Escatología

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La Escatología se refiere al conjunto de creencias y doctrinas referentes a la vida después de la muerte.

En esta sección se tratan artículos relacionados con el Juicio Final, la inmortalidad del alma, el Cielo, el Infierno, el Purgatorio y cualquier otro tema relacionado.

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¿El alma es inmortal?

Por José Miguel Arráiz

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Introducción

La Iglesia enseña que cada alma espiritual es directamente creada por Dios -no es “producida” por los padres-, y que es inmortal: no perece cuando se separa del cuerpo en la muerte, y se unirá de nuevo al cuerpo en la resurrección final. 

A pesar de que la doctrina de la inmortalidad del alma está claramente revelada en las Escrituras, existen sectas y denominaciones protestantes (testigos de Jehová, adventistas, etc.) que apegándose a una interpretación errada de la Biblia se obstinan en rechazarla. He aquí un resumen de sus argumentos.

¿Cuáles son los argumentos de las sectas para negar la inmortalidad del alma? 

Un resumen de los argumentos que utilizan los testigos de Jehová para negar la inmortalidad del alma lo he tomado de su revista Despertad, del 22 de octubre de 1982.

“Los testigos de Jehová… creen que el alma humana es mortal, que los muertos no sienten nada en absoluto. ¿A qué se debe que crean esto? …los escritores de las Escrituras Hebreas (Antiguo Testamento) jamás, ni una sola vez, añadieron a las palabras “néphesh” (palabra hebrea para “alma”) ni “rúahh” (palabra hebrea para “espíritu”) la calificación de “inmortal.” Más bien, enseñaron que el alma humana muere: “El alma que pecare, ésa es la que morirá.” (Ezequiel 18:4, 20, Versión Moderna; vea también Salmo 22:29; 78:50.) Se dice que los muertos están inconscientes: “Porque los vivos saben que han de morir, pero los muertos no saben nada, y no hay ya paga para ellos... Cualquier cosa que esté a tu alcance el hacerla, hazla según tus fuerzas, porque no existirá obra ni razones ni ciencia ni sabiduría en el seol [sepulcro común de la humanidad] a donde te encaminas.”—Eclesiastés 9:5, 10 Biblia de Jerusalén.

Las Escrituras Griegas (Nuevo Testamento) dan el mismo punto de vista acerca del alma y la muerte. Jesús dijo que Dios “puede destruir tanto el alma como el cuerpo.” De modo que, si el alma puede ser destruida, no puede ser inmortal. (Mateo 10:28) Respecto a Jesús, el apóstol Pedro declaró: “Cualquier alma que no escuche a ese Profeta será completamente destruida.” (Hechos 3:23) Jesús también mostró que los muertos están inconscientes, porque asemejó la muerte a ‘un sueño que da descanso.’ (Juan 11:11-14) Esto está en armonía con lo que fácilmente puede discernir cualquier persona que asista a un funeral donde pueda verse el cuerpo del difunto.

Según el relato de la creación registrado en Génesis 2:7, Adán fue formado del polvo del suelo y “el hombre vino a ser alma viviente.” Por lo tanto, a menudo la Biblia usa la expresión “su alma” para referirse a la persona “misma[1]

 Partiendo de este breve resumen, podemos desglosar sus argumentos para estudiarlos uno por uno.

Argumento 1: Los muertos no tienen conciencia de nada

 “Porque los vivos saben que han de morir, pero los muertos no saben nada, y no hay ya paga para ellos, pues se perdió su memoria. Tanto su amor, como su odio, como sus celos, ha tiempo que pereció, y no tomarán parte nunca jamás en todo lo que pasa bajo el sol”[2]

Los testigos de Jehová han tomado literalmente y fuera de contexto este texto bíblico para afirmar que la persona cuando muere no tiene conciencia de nada, por tanto no hay un alma inmortal que la sobreviva. Para ellos cuando una persona muere deja de existir y solo queda “en la memoria de Jehová”. Pero para entender por qué los testigos de Jehová han llegado a esta conclusión, hay que comprender su forma de ver las Escrituras.

