Eclesiástico  37

         1        Todo amigo dice: «También yo soy tu amigo»,          pero hay amigo que lo es sólo de nombre.

         2        ¿No es para uno una mortal tristeza          un compañero o amigo trocado en enemigo?

         3        ¡Oh intención perversa! ¿de dónde saliste          para cubrir la tierra de engaño?

         4        El compañero disfruta en el contento del amigo,          pero al tiempo de tribulación se volverá contra él.

         5        El compañero compadece al amigo por interés,          y cuando llega el combate embraza el escudo.

 

         6        No te olvides de tu amigo en tu alma,          ni pierdas su recuerdo cuando seas rico.

         7        Todo consejero da consejos,          pero hay quien aconseja en su interés.

         8        Del consejero guarda tu alma,          conoce primero qué necesita          - porque en su propio interés dará consejo -,          no sea que eche sobre ti la suerte,

         9        y te diga: «Bueno es tu camino»,          quedándose enfrente para ver qué te sucede.

         10      No te aconsejes del que te mira con desprecio,          y de los que te envidian oculta tu consejo;

 

         11      ni te aconsejes con mujer sobre su rival,          con cobarde acerca la guerra,          con negociante respecto del comercio,          con comprador sobre la venta,          con envidioso sobre la gratitud,          con despiadado sobre la generosidad,          con perezoso sobre cualquier trabajo,          con temporero sobre el término de una obra,          con siervo ocioso sobre un trabajo grande:          no cuentes con éstos para ningún consejo.

         12      Sino recurre siempre a un hombre piadoso,          de quien sabes bien que guarda los mandamientos,          cuya alma es según tu alma,          y que, si caes, sufrirá contigo.

 

         13      Y mantén firme el consejo de tu corazón,          que nadie es para ti más fiel que él.

         14      Pues el alma del hombre puede a veces advertir          más que siete vigías sentados en lo alto para vigilar.            

         15      Y por encima de todo esto suplica al Altísimo,          para que enderece tu camino en la verdad.

         16      Principio de toda obra es la palabra,          y antes de toda acción está el consejo.

         17      Raíz de los pensamientos es el corazón,          de él salen cuatro ramas:

 

         18      bien y mal, vida y muerte,          mas la que siempre los domina es la lengua.

         19      Hay hombre diestro que adoctrina a muchos,          y para sí mismo es un inútil.

         20      Hay quien se hace el sabio en palabras y es aborrecido,          y que acabará sin tener qué comer.

         21      Pues no se le dio la gracia que viene del Señor,          porque estaba vacío de toda sabiduría.

         22      Hay quien para sí mismo es sabio,          y los frutos de su inteligencia son, según él, dignos             de fe.

 

         23      El varón sabio enseña a su pueblo,          y los frutos de su inteligencia son dignos de fe.

         24      El varón sabio es colmado de bendiciones,          y le llaman feliz todos los que le ven.

         25      La vida del hombre tiene días contados,          mas los días de Israel no tienen número.

         26      El sabio en su pueblo se gana la confianza,          y su nombre vivirá por los siglos.

         27      Hijo, en tu vida prueba tu alma,          ve lo que es malo para ella y no se los des.

 

         28      Pues no a todos les conviene todo,          y no a todo el mundo le gusta lo mismo.

         29      No seas insaciable de todo placer,          y no te abalances sobre la comida,

         30      porque en el exceso de alimento hay enfermedad,          y la intemperancia acaba en cólicos.

         31      Por intemperancia han muerto muchos,          pero el que se vigila prolongará su vida.

 

 

 

 

Eclesiástico  38

         1        Da al médico, por sus servicios, los honores que merece,          que también a él le creó el Señor.

         2        Pues del Altísimo viene la curación,          como una dádiva que del rey se recibe.

         3        La ciencia del médico realza su cabeza,          y ante los grandes es admirado.

         4        El Señor puso en la tierra medicinas,          el varón prudente no las desdeña.

         5        ¿No fue el agua endulzada con un leño          para que se conociera su virtud?

