Eclesiástico  28

         1        El que se venga, sufrirá venganza del Señor,          que cuenta exacta llevará de sus pecados.

         2        Perdona a tu prójimo el agravio,          y, en cuanto lo pidas, te serán perdonados tus             pecados.

         3        Hombre que a hombre guarda ira,          ¿cómo del Señor espera curación?

         4        De un hombre como él piedad no tiene,          ¡y pide perdón por sus propios pecados!

         5        El, que sólo es carne, guarda rencor,          ¿quién obtendrá el perdón de sus pecados?

 

         6        Acuérdate de las postrimerías, y deja ya de odiar,          recuerda la corrupción y la muerte, y sé fiel a los             mandamientos.

         7        Recuerda los mandamientos, y no tengas rencor a tu prójimo,          recuerda la alianza del Altísimo, y pasa por alto la             ofensa.

         8        Absténte de disputas y evitarás el pecado,          porque el apasionado atiza las disputas.

         9        El pecador enzarza a los amigos,          entre los que están en paz siembra discordia.

 

         10      Según sea la leña, así arde el fuego,          según su violencia, arde la disputa;          según la fuerza del hombre es su furor          y conforme a su riqueza sube su ira.

         11      Riña súbita prende fuego,          disputa precipitada vierte sangre.

         12      Si soplas una chispa, prenderá,          si la escupes, se apagará,          y ambas cosas salen de tu boca.

         13      Al soplón de lengua doble, maldícele,          que ha perdido a muchos que vivían en paz.

 

         14      A muchos sacudió la lengua triple,          los dispersó de nación en nación;          arrasó ciudades fuertes          y derruyó casas de magnates.

         15      La lengua triple repudió a mujeres varoniles,          las privó del fruto de sus trabajos.

         16      El que la atiende no encontrará reposo,          ni plantará su tienda en paz.

         17      El golpe del látigo produce cardenales,          el golpe de la lengua quebranta los huesos.

         18      Muchos han caído a filo de espada,          mas no tantos como los caídos por la lengua.

 

         19      Feliz el que de ella se resguarda,          el que no pasa a través de su furor,          el que su yugo no ha cargado,          ni ha sido atado con sus coyundas.

         20      Porque su yugo es yugo de hierro,          y coyundas de bronce sus coyundas.

         21      Muerte funesta la muerte que ella da,          ¡el seol es preferible a ella!

         22      Mas no tiene poder sobre los piadosos,          en su llama no se quemarán.

         23      Los que abandonan al Señor caerán en ella,          en ellos arderá y no se apagará.      Como un león se lanzará contra ellos,          como una pantera los desgarrará.

 

         24      Mira, cerca tu hacienda con espinos,          encierra bien tu plata y tu oro.

         25      A tus palabras pon balanza y peso,          a tu boca pon puerta y cerrojo.

         26      Guárdate bien de resbalar por ella,          no sea que caigas ante el que te acecha.

 

 

 

 

Eclesiástico  29

         1        Quien hace misericordia, presta al prójimo,          quien le apoya con su mano, guarda los mandamientos.

         2        Presta a tu prójimo cuando se halle en necesidad,          y por tu parte restituye a tiempo al prójimo.

         3        Mantén tu palabra y ten confianza en él,          y en toda ocasión encontrarás lo que necesitas.

         4        Muchos consideran el préstamo como una ganga,          y a los que les han socorrido causan sinsabores.

         5        Hasta que no recibe, besa las manos de su prójimo,          y ante su dinero humilla la voz;          pero al tiempo de la restitución da largas,          responde con palabras negligentes          y echa la culpa a las circustancias.

 

         6        Si puede, el otro recibirá apenas la mitad,          y aun lo tendrá como una ganga.      Si no, se quedará sin su dinero,          y se habrá ganado sin necesidad un enemigo,          que le devolverá maldiciones e injurias          y le dará, en vez de gloria, vilipendio.

         7        Muchos, sin malicia, vuelven las espaldas,          pues temen ser despojados sin necesidad.

         8        Pero con el humilde muéstrate paciente,          y a tu limosna no des largas.

         9        En atención al mandamiento, acoge al indigente,          según su necesidad no le despidas vacío.

 

         10      Gasta dinero por el hermano y el amigo,          que no se te enroñe bajo la piedra y lo pierdas.

         11      Coloca tu tesoro según los mandamientos del Altísimo,          y te dará provecho más que el oro.

         12      Encierra la limosna en tus graneros,          ella te preservará de todo mal.

         13      Mejor que recio escudo y que pesada lanza          frente al enemigo combatirá por ti.

         14      El hombre bueno sale fiador de su prójimo,          el que ha perdido la vergüenza, lo deja abandonado.

 

         15      No olvides los favores de tu fiador,          pues él se ha expuesto por ti.

         16      El pecador dilapida los bienes de su fiador,          el ingrato abandona en su corazón al que le ha             salvado.

