Debatiendo la doctrina del purgatorio

Por Ing. José Miguel Arráiz.

 

Introducción

Luego de haber escrito el artículo Purgatorio, ¿Invento de la Iglesia Católica?, uno de los hermanos evangélicos perteneciente a uno de los foros en los que participo investigó diligentemente de varios sitios Web y de notas de varios de sus amigos los argumentos que las Iglesias evangélicas presentan a los argumentos católicos sobre el purgatorio y me los presentó. He querido en esta ocasión comentarlos y dar respuesta también a ellos.

Colocaré los comentarios suministrados por mi hermano evangélico en un cuatro con fondo azul.

Analizando el comentario inicial

¿Qué es el purgatorio? La Iglesia católica enseña en su catecismo (nn. 1130-1131), que "Los que mueren en la gracia y en la amistad de Dios, pero imperfectamente purificados, aunque están seguros de su eterna salvación, sufren después de su muerte una purificación, a fin de obtener la santidad necesaria para entrar en la alegría del cielo. La Iglesia llama Purgatorio a esta purificación final" 

 

Esta definición es correcta, aunque el numeral correcto actualmente es el 1054.

¿Hay alguna referencia evangélica directa sobre la necesidad del purgatorio? Referencia directa no hay ninguna, las referencias bíblicas que clásicamente expone la Iglesia para argumentar la necesidad de existencia del purgatorio son las de: 2 Mac 12, 43-46; Mt 12, 32; 1 Co 3, 10-15, y conjuntamente 1 Jn 5,16 y Ap 21, 27. 

 

Del comentario me parece interesante resaltar que el hermano no niega que existan referencias indirectas del purgatorio en la Biblia, solo niega que existan referencias directas. Esto es encomiable ya que no pierde el tiempo como la mayoría de apologetas protestantes diciendo que en la Biblia no hay ninguna referencia ni implícita ni explícita del purgatorio. Este tipo de negación que no conduce a nada solo sirve para dejarle mal parado cuando se le muestran las referencias en cuestión.

La realidad es que referencias implícitas si hay y muchas. No es posible negar una verdad por el hecho de que no esté explícita en las Sagradas Escrituras, porque hay doctrinas que los mismos protestantes aceptan en su mayoría que no tienen referencias directas como La Trinidad, la Encarnación, el pecado original y ellos si las aceptan. Es más, si uno les pregunta porqué creen en la Trinidad tendrán que reconocer que lo creen porque es una verdad implícita claramente mostrada en las Escrituras. Lo mismo ocurre en el caso del purgatorio.

Nuestro hermano también se queda bastante corto al mencionar las referencias bíblicas que la Iglesia da para explicar el purgatorio. Omite mencionar Hebreos 12,14, Lucas 12,47-48, Lucas 12,58-59, Mateo 5,22, Marcos 5,25-26. Para ver una exégesis de estos pasajes referentes a la doctrina del purgatorio solo consulte el estudio original “El Purgatorio, ¿Invento de la Iglesia Católica?”

Analizando las referencias históricas

¿Cuándo surge entonces la idea del purgatorio en la Iglesia? La referencia directa más antigua que he encontrado acerca del purgatorio se remonta hacia el año 600, cuando el papa Gregorio Magno se plantea la posibilidad de la existencia de este "tercer" estado de vida después de morir. Posteriormente se asentó la doctrina del purgatorio en los concilios de Florencia (año 1439, cf. DS 1304) y de Trento (años de 1545 hasta 1563, cf. DS 1820; 1580) principalmente. 

No obstante, hay que decir que ya los origenistas, habían sustituido la idea del infierno eterno, por otra idea (muy parecida a la del purgatorio) en la cual afirmaban que el infierno era sólo temporal, hasta que los castigados enmendaran su culpa; doctrina que condenó San Agustín en su obra A Orosio, contra los priscilianistas y origenistas, en el año 415. También en la Grecia antigua hay un par de alusiones a lugares del estilo al purgatorio, Virgilio en el sexto libro de la Eneida habla de un lugar donde se purgan las almas: "Se ven esos espíritus puros agitarse en los aires a la merced del viento, o ahogados en las aguas o quemados en las llamas: de este modo las almas se limpian y se purgan", Platón expresa una idea parecida en un fragmento de su obra La República, y hay alguna que otra referencia por el estilo en la escuela Estoica. Posteriormente Santa Catalina de Génova a finales del siglo XV escribe un tratado sobre el purgatorio, en él se plantea la necesidad de una purificación en vida, y ante la ausencia de tiempo en ésta, la continuidad en la otra; sobre las purificaciones en vida habla también de un modo parecido San Juan de la Cruz en el siglo XVI, y también se muestra fiel seguidor de la idea del purgatorio San Francisco de Sales (1567-1622), por citar sólo a unos pocos. 

 

Este comentario también es muy interesante porque aunque lo que dice es bastante impreciso, difiere lo que suelen postular muchos hermanos evangélicos en los debates sobre el tema. Incluso quien me suministró este artículo acababa de afirmar tajantemente que el purgatorio fue inventado el siglo XVI, imagínense la sorpresa que se llevó cuando le hice notar que el mismo artículo que el me había compartido reconocía referencias que se remontan al año 415.

Comencemos por hacer notar que San Agustín si enseñó y muy claramente la doctrina del purgatorio.

