Escatología

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La Escatología se refiere al conjunto de creencias y doctrinas referentes a la vida después de la muerte.

En esta sección se tratan artículos relacionados con el Juicio Final, la inmortalidad del alma, el Cielo, el Infierno, el Purgatorio y cualquier otro tema relacionado.

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El Purgatorio, ¿Invento de la Iglesia Católica?

Por José Miguel Arráiz

Purgatorio

Charlando con unos hermanos evangélicos en un foro, uno de ellos me compartió amablemente un estudio de una página Web sobre la doctrina del purgatorio. Como este contiene las objeciones comunes de los hermanos ante esta doctrina me ha parecido útil hacer un análisis del mismo.

Los comentarios que quiero analizar del artículo los colocaré en un recuadro con fondo azul, cuando cite otra fuente la colocaré en un cuadro con fondo verde, mientras que el artículo original en su totalidad puede ser consultado en el siguiente enlace  ¿Qué dice la Biblia acerca del Purgatorio?

¿Qué dice la Iglesia Católica? 

Según la Iglesia Católica, el purgatorio es el lugar adonde van las almas de las personas que mueren en gracia, pero que no son libres de toda imperfección. La Iglesia Católica enseña que las almas de tales personas necesitan ser libradas de tres defectos: (1) la culpa de pecados veniales, (2) la inclinación hacia el pecado (deseos desordenados), y (3) el castigo temporal que resulta del pecado

 

 

 

Comencemos por dar una afirmación más acertada del purgatorio, según el catecismo oficial de la Iglesia Católica:

 

Catecismo de la Iglesia Católica, LA PURIFICACION FINAL O PURGATORIO

 

1030  Los que mueren en la gracia y en la amistad de Dios, pero imperfectamente purificados, aunque están seguros de su eterna salvación, sufren después de su muerte una purificación, a fin de obtener la santidad necesaria para entrar en la alegría del cielo.

 

1031  La Iglesia llama Purgatorio a esta purificación final de los elegidos que es completamente distinta del castigo de los condenados. La Iglesia ha formulado la doctrina de la fe relativa al Purgatorio sobre todo en los Concilios de Florencia (cf. DS 1304) y de Trento (cf. DS 1820: 1580). La tradición de la Iglesia, haciendo referencia a ciertos textos de la Escritura (por ejemplo 1 Co 3, 15; 1 P 1, 7) habla de un fuego purificador:

 

Respecto a ciertas faltas ligeras, es necesario creer que, antes del juicio, existe un fuego purificador, según lo que afirma Aquél que es la Verdad, al decir que si alguno ha pronunciado una blasfemia contra el Espíritu Santo, esto no le será perdonado ni en este siglo, ni en el futuro (Mt 12, 31). En esta frase podemos entender que algunas faltas pueden ser perdonadas en este siglo, pero otras en el siglo futuro (San Gregorio Magno, dial. 4, 39).

 

1032  Esta enseñanza se apoya también en la práctica de la oración por los difuntos, de la que ya habla la Escritura: "Por eso mandó [Judas Macabeo] hacer este sacrificio expiatorio en favor de los muertos, para que quedaran liberados del pecado" (2 M 12, 46). Desde los primeros tiempos, la Iglesia ha honrado la memoria de los difuntos y ha ofrecido sufragios en su favor, en particular el sacrificio eucarístico (cf. DS 856), para que, una vez purificados, puedan llegar a la visión beatífica de Dios. La Iglesia también recomienda las limosnas, las indulgencias y las obras de penitencia en favor de los difuntos:

 

Llevémosles socorros y hagamos su conmemoración. Si los hijos de Job fueron purificados por el sacrificio de su Padre (cf. Jb 1, 5), ¿por qué habríamos de dudar de que nuestras ofrendas por los muertos les lleven un cierto consuelo? No dudemos, pues,  en socorrer a los que han partido y en ofrecer nuestras plegarias por ellos (San Juan Crisóstomo, hom. in 1 Cor 41, 5).

