Eclesiástico 28
1 El
que se venga, sufrirá venganza del Señor, que cuenta exacta llevará de sus pecados.
2 Perdona
a tu prójimo el agravio, y, en
cuanto lo pidas, te serán perdonados tus pecados.
3 Hombre
que a hombre guarda ira, ¿cómo
del Señor espera curación?
4 De
un hombre como él piedad no tiene,
¡y pide perdón por sus propios pecados!
5 El,
que sólo es carne, guarda rencor,
¿quién obtendrá el perdón de sus pecados?
6 Acuérdate
de las postrimerías, y deja ya de odiar, recuerda la corrupción y la muerte, y
sé fiel a los mandamientos.
7 Recuerda
los mandamientos, y no tengas rencor a tu prójimo, recuerda la alianza del Altísimo, y
pasa por alto la ofensa.
8 Absténte
de disputas y evitarás el pecado,
porque el apasionado atiza las disputas.
9 El
pecador enzarza a los amigos,
entre los que están en paz siembra discordia.
10 Según
sea la leña, así arde el fuego,
según su violencia, arde la disputa; según la fuerza del hombre es su
furor y conforme a su riqueza
sube su ira.
11 Riña
súbita prende fuego, disputa
precipitada vierte sangre.
12 Si
soplas una chispa, prenderá, si
la escupes, se apagará, y ambas
cosas salen de tu boca.
13 Al
soplón de lengua doble, maldícele,
que ha perdido a muchos que
vivían en paz.
14 A
muchos sacudió la lengua triple,
los dispersó de nación en nación; arrasó ciudades fuertes y derruyó casas de magnates.
15 La
lengua triple repudió a mujeres varoniles,
las privó del fruto de sus
trabajos.
16 El
que la atiende no encontrará reposo,
ni plantará su tienda en paz.
17 El
golpe del látigo produce cardenales,
el golpe de la lengua quebranta los huesos.
18 Muchos
han caído a filo de espada, mas
no tantos como los caídos por la lengua.
19 Feliz
el que de ella se resguarda, el
que no pasa a través de su furor,
el que su yugo no ha cargado,
ni ha sido atado con sus coyundas.
20 Porque
su yugo es yugo de hierro, y
coyundas de bronce sus coyundas.
21 Muerte
funesta la muerte que ella da,
¡el seol es preferible a ella!
22 Mas
no tiene poder sobre los piadosos,
en su llama no se quemarán.
23 Los
que abandonan al Señor caerán en ella,
en ellos arderá y no se apagará.
Como un león se lanzará contra ellos, como una pantera los desgarrará.
24 Mira,
cerca tu hacienda con espinos,
encierra bien tu plata y tu oro.
25 A
tus palabras pon balanza y peso,
a tu boca pon puerta y cerrojo.
26 Guárdate
bien de resbalar por ella, no
sea que caigas ante el que te acecha.
Eclesiástico 29
1 Quien
hace misericordia, presta al prójimo,
quien le apoya con su mano, guarda los mandamientos.
2 Presta
a tu prójimo cuando se halle en necesidad, y por tu parte restituye a tiempo al
prójimo.
3 Mantén
tu palabra y ten confianza en él,
y en toda ocasión encontrarás lo que necesitas.
4 Muchos
consideran el préstamo como una ganga,
y a los que les han socorrido causan sinsabores.
5 Hasta
que no recibe, besa las manos de su prójimo, y ante su dinero humilla la voz; pero al tiempo de la restitución da
largas, responde con palabras
negligentes y echa la culpa a
las circustancias.
6 Si
puede, el otro recibirá apenas la mitad, y aun lo tendrá como una ganga. Si no, se quedará sin su dinero, y se habrá ganado sin necesidad un
enemigo, que le devolverá
maldiciones e injurias y le
dará, en vez de gloria, vilipendio.
7 Muchos,
sin malicia, vuelven las espaldas,
pues temen ser despojados sin necesidad.
8 Pero
con el humilde muéstrate paciente,
y a tu limosna no des largas.
9 En
atención al mandamiento, acoge al indigente, según su necesidad no le despidas
vacío.
10 Gasta
dinero por el hermano y el amigo,
que no se te enroñe bajo la piedra y lo pierdas.
11 Coloca
tu tesoro según los mandamientos del Altísimo, y te dará provecho más que el oro.
