(731-870)
V
EL ESPIRITU Y LA IGLESIA EN LOS
ULTIMOS TIEMPOS
Pentecostés
731 El día de Pentecostés (al término de las
siete semanas pascuales), la Pascua de Cristo se consuma con la efusión del
Espíritu Santo que se manifiesta, da y comunica como Persona divina: desde su
plenitud, Cristo, el Señor (cf. Hch 2, 36), derrama profusamente el Espíritu.
732 En este día se revela plenamente la
Santísima Trinidad. Desde ese día el Reino anunciado por Cristo está abierto a
todos los que creen en El: en la humildad de la carne y en la fe, participan ya
en la Comunión de la Santísima Trinidad. Con su venida, que no cesa, el
Espíritu Santo hace entrar al mundo en los "últimos tiempos", el
tiempo de la Iglesia, el Reino ya heredado, pero todavía no consumado:
Hemos visto la verdadera Luz, hemos
recibido el Espíritu celestial, hemos encontrado la verdadera fe: adoramos la
Trinidad indivisible porque ella nos ha salvado (Liturgia bizantina, Tropario
de Vísperas de Pentecostés; empleado también en las liturgias eucarísticas
después de la comunión)
El Espíritu Santo, El Don de Dios
733 "Dios es Amor" (1 Jn 4, 8. 16) y
el Amor que es el primer don, contiene todos los demás. Este amor "Dios lo
ha derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido
dado" (Rm 5, 5).
734 Puesto que hemos muerto, o al menos, hemos
sido heridos por el pecado, el primer efecto del don del Amor es la remisión de
nuestros pecados. La Comunión con el Espíritu Santo (2 Co 13, 13) es la que, en
la Iglesia, vuelve a dar a los bautizados la semejanza divina perdida por el
pecado.
735 El nos da entonces las "arras" o
las "primicias" de nuestra herencia (cf. Rm 8, 23; 2 Co 1, 21): la
Vida misma de la Santísima Trinidad que es amar "como él nos ha
amado" (cf. 1 Jn 4, 11-12). Este amor (la caridad de 1 Co 13) es el
principio de la vida nueva en Cristo, hecha posible porque hemos "recibido
una fuerza, la del Espíritu Santo" (Hch 1, 8).
736 Gracias a este poder del Espíritu Santo los
hijos de Dios pueden dar fruto. El que nos ha injertado en la Vid verdadera
hará que demos "el fruto del Espíritu que es caridad, alegría, paz,
paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, templanza"(Ga 5,
22-23). "El Espíritu es nuestra Vida": cuanto más renunciamos a
nosotros mismos (cf. Mt 16, 24-26), más "obramos también según el
Espíritu" (Ga 5, 25):
Por la comunión con él, el Espíritu
Santo nos hace espirituales, nos restablece en el Paraíso, nos lleva al Reino
de los cielos y a la adopción filial, nos da la confianza de llamar a Dios
Padre y de participar en la gracia de Cristo, de ser llamado hijo de la luz y
de tener parte en la gloria eterna (San Basilio, Spir. 15,36).
El Espíritu Santo y la Iglesia
737 La misión de Cristo y del Espíritu Santo se
realiza en la Iglesia, Cuerpo de Cristo y Templo del Espíritu Santo. Esta
misión conjunta asocia desde ahora a los fieles de Cristo en su Comunión con el
Padre en el Espíritu Santo: El Espíritu Santo prepara a los hombres, los
previene por su gracia, para atraerlos hacia Cristo. Les manifiesta al Señor
resucitado, les recuerda su palabra y abre su mente para entender su Muerte y
su Resurrección. Les hace presente el Misterio de Cristo, sobre todo en la
Eucaristía para reconciliarlos, para conducirlos a la Comunión con Dios, para
que den "mucho fruto" (Jn 15, 5. 8. 16).
738 Así, la misión de la Iglesia no se añade a
la de Cristo y del Espíritu Santo, sino que es su sacramento: con todo su ser y
en todos sus miembros ha sido enviada para anunciar y dar testimonio, para actualizar
y extender el Misterio de la Comunión de la Santísima Trinidad (esto será el
objeto del próximo artículo):
Todos nosotros que hemos recibido el
mismo y único espíritu, a saber, el Espíritu Santo, nos hemos fundido entre
nosotros y con Dios ya que por mucho que nosotros seamos numerosos
separadamente y que Cristo haga que el Espíritu del Padre y suyo habite en cada
uno de nosotros, este Espíritu único e indivisible lleva por sí mismo a la
unidad a aquellos que son distintos entre sí ... y hace que todos aparezcan
como una sola cosa en él . Y de la misma manera que el poder de la santa
humanidad de Cristo hace que todos aquellos en los que ella se encuentra formen
un solo cuerpo, pienso que también de la misma manera el Espíritu de Dios que
habita en todos, único e indivisible, los lleva a todos a la unidad espiritual
(San Cirilo de Alejandría, Jo 12).
739 Puesto que el Espíritu Santo es la Unción
de Cristo, es Cristo, Cabeza del Cuerpo, quien lo distribuye entre sus miembros
para alimentarlos, sanarlos, organizarlos en sus funciones mutuas,
vivificarlos, enviarlos a dar testimonio, asociarlos a su ofrenda al Padre y a
su intercesión por el mundo entero. Por medio de los sacramentos de la Iglesia,
Cristo comunica su Espíritu, Santo y Santificador, a los miembros de su Cuerpo
(esto será el objeto de la segunda parte del Catecismo).
740 Estas "maravillas de Dios",
ofrecidas a los creyentes en los Sacramentos de la Iglesia, producen sus frutos
en la vida nueva, en Cristo, según el Espíritu (esto será el objeto de la
tercera parte del Catecismo).
741 "El Espíritu viene en ayuda de nuestra
flaqueza. Pues nosotros no sabemos pedir como conviene; mas el Espíritu mismo
intercede por nosotros con gemidos inefables" (Rm 8, 26). El Espíritu
Santo, artífice de las obras de Dios, es el Maestro de la oración (esto será el
objeto de la cuarta parte del Catecismo).
RESUMEN
742 "La prueba de que sois hijos es que
Dios ha enviado a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo que clama:Abba,
Padre" (Ga 4, 6).
743 Desde el comienzo y hasta de la consumación
de los tiempos, cuando Dios envía a su Hijo, envía siempre a su Espíritu: la
misión de ambos es conjunta e inseparable.
744 En la plenitud de los tiempos, el Espíritu
Santo realiza en María todas las preparaciones para la venida de Cristo al
Pueblo de Dios. Mediante la acción del Espíritu Santo en ella, el Padre da al
mundo el Emmanue l, "Dios con nosotros" (Mt 1, 23).
745 El Hijo de Dios es consagrado Cristo
[Mesías] mediante la Unción del Espíritu Santo en su Encarnación (cf. Sal 2,
6-7).
746 Por su Muerte y su Resurrección, Jesús es
constituído Señor y Cristo en la gloria (Hch 2, 36). De su plenitud derrama el
Espíritu Santo sobre los Apóstoles y la Iglesia.
747 El Espíritu Santo que Cristo, Cabeza,
derrama sobre sus miembros, construye, anima y santifica a la Iglesia. Ella es
el sacramento de la Comunión de la Santísima Trinidad con los hombres.
Articulo
9 "CREO EN LA SANTA
IGLESIA CATOLICA"
748 "Cristo es la luz de los pueblos. Por
eso, este sacrosanto Sínodo, reunido en el Espíritu Santo, desea vehementemente
iluminar a todos los hombres con la luz de Cristo, que resplandece sobre el
rostro de la Iglesia, anunciando el evangelio a todas las criaturas". Con
estas palabras comienza la "Constitución dogmática sobre la Iglesia"
del Concilio Vaticano II. Así, el Concilio muestra que el artículo de la fe
sobre la Iglesia depende enteramente de los artículos que se refieren a Cristo
Jesús. La Iglesia no tiene otra luz que la de Cristo; ella es, según una imagen
predilecta de los Padres de la Iglesia, comparable a la luna cuya luz es
reflejo del sol.
749 El artículo sobre la Iglesia depende
enteramente también del que le precede, sobre el Espíritu Santo. "En
efecto, después de haber mostrado que el Espíritu Santo es la fuente y el dador
de toda santidad, confesamos ahora que es El quien ha dotado de santidad a la
Iglesia" (Catech. R. 1, 10, 1). La Iglesia, según la expresión de los
Padres, es el lugar "donde florece el Espíritu" (San Hipóli to, t.a.
35).
750 Creer que la Iglesia es "Santa" y
"Católica", y que es "Una" y "Apostólica" (como
añade el Símbolo nicenoconstantinopolitano) es inseparable de la fe en Dios,
Padre, Hijo y Espíritu Santo. En el Símbolo de los Apóstoles, hacemos profesión
de creer que existe una Iglesia Santa ("Credo ... Ecclesiam"), y no
de creer en la Iglesia para no confundir a Dios con sus obras y para atribuir
claramente a la bondad de Dios todos los dones que ha puesto en su Iglesia (cf.
Catech. R. 1, 10, 22).
Párrafo
1 LA IGLESIA EN EL DESIGNIO
DE DIOS
I LOS NOMBRES Y LAS IMAGENES DE LA IGLESIA
751 La palabra "Iglesia"
["ekklèsia", del griego "ek-kalein" - "llamar
fuera"] significa "convocación". Designa asambleas del pueblo
(cf. Hch 19, 39), en general de carácter religioso. Es el término frecuentemente
utilizado en el texto griego del Antiguo Testamento para designar la asamblea
del pueblo elegido en la presencia de Dios, sobre todo cuando se trata de la
asamblea del Sinaí, en donde Israel recibió la Ley y fue constituido por Dios
como su pueblo santo (cf. Ex 19). Dándose a sí misma el nombre de
"Iglesia", la primera comunidad de los que creían en Cristo se
reconoce heredera de aquella asamblea. En ella, Dios "convoca" a su
Pueblo desde todos los confines de la tierra. El término "Kiriaké",
del que se deriva las palabras "church" en inglés, y
"Kirche" en alemán, significa "la que pertenece al Señor".
752 En el lenguaje cristiano, la palabra
"Iglesia" designa no sólo la asamblea litúrgica (cf. 1 Co 11, 18; 14,
19. 28. 34. 35), sino también la comunidad local (cf. 1 Co 1, 2; 16, 1) o toda
la comunidad universal de los creyentes (cf. 1 Co 15, 9; Ga 1, 13; Flp 3, 6).
Estas tres significaciones son inseparables de hecho. La "Iglesia" es
el pueblo que Dios reúne en el mundo entero. La Iglesia de Dios existe en las
comunidades locales y se realiza como asamblea litúrgica, sobre todo
eucarística. La Iglesia vive de la Palabra y del Cuerpo de Cristo y de esta
manera viene a ser ella misma Cuerpo de Cristo.
