El Primado de Pedro

San Pedro

"Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos.»" Mateo 16,18-19

En esta sección encontrará estudios bíblicos, históricos y patrísticos del tema, así como análisis de las principales objeciones protestantes.

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Conversando con mis amigos evangélicos sobre el papado (Parte II)

Por José Miguel Arráiz

Puede leerlo en Español, Inglés y Portugués.

Conversando con mis amigos evangélicos sobre el desarrollo de la doctrina cristiana, por José Miguel Arráiz

Continuando con la serie de conversaciones entre amigos sobre temas de apologética, les comparto la segunda parte del diálogo ficticio en donde se analiza el tema del papado. (Primera parte de esta conversación AQUI)

Miguel: Hola José, ¿continuamos nuestra conversación sobre el papado?

Marlene: Sí, ahora es Miguel quien tiene varios puntos interesantes que aportar.

José: Con mucho gusto.

Miguel: Nuestra conversación anterior estuvo muy interesante y si te he de ser sincero, yo en algunas cosas estoy de acuerdo contigo.

José: ¿En serio?

Miguel: Sí, yo sí creo que Jesús en Mateo 16,18 se refirió a Pedro como la piedra sobre la que se edifica la Iglesia. En lo particular, las distinciones que se suelen hacer para dar a entender que Jesús se refería a otra piedra distinta de Pedro me parecen forzadas, pero de allí a entender que Pedro fue lo que ustedes entienden como “Papa” hay un trecho enorme.

Me explico: es cierto que Pedro tuvo un liderazgo marcado entre los apóstoles, y por lo tanto, recibe como su representante las llaves en nombre de todos, pero no tenía ningún ministerio especial distinto al de los apóstoles. De hecho, cuando el apóstol Pablo enumera los ministerios de la Iglesia nunca enumera el papado: “Él mismo «dio» a unos el ser apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelizadores; a otros, pastores y maestros, para el recto ordenamiento de los santos en orden a las funciones del ministerio, para edificación del Cuerpo de Cristo” (Efesios 4,11-12). Si el oficio del papado realmente existió en este tiempo, ¿por qué no lo menciona San Pablo? ¿Por qué no dice que dio a algunos además de ser apóstoles y profetas, el ser “Papas”?

Es más, si leemos las propias cartas escritas de su puño y letra, él nunca se identifica a sí mismo como “Papa” ni jefe de la Iglesia, por el contrario, dice ser uno más de los ancianos de la congregación: “A los ancianos que están entre vosotros les exhorto yo, anciano como ellos, testigo de los sufrimientos de Cristo y partícipe de la gloria que está para manifestarse.” (1 Pedro 5,1). ¿Quién Puede imaginarse hoy día a alguien nombrando los ministros en la iglesia Católica o escribiendo las órdenes de los oficiales del Vaticano sin mencionar al Papa? No obstante, la Biblia contiene toda esta información con relación a oficios menores y a personas sin mencionar en algún momento al Papa. La verdad solo encuentro una explicación: no hubo Papa en la iglesia primitiva.

José: Lo que sucede, es que te equivocas al pensar que el Papa desempeña un ministerio distinto al de los demás obispos. No, el Papa es tan obispo como todos los demás, de allí que sea precisamente “el obispo de Roma”. La diferencia entre el Papa y los obispos no está en las competencias de sus ordenaciones, sino en su potestad de su jurisdicción. Para entenderlo mejor, analicemos este texto del evangelio:

Después de haber comido, dice Jesús a Simón Pedro: «Simón de Juan, ¿me amas más que éstos?» Le dice él: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero.» Le dice Jesús: «Apacienta mis corderos.» Vuelve a decirle por segunda vez: «Simón de Juan, ¿me amas?» Le dice él: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero.» Le dice Jesús: «Apacienta mis ovejas.» Le dice por tercera vez: «Simón de Juan, ¿me quieres?» Se entristeció Pedro de que le preguntase por tercera vez: «¿Me quieres?» y le dijo: «Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero.» Le dice Jesús: «Apacienta mis ovejas.” (Juan 21,15-17)

En esa ocasión, estaba Jesús en compañía de todos sus apóstoles, y sin embargo, es a Pedro a quien le pregunta tres veces: “¿me amas más que estos?” y cada vez que Pedro le responde, Jesús le encomienda solemnemente pastorear su rebaño. Hay dos elementos allí que vale la pena destacar: en primer lugar, que aunque allí Jesús se dirige sólo a Pedro, todos los apóstoles comparten el mismo oficio, que es pastorear la Iglesia. Sin embargo, aquí solamente Pedro recibe un mandado singular, no solo debe pastorear “las ovejas”, sino también “los corderos”. ¿Qué representan aquí los corderos sino al resto de los apóstoles, de los que acaba de preguntar si le amaba más que ellos? La función de Pedro allí es la misma que la del resto de los apóstoles, pero su jurisdicción cómo pastor se extiende y les incluye también a ellos.

Marlene: José, pero hay también otras razones, por la cual Jesús pudo dirigirse en esa ocasión sólo a Pedro. Recuerda que él le había negado tres veces, por lo que es más natural entender que allí le estaba dando la oportunidad de rectificar su traición, confirmando su amor también tres veces.