12 Encierra
la limosna en tus graneros, ella
te preservará de todo mal.
13 Mejor
que recio escudo y que pesada lanza
frente al enemigo combatirá por ti.
14 El
hombre bueno sale fiador de su prójimo,
el que ha perdido la vergüenza, lo deja abandonado.
15 No
olvides los favores de tu fiador,
pues él se ha expuesto por ti.
16 El
pecador dilapida los bienes de su fiador, el ingrato abandona en su corazón al
que le ha salvado.
17 La
fianza perdió a muchos que iban bien,
los sacudió como ola del mar.
18 Echó
de su patria a hombres poderosos,
que anduvieron errando por naciones extrañas.
19 Pecador
que se presta a la fianza
buscando especular, incurre en juicio.
20 Acoge
al prójimo según tus recursos, y
cuida de no caer tú mismo.
21 Lo
primero para vivir es agua, pan, vestido, y casa para abrigarse.
22 Más
vale vida de pobre bajo techo de tablas
que comida suntuosa en casa de extraños.
23 En
lo poco y en lo mucho ten buena cara,
y no escucharás reproches de tu huésped.
24 Triste
vida andar de casa en casa:
donde te hospedes no podrás abrir la boca.
25 Hospedarás
y darás de beber a desagradecidos,
y encima tendrás que oír cosas amargas:
26 «Pasa,
huésped, adereza la mesa, si
tienes algo a mano, dame de comer.»
27 -
«Vete, huésped, cede el puesto a uno más digno, viene a hospedarse mi hermano,
necesito la casa.»
28 Duro
es para un hombre de sentimiento
tal desprecio de la casa,
tal insulto propio para un deudor.
Eclesiástico 30
1 El
que ama a su hijo, le azota sin cesar,
para poderse alegrar en su futuro.
2 El
que enseña a su hijo, sacará provecho de él, entre sus conocidos de él se
gloriará.
3 El
que instruye a su hijo, pondrá celoso a su enemigo, y ante sus amigos se sentirá gozoso.
4 Murió
su padre, y como si no hubiera muerto,
pues dejó tras de sí un hombre igual que él.
5 En
su vida le mira con contento, y
a su muerte no se siente triste.
6 Contra
sus enemigos deja un vengador, y
para los amigos quien les pague sus favores.
7 El
que mima a su hijo, vendará sus heridas, a cada grito se le conmoverán sus
entrañas.
8 Caballo
no domado, sale indócil, hijo
consentido, sale libertino.
9 Halaga
a tu hijo, y te dará sorpresas
juega con él, y te traerá pesares.
10 No
rías con él, para no llorar y
acabar rechinando de dientes.
11 No
le des libertad en su juventud,
y no pases por alto sus errores.
12 Doblega
su cerviz mientras es joven,
tunde sus costillas cuando es niño,
no sea que, volviéndose
indócil, te desobedezca, y
sufras por él amargura de alma.
13 Enseña
a tu hijo y trabaja en él, para
que no tropieces por su desvergüenza.
14 Vale
más pobre sano y fuerte de constitución
que rico lleno de achaques en su cuerpo.
15 Salud
y buena constitución valen más que todo el oro, cuerpo vigoroso más que inmensa
fortuna.
16 Ni
hay riqueza mejor que la salud del cuerpo, ni contento mayor que la alegría del
corazón.
17 Mejor
es la muerte que una vida amarga,
el descanso eterno que enfermedad permanente.
18 Manjares
derramados sobre boca cerrada,
eso son las ofrendas de alimentos puestas sobre una tumba.
19 ¿De
qué le sirve el sacrificio a un ídolo?
¡ni lo comerá ni lo olerá!
Así aquel a quien persigue el Señor,
20 que
mira con sus ojos y gime. Escomo un
eunuco que oprime a una virgen y gime.
21 No
entregues tu alma a la tristeza,
ni te atormentes a ti mismo con tus cavilaciones.
22 La
alegría de corazón es la vida del hombre, el regocijo del varón, prolongación
de sus días.
23 Engaña
tu alma y consuela tu corazón,
echa lejos de ti la tristeza;
que la tristeza perdió a muchos,
y no hay en ella utilidad.
24 Envidia
y malhumor los días acortan, las
preocupaciones traen la vejez antes de tiempo.
25 Un
corazón radiante viene bien en las comidas, se preocupa de lo que come.
