EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS
Lucas 1
1 Puesto que muchos han intentado narrar
ordenadamente las cosas que se han verificado entre nosotros,
2 tal como nos las han transmitido los que desde
el principio fueron testigos oculares y servidores de la Palabra,
3 he decidido yo también, después de haber
investigado diligentemente todo desde los orígenes, escribírtelo por su orden,
ilustre Teófilo,
4 para que conozcas la solidez de las enseñanzas
que has recibido.
5 Hubo en los días de Herodes, rey de Judea, un
sacerdote, llamado Zacarías, del grupo de Abías, casado con una mujer
descendiente de Aarón, que se llamaba Isabel;
6 los dos eran justos ante Dios, y caminaban sin
tacha en todos los mandamientos y preceptos del Señor.
7 No tenían hijos, porque Isabel era estéril, y
los dos de avanzada edad.
8 Sucedió que, mientras oficiaba delante de
Dios, en el turno de su grupo,
9 le tocó en suerte, según el uso del servicio
sacerdotal, entrar en el Santuario del Señor para quemar el incienso.
10 Toda la multitud del pueblo estaba fuera en
oración, a la hora del incienso.
11 Se le apareció el Ángel del Señor, de pie, a la
derecha del altar del incienso.
12 Al verle Zacarías, se turbó, y el temor se
apoderó de él.
13 El ángel le dijo: «No temas, Zacarías, porque
tu petición ha sido escuchada; Isabel, tu mujer, te dará a luz un hijo, a quien
pondrás por nombre Juan;
14 será para ti gozo y alegría, y muchos se
gozarán en su nacimiento,
15 porque será grande ante el Señor; no beberá
vino ni licor; estará lleno de Espíritu Santo ya desde el seno de su madre,
16 y a muchos de los hijos de Israel, les
convertirá al Señor su Dios,
17 e irá delante de él con el espíritu y el poder
de Elías, = para hacer volver los corazones de los padres a los hijos, = y a los rebeldes a la prudencia de
los justos, para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto.»
18 Zacarías dijo al ángel: = «¿En qué lo conoceré?
= Porque yo soy viejo y mi mujer avanzada en edad.»
19 El ángel le respondió: «Yo soy Gabriel, el que
está delante de Dios, y he sido enviado para hablarte y anunciarte esta buena
nueva.
20 Mira, te vas a quedar mudo y no podrás hablar
hasta el día en que sucedan estas cosas, porque no diste crédito a mis palabras, las cuales se cumplirán a su
tiempo.»
21 El pueblo estaba esperando a Zacarías y se
extrañaban de su demora en el Santuario.
22 Cuando salió, no podía hablarles, y
comprendieron que había tenido una visión en el Santuario; les hablaba por
señas, y permaneció mudo.
23 Y sucedió que cuando se cumplieron los días de
su servicio, se fue a su casa.
24 Días después, concibió su mujer Isabel; y se
mantuvo oculta durante cinco meses
25 diciendo: «Esto es lo que ha hecho por mí el
Señor en los días en que se dignó quitar mi oprobio entre los hombres.»
26 Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel
Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret,
27 a una virgen desposada con un hombre llamado
José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María.
28 Y entrando, le dijo: «Alégrate, llena de
gracia, el Señor está contigo.»
29 Ella se conturbó por estas palabras, y
discurría qué significaría aquel saludo.
30 El ángel le dijo: «No temas, María, porque has
hallado gracia delante de Dios;
31 vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un
hijo, a quien pondrás por nombre Jesús.
32 El será grande y será llamado Hijo del
Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre;
33 reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y
su reino no tendrá fin.»
34 María respondió al ángel: «¿Cómo será esto,
puesto que no conozco varón?»
35 El ángel le respondió: «El Espíritu Santo
vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será
llamado Hijo de Dios.
36 Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido
un hijo en su vejez, y este es ya el sexto mes de aquella que llamaban estéril,
37 = porque ninguna cosa es imposible para Dios.»
=
38 Dijo María: «He aquí la esclava del Señor;
hágase en mí según tu palabra.» Y el ángel dejándola se fue.
39 En aquellos días, se levantó María y se fue con
prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá;
40 entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel.
41 Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo
de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena de Espíritu Santo;
42 y exclamando con gran voz, dijo: «Bendita tú
entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno;
43 y ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga
a mí?
44 Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu
saludo, saltó de gozo el niño en mi seno.
45 ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las
cosas que le fueron dichas de parte del Señor!»