José: Ciertamente podía ser también esa una de las razones, pero eso no explicaría por qué le encomienda pastorear también a sus hermanos (corderos) en la fe.

Veamos otro texto donde se confirma la misma idea. En otra ocasión Jesús le dice a Pedro: “«¡Simón, Simón! Mira que Satanás ha solicitado el poder cribaros como trigo; pero yo he rogado por ti, para que tu fe no desfallezca. Y tú, cuando hayas vuelto, confirma a tus hermanos.»” (Lucas 22,31-32). Observa como allí, estando Jesús con el resto de los apóstoles nuevamente, le comenta que Satanás ha solicitado permiso para tentar a todos los apóstoles, sin embargo Jesús enfatiza que ha orado especialmente por Pedro para que su fe no desfallezca, y la razón la da él mismo inmediatamente después, y es que él tendrá la función de confirmar a sus hermanos (el resto de los apóstoles) en la fe: “Y tú, cuando hayas vuelto, confirma a tus hermanos”.

Permíteme utilizar la analogía de un equipo de baloncesto. Todos los equipos están compuestos por un conjunto de jugadores, pero uno de ellos ejerce un rol especial: el de capitán. El capitán no es más jugador que el resto, sin embargo, tiene el deber de coordinar el equipo y velar porque se mantenga cohesionado y organizado. Así mismo el Papa es tan obispo como el resto, pero con el poder de jurisdicción para mantener la unidad universal y ortodoxia dentro de la Iglesia Cristiana. Y aunque esta función la pudo haber desempeñado con un estilo distinto a lo largo de la historia, siempre estuvo presente[1].

Visto de esta manera, se entiende mejor por qué es Pedro, como mayordomo, quien recibe la revelación de que los gentiles puedan entrar a la Iglesia (Hechos 10,28), el primero en predicar en Pentecostés (Hechos 2,14), quien toma la iniciativa sobre la necesidad de completar el grupo de los doce (Hechos 1,15-22), es quien hace la primera curación milagrosa luego de la resurrección (Hechos 3,6-7). Es además quien en todas las listas de los apóstoles es mencionado de primero, mientras Judas figura de último (Mateo 10,2-4; Marcos 3,16-19; Lucas 6,13-16; Hechos 1,13), y no deja de ser llamativo que el evangelio de Mateo, cuando comienza a enumerarlos, dice explícitamente “primero Simón” (Mateo 10,2) lo cual si se entiende sólo respecto al orden de mención sería redundante, pero si se entiende a la luz de los otros textos que hemos visto, de Pedro como el apóstol que ocupa el primado entre el resto de los discípulos, toma mucho sentido.

Miguel: Pero si es así, y Pedro fue encargado por mantener la ortodoxia doctrinal de la Iglesia ¿cómo explicas que fue el apóstol Pablo quien le corrigió en su doctrina? Leamos un momento lo que dice el Nuevo Testamento:

Mas, cuando vino Cefas a Antioquía, me enfrenté con él cara a cara, porque era digno de reprensión. Pues antes que llegaran algunos del grupo de Santiago, comía en compañía de los gentiles; pero una vez que aquéllos llegaron, se le vio recatarse y separarse por temor de los circuncisos. Y los demás judíos le imitaron en su simulación, hasta el punto de que el mismo Bernabé se vio arrastrado por la simulación de ellos. Pero en cuanto vi que no procedían con rectitud, según la verdad del Evangelio, dije a Cefas en presencia de todos: «Si tú, siendo judío, vives como gentil y no como judío, ¿cómo fuerzas a los gentiles a judaizar?»” (Gálatas 2,11-14)

Por cierto, ¿puedes imaginar alguna oportunidad que se haya hecho pública y conocida, en donde un subordinado del Papa (un cardenal, por ejemplo) lo haya reprendido en público, y (como si ya fuera poco) en cuestiones de doctrina, como fue el caso de Pablo, que reprendió a Pedro por estar judaizando?

José: En primer lugar tengo que aclarar que el error de Pedro era de carácter disciplinario, no doctrinal. Tanto Pedro, como Pablo convenían en que las observancias de los judíos debían ser abolidas. El mismo San Pedro se había opuesto a que los gentiles convertidos en Antioquía fuesen circuncidados, como deseaban los judíos (Hechos 15,10) y como San Pablo reconoce, no judaizaba sino que “vivía como gentil”.

Y el encontrar en la historia, personas reprendiendo al Papa no es tan extraño como puedas pensar. San Ireneo, obispo de Lyon reprendió en una carta al papa Víctor, desaprobando su resolución de excomulgar a los Obispos de Asia Menor con motivo de la controversia pascual y consiguió con sus palabras que dicho papa desistiera de sus propósitos. San Bernardo, un humilde monje, escribió una carta advirtiéndole de los peligros a que estaba expuesto el papa Eugenio III. Santa Catalina de Siena, una monja, reprendió al papa Gregorio XI, por medio de una carta, debido a la decisión papal de permanecer en Aviñón e instó al Pontífice a que regresara a Roma, haciéndole ver cuán perjudicial era para los intereses de la Iglesia su permanencia en allí[2].