"Una flor sobre su tumba se marchita, una lágrima sobre su recuerdo se evapora. Una oración por su alma, la recibe Dios." San Agustín

Cuenta San Agustín que su madre Santa Mónica lo único que les pidió al morir fue esto: "No se olviden de ofrecer oraciones por mi alma

Cuando a San Agustín le preguntaron: “¿Cuánto rezarán por mí cuando yo me haya muerto?", y él le respondió: "Eso depende de cuánto rezas tú por los difuntos. Porque el evangelio dice que la medida que cada uno emplea para dar a los demás, esa medida se empleará para darle a é”

Muy conocida es también la oración de San Agustín por las almas del purgatorio:

“Dulcísimo Jesús mío, que para redimir al mundo quisisteis nacer, ser circuncidado, desechado de los judíos, entregado con el beso de Judas, atado con cordeles, llevado al suplicio, como inocente cordero; presentado ante Anás, Caifás, Pilato y Herodes; escupido y acusado con falsos testigos; abofeteado, cargado de oprobios, desgarrado con azotes, coronado de espinas, golpeado con la caña, cubierto el rostro con una púrpura por burla; desnudado afrentosamente, clavado en la cruz y levantado en ella, puesto entre ladrones, como uno de ellos, dándoos a beber hiel y vinagres y herido el costado con la lanza. Librad, Señor, por tantos y tan acerbísimos dolores como habéis padecido por nosotros, a las almas del Purgatorio de las penas en que están; llevadlas a descansar a vuestra santísima Gloria, y salvadnos, por los méritos de vuestra sagrada Pasión y por vuestra muerte de cruz, de las penas del infierno para que seamos dignos de entrar en la posesión de aquel Reino, adonde llevasteis al buen ladrón, que fue crucificado con Vos, que vivís y reináis con el Padre y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén.” San Agustín

Una de las explicaciones que San Agustín basándose en las Escrituras de la doctrina del purgatorio fue:

"algunos pecadores no son perdonados ni en este mundo o en el próximo "que a algunos pecadores no se les perdonarán sus faltas ya sea en este mundo o en el próximo no se podría decir con verdad a no ser que hubieran otros (pecadores) quienes, aunque no se les perdone en esta vida, son perdonados en el mundo por venir." San Agustín

Muy similar a la explicación de San Gregorio Magno:

"Si Jesucristo dijo que hay faltas que no serán perdonadas ni en este mundo ni en el otro, es señal de que hay faltas que sí son perdonadas en el otro mundo. Para que Dios perdone a los difuntos las faltas veniales que tenían sin perdonar en el momento de su muerte, para eso ofrecemos misas, oraciones y limosnas por su eterno descanso". San Gregorio Magno

Realmente hay referencias al purgatorio incluso de mucho tiempo atrás. En el relato de la Pasión de Santa Tecla y Santa Felicidad (ANF,III:701-702), escrito en el año 202 se habla del purgatorio. Clemente de Alejandría también lo hace ese mismo año en su explicación de que consiste el purgatorio (Stromata,6:14,in ANF,II:504). E incluso antes de esa fecha, en el año 160 leemos en los Hechos de Pablo y Tecla una petición de intercesión para que una cristiana fallecida fuera trasladada el lugar de los justos (ANF,VIII:490)

También hay referencias de Tertuliano en “De corona militis” donde menciona las oraciones para los muertos como una orden Apostólica y en "De Monogamia" (cap. x, P. L., II, col. 912) y aconseja a una viuda "orar por el alma de su esposo, rogando por el descanso y participación en la primera resurrección"; además, le ordena " hacer sacrificios por él en el aniversario de su defunción,"

La explicación de Orígenes también es muy clara:

"Porque si sobre la base de Cristo, haz construido no sólo oro y plata sino piedras preciosas (I Cor., 3); sino también madera, caña o paja ¿qué es lo que esperas cuando el alma sea separada del cuerpo? ¿Entrarías al cielo con tu madera y caña y paja y de este modo manchar el reino de Dios? ¿ o en razón de estos obstáculos podrías quedarte sin recibir premio por tu oro y plata y piedras preciosas? Ninguno de estos casos es justo. Queda entonces, que serás sometido al fuego que quemará los materiales livianos; para nuestro Dios, a aquellos que pueden comprender las cosas del cielo está llamado el fuego purificador

Pero este fuego no consume a la creatura, sino lo que ella ha construido, madera, caña o paja. Es manifiesto que el fuego destruye la madera de nuestras trasgresiones y luego nos devuelve con el premio de nuestras grandes obras." (Origenes P. G., XIII, col. 445, 448).