Los símbolos de la Iglesia
753 En la Sagrada Escritura encontramos
multitud de imágenes y de figuras relacionadas entre sí, mediante las cuales la
revelación habla del Misterio inagotable de la Iglesia. Las imágenes tomadas
del Antiguo Testamento constituyen variaciones de una idea de fondo, la del
"Pueblo de Dios". En el Nuevo Testamento (cf. Ef 1, 22; Col 1, 18),
todas estas imágenes adquieren un nuevo centro por el hecho de que Cristo viene
a ser "la Cabeza" de este Pueblo (cf. LG 9) el cual es desde entonces
su Cuerpo. En torno a este centro se agrupan imágenes "tomadas de la vida
de los pastores, de la agricultura, de la construcción, incluso de la familia y
del matrimonio" (LG 6).
754 "La Iglesia, en efecto, es el redil
cuya puerta única y necesaria es Cristo(Jn 10, 1-10). Es también el rebaño cuy
pastor será el mismo Dios, como él mismo anunció (cf. Is 40, 11; Ez 34, 11-31).
Aunque son pastores humanos quien es gobiernan a las ovejas, sin embargo es
Cristo mismo el que sin cesar las guía y alimenta; El, el Buen Pastor y Cabeza
de los pastores (cf. Jn 10, 11; 1 P 5, 4), que dio su vida por las ovejas (cf.
Jn 10, 11-15)".
755 "La Iglesia es labranza o campo de
Dios (1 Co 3, 9). En este campo crece el antiguo olivo cuya raíz santa fueron
los patriarcas y en el que tuvo y tendrá lugar la reconciliación de los judíos
y de los gentiles (Rm 11, 13-26). El labrador del cielo la plantó como viña
selecta (Mt 21, 33-43 par.; cf. Is 5, 1-7). La verdadera vid es Cristo, que da
vida y fecundidad a a los sarmientos, es decir, a nosotros, que permanecemos en
él por medio de la Iglesia y que sin él no podemos hacer nada (Jn 15,
1-5)".
756 "También muchas veces a la Iglesia se
la llama construcción de Dios (1 Co 3, 9). El Señor mismo se comparó a la
piedra que desecharon los constructores, pero que se convirtió en la piedra
angular (Mt 21, 42 par.; cf. Hch 4, 11; 1 P 2, 7; Sal 118, 22). Los apóstoles
construyen la Iglesia sobre ese fundamento (cf. 1 Co 3, 11), que le da solidez
y cohesión. Esta construcción recibe diversos nombres: casa de Dios: casa de
Dios (1 Tim 3, 15) en la que habita su familia, habitación de Dios en el
Espíritu (Ef 2, 19-22), tienda de Dios con los hombres (Ap 21, 3), y sobre
todo, templo santo. Representado en los templos de piedra, los Padres cantan
sus alabanzas, y la liturgia, con razón, lo compara a la ciudad santa, a la
nueva Jerusalén. En ella, en efecto, nosotros como piedras vivas entramos en su
construcción en este mundo (cf. 1 P 2, 5). San Juan ve en el mundo renovado
bajar del cielo, de junto a Dios, esta ciudad santa arreglada como una esposa
embellecidas para su esposo (Ap 21, 1-2)".
757 "La Iglesia que es llamada también
"la Jerusalén de arriba" y "madre nuestra" (Ga 4, 26; cf.
Ap 12, 17), y se la describe como la esposa inmaculada del Cordero inmaculado (Ap
19, 7; 21, 2. 9; 22, 17). Cristo `la amó y se entregó por ella para
santificarla' (Ef 5, 25-26); se unió a ella en alianza indisoluble, `la
alimenta y la cuida' (Ef 5, 29) sin cesar" (LG 6).
II ORIGEN, FUNDACION Y MISION DE LA IGLESIA
758 Para penetrar en el Misterio de la Iglesia,
conviene primeramente contemplar su origen dentro del designio de la Santísima
Trinidad y su realización progresiva en la historia.
Un designio nacido en el corazón del
Padre
759 "El Padre eterno creó el mundo por una
decisión totalmente libre y misteriosa de su sabiduría y bondad. Decidió elevar
a los hombres a la participación de la vida divina" a la cual llama a
todos los hombres en su Hijo: "Dispuso convocar a los creyentes en Cristo
en la santa Iglesia". Esta "familia de Dios" se constituye y se
realiza gradualmente a lo largo de las etapas de la historia humana, según las
disposiciones del Padre: en efecto, la Iglesia ha sido "prefigurada ya
desde el origen del mundo y preparada maravillosamente en la historia del pueblo
de Israel y en la Antigua Alianza; se constituyó en los últimos tiempos, se
manifestó por la efusión del Espíritu y llegará gloriosamente a su plenitud al
final de los siglos" (LG 2).
La Iglesia, prefigurada desde el origen
del mundo
760 "El mundo fue creado en orden a la
Iglesia" decían los cristianos de los primeros tiempos (Hermas, vis.2,
4,1; cf. Arístides, apol. 16, 6; Justino, apol. 2, 7). Dios creó el mundo en
orden a la comunión en su vida divina, "comunión" que se realiza mediante
la "convocación" de los hombres en Cristo, y esta
"convocación" es la Iglesia. La Iglesia es la finalidad de todas las
cosas (cf. San Epifanio, haer. 1,1,5), e incluso las vicisitudes dolorosas como
la caída de los ángeles y el pecado del hombre, no fueron permitidas por Dios
más que como ocasión y medio de desplegar toda la fuerza de su brazo, toda la
medida del amor que quería dar al mundo:
Así como la voluntad de Dios es un acto
y se llama mundo, así su intención es la salvación de los hombres y se llama
Iglesia (Clemente de Alej. paed. 1, 6).
La Iglesia, preparada en la Antigua Alianza
761 La reunión del pueblo de Dios comienza en
el instante en que el pecado destruye la comunión de los hombres con Dios y la
de los hombres entre sí. La reunión de la Iglesia es por así decirlo la
reacción de Dios al caos provocado por el pecado. Esta reunificación se realiza
secretamente en el seno de todos los pueblos: "En cualquier nación el que
le teme [a Dios] y practica la justicia le es grato" (Hch 10, 35; cf LG 9;
13; 16).
762 La preparación lejana de la reunión del
pueblo de Dios comienza con la vocación de Abraham, a quien Dios promete que
llegará a ser Padre de un gran pueblo (cf Gn 12, 2; 15, 5-6). La preparación
inmediata comienza con la elección de Israel como pueblo de Dios (cf Ex 19,
5-6; Dt 7, 6). Por su elección, Israel debe ser el signo de la reunión futura
de todas las naciones (cf Is 2, 2-5; Mi 4, 1-4). Pero ya los profetas acusan a
Israel de haber roto la alianza y haberse comportado como una prostituta (cf Os
1; Is 1, 2-4; Jr 2; etc.). Anuncian, pues, una Alianza nueva y eterna (cf. Jr
31, 31-34; Is 55, 3). "Jesús instituyó esta nueva alianza" (LG 9).
La Iglesia - instituida por Cristo
Jesús
763 Corresponde al Hijo realizar el plan de
Salvación de su Padre, en la plenitud de los tiempos; ese es el motivo de su
"misión" (cf. LG 3; AG 3). "El Señor Jesús comenzó su Iglesia
con el anuncio de la Buena Noticia, es decir, de la llegada del Reino de Dios
prometido desde hacía siglos en las Escrituras" (LG 5). Para cumplir la
voluntad del Padre, Cristo inauguró el Reino de los cielos en la tierra. La
Iglesia es el Reino de Cristo "presente ya en misterio" (LG 3).
764 "Este Reino se manifiesta a los
hombres en las palabras, en las obras y en la presencia de Cristo" (LG 5).
Acoger la palabra de Jesús es acoger "el Reino" (ibid.). El germen y
el comienzo del Reino son el "pequeño rebaño" (Lc 12, 32), de los que
Jesús ha venido a convocar en torno suyo y de los que él mismo es el pastor
(cf. Mt 10, 16; 26, 31; Jn 10, 1-21). Constituyen la verdadera familia de Jesús
(cf. Mt 12, 49). A los que reunió así en torno suyo, les enseñó no sólo una
nueva "manera de obrar", sino también una oración propia (cf. Mt
5-6).
765 El Señor Jesús dotó a su comunidad de una
estructura que permanecerá hasta la plena consumación del Reino. Ante todo está
la elección de los Doce con Pedro como su Cabeza (cf. Mc 3, 14-15); puesto que
representan a las doce tribus de Israel (cf. Mt 19, 28; Lc 22, 30), ellos son
los cimientos de la nueva Jerusalén (cf. Ap 21, 12-14). Los Doce (cf. Mc6, 7) y
los otros discípulos (cf. Lc 10,1-2) participan en la misión de Cristo, en su
poder, y también en su suerte (cf. Mt 10, 25; Jn 15, 20). Con todos estos
actos, Cristo prepara y edifica su Iglesia.
766 Pero la Iglesia ha nacido principalmente
del don total de Cristo por nuestra salvación, anticipado en la institución de
la Eucaristía y realizado en la Cruz. "El agua y la sangre que brotan del
costado abierto de Jesús crucificado son signo de este comienzo y crecimiento"
(LG 3 ."Pues del costado de Cristo dormido en la cruz nació el sacramento
admirable de toda la Iglesia" (SC 5). Del mismo modo que Eva fue formada
del costado de Adán adormecido, así la Iglesia nació del corazón traspasado de
Cristo muerto en la Cruz (cf. San Ambrosio, Luc 2, 85-89).
La Iglesia, manifestada por el Espíritu
Santo
767 "Cuando el Hijo terminó la obra que el
Padre le encargó realizar en la tierra, fue enviado el Espíritu Santo el día de
Pentecostés para que santificara continuamente a la Iglesia" (LG 4). Es
entonces cuando "la Iglesia se manifestó públicamente ante la multitud; se
inició la difusión del evangelio entre los pueblos mediante la
predicación" (AG 4). Como ella es "convocatoria" de salvación
para todos los hombres, la Iglesia, por su misma naturaleza, misionera enviada
por Cristo a todas las naciones para hacer de ellas discípulos suyos (cf. Mt
28, 19-20; AG 2,5-6).
768 Para realizar su misión, el Espíritu Santo
"la construye y dirige con diversos dones jerárquicos y carismáticos"
LG 4). "La Iglesia, enriquecida con los dones de su Fundador y guardando
fielmente sus mandamientos del amor, la humildad y la renuncia, recibe la
misión de anunciar y establecer en todos los pueblos el Reino de Cristo y de
Dios. Ella constituye el germen y el comienzo de este Reino en la tierra"
(LG 5).