         17      La fianza perdió a muchos que iban bien,          los sacudió como ola del mar.

         18      Echó de su patria a hombres poderosos,          que anduvieron errando por naciones extrañas.

         19      Pecador que se presta a la fianza          buscando especular, incurre en juicio.

 

         20      Acoge al prójimo según tus recursos,          y cuida de no caer tú mismo.

         21      Lo primero para vivir es agua, pan, vestido,          y casa para abrigarse.

         22      Más vale vida de pobre bajo techo de tablas          que comida suntuosa en casa de extraños.

         23      En lo poco y en lo mucho ten buena cara,          y no escucharás reproches de tu huésped.

         24      Triste vida andar de casa en casa:          donde te hospedes no podrás abrir la boca.

         25      Hospedarás y darás de beber a desagradecidos,          y encima tendrás que oír cosas amargas:

 

         26      «Pasa, huésped, adereza la mesa,          si tienes algo a mano, dame de comer.»

         27      - «Vete, huésped, cede el puesto a uno más digno,          viene a hospedarse mi hermano, necesito la casa.»

         28      Duro es para un hombre de sentimiento          tal desprecio de la casa,          tal insulto propio para un deudor.

 

 

 

 

Eclesiástico  30

         1        El que ama a su hijo, le azota sin cesar,          para poderse alegrar en su futuro.

         2        El que enseña a su hijo, sacará provecho de él,          entre sus conocidos de él se gloriará.

         3        El que instruye a su hijo, pondrá celoso a su enemigo,          y ante sus amigos se sentirá gozoso.

         4        Murió su padre, y como si no hubiera muerto,          pues dejó tras de sí un hombre igual que él.

         5        En su vida le mira con contento,          y a su muerte no se siente triste.

 

         6        Contra sus enemigos deja un vengador,          y para los amigos quien les pague sus favores.

         7        El que mima a su hijo, vendará sus heridas,          a cada grito se le conmoverán sus entrañas.

         8        Caballo no domado, sale indócil,          hijo consentido, sale libertino.

         9        Halaga a tu hijo, y te dará sorpresas          juega con él, y te traerá pesares.

         10      No rías con él, para no llorar          y acabar rechinando de dientes.

         11      No le des libertad en su juventud,          y no pases por alto sus errores.

 

         12      Doblega su cerviz mientras es joven,          tunde sus costillas cuando es niño,          no sea que, volviéndose indócil, te desobedezca,          y sufras por él amargura de alma.

         13      Enseña a tu hijo y trabaja en él,          para que no tropieces por su desvergüenza.

         14      Vale más pobre sano y fuerte de constitución          que rico lleno de achaques en su cuerpo.

         15      Salud y buena constitución valen más que todo el oro,          cuerpo vigoroso más que inmensa fortuna.

 

         16      Ni hay riqueza mejor que la salud del cuerpo,          ni contento mayor que la alegría del corazón.

         17      Mejor es la muerte que una vida amarga,          el descanso eterno que enfermedad permanente.

         18      Manjares derramados sobre boca cerrada,          eso son las ofrendas de alimentos puestas sobre una             tumba.

         19      ¿De qué le sirve el sacrificio a un ídolo?          ¡ni lo comerá ni lo olerá!      Así aquel a quien persigue el Señor,

         20      que mira con sus ojos y gime.      Escomo un eunuco que oprime a una virgen y gime.

 

         21      No entregues tu alma a la tristeza,          ni te atormentes a ti mismo con tus cavilaciones.

         22      La alegría de corazón es la vida del hombre,          el regocijo del varón, prolongación de sus días.

         23      Engaña tu alma y consuela tu corazón,          echa lejos de ti la tristeza;          que la tristeza perdió a muchos,          y no hay en ella utilidad.