Su principal dificultad reside quizá en no comprender que la revelación divina ha sido progresiva. No debería sorprendernos no encontrar ninguna referencia a la resurrección en todo el pentateuco, (las primeras menciones a la resurrección las encontramos en Isaías 26,19 y Daniel 12, e incluso en tiempos de Jesús los saduceos la rechazaban), y mucho menos el reconocer que la razón es que para ese entonces no había sido revelada. La revelación misma del Mesías como Hijo de Dios y Dios no es igual de clara en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. Muchos ejemplos se podrían citar, pero seguramente cualquier lector cuidadoso podrá notar sin mucha dificultad este desarrollo de la revelación a medida que avanza leyendo las páginas de la Biblia, lo cual implica que hubo momentos de la historia donde el conocimiento de ciertas verdades era parcial y limitado y fue aumentando a medida que fue avanzando la transmisión de la revelación al pueblo de Dios.

Lo mismo sucede a la comprensión del pueblo de Dios respecto a su conocimiento del más allá y sobre todo respecto a la recompensa o sanción de cada uno. Es así que para el autor del Eclesiastés, como a los autores de los libros sagrados anteriores, no hay un conocimiento claro de premio o castigo a excepción de los bienes y los males de la vida presente. Parece si, vislumbrar que Dios juzgará las acciones del justo y del malvado[3]  pero sin conocer la naturaleza de la recompensa.

Es simple así comprender que no es que el autor ponga en duda la inmortalidad del alma y la retribución futura, sino que las ignora, y por eso compara la condición de los vivos con la de los muertos conforme a sus concepciones respecto del seol (lugar donde antes de la resurrección de Cristo descansaban las almas, y en el cual no tomaban parte ya del mundo de los vivos).

Se pueden encontrar a lo largo de todo el libro textos que confirman esto: “¿Quién sabe si el aliento de vida de los humanos asciende hacia arriba y si el aliento de vida de la bestia desciende hacia abajo, a la tierra?”[4]. El mismo autor reconoce aquí no saber que sucede con el aliento de vida de los humanos y si se diferencia del de las bestias. 

En otra parte escribe: “Porque el hombre y la bestia tienen la misma suerte: muere el uno como la otra; y ambos tienen el mismo aliento de vida. En nada aventaja el hombre a la bestia…”[5], textos que dan a entender que el autor habla desde lo que conoce y lo que hasta ese momento había sido revelado. Sin embargo los testigos de Jehová sostienen toda su doctrina en textos del Antiguo Testamento cuando la revelación estaba en pleno progreso, y se ven obligados a torcer todos los textos claros del Nuevo Testamento que se oponen a su interpretación.

Lo más contradictorio de su teología es que al interpretar Eclesiastés 9,5-6 como lo hacen, deberían concluir que tampoco hay recompensa futura, ya que el texto afirma que para los muertos “no hay ya paga para ellos” , aunque sabemos que “el Hijo del hombre ha de venir en la gloria de su Padre, con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno según su conducta[6].

Argumento 2: El alma que peque morirá

“Mías son las almas todas; lo mismo la del padre que la del hijo, mías son, y el alma que peca, ésa perecerá[7]

De alguna manera los testigos de Jehová han optado por interpretar que este texto se refiere la aniquilación o destrucción del alma. Quizá la principal dificultad aquí sea su falta de comprensión respecto al significado de la palabra muerte en la Biblia, la cual en unos casos hace referencia a la separación del alma y del cuerpo (muerte física), pero en otros casos a la separación del hombre de Dios por causa del pecado (muerte espiritual). 

Algunos textos donde la muerte referencia a la separación del alma y del cuerpo:

“Y al exhalar el alma, pues estaba moribunda, le llamó Ben-‘oní; pero su padre le llamó Benjamín”[8]

“Pues para mí la vida es Cristo, y la muerte, una ganancia. Pero si el vivir en la carne significa para mí trabajo fecundo, no sé qué escoger... Me siento apremiado por las dos partes: por una parte, deseo partir y estar con Cristo, lo cual, ciertamente, es con mucho lo mejor; mas, por otra parte, quedarme en la carne es más necesario para vosotros[9]

 En el texto anterior San Pablo está consciente de que al morir partirá de su cuerpo para estar con Cristo, prefiere sin embargo, permanecer todavía en carne, pero por causa de la evangelización. El siguiente texto es aún más explícito:

“Así pues, siempre llenos de buen ánimo, sabiendo que, mientras habitamos en el cuerpo, vivimos lejos del Señor, pues caminamos en la fe y no en la visión... Estamos, pues, llenos de buen ánimo y preferimos salir de este cuerpo para vivir con el Señor. Por eso, bien en nuestro cuerpo, bien fuera de él, nos afanamos por agradarle”[10]

Basta este solo texto para desarmar toda la teología de testigos de Jehová y adventistas, pues explícitamente habla de cómo se puede vivir en el cuerpo y fuera de él, y que en ambos estados podemos afanarnos por agradar a Dios.  