La Iglesia, consumada en la gloria
769 La Iglesia "sólo llegará a su
perfección en la gloria del cielo" (LG 48), cuando Cristo vuelva glorioso.
Hasta ese día, "la Iglesia avanza en su peregrinación a través de las
persecuciones del mundo y de los consuelos de Dios" (San Agustín, civ. 18,
51;cf. LG 8). Aquí abajo, ella se sabe en exilio, lejos del Señor (cf. 2Co 5,
6; LG 6), y aspira al advenimimento pleno del Reino, "y espera y desea con
todas sus fuerzas reunirse con su Rey en la gloria" (LG 5). La consumación
de la Iglesia en la gloria, y a través de ella la del mundo, no sucederá sin
grandes pruebas. Solamente entonces, "todos los justos desde Adán, `desde
el justo Abel hasta el último de los elegidos' se reunirán con el Padre en la
Iglesia universal" (LG 2).
III EL MISTERIO DE LA IGLESIA
770 La Iglesia está en la historia, pero al
mismo tiempo la transciende. Solamente "con los ojos de la fe"
(Catech. R. 1,10, 20) se puede ver al mismo tiempo en esta realidad visible una
realidad espiritual, portadora de vida divina.
La Iglesia, a la vez visible y
espiritual
771 "Cristo, el único Mediador, estableció
en este mundo su Iglesia santa, comunidad de fe, esperanza y amor, como un organismo
visible. La mantiene aún sin cesar para comunicar por medio de ella a todos la
verdad y la gracia". La Iglesia es a la vez:
-
"sociedad dotada de órganos jerárquicos y el Cuerpo Místico de Cristo;
-
el grupo visible y la comunidad espiritual
-
la Iglesia de la tierra y la Iglesia llena de bienes del cielo".
Estas dimensiones juntas constituyen
"una realidad compleja, en la que están unidos el elemento divino y el
humano" (LG 8):
Es propio de la Iglesia "ser a la
vez humana y divina, visible y dotada de elementos invisibles, entregada a la
acción y dada a la contemplación, presente en el mundo y, sin embargo,
peregrina. De modo que en ella lo humano esté ordenado y subordinado a lo
divino, lo visible a lo invisible, la acción a la contemplación y lo presente a
la ciudad futura que buscamos" (SC 2).
¡Qué humildad y qué sublimidad! Es la
tienda de Cadar y el santuario de Dios; una tienda terrena y un palacio
celestial; una casa modestísima y una aula regia; un cuerpo mortal y un templo
luminoso; la despreciada por los soberbios y la esposa de Cristo. Tiene la tez
morena pero es hermosa, hijas de Jerusalén. El trabajo y el dolor del
prolongado exilio la han deslucido, pero también la hermosa su forma celestial
(San Bernardo, Cant. 27, 14).
La Iglesia, Misterio de la unión de los
hombres con Dios
772 En la Iglesia es donde Cristo realiza y
revela su propio misterio como la finalidad de designio de Dios:
"recapitular todo en El" (Ef 1, 10). San Pablo llama "gran
misterio" (Ef 5, 32) al desposorio de Cristo y de la Iglesia. Porque la
Iglesia se une a Cristo como a su esposo (cf. Ef 5, 25-27), por eso se
convierte a su vez en Misterio (cf. Ef 3, 9-11). Contemplando en ella el
Misterio, San Pablo escribe: el misterio "es Cristo en vosotros, la esperanza
de la gloria" (Col 1, 27)
773 En la Iglesia esta comunión de los hombres
con Dios por "la caridad que no pasará jamás"(1 Co 13, 8) es la
finalidad que ordena todo lo que en ella es medio sacramental ligado a este
mundo que pasa (cf. LG 48). "Su estructura está totalmente ordenada a la
santidad de los miembros de Cristo. Y la santidad se aprecia en función del
'gran Misterio' en el que la Esposa responde con el don del amor al don del
Esposo" (MD 27). María nos precede a todos en la santidad que es el Misterio
de la Iglesia como la "Esposa sin tacha ni arruga" (Ef 5, 27). Por
eso la dimensión mariana de la Iglesia precede a su dimensión petrina"
(ibid.).
La Iglesia, sacramento universal de la
salvación
774 La palabra griega "mysterion" ha
sido traducida en latín por dos términos: "mysterium" y
"sacramentum". En la interpretación posterior, el término
"sacramentum" expresa mejor el signo visible de la realidad oculta de
la salvación, indicada por el término "mysterium". En este sentido,
Cristo es El mismo el Misterio de la salvación: "Non est enim aliud Dei
mysterium, nisi Christus" ("No hay otro misterio de Dios fuera de
Cristo") (San Agustín, ep. 187, 34). La obra salvífica de su humanidad
santa y santificante es el sacramento de la salvación que se manifiesta y actúa
en los sacramentos de la Iglesia (que las Iglesias de Oriente llaman también
"los santos Misterios"). Los siete sacramentos son los signos y los
instrumentos mediante los cuales el Espíritu Santo distribuye la gracia de
Cristo, que es la Cabeza, en la Iglesia que es su Cuerpo. La Iglesia contiene
por tanto y comunica la gracia invisible que ella significa. En este sentido
analógico ella es llamada "sacramento".
775 "La Iglesia es en Cristo como un
sacramento o signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de
todo el género humano "(LG 1): Ser el sacramento de la unión íntima de los
hombres con Dios es el primer fin de la Iglesia. Como la comunión de los
hombres radica en la unión con Dios, la Iglesia es también el sacramento de la
unidad del género humano. Esta unidad ya está comenzada en ella porque reúne
hombres "de toda nación, raza, pueblo y lengua" (Ap 7, 9); al mismo
tiempo, la Iglesia es "signo e instrumento" de la plena realización
de esta unidad que aún está por venir.
776 Como sacramento, la Iglesia es instrumento
de Cristo. Ella es asumida por Cristo "como instrumento de redención
universal" (LG 9), "sacramento universal de salvación" (LG 48),
por medio del cual Cristo "manifiesta y realiza al mismo tiempo el
misterio del amor de Dios al hombre" (GS 45, 1). Ella "es el proyecto
visible del amor de Dios hacia la humanidad" (Pablo VI, discurso 22 junio
1973) que quiere "que todo el género humano forme un único Pueblo de Dios,
se una en un único Cuerpo de Cristo, se coedifique en un único templo del
Espíritu Santo" (AG 7; cf. LG 17).
RESUMEN
777 La palabra "Iglesia" significa
"convocación". Designa la asamblea de aquellos a quienes convoca la
palabra de Dios para formar el Pueblo de Dios y que, alimentados con el Cuerpo
de Cristo, se convierten ellos mismos en Cuerpo de Cristo.
778 La Iglesia es a la vez camino y término del
designio de Dios: prefigurada en la creación, preparada en la Antigua Alianza,
fundada por las palabras y las obras de Jesucristo, realizada por su Cruz redentora
y su Resurrección, se manifiesta como misterio de salvación por la efusión del
Espíritu Santo. Quedará consumada en la gloria del cielo como asamblea de todos
los redimidos de la tierra (cf. Ap 14,4).
779 La Iglesia es a la vez visible y espiritual,
sociedad jerárquica y Cuerpo Místico de Cristo. Es una, formada por un doble
elemento humano y divino. Ahí está su Misterio que sólo la fe puede aceptar.
780 La Iglesia es, en este mundo, el sacramento
de la salvación, el signo y el instrumento de la Comunión con Dios y entre los
hombres.
Párrafo
2 LA IGLESIA, PUEBLO DE
DIOS, CUERPO DE CRISTO, TEMPLO DEL ESPIRITU SANTO
I LA IGLESIA, PUEBLO DE DIOS
781 "En todo tiempo y lugar ha sido grato
a Dios el que le teme y practica la justicia. Sin embargo, quiso santificar y
salvar a los hombres no individualmente y aislados, sin conexión entre sí, sino
hacer de ellos un pueblo para que le conociera de verdad y le sirviera con una
vida santa. Eligió, pues, a Israel para pueblo suyo, hizo una alianza con él y
lo fue educando poco a poco. Le fue revelando su persona y su plan a lo largo
de su historia y lo fue santificando. Todo esto, sin embargo, sucedió como
preparación y figura de su alianza nueva y perfecta que iba a realizar en
Cristo..., es decir, el Nuevo Testamento en su sangre convocando a las gentes
de entre los judíos y los gentiles para que se unieran, no según la carne, sino
en el Espíritu" (LG 9).
Las características del Pueblo de Dios
782 El Pueblo de Dios tiene características que
le distinguen claramente de todos los grupos religiosos, étnicos, políticos o
culturales de la Historia:
-
Es el Pueblo de Dios: Dios no pertenece en propiedad a ningún pueblo. Pero El
ha adquirido para sí un pueblo de aquellos que antes no eran un pueblo:
"una raza elegida, un sacerdocio real, una nación santa" (1 P 2, 9).
-
Se llega a ser miembro de este cuerpo no por el nacimiento físico, sino por el
"nacimiento de arriba", "del agua y del Espíritu" (Jn 3,
3-5), es decir, por la fe en Cristo y el Bautismo.
-
Este pueblo tiene por jefe [cabeza] a Jesús el Cristo [Ungido, Mesías]: porque
la misma Unción, el Espíritu Santo fluye desde la Cabeza al Cuerpo, es "el
Pueblo mesiánico".
-
"La identidad de este Pueblo, es la dignidad y la libertad de los hijos de
Dios en cuyos corazones habita el Espíritu Santo como en un templo".
-
"Su ley, es el mandamiento nuevo: amar como el mismo Cristo mismo nos amó
(cf. Jn 13, 34)". Esta es la ley "nueva" del Espíritu Santo (Rm
8,2; Ga 5, 25).
-
Su misión es ser la sal de la tierra y la luz del mundo (cf. Mt 5, 13-16).
"Es un germen muy seguro de unidad, de esperanza y de salvación para todo
el género humano".
-
"Su destino es el Reino de Dios, que el mismo comenzó en este mundo, que
ha de ser extendido hasta que él mismo lo lleve también a su perfección"
(LG 9).
Un pueblo sacerdotal, profético y real
783 Jesucristo es aquél a quien el Padre ha
ungido con el Espíritu Santo y lo ha constituido "Sacerdote, Profeta y
Rey". Todo el Pueblo de Dios participa de estas tres funciones de Cristo y
tiene las responsabilidades de misión y de servicio que se derivan de ellas
(cf.RH 18-21).
784 Al entrar en el Pueblo de Dios por la fe y
el Bautismo se participa en la vocación única de este Pueblo: en su vocación
sacerdotal: "Cristo el Señor, Pontífice tomado de entre los hombres, ha
hecho del nuevo pueblo `un reino de sacerdotes para Dios, su Padre'. Los
bautizados, en efecto, por el nuevo nacimiento y por la unción del Espíritu
Santo, quedan consagrados como casa espiritual y sacerdocio santo" (LG
10).