Lo mismo San Cirilo de Jerusalén (313–386 d.C):

“Entonces oramos por los Santos Padres y Obispos que han muerto; y brevemente por todos aquellos que han dejado esta vida en nuestra comunión; creyendo que las almas de aquellos por quienes oramos reciben un gran alivio, mientras esta santa y tremenda víctima yace en el altar." San Cirilo de Jerusalén (Catechet. Mystog., V, 9, P.G., XXXIII, col. 1116)

San Gregorio de Niza (334-394 d.C) declara:

“Cuando el renuncia a su cuerpo y la diferencia entre la virtud y el vicio es conocida, no puede acercarse a Dios hasta no haber purgado con fuego que limpia las manchas con las cuales su alma está infectada. Ese mismo fuego en otros cancelará la corrupción de materia y la propensión al mal". San Gregorio de Niza (P. G., XLVI, col. 524, 525)

En la misma época la Constitución apostólica en los formularios usados para recorrer a los muertos dice:

"Oremos por nuestros hermanos que durmieron en Cristo, que Dios en su amor por los hombres reciba el alma del que partió y le perdone todas sus faltas, y por misericordia y clemencia lo reciba en el seno de Abraham, junto con aquellos que, en esta vida, han agradado a Dios" (P. G. I, col. 1144).

Analizando los argumentos bíblicos.

Nuestro hermano comienza analizando el pasaje de Mateo 12,32 para argumentar que no hay pecados que puedan ser perdonados en la vida venidera.

Analizando Mateo 12,32

La Iglesia católica utiliza la última parte de esta frase para argumentar que en una edad futura se perdonarán pecados, refiriéndose a después de la muerte. Ante este hecho hay dos caminos; primeramente está claro que la palabra clave es edad, en griego a„èni, también traducible por siglo, o por tiempo. El primer camino es tomarse la frase del Señor como una expresión por oposición de contrarios, de modo que vendría a expresar la imposibilidad de Dios de perdonar al que habla en contra del Espíritu Santo ante la negativa de éste a recibir el perdón (por cerrarse al Espíritu Santo); en este sentido sería similar si sustituimos la frase de "ni en esta edad ni en la futura" por la frase nuestra más común "ni ahora ni nunca” sin querer expresar con ello un perdón en otra era, sino simplemente que nunca podrá perdonar Dios a alguien mientras éste se niegue.

 

Nos encontramos aquí que nuestro hermano nos trata de hacer creer que aunque Jesús dijo que el pecado contra el Espíritu Santo no sería perdonado “ni en esta vida ni en la siguiente”, lo que solamente quiso decir es que no sería perdonado “ni ahora ni nunca

Olvidemos por un momento que esta interpretación difiere de la que le dieron los doctores de la Iglesia, incluyendo el mismo San Agustín, San Gregorio Magno y muchos otros. Nos encontramos ante nuevamente ante una perspectiva protestante que niega lo que el pasaje claramente dice por contradecir a su doctrina (No queriendo decir esto que todo pasaje bìblico deba ser interpretado literalmente). Es básicamente el argumento de “Aunque Jesús dijo que…, lo que quiso decir es realmente que… fundamentado en que a mi me parece que…”. Para alguien que dice regirse por la Sola Scriptura esta es la más grande contradicción, y con este método pueden negar lo que sea. ¿Cuántas veces hemos oído el argumento de “Aunque Jesús dijo: “Este es mi cuerpo…”, lo que realmente quería decir es “Esto NO es mi cuerpo”…por tanto es un “símbolo de mi cuerpo”…”

No debemos buscar negar verdades bíblicas porque no se adapten a nuestra interpretación personal de las Escrituras. Cristo simplemente pudo haber dicho “No tendrá jamás perdón” como en el pasaje paralelo en Marcos 3,29, pero el hecho de que también haya quedado escrito bajo inspiración divina esta forma de decirlo demuestra que Cristo nos estaba dejando una enseñanza implícita y dando alusión a que ciertamente habrían pecados para ser perdonados en la vida venidera.

El problema de esta hipótesis es que no tiene consonancia con muchas otras enseñanzas de Jesús, mientras la interpretación católic si. De hecho de interpretarse de esta forma muchos otros pasajes cobran sentido que para los protestantes no tienen:

“«Aquel siervo que, conociendo la voluntad de su señor, no ha preparado nada ni ha obrado conforme a su voluntad, recibirá muchos azotes; el que no la conoce y hace cosas dignas de azotes, recibirá pocos; a quien se le dio mucho, se le reclamará mucho; y a quien se confió mucho, se le pedirá más.” Lucas 12,47-48

Para los protestantes que optan por interpretar que no hay pecados (veniales) que se perdonen en la vida venidera el pasaje anterior se refiere a los castigos que en vida sufren los creyentes por sus faltas. Eta interpretación es errada, es una referencia del juicio de Cristo que es cuando el Señor pedirá cuentas (2 Corintios 5,10) y claramente dice que hay personas que aunque obraron mal no estaban plenamente concientes de su mal obrar y recibirán “pocos azotes” (símbolo de castigo finito) mientras que otras aunque obraron todavía menos mal por estar concientes de su pecado recibirán “muchos azotes” (que también es un castigo finito pero más severo).

Otros claros pasajes que concuerdan con la interpretación de que hay pecados que serán perdonados en esta vida y en la venidera los tenemos en:

“Ponte enseguida a buenas con tu adversario mientras vas con él por el camino; no sea que tu adversario te entregue al juez y el juez al guardia, y te metan en la cárcel. Yo te aseguro: no saldrás de allí hasta que no hayas pagado el último céntimo.” Mateo 5,5-26

“Cuando vayas con tu adversario al magistrado, procura en el camino arreglarte con él, no sea que te arrastre ante el juez, y el juez te entregue al alguacil y el alguacil te meta en la cárcel. Te digo que no saldrás de allí hasta que no hayas pagado el último céntimo.” Lucas 12,58-59

Aquí Cristo habla de que nos pongamos en paz con nuestros hermanos mientras vamos de camino (simboliza nuestra estancia en esta tierra) de lo contrario podemos ser encarcelados, pero nos da una referencia clara de que en estos castigos no necesariamente habrá una pena infinita (infierno) sino que se podrá salir pero cuando se haya pagado el último centavo (simbolizando que será una pena finita).