 

         6        El mismo dio a los hombres la ciencia          para que se gloriaran en sus maravillas.

         7        Con ellas cura él y quita el sufrimiento,          con ellas el farmacéutico hace mixturas.

         8        Así nunca se acaban sus obras,          y de él viene la paz sobre la haz de la tierra.

         9        Hijo, en tu enfermedad, no seas negligente,          sino ruega al Señor, que él te curará.

         10      Aparta las faltas, endereza tus manos,          y de todo pecado purifica el corazón.

 

         11      Ofrece incienso y memorial de flor de harina,          haz pingües ofrendas según tus medios.

         12      Recurre luego al médico, pues el Señor le creó también a él,          que no se aparte de tu lado, pues de él has menester.

         13      Hay momentos en que en su mano está la solución,

         14      pues ellos también al Señor suplicarán          que les ponga en buen camino hacia el alivio          y hacia la curación para salvar tu vida.

         15      El que peca delante de su Hacedor          ¡caiga en manos del médico!

 

         16      Hijo, por un muerto lágrimas derrama,          como quien sufre cruelmente, entona la lamentación;          según el ceremonial entierra su cadáver          y no seas negligente con su sepultura.

         17      Llora amargamente, date fuertes golpes de pecho,          haz el duelo según su dignidad,          un día o dos, para evitar murmullos;          después, consuélate de la tristeza.

         18      Porque de la tristeza sale la muerte,          la tristeza del corazón enerva las fuerzas.

 

         19      En la adversidad permanece también la tristeza,          una vida de miseria va contra el corazón.

         20      No des tu corazón a la tristeza,          evítala acordándote del fin.

         21      No lo olvides: no hay retorno,          a él no le aprovechará, y te harás daño a ti mismo.

         22      «Recuerda mi sentencia, que será también la tuya:          a mí ayer, a ti te toca hoy.»

         23      Cuando un muerto reposa, deja en paz su memoria,          consuélate de él, porque su espíritu ha partido.

 

         24      La sabiduría del escriba se adquiere en los ratos de sosiego,          el que se libera de negocios se hará sabio.

         25      ¿Cómo va a hacerse sabio el que empuña el arado,          y se gloría de tener por lanza el aguijón,          el que conduce bueyes, los arrea en sus trabajos          y no sabe hablar más que de novillos?

         26      Aplica su corazón a abrir surcos,          y sus vigilias a cebar terneras.

         27      De igual modo todo obrero o artesano,          que trabaja día y noche;          los que graban las efigies de los sellos,          y su afán se centra en variar los detalles;          ponen todo su corazón en igualar el modelo          y gastan sus vigilias en rematar la obra.

 

         28      También el herrero sentado junto al yunque,          atento a los trabajos del hierro;          el vaho del fuego sus carnes derrite,          en el calor de la fragua se debate,          el ruido del martillo le ensordece,          y en el modelo del objeto tiene fijos sus ojos;          pone su corazón en concluir sus obras,          y sus vigilias en adornarlas al detalle.

         29      De igual modo el alfarero sentado a su tarea          y dando a la rueda con sus pies,          preocupado sin cesar por su trabajo,          toda su actividad concentrada en el número;

 

         30      con su brazo moldea la arcilla,          con sus pies vence su resistencia;          pone su corazón en acabar el barnizado,          y gasta sus vigilias en limpiar el horno.

         31      Todos éstos ponen su confianza en sus manos,          y cada uno se muestra sabio en su tarea.

         32      Sin ellos no se construiría ciudad alguna,          ni se podría habitar ni circular por ella.

         33      Mas para el consejo del pueblo no se les busca,          ni se les distingue en la asamblea.      No se sientan en sitial de juez,          ni meditan en la alianza del juicio.

 

         34      No demuestran instrucción ni juicio,          ni se les encuentra entre los que dicen máximas.      Pero aseguran la creación eterna,          el objeto de su oración son los trabajos de su oficio.

 

 

 

 

Eclesiástico  39

         1        No así el que aplica su alma          a meditar la ley del Altísimo.      La sabiduría de todos los antiguos rebusca,          a los profecías consagra sus ocios,

         2        conserva los relatos de varones célebres,          en los repliegues de las parábolas penetra,

         3        busca los secretos de los proverbios          y en los enigmas de las parábolas insiste.

         4        En medio de los grandes ejerce su servicio,          ante los jefes aparece;          viaja por tierras extranjeras,          adquiere experiencia de lo bueno y lo malo entre los             hombres.

 

         5        Aplica su corazón a ir bien de mañana          donde el Señor su Hacedor;          suplica ante el Altísimo,          abre su boca en oración          y por sus pecados suplica.

