TOBÍAS
Tobías 1
1 Historia
de Tobit, hijo de Tobiel, hijo de Ananiel, hijo de Aduel, hijo de Gabael, del
linaje de Asiel, de la tribu de Neftalí,
2 que
en tiempo de Salmanasar, rey de Asiria, fue deportado de Tibé, que queda al sur
de Cadés de Neftalí, en la Galilea
superior, por encima de Jasor, detrás del camino del oeste y al norte de Sefat.
3 Yo,
Tobit, he andado por caminos de verdad y en justicia todos los días de mi vida
y he repartido muchas limosmas entre mis
hermanos y compatriotas, deportados conmigo a Nínive, al país de los asirios.
4 Siendo
yo joven todavía y estando en mi país, en la tierra de Israel, toda la tribu de
mi padre Neftalí se apartó de la casa de David y de Jerusalén, la ciudad
elegida entre todas las tribus de Israel para ofrecer allí sacrificios y en la
que había sido edificado y consagrado, para todas las generaciones venideras,
el Templo de la Morada del Altísimo.
5 Todos
mis hermanos y la casa de mi padre Neftalí ofrecían sacrificios al becerro que
Jeroboam, rey de Israel, había hecho en Dan, en los montes de Galilea.
6 Muchas
veces era yo el único que iba a Jerusalén, con ocasión de las fiestas, tal como
está prescrito para todo Israel por decreto perpetuo; en cobrando las primicias
y las crías primeras y diezmos de mis bienes y el primer esquileo de mis
ovejas, acudía presuroso a Jerusalén
7 y
se lo entregaba a los sacerdotes, hijos de Aarón, para el altar. Daba a los
levitas, que hacían el servicio en Jerusalén, el diezmo del vino, del grano,
del olivo, de los granados, de los higos y demás frutales; tomaba en metálico
el segundo diezmo, de los seis años, y lo gastaba en Jerusalén.
8 Entregaba
el tercer diezmo a los huérfanos, a las viudas y a los prosélitos que vivían
con los israelitas; se lo llevaba y
entregaba cada tres años, celebrando una comida con ellos conforme a lo que se
prescribe en la Ley de Moisés y conforme a los preceptos que me dio Débora,
madre de nuestro padre Ananiel, pues mi padre había muerto dejándome huérfano.
9 En
llegando a edad adulta, me casé con Ana, mujer de nuestra parentela; y ella dio
a luz a Tobías.
10 Cuando
la deportación de Asiria, yo también fui deportado y me trasladé a Nínive.
Todos mis hermanos y los de mi linaje comían los manjares de los gentiles,
11 más
yo me guardé bien de comerlos.
12 Como
yo me acordaba de Dios con toda mi alma,
13 me
concedió el Altísimo gracia y favor ante Salmanasar, y llegué a ser procurador
suyo.
14 Me
trasladé a Media y administré allí sus negocios hasta su muerte; y desposité en
Ragués de Media, en casa de Gabael, hermano de Gabrí, unos sacos de plata por
valor de diez talentos.
15 Muerto
Salmanasar, le sucedió en el trono su hijo Senaquerib; en su reinado, los
caminos de Media se hicieron inseguros y no pude volver allí.
16 En
los días de Salmanasar hice yo muchas limosmas a mis hermanos de raza;
17 di
mi pan a los hambrientos y vestido a los desnudos; y si veía el cadaver de
alguno de los de mi raza arrojado
extramuros de Nínive, le daba sepultura.
18 Enterré
igualmente a los que mató Senaquerib (cuando vino huyendo de Judea después del
escarmiento que hizo contra él el Rey del Cielo, a causa de sus blasfemias.
Senaquerib, en su cólera, mandó matar a muchos israelitas); y yo sustraje sus
cuerpos y los enterré. Senaquerib los buscó sin encontrarlos.
19 Un
ninivita fue a denunciarme al rey de que yo los había enterrado en secreto.
Cuando supe que el rey tenía informes acerca de mí, y que me buscaba para
matarme, tuve miedo y escapé.
20 Me
fueron arrebatados todos mis bienes; nada quedó sin confiscar para el tesoro
real, salvo mi mujer Ana y mi hijo Tobías.