         24      Envidia y malhumor los días acortan,          las preocupaciones traen la vejez antes de tiempo.

 

         25      Un corazón radiante viene bien en las comidas,          se preocupa de lo que come.

 

 

 

 

Eclesiástico  31

         1        El insomnio por la riqueza consume las carnes,          las preocupaciones que trae ahuyentan el sueño.

         2        Las preocupaciones del día impiden dormir,          la enfermedad grave quita el sueño.

         3        Se afana el rico por juntar riquezas,          y cuando descansa, se hastía de sus placeres.

         4        Se afana el pobre por falta de sustento,          y cuando descansa, se acaba en la indigencia.

         5        El que ama el oro no se verá justificado,          el que anda tras el lucro se extraviará en él.

 

         6        Muchos se arruinaron por causa del oro,          su perdición la tenían delante.

         7        Es leño de tropiezo para los que le ofrecen sacrificios,          y todo insensato queda preso en él.

         8        Feliz el rico que fue hallado intachable,          que tras el oro no se fue.

         9        ¿Quién es, y le felicitaremos?,          pues obró maravillas en su pueblo.

         10      ¿Quién sufrió esta prueba y fue hallado perfecto?          será para él motivo de gloria.          ¿Quién pudo prevaricar y no prevaricó,          hacer mal y no lo hizo?

 

         11      Sus bienes se consolidarán,          y la asamblea hablará de sus bondades.

         12      ¿En mesa suntuosa te has sentado?,          no abras hacia ella tus fauces,          no digas: «¡Qué de cosas hay aquí!»

         13      Recuerda que es cosa mala tener un ojo ávido,          ¿qué ha sido creado peor que el ojo?          por eso, por cualquier cosa llora.

         14      Donde mire tu huésped no extiendas tú la mano,          y no te eches sobre el plato al tiempo que él.

         15      Juzga al prójimo como a ti mismo,          y en todo asunto actúa con reflexión.

 

         16      Come como hombre bien educado lo que tienes delante,          no te muestres glotón, para no hacerte odioso.

         17      Termina el primero por educación,          no seas insaciable, y no tendrás tropiezo.

         18      Si en medio de muchos te has sentado a la mesa,          no alargues tu mano antes que ellos.

         19      ¡Qué poco le basta a un hombre bien educado!,          y luego en el lecho no resuella.

         20      A vientre moderado, sueño saludable,          se levanta temprano y es dueño de sí.      Insomnio, vómitos y cólicos          le esperan al hombre insaciable.

 

         21      Si te viste obligado a comer demasiado,          levántate, vomítalo lejos, y quedarás tranquilo.

         22      Oyeme, hijo, y no me desprecies,          al fin comprenderás mis palabras.      En todo lo que hagas sé moderado,          y no te vendrá enfermedad alguna.

         23      Al espléndido en las comidas le bendicen los labios,          el testimonio de su munificencia es firme.

         24      Al mezquino en la comida le murmura la ciudad,          el testimonio de su mezquindad es minucioso.

 

         25      Con el vino no te hagas el valiente,          porque a muchos ha perdido el vino.

         26      El horno prueba el temple del acero,          así el vino a los corazones en disputa de orgullosos.

         27      Como la vida es el vino para el hombre,          si lo bebes con medida.          ¿Qué es la vida a quien le falta el vino,          que ha sido creado para contento de los hombres?

         28      Regocijo del corazón y contento del alma          es el vino bebido a tiempo y con medida.

 

         29      Amargura del alma, el vino bebido con exceso          por provocación o desafío.

         30      La embriaguez acrecienta el furor del insensato hasta su caída,          disminuye la fuerza y provoca las heridas.

         31      En banquete no reproches a tu prójimo,          no le desprecies cuando está contento,          palabra injuriosa no le digas          ni le molestes reclamándole dinero.

 

 

 

Eclesiástico  32

         1        ¿Te han nombrado presidente? No te engrías,          sé entre los demás como uno de ellos;          atiéndeles, y después te sientas.

         2        Cuando hayas cumplido todo tu menester, tomo asiento,          para que con ellos te alegres,          y por tu acierto recibas la corona.

