NEHEMÍAS
Nehemías 1
1 Palabras de Nehemías, hijo de Jakalías. En el
mes de Kisléu, el año veinte del rey Artajerjes, estando yo en la ciudadela de
Susa,
2 Jananí, uno de mis hermanos, llegó con algunos
hombres venidos de Judá. Yo les pregunté por los judíos - el Resto que se había
salvado del cautiverio - y por Jerusalén.
3 Me respondieron: «Los restos del cautiverio
que han quedado allí en la provincia se encuentran en gran estrechez y
confusión. La muralla de Jerusalén está llena de brechas, y sus puertas
incendiadas.»
4 Al oír estas palabras me senté y me puse a
llorar; permanecí en duelo algunos días ayunando y orando ante el Dios del
cielo.
5 Y dije: «Ah, Yahveh, Dios del cielo, tú, el
Dios grande y temible, que guardas la alianza y el amor a los que te aman y observan tus mandamientos;
6 estén atentos tus oídos y abiertos tus ojos
para escuchar la oración de tu siervo, que yo hago ahora en tu presencia día y noche, por los hijos de Israel, tus
siervos, confesando los pecados que los hijos de Israel hemos cometido contra
ti; ¡yo mismo y la casa de mi padre hemos pecado!
7 Hemos obrado muy mal contigo, no observando
los mandamientos, los preceptos y las normas que tú habías prescrito a Moisés
tu siervo.
8 Pero acuérdate de la palabra que confiaste a
Moisés tu siervo: “Si sois infieles, yo os dispersaré entre los pueblos;
9 pero si, volviéndoos a mí guardáis mis
mandamientos y los ponéis en práctica, aunque vuestros desterrados estuvieron
en los confines de los cielos, yo los reuniré de allí y los conduciré de nuevo
al Lugar que he elegido para morada de
mi Nombre.”
10 Aquí tienes a tus siervos y a tu pueblo que tú
has rescatado con tu gran poder y tu fuerte mano.
11 ¡Ea, Señor, estén atentos tus oídos a la
oración de tu siervo, a la oración de tus servidores, que desean venerar tu Nombre! Concede ahora, te suplico, gracia
a tu siervo y haz que encuentre favor ante ese hombre.» Era yo entonces copero
del rey.
Nehemías 2
1 En el mes de Nisán, el año veinte del rey
Artajerjes, siendo yo encargado del vino, tomé vino y se lo ofrecí al rey. Anteriormente nunca había estado yo
triste.
2 Me dijo, pues, el rey: «¿Por qué ese semblante
tan triste? Tú, enfermo no estás. ¿Acaso tienes alguna preocupación en el
corazón?» Yo quedé muy turbado,
3 y dije al rey: «¡Viva por siempre el rey!
¿Cómo no ha de estar triste mi semblante, cuando la ciudad donde están las tumbas de mis padres está en ruinas, y
sus puertas devoradas por el fuego?»
4 Replicóme el rey: «¿Qué deseas, pues?» Invoqué
al Dios del cielo,
5 y respondí al rey: «Si le place al rey y estás
satisfecho de tu siervo, envíame a Judá, a la ciudad de las tumbas de mis padres, para que yo la reconstruya.»
6 El rey me preguntó, estando la reina sentada a
su lado: «¿Cuánto durará tu viaje? ¿Cuándo volverás?» Yo le fijé un plazo que
pareció aceptable al rey, y él me envió.
7 Añadí al rey: «Si le place al rey, que se me
den cartas para los gobernadores de Transeufratina, para que me faciliten el
camino hasta Judá;
8 y asimismo una carta para Asaf, el encargado
de los parques reales, para que me proporcione madera de construcción para las
puertas de la ciudadela del Templo, la muralla de la ciudad y la casa en que yo
me he de instalar.» El rey me lo concedió, pues la mano bondadosa de mi Dios
estaba conmigo.
9 Me dirigí, pues, a los gobernadores de
Transeufratina y les entregué las cartas del rey. El rey me había hecho
escoltar por oficiales del ejército y gente de a caballo.
10 Al enterarse de ello Samballat el joronita y
Tobías el servidor ammonita, les sentó muy mal que alguien viniera a procurar el bienestar de los israelitas.