Para concluir con este argumento debemos entonces considerar en creer de “buena voluntad” lo que nuestro hermano nos dice: “Aunque Jesús dijo esto no quiso decirlo, dijo otra cosa…” o creer lo que realmente dijo y concuerda con otros pasajes en la Escritura que tienen una enseñanza similar.

Analizando 1 Corintios 3,10-15

Nuestro hermano comienza citando una traducción de 1 Corintios 3,10

1 Corintios 3, 10-15:

"Conforme al don que Dios me ha dado, yo, como hábil arquitecto, coloqué el cimiento, pero otro levanta el edificio. Ahora que atención cada cual a como construye; porque un cimiento diferente del ya puesto, que es Jesús Mesías, nadie puede ponerlo, pero encima de ese cimiento puede uno edificar con oro, plata, piedras preciosas, madera, heno o paja. Y la obra de cada uno se verá por lo que es, pues el día aquel la pondrá de manifiesto; porque ese día amanecerá con fuego y el fuego pondrá a prueba la calidad de cada obra: si la obra de uno resiste, recibirá su recompensa; si se quema, la perderá, él sí saldrá con vida, pero como quien escapa de un incendio." 

 

Lo primero que llama la atención es que ha buscado cuidadosamente una traducción acomodada a su interpretación. Noten que el pasaje termina diciendo “pero como quien escapa de un incendio” cuando realmente la traducción correcta es “como quien pasa a través del fuego”.

El texto griego original textualmente dice específicamente en el versículo 15 del capítulo 3

1 Corintios 3,15

Una traducción interlineal obtenida del Nuevo Testamento Griego-Español de F. La Cueva (Protestante) dice:

Traducción interlineal 1 Corintios 3,15

NT Griego-Español F. Lacueva

Continuemos...

De aquí toma la Iglesia la idea del fuego purificador, la última parte de este trocito de la primera carta a los corintios habla de un fuego que purificará, para ser más exactos la palabra griega es dokimásei, que se debe traducir por probar, examinar o juzgar, qué es muy distinto de purificar, la obra de cada hombre, pero que no acabará con el hombre, simplemente le reportará o una recompensa o un "quemazón". 

 

Aquí hay un error de parte de lo que nuestro amigo cree que es la interpretación de la Iglesia Católica. Permítanme repasar la explicación que di en mi artículo original y completarlo con el análisis de este argumento:

“…la obra de cada cual quedará al descubierto; la manifestará el Día, que ha de revelarse por el fuego. Y la calidad de la obra de cada cual, la probará el fuego…” 1 Corintios 3,13

Comentaba en mi estudio inicial que este versículo en particular se refería al juicio de Cristo, que nos juzgará conforme hicimos en nuestra vida mortal, el bien o el mal (2 Corintios 5,10) y donde cada obra será probada por el fuego. Por eso la palabra griega “dokimásei” () es utilizada PERO en el versículo 13 (donde el fuego ciertamente se refiere al juicio de Cristo). Este fuego que probará la obra es diferente al fuego mencionado en el versículo 15 LUEGO de que la obra ya es probada y abrazada y donde el creyente aunque queda a salvo lo hace así como “por fuego”.

Curioso también que la traducción de nuestro hermano traduzca “pyros” por “quemazón” cuando la traducción más correcta es “fuego”.

 

Es extraño que San Pablo se esté refiriendo al juicio final con esta frase, en primer lugar porque está muy alejada de las alusiones al juicio final que hizo el mismo Señor, por ejemplo la de Mt 25, 31-46, Él hablaba de dos estados: la vida eterna y el suplicio eterno (v. 46), y San Pablo habla de una recompensa (presumiblemente la vida eterna) y un "quemazón" que pasará, que no es eterno. Por otro lado si con este "quemazón" San Pablo se está refiriendo al purgatorio, si está hablando del juicio final, ¿dónde se ha dejado el infierno? ¿Es que no contemplaba la posibilidad de una pena eterna? (como los discípulos de Orígenes citados anteriormente). Por ello tiendo a pensar que se está refiriendo a otra cosa. 

 

 

No es posible sostener aquí que San Pablo no está hablando del juicio final. Sabemos que cada referencia que hace Pablo del juicio es para decirnos que allí recibiremos lo hecho en nuestra vida (2 Corintios 5,10) ya sea el bien o el mal, y en este pasaje se habla de un momento donde la “obra de cada cual será probada”. Basta aquí preguntarse ¿en que momento cree entonces nuestro hermano que la obra de cada persona se probará y recibirá recompensa o castigo sino es en el juicio? ¡Vaya usted a saber donde!

 

Es importante darse cuenta del contexto y del símil del edificio que está poniendo, así el fuego sólo puede estar dentro del símil, es decir, se somete al edificio a una prueba (que no purificación), y esa prueba se simboliza incendiando el edificio. Sinceramente, a mí me parece claro que San Pablo está hablando únicamente del apostolado; era a lo que venía refiriéndose (vv. 49).. 