 

 

 

Continuemos…

 

La Iglesia Católica enseña que el castigo del pecado no se quita cuando se perdona la culpa. Se tiene que pagar este castigo o en esta vida o en la vida venidera.

 

Aquí es bueno hacer notar algo que el autor del artículo ignora o no entiende a plenitud. Una cosa es el perdón del pecado y otra su consecuencia temporal que permanece y que nos puede afectar en esta vida (y en la otra en Mateo 12,32). Ejemplo de esto por ejemplo lo vemos cuando el rey David pecó cometiendo adulterio con Betsabé (esposa Urías el  hitita). Aquí Dios perdona a David y le dice:

“.» David dijo a Natán: «He pecado contra Yahveh.» Respondió Natán a David: «También Yahveh perdona tu pecado; no morirás.” 2 Samuel 12,13

Como podemos ver Dios realmente según la Escritura le perdonó y le dice explícitamente: “Yahveh perdona tu pecado; no morirás” más inmediatamente luego agrega:

“Pero por haber ultrajado a Yahveh con ese hecho, el hijo que te ha nacido morirá sin remedio.»” 2 Samuel 12,14

Alguien podría preguntarse ¿Pero no perdonó Dios a David?, la respuesta es: Si, ¿Y entonces porque luego le castiga?. Porque Dios le perdonó pero la consecuencia de su pecado permaneció, que fue la muerte de su hijo, sin contar otras consecuencias adicionales:

Pues bien, nunca se apartará la espada de tu casa, ya que me has despreciado y has tomado la mujer de Urías el  hitita para mujer tuya. Así habla Yahveh: Haré que de tu propia casa se alce el mal contra ti. Tomaré tus mujeres ante tus ojos y se las  daré a otro que se acostará con tus mujeres a la luz de este sol.” 2 Samuel 12,10-11

Bajo la teología protestante este pasaje no tiene explicación porque ellos no pueden diferenciar el pecado de su consecuencia, creen que al perdonarse el pecado la consecuencia desaparece, más eso no es lo que puede verse en las Escrituras. Si por ejemplo mi hijo rompe un vidrio con la ventana y me pide perdón yo le puedo decir: Bien hijo, te perdono, pero la ventana ha quedado rota, y tiene que ser reparada.

Otro ejemplo claro lo vivimos en carne propia en el caso del pecado original, ya que aunque Cristo nos ha redimido y ha pagado plenamente la paga del pecado con su muerte en la cruz, aún así nosotros sufrimos las consecuencias de dicho pecado ya que todavía tendremos que volver al polvo, tendremos que ganar el pan con el sudor de nuestra frente, y las mujeres siguen dando a luz con dolores de parto. ¿Cómo se explica esto bajo la teología protestante? ¿Por qué seguimos sufriendo y enfermándonos? ¿Por qué seguimos sintiendo la inclinación desordenada a pecar (concupiscencia)?.Si  seguimos sufriendo y esos sufrimientos han sido consecuencia del pecado original, es que este pecado aún ya perdonado a quienes hemos sido justificados, nos sigue afectando.

Además, la Iglesia Católica enseña que "las oraciones y las buenas obras de los vivos pueden ser útiles a los difuntos, por aliviar y abreviar sus penas". Y que "el sacrificio de la misa es propiciatorio, que por consiguiente tiene la virtud de borrar los pecados y de satisfacer la justicia divina por los vivos y por los difuntos"

Realmente la Iglesia Católica lo enseña porque es bíblico que las oraciones por los difuntos pueden llevarles alivio. Un ejemplo lo vemos en la 2 carta a los Macabeos donde Judas manda a hacer sacrificio expiatorio por unos compañeros muertos:

“Por eso mandó hacer este sacrificio expiatorio en favor de los muertos, para que quedaran liberados del pecado.” 2 Macabeos 12,46

