SABIDURÍA
Sabiduría 1
1 Amad
la justicia, los que juzgáis la tierra,
pensad rectamente del Señor
y con sencillez de corazón buscadle.
2 Porque
se deja hallar de los que no le tientan, se manifesta a los que no desconfían de
él.
3 Pues
los pensamientos tortuosos apartan de Dios y el Poder, puesto a prueba, rechaza
a los insensatos.
4 En
efecto, en alma fraudulenta no entra la Sabiduría, no habita en cuerpo sometido al
pecado;
5 pues
el espíritu santo que nos educa huye del engaño, se aleja de los pensamientos
necios y se ve rechazado al
sobrevenir la iniquidad.
6 La
Sabiduría es un espíritu que ama al hombre, pero no deja sin castigo los labios
del blasfemo; que Dios es testigo de sus riñones, observador veraz de su corazón y oye cuanto dice su lengua.
7 Porque
el espíritu del Señor llena la tierra
y él, que todo lo mantiene unido, tiene conocimiento de toda palabra.
8 Nadie,
pues, que profiera iniquidades quedará oculto, ni le pasará por alto la Justicia
vengadora.
9 Las
deliberaciones del impío serán examinadas; el eco de sus palabras llegará hasta
el Señor para castigo de sus maldades.
10 Un
oído celoso lo escucha todo, no
se le oculta ni el rumor de la murmuración.
11 Guardaos,
pues, de murmuraciones inútiles,
preservad vuestra lengua de la maledicencia; que la palabra más secreta no se
pronuncia en vano, y la boca
mentirosa da muerte al alma.
12 No
os busquéis la muerte con los extravíos de vuestra, vida, no os atraigáis la ruina con las
obras de vuestras manos;
13 que
no fue Dios quien hizo la muerte
ni se recrea en la destrucción de los vivientes;
14 él
todo lo creó para que subsistiera,
las criaturas del mundo non saludables, no hay en ellas veneno de muerte ni imperio del Hades sobre la tierra,
15 porque
la justicia es inmortal.
16 Pero
los impíos con las manos y las palabras llaman a la muerte; teniéndola por amiga, se desviven por
ella, y con ella conciertan un
pacto, pues bien merecen que les
tenga por suyos.
Sabiduría 2
1 Porque
se dicen discurriendo desacertadamente:
«Corta es y triste nuestra vida;
no hay remedio en la muerte del hombre ni se sabe de nadie que haya vuelto
del Hades.
2 Por
azar llegamos a la existencia y
luego seremos como si nunca hubiéramos sido. Porque humo es el aliento de nuestra
nariz y el pensamiento, una
chispa del latido de nuestro
corazón;
3 al
apagarse, el cuerpo se volverá ceniza y el espíritu se desvanecerá como aire
inconsistente.
4 Caerá
con el tiempo nuestro nombre en el olvido, nadie se acordará de nuestras
obras; pasará nuestra vida como
rastro de nube, se disipará como
niebla acosada por los rayos del
sol y por su calor vencida.
5 Paso
de una sombra es el tiempo que vivimos,
no hay retorno en nuestra muerte; porque se ha puesto el sello y nadie
regresa.
6 Venid,
pues, y disfrutemos de los bienes presentes, gocemos de las criaturas con el ardor
de la juventud.
7 Hartémonos
de vinos exquisitos y de perfumes,
no se nos pase ninguna flor primaveral,
8 coronémonos
de rosas antes que se marchiten;
9 ningún
prado quede libre de nuestra orgía,
dejemos por doquier constancia de nuestro negocijo; que nuestra parte es ésta, ésta
nuestra herencia.
10 Oprimamos
al justo pobre, no perdonemos a
la viuda, no respetemos las
canas llenas de años del anciano.
11 Sea
nuestra fuerza norma de la justicia,
que la debilidad, como se ve, de nada sirve.
12 Tendamos
lazos al justo, que nos fastidia,
se enfrenta a nuestro modo de obrar, nos echa en cara faltas contra la
Ley y nos culpa de faltas contra
nuestra educación.