21 Aún
no habían transcurrido cuarenta días, cuando Senaquerib fue asesinado por sus
dos hijos, que huyeron luego hacia los montes Ararat. Le sucedió su hijo
Asarjaddón. Asarjaddón puso a Ajikar, hijo de mi hermano Anael, al frente de
las finanzas de su reino, de modo que dirigía toda la administración.
22 Ajikar
intercedió por mí y pude regresar a Nínive. Ajikar, de hecho, había sido copero
mayor, custodio del sello, administrador y encargado de las finanzas bajo
Senaquerib, rey de Asiria; y Asarjaddón le confirmó en los cargos. Era sobrino
mío y de mi propia parentela.
Tobías 2
1 En
el reinado de Asarjaddón pude regresar a mi casa y me fue devuelta mi mujer Ana
y mi hijo Tobías. En nuestra solemnidad de Pentecostés, que es la santa
solemnidad de las Semanas, me habían preparado una excelente comida y me
dispuse a comer.
2 Cuando
me presentaron la mesa, con numerosos manjares, dije a mi hijo Tobías: «Hijo,
ve a buscar entre nuestros hermanos deportados en Nínive a algún indigente que
se acuerde del Señor y tráelo para que coma con nosotros. Te esperaré hasta que
vuelvas, hijo mío.»
3 Fuese,
pues, Tobías a buscar a alguno de nuestros hermanos pobres, y cuando regresó me
dijo: «Padre.» Le respondí: «¿Qué hay, hijo?» Contestó: «Padre, han asesinado a
uno de los nuestros; le han estrangulado y le han arrojado en la plaza del
mercado y aún está allí.»
4 Me
levanté al punto y sin probar la comida, alcé el cadáver de la plaza y lo dejé
en una habitación, en espera de que se pusiera el sol, para enterrarlo.
5 Volví
a entrar, me lavé y comí con aflicción
6 acordándome
de las palabras que el profeta Amós dijo contra Betel: = Vuestras solemnidades
se convertirán en duelo y todas
vuestras canciones en lamento. =
7 Y
lloré. Cuando el sol se puso, cavé una fosa y sepulté el cadáver.
8 Mis
vecinos se burlaban y decían: «Todavía no ha aprendido. (Pues, en efecto, ya
habían querido matarme por un hecho semejante.) Apenas si pudo escapar y ya
vuelve a sepultar a los muertos.»
9 Aquella
misma noche, después de bañarme, salí al patio y me recosté contra la tapia,
con el rostro cubierto a causa del calor.
10 Ignoraba
yo que arriba, en el muro, hubiera gorriones; me cayó excremento caliente sobre
los ojos y me salieron manchas blancas. Fui a los médicos, para que me curasen;
pero cuantos más remedios me aplicaban, menos veía a causa de las manchas,
hasta que me quedé completamente ciego. Cuatro años estuve sin ver. Todos mis
hermanos estaban afligidos; Ajikar, por su parte, proveyó a mi sustento durante
dos años, hasta que se trasladó a Elimaida.
11 En
aquellas circunstancias, mi mujer Ana, tuvo que trabajar a sueldo en labores
femeninas; hilaba lana y hacía tejidos
12 que
entregaba a sus señores, cobrando un sueldo; el siete del mes de Dystros acabó
un tejido y se lo entregó a los dueños, que le dieron todo su jornal y le
añadieron un cabrito para una comida.
13 Cuando
entró ella en casa, el cabrito empezó a balar; yo, entonces, llamé a mi mujer y
le dije: «¿De dónde ha salido ese cabrito? ¿Es que ha sido robado? Devuélvelo a
sus dueños, porque no podemos comer cosa robada.»
14 Ella
me dijo: «Es un regalo que me han añadido a mi sueldo.» Pero yo no la creí;
ordené que lo devolviera a los dueños y me irrité contra ella por este asunto.
Entonces ella me replicó: «¿Dónde están tus limosnas y tus buenas obras? ¡Ahora
se ve todo bien claro!»
Tobías 3
1 Anegada
entonces mi alma de tristeza, suspirando y llorando, comenzé a orar con
gemidos:
2 Tú
eres justo, Señor, y justas son
todas tus obras. Misericordia y
verdad son todos tus caminos. Tú eres el Juez del Universo.
3 Y
ahora, Señor, acuérdate de mí y
mírame. No me condenes por mis pecados, mis inadvertencias y las de mis
padres. Hemos pecado en tu
presencia,
4 no
hemos escuchado tus mandatos y
nos has entregado al saqueo, a
la burla, al comentario y al
oprobio de todas las gentes
entre las que nos has dispersado.