11 Llegué a Jerusalén y me quedé allí tres días.
12 Luego me levanté de noche con unos pocos hombres,
sin comunicar a nadie lo que mi Dios me había inspirado que hiciera por
Jerusalén, y sin llevar conmigo más que la cabalgadura en que iba montado.
13 Saliendo, pues, de noche por la puerta del
Valle, me dirigí hacia la Fuente del Dragón y hacia la puerta del Muladar:
inspeccioné la muralla de Jerusalén por donde tenía brechas, y las puertas que
habían sido devoradas por el fuego.
14 Continué luego hacia la puerta de la Fuente y
la alberca del Rey, pero no había paso para mi cabalgadura.
15 Volví a subir, pues, de noche, por el Torrente,
inspeccionando la muralla, y volví a entrar por la puerta del Valle. Así
regresé a casa.
16 Los consejeros no supieron dónde había ido ni
lo que había hecho. Hasta entonces no había dicho nada a los judíos: ni a los
sacerdotes ni a los notables ni a los consejeros ni a los funcionarios;
17 entonces les dije: «Vosotros mismos veis la
triste situación en que nos encontramos, pues Jerusalén está en ruinas, y sus
puertas devoradas por el fuego. Vamos a reconstruir la muralla de Jerusalén, y
no seremos más objeto de escarnio.»
18 Y les referí cómo la mano bondadosa de mi Dios
había estado conmigo, y les relaté también las palabras que el rey me había
dicho. Ellos dijeron: «¡Levantémonos y construyamos!» Y se afianzaron en su buen
propósito.
19 Al enterarse de ello Samballat el joronita,
Tobías el siervo ammonita y Guésem el árabe, se burlaron de nosotros y vinieron a decirnos: «¿Qué hacéis? ¿Es que
os habéis rebelado contra el rey?»
20 Yo les respondí: «El Dios del cielo nos hará
triunfar. Nosotros sus siervos, vamos a ponernos a la obra. En cuanto a vosotros, no tenéis parte ni derecho ni
recuerdo en Jerusalén.»
Nehemías 3
1 El sumo sacerdote Elyasib y sus hermanos los
sacerdotes se encargaron de construir la puerta de las Ovejas: la armaron, fijaron sus hojas, barras y goznes,
y continuaron hasta la torre de los Cien y hasta la torre de Jananel.
2 Al lado de ellos construyeron los de Jericó; a
su lado construyó Zakkur, hijo de Imrí.
3 Los hijos de Hassenáa construyeron la puerta
de los Peces: la armaron y fijaron sus hojas, barras y goznes.
4 A su lado reparó Meremot, hijo de Urías, hijo
de Haqcós; a continuación reparó Mesullam, hijo de Berekías, hijo de Mesezabel;
a su lado reparó Sadoq, hijo de Baaná.
5 Junto a él repararon los de Técoa, pero sus
notables se negaron a poner su cuello al servicio de sus señores.
6 La puerta del Barrio nuevo la repararon
Yoyadá, hijo de Paséaj, y Mesullam, hijo de Besodías: la armaron y fijaron sus
hojas, barras y goznes.
7 A continuación de éstos repararon Melatías de
Gabaón y Yadón de Meronot, así como los de Gabaón y de Mispá, a expensas del
gobernador de Transeufratina.
8 A su lado reparó Uzziel, miembro del gremio de
los orfebres, y a continuación reparó Jananías, del gremio de los perfumistas:
ellos reconstruyeron Jerusalén hasta el muro de la Plaza.
9 A continuación reparó Refaías, hijo de Jur,
jefe de la mitad del distrito de Jerusalén.
10 A continuación reparó Yedaías, hijo de Harumaf,
delante de su casa; a continuación reparó Jattús, hijo de Hasabneías.
11 Malkiyías, hijo de Jarim, y Jassub, hijo de
Pajat Moab, repararon la parte siguiente, hasta la torre de los Hornos.
12 A continuación de éstos reparó, con sus hijos,
Sallum, hijo de Hallojés, jefe de la mitad del distrito de Jerusalén.