13 Se
gloría de tener el conocimiento de Dios
y se llama a sí mismo hijo del Señor.
14 Es
un reproche de nuestros criterios,
su sola presencia nos es insufrible,
15 lleva
una vida distinta de todas y sus
caminos son extraños.
16 Nos
tiene por bastardos, se aparta
de nuestros caminos como de impurezas;
proclama dichosa la suerte final de los justos y se ufana de tener a Dios por padre.
17 Veamos
si sus palabras son verdaderas, examinemos lo que pasará en su tránsito.
18 Pues
si el justo es hijo de Dios, él le asistirá y le librará de las manos de sus
enemigos.
19 Sometámosle
al ultraje y al tormento para
conocer su temple y probar su
entereza.
20 Condenémosle
a una muerte afrentosa, pues, según él, Dios le visitará.»
21 Así
discurren, pero se equivocan;
los ciega su maldad;
22 no
conocen los secretos de Dios, no
esperan recompensa por la santidad
ni creen en el premio de las almas intachables.
23 Porque
Dios creó al hombre para la incorruptibilidad, le hizo imagen de su misma
naturaleza;
24 mas
por envidia del diablo entró la muerte en el mundo, y la experimentan los que le
pertenecen.
Sabiduría 3
1 En
cambio, las almas de los justos están en las manos de Dios y no les alcanzará tormento alguno.
2 A
los ojos de los insensatos pareció que habían muerto; se tuvo por quebranto su salida,
3 y
su partida de entre nosotros por completa destrucción; pero ellos están en la paz.
4 Aunque,
a juicio de los hombres, hayan sufrido castigos, su esperanza estaba llena de
inmortalidad;
5 por
una corta corrección recibirán largos beneficios. pues Dios los sometió a prueba y los halló dignos de sí;
6 como
oro en el crisol los probó y
como holocausto los aceptó.
7 El
día de su visita resplandecerán,
y como chispas en rastrojo correrán.
8 Juzgarán
a las naciones y dominarán a los pueblos
y sobre ellos el Señor
reinará eternamente.
9 Los
que en él confían entenderán la verdad
y los que son fieles permanecerán junto a él en el amor, porque la gracia y la misericordia
son para sus santos y su visita para sus elegidos.
10 En
cambio, los impíos tendrán la pena que sus pensamientos merecen, por desdeñar al justo y separarse del
Señor.
11 Desgraciados
los que desprecian la sabiduría y la instrucción; vana es su esperanza, sin provecho sus fatigas, inútiles sus obras;
12 sus
mujeres son insensatas, malvados
sus hijos, maldita su
posteridad.
13 Dichosa
la estéril sin mancilla, la que
no conoce lecho de pecado; tendrá
su fruto en la visita de las almas.
14 Dichoso
también el eunuco que con sus manos no obra iniquidad ni fomenta pensamientos perversos
contra el Señor; por su
fidelidad se le dará una escogida recompensa, una herencia muy agradable en el
Santurario del Señor.
15 Que
el fruto de los esfuerzos nobles es glorioso, imperecedera la raíz de la prudencia.
16 En
cambio los hijos de adúlteros no llegarán a sazón, desaparecerá la raza nacida de una
unión culpable.
17 Si
viven largos años, no alcanzarán estima alguna y al fin su ancianidad carecerá de
honor.
18 Y
si mueren pronto, no tendrán esperanza
ni consuelo en el día de la sentencia,
19 pues
duro es el fin de una raza inicua.
Sabiduría 4
1 Mejor
es carencia de hijos acompañada de virtud, pues hay inmortalidad en su
recuerdo, porque es conocida por
Dios y por los hombres;
2 presente,
la imitan, ausente, la
añoran; en la eternidad, ceñida
de una corona, celebra su
triunfo porque venció en
la lucha por premios incorruptibles.
