EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS
Marcos 1
1 Comienzo del Evangelio de Jesucristo, Hijo de
Dios.
2 Conforme está escrito en Isaías el profeta: =
Mira, envío mi mensajero delante de ti,
el que ha de preparar tu camino. =
3 = Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas, =
4 apareció Juan bautizando en el desierto,
proclamando un bautismo de conversión para perdón de los pecados.
5 Acudía a él gente de toda la región de Judea y
todos los de Jerusalén, y eran bautizados por él en el río Jordán, confesando
sus pecados.
6 Juan llevaba un vestido de pie de camello; y
se alimentaba de langostas y miel silvestre.
7 Y proclamaba: «Detrás de mí viene el que es
más fuerte que yo; y no soy digno de desatarle, inclinándome, la correa de sus sandalias.
8 Yo os he bautizado con agua, pero él os
bautizará con Espíritu Santo.»
9 Y sucedió que por aquellos días vino Jesús
desde Nazaret de Galilea, y fue bautizado por Juan en el Jordán.
10 En cuanto salió del agua vio que los cielos se
rasgaban y que el Espíritu, en forma de paloma, bajaba a él.
11 Y se oyó una voz que venía de los cielos: «Tú
eres mi Hijo amado, en ti me complazco.»
12 A continuación, el Espíritu le empuja al
desierto,
13 y permaneció en el desierto cuarenta días,
siendo tentado por Satanás. Estaba entre los animales del campo y los ángeles le servían.
14 Después que Juan fue entregado, marchó Jesús a
Galilea; y proclamaba la Buena Nueva de Dios:
15 «El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios
está cerca; convertíos y creed en la Buena Nueva.»
16 Bordeando el mar de Galilea, vio a Simón y
Andrés, el hermano de Simón, largando las redes en el mar, pues eran pescadores.
17 Jesús les dijo: «Venid conmigo, y os haré
llegar a ser pescadores de hombres.»
18 Al instante, dejando las redes, le siguieron.
19 Caminando un poco más adelante, vio a Santiago,
el de Zebedeo, y a su hermano Juan; estaban también en la barca arreglando las redes;
20 y al instante los llamó. Y ellos, dejando a su
padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, se fueron tras él.
21 Llegan a Cafarnaúm. Al llegar el sábado entró
en la sinagoga y se puso a enseñar.
22 Y quedaban asombrados de su doctrina, porque
les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas.
23 Había precisamente en su sinagoga un hombre poseído
por un espíritu inmundo, que se puso a gritar:
24 «¿Qué tenemos nosotros contigo, Jesús de
Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres tú: el Santo de Dios.»
25 Jesús, entonces, le conminó diciendo: «Cállate
y sal de él.»
26 Y agitándole violentamente el espíritu inmundo,
dio un fuerte grito y salió de él.
27 Todos quedaron pasmados de tal manera que se
preguntaban unos a otros: «¿Qué es esto? ¡Una doctrina nueva, expuesta con
autoridad! Manda hasta a los espíritus inmundos y le obedecen.»
28 Bien pronto su fama se extendió por todas
partes, en toda la región de Galilea.
29 Cuando salió de la sinagoga se fue con Santiago
y Juan a casa de Simón y Andrés.
30 La suegra de Simón estaba en cama con fiebre; y
le hablan de ella.
31 Se acercó y, tomándola de la mano, la levantó.
La fiebre la dejó y ella se puso a servirles.
32 Al atardecer, a la puesta del sol, le trajeron
todos los enfermos y endemoniados;
33 la ciudad entera estaba agolpada a la puerta.
34 Jesús curó a muchos que se encontraban mal de
diversas enfermedades y expulsó muchos demonios. Y no dejaba hablar a los demonios, pues le conocían.
35 De madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro,
se levantó, salió y fue a un lugar solitario y allí se puso a hacer oración.
36 Simón y sus compañeros fueron en su busca;
37 al encontrarle, le dicen: «Todos te buscan.»
38 El les dice: «Vayamos a otra parte, a los
pueblos vecinos, para que también allí predique; pues para eso he salido.»
39 Y recorrió toda Galilea, predicando en sus
sinagogas y expulsando los demonios.
40 Se le acerca un leproso suplicándole y, puesto
de rodillas, le dice: «Si quieres, puedes limpiarme.»
41 Compadecido de él, extendió su mano, le tocó y
le dijo: «Quiero; queda limpio.»
42 Y al instante, le desapareció la lepra y quedó
limpio.
43 Le despidió al instante prohibiéndole
severamente:
44 «Mira, no digas nada a nadie, sino vete,
muéstrate al sacerdote y haz por tu purificación la ofrenda que prescribió
Moisés para que les sirva de testimonio.»
45 Pero él, así que se fue, se puso a pregonar con
entusiasmo y a divulgar la noticia, de modo que ya no podía Jesús presentarse en público en ninguna ciudad,
sino que se quedaba a las afueras, en lugares solitarios. Y acudían a él de todas partes.