         6        Si el gran Señor lo quiere,          del espíritu de inteligencia será lleno.      El mismo derramará como lluvia las palabras de su             sabiduría,          y en la oración dará gracias al Señor.

         7        Enderezará su consejo y su ciencia.          y en sus misterios ocultos hará meditación.

 

         8        Mostrará la instrucción recibida,          y en la ley de la alianza del Señor se gloriará.

         9        Muchos elogiarán su inteligencia,          jamás será olvidada.      No desaparecerá su recuerdo,          su nombre vivirá de generación en generación.

         10      Su sabiduría comentarán las naciones,          su elogio, lo publicará la asamblea.

         11      Mientras viva, su nombre dejará atrás a mil,          y cuando descanse, él le bastará.

         12      Aún voy a hablar después de meditar,          que estoy colmado como la luna llena.

 

         13      Escuchadme, hijos piadosos, y creced          como rosa que brota junto a corrientes de agua.

         14      Como incienso derramad buen olor,          abríos en flor como el lirio,          exhalad perfume, cantad un cantar,          bendecid al Señor por todas sus obras.

         15      Engrandeced su nombre,          dadle gracias por su alabanza,          con los cantares de vuestros labios y con cítaras,          decid así en acción de gracias:

         16      ¡Qué hermosas son todas las obras del Señor!          todas sus órdenes se ejecutan a su hora.      No hay por qué decir: ¿Qué es esto? Y esto ¿para qué?,          que todo se ha de buscar a su tiempo.

 

         17      A su orden el agua se detiene en una masa,          a la palabra de su boca se forman los depósitos de las             aguas.

         18      A una orden suya se hace todo lo que desea,          y no hay quien pueda estorbar su salvación.

         19      Las obras de toda carne están delante de él,          y nada puede ocultarse a sus ojos.

         20      Su mirada abarca de eternidad a eternidad,          y nada hay admirable para él.

         21      No hay por qué decir: ¿Qué es esto? Y esto ¿para qué?,          pues todo ha sido creado con un fin.

 

         22      Su bendición se ha desbordado como un río,          como un diluvio ha inundado la tierra.

         23      De igual modo las naciones recibirán en herencia su ira,          como cuando él cambió las aguas en salinas.

         24      Sus caminos rectos son para los santos,          así como para los sin ley son piedras de tropiezo.

         25      Los bienes están desde el principio creados para los buenos,          así como los males para los pecadores.

         26      De primera necesidad para la vida del hombre          es el agua, el fuego, el hierro y la sal,          la flor de harina de trigo, la leche y la miel,          el jugo de uva, el aceite y el vestido.

 

         27      Todo esto son bienes para los piadosos,          mas para los pecadores se truecan en males.

         28      Hay vientos creados para el castigo,          en su furor ha endurecido él sus látigos;          al tiempo de la consumación su fuerza expanden,          y desahogan el furor del que los hizo.

         29      Fuego y granizo, hambre y muerte,          para el castigo ha sido creado todo esto.

         30      Y dientes de fieras, escorpiones, víboras          y espada vengadora para la perdición del impío.

 

         31      Todos hallan contento en hacer su mandato,          en la tierra están prontos para su menester,          y llegada la ocasión no traspasarán su orden.

         32      Por eso desde el principio me reafirmé,          medité y he puesto por escrito:

         33      «Las obras del Señor son todas buenas,          a su tiempo provee él a toda necesidad.

         34      No hay por qué decir: Esto es peor que aquello,          porque todo a su tiempo es aprobado.

         35      Y ahora con todo el corazón y la boca cantad himnos          y bendecid el nombre del Señor.»

 

 

 

 

 

Eclesiástico  40

         1        Grandes trabajos han sido creados para todo hombre,          un yugo pesado hay sobre los hijos de Adán,          desde el día que salieron del vientre de su madre,          hasta el día del retorno a la madre de todo.

         2        Sus reflexiones, el miedo de su corazón          es la idea del futuro, el día de la muerte.

         3        Desde el que está sentado en un trono glorioso,          hasta el que en tierra y ceniza está humillado,

         4        desde el que lleva púrpura y corona,          hasta el que se cubre de tela grosera,          sólo furor, envidia, turbación, inquietud,          miedo a la muerte, resentimiento y discordia.