3 En
cambio, la numerosa prole de los impíos será inútil; viniendo de renuevos bastardos, no
echará raíces profundas ni se asentará sobre fundamento
sólido.
4 Aunque
despliegue por su tiempo su ramaje,
precariamente arraigada, será sacudida por el viento, arrancada de raíz por la furia del
vendaval;
5 se
quebrarán sus ramas todavía tiernas,
inútiles serán sus frutos,
sin sazón para comerlos,
para nada servirán.
6 Que
los hijos nacidos de sueños culpables
son testigos, en su examen, de la maldad de los padres.
7 El
justo, aunque muera prematuramente, halla el descanso.
8 La
ancianidad venerable no es la de los muchos días ni se mide por el número de años;
9 la
verdadera canicie para el hombre es la prudencia, y la edad provecta, una vida
inmaculada.
10 Agradó
a Dios y fue amado, y como vivía
entre pecadores, fue trasladado.
11 Fue
arrebatado para que la maldad no pervitiera su inteligencia o el engaño sedujera su alma;
12 pues
la fascinación del mal empaña el bien
y los vaivenes de la concupiscencia corrompen el espíritu ingenuo.
13 Alcanzando
en breve la perfección, llenó largos años.
14 Su
alma era del agrado del Señor,
por eso se apresuró a sacarle de entre la maldad. Lo ven las gentes y no comprenden, ni caen en cuenta
15 que
la gracia y la misericordia son para sus elegidos y su visita para sus santos.
16 El
justo muerto condena a los impíos vivos, y la juventud pronto consumada, la
larga ancianidad del inicuo.
17 Ven
la muerte del sabio, mas no
comprenden los planes del Señor sobre él ni por qué le ha puesto en seguridad;
18 lo
ven y lo desprecian, pero el
Señor se reirá de ellos.
19 Después
serán cadáveres despreciables,
objeto de ultraje entre los muertos para siempre. Porque el Señor los quebrará lanzándolos
de cabeza, sin habla, los sacudirá de sus cimientos; quedarán totalmentes asolados, sumidos en el dolor, y su recuerdo se perderá.
20 Al
tiempo de dar cuenta de sus pecados irán acobardados, y sus iniquidades se les enfrentarán
acusándoles.
Sabiduría 5
1 Estará
entonces el justo en pie con gran confianza en presencia de los que le afligieron
y despreciaron sus trabajos.
2 Al
verle, quedarán estremecidos de terrible espanto, estupefactos por lo inesperado de su
salvación.
3 Se
dirán mudando de parecer,
gimiendo en la angustia de su espíritu:
4 «Este
es aquel a quien hicimos entonces objeto de nuestras burlas, a quien dirigíamos, insensatos,
nuestros insultos. Locura nos
pareció su vida y su muerte, una
ignominia.
5 ¿Cómo,
pues, ha sido contado entre los hijos de Dios y tiene su herencia entre los santos?
6 Luego
vagamos fuera del camino de la verdad;
la luz de la justicia no nos alumbró, no salió el sol para nosotros.
7 Nos
hartamos de andar por sendas de iniquidad y perdición, atravesamos desiertos
intransitables; pero el camino
del Señor, no lo conocimos.
8 ¿De
qué nos sirvió nuestro orgullo?
¿De qué la riqueza y la jactancia?
9 Todo
aquello pasó como una sombra,
como noticia que va corriendo;
10 como
nave que atraviesa las aguas agitadas,
y no es posible descubrir la huella de su paso ni el rastro de su quilla en las
olas;
11 como
pájaro que volando atraviesa el aire,
y de su vuelo no se encuentra vestigio alguno; con el golpe de sus remos azota el
aire ligero, lo corta con agudo
silbido, se abre camino batiendo
las alas y después, no se
descubre señal de su paso;
12 como
flecha disparada al blanco; el
aire hendido refluye al instante sobre sí y no sabe el camino que la flecha
siguió.
13 Lo
mismo nosotros: apenas nacidos, dejamos de existir, y no podemos mostrar vestigio alguno
de virtud; nos gastamos en
nuestra maldad.»