Marcos 2
1 Entró de nuevo en Cafarnaúm; al poco tiempo
había corrido la voz de que estaba en casa.
2 Se agolparon tantos que ni siquiera ante la
puerta había ya sitio, y él les anunciaba la Palabra.
3 Y le vienen a traer a un paralítico llevado
entre cuatro.
4 Al no poder presentárselo a causa de la
multitud, abrieron el techo encima de donde él estaba y, a través de la abertura que hicieron, descolgaron la camilla
donde yacía el paralítico.
5 Viendo Jesús la fe de ellos, dice al
paralítico: «Hijo, tus pecados te son perdonados.»
6 Estaban allí sentados algunos escribas que
pensaban en sus corazones:
7 «¿Por qué éste habla así? Está blasfemando.
¿Quién puede perdonar pecados, sino Dios sólo?»
8 Pero, al instante, conociendo Jesús en su
espíritu lo que ellos pensaban en su interior, les dice: «¿Por qué pensáis así
en vuestros corazones?
9 ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: “Tus
pecados te son perdonados”, o decir: “Levántate, toma tu camilla y anda?”
10 Pues para que sepáis que el Hijo del hombre
tiene en la tierra poder de perdonar pecados - dice al paralítico -:
11 “A ti te digo, levántate, toma tu camilla y
vete a tu casa.”»
12 Se levantó y, al instante, tomando la camilla,
salió a la vista de todos, de modo que quedaban todos asombrados y glorificaban a Dios, diciendo: «Jamás vimos
cosa parecida.»
13 Salió de nuevo por la orilla del mar, toda la
gente acudía a él, y él les enseñaba.
14 Al pasar, vio a Leví, el de Alfeo, sentado en
el despacho de impuestos, y le dice: «Sígueme.» El se levantó y le siguió.
15 Y sucedió que estando él a la mesa en casa de
Leví, muchos publicanos y pecadores estaban a la mesa con Jesús y sus
discípulos, pues eran muchos los que le seguían.
16 Al ver los escribas de los fariseos que comía
con los pecadores y publicanos, decían a los discípulos: «¿Qué? ¿Es que come
con los publicanos y pecadores?»
17 Al oír esto Jesús, les dice: «No necesitan
médico los que están fuertes, sino los que están mal; no he venido a llamar a
justos, sino a pecadores.»
18 Como los discípulos de Juan y los fariseos
estaban ayunando, vienen y le dicen: «¿Por qué mientras los discípulos de Juan
y los discípulos de los fariseos ayunan, tus discípulos no ayunan?»
19 Jesús les dijo: «¿Pueden acaso ayunar los
invitados a la boda mientras el novio está con ellos? Mientras tengan consigo al novio no pueden ayunar.
20 Días vendrán en que les será arrebatado el
novio; entonces ayunarán, en aquel día.
21 Nadie cose un remiendo de paño sin tundir en un
vestido viejo, pues de otro modo, lo añadido tira de él, el paño nuevo del
viejo, y se produce un desgarrón peor.
22 Nadie echa tampoco vino nuevo en pellejos
viejos; de otro modo, el vino reventaría los pellejos y se echaría a perder
tanto el vino como los pellejos: sino que el vino nuevo, en pellejos nuevos.
23 Y sucedió que un sábado, cruzaba Jesús por los
sembrados, y sus discípulos empezaron a abrir camino arrancando espigas.
24 Decíanle los fariseos: «Mira ¿por qué hacen en
sábado lo que no es lícito?»
25 El les dice: «¿Nunca habéis leído lo que hizo
David cuando tuvo necesidad, y él y los que le acompañaban sintieron hambre,
26 cómo entró en la Casa de Dios, en tiempos del
Sumo Sacerdote Abiatar, y comió los panes de la presencia, que sólo a los
sacerdotes es lícito comer, y dio también a los que estaban con él?»
27 Y les dijo: «El sábado ha sido instituido para
el hombre y no el hombre para el sábado.
28 De suerte que el Hijo del hombre también es
señor del sábado.»
Marcos 3
1 Entró de nuevo en la sinagoga, y había allí un
hombre que tenía la mano paralizada.
2 Estaban al acecho a ver si le curaba en sábado
para poder acusarle.
3 Dice al hombre que tenía la mano seca:
«Levántate ahí en medio.»
4 Y les dice: «¿Es lícito en sábado hacer el
bien en vez del mal, salvar una vida en vez de destruirla?» Pero ellos
callaban.
5 Entonces, mirándoles con ira, apenado por la
dureza de su corazón, dice al hombre: «Extiende la mano.» El la extendió y
quedó restablecida su mano.
6 En cuanto salieron los fariseos, se
confabularon con los herodianos contra él para ver cómo eliminarle.