 

         5        A la hora del descanso en la cama,          el sueño de la noche altera el conocimiento.

         6        Poco, casi nada, reposa,          y ya en sueños, como en día de guardia,          se ve turbado por las visiones de su corazón,          como el que ha huído ante el combate.

         7        A la hora de su turno se despierta,          sorprendido de su vano temor.

         8        Para toda carne, del hombre hasta la bestia,          mas para los pecadores siete veces más:

         9        Muerte, sangre, discordia, espada,          adversidades, hambre, tribulación, azote.

 

         10      Contra los sin ley fue creado todo esto,          y por su culpa se produjo el diluvio.

         11      Todo cuanto de tierra viene, a tierra vuelve,          y cuanto de agua, en el mar desemboca.

         12      Todo don e injusticia serán aventados,          más la fidelidad subsistirá por siempre.

         13      Las riquezas de los injustos se esfumarán como un torrente,          como un gran trueno que en tormenta estalla.

         14      Cuando él abre las manos, se contenta,          así los transgresores desaparecerán por completo.

 

         15      Los vástagos de los impíos no tienen muchas ramas,          las raíces impuras sólo hallan piedra áspera.

         16      Caña que brota en toda agua o borde de río          será arrancada antes que toda hierba.

         17      La caridad es como un paraíso de bendición,          y la limosna permanece para siempre.

         18      La vida del que se basta a sí mismo y del obrero es dulce,          pero más que ambos el que encuentra un tesoro.

         19      Los hijos y la fundación de una ciudad perpetúan el nombre,          pero más que ambas cosas es estimada la mujer             intachable.

 

         20      El vino y la música ponen contento el corazón,          pero más que ambas cosas el amor a la sabiduría.

         21      La flauta y el salterio hacen el canto suave,          pero más que ambas cosas la lengua dulce.

         22      Gracia y belleza el ojo anhela,          pero más que ambas cosas el verdor del sembrado.

         23      Amigo y compañero se encuentran a su hora,          pero más que ambos la mujer con el marido.

         24      Amigos y socorro para el tiempo de tribulación,          pero más que ambos salva la limosna.

 

         25      Oro y plata hacen el paso firme,          pero más que ambos se estima el consejo.

         26      La riqueza y la fuerza realzan el corazón,          pero más que las dos, el temor del Señor.      En el temor del Señor no existe mengua,          con él no hay ya por qué buscar ayuda.

         27      El temor del Señor como un paraíso de bendición,          protege él más que toda gloria.

         28      Hijo, no lleves una vida de mendicidad,          que más vale morir que mendigar.

         29      Hombre que mira a la mesa de otro          no merece el nombre de vida su existencia.      Con comida ajena mancha su boca,          pero el hombre instruido y educado de ello se             guardará.

 

         30      En la boca del descarado la mendicidad resulta dulce,          pero en su vientre es un fuego que abrasa.

 

 

 

 

Eclesiástico  41

         1        ¡Oh muerte, qué amargo es tu recuerdo          para el hombre que vive en paz entre sus bienes,          para el varón desocupado a quien en todo le va bien,          y todavía con fuerzas para servirse el alimento!

         2        ¡Oh muerte, buena es tu sentencia          para el hombre necesitado y carente de fuerzas,          para el viejo acabado, ahíto de cuidados,          que se rebela y ha perdido la paciencia!

         3        No temas la sentencia de la muerte,          recuerda tus comienzos y tu fin.

 

         4        Esta sentencia viene del Señor sobre toda carne,          ¿por qué desaprobar el agrado del Altísimo?      Ya se viva diez, cien, mil años,          no se reprocha en el seol la vida.

         5        Hijos abominables son los hijos de los pecadores          que viven en vecindad de impíos.

         6        La herencia de los hijos de los pecadores va a la ruina,          con su linaje se perpetúa el oprobio.

         7        Al padre impío le reprochan sus hijos,          porque por causa de él viven en oprobio.

 

         8        ¡Ay de vosotros, impíos,          que la ley del Altísimo habéis abandonado!

         9        Si nacéis, para la maldición nacéis,          si morís, la maldición heredáis.

         10      Todo cuanto viene de tierra, a tierra volverá,          así irán los impíos de la maldición a la ruina.

         11      El duelo de los hombres se dirige a sus cuerpos,          pero el nombre de los pecadores, que no es bueno, se             borrará.