46 Y dijo María: «Engrandece mi alma al Señor
47 y mi espíritu = se alegra en Dios mi salvador =
48 porque = ha puesto los ojos en la humildad de
su esclava, = por eso desde
ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada,
49 porque ha hecho en mi favor maravillas el
Poderoso, = Santo es su nombre =
50 = y su misericordia alcanza de generación en
generación a los que le temen. =
51 Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los
que son soberbios en su propio corazón.
52 = Derribó a los potentados = de sus tronos = y
exaltó a los humildes. =
53 = A los hambrientos colmó de bienes = y
despidió a los ricos sin nada.
54 = Acogió a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia =
55 - como había anunciado a nuestros padres - en
favor de Abraham y de su linaje por los siglos.»
56 María permaneció con ella unos tres meses, y se
volvió a su casa.
57 Se le cumplió a Isabel el tiempo de dar a luz, y
tuvo un hijo.
58 Oyeron sus vecinos y parientes que el Señor le
había hecho gran misericordia, y se congratulaban con ella.
59 Y sucedió que al octavo día fueron a
circuncidar al niño, y querían ponerle el nombre de su padre, Zacarías,
60 pero su madre, tomando la palabra, dijo: «No;
se ha de llamar Juan.»
61 Le decían: «No hay nadie en tu parentela que
tenga ese nombre.»
62 Y preguntaban por señas a su padre cómo quería
que se le llamase.
63 El pidió una tablilla y escribió: «Juan es su
nombre.» Y todos quedaron admirados.
64 Y al punto se abrió su boca y su lengua, y
hablaba bendiciendo a Dios.
65 Invadió el temor a todos sus vecinos, y en toda
la montaña de Judea se comentaban todas estas cosas;
66 todos los que las oían las grababan en su
corazón, diciendo: «Pues ¿qué será este niño?» Porque, en efecto, la mano del
Señor estaba con él.
67 Zacarías, su padre, quedó lleno de Espíritu
Santo, y profetizó diciendo:
68 = «Bendito el Señor Dios de Israel = porque ha visitado y = redimido a su
pueblo. =
69 y nos ha suscitado una fuerza salvadora en la casa de David, su siervo,
70 como había prometido desde tiempos
antiguos, por boca de sus santos
profetas,
71 que nos salvaría de nuestros = enemigos y de las manos de = todos = los que
nos odiaban =
72 haciendo = misericordia = a = nuestros
padres y recordando su = santa =
alianza =
73 y el juramento que juró a Abraham nuestro padre, de concedernos
74 que,
libres de manos enemigas, podamos
servirle sin temor
75 en
santidad y justicia delante de
él todos nuestros días.
76 Y tú, niño, serás llamado profeta del
Altísimo, pues irás delante =
del Señor = para = preparar sus
caminos =
77 y dar a su pueblo conocimiento de
salvación por el perdón de sus
pecados,
78 por las entrañas de misericordia de nuestro
Dios, que harán que nos visite
una Luz de la altura,
79 a fin de iluminar = a los que habitan en tinieblas y sombras de muerte
= y guiar nuestros pasos por el = camino de
la paz.» =
80 El niño crecía y su espíritu se fortalecía;
vivió en los desiertos hasta el día de su manifestación a Israel.
Lucas 2
1 Sucedió que por aquellos días salió un edicto
de César Augusto ordenando que se empadronase todo el mundo.
2 Este primer empadronamiento tuvo lugar siendo
gobernador de Siria Cirino.
3 Iban todos a empadronarse, cada uno a su
ciudad.
4 Subió también José desde Galilea, de la ciudad
de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por ser él de la
casa y familia de David,
5 para empadronarse con María, su esposa, que
estaba encinta.
6 Y sucedió que, mientras ellos estaban allí, se
le cumplieron los días del alumbramiento,
7 y dio a luz a su hijo primogénito, le envolvió
en pañales y le acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en el alojamiento.
8 Había en la misma comarca unos pastores, que
dormían al raso y vigilaban por turno durante la noche su rebaño.
9 Se les presentó el Ángel del Señor, y la
gloria del Señor los envolvió en su luz; y se llenaron de temor.
10 El ángel les dijo: «No temáis, pues os anuncio
una gran alegría, que lo será para todo el pueblo:
11 os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un
salvador, que es el Cristo Señor;
12 y esto os servirá de señal: encontraréis un
niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre.»