13 Repararon la puerta del Valle, Hanún y los
habitantes de Zanóaj: la construyeron, fijaron sus hojas, barras y goznes, e
hicieron mil codos de muro, hasta la puerta del Muladar.
14 La puerta del Muladar la reparó Malkiyías, hijo
de Rekab, jefe del distrito de Bet Hakkérem, con sus hijos: fijó sus hojas,
barras y goznes.
15 La puerta de la Fuente la reparó Sallum, hijo
de Kol Jozé, jefe del distrito de Mispá: la construyó, la cubrió y fijó sus
hojas, barras y goznes. También restauró el muro de la alberca del canal, que
está junto al huerto del rey, hasta las escaleras que bajan de la Ciudad de
David.
16 Después de él Nehemías, hijo de Aztuq, jefe de
la mitad del distrito de Bet Sur, reparó hasta enfrente de las tumbas de David,
hasta la alberca artificial y hasta la Casa de los Valientes.
17 A continuación repararon los levitas: Rejum,
hijo de Baní; a su lado reparó Jasabías, jefe de la mitad del distrito de
Queilá, en su distrito;
18 a continuación repararon sus hermanos: Binnuy,
hijo de Jenadad, jefe de la mitad del distrito de Queilá;
19 a continuación Ezer, hijo de Josué, jefe de
Mispá, reparó otra sección frente a la subida del Arsenal del Angulo.
20 Después de él Baruc, hijo de Zabbay, reparó
otro sector, desde el Angulo hasta la puerta de la casa del sumo sacerdote
Elyasib.
21 Después de él Meremot, hijo de Urías, hijo de
Haqcós, reparó otro sector, desde la puerta de la casa de Elyasib hasta el término de la misma.
22 Después de él prosiguieron la reparación los
sacerdotes que habitaban en la Vega.
23 Repararon a continuación Benjamín y Jassub
frente a sus casas. Después de ellos Azarías, hijo de Maaseías, hijo de
Ananías, reparó junto a su casa.
24 Después de él Binnuy, hijo de Jenadad, reparó
otra sección, desde la casa de Azarías hasta el Angulo y la esquina.
25 A continuación Palal, hijo de Uzay, reparó
enfrente del Angulo y de la torre en saliente de la casa del rey, la de arriba
que da al patio de la cárcel. Después de él Pedaías, hijo de Parós, reparó
26 hasta la puerta de las Aguas hacia Oriente y
hasta delante de la torre en saliente.
27 A continuación los de Técoa repararon otro
sector frente a la torre grande en saliente hasta el muro del Ofel.
28 Desde la puerta de los Caballos repararon los
sacerdotes, cada uno frente a su casa.
29 Después de ellos reparó Sadoq, hijo de Immer,
frente a su casa. Después de él reparó Semaías, hijo de Sekanías, encargado de
la puerta Oriental.
30 Después de él, Jananías, hijo de Selemías, y
Janún, sexto hijo de Salaf, repararon otro sector. A continuación reparó
Mesullam, hijo de Berekías, frente a su vivienda.
31 Después de él Malkiyías, del gremio de los
orfebres, reparó hasta la casa de los donados y de los comerciantes, frente a
la puerta de la Inspección, hasta la cámara alta del ángulo.
32 Y entre la cámara alta del ángulo y la puerta
de las Ovejas, repararon los orfebres y los comerciantes.
33 Cuando Samballat se enteró de que estábamos
reconstruyendo la muralla, montó en cólera y se irritó mucho. Se burlaba de los
judíos,
34 y decía delante de sus hermanos y de la gente
principal de Samaría: «¿Qué pretenden hacer esos miserables judíos? ¿Es que
quieren terminar en un día? ¿Van a dar vida a esas piedras, sacadas de montones
de escombros y calcinadas?»
35 Tobías el ammonita, que estaba junto a él, dijo:
«¡Déjales que construyan; que si un chacal se alza, abrirá brecha en su muralla
de piedra!»
36 ¡Escucha, Dios nuestro, porque nos desprecian.
Haz que caiga su insulto sobre su cabeza. Entrégalos al desprecio en un país de
cautividad!
37 No pases por alto su iniquidad, ni su pecado
sea borrado en tu presencia, porque han insultado a los constructores.