         12      Preocúpate de tu nombre, que eso te queda,          más que mil grandes tesoros de oro.

 

         13      La vida buena tiene un límite de días,          pero el buen nombre permanece para siempre.

         14      Conservad la instrucción en paz, hijos.      Sabiduría escondida y tesoro invisible,          ¿qué provecho hay en ambos?

         15      Más vale hombre que oculta su necedad,          que hombre que oculta su sabiduría.

         16      Así pues, ruborizaos de lo que os voy a señalar,          que no es bueno guardar toda vergüenza,          ni todo es apreciato fielmente por todos.

 

         17      Ante un padre y una madre avergonzaos de la fornicación,          de la mentira, ante el jefe y el poderoso;

         18      del extravío, ante juez y el magistrado,          de la iniquidad, ante la asamblea y el pueblo;

         19      de la injusticia, ante el compañero y el amigo,          del robo, ante el lugar en que resides;

         20      y ante la verdad de Dios y la alianza:          de clavar los codos en los panes,

         21      de despreciar la recepción y el don,          de callarse ante los que saludan,

 

         22      de mirar a mujer prostituta,          de volver la cara a tu pariente,

         23      de quitar la parte y el don de otro,          de clavar los ojos en mujer casada,

         24      de intimidades con la criada          - ¡no te acerques a su lecho! -

         25      de palabras injuriosas ante los amigos          - después de dar no hagas reproches -

         26      de repetir la palabra oída,          de revelar las palabras secretas.

         27      Serás entonces de verdad un hombre ruboroso,          y ante todo el mundo hallarás gracia.

 

 

 

 

Eclesiástico  42

         1        Pero de lo que sigue no te avergüences,          y no peques por tener acepción de personas:

         2        de la ley del Altísimo y de su alianza,          del juicio que justifica a los impíos,

         3        de contar con compañero de viaje,          de dar la herencia a compañeros,

         4        de la exactitud de balanzas y pesas,          de obtener grandes y pequeñas ganancias,

         5        de provecho en la venta a comerciantes,          de la copiosa instrucción de los hijos,          de ensangrentar las costillas de un mal siervo.

 

         6        Con mujer mala es bueno usar el sello,          y, donde hay muchas manos, echa la llave.

         7        Lo que entregues, hazlo con cuenta y medida,          el haber y el debe, sea todo por escrito.

         8        No te avergüences de enseñar al tonto y al necio,          y al viejo acabado juzgado como joven.      Serás entonces de verdad educado,          y estimado de todo viviente.

         9        Una hija es para el padre un secreto desvelo,          aleja el sueño la inquietud por ella.      En su juventud, miedo a que se le pase la edad,          si está casada, a que sea aborrecida.

 

         10      Cuando virgen, no sea mancillada          y en la casa paterna quede encinta.      Cuando casada, a que sea infiel,          cohabitando, a que sea estéril.

         11      Sobre la hija desenvuelta refuerza la vigilancia,          no sea que te haga la irrisión de tus enemigos,          comidilla en la ciudad, corrillos en el pueblo,          y ante el vulgo espeso te avergüence.

         12      De ningún hombre te quedes mirando la belleza,          y entre mujeres no te sientes.

 

         13      Porque de los vestidos sale la polilla,          y de la mujer la malicia femenina.

         14      Vale más maldad de hombre que bondad de mujer,           la mujer cubre de vergüenza y oprobio.

         15      Voy a evocar las obras del Señor,          lo que tengo visto contaré.      Por las palabras del Señor fueron hechas sus obras,          y la creación está sometida a su voluntad.

         16      El sol mira a todo iluminándolo,          de la gloria del Señor está llena su obra.

         17      No son capaces los Santos del Señor          de contar todas sus maravillas,          que firmemente estableció el Señor omnipotente,          para que en su gloria el universo subsistiera.

 

         18      El sondea el abismo y el corazón humano,          y sus secretos cálculos penetra.      Pues el Altísimo todo saber conoce,          y fija sus ojos en las señales de los tiempos.