Los hermanos evangélicos rechazan este pasaje porque a raíz de la reforma protestante iniciada por Martín Lutero fueron excluidos de la Biblia los 7 libros deuterocanónicos que ellos llaman “apócrifos”, (incluido este libro de los Macabeos) a pesar de que estos libros estaban en el Canon Alejandrino (La Septuaginta). La Septuaginta o traducción de los Setenta era la traducción griega de la Biblia que utilizaban los judíos dispersos luego de la deportación de Babilonia. Esta Biblia se realizó alrededor del siglo II a.C.. Esto definitivamente prueba que eran considerados inspirados. Esto también es confirmado porque el lugar que ocupan en la traducción de los Setenta no es al final, como si fueran un apéndice o de un género inferior, sino que están mezclados con los libros protocanónicos. Esto es otro indicio claro que se les reconocía con la misma autoridad y dignidad y se les atribuía el mismo valor que el resto de los protocanónicos.

Algo que es importante notar es que si estudiamos la Biblia que utilizaron los apóstoles y que Cristo citó fue nada menos que esta versión (que incluía a los 7 deuterocanónicos como mencioné antes), de lo cual de unas 350 citas del Antiguo Testamento que aparecen en el Nuevo, unas 300 concuerdan con el texto de los Setenta. Esto demuestra que los apóstoles se servían del texto griego de los Setenta como del texto sagrado por excelencia y esto quiere decir que era aprobado por los mismos apóstoles y por consiguiente admitían como canónicos e inspirados todos los libros en ella contenidos, incluso los deuterocanónicos, que formaban parte de dicha versión.

Pero el tema del canon no es lo que nos ocupa en este estudio por lo cual si alguien quiere profundizar en este tema puede revisar los siguientes tres estudios:

Los libros canónicos, Nociones preliminares, por Manuel de Tuya – José Salguero

Historia del canon del Antiguo Testamento, por Manuel de Tuya – José Salguero

Historia del canon del Nuevo Testamento, por Manuel de Tuya – José Salguero

Pero a pesar de que ellos han removido este libro de la Biblia que para nosotros si pertenece, es posible mostrarles según los protocanónicos que las oraciones por los difuntos son bíblicas. El apóstol San Pablo por ejemplo en la carta a Timoteo ora por la familia de Onesiforo, y se expresa de ella como de personas que ya han fallecido:

Que el Señor conceda misericordia a la familia de Onesíforo, pues me alivió muchas veces y no se avergonzó de mis cadenas, sino que, en cuanto llegó a Roma, me buscó solícitamente y me encontró. Concédale el Señor encontrar misericordia ante el Señor aquel Día. Además, cuántos buenos servicios me prestó en  Efeso, tú lo sabes mejor.” 2 Timoteo 1,16-18

Es tan cierto que los primeros cristianos creían firmemente que sus oraciones podían ayudar a los difuntos que había una práctica de la iglesia primitiva donde alguien con vida recibiera el bautismo en nombre de un difunto.

“De no ser así ¿a qué viene el bautizarse por los muertos? Si los muertos no resucitan en manera alguna ¿por qué bautizarse por ellos?” 1 Corintios 15,29

Por enseñar esto, la Iglesia Católica dice que aunque el sacrificio de Cristo fue suficiente para quitar nuestra culpa, no fue suficiente para cancelar nuestro castigo.

 

 

Como hemos visto, lo que realmente enseña es que aunque el sacrificio de Cristo nos ha obtenido el perdón de los pecados, la consecuencia de ellos nos sigue afectando.

 

Según ellos, todos tendremos que ir al purgatorio para pagar el castigo de nuestros pecados.

Esto es un error, la Iglesia Católica no enseña que todos tendremos que ir al purgatorio,  el catecismo especifica que son Los que mueren en la gracia y en la amistad de Dios, pero imperfectamente purificados”. El autor debería investigar bien el tema antes de emitir estas apreciaciones y demostrar que comenta una doctrina que no conoce.

La Biblia no dice nada del purgatorio. Ni una palabra. En toda la Biblia no se encuentra esa palabra. Ni una vez se refiere a un lugar adonde van las almas para pagar por el pecado antes de pasar al cielo.