785 "El pueblo santo de Dios participa
también del carácter profético de Cristo". Lo es sobre todo por el sentido
sobrenatural de la fe que es el de todo el pueblo, laicos y jerarquía, cuando
"se adhiere indefectiblemente a la fe transmitida a los santos de una vez
para siempre" (LG 12) y profundiza en su comprensión y se hace testigo de
Cristo en medio de este mundo.
786 El Pueblo de Dios participa, por último, en
la función regia de Cristo". Cristo ejerce su realeza atrayendo a sí a
todos los hombres por su muerte y su resurrección (cf. Jn 12, 32). Cristo, Rey
y Señor del universo, se hizo el servidor de todos, no habiendo "venido a
ser servido, sino a servir y dar su vida en rescate por muchos" (Mt 20,
28). Para el cristiano, "servir es reinar" (LG 36), particularmente
"en los pobres y en los que sufren" donde descubre "la imagen de
su Fundador pobre y sufriente" (LG 8). El pueblo de Dios realiza su
"dignidad regia" viviendo conforme a esta vocación de servir con
Cristo.
De todos los que han nacido de nuevo en
Cristo, el signo de la cruz hace reyes, la unción del Espíritu Santo los
consagra como sacerdotes, a fin de que, puesto aparte el servicio particular de
nuestro ministerio, todos los cristianos espirituales y que usan de su razón se
reconozcan miembros de esta raza de reyes y participantes de la función
sacerdotal. ¿Qué hay, en efecto, más regio para un alma que gobernar su cuerpo
en la sumisión a Dios? Y ¿qué hay más sacerdotal que consagrar a Dios una
conciencia pura y ofrecer en el altar de su corazón las víctimas sin mancha de
la piedad? (San León Magno, serm. 4, 1).
II LA IGLESIA, CUERPO DE CRISTO
La Iglesia es comunión con Jesús
787 Desde el comienzo, Jesús asoció a sus
discípulos a su vida (cf. Mc. 1,16-20; 3, 13-19); les reveló el Misterio del
Reino (cf. Mt 13, 10-17); les dio parte en su misión, en su alegría (cf. Lc 10,
17-20) y en sus sufrimientos (cf. Lc 22, 28-30). Jesús habla de una comunión
todavía más íntima entre él y los que le sigan: "Permaneced en Mí, como yo
en vosotros ... Yo soy la vid y vosotros los sarmientos" (Jn 15, 4-5).
Anuncia una comunión misteriosa y real entre su propio cuerpo y el nuestro:
"Quien come mi carne y bebe mi sangre permanece en Mí y Yo en él" (Jn
6, 56).
788 Cuando fueron privados los discípulos de su
presencia visible, Jesús no los dejó huérfanos (cf. Jn 14, 18). Les prometió
quedarse con ellos hasta el fin de los tiempos (cf. Mt 28, 20), les envió su
Espíritu (cf. Jn 20, 22; Hch 2, 33). Por eso, la comunión con Jesús se hizo en
cierto modo más intensa: "Por la comunicación de su Espíritu a sus
hermanos, reunidos de todos los pueblos, Cristo los constituye místicamente en
su cuerpo" (LG 7).
789 La comparación de la Iglesia con el cuerpo
arroja un rayo de luz sobre la relación íntima entre la Iglesia y Cristo. No
está solamente reunida en torno a El: siempre está unificada en El, en su
Cuerpo. Tres aspectos de la Iglesia-Cuerpo de Cristo se han de resaltar más
específicamente: la unidad de todos los miembros entre sí por su unión con
Cristo; Cristo Cabeza del Cuerpo; la Iglesia, Esposa de Cristo.
"Un solo cuerpo"
790 Los creyentes que responden a la Palabra de
Dios y se hacen miembros del Cuerpo de Cristo, quedan estrechamente unidos a
Cristo: "La vida de Cristo se comunica a a los creyentes, que se unen a
Cristo, muerto y glorificado, por medio de los sacramentos de una manera
misteriosa pero real" (LG 7). Esto es particularmente verdad en el caso
del Bautismo por el cual nos unimos a la muerte y a la Resurrección de Cristo
(cf. Rm 6, 4-5; 1 Co 12, 13), y en el caso de la Eucaristía, por la cual,
"compartimos realmente el Cuerpo del Señor, que nos eleva hasta la
comunión con él y entre nosotros" (LG 7).
791 La unidad del cuerpo no ha abolido la
diversidad de los miembros: "En la construcción del cuerpo de Cristo
existe una diversidad de miembros y de funciones. Es el mismo Espíritu el que,
según su riqueza y las necesidades de los ministerios, distribuye sus diversos
dones para el bien de la Iglesia". La unidad del Cuerpo místico produce y
estimula entre los fieles la caridad: "Si un miembro sufre, todos los
miembros sufren con él; si un miembro es honrado, todos los miembros se alegran
con él" (LG 7). En fin, la unidad del Cuerpo místico sale victoriosa de
todas las divisiones humanas: "En efecto, todos los bautizados en Cristo
os habéis revestido de Cristo: ya no hay judío ni griego; ni esclavo ni libre;
ni hombre ni mujer, ya que todos vosotros sois uno en Cristo Jesús" (Ga 3,
27-28).
Cristo, Cabeza de este Cuerpo
792 Cristo "es la Cabeza del Cuerpo que es
la Iglesia" (Col 1, 18). Es el Principio de la creación y de la redención.
Elevado a la gloria del Padre, "él es el primero en todo" (Col 1,
18), principalmente en la Iglesia por cuyo medio extiende su reino sobre todas
las cosas:
793 El nos une a su Pascua: Todos los miembros
tienen que esforzarse en asemejarse a él "hasta que Cristo esté formad o
en ellos" (Ga 4, 19). "Por eso somos integrados en los misterios de
su vida ..., nos unimos a sus sufrimientos como el cuerpo a su cabeza. Sufrimos
con él para ser glorificados con él" (LG 7).
794 El provee a nuestro crecimiento (cf. Col 2,
19): Para hacernos crecer hacia él, nuestra Cabeza (cf. Ef 4, 11-16), Cristo
distribuye en su cuerpo, la Iglesia, los dones y los servicios mediante los cuales
nos ayudamos mutuamente en el camino de la salvación.
795 Cristo y la Iglesia son, por tanto, el
"Cristo total" ["Christus totus"]. La Iglesia es una con
Cristo. Los santos tienen conciencia muy viva de esta unidad:
Felicitémonos y demos gracias por lo
que hemos llegado a ser, no solamente cristianos sino el propio Cristo.
¿Comprendéis, hermanos, la gracia que Dios nos ha hecho al darnos a Cristo como
Cabeza? Admiraos y regocijaos, hemos sido hechos Cristo. En efecto, ya que El
es la Cabeza y nosotros somos los miembros, el hombre todo entero es El y
nosotros ... La plenitud de Cristo es, pues, la Cabeza y los miembros: ¿Qué
quiere decir la Cabeza y los miembros? Cristo y la Iglesia (San Agustín, ev.
Jo. 21, 8).
Redemptor noster unam se personam cum
sancta Ecclesia, quam assumpsit, exhibuit ("Nuestro Redentor muestra que
forma una sola persona con la Iglesia que El asumió") (San Gregorio Magno,
mor. praef.1,6,4).
Caput et membra, quasi una persona
mystica ("La Cabeza y los miembros, como si fueran una sola persona
mística") (Santo Tomás de Aquino, s.th. 3, 42, 2, ad 1).
Una palabra de Santa Juana de Arco a
sus jueces resume la fe de los santos doctores y expresa el buen sentido del
creyente: "De Jesucristo y de la Iglesia, me parece que es todo uno y que
no es necesario hacer una dificultad de ello" (Juana de Arco, proc.).
La Iglesia es la Esposa de Cristo
796 La unidad de Cristo y de la Iglesia, Cabeza
y miembros del Cuerpo, implica también la distinción de ambos en una relación
personal. Este aspecto es expresado con frecuencia mediante la imagen del
Esposo y de la Esposa. El tema de Cristo esposo de la Iglesia fue preparado por
los profetas y anunciado por Juan Bautista (cf. Jn 3, 29). El Señor se designó
a sí mismo como "el Esposo" (Mc 2, 19; cf. Mt 22, 1-14; 25, 1-13). El
apóstol presenta a la Iglesia y a cada fiel, miembro de su Cuerpo, como una
Esposa "desposada" con Cristo Señor para "no ser con él más que
un solo Espíritu" (cf. 1 Co 6,15-17; 2 Co 11,2). Ella es la Esposa
inmaculada del Cordero inmaculado (cf. Ap 22,17; Ef 1,4; 5,27), a la que Cristo
"amó y por la que se entregó a fin de santificarla" (Ef 5,26), la que
él se asoció mediante una Alianza eterna y de la que no cesa de cuidar como de
su propio Cuerpo (cf. Ef 5,29):
He ahí el Cristo total, cabeza y
cuerpo, un solo formado de muchos ... Sea la cabeza la que hable, sean los
miembros, es Cristo el que habla. Habla en el papel de cabeza ["ex persona
capitis"] o en el de cuerpo ["ex persona corporis"]. Según lo que
está escrito: "Y los dos se harán una sola carne. Gran misterio es éste,
lo digo respecto a Cristo y la Iglesia."(Ef 5,31-32) Y el Señor mismo en
el evangelio dice: "De manera que ya no son dos sino una sola carne"
(Mt 19,6). Como lo habéis visto bien, hay en efecto dos personas diferentes y,
no obstante, no forman más que una en el abrazo conyugal ... Como cabeza él se
llama "esposo" y como cuerpo "esposa" (San Agustín, psalm.
74, 4:PL 36, 948-949).
III LA IGLESIA, TEMPLO DEL ESPIRITU SANTO
797 "Quod est spiritus noster, id est
anima nostra, ad membra nostra, hoc est Spiritus Sanctus ad membra Christi, ad
corpus Christi, quod est Ecclesia" ("Lo que nuestro espíritu, es
decir, nuestra alma, es para nuestros miembros, eso mismo es el Espíritu Santo
para los miembros de Cristo, para el Cuerpo de Cristo que es la Iglesia")
(San Agustín, serm. 267, 4). "A este Espíritu de Cristo, como a principio
invisible, ha de atribuirse también el que todas las partes del cuerpo estén
íntimamente unidas, tanto entre sí como con su excelsa Cabeza, puesto que está
todo él en la Cabeza, todo en el Cuerpo, todo en cada uno de los miembros"
(Pío XII: "Mystici Corporis": DS 3808). El Espíritu Santo hace de la
Iglesia "el Templo del Dios vivo" (2 Co 6, 16; cf. 1 Co 3, 16-17;Ef
2,21):
En efecto, es a la misma Iglesia, a la
que ha sido confiado el "Don de Dios ...Es en ella donde se ha depositado
la comunión con Cristo, es decir el Espíritu Santo, arras de la
incorruptibilidad, confirmación de nuestra fe y escala de nuestra ascensión
hacia Dios ...Porque allí donde está la Iglesia, allí está también el Espíritu
de Dios; y allí donde está el Espíritu de Dios, está la Iglesia y toda gracia.