Eclesiástico 31
1 El
insomnio por la riqueza consume las carnes, las preocupaciones que trae ahuyentan
el sueño.
2 Las
preocupaciones del día impiden dormir,
la enfermedad grave quita el sueño.
3 Se
afana el rico por juntar riquezas,
y cuando descansa, se hastía de sus placeres.
4 Se
afana el pobre por falta de sustento,
y cuando descansa, se acaba en la indigencia.
5 El
que ama el oro no se verá justificado,
el que anda tras el lucro se extraviará en él.
6 Muchos
se arruinaron por causa del oro,
su perdición la tenían delante.
7 Es
leño de tropiezo para los que le ofrecen sacrificios, y todo insensato queda preso en él.
8 Feliz
el rico que fue hallado intachable,
que tras el oro no se fue.
9 ¿Quién
es, y le felicitaremos?, pues
obró maravillas en su pueblo.
10 ¿Quién
sufrió esta prueba y fue hallado perfecto? será para él motivo de gloria. ¿Quién pudo prevaricar y no
prevaricó, hacer mal y no lo
hizo?
11 Sus
bienes se consolidarán, y la
asamblea hablará de sus bondades.
12 ¿En
mesa suntuosa te has sentado?,
no abras hacia ella tus fauces,
no digas: «¡Qué de cosas hay aquí!»
13 Recuerda
que es cosa mala tener un ojo ávido,
¿qué ha sido creado peor que
el ojo? por eso, por cualquier
cosa llora.
14 Donde
mire tu huésped no extiendas tú la mano, y no te eches sobre el plato al
tiempo que él.
15 Juzga
al prójimo como a ti mismo, y en
todo asunto actúa con reflexión.
16 Come
como hombre bien educado lo que tienes delante, no te muestres glotón, para no
hacerte odioso.
17 Termina
el primero por educación, no
seas insaciable, y no tendrás tropiezo.
18 Si
en medio de muchos te has sentado a la mesa, no alargues tu mano antes que ellos.
19 ¡Qué
poco le basta a un hombre bien educado!, y luego en el lecho no resuella.
20 A
vientre moderado, sueño saludable,
se levanta temprano y es dueño de sí.
Insomnio, vómitos y
cólicos le esperan al hombre
insaciable.
21 Si
te viste obligado a comer demasiado,
levántate, vomítalo lejos, y quedarás tranquilo.
22 Oyeme,
hijo, y no me desprecies, al fin
comprenderás mis palabras. En todo
lo que hagas sé moderado, y no
te vendrá enfermedad alguna.
23 Al
espléndido en las comidas le bendicen los labios, el testimonio de su munificencia es
firme.
24 Al
mezquino en la comida le murmura la ciudad, el testimonio de su mezquindad es
minucioso.
25 Con
el vino no te hagas el valiente,
porque a muchos ha perdido el vino.
26 El
horno prueba el temple del acero,
así el vino a los corazones en disputa de orgullosos.
27 Como
la vida es el vino para el hombre,
si lo bebes con medida.
¿Qué es la vida a quien le falta el vino, que ha sido creado para contento de
los hombres?
28 Regocijo
del corazón y contento del alma
es el vino bebido a tiempo y con medida.
29 Amargura
del alma, el vino bebido con exceso
por provocación o desafío.
30 La
embriaguez acrecienta el furor del insensato hasta su caída, disminuye la fuerza y provoca las
heridas.
31 En
banquete no reproches a tu prójimo,
no le desprecies cuando está contento, palabra injuriosa no le digas ni le molestes reclamándole dinero.
Eclesiástico 32
1 ¿Te
han nombrado presidente? No te engrías,
sé entre los demás como uno de ellos; atiéndeles, y después te sientas.
2 Cuando
hayas cumplido todo tu menester, tomo asiento, para que con ellos te alegres, y por tu acierto recibas la corona.
3 Habla,
anciano, que te está bien, pero
con discreción y sin estorbar la música.
4 Durante
la audición, no derrames locuacidad,
no te hagas el sabio a destiempo.
5 Sello
de carbunclo en alhaja de oro,
así es un concierto musical de un banquete.
6 Sello
de esmeralda en montura de oro,
así es una melodía entre vino delicioso.
7 Habla,
joven, si te es necesario, dos
veces a lo sumo, si se te pregunta.
8 Resume
tu discurso, di mucho en poco,
sé como quien sabe y al mismo tiempo calla.