La Biblia contiene verdades explícitas e implícitas. Las verdades explícitas son aquellas en donde la verdad es enunciada directamente y valga la redundancia en forma explícita. Pero hay otras verdades que son tan verdad como las anteriores que aunque no enunciadas de este modo están muy claras en la Escritura. Ejemplo de esto lo tenemos en la doctrina de la Trinidad, la cual esa palabra tampoco sale en la Biblia y aún así los evangélicos aceptan esa doctrina como verdad implícita, lo mismo con el pecado original y la encarnación. Por tanto negar esta verdad porque la palabra “purgatorio” no sale en la Biblia cuando ellos mismos aceptan otras doctrinas implícitas es un argumento poco válido. 

La realidad es que en la Biblia si se menciona el purgatorio en muchos pasajes los cuales estudiaremos a continuación:

“Pues nadie puede poner otro cimiento que el ya puesto, Jesucristo. Y si uno construye sobre este cimiento con oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, paja, la obra de cada cual quedará al descubierto; la manifestará el Día, que ha de revelarse por el fuego. Y la calidad  de la obra de cada cual, la probará el fuego. Aquél, cuya obra, construida sobre el cimiento, resista, recibirá la recompensa. Mas aquél, cuya obra quede abrasada, sufrirá el daño. El, no obstante, quedará a salvo, pero como quien pasa a través del fuego.” 1 Corintios 3,11-15

Analicemos en detalle el pasaje anterior:

 

“…la obra de cada cual quedará al descubierto; la manifestará el Día, que ha de revelarse por el fuego. Y la calidad  de la obra de cada cual, la probará el fuego…”

 

Aquí se habla del juicio de Cristo que nos juzgará conforme hicimos en nuestra vida mortal, el bien o el mal (2 Corintios 5,10)  y donde cada obra será probada.

 

“…Aquél, cuya obra, construida sobre el cimiento, resista, recibirá la recompensa…”

 

Si esta obra está edificada sobre el cimiento: Jesucristo (Es una buena obra) recibirá la recompensa que Cristo tiene reservada para quienes le han sido fieles.

 

“…Mas aquél, cuya obra quede abrasada, sufrirá el daño…”

 

Aquí se habla de otro tipo de creyente cuya obra no fue buena sino que fue abrazada, a este se dice:

 

 “El, no obstante, quedará a salvo, pero como quien pasa a través del fuego.”

 

Más nótese que este tipo de creyente no fue condenado, porque dice: “El, no obstante, quedará a salvo”, pero para él salvarse será “más así como por fuego” (Literalmente según el texto griego).

 

A esta etapa de purificación “como por fuego” que sufrirán aquellos que murieron en gracia de Dios más no alcanzaron la santidad le llamamos “purgatorio”, y aquí es donde falla la argumentación que afirma que el purgatorio no aparece en la Biblia, ya que implícitamente SI aparece, al igual que otras doctrinas que los cristianos evangélicos si consideran como verdaderas a pesar de que no están explícitas.

 

La verdad que 1 Corintios 3,11-15 no es ni mucho menos la única cita que habla de forma implícita del purgatorio, hay muchas otras, las cuales mostraremos a continuación:

 

Aquel siervo que, conociendo la voluntad de su señor, no ha preparado nada ni ha obrado conforme a su voluntad, recibirá muchos azotes; el que no la conoce y hace cosas dignas de azotes, recibirá pocos; a quien se le dio mucho, se le reclamará mucho; y a quien se confió mucho, se le pedirá más.” Lucas 12,47-48

Aquí vemos como un siervo que aunque hizo cosas dignas de azotes (pecados veniales)  recibirán menos azotes que aquel que conocía la voluntad del Señor e hizo cosas menos malas. Nótese que se habla de un castigo que no es infinito ni indefinido (que sería el infierno) sino de un castigo limitado: “pocos azotes” o “muchos azotes” el cual también es una referencia implícita de la purificación del purgatorio.