Algunos textos donde la muerte referencia a la separación del hombre de Dios por el pecado: 

“Y a vosotros que estabais muertos en vuestros delitos y pecados”[11] 

“…estando muertos a causa de nuestros delitos, nos vivificó juntamente con Cristo - por gracia habéis sido salvados”[12] 

“Y a vosotros, que estabais muertos en vuestros delitos y en vuestra carne incircuncisa, os vivificó juntamente con él y nos perdonó todos nuestros delitos”[13] 

Es por eso que no es coherente interpretar Ezequiel 18,4 como una aniquilación de la existencia del alma, sino por el contrario, lo que realmente significa: un estado donde esta queda apartada de Dios por toda la eternidad.

“Porque es propio de la justicia de Dios el pagar con tribulación a los que os atribulan, y a vosotros, los atribulados, con el descanso junto con nosotros, cuando el Señor Jesús se revele desde el cielo con sus poderosos ángeles, en medio de una llama de fuego, y tome venganza de los que no conocen a Dios y de los que no obedecen al Evangelio de nuestro Señor Jesús. Estos sufrirán la pena de una ruina eterna, alejados de la presencia del Señor y de la gloria de su poder[14]

“«Allí será el llanto y el rechinar de dientes, cuando veáis a Abraham, Isaac y Jacob y a todos los profetas en el Reino de Dios, mientras a vosotros os echan fuera[15]

Otras referencias a la muerte del alma, no como una aniquilación definitiva, sino como una separación del hombre de Dios, la tenemos en el apocalipsis, donde se habla de la muerte segunda:

“Y os digo que vendrán muchos de oriente y occidente y se pondrán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los Cielos, mientras que los hijos del Reino serán echados a las tinieblas de fuera; allí será el llanto y el rechinar de dientes»”[16]

“El que tenga oídos, oiga lo que el Espíritu dice a las Iglesias: el vencedor no sufrirá daño de la muerte segunda[17]

“Pero los cobardes, los incrédulos, los abominables, los asesinos, los impuros, los hechiceros, los idólatras y todos los embusteros tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre: que es la muerte segunda[18]

“Y el Diablo, su seductor, fue arrojado al lago de fuego y azufre, donde están también la Bestia y el falso profeta, y serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos[19]

Al leer cuidadosamente estos textos es posible darse cuenta de que la muerte segunda (se le llama así precisamente porque es la muerte del alma) que sufrirán los condenados junto con el Diablo, la Bestia y el falso profeta, implicará no solo verse apartados de Dios por toda la eternidad (pena de daño), sino una especie de tormento eterno (pena de sentido). 

“Muchos de los que duermen en el polvo de la tierra se despertarán, unos para la vida eterna, otros para el oprobio, para el horror eterno”[20]

En absolutamente todos los textos que hablan del destino final de los condenados[21] tenemos lo mismo: La muerte del alma es un estado de separación definitiva de Dios, y nunca se habla de una destrucción o cese de la existencia.

Nota: Los testigos de Jehová afirman que solo resucitarán los justos. Bajo su forma de ver las cosas es lógico, dado que no tendría sentido que los injustos resucitaran solo para volver a ser destruidos, pero observe que eso contradice lo que el profeta Daniel ya había profetizado en el texto que se acaba de citar[22].

Argumento 3: Jesús dijo que Dios “puede destruir tanto el alma como el cuerpo”. De modo que, si el alma puede ser destruida, no puede ser inmortal[23].