14 En
efecto, la esperanza del impío es como brizna arrebatada por el viento, como espuma ligera acosada por el
huracán, se desvanece como el
humo con el viento; pasa como el
recuerdo del huésped de un día.
15 Los
justos, en cambio, viven eternamente;
en el Señor está su recompensa,
y su cuidado a cargo del Altísimo.
16 Recibirán
por eso de mano del Señor la
corona real del honor y la diadema de la hermosura; pues con su diestra los
protegerá y los escudará con su
brazo.
17 Tomará
su celo como armadura, y armará
a la creación para rechazar a sus enemigos;
18 por
coraza vestirá la justicia, se
pondrá por casco un juicio sincero,
19 tomará
por escudo su santidad invencible,
20 afilará
como espada su cólera inexorable,
y el universo saldrá con él a pelear contra los insensatos.
21 Partirán
certeros los tiros de los rayos,
de las nubes, como de arco bien tendido, saltarán al blanco,
22 de
una ballesta se disparará furioso granizo; las olas del mar se encresparán
contra ellos, los ríos los
anegarán sin piedad;
23 se
levantará contra ellos un viento poderoso y como huracán los aventará. Así la iniquidad asolará la tierra
entera y la maldad derribará los
tronos de los que están en el
poder.
Sabiduría 6
1 Oíd,
pues, reyes, y enteded. Aprended,
jueces de los confines de la tierra.
2 Estad
atentos los que gobernáis multitudes
y estáis orgullosos de la muchedumbre de vuestros pueblos.
3 Porque
del Señor habéis recibido el poder,
del Altísimo, la soberanía;
él examinará vuestras obras y sondeará vuestras intenciones.
4 Si,
como ministros que sois de su reino, no habéis juzgado rectamente, ni observado la ley, ni caminado siguiendo la voluntad de
Dios,
5 terrible
y repentino se presentará ante vosotros.
Porque un juicio implacable espera a los que están en lo alto;
6 al
pequeño, por piedad, se le perdona,
pero los poderosos serán poderosamente examinados.
7 Que
el Señor de todos ante nadie retrocede, no hay grandeza que se le
imponga; al pequeño como al
grande él mismo los hizo y de
todos tiene igual cuidado,
8 pero
una investigación severa aguarda a los que están en el poder.
9 A
vosotros, pues, soberanos, se dirigen mis palabras para que aprendaís sabiduría y no
faltéis;
10 porque
los que guarden santamente las cosas santas, serán reconocidos santos, y los que se dejen instruir en ellas,
encontrarán defensa.
11 Desead,
pues, mis palabras; ansiadlas,
que ellas os instruirán.
12 Radiante
e inmarcesible es la Sabiduría.
Fácilmente la contemplan los que la aman y la encuentran los que la buscan.
13 Se
anticipa a darse a conocer a los que la anhelan.
14 Quien
madruge para buscarla, no se fatigará,
que a su puerta la encontrará sentada.
15 Pensar
en ella es la perfección de la prudencia, y quien por ella se desvele, pronto
se verá sin cuidados.
16 Pues
ella misma va por todas partes buscando a los que son dignos de ella: se les muestra benévola en los
caminos y les sale al encuentro
en todos sus pensamientos.
17 Pues
su comienzo es el deseo más verdadero de instrucción, la preocupación por la instrucción es
el amor,
18 el
amor es la observancia de sus leyes,
la atención a las leyes es la garantía de la incorruptibilidad
19 y
la incorruptibilidad hace estar cerca de Dios;
20 por
tanto, el deseo de la Sabiduría conduce a la realeza.
21 Si,
pues, gustáis de tronos y cetros, soberanos de los pueblos, apreciad la Sabiduría para reinéis
eternamente.
22 Qué
es la Sabiduría y cómo ha nacido lo voy a declarar; no os ocultaré los misterios, sino que seguiré sus huellas desde el
comienzo de su
existencia, pondré su
conocimiento al descubierto y no
me apartaré de la verdad.