“Y al que diga una palabra contra el Hijo del hombre, se le perdonará; pero al que la diga contra el Espíritu Santo, no se le perdonará ni en este mundo ni en el otro.” Mateo 12,32

Aquí Cristo habla de un pecado que no será perdonado ni en esta vida ni en la siguiente, dejando implícito que hay pecados que si serán perdonados (tanto en esta vida como en la siguiente). De lo contrario hubiera dicho simplemente “El pecado contra el espíritu Santo no será perdonado” o “no será perdonado en esta vida”.

 

Algo que sabemos es que en el cielo será imposible pecar, y de que no podremos entrar en el cielo con pecado (Apocalipsis 21,27). ¿Cómo Jesús entonces habla de pecados que serán perdonados en la vida venidera? ¿Y aclara que el pecado contra el Espíritu no? Porque Jesús deja implícito que hay pecados que serán perdonados en esa etapa de purificación en donde el hombre, una vez salvo, se prepara para la comunión eterna con Dios.

 

Y aquí ocurre otra dificultad en los cristianos evangélicos para aceptar esto, ya que en su sistema teológico no hay grados de pecados, para ellos todos los pecados tienen la misma gravedad y son de condenación, ocasionado por la interpretación literal de pasajes como Romanos 6,23, más Cristo implícitamente mostró que para diferentes grados de pecados hay diferentes sanciones:

 

“Pues yo os digo: Todo aquel que se encolerice contra su hermano, será reo ante el tribunal; pero el que llame a su hermano "imbécil", será reo ante el Sanedrín; y el que le llame "renegado", será reo de la gehenna de fuego.” Mateo 5,22

 

Notemos que ante la primera falta “encolerizarse con el hermano” Cristo dice: “será reo ante el tribunal”, a la segunda falta “llamarle imbécil” Cristo dice: “será reo ante el Sanedrín”, y por último “y el que le llame renegado” la sanción más alta (La gehenna o condenación eterna). Vemos aquí a Cristo utilizando ejemplos de su tiempo para enseñar de forma sencilla que hay pecados más graves que otros, unos que son dignos de la Gehenna y otros que no.

“Ponte enseguida a buenas con tu adversario mientras vas con él por el camino; no sea que tu adversario te entregue al juez y el juez al guardia, y te metan en la cárcel. Yo te aseguro: no saldrás de allí hasta que no hayas pagado el último céntimo.”  Mateo 5,5-26

 

“Cuando vayas con tu adversario al magistrado, procura en el camino arreglarte con él, no sea que te arrastre ante el juez, y el juez te entregue al alguacil y el alguacil te meta en la cárcel. Te digo que no saldrás de allí hasta que no hayas pagado el último céntimo.” Lucas 12,58-59

 

Nuevamente aquí se ve implícito no las penas infinitas del infierno sino penas finitas donde si se saldrá, pero solo cuando se haya pagado el último centavo.

 

        

La Biblia nos enseña que por nuestros pecados somos condenados a la muerte eterna. Enseña que Cristo murió por nuestros pecados, tomando sobre sí la maldición de nuestros pecados. La Biblia dice claramente que la muerte de Jesús es suficiente para pagar el castigo de todos nuestros pecados. Leamos lo que dice: "En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre. Y ciertamente todo sacerdote está día tras día ministrando y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados; pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios ...; porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados" (Hebreos 10.10,14).

 

 

Aquí vemos uno de los errores que puede ocasionar interpretar un pasaje de la Biblia aisladamente fuera de su contexto. La palabra santos es utilizada en varios contextos y tiene varios significados, es utilizada para aquellos que han sido “justificados” (declarados justos) por medio de la fe, PERO también es utilizada la palabra “santificación” para describir el proceso mediante el cual el hombre una vez justificado avanza en su conversión haciendo que el espíritu cada vez tome mayor dominio sobre la carne y llegue a ser perfecto.