38 Construimos, pues, la muralla, que quedó
terminada hasta media altura. El pueblo había puesto su corazón en el trabajo.
Nehemías 4
1 Cuando Samballat, Tobías, los árabes, los
ammonitas y los asdoditas se enteraron de que la reparación de la muralla de Jerusalén adelantaba - pues las brechas
comenzaban a taparse - se enfurecieron mucho;
2 y se conjuraron todos a una para venir a
atacar a Jerusalén y a humillarme a mí.
3 Pero invocamos a nuestro Dios y montamos
guardia contra ellos de día y de noche.
4 Judá decía: «¡Flaquean las fuerzas de los
cargadores: hay demasiado escombro; nosotros no podemos reconstruir la muralla!»
5 Y nuestros enemigos decían: «¡Antes que se
enteren o se den cuenta, iremos contra ellos, y los mataremos y pararemos la obra!»
6 Pero algunos judíos que vivían junto a ellos
vinieron a advertirnos por diez veces: «Vienen contra nosotros desde todos los lugares que habitan.»
7 Se apostó, pues, el pueblo en los puntos más
bajos, detrás de la muralla y en los lugares descubiertos, y coloqué a la gente
por familias, cada uno con sus espadas, sus lanzas y sus arcos.
8 Al ver su miedo, me levanté y dije a los
notables, a los consejeros y al resto del pueblo: «¡No les tengáis miedo;
acordaos del Señor, grande y terrible, y combatid por vuestros hermanos,
vuestros hijos y vuestras hijas, vuestras mujeres y vuestras casas!»
9 Cuando nuestros enemigos supieron que
estábamos advertidos y que Dios había desbaratado sus planes, se retiraron, y
todos nosotros volvimos a la muralla, cada cual a su trabajo.
10 Pero desde aquel día, sólo la mitad de mis
hombres tomaban parte en el trabajo; la otra mitad, provistos de lanzas,
escudos, arcos y corazas, se mantenía detrás de toda la casa de Judá
11 que construía la muralla. También los
cargadores estaban armados: con una mano cuidaba cada uno de su trabajo, con la
otra empuñaba el arma.
12 Cada uno de los constructores tenía ceñida a la
cintura su espada mientras trabajaba. Había un corneta junto a mí para sonar el
cuerno.
13 Dije a los notables, a los consejeros y al
resto del pueblo: «La obra es importante y extensa, y nosotros estamos diseminados a lo largo de la muralla, lejos
unos de otros:
14 corred a reuniros con nosotros al lugar donde
oigáis el sonido del cuerno, y nuestro Dios combatirá por nosotros.»
15 Así organizábamos el trabajo desde el despuntar
del alba hasta que salían las estrellas.
16 Dije también entonces al pueblo: «Todos pasarán
la noche en Jerusalén con sus criados, y así haremos guardia de noche y trabajaremos de día.»
17 Pero ni yo ni mis hermanos ni mis gentes mi los
hombres de guardia que me seguían nos quitábamos la ropa; todos nosotros teníamos el arma en la mano.
Nehemías 5
1 Un gran clamor se suscitó entre la gente del
pueblo y sus mujeres contra sus hermanos judíos.
2 Había quienes decían: «Nosotros tenemos que
dar en prenda nuestros hijos y nuestras hijas para obtener grano con que comer
y vivir.»
3 Había otros que decían: «Nosotros tenemos que
empeñar nuestros campos, nuestras viñas y nuestras casas para conseguir grano
en esta penuria.»
4 Y otros decían: «Tenemos que pedir prestado
dinero a cuenta de nuestros campos y de nuestras viñas para el impuesto del
rey;
5 y siendo así que tenemos la misma carne que
nuestros hermanos, y que nuestros hijos son como sus hijos, sin embargo tenemos
que entregar como esclavos a nuestros hijos y a nuestras hijas; ¡hay incluso
entre nuestras hijas quienes son
deshonradas! Y no podemos hacer nada, ya que nuestros campos y nuestras viñas
pertenecen a otros.»
6 Yo me indigné mucho al oír su queja y estas
palabras.