7 Jesús se retiró con sus discípulos hacia el
mar, y le siguió una gran muchedumbre de Galilea. También de Judea,
8 de Jerusalén, de Idumea, del otro lado del
Jordán, de los alrededores de Tiro y Sidón, una gran muchedumbre, al oír lo que hacía, acudió a él.
9 Entonces, a causa de la multitud, dijo a sus
discípulos que le prepararan una pequeña barca, para que no le aplastaran.
10 Pues curó a muchos, de suerte que cuantos
padecían dolencias se le echaban encima para tocarle.
11 Y los espíritus inmundos, al verle, se
arrojaban a sus pies y gritaban: «Tú eres el Hijo de Dios.»
12 Pero él les mandaba enérgicamente que no le
descubrieran.
13 Subió al monte y llamó a los que él quiso; y
vinieron donde él.
14 Instituyó Doce, para que estuvieran con él, y
para enviarlos a predicar
15 con poder de expulsar los demonios.
16 Instituyó a los Doce y puso a Simón el nombre
de Pedro;
17 a Santiago el de Zebedeo y a Juan, el hermano
de Santiago, a quienes puso por nombre Boanerges, es decir, hijos del trueno;
18 a Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás,
Santiago el de Alfeo, Tadeo, Simón el Cananeo
19 y Judas Iscariote, el mismo que le entregó.
20 Vuelve a casa. Se aglomera otra vez la
muchedumbre de modo que no podían comer.
21 Se enteraron sus parientes y fueron a hacerse
cargo de él, pues decían: «Está fuera de sí.»
22 Los escribas que habían bajado de Jerusalén
decían: «Está poseído por Beelzebul» y «por el príncipe de los demonios expulsa
los demonios.»
23 El, llamándoles junto a sí, les decía en
parábolas: «¿Cómo puede Satanás expulsar a Satanás?
24 Si un reino está dividido contra sí mismo, ese
reino no puede subsistir.
25 Si una casa está dividida contra sí misma, esa
casa no podrá subsistir.
26 Y si Satanás se ha alzado contra sí mismo y
está dividido, no puede subsistir, pues ha llegado su fin.
27 Pero nadie puede entrar en la casa del fuerte y
saquear su ajuar, si no ata primero al fuerte; entonces podrá saquear su casa.
28 Yo os aseguro que se perdonará todo a los hijos
de los hombres, los pecados y las blasfemias, por muchas que éstas sean.
29 Pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo,
no tendrá perdón nunca, antes bien, será reo de pecado eterno.»
30 Es que decían: «Está poseído por un espíritu
inmundo.»
31 Llegan su madre y sus hermanos, y quedándose
fuera, le envían a llamar.
32 Estaba mucha gente sentada a su alrededor. Le
dicen: «¡Oye!, tu madre, tus hermanos y tus hermanas están fuera y te buscan.»
33 El les responde: «¿Quién es mi madre y mis
hermanos?»
34 Y mirando en torno a los que estaban sentados
en corro, a su alrededor, dice: «Estos son mi madre y mis hermanos.
35 Quien cumpla la voluntad de Dios, ése es mi
hermano, mi hermana y mi madre.»
Marcos 4
1 Y otra vez se puso a enseñar a orillas del
mar. Y se reunió tanta gente junto a él que hubo de subir a una barca y, ya en
el mar, se sentó; toda la gente estaba en tierra a la orilla del mar.
2 Les enseñaba muchas cosas por medio de
parábolas. Les decía en su instrucción:
3 «Escuchad. Una vez salió un sembrador a
sembrar.
4 Y sucedió que, al sembrar, una parte cayó a lo
largo del camino; vinieron las aves y se la comieron.
5 Otra parte cayó en terreno pedregoso, donde no
tenía mucha tierra, y brotó en seguida por no tener hondura de tierra;
6 pero cuando salió el sol se agostó y, por no
tener raíz, se secó.
7 Otra parte cayó entre abrojos; crecieron los
abrojos y la ahogaron, y no dio fruto.
8 Otras partes cayeron en tierra buena y,
creciendo y desarrollándose, dieron fruto; unas produjeron treinta, otras
sesenta, otras ciento.»
9 Y decía: «Quien tenga oídos para oír, que
oiga.»
10 Cuando quedó a solas, los que le seguían a una
con los Doce le preguntaban sobre las parábolas.
11 El les dijo: «A vosotros se os ha dado el
misterio del Reino de Dios, pero a los que están fuera todo se les presenta en
parábolas,
12 para que = por mucho que miren no vean, por
mucho que oigan no entiendan, no sea que se conviertan y se les perdone.» =
13 Y les dice: «¿No entendéis esta parábola?
¿Cómo, entonces, comprenderéis todas las parábolas?
14 El sembrador siembra la Palabra.
15 Los que están a lo largo del camino donde se
siembra la Palabra son aquellos que, en cuanto la oyen, viene Satanás y se
lleva la Palabra sembrada en ellos.