El pasaje que cita el autor (Hebreos 10,10.14) está hablando de la perfección que se “imputa” por medio de la justificación que recibimos por medio de la fe, donde a pesar de seguir siendo realmente pecadores, Dios nos ve justos, más luego de esta justificación sigue una etapa llamada “santificación” donde la persona comienza por medio de la gracia a “volverse realmente justa”. Pasajes que hablan de esta santificación que ocurre posteriormente en los justificados y que es un proceso puede verse en varios pasajes bíblicos:


“Porque esta es la voluntad de Dios: vuestra santificación; que os alejéis de la fornicación, que cada uno de vosotros sepa poseer su cuerpo con santidad y honor,” 1 Tesalonicenses 4,3-4

Notese que aquí Pablo muestra la santificación como un proceso producto de la voluntad de Dios, recuerda que habla a creyentes YA JUSTIFICADOS y les muestra que esa santificación consiste en apartarse del pecado (fornicación en este caso).

“Teniendo, pues, estas promesas, queridos míos, purifiquémonos de toda mancha de la carne y del espíritu, consumando la santificación en el temor de Dios.” 2 Corintios 7,1

Aquí también se ve que la santificación consiste en un proceso donde la persona se  “purificas de toda mancha” y que se va “consumando” , Pablo se incluye entre ellos porque dice:“purifiquémonos” . Es evidente que la santificación de la que habla Pablo aquí no es de la que se habla en el pasaje a los hebreos.


La santificación es una acción del Espíritu Santo en los creyentes justificados pero que exigen colaboración de la propia voluntad que aunque movida por el Espíritu Santo no coarta nuestra voluntad.

“Nosotros, en cambio, debemos dar gracias en todo tiempo a Dios por vosotros, hermanos, amados del Señor, porque Dios os ha escogido desde el principio para la salvación mediante la acción santificadora del Espíritu y la fe en la verdad.” 2 Tesalonicenses 2,13

Otro pasaje de ejemplo:

“Que el injusto siga cometiendo injusticias y el manchado siga manchándose; que el justo siga practicando la justicia y el santo siga santificándose.” Apocalipsis 22,12

Nótese nuevamente que aquí el justo se sigue santificando (es un proceso) ya que de ya estar totalmente santificado ¿Cómo seguir santificándose?

Adolph Harstad, quien es cristiano evangélico (del Sínodo Evangélico Luterano) en su estudio “La justificación por le fe produce santificación”  explica:

 

 

La justificación por la fe produce la santificación
Adolph Harstad, Sinodo Evangélico Luterano.

La definición de la “santificación”

Conforme a su uso en la Escritura empleamos el término “santificación” en dos sentidos, uno más amplio y otro más estricto. 

En el sentido más amplio la “santificación” se refiere a toda la obra misericordiosa que Dios el Espíritu Santo hace mediante su palabra, desde llevar a los pecadores a la fe y procediendo hasta guardar a los creyentes en esa fe hasta que alcancen la vida eterna en el cielo. En este sentido amplio la santificación incluye la obra de Dios de “la justificación por la fe.” Los que han presentado las otras seis conferencias así estaban escribiendo también sobre una parte de la santificación. Se ve este uso amplio del término en 2 Tesalonicenses 2:13: “de que Dios os haya escogido desde el principio para salvación, por la santificación del Espíritu y fe en la verdad.” (Véanse tambiénHech. 26:18; Efe. 5:26; 1 Ped. 1:2) Lutero a veces utiliza el término santificación en este sentido amplio en sus catecismos, y también nosotros lo hacemos al describir la obra amplia del Espíritu Santo en el Tercer Artículo del Credo como la santificación. 