(San Ireneo, haer. 3, 24, 1).
798 El Espíritu Santo es "el principio de
toda acción vital y verdaderamente saludable en todas las partes del
cuerpo" (Pío XII, "Mystici Corporis": DS 3808). Actúa de
múltiples maneras en la edificación de todo el Cuerpo en la caridad(cf. Ef 4,
16): por la Palabra de Dios, "que tiene el poder de construir el edificio"
(Hch 20, 32), por el Bautismo mediante el cual forma el Cuerpo de Cristo (cf. 1
Co 12, 13); por los sacramentos que hacen crecer y curan a los miembros de
Cristo; por "la gracia concedida a los apóstoles" que "entre
estos dones destaca" (LG 7), por las virtudes que hacen obrar según el
bien, y por las múltiples gracias especiales [llamadas "carismas"]
mediante las cuales los fieles quedan "preparados y dispuestos a asumir
diversas tareas o ministerios que contribuyen a renovar y construir más y más
la Iglesia" (LG 12; cf. AA 3).
Los carismas
799 Extraordinarios o sencillos y humildes, los
carismas son gracias del Espíritu Santo, que tienen directa o indirectamente,
una utilidad eclesial; los carismas están ordenados a la edificación de la
Iglesia, al bien de los hombres y a las necesidades del mundo.
800 Los carismas se han de acoger con
reconocimiento por el que los recibe, y también por todos los miembros de la
Iglesia. En efecto, son una maravillosa riqueza de gracia para la vitalidad
apostólica y para la santidad de todo el Cuerpo de Cristo; los carismas
constituyen tal riqueza siempre que se trate de dones que provienen
verdaderamente del Espíritu Santo y que se ejerzan de modo plenamente conforme
a los impulsos auténticos de este mismo Espíritu, es decir, según la caridad,
verdadera medida de los carismas (cf. 1 Co 13).
801 Por esta razón aparece siempre necesario el
discernimiento de carismas. Ningún carisma dispensa de la referencia y de la
sumisión a los Pastores de la Iglesia. "A ellos compete sobre todo no
apagar el Espíritu, sino examinarlo todo y quedarse con lo bueno" (LG 12),
a fin de que todos los carismas cooperen, en su diversidad y complementariedad,
al "bien común" (cf. 1 Co 12, 7) (cf. LG 30; CL, 24).
RESUMEN
802 "Cristo Jesús se entregó por nosotros
a fin de rescatarnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo que fuese
suyo" (Tt 2, 14).
803 "Vosotros sois linaje elegido,
sacerdocio real, nación santa, pueblo adquirido" (1 P 2, 9).
804 Se entra en el Pueblo de Dios por la fe y
el Bautismo. "Todos los hombres están invitados al Pueblo de Dios"
(LG 13), a fin de que, en Cristo, "los hombres constituyan una sola
familia y un único Pueblo de Dios"(AG 1).
805 La Iglesia es el Cuerpo de Cristo. Por el
Espíritu y su acción en los sacramentos, sobre todo en la Eucaristía, Cristo
muerto y resucitado constituye la comunidad de los creyentes como Cuerpo suyo.
806 En la unidad de este cuerpo hay diversidad
de miembros y de funciones. Todos los miembros están unidos unos a otros,
particularmente a los que sufren, a los pobres y perseguidos.
807 La Iglesia es este Cuerpo del que Cristo es
la Cabeza: vive de El, en El y por El: El vive con ella y en ella.
808 La Iglesia es la Esposa de Cristo: la ha
amado y se ha entregado por ella. La ha purificado por medio de su sangre. Ha
hecho de ella la Madre fecunda de todos los hijos de Dios.
809 La Iglesia es el Templo del Espíritu Santo.
El Espíritu es como el alma del Cuerpo Místico, principio de su vida, de la
unidad en la diversidad y de la riqueza de sus dones y carismas.
810 "Así toda la Iglesia aparece como el
pueblo unido `por la unidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo' (San
Cipriano)" (LG 4).
Párrafo
3 LA IGLESIA ES UNA, SANTA, CATÓLICA
Y APOSTÓLICA
811 "Esta es la única Iglesia de Cristo,
de la que confesamos en el Credo que es una, santa, católica y apostólica"
(LG 8). Estos cuatro atributos, inseparablemente unidos entre sí (cf DS 2888),
indican rasgos esenciales de la Iglesia y de su misión. La Iglesia no los tiene
por ella misma; es Cristo, quien, por el Espíritu Santo, da a la Iglesia el ser
una, santa, católica y apostólica, y Él es también quien la llama a ejercitar
cada una de estas cualidades.
812
Sólo la fe puede reconocer que la Iglesia posee estas propiedades por su origen
divino. Pero sus manifestaciones históricas son signos que hablan también con
claridad a la razón humana. Recuerda el Concilio Vaticano I: "La Iglesia
por sí misma es un grande y perpetuo motivo de credibilidad y un testimonio
irrefutable de su misión divina a causa de su admirable propagación, de su
eximia santidad, de su inagotable fecundidad en toda clase de bienes, de su
unidad universal y de su invicta estabilidad" (DS 3013).
I LA IGLESIA ES UNA
"El sagrado Misterio de la Unidad
de la Iglesia" (UR 2)
813 La Iglesia es una debido a su origen:
"El modelo y principio supremo de este misterio es la unidad de un solo
Dios Padre e Hijo en el Espíritu Santo, en la Trinidad de personas" (UR
2). La Iglesia es una debido a su Fundador: "Pues el mismo Hijo encarnado,
Príncipe de la paz, por su cruz reconcilió a todos los hombres con Dios...
restituyendo la unidad de todos en un solo pueblo y en un solo cuerpo" (GS
78, 3). La Iglesia es una debido a su "alma": "El Espíritu Santo
que habita en los creyentes y llena y gobierna a toda la Iglesia, realiza esa
admirable comunión de fieles y une a todos en Cristo tan íntimamente que es el
Principio de la unidad de la Iglesia" (UR 2). Por tanto, pertenece a la
esencia misma de la Iglesia ser una:
¡Qué
sorprendente misterio! Hay un solo Padre del universo, un solo Logos del
universo y también un solo Espíritu Santo, idéntico en todas partes; hay
también una sola virgen hecha madre, y me gusta llamarla Iglesia (Clemente de
Alejandría, paed. 1, 6, 42).
813
Desde el principio, esta Iglesia una se presenta, no obstante, con una gran
diversidad que procede a la vez de la variedad de los dones de Dios y de la
multiplicidad de las personas que los reciben. En la unidad del Pueblo de Dios
se reúnen los diferentes pueblos y culturas. Entre los miembros de la Iglesia
existe una diversidad de dones, cargos, condiciones y modos de vida;
"dentro de la comunión eclesial, existen legítimamente las Iglesias
particulares con sus propias tradiciones" (LG 13). La gran riqueza de esta
diversidad no se opone a la unidad de la Iglesia. No obstante, el pecado y el
peso de sus consecuencias amenazan sin cesar el don de la unidad. También el
apóstol debe exhortar a "guardar la unidad del Espíritu con el vínculo de
la paz" (Ef 4, 3).
815 ¿Cuáles son estos vínculos de la unidad?
"Por encima de todo esto revestíos del amor, que es el vínculo de la
perfección" (Col 3, 14). Pero la unidad de la Iglesia peregrina está
asegurada por vínculos visibles de comunión:
- la profesión de una misma fe recibida de
los apóstoles;
- la celebración común del culto divino,
sobre todo de los sacramentos;
- la sucesión apostólica por el sacramento
del orden, que conserva la concordia fraterna de la familia de Dios (cf UR 2;
LG 14; CIC, can. 205).
816 "La única Iglesia de Cristo...,
Nuestro Salvador, después de su resurrección, la entregó a Pedro para que la
pastoreara. Le encargó a él y a los demás apóstoles que la extendieran y la
gobernaran... Esta Iglesia, constituida y ordenada en este mundo como una
sociedad, subsiste en ["subsistit in"] la Iglesia católica, gobernada
por el sucesor de Pedro y por los obispos en comunión con él" (LG 8).
El
decreto sobre Ecumenismo del Concilio Vaticano II explicita: "Solamente
por medio de la Iglesia católica de Cristo, que es auxilio general de
salvación, puede alcanzarse la plenitud total de los medios de salvación.
Creemos que el Señor confió todos los bienes de la Nueva Alianza a un único
colegio apostólico presidido por Pedro, para constituir un solo Cuerpo de
Cristo en la tierra, al cual deben incorporarse plenamente los que de algún
modo pertenecen ya al Pueblo de Dios" (UR 3).
Las heridas de la unidad
817 De hecho, "en esta una y única Iglesia
de Dios, aparecieron ya desde los primeros tiempos algunas escisiones que el
apóstol reprueba severamente como condenables; y en siglos posteriores
surgieron disensiones más amplias y comunidades no pequeñas se separaron de la
comunión plena con la Iglesia católica y, a veces, no sin culpa de los hombres
de ambas partes" (UR 3). Tales rupturas que lesionan la unidad del Cuerpo
de Cristo (se distingue la herejía, la apostasía y el cisma [cf CIC can. 751])
no se producen sin el pecado de los hombres:
Ubi
peccata sunt, ibi est multitudo, ibi schismata, ibi haereses, ibi discussiones.
Ubi autem virtus, ibi singularitas, ibi unio, ex quo omnium credentium erat cor
unum et anima una ("Donde hay pecados, allí hay desunión, cismas,
herejías, discusiones. Pero donde hay virtud, allí hay unión, de donde
resultaba que todos los creyentes tenían un solo corazón y una sola alma"
Orígenes, hom. in Ezech. 9, 1).
818 Los que nacen hoy en las comunidades
surgidas de tales rupturas "y son instruidos en la fe de Cristo, no pueden
ser acusados del pecado de la separación y la Iglesia católica los abraza con
respeto y amor fraternos... justificados por la fe en el bautismo, se han
incorporado a Cristo; por tanto, con todo derecho se honran con el nombre de
cristianos y son reconocidos con razón por los hijos de la Iglesia católica
como hermanos en el Señor" (UR 3).