16 De igual modo, los sembrados en terreno
pedregoso son los que, al oír la Palabra, al punto la reciben con alegría,
17 pero no tienen raíz en sí mismos, sino que son
inconstantes; y en cuanto se presenta una tribulación o persecución por causa
de la Palabra, sucumben en seguida.
18 Y otros son los sembrados entre los abrojos;
son los que han oído la Palabra,
19 pero las preocupaciones del mundo, la seducción
de las riquezas y las demás concupiscencias les invaden y ahogan la Palabra, y queda sin fruto.
20 Y los sembrados en tierra buena son aquellos
que oyen la Palabra, la acogen y dan fruto, unos treinta, otros sesenta, otros
ciento.»
21 Les decía también: «¿Acaso se trae la lámpara
para ponerla debajo del celemín o debajo del lecho? ¿No es para ponerla sobre
el candelero?
22 Pues nada hay oculto si no es para que sea
manifestado; nada ha sucedido en secreto, sino para que venga a ser descubierto.
23 Quien tenga oídos para oír, que oiga.»
24 Les decía también: «Atended a lo que escucháis.
Con la medida con que midáis, se os medirá y aun con creces.
25 Porque al que tiene se le dará, y al que no
tiene, aun lo que tiene se le quitará.»
26 También decía: «El Reino de Dios es como un
hombre que echa el grano en la tierra;
27 duerma o se levante, de noche o de día, el
grano brota y crece, sin que él sepa cómo.
28 La tierra da el fruto por sí misma; primero
hierba, luego espiga, después trigo abundante en la espiga.
29 Y cuando el fruto lo admite, en seguida se le
mete la hoz, porque ha llegado la siega.»
30 Decía también: «¿Con qué compararemos el Reino
de Dios o con qué parábola lo expondremos?
31 Es como un grano de mostaza que, cuando se
siembra en la tierra, es más pequeña que cualquier semilla que se siembra en la
tierra;
32 pero una vez sembrada, crece y se hace mayor
que todas las hortalizas y echa ramas tan grandes que las aves del cielo anidan
a su sombra.»
33 Y les anunciaba la Palabra con muchas parábolas
como éstas, según podían entenderle;
34 no les hablaba sin parábolas; pero a sus
propios discípulos se lo explicaba todo en privado.
35 Este día, al atardecer, les dice: «Pasemos a la
otra orilla.»
36 Despiden a la gente y le llevan en la barca,
como estaba; e iban otras barcas con él.
37 En esto, se levantó una fuerte borrasca y las
olas irrumpían en la barca, de suerte que ya se anegaba la barca.
38 El estaba en popa, durmiendo sobre un cabezal.
Le despiertan y le dicen: «Maestro, ¿no te importa que perezcamos?»
39 El, habiéndose despertado, increpó al viento y
dijo al mar: «¡Calla, enmudece!» El viento se calmó y sobrevino una gran bonanza.
40 Y les dijo: «¿Por qué estáis con tanto miedo?
¿Cómo no tenéis fe?»
41 Ellos se llenaron de gran temor y se decían
unos a otros: «Pues ¿quién es éste que hasta el viento y el mar le obedecen?»
Marcos 5
1 Y llegaron al otro lado del mar, a la región
de los gerasenos.
2 Apenas saltó de la barca, vino a su encuentro,
de entre los sepulcros, un hombre con espíritu inmundo
3 que moraba en los sepulcros y a quien nadie
podía ya tenerle atado ni siquiera con cadenas,
4 pues muchas veces le habían atado con grillos
y cadenas, pero él había roto las cadenas y destrozado los grillos, y nadie
podía dominarle.
5 Y siempre, noche y día, andaba entre los
sepulcros y por los montes, dando gritos e hiriéndose con piedras.
6 Al ver de lejos a Jesús, corrió y se postró
ante él
7 y gritó con gran voz: «¿Qué tengo yo contigo,
Jesús, Hijo de Dios Altísimo? Te conjuro por Dios que no me atormentes.»
8 Es que él le había dicho: «Espíritu inmundo,
sal de este hombre.»
9 Y le preguntó: «¿Cuál es tu nombre?» Le
contesta: «Mi nombre es Legión, porque somos muchos.»
10 Y le suplicaba con insistencia que no los
echara fuera de la región.
11 Había allí una gran piara de puercos que pacían
al pie del monte;
12 y le suplicaron: «Envíanos a los puercos para
que entremos en ellos.»
13 Y se lo permitió. Entonces los espíritus
inmundos salieron y entraron en los puercos, y la piara - unos 2.0000 se arrojó al mar de lo alto del precipicio y
se fueron ahogando en el mar.
14 Los porqueros huyeron y lo contaron por la
ciudad y por las aldeas; y salió la gente a ver qué era lo que había ocurrido.
15 Llegan donde Jesús y ven al endemoniado, al que
había tenido la Legión, sentado, vestido y en su sano juicio, y se llenaron de
temor.
16 Los que lo habían visto les contaron lo
ocurrido al endemoniado y lo de los puercos.