En el sentido más estricto la santificación se refiere a la obra del Espíritu Santo que sigue a la justificación por la fe y consiste en renovar al creyente y producir en él obras de renovación. Algunos términos que significan lo mismo que la santificación en este sentido estricto son los siguientes: renovación, transformación, restauración, la vida nueva, vida piadosa, vida santa y crecimiento espiritual. Algunos sinónimos por los actos de esta nueva vida que también son una parte de la santificación en el sentido estricto son éstos: frutos de la fe, frutos del Espíritu, buenas obras, actos de piedad. El sentido más estricto del término se ve en la Escritura en 1 Tesalonicenses 4:3: “Esta es la voluntad de Dios, vuestra santificación: que os apartéis de inmoralidad sexual...” El griego en ese versículo que la NIV traduce con “ser santificado” es el sustantivo hagiasmos, literalmente “santificación.” Para otros versículos que se refieren a la santificación en el sentido estricto, vea, por ejemplo, Romanos 6:19,22; 2Cor. 7:1; 1 Tes. 4:7).

De lo que se ha presentado arriba es evidente que hablando propiamente dividimos inclusive el sentido estricto de la santificación en dos aspectos: 1.) la renovación interna del Espíritu Santo en el Cristiano, y 2.) la expresión de esa renovación interna en la nueva vida de buenas obras del cristiano. Obviamente hay una relación “causa y efecto”, o “antecedente y consecuencia” entre los dos aspectos. El aspecto #1 es la nueva naturaleza espiritual formada por el Espíritu cuando crea la fe que apropia a la persona la justificación; y el aspecto #2 involucra las buenas obras que son el resultado y la evidencia de la santidad que el Espíritu creó. Esta distinción dentro del sentido estricto de la santificación se puede ver en Gálatas 5:25: “Ahora que vivimos en el Espíritu, andemos en el Espíritu.” 

 

 

Una vez entendiendo la diferencia entre justificación y santificación, veamos el siguiente pasaje:

 

Procurad la paz  con todos y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor.” Hebreos 12,14

        

Pablo aquí hablaba a creyentes, los cuales ya habían aceptado a Cristo como Señor y habían sido justificados por la fe, y  por eso la santidad que se habla aquí es la santidad que se “procura” que viene producto de caminar por la puerta estrecha (Lucas 13,24), y exige también estar “en paz con todos”.

 

El pasaje anterior está muy claro, sin alcanzar esta santidad que “se procura”  y a la que se refiere Adolph Harstad como “el sentido más estricto de la santificación” nadie puede ver al Señor. ¿Qué sucede entonces con los creyentes que aunque muertos en gracia y justificados por la fe no hayan terminado este proceso de santificación?, deben ser purificados como por  fuego  como dice 1 Corintios 3,15.

 

A base del sacrificio de Cristo, Dios dice en el mismo pasaje:"Nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones. Pues donde hay remisión [perdón] de éstos, no hay más ofrenda por el pecado" (Hebreos 10.17,18).

Ciertamente Dios luego de perdonar el pecado jamás se acordará de él, no vemos que en la Biblia Dios reclamara a David luego de haberle perdonado, pero eso no implica en ningún modo que David no sufriera la consecuencia por el pecado. Como mostramos en la parte anterior de nuestro estudio lo mismo sucede con nosotros, Dios nos ha perdonado pero aún así seguimos sufriendo la consecuencia no solo de nuestros pecados sino la del pecado de Adán. Cosa que demuestra claramente que se está hablando de cosas diferentes

Nota que dos veces la Biblia dice que la ofrenda de Cristo fue hecha una vez para siempre. Además, dice que con un solo sacrificio Cristo hace perfectos a los salvos. Y dice que, después de la muerte de Cristo, ya no hay más sacrificio por el pecado. Con el sacrificio de sí mismo, Cristo salva perpetuamente, o completamente para siempre, a los que llegan a Dios por medio de él.