 Aquí el error de los testigos es nuevamente interpretar esta muerte del alma como una aniquilación. Su argumento es que el texto griego utiliza allí ἀπόλλυμι (apólumi), que traducen e interpretan literalmente como destruir. El diccionario de griego Strong nos da el siguiente significado:

G622
πόλλυμι (apólumi)

de G575 y la base de G3639; destruir completamente (reflexivamente perecer, o perder), literalmente o figurativamente:-destruir, matar, morir, perder, perdido, perecedero, perecer.

 No hay razón alguna, para interpretar en ese texto la palabra apólumi como una aniquilación o destrucción literal del alma. El contexto del mismo texto no solamente rechaza esta idea sino que sirve para refutarla.

 “«Y no temáis a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma; temed más bien a Aquel que puede llevar a la perdición alma y cuerpo en la gehenna”[24]

Dado que los adventistas y testigos de Jehová no creen en la inmortalidad del alma, ¿Cómo podría algo matar solo el cuerpo y no matar el alma? Recuerde que ellos afirman que no existe alma que sobreviva al cuerpo, y que al morir el cuerpo muere el alma. Sin embargo, no es eso lo que Jesús dice allí, sino todo lo contrario. Un accidente o cualquier evento natural puede matar el cuerpo sin matar el alma, por lo cual Jesús nos exhorta a no temerle a eso, sino aquello que si puede matar ambos. Así, el contexto de muerte o destrucción del alma de la que se habla allí no es una aniquilación, sino un estado de muerte espiritual definitiva. 

Evidencias bíblicas a favor de la inmortalidad del alma

Evidencia 1: La promesa hecha al buen ladrón

Seguramente todos recordamos lo sucedido con el buen ladrón cuando Jesús fue crucificado:

“Y uno de los malhechores que estaban colgados, le injuriaba, diciendo: «Si tú eres el Cristo, sálvate a ti mismo y a nosotros.». Y respondiendo el otro, le reprendió, diciendo: «¿Ni aun tú temes a Dios, estando en la misma condenación? Y nosotros, a la verdad, justamente padecemos; porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos; mas éste ningún mal hizo». Y dijo a Jesús: «Señor, acuérdate de mí cuando vinieres en tu Reino». Entonces Jesús le dijo: «De cierto te digo, que hoy estarás conmigo en el paraíso»”[25]

Lo interesante de ese suceso es que Jesús le promete al buen ladrón estar ese día con El en el paraíso, pero ¿Cómo podría ocurrir eso si el alma no sobrevive al cuerpo?. Dado que este simple texto desmoronaría instantáneamente toda la teología de los testigos y adventistas, se han inventado un argumento bastante original para justificarse, y consiste en alegar que como en dicha época no existían los signos de puntuación, lo que Jesús quiso decir fue: “Yo te aseguro hoy, estarás conmigo en el paraíso” (note donde colocan la coma) o lo que es lo mismo: “Yo te aseguro hoy, que algún día estarás conmigo en el paraíso” (la posición de una coma puede cambiar todo el sentido de una frase) 

El problema de este argumento es que dicha forma de expresarse era completamente ajena a la forma de hablar de Jesús recogida en todo el Nuevo Testamento. Cuando Jesús utilizaba la expresión “de cierto te digo” (otras traducciones traducen “en verdad te digo”, “yo te aseguro” , etc.) nunca la utilizaba de esa manera. Ejemplos hay por docenas, algunos de los cuales podemos mencionar:

De cierto, de cierto te digo: Cuando eras más mozo, te ceñías, é ibas donde querías; mas cuando ya fueres viejo, extenderás tus manos, y te ceñirá otro, y te llevará á donde no quieras”[26]

 De cierto te digo, que no saldrás de allí, hasta que pagues el último cuadrante”[27]

“Respondió Jesús, y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere otra vez, no puede ver el reino de Dios”[28]

“Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios”[29]

De cierto, de cierto te digo, que lo que sabemos hablamos, y lo que hemos visto, testificamos; y no recibís nuestro testimonio”[30] 

“Le respondió Jesús: ¿Tu alma pondrás por mí? De cierto, de cierto te digo: No cantará el gallo, sin que me hayas negado tres veces”[31]

En todas estas ocasiones Jesús jamás dice “De cierto de digo HOY”, sino solamente y de manera muy solemne “de cierto te digo”. 