13 Y de pronto se juntó con el ángel una multitud
del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo:
14 «Gloria a Dios en las alturas y en la tierra
paz a los hombres en quienes él se complace.»
15 Y sucedió que cuando los ángeles, dejándoles,
se fueron al cielo, los pastores se decían unos a otros: «Vayamos, pues, hasta
Belén y veamos lo que ha sucedido y el Señor nos ha manifestado.»
16 Y fueron a toda prisa, y encontraron a María y
a José, y al niño acostado en el pesebre.
17 Al verlo, dieron a conocer lo que les habían
dicho acerca de aquel niño;
18 y todos los que lo oyeron se maravillaban de lo
que los pastores les decían.
19 María, por su parte, guardaba todas estas
cosas, y las meditaba en su corazón.
20 Los pastores se volvieron glorificando y
alabando a Dios por todo lo que habían oído y visto, conforme a lo que se les
había dicho.
21 Cuando se cumplieron los ocho días para
circuncidarle, se le dio el nombre de Jesús, el que le dio el ángel antes de
ser concebido en el seno.
22 Cuando se cumplieron los días de la
purificación de ellos, según la Ley de Moisés, llevaron a Jesús a
Jerusalén para presentarle al Señor,
23 como está escrito en la Ley del Señor: = Todo
varón primogénito será consagrado al Señor =
24 y para ofrecer en sacrificio = un par de
tórtolas o dos pichones =, conforme a lo que se dice en la Ley del Señor.
25 Y he aquí que había en Jerusalén un hombre
llamado Simeón; este hombre era justo y piadoso, y esperaba la consolación de
Israel; y estaba en él el Espíritu Santo.
26 Le había sido revelado por el Espíritu Santo
que no vería la muerte antes de haber visto al Cristo del Señor.
27 Movido por el Espíritu, vino al Templo; y
cuando los padres introdujeron al niño Jesús, para cumplir lo que la Ley
prescribía sobre él,
28 le tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo:
29 «Ahora, Señor, puedes, según tu palabra, dejar
que tu siervo se vaya en paz;
30 porque han visto mis ojos tu salvación,
31 la que has preparado a la vista de todos los
pueblos,
32 luz para iluminar a los gentiles y gloria de tu pueblo Israel.»
33 Su padre y su madre estaban admirados de lo que
se decía de él.
34 Simeón les bendijo y dijo a María, su madre:
«Este está puesto para caída y elevación de muchos en Israel, y para ser señal
de contradicción -
35 ¡y a ti misma una espada te atravesará el alma!
- a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones.»
36 Había también una profetisa, Ana, hija de
Fanuel, de la tribu de Aser, de edad avanzada; después de casarse había vivido
siete años con su marido,
37 y permaneció viuda hasta los ochenta y cuatro
años; no se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día en ayunos y
oraciones.
38 Como se presentase en aquella misma hora,
alababa a Dios y hablaba del niño a todos los que esperaban la redención de
Jerusalén.
39 Así que cumplieron todas las cosas según la Ley
del Señor, volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret.
40 El niño crecía y se fortalecía, llenándose de
sabiduría; y la gracia de Dios estaba sobre él.
41 Sus padres iban todos los años a Jerusalén a la
fiesta de la Pascua.
42 Cuando tuvo doce años, subieron ellos como de
costumbre a la fiesta
43 y, al volverse, pasados los días, el niño Jesús
se quedó en Jerusalén, sin saberlo su padres.
44 Pero creyendo que estaría en la caravana,
hicieron un día de camino, y le buscaban entre los parientes y conocidos;
45 pero al no encontrarle, se volvieron a
Jerusalén en su busca.
46 Y sucedió que, al cabo de tres días, le
encontraron en el Templo sentado en medio de los maestros, escuchándoles y
preguntándoles;
47 todos los que le oían, estaban estupefactos por
su inteligencia y sus respuestas.
48 Cuando le vieron, quedaron sorprendidos, y su
madre le dijo: «Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira, tu padre y yo,
angustiados, te andábamos buscando.»
49 El les dijo: «Y ¿por qué me buscabais? ¿No
sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?»
50 Pero ellos no comprendieron la respuesta que
les dio.
51 Bajó con ellos y vino a Nazaret, y vivía sujeto
a ellos. Su madre conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón.
52 Jesús progresaba en sabiduría, en estatura y en
gracia ante Dios y ante los hombres.