Si estudiamos el contexto de la carta a los hebreos veremos que se da en un contexto donde cristianos, sobre todo de origen hebreo, estaban en peligro de perder la fe (Hebreos 5,11-12); echaban de menos el culto pomposo del templo y las practicas de sacrificios animales, tenían sufrimientos y persecuciones de los Emperadores, sucumbían a las tentaciones, y el peligro de la indiferencia los ponía a punto de la apostasía. Habían empezado bien (Hebreos 6,10), pero no habían progresado (Hebreos 6,11),  por tanto el autor de la Carta trata de dejar claro que ya no es necesario más ofrendas basadas en la antigua alianza (sacrificios animales) ya que el sacrificio de Cristo fue realizado de una vez y para siempre. Así pues, la Santa Misa es "el milagro del tiempo y del espacio". El Sacrificio que ocurre es el mismo del Calvario; no es que se repita otra vez el del Calvario, sino que es exactamente el mismo, vivido cada día en el milagro más grandioso y sustancioso del tiempo y del espacio, porque en Dios no hay tiempo ni espacio, es el Cordero de pie, como degollado, que se nos ofrece como Pan de Vida a diario, y es aquel sacrificio del que hablaba el profeta Malaquías en el capítulo 1

Pues desde el sol levante hasta el ocaso, grande es mi Nombre entre las naciones, y en todo lugar se ofrece a mi Nombre un sacrificio de incienso y una oblación pura. Pues grande es mi Nombre entre las naciones, dice Yahveh Sebaot.” Malaquías 1,11

En pasaje de Malaquías Dios rechazaba los sacrificios animales y hablaba de UN SOLO sacrificio (no dice muchos sacrificios)  pero que le es presentado desde donde sale el sol hasta el ocaso (hay misa cada hora) en todo lugar (en cada país). Esto lo tenía muy claro la Iglesia primitiva como consta por ejemplo en la Didaché datada en el año 60-70 d.C.

Ahora, volviendo al tema, dichos pasajes no contradicen en lo absoluto la doctrina del purgatorio, ya que el autor sigue confundiendo el hecho de que la santidad de la que se habla en Hebreos 10,10.14 (justificación) y otra la que se habla en Hebreos 12,14 (santificación).

La Biblia no dice nada de tener que pagar el castigo de nuestros pecados si recibimos la salvación en Cristo. Según la Biblia, los únicos que tienen que pagar sus pecados son los que no han experimentado el perdón de Jesús y los que han dejado el perdón de Jesús para volver al pecado. "La paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro" (Romanos 6.23).

El autor sigue confundiendo castigo con consecuencia, para tratar de hacer ver al sacrificio de Cristo como insuficiente.

No creo que hay purgatorio porque Dios no habla de él en la Biblia. Y si Dios no nos ha dicho que hay purgatorio, ¿quién tiene autoridad de decirlo? Sólo Dios puede decir lo que está más allá de la muerte. Si los hombres lo dicen, es sólo invención de hombres. Y aunque lo dicen miles de veces a través de miles de años, no es sino tradición de hombres. Pablo advierte: "Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, ... y no según Cristo" (Colosenses 2.8).

Hemos visto que si se habla del purgatorio en la Biblia, solo que la interpretación del autor del artículo no lo ve en la Escritura.  Notemos también que Pablo habla de rechazar no la tradición, sino las tradiciones que no son según Cristo, que eran las tradiciones paganas, las tradiciones de la Iglesia Pablo las mandaba mantener:

“Así pues, hermanos, manteneos firmes y conservad las tradiciones que habéis aprendido de nosotros, de viva voz o por carta.” 2 Tesalonicenses 2,15

La Iglesia cristiana siempre interpretó los pasajes mencionados como una referencia al purgatorio. Es sabido por ejemplo que San Agustín ya había dado explicaciones sobre lo que es el purgatorio. Y en el relato de la Pasión de Santa Tecla y Santa Felicidad (ANF,III:701-702), escrito en el año 202, también se habla del purgatorio. Y el ese mismo año 202 Clemente de Alejandría, uno de los teólogos más importantes de la escuela teológica de dicha ciudad, explica en qué consiste el purgatorio (Stromata,6:14,in ANF,II:504). E incluso antes de esa fecha, en el año 160 leemos en los Hechos de Pablo y Tecla una petición de intercesión para que una cristiana fallecida fuera trasladada el lugar de los justos (ANF,VIII:490)

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