 

Esto también es impreciso. Recordemos que Pablo comienza llamándoles la atención por las discordias que han venido ocurriendo en la comunidad, y por eso al decir que somos NOSOTROS campo de edificación de Dios se nos previene a ver como construimos NUESTRA VIDA EN CRISTO.

“ya que somos colaboradores de Dios y vosotros, campo de Dios, edificación de Dios. Conforme a la gracia de Dios que me fue dada, yo, como buen arquitecto, puse el cimiento, y otro construye encima. ¡Mire cada cual cómo construye! Pues nadie puede poner otro cimiento que el ya puesto, Jesucristo.” 1 Corintios 3,9-11

Decir que esto se refiere únicamente al apostolado es quedarse muy corto en la exégesis del texto. Pablo simplemente está utilizando una metáfora similar a la que Cristo utilizó cuando nos hablaba de construir nuestra casa sobre la roca:

“«Así pues, todo el que oiga estas palabras mías y las ponga en práctica, será como el hombre prudente que edificó su casa sobre roca: cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, y embistieron contra aquella casa; pero ella no cayó, porque estaba cimentada sobre roca.” Mateo 7,24-25

La metáfora que utiliza Pablo nos enseña a construir nuestra vida sobre el cimiento que es Cristo (vivir nuestra vida practicando la Palabra de Dios) para que al final de nuestra vida cuando nuestras obras sean probadas por el fuego no sean “abrazadas” y aunque pudiéramos quedar a salvo tengamos que ser purificados como “por fuego”. Por eso aquí aunque el pasaje pueda abarcar el apostolado va mucho más que eso, nuestra vida como una casa construida sobre Cristo practicando su palabra.

Otra referencia clara adicional a las ya suministradas de que Pablo está hablando del juicio lo podemos encontrar en el contexto donde Pablo habla del salario que recibiremos:

“Y el que planta y el que riega son una misma cosa; si bien cada cual recibirá el salario según su propio trabajo,” 1 Corintios 3,8

Y sabemos que los cristianos no esperaban recibir el salario de su apostolado en esta vida sino en la siguiente.

Por ejemplo, si la comunidad obra de nuestro apostolado es tan inquebrantable que ningún fuego humano (persecuciones, desprecios, insultos, condenaciones, ejecuciones, etc.) puede acabar con ella, recibiremos una recompensa.

 

Recibirá la recompensa como lo dice la Escritura luego del juicio de Cristo.

Sin embargo si la obra de alguien cede ante el fuego humano, no morirá él, pero su sensación será de vacío, como quien escapa de un incendio; es decir, dejando atrás un edificio derruido, una obra hecha escombros. El mismo San Pablo en el v. 8 dice que su recompensa por el apostolado, se medirá dependiendo de lo que haya trabajado.

 

Curioso que diga “fuego humano” cuando anteriormente él postulaba que la palabra para “probar” las obras por el fuego. La palabra que se utilizaba en el versículo 13 era “dokimásei. No quiero interpretar que él piensa será un “juicio humano” quien probará y juzgará la obra de cada quien, sino el juicio divino, y por eso aunque entiendo el cambio de argumentación (con que finalidad viene) no lo justifico ya que trata de hacer parecer el juicio como un “fuego humano” para tratar de forzar la interpretación del pasaje a una recompensa temporal, cuando claramente Pablo habla mucho más que eso.

Por otro lado, no es posible creer que el pasaje habla de una muerte física, cuando claramente habla el pasaje dice que este creyente “quedará a salvo”. Esto va mucho más allá que una simple definición de una sensación de vacío por un apostolado mal hecho.

Para concluir veo que me he encontrado con lo mismo que el argumento anterior, una interpretación protestante bastante ingeniosa para forzar a que el pasaje diga lo que él quiere que diga, y aunque a pesar que este pasaje claramente hace alusión al juicio de Cristo el prefiere pensar que será un “juicio humano” el que probará las obras de los hombres y nos dará una “quemazón”.

Analizando 1 Juan 5,16 y Apocalipsis 21, 27:

“Si alguno ve que su hermano comete un pecado que no es de muerte, pida y le dará vida - a los que cometan pecados que no son de muerte pues hay un pecado que es de muerte, por el cual no digo que pida -.” 1 Juan 5,16

“Nada profano entrará en ella, ni los que cometen abominación y mentira, sino solamente los inscritos en el libro de la vida del Cordero.” Apocalipsis 21,27

De aquí se infiere que hay dos clases de pecados: unos que acarrean la muerte y otros que son simplemente injusticias. Por otro lado San Juan también casi al final de libro de Apocalipsis, contempla "la Nueva Jerusalén", y explica lo que pasa en ella: 

 

Seamos sinceros, hay pasajes mucho más claros donde Jesús enseñó que no todos los pecados tenían la misma gravedad:

“Pues yo os digo: Todo aquel que se encolerice contra su hermano, será reo ante el tribunal; pero el que llame a su hermano "imbécil", será reo ante el Sanedrín; y el que le llame "renegado", será reo de la gehenna de fuego.” Mateo 5,22

Aquí Jesús dice que ante la primera falta “encolerizarse con el hermano” nos dice: “será reo ante el tribunal”, a la segunda falta “llamarle imbécil” Cristo dice: “será reo ante el Sanedrín”, y por último “y el que le llame renegado” la sanción más alta (La gehenna o condenación eterna). Vemos aquí a Cristo utilizando ejemplos de su tiempo para enseñar de forma sencilla que hay pecados más graves que otros, unos que son dignos de la Gehenna y otros que no. De Cristo querer enseñarnos la falsa doctrina protestante de que hasta los pecados más leves nos hacen dignos del infierno hubiera dicho para todos los casos que seríamos dignos de la “Gehenna”, pero la verdad es que NO LO DIJO; sino que por el contrario nos puso un ejemplo muy claro para enseñarnos LO OPUESTO.