En las únicas ocasiones donde Jesús utilizó la palabra “hoy” en ese tipo de expresiones fue para afirmar que ese suceso sucedería ese mismo día.

“Y le dice Jesús: De cierto te digo que tú, hoy, en esta noche, antes que el gallo haya cantado dos veces, me negarás tres veces”[32]

Aquí a ningún adventista ni testigo de Jehová se le ocurriría decir que Cristo estaba diciendo que Cristo estaba diciendo “HOY” que algún día Pedro le negaría, pues sabemos que Cristo se refería a que Pedro le negaría ESE DIA.

Otros ejemplos donde Jesús utilizó este tipo de formas de expresarse sin jamás utilizar “HOY” para reafirmar su promesa o enseñanza los podemos encontrar a lo largo de todo el evangelio[33].

Los testigos de Jehová y adventistas sostienen también que el buen ladrón no pudo haber estado con Jesús ese día en el paraíso, porque Jesús subió al Padre solo después de la resurrección:

“Dícele Jesús: «No me toques, que todavía no he subido al Padre. Pero vete donde mis hermanos y diles: Subo a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y vuestro Dios»”[34]

A esta aparente contradicción comenta Santo Tomás de Aquino en Suma de Teología, Parte III, c.52.a.4.: 

“Cristo, para asumir en sí mismo nuestras penas, quiso que su cuerpo fuera puesto en el sepulcro, así también quiso que su alma descendiese al infierno. Pero su cuerpo permaneció en el sepulcro un día entero y dos noches para que se comprobase la verdad de su muerte. Por lo que es de creer que también su alma estuviese otro tanto en el infierno, a fin de que salieran a la vez su alma del infierno y su cuerpo del sepulcro”

Más adelante continua:

  “Cristo, al bajar al infierno, libró a los santos que estaban allí, no sacándolos al instante del lugar del infierno, sino iluminándolos con la luz de su gloria en el mismo infierno. Y, no obstante, fue conveniente que su alma permaneciese en el infierno todo el tiempo que su cuerpo estuviese en el sepulcro”

 “Esas palabras del Señor deben entenderse, no del paraíso terrenal corpóreo, sino del paraíso espiritual, en el que se dice que viven los que gozan de la vida divina. Por lo cual, el ladrón descendió localmente con Cristo al infierno, para estar con Él, puesto que le dijo: estarás conmigo en el paraíso; pero, por razón del premio, estuvo en el paraíso porque allí gozaba de la divinidad, como los demás santos”.

Evidencia 2: La parábola de Lázaro y el rico

“Era un hombre rico que vestía de púrpura y lino, y celebraba todos los días espléndidas fiestas. Y uno pobre, llamado Lázaro, que, echado junto a su portal, cubierto de llagas, deseaba hartarse de lo que caía de la mesa del rico... pero hasta los perros venían y le lamían las llagas. Sucedió, pues, que murió el pobre y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham. Murió también el rico y fue sepultado. Estando en el Hades entre tormentos, levantó los ojos y vio a lo lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno. Y, gritando, dijo: «Padre Abraham, ten compasión de mí y envía a Lázaro a que moje en agua la punta de su dedo y refresque mi lengua, porque estoy atormentado en esta llama.» Pero Abraham le dijo: «Hijo, recuerda que recibiste tus bienes durante tu vida y Lázaro, al contrario, sus males; ahora, pues, él es aquí consolado y tú atormentado. Y además, entre nosotros y vosotros se interpone un gran abismo, de modo que los que quieran pasar de aquí a vosotros, no puedan; ni de ahí puedan pasar donde nosotros.» Replicó: «Con todo, te ruego, padre, que le envíes a la casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que les dé testimonio, y no vengan también ellos a este lugar de tormento.» Díjole Abraham: «Tienen a Moisés y a los profetas; que les oigan.» El dijo: «No, padre Abraham; sino que si alguno de entre los muertos va donde ellos, se convertirán.» Le contestó: «Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se convencerán, aunque un muerto resucite»”[35]

Aquí tenemos, de la boca del propio Jesús, una parábola donde partiendo de personajes ficticios nos explica una situación real aplicable a cada uno de nosotros: La recompensa o castigo que recibiremos de acuerdo a nuestras obras. 