819 Además, "muchos elementos de
santificación y de verdad" (LG 8) existen fuera de los límites visibles de
la Iglesia católica: "la palabra de Dios escrita, la vida de la gracia, la
fe, la esperanza y la caridad y otros dones interiores del Espíritu Santo y los
elementos visibles" (UR 3; cf LG 15). El Espíritu de Cristo se sirve de
estas Iglesias y comunidades eclesiales como medios de salvación cuya fuerza
viene de la plenitud de gracia y de verdad que Cristo ha confiado a la Iglesia
católica. Todos estos bienes provienen de Cristo y conducen a Él (cf UR 3) y de
por sí impelen a "la unidad católica" (LG 8).
Hacia la unidad
820 Aquella unidad "que Cristo concedió
desde el principio a la Iglesia... creemos que subsiste indefectible en la
Iglesia católica y esperamos que crezca hasta la consumación de los
tiempos" (UR 4). Cristo da permanentemente a su Iglesia el don de la
unidad, pero la Iglesia debe orar y trabajar siempre para mantener, reforzar y
perfeccionar la unidad que Cristo quiere para ella. Por eso Cristo mismo rogó
en la hora de su Pasión, y no cesa de rogar al Padre por la unidad de sus
discípulos: "Que todos sean uno. Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que
ellos sean también uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has
enviado" (Jn 17, 21). El deseo de volver a encontrar la unidad de todos
los cristianos es un don de Cristo y un llamamiento del Espíritu Santo (cf UR
1).
821 Para responder adecuadamente a este
llamamiento se exige:
- una renovación permanente de la Iglesia
en una fidelidad mayor a su vocación. Esta renovación es el alma del movimiento
hacia la unidad (UR 6);
- la conversión del corazón para
"llevar una vida más pura, según el Evangelio" (cf UR 7), porque la
infidelidad de los miembros al don de Cristo es la causa de las divisiones;
- la oración en común, porque "esta
conversión del corazón y santidad de vida, junto con las oraciones privadas y
públicas por la unidad de los cristianos, deben considerarse como el alma de
todo el movimiento ecuménico, y pueden llamarse con razón ecumenismo espiritual"
(cf UR 8);
- el fraterno conocimiento recíproco (cf
UR 9);
- la formación ecuménica de los fieles y
especialmente de los sacerdotes (cf UR 10);
- el diálogo entre los teólogos y los
encuentros entre los cristianos de diferentes Iglesias y comunidades (cf UR 4, 9,
11);
- la colaboración entre cristianos en los
diferentes campos de servicio a los hombres (cf UR 12).
822 "La preocupación por el
restablecimiento de la unión atañe a la Iglesia entera, tanto a los fieles como
a los pastores" (cf UR 5). Pero hay que ser "conocedor de que este
santo propósito de reconciliar a todos los cristianos en la unidad de la única
Iglesia de Jesucristo excede las fuerzas y la capacidad humana". Por eso
hay que poner toda la esperanza "en la oración de Cristo por la Iglesia,
en el amor del Padre para con nosotros, y en el poder del Espíritu Santo"
(UR 24).
II LA IGLESIA ES SANTA
823
"La fe confiesa que la Iglesia... no puede dejar de ser santa. En efecto,
Cristo, el Hijo de Dios, a quien con el Padre y con el Espíritu se proclama 'el
solo santo', amó a su Iglesia como a su esposa. Él se entregó por ella para
santificarla, la unió a sí mismo como su propio cuerpo y la llenó del don del
Espíritu Santo para gloria de Dios" (LG 39). La Iglesia es, pues, "el
Pueblo santo de Dios" (LG 12), y sus miembros son llamados
"santos" (cf Hch 9, 13; 1 Co 6, 1; 16, 1).
824
La Iglesia, unida a Cristo, está santificada por Él; por Él y con Él, ella
también ha sido hecha santificadora. Todas las obras de la Iglesia se esfuerzan
en conseguir "la santificación de los hombres en Cristo y la glorificación
de Dios" (SC 10). En la Iglesia es en donde está depositada "la
plenitud total de los medios de salvación" (UR 3). Es en ella donde
"conseguimos la santidad por la gracia de Dios" (LG 48).
825
"La Iglesia, en efecto, ya en la tierra se caracteriza por una verdadera
santidad, aunque todavía imperfecta" (LG 48). En sus miembros, la santidad
perfecta está todavía por alcanzar: "Todos los cristianos, de cualquier
estado o condición, están llamados cada uno por su propio camino, a la
perfección de la santidad, cuyo modelo es el mismo Padre" (LG 11).
826 La caridad es el alma de la santidad a la
que todos están llamados: "dirige todos los medios de santificación, los
informa y los lleva a su fin" (LG 42):
Comprendí
que si la Iglesia tenía un cuerpo, compuesto por diferentes miembros, el más
necesario, el más noble de todos no le faltaba, comprendí que la Iglesia tenía
un corazón, que este corazón estaba ARDIENDO DE AMOR. Comprendí que el Amor
solo hacía obrar a los miembros de la Iglesia, que si el Amor llegara a
apagarse, los Apóstoles ya no anunciarían el Evangelio, los Mártires rehusarían
verter su sangre... Comprendí que EL AMOR ENCERRABA TODAS LAS VOCACIONES. QUE
EL AMOR ERA TODO, QUE ABARCABA TODOS LOS TIEMPOS Y TODOS LOS LUGARES... EN UNA
PALABRA, QUE ES ¡ETERNO! (Santa Teresa del Niño Jesús, ms. autob. B 3v).
827 "Mientras que Cristo, santo, inocente,
sin mancha, no conoció el pecado, sino que vino solamente a expiar los pecados
del pueblo, la Iglesia, abrazando en su seno a los pecadores, es a la vez santa
y siempre necesitada de purificación y busca sin cesar la conversión y la
renovación" (LG 8; cf UR 3; 6). Todos los miembros de la Iglesia, incluso
sus ministros, deben reconocerse pecadores (cf 1 Jn 1, 8-10). En todos, la
cizaña del pecado todavía se encuentra mezclada con la buena semilla del
Evangelio hasta el fin de los tiempos (cf Mt 13, 24-30). La Iglesia, pues,
congrega a pecadores alcanzados ya por la salvación de Cristo, pero aún en vías
de santificación:
La
Iglesia es, pues, santa aunque abarque en su seno pecadores; porque ella no
goza de otra vida que de la vida de la gracia; sus miembros, ciertamente, si se
alimentan de esta vida se santifican; si se apartan de ella, contraen pecados y
manchas del alma, que impiden que la santidad de ella se difunda radiante. Por
lo que se aflige y hace penitencia por aquellos pecados, teniendo poder de
librar de ellos a sus hijos por la sangre de Cristo y el don del Espíritu Santo
(SPF 19).
828
Al canonizar a ciertos fieles, es decir, al proclamar solemnemente que esos
fieles han practicado heroicamente las virtudes y han vivido en la fidelidad a
la gracia de Dios, la Iglesia reconoce el poder del Espíritu de santidad, que
está en ella, y sostiene la esperanza de los fieles proponiendo a los santos
como modelos e intercesores (cf LG 40; 48-51). "Los santos y las santas
han sido siempre fuente y origen de renovación en las circunstancias más
difíciles de la historia de la Iglesia" (CL 16, 3). En efecto, "la
santidad de la Iglesia es el secreto manantial y la medida infalible de su
laboriosidad apostólica y de su ímpetu misionero" (CL 17, 3).
829
"La Iglesia en la Santísima Virgen llegó ya a la perfección, sin mancha ni
arruga. En cambio, los creyentes se esfuerzan todavía en vencer el pecado para
crecer en la santidad. Por eso dirigen sus ojos a María" (LG 65): en ella,
la Iglesia es ya enteramente santa.
III LA IGLESIA ES CATOLICA
Qué quiere decir "católica"
830 La palabra "católica" significa
"universal" en el sentido de "según la totalidad" o
"según la integridad". La Iglesia es católica en un doble sentido:
Es católica porque Cristo está presente
en ella. "Allí donde está Cristo Jesús, está la Iglesia Católica"
(San Ignacio de Antioquía, Smyrn. 8, 2). En ella subsiste la plenitud del
Cuerpo de Cristo unido a su Cabeza (cf Ef 1, 22-23), lo que implica que ella
recibe de Él "la plenitud de los medios de salvación" (AG 6) que Él
ha querido: confesión de fe recta y completa, vida sacramental íntegra y ministerio
ordenado en la sucesión apostólica. La Iglesia, en este sentido fundamental,
era católica el día de Pentecostés (cf AG 4) y lo será siempre hasta el día de
la Parusía.
831 Es católica porque ha sido enviada por
Cristo en misión a la totalidad del género humano (cf Mt 28, 19):
Todos
los hombres están invitados al Pueblo de Dios. Por eso este pueblo, uno y
único, ha de extenderse por todo el mundo a través de todos los siglos, para
que así se cumpla el designio de Dios, que en el principio creó una única
naturaleza humana y decidió reunir a sus hijos dispersos... Este carácter de
universalidad, que distingue al pueblo de Dios, es un don del mismo Señor.
Gracias a este carácter, la Iglesia Católica tiende siempre y eficazmente a
reunir a la humanidad entera con todos sus valores bajo Cristo como Cabeza, en
la unidad de su Espíritu (LG 13).
Cada una de las Iglesias particulares
es "católica"
832 "Esta Iglesia de Cristo está
verdaderamente presente en todas las legítimas comunidades locales de fieles,
unidas a sus pastores. Estas, en el Nuevo Testamento, reciben el nombre de
Iglesias... En ellas se reúnen los fieles por el anuncio del Evangelio de
Cristo y se celebra el misterio de la Cena del Señor... En estas comunidades,
aunque muchas veces sean pequeñas y pobres o vivan dispersas, está presente
Cristo, quien con su poder constituye a la Iglesia una, santa, católica y
apostólica" (LG 26).
833 Se entiende por Iglesia particular, que es
en primer lugar la diócesis (o la eparquía), una comunidad de fieles cristianos
en comunión en la fe y en los sacramentos con su obispo ordenado en la sucesión
apostólica (cf CD 11; CIC can. 368-369; CCEO, cán. 117, § 1. 178. 311, § 1.
312). Estas Iglesias particulares están "formadas a imagen de la Iglesia
Universal. En ellas y a partir de ellas existe la Iglesia católica, una y
única" (LG 23).
834 Las Iglesias particulares son plenamente
católicas gracias a la comunión con una de ellas: la Iglesia de Roma "que
preside en la caridad" (San Ignacio de Antioquía, Rom. 1, 1). "Porque
con esta Iglesia en razón de su origen más excelente debe necesariamente
acomodarse toda Iglesia, es decir, los fieles de todas partes" (San
Ireneo, haer. 3, 3, 2; citado por Cc. Vaticano I: DS 3057). "En efecto,
desde la venida a nosotros del Verbo encarnado, todas las Iglesias cristianas
de todas partes han tenido y tienen a la gran Iglesia que está aquí [en Roma]
como única base y fundamento porque, según las mismas promesas del Salvador,
las puertas del infierno no han prevalecido jamás contra ella" (San Máximo
el Confesor, opusc.).