17 Entonces comenzaron a rogarle que se alejara de
su término.
18 Y al subir a la barca, el que había estado
endemoniado le pedía estar con él.
19 Pero no se lo concedió, sino que le dijo: «Vete
a tu casa, donde los tuyos, y cuéntales lo que el Señor ha hecho contigo y que
ha tenido compasión de ti.»
20 El se fue y empezó a proclamar por la Decápolis
todo lo que Jesús había hecho con él, y todos quedaban maravillados.
21 Jesús pasó de nuevo en la barca a la otra
orilla y se aglomeró junto a él mucha gente; él estaba a la orilla del mar.
22 Llega uno de los jefes de la sinagoga, llamado
Jairo, y al verle, cae a sus pies,
23 y le suplica con insistencia diciendo: «Mi hija
está a punto de morir; ven, impón tus manos sobre ella, para que se salve y
viva.»
24 Y se fue con él. Le seguía un gran gentío que
le oprimía.
25 Entonces, una mujer que padecía flujo de sangre
desde hacía doce años,
26 y que había sufrido mucho con muchos médicos y
había gastado todos sus bienes sin provecho alguno, antes bien, yendo a peor,
27 habiendo oído lo que se decía de Jesús, se
acercó por detrás entre la gente y tocó su manto.
28 Pues decía: «Si logro tocar aunque sólo sea sus
vestidos, me salvaré.»
29 Inmediatamente se le secó la fuente de sangre y
sintió en su cuerpo que quedaba sana del mal.
30 Al instante, Jesús, dándose cuenta de la fuerza
que había salido de él, se volvió entre la gente y decía: «¿Quién me ha tocado
los vestidos?»
31 Sus discípulos le contestaron: «Estás viendo
que la gente te oprime y preguntas: “¿Quién me ha tocado?”»
32 Pero él miraba a su alrededor para descubrir a
la que lo había hecho.
33 Entonces, la mujer, viendo lo que le había
sucedido, se acercó atemorizada y temblorosa, se postró ante él y le contó toda la verdad.
34 El le dijo: «Hija, tu fe te ha salvado; vete en
paz y queda curada de tu enfermedad.»
35 Mientras estaba hablando llegan de la casa del
jefe de la sinagoga unos diciendo: «Tu hija ha muerto; ¿a qué molestar ya al
Maestro?»
36 Jesús que oyó lo que habían dicho, dice al jefe
de la sinagoga: «No temas; solamente ten fe.»
37 Y no permitió que nadie le acompañara, a no ser
Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago.
38 Llegan a la casa del jefe de la sinagoga y
observa el alboroto, unos que lloraban y otros que daban grandes alaridos.
39 Entra y les dice: «¿Por qué alborotáis y
lloráis? La niña no ha muerto; está dormida.»
40 Y se burlaban de él. Pero él después de echar
fuera a todos, toma consigo al padre de la niña, a la madre y a los suyos, y entra donde estaba la niña.
41 Y tomando la mano de la niña, le dice: «=
Talitá kum =», que quiere decir: «Muchacha, a ti te digo, levántate.»
42 La muchacha se levantó al instante y se puso a
andar, pues tenía doce años. Quedaron fuera de sí, llenos de estupor.
43 Y les insistió mucho en que nadie lo supiera; y
les dijo que le dieran a ella de comer.
Marcos 6
1 Salió de allí y vino a su patria, y sus
discípulos le siguen.
2 Cuando llegó el sábado se puso a enseñar en la
sinagoga. La multitud, al oírle, quedaba maravillada, y decía: «¿De dónde le
viene esto? y ¿qué sabiduría es ésta que le ha sido dada? ¿Y esos milagros
hechos por sus manos?
3 ¿No es éste el carpintero, el hijo de María y
hermano de Santiago, Joset, Judas y Simón? ¿Y no están sus hermanas aquí entre
nosotros?» Y se escandalizaban a causa de él.
4 Jesús les dijo: «Un profeta sólo en su patria,
entre sus parientes y en su casa carece de prestigio.»
5 Y no podía hacer allí ningún milagro, a
excepción de unos pocos enfermos a quienes curó imponiéndoles las manos.
6 Y se maravilló de su falta de fe. Y recorría
los pueblos del contorno enseñando.
7 Y llama a los Doce y comenzó a enviarlos de
dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus inmundos.
8 Les ordenó que nada tomasen para el camino,
fuera de un bastón: ni pan, ni alforja, ni calderilla en la faja;
9 sino: «Calzados con sandalias y no vistáis dos
túnicas.»
10 Y les dijo: «Cuando entréis en una casa,
quedaos en ella hasta marchar de allí.
11 Si algún lugar no os recibe y no os escuchan,
marchaos de allí sacudiendo el polvo de la planta de vuestros pies, en
testimonio contra ellos.»