No debería creerse como creen las sectas que por ser una parábola no se encierra allí una enseñanza real. Sería bastante curioso que Jesús colocara una parábola que haga alusión a la inmortalidad del alma si realmente fuera una doctrina pagana. Ya que si el alma fuera mortal, nada más inapropiado que utilizar una parábola cuya interpretación reforzaría la concepción judía de la inmortalidad del alma, cuando Jesús perfectamente pudo haber cambiado un poco la parábola, indicando que el rico simplemente no existiría ya luego de su muerte, mientras que Lázaro era recompensado resucitando el último día. 

Evidencia 3: La transfiguración

 “Seis días después, toma Jesús consigo a Pedro, Santiago y Juan, y los lleva, a ellos solos, aparte, a un monte alto. Y se transfiguró delante de ellos, y sus vestidos se volvieron resplandecientes, muy blancos, tanto que ningún batanero en la tierra sería capaz de blanquearlos de ese modo. Se les aparecieron Elías y Moisés, y conversaban con Jesús[36]

Otro evento que derrumba la teología de las sectas, ya que si el alma no sobrevive al cuerpo no se explica cómo pudieron conversar Moisés y Elías con Jesús. Es oportuno recordar que muerte de Moisés está claramente registrada en las Escrituras[37].

Adicionalmente a la transfiguración, tenemos el hecho de que Samuel fue evocado por la bruja de Endor , donde Samuel después de muerto es evocado por orden de Saúl[38].

Tanto en el caso de Samuel, como el de Elías y Moisés no se puede alegar que se trata de parábolas, tampoco de alucinaciones, y mucho menos, como me comento alguien de creencias adventistas en una ocasión: Que Samuel era un demonio y Moisés resucitó.

En el caso de Samuel la Escritura es la que claramente le identifica:

“La mujer dijo: «¿A quién debo invocar para ti? » Respondió: «Evócame a Samuel».  Vio entonces la mujer a Samuel y lanzó un gran grito. Dijo la mujer a Saúl: «¿Por qué me has engañado? ¡Tú eres Saúl!». El rey le dijo: «No temas, pero ¿qué has visto? » La mujer respondió a Saúl: «Veo un espectro que sube de la tierra». Saúl le preguntó: «¿Qué aspecto tiene? » Ella respondió: «Es un hombre anciano que sube envuelto en su manto». Comprendió Saúl que era Samuel y cayendo rostro en tierra se postró. Samuel dijo a Saúl: «¿Por qué me perturbas evocándome?» Respondió Saúl: «Estoy en grande angustia; los filisteos mueven guerra contra mí, Dios se ha apartado de mí y ya no me responde ni por los profetas ni en sueños. Te he llamado para que me indiques lo que debo hacer». Dijo Samuel: «¿Para qué me consultas si Yahveh se ha separado de ti y se ha pasado a otro? Yahveh te ha cumplido lo que dijo por mi boca: ha arrancado Yahveh el reino de tu mano y se lo ha dado a otro, a David»”[39]

Obsérvese que en dicho texto es la Escritura la que identifica a la aparición con Samuel reiteradamente identificándole: “Comprendió Saúl que era Samuel”, “Samuel dijo a Saúl”, “Dijo Samuel”. En ningún momento se señala que la aparición no era quien decía ser y al narrar el hecho se le identifica como Samuel. Asignar a esta aparición la identidad de un demonio no pasa de ser una mera suposición que va más allá del texto y que aceptan los adventistas y testigos de Jehová en base a prejuicios en su teología.

Tampoco hay en la Escritura ninguna alusión a la resurrección de Moisés. Los adventistas en su favor citan el siguiente texto bíblico para justificar su postura:

“En cambio el arcángel Miguel, cuando altercaba con el diablo disputándose el cuerpo de Moisés, no se atrevió a pronunciar contra él juicio injurioso, sino que dijo: "Que te castigue el Señor”[40]

De dicho texto concluyen que San Miguel disputaba con Satanás el cuerpo de Moisés  porque deseaba resucitarlo a pesar de que en ninguna parte se menciona la razón de la disputa.