Puesto que dice San Juan que en el reino de Dios no entrará nada impuro, se opina que aquél que lleve pecados que no acarrean la muerte, puesto que no acarrean la muerte, no irían al castigo eterno, pero deben de sufrir un proceso de purificación antes de entrar en el reino de Dios, el purgatorio. 

El texto de la carta es bastante misterioso, en primer lugar cabría preguntarse cuál es el pecado que acarrea la muerte, dos opiniones he encontrado al respecto: una es que San Juan se refiera al pecado en contra del Espíritu Santo del que ya he hablado, y otra es que se refiera al pecado de actuar por sistema en contra del amor, no amar, sino odiar, este pecado, dice San Juan un poco antes (3, 14-15), lleva a la muerte. Pienso yo también que hay un parecido curioso entre este texto y una parte de la oración del Señor en el evangelio de Juan, Jn 17, 9ss,; Jesús no ora por el mundo (por el orden injusto que representa el mundo), sino por los que el Padre le ha entregado. Me di cuenta del hecho de que siempre que en Juan se habla de no orar por algo (por el mundo, por quien que peca de pecado que acarrea la muerte) el evangelista usa erotáo (rogar o pedir), mientras que usa además de éste otros verbos para los demás casos; he intentado buscar la clave del asunto en el uso de este verbo, pero ante la falta de ocasiones en las que aparece en los escritos de Juan (ignorando la posibilidad de que el autor de la carta no sea Juan evangelista) no puedo asegurar nada, probablemente será una mera coincidencia. Como no hay referencia explicita en el texto de la carta, no queda claro qué es lo que explícitamente pide Juan, opino, al no expresar la negación en imperativo, al hacerse él responsable de la misma (no me refiero), y al venir precedido de un caso particular (a ese cuando digo que rece) que sólo está intentando puntualizar la frase anterior, lo que no quiere decir que por hombres con esos pecados no se deba rezar, sino que él no se refiere esta vez a ésos, pero como he dicho, es simplemente mi opinión. En cualquier caso lo que sí queda claro es la frase del Señor: "orad por vuestros enemigos" (Mt 6, 44, Lc 6, 28). En cuanto al apunte final "Toda injusticia es pecado, pero hay pecados que no acarrean la muerte" significa que las incoherencias del cristiano no siempre suponen un rechazo al mensaje de Jesús, sino simplemente errores inducidos por la debilidad humana. 

 

Aquí veo que nuestro hermano se sumerge en un cúmulo de suposiciones intentando encontrar claves ocultas, comienza con un “pienso yo, luego “me di cuenta”, para continuar “He intentado buscar la clave” para seguir “no puedo asegurar nada” para luego decir “no me queda claro lo que pide Juan” para culminar con un “es simplemente mi opinión”.

La verdad el asunto no es tan complejo. Como ya hemos visto a diferentes faltas ocurren nos hacemos merecedores de diferentes castigos. Hay faltas que nos hacen reos de la Gehenna y otras no (Mateo 5,22), así tenemos pecados mortales y pecados veniales. De morir en pecado mortal (pecado de muerte) nos condenamos, de morir en pecado venial (pecado que no es de muerte) nos salvamos pero necesitamos aunque salvos purificarnos “por fuego”.

Del texto del Apocalipsis quiero resaltar la última frase; "sólo entrarán los inscritos en el registro de los vivos que tiene el Cordero.", es decir, sólo entrarán en el reino de Dios los que Jesús reconoce como suyos, los que dan su adhesión a Él obrando su mensaje de amor (Jn 15, 12-14 y 17, 9-11). Ahora me pregunto, ¿es qué los apóstoles no cometieron incoherencias con su mensaje? -De ningún modo: la negación de Pedro (Mt 26, 69-75; Mc 14, 66-72; Lc 22, 55-62; Jn 18, 15-18.25-27), el abandono de Jesús a su pasión (Mt 26, 56; Mc 14, 50), la incoherencia por miedo de Pedro respecto a lo acordado en el concilio de Jerusalén (Ga 2,11ss), y otras muchas que debieron tener. Y sin embargo el Señor no tuvo dudas al afirmar que todos ellos estaban limpios, esto es, puros (Jn 13 ,10), salvo Judas. Es decir, la pureza a la que se refiere el Señor, la pureza esencial, no las "impurezas particulares" (Mt 15, 18-19), es la limpieza que proporciona salir de la tiniebla y adherirse a Jesús Mesías, reconociendo en él al enviado de Dios y su mensaje como el que lleva a la plenitud al hombre; por el contrario la impureza, el oponerse a Jesús, a sus valores y a la actitud de servicio al hombre, tiene como consecuencia hacer de las "impurezas particulares" una norma de vida. De aquí se deduce que Judas fuera el único que no estuviera "limpio". 