12 Y, yéndose de allí, predicaron que se
convirtieran;
13 expulsaban a muchos demonios, y ungían con
aceite a muchos enfermos y los curaban.
14 Se enteró el rey Herodes, pues su nombre se
había hecho célebre. Algunos decían: «Juan el Bautista ha resucitado de entre
los muertos y por eso actúan en él fuerzas milagrosas.»
15 Otros decían: «Es Elías»; otros: «Es un profeta
como los demás profetas.»
16 Al enterarse Herodes, dijo: «Aquel Juan, a
quien yo decapité, ése ha resucitado.»
17 Es que Herodes era el que había enviado a
prender a Juan y le había encadenado en la cárcel por causa de Herodías, la
mujer de su hermano Filipo, con quien Herodes se había casado.
18 Porque Juan decía a Herodes: «No te está
permitido tener la mujer de tu hermano.»
19 Herodías le aborrecía y quería matarle, pero no
podía,
20 pues Herodes temía a Juan, sabiendo que era
hombre justo y santo, y le protegía; y al oírle, quedaba muy perplejo, y le
escuchaba con gusto.
21 Y llegó el día oportuno, cuando Herodes, en su
cumpleaños, dio un banquete a sus magnates, a los tribunos y a los principales
de Galilea.
22 Entró la hija de la misma Herodías, danzó, y
gustó mucho a Herodes y a los comensales. El rey, entonces, dijo a la muchacha:
«Pídeme lo que quieras y te lo daré.»
23 Y le juró: «Te daré lo que me pidas, hasta la
mitad de mi reino.»
24 Salió la muchacha y preguntó a su madre: «¿Qué
voy a pedir?» Y ella le dijo: «La cabeza de Juan el Bautista.»
25 Entrando al punto apresuradamente adonde estaba
el rey, le pidió: «Quiero que ahora mismo me des, en una bandeja, la cabeza de
Juan el Bautista.»
26 El rey se llenó de tristeza, pero no quiso
desairarla a causa del juramento y de los comensales.
27 Y al instante mandó el rey a uno de su guardia,
con orden de traerle la cabeza de Juan. Se fue y le decapitó en la cárcel
28 y trajo su cabeza en una bandeja, y se la dio a
la muchacha, y la muchacha se la dio a su madre.
29 Al enterarse sus discípulos, vinieron a recoger
el cadáver y le dieron sepultura.
30 Los apóstoles se reunieron con Jesús y le
contaron todo lo que habían hecho y lo que habían enseñado.
31 El, entonces, les dice: «Venid también vosotros
aparte, a un lugar solitario, para descansar un poco.» Pues los que iban y
venían eran muchos, y no les quedaba tiempo ni para comer.
32 Y se fueron en la barca, aparte, a un lugar
solitario.
33 Pero les vieron marcharse y muchos cayeron en
cuenta; y fueron allá corriendo, a pie, de todas las ciudades y llegaron antes
que ellos.
34 Y al desembarcar, vio mucha gente, sintió
compasión de ellos, pues estaban como ovejas que no tienen pastor, y se puso a
enseñarles muchas cosas.
35 Era ya una hora muy avanzada cuando se le
acercaron sus discípulos y le dijeron: «El lugar está deshabitado y ya es hora
avanzada.
36 Despídelos para que vayan a las aldeas y pueblos
del contorno a comprarse de comer.»
37 El les contestó: «Dadles vosotros de comer.»
Ellos le dicen: «¿Vamos nosotros a comprar doscientos denarios de pan para
darles de comer?»
38 El les dice: «¿Cuántos panes tenéis? Id a ver.»
Después de haberse cerciorado, le dicen: «Cinco, y dos peces.»
39 Entonces les mandó que se acomodaran todos por
grupos sobre la verde hierba.
40 Y se acomodaron por grupos de cien y de
cincuenta.
41 Y tomando los cinco panes y los dos peces, y
levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y los iba dando a los discípulos para que se
los fueran sirviendo. También repartió entre todos los dos peces.
42 Comieron todos y se saciaron.
43 Y recogieron las sobras, doce canastos llenos y
también lo de los peces.
44 Los que comieron los panes fueron 5.000
hombres.
45 Inmediatamente obligó a sus discípulos a subir
a la barca y a ir por delante hacia Betsaida, mientras él despedía a la gente.
46 Después de despedirse de ellos, se fue al monte
a orar.
47 Al atardecer, estaba la barca en medio del mar
y él, solo, en tierra.
48 Viendo que ellos se fatigaban remando, pues el
viento les era contrario, a eso de la cuarta vigilia de la noche viene hacia
ellos caminando sobre el mar y quería pasarles de largo.
49 Pero ellos viéndole caminar sobre el mar,
creyeron que era un fantasma y se pusieron a gritar,
50 pues todos le habían visto y estaban turbados.
Pero él, al instante, les habló, diciéndoles: «¡Animo!, que soy yo, no temáis.»