Hay distintas tradiciones que presentan múltiples explicaciones a ese hecho. Una tradición referida por Ecumenio[41] narra que el diablo se oponía a una sepultura honorable de Moisés por considerarlo asesino, ya que había matado a un egipcio. Otra posible explicación es que Satanás quería utilizar el cuerpo de Moisés para mover al pueblo a la idolatría. En cualquier caso como no hay mención alguna de que San Miguel disputara el cuerpo de Moisés para resucitarlo, no tenemos sino que toda su argumentación se basa en meras suposiciones.

Evidencia 4: Cristo predica a espíritus encarcelados

“Pues también Cristo, para llevarnos a Dios, murió una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, muerto en la carne, vivificado en el espíritu. En el espíritu fue también a predicar a los espíritus encarcelados, en otro tiempo incrédulos, cuando les esperaba la paciencia de Dios, en los días en que Noé construía el Arca, en la que unos pocos, es decir ocho personas, fueron salvados a través del agua”[42]

Este texto hace alusión al descenso de Cristo a los infiernos (el Seol para los hebreos) luego de su muerte en la cruz, donde predica a todos aquellos justos que estaban retenidos de espera de que Cristo con su muerte y resurrección abriera el camino para entrar en el cielo[43]. No hace falta decir que en este evento se encuentra otra prueba palpable de la inmortalidad del alma, dado que la predicación de Cristo va dirigida a difuntos. 

Hay que descartar los argumentos poco convincentes de las sectas que sugieren que dicha predicación fue un mero acto de presencia ante los demonios o un acto condenatorio. Esto, porque el sentido del verbo griego κηρύσσειν (predicar), es indicado por el contexto general, que trata de la misericordia de Dios y de los efectos de la redención. La predicación tuvo que ser, por lo tanto, el anuncio de una buena nueva, lo que estaría en armonía con las palabras de Pedro casi inmediatamente después:

“Por eso hasta a los muertos se ha anunciado la Buena Nueva, para que, condenados en carne según los hombres, vivan en espíritu según Dios”[44]

La hipótesis de una predicación condenatoria estaría en contra del espíritu del pasaje. Adicionalmente hay que resaltar que κηρύσσειv, en el Nuevo Testamento, se emplea siempre para designar la predicación de una buena nueva.

Tampoco hay cabida a la suposición de que eran demonios, porque se hace referencia a personas incrédulas que vivían en tiempos de Noé. 

Hay que hacer notar sin embargo, que si bien el apóstol distingue especialmente a los contemporáneos de Noé, no quiere decir esto que excluya al resto de los justos, sino que resalta la eficacia redentora de Cristo, la cual alcanzó incluso a aquellos que en otro tiempo fueron considerados como grandes pecadores y provocaron el mayor castigo de Dios sobre el mundo. Serían así aquellos que en tiempos de Noé habían sido incrédulos a sus exhortaciones al arrepentimiento pero luego al desencadenarse el diluvio se arrepintieron, y antes de morir pidieron a Dios perdón. 

Evidencia 5: La Biblia muestra a los salvados en presencia de Dios

En el capítulo 11 de hebreos se mencionan a todos los patriarcas y santos de la antigüedad como testigos en torno nuestro. 

“Por tanto, también nosotros, teniendo en torno nuestro tan gran nube de testigos, sacudamos todo lastre y el pecado que nos asedia, y corramos con fortaleza la prueba que se nos propone”[45]

El autor de la epístola a los hebreos se sirve así de una metáfora tomada de los juegos públicos, a los que era aficionada la sociedad greco-romana. Se imagina que al igual que en aquellos juegos hay toda una nube de testigos observando, lo mismo los cristianos estamos rodeados de toda una “nube de testigos” contemplando nuestro esfuerzo. Estos testigos por su puesto, son los antepasados que acaba de mencionar, y quienes están en la ciudad del Dios vivo, en la asamblea de los primogénitos inscritos en el reino de los cielos, por ser los espíritus de los justos llegados a su consumación. 

“Vosotros, en cambio, os habéis acercado al monte Sión, a la ciudad de Dios vivo, la Jerusalén celestial, y a miríadas de ángeles, reunión solemne y asamblea de los primogénitos inscritos en los cielos, y a Dios, juez universal, y a los espíritus de los justos llegados ya a su consumación[46]

Se habla aquí de los espíritus de los justos. Estos justos no han sido todavía resucitados, cosa que queda clara en primer lugar porque se les llama espíritus, y en segundo porque la resurrección será el último día[47].  