         19      Anuncia lo pasado y lo futuro,          y descubre las huellas de las cosas secretas.

         20      No se le escapa ningún pensamiento,          ni una palabra se le oculta.

         21      Las grandezas de su sabiduría las puso en orden,          porque él es antes de la eternidad y por la eternidad;                      nada le ha sido añadido ni quitado,          y de ningún consejero necesita.

 

         22      ¡Qué amables son todas sus obras!:          como una centella hay que contemplarlas.

         23      Todo esto vive y permanece eternamente,          para cualquier menester todo obedece.

         24      Todas las cosas de dos en dos, una frente a otra,          y nada ha hecho deficiente.

         25      Cada cosa afirma la excelencia de la otra,          ¿quién se hartará de contemplar su gloria?

 

 

  

 

 

Eclesiástico  43

         1        Orgullo de las alturas, firmamento de pureza,          tal la vista del cielo en su espectáculo de gloria.

         2        El sol apareciendo proclama a su salida:          «¡Qué admirable la obra del Altísimo!»

         3        En su mediodía reseca la tierra,          ante su ardor, ¿quién puede resistir?

         4        Se atiza el horno para obras de forja:          tres veces más el sol que abrasa las montañas;          vapores ardientes despide,          ciega los ojos con el brillo de sus rayos.

 

         5        Grande es el Señor que lo hizo,          y a cuyo mandato emprende su rápida carrera.

         6        También la luna: sale siempre a su hora,          para marcar los tiempos, señal eterna.

         7        De la luna procede la señal de las fiestas,          astro que mengua, después del plenilunio.

         8        Lleva el mes su nombre;          crece ella maravillosamente cuando cambia,          enseña del ejército celeste          que brilla en el firmamento del cielo.

         9        Hermosura del cielo es la gloria de las estrellas.          orden radiante en las alturas del Señor.

 

         10      Por las palabras del Señor están fijas según su orden.          y no aflojan en su puesto de guardia.

         11      Mira el arco iris y a su Hacedor bendice,          ¡qué bonito en su esplendor!

         12      Rodea el cielo con aureola de gloria,          lo han tendido las manos del Altísimo.

         13      Con su orden precipita la nieve,          y fulmina los rayos según su decreto.

         14      Por eso se abren sus cilleros,          y vuelvan las nubes como pájaros.

         15      Con su grandeza hace espesas las nubes,          y se desmenuzan las piedras de granizo.

 

         16      a su vista se conmueven los montes.      A su voluntad sopla el viento del sur,

         17      El bramido de su trueno insulta a la tierra,          el huracán del norte y los ciclones.

         18      Como pájaros que se posan esparce la nieve,          que baja como langosta que salta al suelo.      Admira el ojo la belleza de su blancura,          y al verla caer se pasma el corazón.

         19      El derrama también sobre la tierra la escarcha como sal,          que al helarse se queda como pinchos de espinas.

 

         20      El viento frío del norte sopla          y se forma el hielo sobre el agua;          sobre toda masa de agua se posa,          y el agua se reviste como de coraza.

         21      Devora los montes, quema el desierto,          y consume como fuego el verdor.

         22      Como remedio de todo llega presto la niebla,          el rocío, después del viento ardiente, devuelve la             alegría.

         23      Según su designio domeña el abismo,          y planta islas en él.

         24      Los que surcan el mar hablan de sus peligros,          y de lo que oyen nuestros oídos nos maravillamos.

 

         25      Allí están las cosas raras y maravillosas,          variedad de animales, especies de monstruos marinos.

         26      Gracias a Dios tiene éxito su mensajero,          y por su palabra todo está en su sitio.

         27      Muchos más podríamos decir y nunca acabaríamos;          broche de mis palabras: «El lo es todo.»

         28      ¿Dónde hallar fuerza para glorificarle?          ¡Que él es el Grande sobre todas sus obras!

         29      Temible es el Señor, inmensamente grande,           maravilloso su poderío.

 

         30      Con vuestra alabanza ensalzad al Señor,          cuanto podáis, que siempre estará más alto;          y al ensalzarle redoblad vuestra fuerza,          no os canséis, que nunca acabaréis.

         31      ¿Quién le ha visto para que pueda describirle?          ¿quién puede engrandecerle tal como es?

         32      Mayores que éstas quedan ocultas muchas cosas,          que bien poco de sus obras hemos visto.

         33      Porque el Señor lo hizo todo,          y dio a los piadosos la sabiduría.

 

Continua…