23 Tampoco
me acompañará en mi camino la envidia mezquina, que nada tiene que ver con la
Sabiduría.
24 Pues
la abundancia de sabios es la salvación del mundo y un rey prudente, la estabilidad del
pueblo.
25 Dejaos,
pues, instruir por mis palabras: os serán útiles.
Sabiduría 7
1 Yo
también soy un hombre mortal como todos, un descendiente del primero que fue
formado de la tierra. En el seno de una madre fui hecho carne;
2 durante
diez meses fui modelado en su sangre,
de una semilla de hombre y del placer que acompaña al sueño.
3 Yo
también, una vez nacido, aspiré el aire común, caí en la tierra que a todos recibe
por igual y mi primera voz fue
la de todos: lloré.
4 Me
crié entre pañales y cuidados.
5 Pues
no hay rey que haya tenido otro comienzo de su existencia;
6 una
es la entrada en la vida para todos y una misma la salida.
7 Por
eso pedí y se me concedió la prudencia;
supliqué y me vino el espíritu de Sabiduría.
8 Y
la preferí a cetros y tronos y
en nada tuve a la riqueza en comparación de ella.
9 Ni
a la piedra más preciosa la equiparé,
porque todo el oro a su lado es un puñado de arena y barro parece la plata en su
presencia.
10 La
amé más que la salud y la hermosura
y preferí tenerla a ella más que a la luz, porque la claridad que de ella nace
no conoce noche.
11 Con
ella me vinieron a la vez todos los bienes, y riquezas incalculables en sus
manos.
12 Y
yo me regocijé con todos estos bienes porque la Sabiduría los trae, aunque ignoraba que ella fuese su
madre.
13 Con
sencillez la aprendí y sin envidia la comunico; no me guardo ocultas sus riquezas
14 porque
es para los hombres un tesoro inagotable y los que lo adquieren se granjean la
amistad de Dios recomendados por
los dones que les trae la
instrucción.
15 Concédame
Dios hablar según él quiere y
concebir pensamientos dignos de sus dones, porque él es quien guía a la
Sabiduría y quien dirige a
los sabios;
16 que
nosotros y nuestras palabras en sus manos estamos con toda nuestra prudencia y destreza
en el obrar.
17 Fue
él quien me concedió un conocimiento verdadero de los seres, para conocer la estructura del mundo y la
actividad de los elementos,
18 el
principio, el fin y el medio de los tiempos, los cambios de los solsticios y la
sucesión de las estaciones,
19 los
ciclos del año y la posición de las estrellas,
20 la
naturaleza de los animales y los instintos de las fieras, el poder de los espíritus y los
pensamientos de los hombres,
las variedades de las plantas y las
virtudes de las raíces.
21 Cuanto
está oculto y cuanto se ve, todo lo conocí, porque el artífice de todo, la
Sabiduría, me lo enseñó.
22 Pues
hay en ella un espíritu inteligente, santo, único, múltiple, sutil, ágil, perspicaz, inmaculado, claro, impasible, amante del bien,
agudo,
23 incoercible,
bienhechor, amigo del hombre,
firme, seguro, sereno,
que todo lo puede, todo lo observa, penetra todos los espíritus, los inteligentes, los puros, los más
sutiles.
24 Porque
a todo movimiento supera en movilidad la Sabiduría, todo lo atraviesa y penetra en virtud
de su pureza.
25 Es
un hálito del poder de Dios, una
emanación pura de la gloria del Omnipotente, por lo que nada manchado llega a
alcanzarla.
26 Es
un reflejo de la luz eterna, un
espejo sin mancha de la actividad de Dios, una imagen de su bondad.
27 Aun
siendo sola, lo puede todo; sin
salir de sí misma, renueva el universo;
en todas las edades, entrando en las almas santas, forma en ellas amigos de Dios y
profetas,
28 porque
Dios no ama sino a quien vive con la Sabiduría.