835
"Guardémonos bien de concebir la Iglesia universal como la suma o, si se
puede decir, la federación más o menos anómala de Iglesias particulares
esencialmente diversas. En el pensamiento del Señor es la Iglesia, universal por
vocación y por misión, la que, echando sus raíces en la variedad de terrenos
culturales, sociales, humanos, toma en cada parte del mundo aspectos,
expresiones externas diversas" (EN 62). La rica variedad de disciplinas
eclesiásticas, de ritos litúrgicos, de patrimonios teológicos y espirituales
propios de las Iglesias locales "con un mismo objetivo muestra muy
claramente la catolicidad de la Iglesia indivisa" (LG 23).
Quién pertenece a la Iglesia católica
836 "Todos los hombres, por tanto, están
invitados a esta unidad católica del Pueblo de Dios... A esta unidad pertenecen
de diversas maneras o a ella están destinados los católicos, los demás
cristianos e incluso todos los hombres en general llamados a la salvación por
la gracia de Dios" (LG 13).
937
"Están plenamente incorporados a la sociedad que es la Iglesia aquellos
que, teniendo el Espíritu de Cristo, aceptan íntegramente su constitución y
todos los medios de salvación establecidos en ella y están unidos, dentro de su
estructura visible, a Cristo, que la rige por medio del Sumo Pontífice y de los
obispos, mediante los lazos de la profesión de la fe, de los sacramentos, del
gobierno eclesiástico y de la comunión. No se salva, en cambio, el que no
permanece en el amor, aunque esté incorporado a la Iglesia, pero está en el
seno de la Iglesia con el 'cuerpo', pero no con el 'corazón"' (LG 14).
938
"La Iglesia se siente unida por muchas razones con todos los que se honran
con el nombre de cristianos a causa del bautismo, aunque no profesan la fe en
su integridad o no conserven la unidad de la comunión bajo el sucesor de
Pedro" (LG 15). "Los que creen en Cristo y han recibido ritualmente
el bautismo están en una cierta comunión, aunque no perfecta, con la Iglesia
católica" (UR 3). Con las Iglesias ortodoxas, esta comunión es tan
profunda "que le falta muy poco para que alcance la plenitud que haría
posible una celebración común de la Eucaristía del Señor" (Pablo VI,
discurso 14 diciembre 1975; cf UR 13-18).
La Iglesia y los no cristianos
839 "Los que todavía no han recibido el
Evangelio también están ordenados al Pueblo de Dios de diversas maneras"
(LG 16):
La relación de la Iglesia con el pueblo
judío. La Iglesia, Pueblo de Dios en la Nueva Alianza, al escrutar su propio
misterio, descubre su vinculación con el pueblo judío (cf NA 4) "a quien
Dios ha hablado primero" (MR, Viernes Santo 13: oración universal VI). A
diferencia de otras religiones no cristianas la fe judía ya es una respuesta a
la revelación de Dios en la Antigua Alianza. Pertenece al pueblo judío "la
adopción filial, la gloria, las alianzas, la legislación, el culto, las
promesas y los patriarcas; de todo lo cual procede Cristo según la carne"
(cf Rm 9, 4-5), "porque los dones y la vocación de Dios son
irrevocables" (Rm 11, 29).
840
Por otra parte, cuando se considera el futuro, el Pueblo de Dios de la Antigua
Alianza y el nuevo Pueblo de Dios tienden hacia fines análogos: la espera de la
venida (o el retorno) del Mesías; pues para unos, es la espera de la vuelta del
Mesías, muerto y resucitado, reconocido como Señor e Hijo de Dios; para los
otros, es la venida del Mesías cuyos rasgos permanecen velados hasta el fin de
los tiempos, espera que está acompañada del drama de la ignorancia o del
rechazo de Cristo Jesús.
841
Las relaciones de la Iglesia con los musulmanes. "El designio de salvación
comprende también a los que reconocen al Creador. Entre ellos están, ante todo,
los musulmanes, que profesan tener la fe de Abraham y adoran con nosotros al
Dios único y misericordioso que juzgará a los hombres al fin del mundo"
(LG 16; cf NA 3).
842 El vínculo de la Iglesia con las religiones
no cristianas es en primer lugar el del origen y el del fin comunes del género
humano:
Todos
los pueblos forman una única comunidad y tienen un mismo origen, puesto que
Dios hizo habitar a todo el género humano sobre la entera faz de la tierra;
tienen también un único fin último, Dios, cuya providencia, testimonio de
bondad y designios de salvación se extienden a todos hasta que los elegidos se
unan en la Ciudad Santa (NA 1).
843
La Iglesia reconoce en las otras religiones la búsqueda "todavía en
sombras y bajo imágenes", del Dios desconocido pero próximo ya que es Él
quien da a todos vida, el aliento y todas las cosas y quiere que todos los
hombres se salven. Así, la Iglesia aprecia todo lo bueno y verdadero, que puede
encontrarse en las diversas religiones, "como una preparación al Evangelio
y como un don de aquel que ilumina a todos los hombres, para que al fin tengan
la vida" (LG 16; cf NA 2; EN 53).
844 Pero, en su comportamiento religioso, los
hombres muestran también límites y errores que desfiguran en ellos la imagen de
Dios:
Con
demasiada frecuencia los hombres, engañados por el Maligno, se pusieron a
razonar como personas vacías y cambiaron el Dios verdadero por un ídolo falso,
sirviendo a las criaturas en vez de al Creador. Otras veces, viviendo y
muriendo sin Dios en este mundo, están expuestos a la desesperación más radical
(LG 16).
845 El Padre quiso convocar a toda la humanidad
en la Iglesia de su Hijo para reunir de nuevo a todos sus hijos que el pecado
había dispersado y extraviado. La Iglesia es el lugar donde la humanidad debe
volver a encontrar su unidad y su salvación. Ella es el "mundo
reconciliado" (San Agustín, serm. 96, 7-9). Es, además, este barco que
"pleno dominicae crucis velo Sancti Spiritus flatu in hoc bene navigat
mundo" ("con su velamen que es la cruz de Cristo, empujado por el
Espíritu Santo, navega bien en este mundo") (San Ambrosio, virg. 18, 188);
según otra imagen estimada por los Padres de la Iglesia, está prefigurada por
el Arca de Noé que es la única que salva del diluvio (cf 1 P 3, 20-21).
"Fuera de la Iglesia no hay
salvación"
846 ¿Cómo entender esta afirmación tantas veces
repetida por los Padres de la Iglesia? Formulada de modo positivo significa que
toda salvación viene de Cristo-Cabeza por la Iglesia que es su Cuerpo:
El
santo Sínodo... basado en la Sagrada Escritura y en la Tradición, enseña que
esta Iglesia peregrina es necesaria para la salvación. Cristo, en efecto, es el
único Mediador y camino de salvación que se nos hace presente en su Cuerpo, en
la Iglesia. Él, al inculcar con palabras, bien explícitas, la necesidad de la
fe y del bautismo, confirmó al mismo tiempo la necesidad de la Iglesia, en la
que entran los hombres por el bautismo como por una puerta. Por eso, no podrían
salvarse los que sabiendo que Dios fundó, por medio de Jesucristo, la Iglesia
católica como necesaria para la salvación, sin embargo, no hubiesen querido
entrar o perseverar en ella (LG 14).
847 Esta afirmación no se refiere a los que,
sin culpa suya, no conocen a Cristo y a su Iglesia:
Los
que sin culpa suya no conocen el Evangelio de Cristo y su Iglesia, pero buscan
a Dios con sincero corazón e intentan en su vida, con la ayuda de la gracia,
hacer la voluntad de Dios, conocida a través de lo que les dice su conciencia,
pueden conseguir la salvación eterna (LG 16; cf DS 3866-3872).
848 "Aunque Dios, por caminos conocidos
sólo por Él, puede llevar a la fe, 'sin la que es imposible agradarle' (Hb 11, 6),
a los hombres que ignoran el Evangelio sin culpa propia, corresponde, sin
embargo, a la Iglesia la necesidad y, al mismo tiempo, el derecho sagrado de
evangelizar" (AG 7).
La misión, exigencia de la catolicidad
de la Iglesia
849
El mandato misionero. "La Iglesia, enviada por Dios a las gentes para ser
'sacramento universal de salvación', por exigencia íntima de su misma
catolicidad, obedeciendo al mandato de su Fundador se esfuerza por anunciar el
Evangelio a todos los hombres" (AG 1): "Id, pues, y haced discípulos
a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del
Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y sabed
que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo" (Mt 28,
19-20).
850 El origen la finalidad de la misión. El
mandato misionero del Señor tiene su fuente última en el amor eterno de la
Santísima Trinidad: "La Iglesia peregrinante es, por su propia naturaleza,
misionera, puesto que tiene su origen en la misión del Hijo y la misión del
Espíritu Santo según el plan de Dios Padre" (AG 2). E;i fin último de la
misión no es otro que hacer participar a los hombres en la comunión que existe
entre el Padre y el Hijo en su Espíritu de amor (cf Juan Pablo II, RM 23).
851 El motivo de la misión. Del amor de Dios
por todos los hombres la Iglesia ha sacado en todo tiempo la obligación y la
fuerza de su impulso misionero: "porque el amor de Cristo nos
apremia..." (2 Co 5, 14; cf AA 6; RM 11). En efecto, "Dios quiere que
todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento pleno de la verdad"
(1 Tm 2, 4). Dios quiere la salvación de todos por el conocimiento de la
verdad. La salvación se encuentra en la verdad. Los que obedecen a la moción
del Espíritu de verdad están ya en el camino de la salvación; pero la Iglesia a
quien esta verdad ha sido confiada, debe ir al encuentro de los que la buscan
para ofrecérsela. Porque cree en el designio universal de salvación, la Iglesia
debe ser misionera.
852 Los caminos de la misión. "El Espíritu
Santo es en verdad el protagonista de toda la misión eclesial" (RM 21). Él
es quien conduce la Iglesia por los caminos de la misión. Ella "continúa y
desarrolla en el curso de la historia la misión del propio Cristo, que fue
enviado a evangelizar a los pobres... impulsada por el Espíritu Santo, debe
avanzar por el mismo camino por el que avanzó Cristo; esto es, el camino de la
pobreza, la obediencia, el servicio y la inmolación de sí mismo hasta la
muerte, de la que surgió victorioso por su resurrección" (AG 5). Es así
como la "sangre de los mártires es semilla de cristianos"
(Tertuliano, apol. 50).