9 Entre
grandes no te iguales a ellos,
si otro habla, no te excedas en hablar.
10 Al
trueno se adelanta el relámpago,
así al modesto le antecede la gracia.
11 Llegada
la hora levántate, no te rezagues,
ve corriendo a casa, no te hagas el remolón.
12 Allí,
diviértete y haz lo que te plazca,
mas no peques con palabras insolentes.
13 Y
por todo esto bendice a tu Hacedor,
que te colma de sus bienes.
14 El
que teme al Señor acepta la instrucción, los que madrugan encuentran su favor.
15 El
que busca la ley se llena de ella,
al hipócrita le sirve de tropiezo.
16 Los
que temen al Señor son justificados,
hacen brillar sus buenas acciones como luz.
17 El
pecador rehúye la reprensión,
según su voluntad encuentra excusa.
18 El
varón de consejo no descuida la reflexión, el extraño y el orgulloso no se
encogen de miedo.
19 Sin
consejo no hagas nada, y no te
arrepentirás de tus acciones.
20 Por
caminos escabrosos no vayas, y
no tropezarás en piedras.
21 No
te confies en camino inexplorado,
22 y
de tus hijos guárdate.
23 En
todos tus actos vela sobre ti,
que esto es también guardar los mandamientos.
24 El
que tiene confianza en la ley atiende a los mandamientos, y el que pone su confianza en el Señor
no sufre daño.
Eclesiástico 33
1 Al
que teme al Señor ningún mal le sucede,
aunque sufra una prueba, se verá librado.
2 El
varón sabio no aborrece la ley,
mas el que finge observarla es como nave en borrasca.
3 El
hombre inteligente pone su confianza en la ley, la ley es para él digna de fe como un
oráculo.
4 Prepara
tu discurso, y serás así escuchado,
concentra tu saber y responde.
5 Rueda
de carro son las entrañas del necio, como eje que da vueltas, su razonamiento.
6 Caballo
de remonta, así el amigo burlón,
bajo todo el que lo monta relincha.
7 ¿Por
qué un día es superior a otro,
si toda la luz de cada día del año viene del sol?
8 En
la mente del Señor fueron diferenciados, él hizo distintas estaciones y
fiestas.
9 A
unos los ensalzó y santificó, a
otros los hizo días ordinarios.
10 Así
todos los hombres vienen del suelo,
de la tierra fue creado Adán.
11 Con
su gran sabiduría los diferenció el Señor, e hizo distintos sus caminos.
12 A
unos los bendijo y ensalzó, los
santificó y los puso junto a sí;
a otros los maldijo y humilló
y los derribó de su puesto.
13 Como
la arcilla del alfarero está en su mano, - y todos sus caminos en su voluntad
-, así los hombres en la mano de
su Hacedor, que a cada uno da
según su juicio.
14 Frente
al mal está el bien, frente a la
muerte, la vida. Así frente al
piadoso, el pecador.
15 Fíjate,
pues, en todas las obras del Altísimo,
dos a dos, una frente a otra.
16 También
yo, el último, me he desvelado,
como quien racima tras de los viñadores.
17 Por
la bendición del Señor me he adelantado, y como viñador he llenado el lagar.
18 Mirad
que no para mí solo me he afanado,
sino para todos los que buscan la instrucción.
19 Escuchadme,
grandes del pueblo, jefes de la
asamblea, prestad oído.
20 A
hijo y mujer, a hermano y amigo
no des poder sobre ti en vida tuya.
No des a otros tus riquezas,
no sea que, arrepentido, tengas que suplicar por ellas.
21 Mientras
vivas y haya aliento en ti, no
te enajenes a ti mismo a nadie.
22 Pues
es mejor que tus hijos te pidan,
que no que tengas que mirar a los manos de tus hijos.
23 En
todas tus obras muéstrate con dominio,
no pongas mancha en tu gloria.
24 Cuando
se acaben los días de tu vida, a la hora de la muerte, reparte tu
herencia.
25 Al
asno, forraje, palo y carga, al
criado, pan, instrucción y trabajo.
26 Haz
trabajar al siervo, y encontrarás descanso, deja libres sus manos, y buscará la
libertad.
27 Yugo
y riendas doblegan la cerviz, al
mal criado torturas e inquisiciones.