29 Es
ella, en efecto, más bella que el sol,
supera a todas las constelaciones; comparada con la luz, sale vencedora,
30 porque
a la luz sucede la noche, pero
contra la Sabiduría no prevalece la maldad.
Sabiduría 8
1 Se
despliega vigorosamente de un confín al otro del mundo y gobierna de excelente manera el universo.
2 Yo
la amé y la pretendí desde mi juventud;
me esforcé por hacerla esposa mía y llegué a ser un apasionado de su
belleza.
3 Realza
su nobleza por su convivencia con Dios,
pues el Señor de todas las cosas la amó.
4 Pues
está iniciada en la ciencia de Dios
y es la que elige sus obras.
5 Si
en la vida la riqueza es una posesión deseable, ¿qué cosa más rica que la Sabiduría
que todo lo hace?
6 Si
la inteligencia es creadora, ¿quién
sino la Sabiduría es el artífice de cuanto existe?
7 ¿Amas
la justicia? Las virtudes son sus
empeños, pues ella enseña la
templanza y la prudencia, la
justicia y la fortaleza: lo más
provechoso para el hombre en la vida.
8 ¿Deseas
además gran experiencia? Ella conoce
el pasado y conjetura el porvenir,
sabe interpretar las máximas y resolver los enigmas, conoce de antemano las señales y los
prodigios, así como la sucesión
de épocas y tiempos.
9 Decidí,
pues, tomarla por compañera de mi vida,
sabiendo que me sería una consejera para el bien y un aliento en las preocupaciones y
penas:
10 «Tendré
gracias a ella gloria entre la gente,
y, aunque joven, honor ante los ancianos.
11 Apareceré
agudo en el juicio y en
presencia de los poderosos seré admirado.
12 Si
callo, esperarán; si hablo,
prestarán atención; si me alargo
hablando, pondrán la mano en su boca.
13 Gracias
a ella tendré la inmortalidad y
dejaré recuerdo eterno a los que después de mí vengan.
14 Gobernaré
a los pueblos, y las naciones me estarán sometidas.
15 Oyendo
hablar de mí, soberanos terribles temerán.
Me mostraré bueno entre las multitudes y valiente en la guerra.
16 Vuelto
a casa, junto a ella descansaré,
pues no causa amargura su compañía ni tristeza la convivencia con
ella, sino satisfacción y
alegría».
17 Pensando
esto conmigo mismo y
considerando en mi corazón que
se encuentra la inmortalidad en emparentar con la Sabiduría,
18 en
su amistad un placer bueno, en
los trabajos de sus manos inagotables riquezas, prudencia en cultivar su trato y prestigio en conversar con
ella, por todos los medios
buscaba la manera de hacérmela
mía.
19 Era
yo un muchacho de buen natural,
me cupo en suerte un alma buena,
20 o
más bien, siendo bueno, vine a un cuerpo incontaminado;
21 pero,
comprendiendo que no podría poseer la Sabiduría si Dios no me la daba, - y ya era un fruto de la prudencia
saber de quién procedía esta
gracia - recurrí al Señor y le
pedí, y dije con todo mi
corazón:
Sabiduría 9
1 «Dios
de los Padres, Señor de la misericordia, que hiciste el universo con tu
palabra,
2 y
con tu Sabiduría formaste al hombre
para que dominase sobre los seres por ti creados,
3 administrase
el mundo con santidad y justicia
y juzgase con rectitud de espíritu,
4 dame
la Sabiduría, que se sienta junto a tu trono, y no me excluyas del número de tus
hijos.
5 Que
soy un siervo tuyo, hijo de tu sierva,
un hombre débil y de vida efímera, poco apto para entender la justicia y
las leyes.
6 Pues,
aunque uno sea perfecto entre los hijos de los hombres, si le falta la Sabiduría que de ti
procede, en nada será tenido.
