ahorro en un intento solapado de hundir el Estado de Bienestar, las
pensiones o el futuro de los hospitales. Si, por el contrario, prefiere
perjudicar a la izquierda puede construir un espantapájaros con la amenaza de
las nacionalizaciones, su avidez por el dinero público y su indiferencia ante
el despilfarro. Si uno está en contra de la violencia que rezuma
el televisor y sostiene la conveniencia de que se establezca algún tipo de
control público sobre el contenido de las emisiones, comprobará enseguida que
cualquier adversario convierte sus tímidas insinuaciones en nostalgia de la
censura, intentos de ley mordaza, ataques a la libertad de expresión y, a
poco que se esfuerce, espíritu antidemocrático, ánimo inquisitorial y criptofascismo. Se trata de vestir bien el muñeco para
que asuste y poder golpearlo hasta que calle. San Agustín—
Tuve una alegría mezclada de vergüenza de ver que tantos años hubiese yo
ladrado, no contra la fe católica, sino contra las lecciones y quimeras que
los hombres habían fabricado (...) No me constaba todavía que la Iglesia
enseñase las doctrinas verdaderas, pero sí que no enseñaba aquellas cosas que
yo había vituperado y reprendido.[2][2] Una
forma solapada de crear un muñeco de paja consiste en afirmar con
virulencia el rechazo de algo que nadie ha propuesto. Por ejemplo, si uno se
opone firmísimamente a que se recorten las
pensiones, sembrará la sospecha de que algunos (sus adversarios, sin duda)
pretenden recortarlas, con lo que ya está creado el muñeco. Yo, lo que
aseguro, es que estoy en contra de la tortura.
Yo no pienso que deban cerrarse las escuelas públicas
No estoy dispuesto a bajar la guardia en la defensa de la democracia y
de las libertades. Sería
intolerable que se atacara la libertad de prensa. ¿Quién
dice lo contrario? ¿el contrincante? Debe ser así,
piensa el público, porque de otro modo no se insistiría tanto. Y así será,
salvo que la víctima se apresure a corregir la mistificación. b. Deformar su
punto de vista real. En
esta técnica no es preciso inventarse la posición del contrario. Basta con
deformarla. Se puede mentir de diversas maneras y casi siempre se utilizan
combinadas: por omisión, por adición, por deformación. Un
procedimiento para exagerar un mensaje es radicalizarlo: donde uno afirma
algo como probable, el adversario lo entiende como seguro; si
era verosímil se convierte en indudable. Otro procedimiento es
la generalización: donde dice algunos se traduce todos, y si se
habla de algunas veces, se lee siempre. Todo esto contribuye a
facilitar el ataque. El
mismo tipo de falacia se produce cuando en las citas textuales se recortan
intencionadamente las frases, se aparta la información del contexto que
ilumina su significado, o se enfatiza su lectura de un modo que tergiversa
el sentido: Se deben
adelantar las elecciones, ha dicho el presidente del gobierno. En
realidad, lo que dice la letra pequeña es: —¿Sería
usted partidario de adelantar las elecciones si perdiera la mayoría? —Ese no es nuestro caso. En general,
yo creo que cuando no se cuenta con un respaldo mayoritario se deben
adelantar las elecciones. Se
trata de una vulgar manipulación sin otro objeto que impresionar a ingenuos
con grandes tragaderas que no están en condiciones de comprobar las cosas. En
una palabra, no es difícil arruinar la posición adversaria. Basta con citar frases
fuera de contexto, descubrir significaciones ocultas donde no las hay y
exagerar cosas que no correspondan a nada real. Después de esto no es preciso
estoquear al toro. Bastará con apuntillarlo. Ni siquiera necesitará el
argumentador falaz mancharse (más) las manos: el público se encargará de la
faena. Lo
mejor que podemos hacer para protegernos de esta insidia es comparar
meticulosamente nuestro punto de vista original con la versión que pretendan
endosarnos: Critica usted una realidad que no existe. No hay otro
camino para desautorizar a un adversario de mala fe. Puede ocurrir que no
dispongamos del documento original (una grabación de radio, un recorte de
prensa), en cuyo caso debemos exigir que quien acusa lo aporte sin eludir la
carga de la prueba. |