28 Mándale
trabajar para que no esté ocioso,
que mucho mal enseñó la ociosidad.
29 Ponle
trabajo como le corresponde, si
no obedece, carga sus pies de grillos.
30 Pero
no te sobrepases con nadie, no
hagas nada sin equidad.
31 Si
tienes un criado, sea como tú,
porque con sangre lo adquiriste.
32 Si
tienes un criado, trátale como hermano,
porque has menester de él como de ti mismo.
33 Si
le maltratas, y levantándose, se escapa, ¿por qué camino irás a buscarle?
Eclesiástico 34
1 Las
esperanzas vanas y engañosas son para el imbécil, los sueños dan alas a los insensatos.
2 Tratar
de asir una sombra o perseguir el viento es buscar apoyo en los sueños.
3 Espejo
y sueño son casas semejantes,
frente a un rostro, una imagen de rostro.
4 De
los impuros, ¿qué pureza puede resultar? de la mentira, ¿qué verdad puede
salir?
5 Adivinaciones,
augurios y sueños cosas vanas son,
como fantasías de corazón de mujer en parto.
6 A
menos que te sean enviadas por el Altísimo en visita, no abras tu corazón a estas cosas.
7 Que
a muchos extraviaron los sueños,
y cayeron los que en ellos esperaban.
8 Sin
dolo se ha de cumplir la Ley, y
sabiduría en boca fiel es perfección.
9 Hombre
que ha corrido mundo sabe muchas cosas,
el que tiene experiencia se expresa con inteligencia.
10 Quien
no ha pasado pruebas poco sabe,
quien ha corrido mundo posee gran destreza.
11 Muchas
cosas he visto en el curso de mis viajes, más vasta que mis palabras es mi
inteligencia.
12 Bien
de veces he estado en peligro de muerte, y me salvé gracias a todo esto.
13 El
espíritu de los que temen al Señor vivirá, porque su esperanza está puesta en
aquel que los salva.
14 Quien
teme al Señor de nada tiene miedo,
y no se intimida, porque él es su esperanza.
15 Feliz
el alma del que teme al Señor:
¿en quién se sostiene? ¿cuál es su apoyo?
16 Los
ojos del Señor sobre quienes le aman,
poderosa protección, probado apoyo, abrigo contra el viento abrasador,
abrigo contra el ardor del
mediodía, guardia contra
tropiezos, auxilio contra caídas,
17 que
levanta el alma, alumbra los ojos,
da salud, vida y bendición.
18 Sacrificar
cosa injusta es hacer ofrenda rechazada, no logran complacencia los presentes
de los sin ley.
19 No
se complace el Altísimo en ofrendas de impíos, ni por el cúmulo de víctimas perdona
los pecados.
20 Inmola
a un hijo a los ojos de su padre
quien ofrece víctima a costa de los bienes de los humildes.
21 Pan
de indigentes es la vida de los pobres,
quien se lo quita es un hombre sanguinario.
22 Mata
a su prójimo quien le arrebata su sustento, vierte sangre quien quita el jornal
al jornalero.
23 Uno
edifica, el otro destruye, ¿qué ganan con ello más que fatigas?
24 Uno
bendice, el otro maldice, ¿a
quién de los dos escuchará el amo?
25 Quien
se purifica del contacto de un muerto y le vuelve a tocar, ¿qué ha ganado con su baño de
purificación?
26 Así
el hombre que ayuna por sus pecados
y que vuelve otra vez a hacer lo mismo; su oración, ¿quién la escuchará? ¿de qué le ha servido el humillarse?
Eclesiástico 35
1 Observar
la ley es hacer muchas ofrendas,
atender a los mandamientos es hacer sacrificios de comunión.
2 Devolver
favor es hacer oblación de flor de harina, hacer limosna es ofrecer sacrificios
de alabanza.
3 Apartarse
del mal es complacer al Señor,
sacrificio de expiación apartarse de la injusticia.
4 No
te presentes ante el Señor con las manos vacías, pues todo esto es lo que prescribe el
mandamiento.
5 La
ofrenda del justo unge el altar,
su buen olor sube ante el Altísimo.
6 El
sacrificio del justo es aceptado,
su memorial no se olvidará.
7 Con
ojo generoso glorifica al Señor,
y no escatimes las primicias de tus manos.
8 En
todos tus dones pon tu rostro alegre,
con contento consagra los diezmos.