         3        Habla, anciano, que te está bien,          pero con discreción y sin estorbar la música.

         4        Durante la audición, no derrames locuacidad,          no te hagas el sabio a destiempo.

 

         5        Sello de carbunclo en alhaja de oro,          así es un concierto musical de un banquete.

         6        Sello de esmeralda en montura de oro,          así es una melodía entre vino delicioso.

         7        Habla, joven, si te es necesario,          dos veces a lo sumo, si se te pregunta.

         8        Resume tu discurso, di mucho en poco,          sé como quien sabe y al mismo tiempo calla.

         9        Entre grandes no te iguales a ellos,          si otro habla, no te excedas en hablar.

         10      Al trueno se adelanta el relámpago,          así al modesto le antecede la gracia.

 

         11      Llegada la hora levántate, no te rezagues,          ve corriendo a casa, no te hagas el remolón.

         12      Allí, diviértete y haz lo que te plazca,          mas no peques con palabras insolentes.

         13      Y por todo esto bendice a tu Hacedor,          que te colma de sus bienes.

         14      El que teme al Señor acepta la instrucción,          los que madrugan encuentran su favor.

         15      El que busca la ley se llena de ella,          al hipócrita le sirve de tropiezo.

         16      Los que temen al Señor son justificados,          hacen brillar sus buenas acciones como luz.

 

         17      El pecador rehúye la reprensión,          según su voluntad encuentra excusa.

         18      El varón de consejo no descuida la reflexión,          el extraño y el orgulloso no se encogen de miedo.

         19      Sin consejo no hagas nada,          y no te arrepentirás de tus acciones.

         20      Por caminos escabrosos no vayas,          y no tropezarás en piedras.

         21      No te confies en camino inexplorado,

         22      y de tus hijos guárdate.

         23      En todos tus actos vela sobre ti,          que esto es también guardar los mandamientos.

 

         24      El que tiene confianza en la ley atiende a los mandamientos,          y el que pone su confianza en el Señor no sufre daño.

 

 

 

 

Eclesiástico  33

         1        Al que teme al Señor ningún mal le sucede,          aunque sufra una prueba, se verá librado.

         2        El varón sabio no aborrece la ley,          mas el que finge observarla es como nave en borrasca.

         3        El hombre inteligente pone su confianza en la ley,          la ley es para él digna de fe como un oráculo.

         4        Prepara tu discurso, y serás así escuchado,          concentra tu saber y responde.

         5        Rueda de carro son las entrañas del necio, como eje que da vueltas, su razonamiento.

 

         6        Caballo de remonta, así el amigo burlón,          bajo todo el que lo monta relincha.

         7        ¿Por qué un día es superior a otro,          si toda la luz de cada día del año viene del sol?

         8        En la mente del Señor fueron diferenciados,          él hizo distintas estaciones y fiestas.

         9        A unos los ensalzó y santificó,          a otros los hizo días ordinarios.

         10      Así todos los hombres vienen del suelo,          de la tierra fue creado Adán.

         11      Con su gran sabiduría los diferenció el Señor,          e hizo distintos sus caminos.

 

         12      A unos los bendijo y ensalzó,          los santificó y los puso junto a sí;          a otros los maldijo y humilló          y los derribó de su puesto.

         13      Como la arcilla del alfarero está en su mano,          - y todos sus caminos en su voluntad -,          así los hombres en la mano de su Hacedor,          que a cada uno da según su juicio.

         14      Frente al mal está el bien,          frente a la muerte, la vida.      Así frente al piadoso, el pecador.

         15      Fíjate, pues, en todas las obras del Altísimo,          dos a dos, una frente a otra.

 

         16      También yo, el último, me he desvelado,          como quien racima tras de los viñadores.

         17      Por la bendición del Señor me he adelantado,          y como viñador he llenado el lagar.

         18      Mirad que no para mí solo me he afanado,          sino para todos los que buscan la instrucción.

         19      Escuchadme, grandes del pueblo,          jefes de la asamblea, prestad oído.

         20      A hijo y mujer, a hermano y amigo          no des poder sobre ti en vida tuya.      No des a otros tus riquezas,          no sea que, arrepentido, tengas que suplicar por             ellas.

 

         21      Mientras vivas y haya aliento en ti,          no te enajenes a ti mismo a nadie.

         22      Pues es mejor que tus hijos te pidan,          que no que tengas que mirar a los manos de tus hijos.

         23      En todas tus obras muéstrate con dominio,          no pongas mancha en tu gloria.

         24      Cuando se acaben los días de tu vida,          a la hora de la muerte, reparte tu herencia.

         25      Al asno, forraje, palo y carga,          al criado, pan, instrucción y trabajo.

         26      Haz trabajar al siervo, y encontrarás descanso,          deja libres sus manos, y buscará la libertad.

 