7 Tomé decisión en mi corazón de reprender a los
notables y a los consejeros, y les dije: «¡Qué carga impone cada uno de vosotros a su hermano!» Congregué
contra ellos una gran asamblea,
8 y les dije: «Nosotros hemos rescatado, en la
medida de nuestras posibilidades, a nuestros hermanos judíos que habían sido
vendidos a las naciones. ¡Y ahora sois vosotros los que vendéis a vuestros hermanos
para que nosotros los rescatemos!» Ellos callaron sin saber qué responder.
9 Y yo continué: «No está bien lo que estáis
haciendo. ¿No queréis caminar en el temor de nuestro Dios, para evitar los
insultos de las naciones enemigas?
10 También yo, mis hermanos y mi gente, les hemos
prestado dinero y trigo. Pues bien, condonemos estas deudas.
11 Restituidles inmediatamente sus campos, sus
viñas, sus olivares y sus casas, y perdonadles la deuda del dinero, del trigo,
del vino y del aceite que les habéis prestado.»
12 Respondieron ellos: «Restituiremos y no les
reclamaremos ya nada; haremos como tú has dicho.» Entonces llamé a los
sacerdotes y les hice jurar que harían seguir esta promesa.
13 Luego sacudí los pliegues de mi manto diciendo:
«¡Así sacuda Dios, fuera de su casa y de su hacienda, a todo aquel que no
mantenga esta palabra: así sea sacudido y despojado!» Toda la asamblea
respondió: «¡Amén!», y alabó a Yahveh. Y el pueblo cumplió esta palabra.
14 Además, desde el día en que el rey me mandó ser
gobernador del país de Judá, desde el año veinte hasta el 32 del rey
Artajerjes, durante doce años, ni yo ni mis hermanos comimos jamás del pan del
gobernador.
15 En cambio los gobernadores anteriores que me
precedieron gravaban al pueblo: cada día percibían de él, como contribución por
el pan, cuarenta siclos de plata; también sus servidores oprimían al pueblo.
Pero yo, por temor de Dios, no hice nunca esto.
16 Además he ayudado a la obra de la reparación de
esta muralla, y, aunque no he adquirido campos, toda mi gente estaba también
allí colaborando en la tarea.
17 A mi mesa se sentaban los jefes y los
consejeros en número de 150 sin contar los que venían a nosotros de las
naciones vecinas.
18 Diariamente se aderezaban a expensas mías un
toro, seis carneros escogidos y aves; y cada diez días se traía cantidad de
odres de vino. Y a pesar de todo, jamás reclamé el pan del gobernador, porque
un duro trabajo gravaba ya al pueblo.
19 ¡Acuérdate, Dios mío, para mi bien, de todo lo
que he hecho por este pueblo!
Nehemías 6
1 Cuando Samballat, Tobías, Guésem el árabe, y
los demás enemigos nuestros se enteraron de que yo había reconstruido la
muralla y de que ya no quedaba en ella brecha alguna - aunque en aquel tiempo
no estaban colocadas las hojas de las puertas -
2 Samballat y Guésem mandaron a decirme: «Ven a
entrevistarte con nosotros en Hakkefirim, en el valle de Onó.» Pero ellos
tramaban hacerme mal.
3 Por eso les envié mensajeros para decirles:
«Estoy ocupado en una obra importante y no puedo bajar; ¿por qué voy a dejar
que la obra se pare abandonándola para bajar donde vosotros?»
4 Cuatro veces me enviaron el mismo recado, y yo
di la misma respuesta.
5 Entonces Samballat me envió a decir por quinta
vez lo mismo por un criado suyo que traía una carta abierta
6 en la que estaba escrito: «Se oye entre las
naciones, y así lo afirma Gasmu, el rumor de que tú y los judíos estáis pensando sublevaros; que para ello
reconstruyes la muralla y tratas de hacerte su rey,
7 que incluso has designado profetas para
proclamar acerca de ti en Jerusalén: ¡Judá tiene rey! Estos rumores van a ser
oídos por el rey; así que ven para que tomemos consejo juntos.»
8 Pero yo les mandé decir: «No hay nada de eso
que dices; son invenciones de tu corazón.»
