La verdad de
la Biblia
Por Daniel Iglesias Grèzes
Tomado de www.feyrazon.org
En los foros de
discusión sobre religión en Internet, los críticos anticristianos manejan una
gran cantidad de objeciones contra la verdad de la Biblia. Responder
detalladamente todas sus objeciones insumiría mucho espacio y tiempo, por lo
cual sólo intentaremos aquí dar una respuesta global. Tal cosa es posible
porque esas objeciones se inscriben típicamente dentro de un conjunto de problemas
bien conocido, que dio en llamarse la "cuestión bíblica" y fue muy
debatido entre los estudiosos de la Biblia desde el siglo XVII hasta mediados
del siglo XX. Después de un tiempo de maduración, los principios generales de
la solución de la "cuestión bíblica" fueron aceptados oficialmente
por la Iglesia católica en los años cuarenta, por medio de la encíclica "Divino
Afflante Spiritu"
del Papa Pío XII. De modo que lo menos que puede decirse de estas objeciones
anticristianas es que están un poco "pasadas de moda".
La gran mayoría de
estos argumentos críticos pueden ser esquematizados así en forma de silogismo:
Premisa mayor: Si la Biblia es
Palabra de Dios, entonces no puede enseñar ningún error.
Premisa menor: Pero la Biblia
contiene muchos textos que enseñan cosas contradictorias entre sí o con
verdades demostradas por las ciencias naturales o históricas.
Conclusión: Por lo tanto la
Biblia no es Palabra de Dios.
La Iglesia católica
acepta la premisa mayor, pero rechaza la menor; por lo tanto no se ve forzada a
llegar a esta conclusión.
Analicemos más de
cerca la premisa menor. Ella supone implícitamente una interpretación
fundamentalista de la Biblia, es decir algo muy diferente a la interpretación
católica de la Biblia. Los cristianos fundamentalistas (que abundan en algunas
comunidades eclesiales de origen protestante y en grupos semicristianos)
rechazan el estudio histórico-crítico de la Biblia y dan a la Sagrada Escritura
una interpretación simplista y superficial, atada al sentido aparente de los
textos. La exégesis católica, en cambio, utiliza la fe y la razón, los
resultados del estudio científico de la Biblia iluminados por la fe cristiana.
Ilustremos esto con un
ejemplo. El capítulo 1 del Génesis relata la creación del universo por obra de
Dios. Según este relato, Dios empleó seis días para crear todo lo visible y lo
invisible; el sexto día Dios creó al ser humano y el séptimo día descansó. Una
interpretación fundamentalista de este capítulo lleva a rechazar los
descubrimientos científicos que suponen una evolución cósmica de miles de
millones de años previa a la aparición del hombre sobre la Tierra. La
interpretación católica, en cambio, se basa en los siguientes dos principios:
Vale decir que la
interpretación católica de la Biblia distingue la verdad salvífica
transmitida por la Biblia del "ropaje literario" utilizado como
vehículo para transmitir dicha verdad. En el ejemplo citado, es claro que las
verdades salvíficas que Dios nos transmite por medio
de Génesis 1 son cosas muy diferentes de una cosmología arcaica; me refiero a
verdades tales como las siguientes:
La importancia de los
géneros literarios para una interpretación racional es muy clara. No se puede
interpretar una narración épica del mismo modo que un poema, un drama o un
ensayo filosófico. Es obvio que sería absurdo rechazar la verdad de la parábola
del hijo pródigo con base en que históricamente no existió aquel "padre
que tenía dos hijos". Este error es semejante al cometido en la clase
de argumentos que estamos comentando.
La Biblia no es un
manual de ciencia y ni siquiera, hablando estrictamente, un libro de historia,
sino un libro que transmite una verdad religiosa salvífica.
Muchas veces hace esto por medio de la narración de una historia, pero se trata
entonces de una "historia teológica", o más bien de una
"teología histórica", un descubrimiento profético de la Palabra de
Dios a través de los sucesos históricos.
Como escribió San
Agustín a principios del siglo V, "la Biblia no enseña cómo va el
cielo, sino cómo se va al cielo". Si los críticos quieren emitir un
juicio sobre la verdad de la Biblia, deben elevar su mirada y apuntar al
verdadero objeto de la enseñanza bíblica, una verdad propiamente religiosa.