5 Pero
cierto es, Señor, que todas tus sentencias a la verdad responden cuando me tratas según mis
pecados y los de mis
padres; porque no hemos cumplido
tus mandatos, y no hemos caminado
en la verdad delante de ti.
6 Haz
conmigo ahora según lo que te plazca
y ordena que reciban mi vida
para que yo me disuelva sobre la faz de la tierra, porque más me vale morir que
vivir. Tengo que aguantar injustos
reproches y me anega la
tristeza. Manda, Señor, que sea
liberado de esta aflicción y déjame partir al lugar eterno, y no apartes, Señor, tu rostro de
mí, pues prefiero morir a pasar tanta aflicción durante la
vida y tener que seguir oyendo
injurias.
7 Sucedió
aquel mismo día, que también Sarra, hija de Ragüel, el de Ecbátana de Media,
fue injuriada por una de las esclavas de su padre,
8 porque
había sido dada en matrimonio a siete hombres, pero el malvado demonio Asmodeo
los había matado antes de que se unieran a ella como casados. La esclava le
decía: «¡Eres tú la que matas a tus maridos! Ya has tenido siete, pero ni de
uno siquiera has disfrutado.
9 ¿Nos
castigas porque se te mueren los maridos? ¡Vete con ellos y que nunca veamos
hijo ni hija tuyos!»
10 Entonces
Sarra, con el alma llena de tristeza, se echó a llorar y subió al aposento de
su padre con intención de ahorcarse. Pero, reflexionando, pensó: «Acaso esto
sirva para que injurien a mi padre y le digan: "Tenías una hija única,
amada y se ha ahorcado porque se sentía desgraciada." No puedo consentir
que mi padre, en su ancianidad, baje con tristeza a la mansión de los muertos.
Es mejor que, en vez de ahorcarme, suplique al Señor que me envíe la muerte
para no tener que oír injurias durante mi vida.»
11 Y
en aquel momento, extendiendo las manos hacia la ventana, oró así: Bendito seas
tú, Dios de misericordias, y
bendito sea tu Nombre por los siglos,
y que todas tus obras te bendigan por siempre.
12 Vuelvo
ahora mi rostro y alzo mi ojos
hacia ti.
13 Manda
que yo sea librada de la tierra,
para no escuchar ultrajes.
14 Tú
sabes, Señor, que yo estoy pura
de todo contacto de varón;
15 que
no he mancillado mi nombre ni el
nombre de mi padre en la tierra
de mi cautividad. Soy la única hija
de mi padre; no tiene otros
hijos que le hereden, no tiene
junto a sí ningún hermano ni
pariente a quien me deba por mujer.
Ya perdí siete maridos:
¿para qué quiero la vida? Si
no te place, Señor, darme la muerte,
¡mírame con compasión! y
no tenga yo que escuchar injurias.
16 Fue
oída en aquel instante, en la Gloria de Dios, la plegaria de ambos
17 y
fue enviado Rafael a curar a los dos: a Tobit, para que se le quitaran las
manchas blancas de los ojos y pudiera con sus mismos ojos ver la luz de Dios; y
a Sarra la de Ragüel, para entregarla por mujer a Tobías, hijo de Tobit, y
librarla de Asmodeo, el demonio malvado; porque Tobías tenía más derechos sobre
ella que todos cuantos la pretendían. En aquel mismo momento se volvía Tobit
del patio a la casa, y Sarra, la de Ragüel, descendía del aposento.
Tobías 4
1 Aquel
día, se acordó Tobit del dinero que había dejado en depósito a Gabael, en
Ragués de Media,
2 y
se dijo para sí: «Yo, ya estoy deseando morirme. Así que voy a llamar a mi hijo
Tobías y le voy a hablar de este dinero antes de morirme.»
3 Llamó,
pues, Tobit a su hijo, que se presentó ante él. Tobit le dijo: «Cuando yo
muera, me darás una digna sepultura; honra a tu madre y no le des un disgusto
en todos los días de su vida; haz lo que
le agrade y no le causes tristeza por ningún motivo.
4 Acuérdate,
hijo, de que ella pasó muchos trabajos por ti cuando te llevaba en su seno. Y
cuando ella muera, sepúltata junto a mí, en el mismo sepulcro.