9 Da
al Altísimo como él te ha dado a ti,
con ojo generoso, con arreglo a tus medios.
10 Porque
el Señor sabe pagar, y te
devolverá siete veces más.
11 No
trates de corromperle con presentes, porque no los acepta, no te apoyes en sacrificio injusto.
12 Porque
el Señor es juez, y no cuenta
para él la gloria de nadie.
13 No
hace acepción de personas contra el pobre, y la plegaria del agraviado escucha.
14 No
desdeña la súplica del huérfano,
ni a la viuda, cuando derrama su lamento.
15 Las
lágrimas de la viuda, ¿no bajan por su mejilla, y su clamor contra el que las
provocó?
16 Quien
sirve de buena gana, es aceptado,
su plegaria sube hasta las nubes.
17 La
oración del humilde las nubes atraviesa, hasta que no llega a su término no se
consuela él.
18 Y
no desiste hasta que vuelve los ojos el Altísimo, hace justicia a los justos y ejecuta
el juicio.
19 Y
el Señor no se tardará, ni
tendrá con éstos más paciencia,
20 hasta
no haber machacado los lomos de los sin entrañas, y haber tomado venganza de las
naciones,
21 haber
extirpado el tropel de los soberbios,
y quebrado el cetro de los injustos,
22 hasta
no haber pagado a cada cual según sus actos, las obras de los hombres según sus
intenciones,
23 haber
hecho justicia a su pueblo, y
haberles dado contento con su misericordia.
24 Grata
es la misericordia en tiempo de tribulación, como nubes de lluvia en tiempo de
sequía.
Eclesiástico 36
1 Ten
piedad de nosotros, Dios, dueño de todas las cosas, mira y siembra tu temor sobre todas las
naciones.
2 Alza
tu mano contra las naciones extranjeras, para que reconozcan tu señorío.
3 Como
ante ellas te has mostrado santo con nosotros, así ante nosotros muéstrate grande
con ellas.
4 Que
te reconozcan, como nosotros hemos reconocido que no hay Dios fuera de ti, Señor.
5 Renueva
las señales, repite tus maravillas,
glorifica tu mano y tu brazo derecho.
6 Despierta
tu furor y derrama tu ira,
extermina al adversario, aniquila al enemigo.
7 Acelera
la hora, recuerda el juramento,
y que se publiquen tus grandezas.
8 Que
el fuego de la ira devore al que se escape, y los que hacen daño a tu pueblo
hallen la perdición.
9 Aplasta
la cabeza de los jefes enemigos,
que dicen: «Nadie más que nosotros.»
10 Congrega
todas las tribus de Jacob, dales
su heredad como al principio.
11 Ten
piedad, Señor, del pueblo llamado con tu nombre, de Israel, a quien igualaste con el
primogénito.
12 Ten
compasión de tu santa ciudad, de
Jerusalén, lugar de tu reposo.
13 Llena
a Sión de tu alabanza, y de tu
gloria tu santuario.
14 Da
testimonio a tus primeras criaturas,
mantén las profecías dichas en tu nombre.
15 Da
su recompensa a los que te aguardan,
y que tus profetas queden acreditados.
16 Escucha,
Señor, la súplica de tus siervos, según la bendición de Aarón sobre tu
pueblo.
17 Y
todos los de la tierra reconozcan
que tú eres el Señor, el Dios eterno.
18 Todo
alimento traga el vientre, pero
unos alimentos son mejores que otros.
19 El
paladar distingue por el gusto la carne de caza, así el corazón inteligente las
palabras mentirosas.
20 El
corazón perverso da tristeza,
pero el hombre de experiencia le da su merecido.
21 A
cualquier marido acepta la mujer,
pero unas hijas son mejores que otras.
22 La
belleza de la mujer recrea la mirada,
y el hombre la desea más que ninguna cosa.
23 Si
en su lengua hay ternura y mansedumbre,
su marido ya no es como los demás hombres.
24 El
que adquiere una mujer, adquiere el comienzo de la fortuna, una ayuda semejante a él y columna de
apoyo.
25 Donde
no hay valla, la propiedad es saqueada,
donde no hay mujer, gime un hombre a la deriva.
26 ¿Quién
se fiará del ladrón ágil que
salta de ciudad en ciudad?
27 Así
tampoco del hombre que no tiene nido
y que se alberga donde la noche le sorprende.