Lucas 3
1 En el año quince del imperio de Tiberio César,
siendo Poncio Pilato procurador de Judea, y Herodes tetrarca de Galilea; Filipo, su hermano, tetrarca de
Iturea y de Traconítida, y Lisanias tetrarca de Abilene;
2 en el pontificado de Anás y Caifás, fue
dirigida la palabra de Dios a Juan, hijo de Zacarías, en el desierto.
3 Y se fue por toda la región del Jordán
proclamando un bautismo de conversión para perdón de los pecados,
4 como está escrito en el libro de los oráculos
del profeta Isaías: = Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas; =
5 = todo barranco será rellenado, todo monte y colina será
rebajado, lo tortuoso se hará
recto y las asperezas serán
caminos llanos. =
6 = Y todos verán la salvación de Dios. =
7 Decía, pues, a la gente que acudía para ser
bautizada por él: «Raza de víboras, ¿quién os ha enseñado a huir de la ira inminente?
8 Dad, pues, frutos dignos de conversión, y no
andéis diciendo en vuestro interior: “Tenemos por padre a Abraham”; porque os
digo que puede Dios de estas piedras dar hijos a Abraham.
9 Y ya está el hacha puesta a la raíz de los
árboles; y todo árbol que no dé buen fruto será cortado y arrojado al fuego.»
10 La gente le preguntaba: «Pues ¿qué debemos
hacer?»
11 Y él les respondía: «El que tenga dos túnicas,
que las reparta con el que no tiene; el que tenga para comer, que haga lo mismo.»
12 Vinieron también publicanos a bautizarse, y le
dijeron: «Maestro, ¿qué debemos hacer?»
13 El les dijo: «No exijáis más de lo que os está
fijado.»
14 Preguntáronle también unos soldados: «Y
nosotros ¿qué debemos hacer?» El les dijo: «No hagáis extorsión a nadie, no
hagáis denuncias falsas, y contentaos con vuestra soldada.»
15 Como el pueblo estaba a la espera, andaban
todos pensando en sus corazones acerca de Juan, si no sería él el Cristo;
16 respondió Juan a todos, diciendo: «Yo os
bautizo con agua; pero viene el que es más fuerte que yo, y no soy digno de
desatarle la correa de sus sandalias. El os bautizará en Espíritu Santo y
fuego.
17 En su mano tiene el bieldo para limpiar su era
y recoger el trigo en su granero; pero la paja la quemará con fuego que no se
apaga.»
18 Y, con otras muchas exhortaciones, anunciaba al
pueblo la Buena Nueva.
19 Pero Herodes, el tetrarca, reprendido por él a
causa de Herodías, la mujer de su hermano, y a causa de todas las malas acciones que había hecho,
20 añadió a todas ellas la de encerrar a Juan en
la cárcel.
21 Sucedió que cuando todo el pueblo estaba
bautizándose, bautizado también Jesús y puesto en oración, se abrió el cielo,
22 y bajó sobre él el Espíritu Santo en forma
corporal, como una paloma; y vino una voz del cielo: = «Tú eres mi hijo; yo hoy
te he engendrado.» =
23 Tenía Jesús, al comenzar, unos treinta años, y
era según se creía hijo de José, hijo de Helí,
24 hijo de Mattat, hijo de Leví, hijo de Melkí,
hijo de Jannái, hijo de José,
25 hijo de Mattatías, hijo de Amós, hijo de Naúm,
hijo de Eslí, hijo de Nangay,
26 hijo de Maaz, hijo de Mattatías, hijo de
Semeín, hijo de Josec, hijo de Jodá,
27 hijo de Joanán, hijo de Resá, hijo de
Zorobabel, hijo de Salatiel, hijo de Nerí,
28 hijo de Melkí, hijo de Addí, hijo de Cosam,
hijo de Elmadam, hijo de Er,
29 hijo de Jesús, hijo de Eliezer, hijo de Jorim,
hijo de Mattat, hijo de Leví,
30 hijo de Simeón, hijo de Judá, hijo de José,
hijo de Jonam, hijo de Eliaquim,
31 hijo de Meleá, hijo de Menná, hijo de Mattatá,
hijo de Natán, hijo de David,
32 hijo de Jesé, hijo de Obed, hijo de Booz, hijo
de Sala, hijo de Naassón,
33 hijo de Aminadab, hijo de Admín, hijo de Arní,
hijo de Esrom, hijo de Fares, hijo de Judá,
34 hijo de Jacob, hijo de Isaac, hijo de Abraham,
hijo de Tara, hijo de Najor,
35 hijo de Serug, hijo de Ragáu, hijo de Fálek,
hijo de Eber, hijo de Sala,
36 hijo de Cainam, hijo de Arfaxad, hijo de Sem,
hijo de Noé, hijo de Lámek,
37 hijo de Matusalén, hijo de Henoc, hijo de
Járet, hijo de Maleleel, hijo de Cainam,
38 hijo de Enós, hijo de Set, hijo de Adam, hijo
de Dios.