         27      Yugo y riendas doblegan la cerviz,          al mal criado torturas e inquisiciones.

         28      Mándale trabajar para que no esté ocioso,          que mucho mal enseñó la ociosidad.

         29      Ponle trabajo como le corresponde,          si no obedece, carga sus pies de grillos.

         30      Pero no te sobrepases con nadie,          no hagas nada sin equidad.

         31      Si tienes un criado, sea como tú,          porque con sangre lo adquiriste.

         32      Si tienes un criado, trátale como hermano,          porque has menester de él como de ti mismo.

 

         33      Si le maltratas, y levantándose, se escapa,          ¿por qué camino irás a buscarle?

 

 

 

 

Eclesiástico  34

         1        Las esperanzas vanas y engañosas son para el imbécil,          los sueños dan alas a los insensatos.

         2        Tratar de asir una sombra o perseguir el viento          es buscar apoyo en los sueños.

         3        Espejo y sueño son casas semejantes,          frente a un rostro, una imagen de rostro.

         4        De los impuros, ¿qué pureza puede resultar?          de la mentira, ¿qué verdad puede salir?

         5        Adivinaciones, augurios y sueños cosas vanas son,          como fantasías de corazón de mujer en parto.

 

         6        A menos que te sean enviadas por el Altísimo en visita,          no abras tu corazón a estas cosas.

         7        Que a muchos extraviaron los sueños,          y cayeron los que en ellos esperaban.

         8        Sin dolo se ha de cumplir la Ley,          y sabiduría en boca fiel es perfección.

         9        Hombre que ha corrido mundo sabe muchas cosas,          el que tiene experiencia se expresa con inteligencia.

         10      Quien no ha pasado pruebas poco sabe,          quien ha corrido mundo posee gran destreza.

 

         11      Muchas cosas he visto en el curso de mis viajes,          más vasta que mis palabras es mi inteligencia.

         12      Bien de veces he estado en peligro de muerte,          y me salvé gracias a todo esto.

         13      El espíritu de los que temen al Señor vivirá,          porque su esperanza está puesta en aquel que los             salva.

         14      Quien teme al Señor de nada tiene miedo,          y no se intimida, porque él es su esperanza.

         15      Feliz el alma del que teme al Señor:          ¿en quién se sostiene? ¿cuál es su apoyo?

 

         16      Los ojos del Señor sobre quienes le aman,          poderosa protección, probado apoyo,          abrigo contra el viento abrasador, abrigo contra el             ardor del mediodía,          guardia contra tropiezos, auxilio contra caídas,

         17      que levanta el alma, alumbra los ojos,          da salud, vida y bendición.

         18      Sacrificar cosa injusta es hacer ofrenda rechazada,          no logran complacencia los presentes de los sin ley.

         19      No se complace el Altísimo en ofrendas de impíos,          ni por el cúmulo de víctimas perdona los pecados.

 

         20      Inmola a un hijo a los ojos de su padre          quien ofrece víctima a costa de los bienes de los             humildes.

         21      Pan de indigentes es la vida de los pobres,          quien se lo quita es un hombre sanguinario.

         22      Mata a su prójimo quien le arrebata su sustento,          vierte sangre quien quita el jornal al jornalero.

         23      Uno edifica, el otro destruye,          ¿qué ganan con ello más que fatigas?

         24      Uno bendice, el otro maldice,          ¿a quién de los dos escuchará el amo?

 

         25      Quien se purifica del contacto de un muerto y le vuelve a tocar,          ¿qué ha ganado con su baño de purificación?

         26      Así el hombre que ayuna por sus pecados          y que vuelve otra vez a hacer lo mismo;          su oración, ¿quién la escuchará?          ¿de qué le ha servido el humillarse?

 

 

 

 

Eclesiástico  35

         1        Observar la ley es hacer muchas ofrendas,          atender a los mandamientos es hacer sacrificios de             comunión.

         2        Devolver favor es hacer oblación de flor de harina,          hacer limosna es ofrecer sacrificios de alabanza.

         3        Apartarse del mal es complacer al Señor,          sacrificio de expiación apartarse de la injusticia.

         4        No te presentes ante el Señor con las manos vacías,          pues todo esto es lo que prescribe el mandamiento.

 

         5        La ofrenda del justo unge el altar,          su buen olor sube ante el Altísimo.

         6        El sacrificio del justo es aceptado,          su memorial no se olvidará.

         7        Con ojo generoso glorifica al Señor,          y no escatimes las primicias de tus manos.

         8        En todos tus dones pon tu rostro alegre,          con contento consagra los diezmos.

         9        Da al Altísimo como él te ha dado a ti,          con ojo generoso, con arreglo a tus medios.

         10      Porque el Señor sabe pagar,          y te devolverá siete veces más.

 