5 «Acuérdate,
hijo, del Señor todos los días y no quieras pecar ni transgredir sus
mandamientos; practica la justicia todos los días de tu vida y no andes por
caminos de injusticia,
6 pues
si te portas según verdad, tendrás éxito en todas tus cosas,
7 como
todos los que practican la justicia. «Haz limosma con tus bienes; y al hacerlo,
que tu ojo no tenga rencilla. No vuelvas la cara ante ningún pobre y Dios no apartará de ti su cara.
8 Regula
tu limosma según la abundancia de tus bienes. Si tienes poco, da conforme a ese
poco, pero nunca temas dar limosna,
9 porque
así te atesoras una buena reserva para el día de la necesidad.
10 Porque
la limosna libra de la muerte e impide caer en las tinieblas.
11 Don
valioso es la limosma para cuantos la practican en presencia del Altísimo.
12 «Guárdate,
hijo, de toda impureza y, sobre todo, toma mujer del linaje de tus padres; no
tomes mujer extraña que no pertenezca a la tribu de tu padre, porque somos
descendientes de profetas. Recuerda, hijo, que desde siempre nuestros padres
Noé, Abraham, Isaac y Jacob tomaron mujeres de entre sus hermanos y fueron
bendecidos en sus hijos, de modo que su estirpe poseerá la tierra en herencia.
13 Así
pues, hijo, ama a tus hermanos; no tengas con tus hermanos, ni con los hijos y
las hijas de tu pueblo, corazón soberbio, en orden a tomar para ti mujer de
entre ellos; pues la soberbia acarrea la ruina y prolija inquietud; y la
ociosidad, bajeza y extrema penuria; porque la ociosidad es madre de la
indigencia.
14 «No
retengas el salario de los que trabajan para ti; dáselo al momento. Si sirves a
Dios serás recompensado. Pon cuidado, hijo, en todas tus acciones y muéstrate
educado en toda tu conducta.
15 No
hagas a nadie lo que no quieras que te hagan. No bebas vino hasta emborracharte
y no hagas de la embriaguez tu compañera
de camino.
16 «Da
de tu pan al hambriento y de tus vestidos al desnudo. Haz limosna de todo
cuanto te sobra; y no tenga rencilla tu
ojo cuando hagas limosna.
17 Esparce
tu pan sobre la tumba de los justos, pero no lo des a los pecadores.
18 «Busca
el consejo de los prudentes y no desprecies ningún aviso saludable.
19 Bendice
al Señor Dios en toda circunstancia, pídele que sean rectos todos tus caminos y
que llegen a buen fin todas tus sendas y proyectos. Pues no todas las gentes
tienen consejo; es el Señor quien da todos los bienes y, cuando quiere, eleva o
abata hasta lo profundo del Hades. Así, pues, hijo, recuerda estos mandamientos
y no permitas que se borren de tu corazón.
20 «También
quiero decirte que dejé en depósito a Gabael, hijo de Gabrí, en Ragués de
Media, diez talentos de plata.
21 No
debes preocuparte, hijo, porque seamos pobres. Muchos bienes posees si temes a
Dios, huyes de todo pecado y haces lo que es bueno ante el Señor tu Dios.»
Tobías 5
1 Entonces
Tobías respondió a su padre Tobit: «Haré cuanto me has mandado, padre.
2 Pero
¿cómo podré recuperar el depósito? Ni él me conoce a mí ni yo a él. ¿Qué señal
debo darle para que me reconozca, me crea y me devuelva el dinero? Por otra
parte, desconozco la ruta que conduce a Media.»
3 Tobit,
entonces, respondió a su hijo Tobías: «El me dio un recibo y yo a él otro; lo
partí en dos, tomé una parte y dejé la otra con el dinero. ¡Ya va para veinte
años que deposité esta suma! Ahora, hijo, busca un hombre de confianza que vaya contigo, y le tomaremos
a sueldo hasta tu vuelta, y vete a recuperar esta plata.»
4 Salió
Tobías a buscar un hombre que conociera la ruta y fuera con él a Media. En
saliendo, encontró a Rafael, el ángel,
parado ante él; pero no sabía que era un ángel de Dios.
5 Díjole,
pues: «¿De dónde eres, joven?» Le respondió: «De los israelitas, tus hermanos y
ando en busca de trabajo.» Díjole Tobías: «¿Conoces la ruta de Media?»