853
Pero en su peregrinación, la Iglesia experimenta también "hasta qué punto
distan entre sí el mensaje que ella proclama y la debilidad humana de aquellos
a quienes se confía el Evangelio" (GS 43, 6). Sólo avanzando por el camino
"de la conversión y la renovación" (LG 8; cf 15) y "por el
estrecho sendero de Dios" (AG 1) es como el Pueblo de Dios puede extender
el reino de Cristo (cf RM 12-20). En efecto, "como Cristo realizó la obra
de la redención en la persecución, también la Iglesia está llamada a seguir el
mismo camino para comunicar a los hombres los frutos de la salvación" (LG
8).
854
Por su propia misión, "la Iglesia... avanza junto con toda la humanidad y experimenta
la misma suerte terrena del mundo, y existe como fermento y alma de la sociedad
humana, que debe ser renovada en Cristo y transformada en familia de Dios"
(GS 40, 2). El esfuerzo misionero exige entonces la paciencia. Comienza con el
anuncio del Evangelio a los pueblos y a los grupos que aún no creen en Cristo
(cf RM 42-47), continúa con el establecimiento de comunidades cristianas,
"signo de la presencia de Dios en el mundo" (AG lS), y en la
fundación de Iglesias locales (cf RM 48-49); se implica en un proceso de
inculturación para así encarnar el Evangelio en las culturas de los pueblos (cf
RM 52-54), en este proceso no faltarán también los fracasos. "En cuanto se
refiere a los hombres, grupos y pueblos, solamente de forma gradual los toca y
los penetra y de este modo los incorpora a la plenitud católica" (AG 6).
855
La misión de la Iglesia reclama el esfuerzo hacia la unidad de los cristianos
(cf RM 50). En efecto, "las divisiones entre los cristianos son un
obstáculo para que la Iglesia lleve a cabo la plenitud de la catolicidad que le
es propia en aquellos hijos que, incorporados a ella ciertamente por el
bautismo, están, sin embargo, separados de su plena comunión. Incluso se hace
más difícil para la propia Iglesia expresar la plenitud de la catolicidad bajo
todos los aspectos en la realidad misma de la vida" (UR 4).
856 La tarea misionera implica un diálogo
respetuoso con los que todavía no aceptan el Evangelio (cf RM 55). Los
creyentes pueden sacar provecho para sí mismos de este diálogo aprendiendo a
conocer mejor "cuanto de verdad y de gracia se encontraba ya entre las
naciones, como por una casi secreta presencia de Dios" (AG 9). Si ellos
anuncian la Buena Nueva a los que la desconocen, es para consolidar, completar
y elevar la verdad y el bien que Dios ha repartido entre los hombres y los
pueblos, y para purificarlos del error y del mal "para gloria de Dios,
confusión del diablo y felicidad del hombre" (AG 9).
IV LA IGLESIA ES APOSTÓLICA
857 La Iglesia es apostólica porque está
fundada sobre los apóstoles, y esto en un triple sentido:
-
Fue y permanece edificada sobre "el fundamento de los apóstoles" (Ef
2, 20; Hch 21, 14), testigos escogidos y enviados en misión por el mismo Cristo
(cf Mt 28, 16-20; Hch 1, 8; 1 Co 9, 1; 15, 7-8; Ga 1, l; etc.).
-
Guarda y transmite, con la ayuda del Espíritu Santo que habita en ella, la
enseñanza (cf Hch 2, 42), el buen depósito, las sanas palabras oídas a los
apóstoles (cf 2 Tm 1, 13-14).
-
Sigue siendo enseñada, santificada y dirigida por los apóstoles hasta la vuelta
de Cristo gracias a aquellos que les suceden en su ministerio pastoral: el
colegio de los obispos, "a los que asisten los presbíteros juntamente con
el sucesor de Pedro y Sumo Pastor de la Iglesia" (AG 5):
Porque
no abandonas nunca a tu rebaño, sino que, por medio de los santos pastores, lo
proteges y conservas, y quieres que tenga siempre por guía la palabra de
aquellos mismos pastores a quienes tu Hijo dio la misión de anunciar el
Evangelio (MR, Prefacio de los apóstoles).
La misión de los apóstoles
858 Jesús es el enviado del Padre. Desde el
comienzo de su ministerio, "llamó a los que él quiso, y vinieron donde él.
Instituyó Doce para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar" (Mc
3, 13-14). Desde entonces, serán sus "enviados" [es lo que significa
la palabra griega "apostoloi"]. En ellos continúa su propia misión:
"Como el Padre me envió, también yo os envío" (Jn 20, 21; cf 13, 20;
17, 18). Por tanto su ministerio es la continuación de la misión de Cristo: "Quien
a vosotros recibe, a mí me recibe", dice a los Doce (Mt 10, 40; cf Lc 10,
16).
859 Jesús los asocia a su misión recibida del
Padre: como "el Hijo no puede hacer nada por su cuenta" (Jn 5,
19.30), sino que todo lo recibe del Padre que le ha enviado, así, aquellos a
quienes Jesús envía no pueden hacer nada sin Él (cf Jn 15, 5) de quien reciben
el encargo de la misión y el poder para cumplirla. Los apóstoles de Cristo
saben por tanto que están calificados por Dios como "ministros de una
nueva alianza" (2 Co 3, 6), "ministros de Dios" (2 Co 6, 4),
"embajadores de Cristo" (2 Co 5, 20), "servidores de Cristo y
administradores de los misterios de Dios" (1 Co 4, 1).
860
En el encargo dado a los apóstoles hay un aspecto intransmisible: ser los
testigos elegidos de la Resurrección del Señor y los fundamentos de la Iglesia.
Pero hay también un aspecto permanente de su misión. Cristo les ha prometido
permanecer con ellos hasta el fin de los tiempos (cf Mt 28, 20). "Esta
misión divina confiada por Cristo a los apóstoles tiene que durar hasta el fin
del mundo, pues el Evangelio que tienen que transmitir es el principio de toda
la vida de la Iglesia. Por eso los apóstoles se preocuparon de instituir...
sucesores" (LG 20).
Los obispos sucesores de los apóstoles
861 "Para que continuase después de su
muerte la misión a ellos confiada, encargaron mediante una especie de
testamento a sus colaboradores más inmediatos que terminaran y consolidaran la
obra que ellos empezaron. Les encomendaron que cuidaran de todo el rebaño en el
que el Espíritu Santo les había puesto para ser los pastores de la Iglesia de
Dios. Nombraron, por tanto, de esta manera a algunos varones y luego
dispusieron que, después de su muerte, otros hombres probados les sucedieran en
el ministerio" (LG 20; cf San Clemente Romano, Cor. 42; 44).
862 "Así como permanece el ministerio
confiado personalmente por el Señor a Pedro, ministerio que debía ser
transmitido a sus sucesores, de la misma manera permanece el ministerio de los
apóstoles de apacentar la Iglesia, que debe ser elegido para siempre por el
orden sagrado de los obispos". Por eso, la Iglesia enseña que "por
institución divina los obispos han sucedido a los apóstoles como pastores de la
Iglesia. El que los escucha, escucha a Cristo; el que, en cambio, los desprecia,
desprecia a Cristo y al que lo envió" (LG 20).
El apostolado
863 Toda la Iglesia es apostólica mientras
permanezca, a través de los sucesores de San Pedro y de los apóstoles, en
comunión de fe y de vida con su origen. Toda la Iglesia es apostólica en cuanto
que ella es "enviada" al mundo entero; todos los miembros de la
Iglesia, aunque de diferentes maneras, tienen parte en este envío. "La
vocación cristiana, por su misma naturaleza, es también vocación al
apostolado". Se llama "apostolado" a "toda la actividad del
Cuerpo Místico" que tiende a "propagar el Reino de Cristo por toda la
tierra" (AA 2).
864 "Siendo Cristo, enviado por el Padre,
fuente y origen del apostolado de la Iglesia", es evidente que la
fecundidad del apostolado, tanto el de los ministros ordenados como el de los
laicos, depende de su unión vital con Cristo (cf Jn 15, 5; AA 4). Según sean
las vocaciones, las interpretaciones de los tiempos, los dones variados del
Espíritu Santo, el apostolado toma las formas más diversas. Pero es siempre la
caridad, conseguida sobre todo en la Eucaristía, "que es como el alma de
todo apostolado" (AA 3).
865
La Iglesia es una, santa, católica y apostólica en su identidad profunda y
última, porque en ella existe ya y será consumado al fin de los tiempos
"el Reino de los cielos", "el Reino de Dios" (cf Ap 19, 6),
que ha venido en la persona de Cristo y que crece misteriosamente en el corazón
de los que le son incorporados hasta su plena manifestación escatológica.
Entonces todos los hombres rescatados por él, hechos en él "santos e
inmaculados en presencia de Dios en el Amor" (Ef 1, 4), serán reunidos
como el único Pueblo de Dios, "la Esposa del Cordero" (Ap 21, 9),
"la Ciudad Santa que baja del Cielo de junto a Dios y tiene la gloria de
Dios" (Ap 21, 10-11); y "la muralla de la ciudad se asienta sobre
doce piedras, que llevan los nombres de los doce apóstoles del Cordero"
(Ap 21, 14).
RESUMEN
866
La Iglesia es una: tiene un solo Señor; confiesa una sola fe, nace de un solo
Bautismo, no forma más que un solo Cuerpo, vivificado por un solo Espíritu,
orientado a una única esperanza (cf Ef 4, 3-5) a cuyo término se superarán
todas las divisiones.
867
La Iglesia es santa: Dios santísimo es su autor; Cristo, su Esposo, se entregó
por ella para santificarla; el Espíritu de santidad la vivifica. Aunque
comprenda pecadores, ella es "ex maculatis immaculata"
("inmaculada aunque compuesta de pecadores"). En los santos brilla su
santidad; en María es ya la enteramente santa.
868
La Iglesia es católica: Anuncia la totalidad de la fe; lleva en sí y administra
la plenitud de los medios de salvación; es enviada a todos los pueblos; se
dirige a todos los hombres; abarca todos los tiempos; "es, por su propia
naturaleza, misionera" (AG 2).
869
La Iglesia es apostólica: Está edificada sobre sólidos cimientos: "los
doce apóstoles del Cordero" (Ap 21, 14); es indestructible (cf Mt 16, 18);
se mantiene infaliblemente en la verdad: Cristo la gobierna por medio de Pedro
y los demás apóstoles, presentes en sus sucesores, el Papa y el colegio de los
obispos.
870
"La única Iglesia de Cristo, de la que confesamos en el Credo que es una,
santa, católica y apostólica... subsiste en la Iglesia católica, gobernada por
el sucesor de Pedro y por los obispos en comunión con él. Sin duda, fuera de su
estructura visible pueden encontrarse muchos elementos de santificación y de
verdad " (LG 8).