51 Subió entonces donde ellos a la barca, y amainó
el viento, y quedaron en su interior completamente estupefactos,
52 pues no habían entendido lo de los panes, sino
que su mente estaba embotada.
53 Terminada la travesía, llegaron a tierra en
Genesaret y atracaron.
54 Apenas desembarcaron, le reconocieron en
seguida,
55 recorrieron toda aquella región y comenzaron a
traer a los enfermos en camillas adonde oían que él estaba.
56 Y dondequiera que entraba, en pueblos, ciudades
o aldeas, colocaban a los enfermos en las plazas y le pedían que tocaran siquiera la orla de su manto; y
cuantos la tocaron quedaban salvados.
Marcos 7
1 Se reúnen junto a él los fariseos, así como
algunos escribas venidos de Jerusalén.
2 Y al ver que algunos de sus discípulos comían
con manos impuras, es decir no lavadas,
3 - es que los fariseos y todos los judíos no
comen sin haberse lavado las manos hasta el codo, aferrados a la tradición de
los antiguos,
4 y al volver de la plaza, si no se bañan, no
comen; y hay otras muchas cosas que observan por tradición, como la purificación de copas, jarros y bandejas -.
5 Por ello, los fariseos y los escribas le
preguntan: «¿Por qué tus discípulos no viven conforme a la tradición de los
antepasados, sino que comen con manos impuras?»
6 El les dijo: «Bien profetizó Isaías de
vosotros, hipócritas, según está escrito: = Este pueblo me honra con los
labios, pero su corazón está
lejos de mí. =
7 = En vano me rinden culto, ya que enseñan doctrinas que son
preceptos de hombres. =
8 Dejando el precepto de Dios, os aferráis a la
tradición de los hombres.»
9 Les decía también: «¡Qué bien violáis el
mandamiento de Dios, para conservar vuestra tradición!
10 Porque Moisés dijo: = Honra a tu padre y a tu
madre = y: = el que maldiga a su padre o a su madre, sea castigado con la
muerte. = Pero vosotros decís:
11 Si uno dice a su padre o a su madre: “Lo que de
mí podrías recibir como ayuda lo declaro Korbán - es decir: ofrenda -“,
12 ya no le dejáis hacer nada por su padre y por
su madre,
13 anulando así la Palabra de Dios por vuestra
tradición que os habéis transmitido; y hacéis muchas cosas semejantes a éstas.»
14 Llamó otra vez a la gente y les dijo: «Oídme
todos y entended.
15 Nada hay fuera del hombre que, entrando en él,
pueda contaminarle; sino lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al
hombre.
16 Quien tenga oídos para oír, que oiga.»
17 Y cuando, apartándose de la gente, entró en
casa, sus discípulos le preguntaban sobre la parábola.
18 El les dijo: «¿Conque también vosotros estáis
sin inteligencia? ¿No comprendéis que todo lo que de fuera entra en el hombre
no puede contaminarle,
19 pues no entra en su corazón, sino en el vientre
y va a parar al excusado?» - así declaraba puros todos los alimentos -.
20 Y decía: «Lo que sale del hombre, eso es lo que
contamina al hombre.
21 Porque de dentro, del corazón de los hombres,
salen las intenciones malas: fornicaciones, robos, asesinatos,
22 adulterios, avaricias, maldades, fraude,
libertinaje, envidia, injuria, insolencia, insensatez.
23 Todas estas perversidades salen de dentro y
contaminan al hombre.»
24 Y partiendo de allí, se fue a la región de
Tiro, y entrando en una casa quería que nadie lo supiese, pero no logró pasar
inadvertido,
25 sino que, en seguida, habiendo oído hablar de
él una mujer, cuya hija estaba poseída de un espíritu inmundo, vino y se postró
a sus pies.
26 Esta mujer era pagana, sirofenicia de
nacimiento, y le rogaba que expulsara de su hija al demonio.
27 El le decía: «Espera que primero se sacien los
hijos, pues no está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos.»
28 Pero ella le respondió: «Sí, Señor; que también
los perritos comen bajo la mesa migajas de los niños.»
29 El, entonces, le dijo: «Por lo que has dicho,
vete; el demonio ha salido de tu hija.»
30 Volvió a su casa y encontró que la niña estaba
echada en la cama y que el demonio se había ido.
31 Se marchó de la región de Tiro y vino de nuevo,
por Sidón, al mar de Galilea, atravesando la Decápolis.
32 Le presentan un sordo que, además, hablaba con
dificultad, y le ruegan imponga la mano sobre él.
33 El, apartándole de la gente, a solas, le metió
sus dedos en los oídos y con su saliva le tocó la lengua.
34 Y, levantando los ojos al cielo, dio un gemido,
y le dijo: = «Effatá», que quiere decir: «¡Abrete!»
35 Se abrieron sus oídos y, al instante, se soltó
la atadura de su lengua y hablaba correctamente.