6 Respondió:
«Sí; he estado allá muchas veces y conozco al detalle todos los caminos. He ido
a Media con frecuencia y he sido huésped
de Gabael, nuestro hermano, el que vive en Ragués de Media. Hay dos jornadas de
camino entre Ecbátana y Ragués, pues Ragués está en la montaña y Ecbátana en el
llano.»
7 Tobías
le dijo: «Espérame, joven, que voy a decírselo a mi padre, porque necesito que
vengas conmigo; y yo te pagaré tu sueldo.»
8 El
le dijo: «Te espero, pero no tardes.»
9 Fuese
Tobías a informar a su padre y le dijo: «Ya he encontrado un hombre, que es
israelita, hermano nuestro.» Contestóle
Tobit: «Llámale, para que yo sepa a qué familia y tribu pertenece, y si es
digno de confianza para que te acompañe,
hijo.» Salió Tobías, le llamó y le dijo: «Joven, mi padre te llama.»
10 Entró
el ángel y Tobit se adelantó a saludarle; el ángel contestó: «Que disfrutes de
mucha alegría.» Replicó Tobit: «¿Qué alegría puedo disfrutar ya? Estoy ciego y
no puedo ver la luz del cielo; yazgo en tinieblas como los muertos, que no
contemplan la luz; vivo como un muerto; oigo la voz de los hombres, pero no los
veo.» Le dijo el ángel: «Ten confianza, que Dios te curará dentro de poco. Ten
confianza.» Tobit le dijo: «Mi hijo Tobías quiere ir a Media. ¿Puedes ir con él
y servirle de guía? Yo te daría tu salario, hermano.» El respondió: «Puedo ir
con él, pues conozco al detalle todos los caminos y he viajado a Media con
frecuencia; he recorrido todos sus llanos y sus montes y tengo conocimiento de
todas sus rutas.»
11 Tobit
le dijo: «¿Querrías decirme, hermano, a qué familia y tribu perteneces?
12 Le
respondió el ángel: «¿Qué puede importar mi tribu?» Tobit insitió: «Me
gustaría, hermano, saber con seguridad tu tribu y nombre.»
13 Respondió
el ángel: «Yo soy Azarías, hijo del gran Ananías, uno de tus hermanos.»
14 Le
dijo Tobit: «Seas venido sano y salvo, hermano; y no lleves a mal, hermano, mi
deseo de conocer con certeza tu nombre y familia. Resulta ahora que eres de mi
parentela y que perteneces a un linaje bueno y honrado. He conocido a Ananías y
a Natán, los dos hijos del gran Semeías; ellos iban conmigo a Jerusalén y
conmigo adoraban allí, sin desviarse del buen camino. Tus hermanos son hombres
de bien; de buen linaje procedes. ¡El gozo sea contigo!»
15 Y
añadió: «Te daré como sueldo una dracma por día, y en lo demás tendrás el mismo
trato que mi hijo.
16 Vete
con mi hijo y después te añadiré un sobresueldo.»
17 Le
dijo el ángel: «Partiré con él y no abrigues temor; sanos partimos y sanos
regresaremos a ti, porque la ruta es segura.» Le respondió Tobit: «Bendito
seas, hermano.» Y llamando a su hijo le anunció: «Hijo, prepara las cosas para
el camino y emprende la marcha con tu hermano; que el Dios que está en los
cielos os proteja allí y os devuelva a mí sanos; y su ángel os acompañe con su
protección, hijo.» Tobías se dispuso a emprender la marcha y besó a su padre y
a su madre. Tobit le dijo: «¡Que tengáis buen viaje!»
18 Pero
su madre lloraba y dijo a Tobit: «¿Por qué has hecho que se vaya mi hijo? ¿No
era él el bastón de nuestra mano, que
siempre va y viene con nosotros?
19 ¡Que
no sea el dinero lo primero de todo! Que no se convierta en el precio de nuestro
hijo!
20 ¡Con
lo que el Señor nos daba para vivir teníamos bastante!»
21 El
le dijo: «No pienses tal cosa; sano ha partido nuestro hijo y sano volverá a
nosotros; con tus propios ojos lo verás el día que regrese sano junto a ti.
22 No
pienses tal cosa ni te atormentes por ellos, hermana; porque un ángel bueno le
acompañará, le dará un viaje fácil y le devolverá sano.»