 

Aquí nuevamente nos encontramos con una exégesis que falla al estudiar el texto bíblico en su totalidad. Plantea que todos los creyentes por adherirse a Jesús no tienen nada que purificar sino que están limpios. Esto es cierto en parte, pero expliquémonos mejor.

Por la fe en Cristo el creyente es justificado (Romanos 5,1), esta justicia que recibe el cristiano al revestirse de Cristo por medio del bautismo Gálatas 3,27 es una justicia que se “imputa”. Dios no ve al cristiano como “pecador” sino como “justo”. Más ciertamente el cristiano sigue siendo pecador y se hace necesario que la obra del Espíritu Santo le valla renovando y purificando hasta que llegue a la plenitud de la santidad.

Es importante para entender esto no confundir la santidad a la que nos hacemos participes por medio de la justificación por la fe de la santidad que se “procura” a partir de allí. Es una santidad donde nos vamos realmente librando de nuestra corrupción y nos vamos haciendo realmente santos. Aquí Dios no solo nos ve santos sino que llegamos a ser santos como él es santo.

Entre los pasajes donde podemos comprobar esto tenemos:

Porque esta es la voluntad de Dios: vuestra santificación; que os alejéis de la fornicación, que cada uno de vosotros sepa poseer su cuerpo con santidad y honor,” 1 Tesalonicenses 4,3-4

Nótese que aquí Pablo muestra la santificación como un proceso producto de la voluntad de Dios, y habla a creyentes YA JUSTIFICADOS y les muestra que esa santificación consiste en apartarse del pecado (fornicación en este caso).

“Teniendo, pues, estas promesas, queridos míos, purifiquémonos de toda mancha de la carne y del espíritu, consumando la santificación en el temor de Dios.” 2 Corintios 7,1

Aquí también se ve que este pasaje dirigido a creyentes bautizados y llamados por Pablo “santos” especifica claramente que la santificación consiste en un proceso donde la persona se “purifica de toda mancha” y es un proceso que se va “consumando” , Pablo se incluye entre ellos porque dice: “purifiquémonos” .

La santificación es una acción del Espíritu Santo en los creyentes justificados pero que exigen colaboración de la propia voluntad que aunque movida por el Espíritu Santo no coarta nuestra voluntad.

“Nosotros, en cambio, debemos dar gracias en todo tiempo a Dios por vosotros, hermanos, amados del Señor, porque Dios os ha escogido desde el principio para la salvación mediante la acción santificadora del Espíritu y la fe en la verdad.” 2 Tesalonicenses 2,13

Otro pasaje de ejemplo:

“Que el injusto siga cometiendo injusticias y el manchado siga manchándose; que el justo siga practicando la justicia y el santo siga santificándose.” Apocalipsis 22,12

Nótese nuevamente que aquí el justo se sigue santificando (es un proceso) ya que de ya estar totalmente santificado ¿Cómo seguir santificándose?

Una vez entendiendo la diferencia entre justificación y santificación, podemos entender el siguiente pasaje:

Procurad la paz con todos y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor.” Hebreos 12,14

Pablo aquí hablaba a creyentes, los cuales ya habían aceptado a Cristo como Señor y habían sido justificados por la fe, y por eso la santidad que se habla aquí es la santidad que se “procura” que viene producto de caminar por la puerta estrecha (Lucas 13,24), y exige también estar “en paz con todos”.

Bajo esta perspectiva el argumento de nuestro amigo termina de desplomarse. Si lo que dice es cierto en todo los contextos y por adherirnos a Cristo ya estamos totalmente “santificados” entonces exhortaciones como las ya citadas no tendrían sentido (1 Tesalonicenses 4,3-4, 2 Corintios 7,1) y mucho menos podría Pablo hablándole a creyentes que PROCUREN la santidad o si no, no verían al Señor. Y esa santidad no solo incluye adherirse a Cristo, sino purificarse de toda mancha de pecado y estar en paz con todos los hombres, porque sino seremos encarcelados y no saldremos de allí hasta no haber pagado el último centavo.

Analizando 2 Macabeos 12,43-46

“Después de haber reunido entre sus hombres cerca de 2.000 dracmas, las mandó a Jerusalén para ofrecer un sacrificio por el pecado, obrando muy hermosa y noblemente, pensando en la resurrección. Pues de no esperar que los soldados caídos resucitarían, habría sido superfluo y necio rogar por los muertos; mas si consideraba que una magnífica recompensa está reservada a los que duermen piadosamente, era un pensamiento santo y piadoso. Por eso mandó hacer este sacrificio expiatorio en favor de los muertos, para que quedaran liberados del pecado.” 2 Macabeos 12,43-46

He dejado para el final el texto del segundo libro de los Macabeos, por considerarse fundamento no sólo del purgatorio, sino de otras muchas cuestiones escatológicas, como son rezar por los difuntos, etc. Sin embargo, pasa como con todo el Antiguo Testamento, no se puede entender el libro como una narración histórica sino como la narración de hechos reales en forma de parábola o símbolo desarrollado, y hay que tener mucho cuidado con lo que se afirma basándose en el Antiguo Testamento pues Cristo denunció muchas prácticas en él descritas (el repudio, el precepto del sábado, los ritos de purificación, la pena de lapidación, etc.) e incluso llegó a desmarcarse de él tomándolo en algún caso como ley de otros (Jn 8, 17. 10, 34 y 15, 25).