         11      No trates de corromperle con presentes, porque no los acepta,          no te apoyes en sacrificio injusto.

         12      Porque el Señor es juez,          y no cuenta para él la gloria de nadie.

         13      No hace acepción de personas contra el pobre,          y la plegaria del agraviado escucha.

         14      No desdeña la súplica del huérfano,          ni a la viuda, cuando derrama su lamento.

         15      Las lágrimas de la viuda, ¿no bajan por su mejilla,          y su clamor contra el que las provocó?

 

         16      Quien sirve de buena gana, es aceptado,          su plegaria sube hasta las nubes.

         17      La oración del humilde las nubes atraviesa,          hasta que no llega a su término no se consuela él.

         18      Y no desiste hasta que vuelve los ojos el Altísimo,          hace justicia a los justos y ejecuta el juicio.

         19      Y el Señor no se tardará,          ni tendrá con éstos más paciencia,

         20      hasta no haber machacado los lomos de los sin entrañas,          y haber tomado venganza de las naciones,

 

         21      haber extirpado el tropel de los soberbios,          y quebrado el cetro de los injustos,

         22      hasta no haber pagado a cada cual según sus actos,          las obras de los hombres según sus intenciones,

         23      haber hecho justicia a su pueblo,          y haberles dado contento con su misericordia.

         24      Grata es la misericordia en tiempo de tribulación,          como nubes de lluvia en tiempo de sequía.

 

 

 

Eclesiástico  36

         1        Ten piedad de nosotros, Dios, dueño de todas las cosas, mira          y siembra tu temor sobre todas las naciones.

         2        Alza tu mano contra las naciones extranjeras,          para que reconozcan tu señorío.

         3        Como ante ellas te has mostrado santo con nosotros,          así ante nosotros muéstrate grande con ellas.

         4        Que te reconozcan, como nosotros hemos reconocido          que no hay Dios fuera de ti, Señor.

         5        Renueva las señales, repite tus maravillas,          glorifica tu mano y tu brazo derecho.

 

         6        Despierta tu furor y derrama tu ira,          extermina al adversario, aniquila al enemigo.

         7        Acelera la hora, recuerda el juramento,          y que se publiquen tus grandezas.

         8        Que el fuego de la ira devore al que se escape,          y los que hacen daño a tu pueblo hallen la perdición.

         9        Aplasta la cabeza de los jefes enemigos,          que dicen: «Nadie más que nosotros.»

         10      Congrega todas las tribus de Jacob,          dales su heredad como al principio.

 

         11      Ten piedad, Señor, del pueblo llamado con tu nombre,          de Israel, a quien igualaste con el primogénito.

         12      Ten compasión de tu santa ciudad,          de Jerusalén, lugar de tu reposo.

         13      Llena a Sión de tu alabanza,          y de tu gloria tu santuario.

         14      Da testimonio a tus primeras criaturas,          mantén las profecías dichas en tu nombre.

         15      Da su recompensa a los que te aguardan,          y que tus profetas queden acreditados.

         16      Escucha, Señor, la súplica de tus siervos,          según la bendición de Aarón sobre tu pueblo.

 

         17      Y todos los de la tierra reconozcan          que tú eres el Señor, el Dios eterno.

         18      Todo alimento traga el vientre,          pero unos alimentos son mejores que otros.

         19      El paladar distingue por el gusto la carne de caza,          así el corazón inteligente las palabras mentirosas.

         20      El corazón perverso da tristeza,          pero el hombre de experiencia le da su merecido.

         21      A cualquier marido acepta la mujer,          pero unas hijas son mejores que otras.

 

         22      La belleza de la mujer recrea la mirada,          y el hombre la desea más que ninguna cosa.

         23      Si en su lengua hay ternura y mansedumbre,          su marido ya no es como los demás hombres.

         24      El que adquiere una mujer, adquiere el comienzo de la fortuna,         una ayuda semejante a él y columna de apoyo.

         25      Donde no hay valla, la propiedad es saqueada,          donde no hay mujer, gime un hombre a la deriva.

         26      ¿Quién se fiará del ladrón ágil          que salta de ciudad en ciudad?

 

         27      Así tampoco del hombre que no tiene nido          y que se alberga donde la noche le sorprende.

 

Continua…