9 Porque lo que querían era meternos miedo,
pensando: «Desfallecerán sus manos y no acabarán la obra.» Pero, por el
contrario, yo me reafirmé más.
10 Había ido yo a casa de Semaías, hijo de
Delaías, hijo Mehetabel, que se encontraba detenido. Dijo él: «Démonos cita en
la Casa de Dios, en el interior del santuario; cerremos las puertas del
santuario; porque van a venir a
matarte, esta misma noche vienen
a matarte.»
11 Pero yo respondí: «¿Un hombre como yo va a
huir? ¿Qué hombre que sea como yo entraría en el santuario para salvar su vida? No iré.»
12 Pues comprendí que él no había sido enviado por
Dios, sino que había dicho esta profecía sobre mí porque Tobías le había
comprado,
13 para que yo, llevado del miedo, lo hiciera así
y pecase; y esto me diera mala fama y pudieran burlarse de mí.
14 Acuérdate, Dios mío, de Tobías, por lo que ha
hecho; y también de Noadía, la profetisa, y de los demás profetas que trataron
de asustarme.
15 La muralla quedó terminada el día veinticinco
de Elul, en 52 días.
16 Cuando se enteraron todos nuestros enemigos y
todas las naciones de alrededor lo vieron, les pareció una gran maravilla y
reconocieron que esta obra había sido realizada por nuestro Dios.
17 En aquellos mismos días, los notables de Judá
multiplicaron sus cartas dirigidas a Tobías y recibían las de éste;
18 porque tenía en Judá muchos aliados, por ser
yerno de Sekanías, hijo de Ará, y por estar casado su hijo Yehojanán con la
hija de Mesullam, hijo de Berekías.
19 Incluso llegaron a hablar bien de Tobías en mi
presencia y le repetían mis palabras. Y Tobías mandaba cartas para intimidarme.
Nehemías 7
1 Reconstruida la muralla, y una vez que hube
fijado las hojas de las puertas, se colocaron guardias en las puertas (cantores
y levitas).
2 Puse al frente de Jerusalén a mi hermano
Jananí y a Jananías, jefe de la ciudadela, porque era un hombre fiel y temeroso de Dios como pocos;
3 y les dije: «No se abrirán las puertas de
Jerusalén hasta que el sol comience a calentar; y cuando todavía esté alto, se
cerrarán y se echarán las barras a las puertas; y se establecerán puestos de
guardia de entre los habitantes de Jerusalén, unos en su puesto y otros delante
de su casa.»
4 La ciudad era espaciosa y grande, pero tenía
muy poca población y no se fundaban nuevas familias.
5 Me puso Dios en el corazón reunir a los
notables, a los consejeros y al pueblo, para hacer el registro genealógico.
Hallé el registro genealógico de los que habían venido al principio, y encontré
escrito en él:
6 Estas son las personas de la provincia que regresaron
del cautiverio, aquellos que Nabucodonosor, rey de Babilonia, había deportado y
que volvieron a Jerusalén y Judea, cada uno a su ciudad.
7 Vinieron con Zorobabel, Josué, Nehemías,
Azarías, Raamías, Najamaní, Mardoqueo, Bilsán, Mispéret, Bigvay, Nejum y Baaná.
Lista de los hombres del pueblo de Israel:
8 los hijos de Parós: 2.172;
9 los hijos de Sefatías: 372;
10 los hijos de Araj: 652;
11 los hijos de Pajat Moab, por parte de los hijos
de Josué y de Joab: 2.818;
12 los hijos de Elam: 1.254;
13 los hijos de Zattú: 845;
14 los hijos de Zakkay: 760;
15 los hijos de Binnuy: 648;
16 los hijos de Bebay: 628;
17 los hijos de Azgad: 2.322;
18 los hijos de Adonicam: 667;
19 los hijos de Bigvay: 2.067;
20 los hijos de Adín: 655;
21 los hijos de Ater, de Ezequías: 98;
22 los hijos de Jalum: 328;
23 los hijos de Besay: 324;
24 los hijos de Jarif: 112;
25 los hijos de Gabaón: 95;
26 los hombres de Belén y de Netofá: 188;
27 los hombres de Anatot: 128;
28 los hombres de Bet Azmávet: 42;
29 los hombres de Quiryat Yearim, Kefirá y Beerot:
743;
30 los hombres de Ramá y Gueba: 621;
31 los hombres de Mikmás: 122;
32 los hombres de Betel y de Ay: 123;
33 los hombres de Nebo: 52;
34 los hijos del otro Elam: 1.254;
35 los hijos de Jarim: 320;
36 los hombres de Jericó: 345;
37 los hijos de Lod, Jadid y Onó: 721;
38 los hijos de Senaá: 3.930.