Tobías 6
1 Y
ella dejó de llorar.
2 Partió
el muchacho en compañía del ángel, y el perro les seguía. Yendo de camino, aconteció
que una noche acamparon junto al río Tigris.
3 Bajó
el muchacho al río a lavarse los pies, cuando saltó del agua un gran pez que
quería devorar el pie del muchacho. Este gritó
4 pero
el ángel le dijo: «¡Agarra el pez y tenlo bien sujeto!» El muchacho se apoderó
del pez y lo arrastró a tierra.
5 El
ángel añadió: «Abre el pez, sácale la hiel, el corazón y el hígado y
guárdatelo, y tira los intestinos; porque su hiel, su corazón y su hígado son
remedios útiles.»
6 El
joven abrió el pez y tomó la hiel, el corazón y el hígado. Asó parte del pez y
lo comió, salando el resto. Luego continuaron su camino, los dos juntos, hasta
cerca de Media.
7 Preguntó
entonces el muchacho al ángel: «Hermano Azarías, ¿qué remedios hay en el
corazón, el hígado y la hiel del pez?»
8 Le
respondió: «Si se quema el corazón o el hígado del pez ante un hombre o una
mujer atormentados por un demonio o un espíritu malo, el humo ahuyenta todo mal
y le hace desaparecer para siempre.
9 Cuanto
a la hiel, untando con ella los ojos de un hombre atacado por manchas blancas,
y soplando sobre las manchas, queda curado.»
10 Cuando
entraron en Media, y estando ya cerca de Ecbátana,
11 dijo
Rafael al joven: «Hermano Tobías.» Le respondió: «¿Qué deseas?» Contestó él:
«Pararemos esta noche en casa de Ragüel; es pariente tuyo y tiene una hija que
se llama Sarra;
12 fuera
de ella no tiene más hijos ni hijas; tú eres el más cercano, tienes más
derechos sobre ella que todos los demás y es justo que heredes la hacienda de
su padre; la muchacha es prudente, valerosa y muy bella y su padre la ama.»
13 Y
añadió: «Es justo que la tomes para ti. Escúchame, hermano. Yo hablaré esta
noche al padre acerca de la muchacha para que te la conceda como prometida, y a
nuestro regreso de Ragués celebraremos la boda. Estoy seguro de que Ragüel no
puede negártela, ni dársela a otro, pues se haría reo de muerte, según la
sentencia del libro de Moisés, pues él sabe que te asiste el derecho a tomar a
su hija por mujer. Así pues, óyeme bien, hermano; hablaremos esta noche sobre
la muchacha y que la den como prometida; y cuando volvamos de Ragués, la
tomaremos y la llevaremos con nosotros a tu casa.»
14 Tobías
respondió a Rafael: «Hermano Azarías, he oído decir que ya ha sido dada a siete
maridos y que todos han muerto la noche de bodas; que cuando entraban donde
ella, morían; también he oído decir que un demonio los mataba;
15 así
que tengo miedo, pues a ella no le hace ningún daño, porque la ama; pero al que
intenta acercarse a ella, le mata; yo soy hijo único, y si muero, haré bajar en
tristeza al sepulcro, por mi causa, la vida de mi padre y de mi madre. Ellos no
tienen otro hijo que les dé sepultura.»
16 Respondió
el ángel: «¿Has olvidado las recomendaciones de tu padre, que te mandó tomar
mujer de la casa de tu padre? Escúchame bien, hermano: no tengas miedo a ese
demonio y tómala; sé bien que esta noche te la darán por mujer.
17 Cuando
entres en la cámara nupcial, tomas el corazón del pez y parte del hígado y lo
pones sobre las brasas de los perfumes. Se difundirá el aroma y cuando el
demonio lo huela, huirá y nunca aparecerá ya a su lado.
18 Y
cuando vayas a unirte a ella, levantaos primero los dos y haced oración y
suplicad al Señor del Cielo que se apiade de vosotros y os salve. Y no tengas
miedo, porque para ti está destinada desde el principio; tú la salvarás; ella
se vendrá contigo y te aseguro que te dará hijos que serán para ti como
hermanos. No te preocupes.»
19 Cuando
Tobías oyó las razones de Rafael y que era hermana suya, del linaje de la casa
de su padre, se enamoró de
tal modo que
se le apegó el corazón a ella.