Las Sagradas Imágenes

Imagen de la Virgen María

Las Imágenes Sagradas son un estimulo para la fe. Veneramos en la imagen a quien representa no al objeto mismo o representación.

Una de las objeciones protestantes más frecuentes consiste en acusar como idolatría la veneración de imágenes. En esta sección se analizan dichas objeciones a la luz de la Escritura.

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Prohibición de imágenes (Ex 20 y Dt 7)

Exégesis de los textos bíblicos.

Virgen María

Séptimo capítulo del libro Biblia y Testigos de Jehová

Tomado de Apologetica.org

Dicen los Testigos de Jehová:

 Desde el tiempo del Egipto y la Babilonia de la antigüedad, el uso de imágenes, capillas y cuadros religiosos en el hogar ha sido popular.  Estas cosas han sido estimadas por personas que han creído que éstas traerían seguridad y bendición a sus hogares. Pero, ¿agrada a Jehová esta práctica? ¿Aprueba él a los que acuden a objetos materiales de devoción en vez de poner confianza plena en él, el Dios vivo y verdadero?

 En demostración de que no le agrada el uso de imágenes religiosas como ayudas para la devoción, Dios dio su ley a los israelitas prohibiendo que las usaran.  Además él les advirtió contra desear el oro y la plata de las imágenes que hallaran entre los pueblos paganos (Ex 20,4-5; Deut 7,25).

 ¿Cambió la actitud de Dios al introducirse el cristianismo?   No, porque la Biblia muestra que también los cristianos evitaron el uso de imágenes (Hechos 17, 29), siguiendo el consejo del apóstol San Juan de "guardarse de los ídolos ", caminaban "por fe, no por vista " .  Cifraban su confianza completa en el Dios invisible.

(La verdad que lleva a vida eterna, 143-144).

 Dice la Biblia:

 a. Dios prohíbe adorar imágenes:

 En el Antiguo Testamento estaba severamente prohibido el culto a todo tipo de imágenes, representación plástica de la divinidad o de lo sagrado.  Ya el primer mandamiento del Decálogo lo dice con palabras tajantes: Ex 20, 4-5.  Queda prohibido todo tipo de imágenes que se presenten como divinidad.

 A pesar de esta prohibición tan clara, la primera de la Ley, inmediatamente después de haber prometido cumplirla, el pueblo se fabrica un becerro de oro, y lo adora como Dios:

 Éste es tu Dios, Israel, el que te ha sacado de Egipto.

 Este pecado de idolatría es causa de que Dios decida destruir al pueblo.  Sólo la intercesión de Moisés consiguió que Dios se apiade y le perdone (Ex 32, 1-14).

 El pueblo de Israel, pueblo muy sensible y carnal, y rodeado de pueblos idólatras, es muy propenso a este pecado de idolatría.  Moisés le advierte repetidamente (Deut 4, 9-28).  Los profetas comparan la idolatría con el adulterio.  Es como abandonar a Yahveh, el Esposo legítimo, para ir con otros amantes.

 La verdadera razón de esta prohibición es que Dios es el Dios único.  No se resigna a ser el primero entre los dioses, sino el Dios único.  En consecuencia, los demás dioses no son nada.  Isaías ridiculiza a los ídolos y a quienes los adoran (Is 44, 9-20).

 Naturalmente, esta prohibición queda en pie en el Nuevo Testamento.  San Pablo dice en su discurso de Atenas (Hechos 17,29):

 Si somos estirpe de Dios, no podemos pensar que la divinidad se parezca a imágenes de oro o de plata o de piedra, esculpidas por la destreza y la fantasía de un hombre.

b. Dios manda hacer imágenes:

 Dios no es material, sino espiritual.  Por eso el pueblo tampoco puede adorar representaciones materiales del verdadero Dios, porque corre el peligro de confundir al verdadero Dios con la imagen que lo representa, llegando a creer que se trata de un dios material.

 Sin embargo, hay que hacer notar que la prohibición se refiere directamente a la adoración de imágenes, no al mero hecho de hacerlas con tal que éstas nos sirvan de signo de la presencia de Dios, pero no se identifiquen con el mismo Dios.

 En este sentido, Dios manda hacer imágenes:

 Ex 25, 10-22: Harás un arca de madera de acacia... harás un propiciatorio de oro puro... harás además dos querubines de oro.

 Allí me reuniré yo contigo; desde encima del propiciatorio, de en medio de los dos querubines colocados sobre el arca del testimonio, te comunicaré todo lo que haya de ordenarte para los hijos de Israel.

 El Arca de Dios, los querubines, el propiciatorio, no merecen honores divinos, no se les puede rendir culto como si se tratase de Dios.  Pero el pueblo necesita también esos signos sensibles.  Dios ha mandado construir esto como signo de la presencia del mismo Dios en medio del pueblo.

 Se acude al Arca de Dios para hacer oración porque es signo de la presencia de Dios: Jos 7,6.

 De la misma manera, Salomón colocó querubines y otros adornos en el templo de Jerusalén: 1 Re 6, 23-30.

 Más de notar aún es la construcción de la serpiente de bronce que Dios ordena a Moisés:

 Núm 21, 6-9: Hazte una serpiente de bronce y ponla sobre un mástil. Todo el que haya sido mordido y la mire, vivirá.

 Naturalmente, no se trata de que esta serpiente de bronce tuviera ninguna virtud especial, que la pudiese elevar al rango de divinidad.  El recurrir a ella era un acto de fe y de confianza en la Palabra de Dios, que les había hablado de esta manera.  Cuando, más adelante, el pueblo, desviándose de esta intención, le rinde culto, Ezequías mandó destruirla: 2 Re 18, 4.

 Jesucristo considera esta serpiente de bronce como símbolo de sí mismo.  En su conversación con Nicodemo dice:

 Como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del Hombre, para que todo el que crea en él tenga vida eterna (Jn 3, 14-15).

 En el Nuevo Testamento, la permisión de imágenes que representen la divinidad toma un carácter nuevo, por el hecho de la Encarnación del Hijo de Dios.  Dios sigue siendo puramente espiritual, pero ha quedado íntimamente unido a una naturaleza humana, que es material.  Por esta razón, la representación de imágenes de Cristo es completamente lícita, ya que es la representación de alguien que es realmente Dios.  No la materialidad de la imagen, sino la Persona en ella representada.  De la misma manera, por su relación con Cristo, será lícito representar imágenes de la virgen y de los santos.

 En cualquiera de los casos, el cristiano debe saber que la imagen, aunque sea de Cristo, no es la divinidad.  Es algo puramente material, y no se puede rendir culto a esta materialidad.  Pero, al mismo tiempo, representa al Hijo de Dios, o a otras personas íntimamente relacionadas con él.  Es a estas personas, Cristo, María, los Santos, a quienes se rinde culto, que sólo para Cristo es de adoración.  La imagen es simplemente una representación y un recuerdo de aquellas personas.

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