Judíos y no católicos
en defensa de Pío XII
Dos grandes expertos de la época rompen prejuicios
Tomado de www.zenit.org
ROMA,
(ZENIT.org).- «¿El linchamiento contra Pío XII? Una
porquería». Quien así habla no es un integrista católico, ni un intelectual con
simpatías clericales. Se trata de Paolo Mieli, uno de
los más ilustres protagonistas del periodismo italiano, ex corresponsal de «La Stampa» y ex director del «Corriere della
Sera» y hoy director de «RCS», la casa editorial más
grande de Italia. Tiene pasión de historiador. De hecho, su último libro, que
ya se ha convertido en un fenómeno editorial que lleva por título «Historia y
política: Resurgimiento, fascismo y comunismo».
Mieli es judío, implacable ante la terrible tragedia
del Holocausto, al que su familia tuvo que pagar un doloroso precio de sangre.
«Vengo de una familia de origen judío y he tenido parientes que murieron en los
campos de concentración durante la segunda guerra mundial. Por tanto, hablo de
todo esto con mucha dificultad» dijo Mieli al
intervenir en Roma, el 6 de junio, en la presentación del libro «Pío XII. El
Papa de los judíos» («Pio XII. Il
Papa degli ebrei», Piemme, 2001), escrito por Andrea Tornielli,
experto en asuntos vaticanos del diario milanés «Il Giornale».
«El libro de Andrea Tornielli --afirmó Mieli-- hace de contrapeso para alcanzar un equilibrio
justo sobre ese pontífice tan discutido. Al leer el libro se puede ver que durante
un largo período de tiempo fueron precisamente los judíos quienes dieron las
gracias a ese pontífice por lo que había hecho durante la segunda guerra
mundial».
Desde los años sesenta, sin embargo, se ha puesto en discusión su figura con la
obra teatral «El Vicario», en un primer momento, y, recientemente, con la
publicación del libro del periodista británico John Cornwell, «El Papa de Hitler».
Y sin embargo, «ese Papa y la Iglesia que tanto dependía de él, hicieron
muchísimo por los judíos --añade el director de la editorial «RCS»--. Se
calcula que algo menos de un millón, entre 700 y 800 mil judíos, fueron
salvados por la Iglesia y por ese pontífice. Es un dato --de fuente judía, pues
el cálculo lo hizo Pinchas Lapide-- que quizá debería preceder toda discusión
sobre Pío XII. Seis millones de judíos asesinados por los nazis y casi un
millón de judíos gracias a la estructura de la Iglesia y de este pontífice.
Cuando se recuerda a las personas que hicieron algo para salvar físicamente a
los judíos, muy pocos pueden enorgullecerse de lo que hizo la Iglesia de Pío
XII».
«Se recrimina a Pío XII por no haber alzado un grito ante las deportaciones del
ghetto de Roma --continuó diciendo Mieli en la
presentación del libro--, pero otros historiadores han observado que nadie vio
a los antifascistas corriendo hacia la estación para tratar de detener el tren
de los deportados. Y, sin embargo, muchos estudios, realizados en la posguerra,
demuestran que era posible hacer algo, y que es totalmente infundada la teoría,
según la cual, la Resistencia no podía hacer nada por los judíos».
«Se amordaza, sin embargo, en la campaña contra Pío XII, la ayuda que ofreció
la Iglesia a los judíos, una ayuda que fue incluso logística --explica el
director editorial--. Quizá se olvida que toda la comunidad antifascista gozó
de aquella ayuda, como puede leerse en el libro de Enzo
Forcella "La Resistencia en convento"
("La Resistenza in convento")».
«Quiero decirlo con la máxima claridad --confesó Mieli--:
poner las responsabilidades sobre las espaldas de Pío XII es una auténtica
sinvergüencería. Pío XII no puede ser la persona a quien se le echa la culpa de
algo que corresponde de manera compleja a toda la comunidad. Obviamente hablo
de la comunidad que produjo el fenómeno horrendo del exterminio de los judíos,
pero también de aquellos que asistieron sin reaccionar de manera adecuada. Los
historiadores israelíes, por ejemplo, se preguntan por qué los judíos de
Palestina fueron, por así decir, "sordos" ante lo que estaba
sucediendo en Europa. ¿Por qué se dieron casos de colaboracionismo en los
campos de concentración, que objetivamente facilitaron el exterminio?».
Ante la pregunta implícita sobre las razones por las que Pío XII se ha
convertido en el blanco de tantos ataques, Mieli
respondió: «Uno de los motivos por los que este importante Papa fue crucificado
se debe al hecho de que tomó parte contra el universo comunista de manera dura,
fuerte y decidida. De una manera tal que hubo que esperar treinta años, con
Juan Pablo II, para que ese estilo pudiera ser retomado adecuadamente, de una
manera que fue fatal para el comunismo».
Al concluir, el ex director del «Corriere della Sera» dijo: «No quiero proponer y no tengo los requisitos
para proponer la beatificación de este pontífice. Sin embargo, considero que es
muy poco valiente ponerle sobre las espaldas responsabilidades que no tiene. Se
le ha tratado casi como si hubiera estado junto a Hitler,
junto a los nazis, como si fuera el único ser en el mundo que tuvo
responsabilidades en el Holocausto. Creo y lo repito que esto es algo
monstruoso, aberrante, algo que tendría que acabar».
En apoyo de las tesis de Mieli, intervino también en
la presentación del libro el politólogo y ex embajador italiano Sergio Romano,
que no es precisamente de cultura católica, quien explicó una curiosa paradoja:
en un primer momento Pío XII fue «alabado y reconocido, sobre todo por las
comunidades judías, por el valor y la generosidad con que defendió y salvó a un
numero elevado de judíos de las persecuciones nazis»; después, «de manera
imprevista, este juicio se trastocó completamente».
Para algunos autores, después de su muerte, «Pío XII pasó de ser el bienhechor
de los judíos al cómplice de Hitler a un cínico e
indiferente espectador del genocidio judío».
«Existe una íntima relación --concluyó el embajador Romano-- entre el juicio
sobre Pío XII y la versión histórica que se ha ido afirmando progresivamente en
los últimos cuarenta años: una versión en la que el nazismo se convierte en el
único mal del siglo. En la divulgación de esta versión colaboró la propaganda
soviética, la opinión de la izquierda en las sociedades occidentales y la parte
que el genocidio judío tuvo en la legitimación nacional del Estado de Israel
durante las fases más controvertidas de su historia. Hoy, tras el final de la
guerra fría, la caída del comunismo, y la apertura de los archivos soviéticos,
es posible escribir la historia de una manera más objetiva y neutral,
enmarcando a los protagonistas en el clima en el que tuvieron que actuar y
decidir».