Otro texto donde se ve claramente las almas de los justos conscientes y en presencia de Dios antes de la resurrección la tenemos en el apocalipsis:

“Cuando abrió el quinto sello, vi debajo del altar las almas de los degollados a causa de la Palabra de Dios y del testimonio que mantuvieron. Se pusieron a gritar con fuerte voz: «¿Hasta cuándo, Dueño santo y veraz, vas a estar sin hacer justicia y sin tomar venganza por nuestra sangre de los habitantes de la tierra?»”[48]

Cuando Esteban (el primer mártir cristiano) es martirizado, antes de morir ve como el cielo se abre para recibir su espíritu:

“Pero él, lleno del Espíritu Santo, miró fijamente al cielo y vio la gloria de Dios y a Jesús que estaba en pie a la diestra de Dios; y dijo: «Estoy viendo los cielos abiertos y al Hijo del hombre que está en pie a la diestra de Dios.» Entonces, gritando fuertemente, se taparon sus oídos y se precipitaron todos a una sobre él; le echaron fuera de la ciudad y empezaron a apedrearle. Los testigos pusieron sus vestidos a los pies de un joven llamado Saulo. Mientras le apedreaban, Esteban hacía esta invocación: «Señor Jesús, recibe mi espíritu.» Después dobló las rodillas y dijo con fuerte voz: «Señor, no les tengas en cuenta este pecado.» Y diciendo esto, se durmió”[49]

Las evidencias a favor de la inmortalidad del alma son muchas. Y de hecho, no solamente los cristianos sino también los judíos que solo reconocen el Antiguo Testamento creen en ella. Son solo las sectas que precisamente llevan la delantera en cuanto a profecías fallidas (adventistas y testigos de Jehová) las que se obstinan en negarla y prefieren torcer cada texto bíblico que les reprocha su error.

NOTAS


[1]  Despertad 1982 (g82 22/10 25-27)

[2]  Eclesiastés 9,5-6.

[3] Eclesiastés 3,17; 11,9; 12,14

[4] Eclesiastés 3,21

[5] Eclesiastés 3,19

[6] Mateo 16,27

[7]  Ezequiel 18,4

[8]  Génesis 35,18

[9]  Filipenses 1,21-24

[10] 2 Corintios 5,6-9

[11]  Efesios 2,1

[12]  Efesios 2,5

[13]  Colosenses 2,13

[14]  2 Tesalonicenses 1,6-9

[15]  Lucas 13,28

[16]  Mateo 8,12

[17]  Apocalipsis 2,11

[18]  Apocalipsis 21,8

[19]  Apocalipsis 20,10

[20]  Daniel 12,2

[21] Mateo 8,12; 13,42; 24,51; 25,30; Lucas 13,28

[22]  Daniel 12,2

[23] Mateo 10,28

[24] Mateo 10,28

[25]  Lucas 23,39-43

[26]  Juan 21,18

[27]  Mateo 5,26

[28]  Juan 3,3

[29]  Juan 3,5

[30]  Juan 3,11

[31][31]  Juan 13,38

[32] Marcos 14,30

[33]  Mateo 3,9; 5,22.28.32.34.39.44; 12,36; 19,9; 21,27; Lucas 4,25; 9,27; 11,9; 12;44; 16,9; 19,26; Juan 16,7

[34]  Juan 20,17

[35]  Lucas 16,19-31

[36]  Marcos 9,2-4

[37]  Deuteronomio 34,5-6

[38]  1 Samuel 28,6-20

[39] 1 Samuel 28,11-17

[40] Judas 1,9

[41] Jn epist. ludae: PG 119:713

[42]  1 Pedro 3,18-20

[43]  Hebreos 2,10; 9,8.15; 10,19-20; 1 Pedro 3,19

[44] 1 Pedro 4,6

[45]  Hebreos 12,1

[46]  Hebreos 12,22-23

[47]  Juan 6,39

[48]  Apocalipsis 6,9-11

[49] Hechos 7,55-60



Bibliografía

Biblia Comentada, Texto de la Nácar-Colunga.

 

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