 

Aquí nuestro hermano trata de descalificar el Antiguo Testamento como fuente de doctrina, curioso, ya que la Biblia es muy clara en que:

“Toda Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para argüir, para corregir y para educar en la justicia;” 2 Timoteo 3,16

¿¿¿Pues ahora resulta que toda no???

Dejemos claro también que aunque Jesús desechó y abolió algunos preceptos temporales eso no quiere decir en ningún modo que no hayan sido “Palabra de Dios”. El sábado por ejemplo es parte del decálogo, y aunque los cristianos no estamos ahora sometidos a las “obras de la ley” (Romanos 3,28) no quiere decir que esas obras de la ley no fueran mandadas por Dios. Sin ir muy lejos, el profeta Daniel estuvo dispuesto a morir para no contaminarse con alimentos declarados por Dios impuros. Comerlos antes de que Cristo decretara puros todos los alimentos era pecar gravemente contra Dios. Esto lo tuvieron claro los profetas y el mismo Daniel que se dispuso a morir antes de desobedecer a Dios.

Recordemos también que aquí no se está hablando de una obra de la ley que pueda ser abolida o no por Cristo, sino de una acción que la Biblia llama “santa y piadosa”. Tratar de hacer creer que una acción que la Biblia llama de esa manera es una acción “sin sentido” es negar y contradecir la Palabra de Dios.

El Antiguo Testamento sólo es enteramente válido como señal profética (Mt 5,17-18), nunca pueden extraerse doctrinas de él si no están refrendadas por palabras y obras de Jesús. Y lo cierto es que la actitud de Judas Macabeo de mandar los dos mil dracmas de plata a Jerusalén, para que se ofreciese un sacrificio expiatorio por el pecado de los soldados muertos bajo el designio de Dios por causa de su idolatría, suena, después de la llegada del Mesías, terriblemente material; el mismo Señor tiene una actitud bien definida ante ese materialismo religioso (Mt 21, 12-13; Mc 11, 15-17; Lc 19, 45-46; Jn 2, 13-17).

 

Aquí nuestro hermano asume, que como la interpretación que el tiene de las palabras de Jesús no hacen referencia a la doctrina del purgatorio, entonces este pasaje no tiene relevancia doctrinal. Pero a pesar de que nuestro amigo iguale su interpretación de lo que Jesús dice a lo que Jesús realmente dice, ya hemos hablado como no solo Jesús sino los apóstoles nos dan claras referencias a esta etapa de purificación para aquellos que no fueron perfectamente purificados en vida que llamamos purgatorio.

Por otro lado, si pudiéramos alcanzar el cielo por méritos propios (sufriendo), ¿para qué sufrió Cristo en la cruz?, no, Él sufrió para que nosotros ya no sufriéramos, fue él la única expiación válida (Rom 3, 25, 1 Jn 4, 10), y nuestro sufrimiento es inútil (Mt 19, 25-26; Lc 18, 26-27), así nos redimió para siempre, y no tenemos que pagar castigo alguno para estar en paz con el Padre (Rom 5, 9-11). 

 

Aquí noto una grave falta de entendimiento de parte del autor de la doctrina del purgatorio. Nadie dice que el purgatorio sea una vía para ir al cielo ni una forma de “ganarlo”. Lo más sorprendente es que nuestro amigo al comienzo citara nuestro catecismo para definir el purgatorio y decía:

¿Qué es el purgatorio? La Iglesia católica enseña en su catecismo (nn. 1130-1131), que "Los que mueren en la gracia y en la amistad de Dios, pero imperfectamente purificados, aunque están seguros de su eterna salvación, sufren después de su muerte una purificación, a fin de obtener la santidad necesaria para entrar en la alegría del cielo. La Iglesia llama Purgatorio a esta purificación final

 

Ahora, si el mismo ha dicho que nosotros decimos que esta etapa de purificación la sufren aquellos “seguros de su eterna salvación” ¿De donde ha sacado que entonces allí se gane la salvación?

Tratar de distorsionar nuestra posición al final de su estudio a pesar de que el mismo ha comenzado aclarando que conoce cual es no me parece ético.

En el purgatorio no ganamos méritos, nos purificamos. Aquellos que hemos muerto en gracia de Dios pero sin haber alcanzado la “santidad” tenemos que purificarnos para ver al Señor. No hay otro modo Pablo lo dice claramente, sin santidad y paz con todos no lo veremos.

Conclusión

Como podemos ver la doctrina del purgatorio si tiene fundamento bíblico y bastante sólido. A través del estudio nos encontramos con grandes esfuerzos de nuestro amigo por forzar la interpretación de pasajes de la Escritura para negar lo que claramente dicen, pero que ciertamente lo dicen.

Espero les pueda ayudar y disculpen de antemano todos los errores que pueden haber. Recuerden que es un simple laico quien lo ha escrito con los pocos conocimientos que ha recibido del Señor a través de su Santa Iglesia

Dios les bendiga

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