7 Tú
me elegiste como rey de tu pueblo,
como juez de tus hijos y tus hijas;
8 tú
me ordenaste edificar un santuario en tu monte santo y un altar en la ciudad donde
habitas, imitación de la Tienda
santa que habías preparado
desde el principio.
9 Contigo
está la Sabiduría que conoce tus obras,
que estaba presente cuando hacías el mundo, que sabe lo que es agradable a tus
ojos, y lo que es conforme a tus
mandamientos.
10 Envíala
de los cielos santos, mándala de
tu trono de gloria para que a mi
lado participe en mis trabajos y
sepa yo lo que te es agradable,
11 pues
ella todo lo sabe y entiende. Ella
me guiará prudentemente en mis empresas
y me protegerá con su gloria.
12 Entonces
mis obras serán aceptables,
juzgaré a tu pueblo con justicia
y seré digno del trono de mi padre.
13 ¿Qué
hombre, en efecto, podrá conocer la voluntad de Dios? ¿Quién hacerse idea de lo que el
Señor quiere?
14 Los
pensamientos de los mortales son tímidos e inseguras nuestras ideas,
15 pues
un cuerpo corruptible agobia el alma
y esta tienda de tierra abruma el espíritu lleno de preocupaciones.
16 Trabajosamente
conjeturamos lo que hay sobre la tierra
y con fatiga hallamos lo que está a nuestro alcance; ¿quién, entonces, ha rastreado lo que
está en los cielos?
17 Y
¿quién habría conocido tu voluntad, si tú no le hubieses dado la Sabiduría y no le hubieses enviado de lo alto
tu espíritu santo?
18 Sólo
así se enderezaron los caminos de los moradores de la tierra, así aprendieron los hombres lo que a
ti te agrada y gracias a la
Sabiduría se salvaron.»
Sabiduría 10
1 Ella
protegió al primer modelado, padre del mundo, que había sido creado solo; ella le sacó de su caída
2 y
le dio el poder de dominar sobre todas las cosas.
3 Pero
cuando un injusto, en su cólera, se apartó de ella, pereció por su furor fraticida.
4 Cuando
por su causa la tierra se vio sumergida, de nuevo la Sabiduría la salvó conduciendo al justo en un vulgar
leño.
5 En
la confusión que siguió a la común perversión de las naciones, ella conoció al justo, le conservó
irreprochable ante Dios y le mantuvo firme contra el
entrañable amor a su hijo.
6 Ella,
en el exterminio de los impíos, libró al justo cuando escapaba del fuego que bajaba
sobre Pentápolis.
7 Como
testimonio de aquella maldad
queda todavía una tierra desolada humeando, unas plantas cuyos frutos no alcanzan
sazón a su tiempo, y, como monumento de un alma
incrédula, se alza una columna
de sal.
8 Pues,
por haberse apartado del camino de la Sabiduría, no sólo sufrieron la desgracia de no
conocer el bien, sino que
dejaron además a los vivientes un recuerdo de su insensatez, para que ni sus faltas pudieran
quedar ocultas.
9 En
cambio, a sus servidores la Sabiduría los libró de sus fatigas.
10 Ella
al justo que huía de la cólera de su hermano le guió por caminos rectos; le mostró el reino de Dios y le dio el conocimiento de cosas
santas; le dio éxito en sus
duros trabajos y multiplicó el
fruto de sus fatigas;
11 le
asistió contra la avaricia de sus opresores y le enriqueció;
12 le
preservó de sus enemigos y le
protegió de los que le tendían asechanzas; y le concedió la palma en un duro
combate para enseñarle que la
piedad contra todo prevalece.
13 Ella
no desamparó al justo vendido,
sino que le libró del pecado;
14 bajó
con él a la cisterna y no le abandonó en las cadenas, hasta entregarle el cetro real y el poder sobre sus tiranos, hasta mostrar mentirosos a sus
difamadores y concederle una
gloria eterna.
15 Ella
libró de una nación opresora a un
pueblo santo y a una raza irreprochable.