Marlene: José, pero lo que yo veo fue que su actuar hipócritamente por temor a los judíos, negaba con sus actos y mandatos a la verdad del Evangelio, ya que (literalmente) obligaba a los gentiles a que hicieran lo mismo (tal como se lee en el versículo 14), cosa que Pablo jamás hizo en orden a la justificación del pecador ante Dios Padre.

José: Date cuenta que cuando tú misma utilizas el verbo “actuar” y no “predicar” o “enseñar” reconoces implícitamente que el error de San Pedro era su conducta, no su enseñanza. Leamos el siguiente texto donde Jesús distingue entre la conducta y la doctrina como cosas separadas:

Entonces Jesús se dirigió a la gente y a sus discípulos y les dijo: «En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos. Haced, pues, y observad todo lo que os digan; pero no imitéis su conducta, porque dicen y no hacen.»” (Mateo 23,2-3).

Allí Jesús no acusa a los fariseos de enseñar mal por actuar mal, sin embargo tú haces lo contrario: asumes que Pedro enseñaba mal porque en un momento determinado actuó mal. Nosotros en la Iglesia Católica no sostenemos que los Papas no pequen, ni que no tengan momentos de debilidad ni cometan errores. De hecho, del dogma de la infalibilidad Papal ni siquiera se entiende que el Papa sea infalible en todo lo que haga o enseñe, sino solamente cuando enseña ex cátedra, o lo que es lo mismo, en lo referente a fe y moral en su oficio de pastor universal de toda la Iglesia, define una verdad de fe[3]. Y el evento completo, si prueba algo, no era que Pedro enseñaba incorrectamente, que no lo hizo, sino cómo su conducta, en base al primado que ocupaba entre los apóstoles, podía arrastrar prácticamente a todos con él, incluyendo al propio Bernabé, colaborador cercano de los apóstoles. De allí que fuera tan necesaria la intervención de San Pablo al punto de tener que resistirle “cara a cara”.

Yo lo que les recomiendo es analizar toda la evidencia en su conjunto, y reflexionar objetivamente y sin prejuicios sobre todo lo que enseña el Nuevo Testamento. Si Pedro no tenía un primado entre el resto de los apóstoles, ¿por qué Jesús le cambia el nombre y le elige precisamente a él como el portador de las llaves, utilizando una figura tan conocida por el pueblo judío? ¿Por qué en Mateo 16,19 no conjuga en plural y dice “a ustedes daré las llaves…”, sino “a ti te daré las llaves…”. ¿Por qué es a él precisamente a quien encomienda apacentar a los corderos y ovejas del rebaño y confirmar a sus hermanos en la fe? ¿Por qué fue él precisamente quien recibió la revelación de que los gentiles entraran a la Iglesia? ¿Por qué siempre encabeza la lista de los apóstoles? ¿Por qué todas las Iglesias de los primeros siglos reconocieron que el obispo de Roma era el sucesor del apóstol Pedro, y que la Iglesia de Roma tenía la primacía sobre el resto de la Iglesias?

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NOTAS

[1] Si bien la esencia del papado siempre ha sido la misma, su estilo ha ido cambiando a lo largo de la historia, a medida que la Iglesia enfrentaba distintos obstáculos y desafíos. Puede consultar mi libro Compendio de Apologética Católica, donde este tema se trata más profundamente.

[2] El código de derecho canónico reconoce a cada fiel el derecho y en ocasiones, lo considera un deber, el manifestar a los pastores aquello que pertenece al bien de la Iglesia. A este respecto, afirma el Canon 212:

“§1. Los fieles, conscientes de su propia responsabilidad, están obligados a seguir, por obediencia cristiana, todo aquello que los pastores sagrados, en cuanto a representantes de Cristo, declaran como maestros de la fe o establecen como rectores de la Iglesia.

§2. Los fieles tienen derecho a manifestar a los pastores de la Iglesia sus necesidades, principalmente las espirituales, y sus deseos.

§3. Tienen el derecho, y a veces incluso EL DEBER, en razón de su propio conocimiento, competencia y prestigio, de manifestar a los pastores sagrados de su opinión sobre aquello que pertenece al bien de la Iglesia y de manifestarla a los demás fieles, salvando siempre la integridad de la fe y de las costumbres y la reverencia hacia los pastores, habida cuenta de la utilidad común y de la dignidad de las personas.”

[3] Las condiciones para que una enseñanza se considere ex cathedra e infalible están mencionados en el decreto del Vaticano I: “1. El Pontífice debe enseñar en su carácter público y oficial de pastor y doctor de todos los cristianos, no privadamente como teólogo, predicador o conferencista, ni tampoco como príncipe temporal, ni siquiera como mero ordinario de la diócesis de Roma. Debe quedar claro que habla como cabeza espiritual de la Iglesia universal. 2. Es, por lo tanto, sólo es infalible cuando enseña doctrina de fe o moral en ese carácter

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