39 Sacerdotes: los hijos de Yedaías, de la casa de
Josué: 973;
40 los hijos de Immer: 1.052;
41 los hijos de Pasjur: 1.247;
42 los hijos de Jarim: 1.017.
43 Levitas: los hijos de Josué y Cadmiel, de los
hijos de Hodías: 74.
44 Cantores: los hijos de Asaf: 148.
45 Porteros: los hijos de Sallum, los hijos de
Ater, los hijos de Talmón, los hijos de Aqcub, los hijos de Jatitá, los hijos
de Sobay: 138.
46 Donados: los hijos de Sijá, los hijos de
Jasufá, los hijos de Tabbaot,
47 los hijos de Querós, los hijos de Siá, los
hijos de Padón,
48 los hijos de Lebaná, los hijos de Jagabá, los
hijos de Salmay,
49 los hijos de Janán, los hijos de Guiddel, los
hijos de Gajar,
50 los hijos de Reaías, los hijos de Resín, los
hijos de Necodá,
51 los hijos de Gazzam, los hijos de Uzzá, los
hijos de Paséaj,
52 los hijos de Besay, los hijos de los meunitas,
los hijos de los nefusitas,
53 los hijos de Baqbuq, los hijos de Jacufá, los
hijos de Jarjur,
54 los hijos de Baslit, los hijos de Mejidá, los
hijos de Jarsá,
55 los hijos de Barcós, los hijos de Sisrá, los
hijos de Témaj,
56 los hijos de Nesíaj, los hijos de Jatifá.
57 Los hijos de los siervos de Salomón: los hijos
de Setay, los hijos de Soféret, los hijos de Peridá,
58 los hijos de Yaalá, los hijos de Darcón, los
hijos de Guiddel,
59 los hijos de Sefatías, los hijos de Jattil, los
hijos de Pokéret Hassebayim, los hijos de Amón.
60 Total de los donados y de los hijos de los
siervos de Salomón: 392.
61 Y estos eran los que venían de Tel Mélaj, Tel
Jarsá, Kerub, Addón e Immer, y que no pudieron probar si su familia y su
estirpe eran de origen israelita:
62 los hijos de Belaías, los hijos de Tobías, los
hijos de Necodá: 642.
63 Y entre los sacerdotes, los hijos de Jobayías,
los hijos Haqcós, los hijos de Barzillay - el cual se había casado con una de las hijas de Barzillay el
galaadita, cuyo nombre adoptó -.
64 Estos investigaron en su registro genealógico,
pero no figuraban; por lo cual se les excluyó del sacerdocio como ilegítimos,
65 y el Gobernador les prohibió comer de las cosas
sacratísimas hasta que no se presentara un sacerdote para el Urim y el Tummim.
66 La asamblea ascendía a 42.360 personas,
67 sin contar sus siervos y siervas en número de
7.337; tenían también 245 cantores y cantoras.
68 Tenían (736 caballos, 245 mulos) 435 camellos y
6.720 asnos.
69 Algunos de los cabezas de familia hicieron
ofrendas para la obra. El Gobernador entregó al tesoro mil dracmas de oro, 50
copas y 30 túnicas sacerdotales.
70 Entre los cabezas de familia entregaron al
tesoro de la obra 20.000 dracmas de oro y 2.200 minas de plata.
71 Lo que entregó el resto del pueblo ascendía a
20.000 dracmas de oro, 2.000 minas de plata y 67 túnicas sacerdotales.
72 Los sacerdotes, los levitas, los porteros, los
cantores, los donados y todos los demás israelitas se establecieron en sus
ciudades. Llegado el mes séptimo,