16 Entró
en el alma de un servidor del Señor
e hizo frente a reyes temibles con prodigios y señales;
17 pagó
a los santos el salario de sus trabajos; los guió por un camino maravilloso, fue para ellos cobertura durante el
día y lumbre de estrellas
durante la noche;
18 les
abrió paso por el mar Rojo y los
condujo a través de las inmensas aguas,
19 mientras
a sus enemigos los sumergió y
luego los hizo saltar de las profundidades del abismo.
20 De
este modo los justos despojaron a los impíos; entonaron cantos, Señor, a tu santo
Nombre y unánimes celebraron tu
mano protectora,
21 porque
la Sabiduría abrió la boca de los mudos
e hizo claras las lenguas de los pequeñuelos.
Sabiduría 11
1 Ella
dirigió felizmente sus empresas por medio de un profeta santo.
2 Atravesaron
un desierto deshabitado y
fijaron sus tiendas en parajes inaccesibles;
3 hicieron
frente a sus enemigos y rechazaron a sus adversarios.
4 Tuvieron
sed y te invocaron: de una roca
abrupta se les dio agua, de una
piedra dura, remedio para su sed.
5 Lo
mismo que fue para sus enemigos un castigo, fue para ellos en su apuro un
beneficio.
6 En
vez de la fuente perenne de un río
enturbiado por una mezcla de sangre y barro
7 en
pena de su decreto infanticida,
diste a los tuyos inesperadamente un agua abundante,
8 mostrándoles
por la sed que entonces sufrieron
de qué modo habías castigado a sus adversarios.
9 Pues
cuando sufrieron su prueba - si
bien con misericordia corregidos -
conocieron cómo los impíos, juzgados con cólera, eran torturados;
10 pues
a ellos los habías probado como padre que amonesta, pero a los otros los habías castigado
como rey severo que condena.
11 Tanto
estando lejos como cerca, igualmente se consumían,
12 pues
una doble tristeza se apoderó de ellos,
y un lamento con el recuerdo del pasado:
13 porque,
al oír que lo mismo que era su castigo,
era para los otros un beneficio,
reconocieron al Señor;
14 pues
al que antes hicieron exponer y luego rechazaron con escarnio, al final de los acontecimientos le
admiraron después de padecer una
sed bien diferente de la de los
justos.
15 Por
sus locos e inicuos pensamientos
por los que, extraviados, adoraban reptiles sin razón y bichos despreciables, les enviaste en castigo muchedumbre
de animales sin razón,
16 para
que aprendiesen que, por donde uno peca, por allí es castigado.
17 Pues
bien podía tu mano omnipotente -
ella que de informe materia había creado el mundo - enviar contra ellos muchedumbre de
osos o audaces leones,
18 o
bien fieras desconocidas, entonces creadas, llenas de furor, respirando aliento de fuego, lanzando humo hediondo o despidiendo de sus ojos terribles centellas,
19 capaces,
no ya de aniquilarlos con sus ataques,
sino de destruirlos con sólo su estremecedor aspecto.
20 Y
aun sin esto, de un simple soplo podían sucumbir, perseguidos por la Justicia, aventados por el soplo de tu
poder. Pero tú todo lo dispusiste
con medida, número y peso.
21 Pues
el actuar con inmenso poder siempre está en tu mano. ¿Quién se podrá oponer a la fuerza de
tu brazo?
22 Como
lo que basta a inclinar una balanza, es el mundo entero en tu presencia, como la gota de rocío que a la mañana
baja sobre la tierra.
23 Te
compadeces de todos porque todo lo puedes y disimulas los pecados de los
hombres para que se arrepientan.
24 Amas
a todos los seres y nada de lo
que hiciste aborreces, pues, si
algo odiases, no lo habrías hecho.
25 Y
¿cómo habría permanecido algo si no hubieses querido? ¿Cómo se habría conservado lo que no
hubieses llamado?
26 Mas
tú con todas las cosas eres indulgente, porque son tuyas, Señor que amas la
vida,