36 Jesús les mandó que a nadie se lo contaran.
Pero cuanto más se lo prohibía, tanto más ellos lo publicaban.
37 Y se maravillaban sobremanera y decían «Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos
y hablar a los mudos.»
Marcos 8
1 Por aquellos días, habiendo de nuevo mucha
gente y no teniendo qué comer, llama Jesús a sus discípulos y les dice:
2 «Siento compasión de esta gente, porque hace
ya tres días que permanecen conmigo y no tienen qué comer.
3 Si los despido en ayunas a sus casas,
desfallecerán en el camino, y algunos de ellos han venido de lejos.»
4 Sus discípulos le respondieron: «¿Cómo podrá
alguien saciar de pan a éstos aquí en el desierto?»
5 El les preguntaba: «¿Cuántos panes tenéis?»
Ellos le respondieron: «Siete.»
6 Entonces él mandó a la gente acomodarse sobre
la tierra y, tomando los siete panes y dando gracias, los partió e iba dándolos a sus discípulos para que los
sirvieran, y ellos los sirvieron a la gente.
7 Tenían también unos pocos pececillos. Y,
pronunciando la bendición sobre ellos, mandó que también los sirvieran.
8 Comieron y se saciaron, y recogieron de los
trozos sobrantes siete espuertas.
9 Fueron unos 4.000; y Jesús los despidió.
10 Subió a continuación a la barca con sus
discípulos y se fue a la región de Dalmanutá.
11 Y salieron los fariseos y comenzaron a discutir
con él, pidiéndole una señal del cielo, con el fin de ponerle a prueba.
12 Dando un profundo gemido desde lo íntimo de su
ser, dice: «¿Por qué esta generación pide una señal? Yo os aseguro: no se dará,
a esta generación ninguna señal.»
13 Y, dejándolos, se embarcó de nuevo, y se fue a
la orilla opuesta.
14 Se habían olvidado de tomar panes, y no
llevaban consigo en la barca más que un pan.
15 El les hacía esta advertencia: «Abrid los ojos
y guardaos de la levadura de los fariseos y de la levadura de Herodes.»
16 Ellos hablaban entre sí que no tenían panes.
17 Dándose cuenta, les dice: «¿Por qué estáis
hablando de que no tenéis panes? ¿Aún no comprendéis ni entendéis? ¿Es que
tenéis la mente embotada?
18 = ¿Teniendo ojos no véis y teniendo oídos no
oís? = ¿No os acordáis de
19 cuando partí los cinco panes para los 5.000?
¿Cuántos canastos llenos de trozos recogisteis?» «Doce», le dicen.
20 «Y cuando partí los siete entre los 4.000,
¿cuántas espuertas llenas de trozos recogisteis?» Le dicen: «Siete.»
21 Y continuó: «¿Aún no entendéis?»
22 Llegan a Betsaida. Le presentan un ciego y le
suplican que le toque.
23 Tomando al ciego de la mano, le sacó fuera del
pueblo, y habiéndole puesto saliva en los ojos, le impuso las manos y le preguntaba: «¿Ves algo?»
24 El, alzando la vista, dijo: «Veo a los hombres,
pues los veo como árboles, pero que andan.»
25 Después, le volvió a poner las manos en los ojos
y comenzó a ver perfectamente y quedó curado, de suerte que veía de lejos
claramente todas las cosas.
26 Y le envió a su casa, diciéndole: «Ni siquiera
entres en el pueblo.»
27 Salió Jesús con sus discípulos hacia los
pueblos de Cesarea de Filipo, y por el camino hizo esta pregunta a sus discípulos: «¿Quién dicen los hombres que soy
yo?»
28 Ellos le dijeron: «Unos, que Juan el Bautista;
otros, que Elías; otros, que uno de los profetas.»
29 Y él les preguntaba: «Y vosotros, ¿quién decís
que soy yo?» Pedro le contesta: «Tú eres el Cristo.»
30 Y les mandó enérgicamente que a nadie hablaran
acerca de él.
31 Y comenzó a enseñarles que el Hijo del hombre
debía sufrir mucho y ser reprobado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los
escribas, ser matado y resucitar a los tres días.
32 Hablaba de esto abiertamente. Tomándole aparte,
Pedro, se puso a reprenderle.
33 Pero él, volviéndose y mirando a sus
discípulos, reprendió a Pedro, diciéndole: «¡Quítate de mi vista, Satanás!
porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres.»
34 Llamando a la gente a la vez que a sus
discípulos, les dijo: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame.
35 Porque quien quiera salvar su vida, la perderá;
pero quien pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará.
36 Pues ¿de qué le sirve al hombre ganar el mundo
entero si arruina su vida?
37 Pues ¿qué puede dar el hombre a cambio de su
vida?
38 Porque quien se avergüence de mí y de mis
palabras en esta generación adúltera y pecadora, también el Hijo del hombre se
avergonzará de él cuando venga en la gloria de su Padre con los santos
ángeles.»