Lucas 4
1 Jesús, lleno de Espíritu Santo, se volvió del
Jordán, y era conducido por el Espíritu en el desierto,
2 durante cuarenta días, tentado por el diablo.
No comió nada en aquellos días y, al cabo de ellos, sintió hambre.
3 Entonces el diablo le dijo: «Si eres Hijo de
Dios, di a esta piedra que se convierta en pan.»
4 Jesús le respondió: «Esta escrito: = No sólo
de pan vive el hombre.» =
5 Llevándole a una altura le mostró en un
instante todos los reinos de la tierra;
6 y le dijo el diablo: «Te daré todo el poder y
la gloria de estos reinos, porque a mí me ha sido entregada, y se la doy a
quien quiero.
7 Si, pues, me adoras, toda será tuya.»
8 Jesús le respondió: «Esta escrito: = Adorarás
al Señor tu Dios y sólo a él darás culto.» =
9 Le llevó a Jerusalén, y le puso sobre el alero
del Templo, y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo;
10 porque está escrito: = A sus ángeles te
encomendará para que te guarden.
=
11 Y:
= En sus manos te llevarán
para que no tropiece tu pie en piedra alguna.» =
12 Jesús le respondió: «Está dicho: = No tentarás
al Señor tu Dios.» =
13 Acabada toda tentación, el diablo se alejó de
él hasta un tiempo oportuno.
14 Jesús volvió a Galilea por la fuerza del
Espíritu, y su fama se extendió por toda la región.
15 El iba enseñando en sus sinagogas, alabado por
todos.
16 Vino a Nazará, donde se había criado y, según
su costumbre, entró en la sinagoga el día de sábado, y se levantó para hacer la
lectura.
17 Le entregaron el volumen del profeta Isaías y
desenrollando el volumen, halló el pasaje donde estaba escrito:
18 = El Espíritu del Señor sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena
Nueva, me ha enviado a proclamar
la liberación a los cautivos y la vista a los
ciegos, para dar la libertad a
los oprimidos =
19 = y proclamar un año de gracia del Señor. =
20 Enrollando el volumen lo devolvió al ministro,
y se sentó. En la sinagoga todos los ojos estaban fijos en él.
21 Comenzó, pues, a decirles: «Esta Escritura, que
acabáis de oír, se ha cumplido hoy.»
22 Y todos daban testimonio de él y estaban
admirados de las palabras llenas de gracia que salían de su boca. Y decían:
«¿No es éste el hijo de José?»
23 El les dijo: «Seguramente me vais a decir el
refrán: Médico, cúrate a ti mismo. Todo lo que hemos oído que ha sucedido en
Cafarnaúm, hazlo también aquí en tu patria.»
24 Y añadió: «En verdad os digo que ningún profeta
es bien recibido en su patria.»
25 «Os digo de verdad: Muchas viudas había en
Israel en los días de Elías, cuando se cerró el cielo por tres años y seis
meses, y hubo gran hambre en todo el país;
26 y a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a
= una mujer viuda de Sarepta de Sidón. =
27 Y muchos leprosos había en Israel en tiempos
del profeta Eliseo, y ninguno de ellos fue purificado sino Naamán, el sirio.»
28 Oyendo estas cosas, todos los de la sinagoga se
llenaron de ira;
29 y, levantándose, le arrojaron fuera de la
ciudad, y le llevaron a una altura escarpada del monte sobre el cual estaba
edificada su ciudad, para despeñarle.
30 Pero él, pasando por medio de ellos, se marchó.
31 Bajó a Cafarnaúm, ciudad de Galilea, y los
sábados les enseñaba.
32 Quedaban asombrados de su doctrina, porque
hablaba con autoridad.
33 Había en la sinagoga un hombre que tenía el
espíritu de un demonio inmundo, y se puso a gritar a grandes voces:
34 «¡Ah! ¿Qué tenemos nosotros contigo, Jesús de
Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres tú: el Santo de Dios.»
35 Jesús entonces le conminó diciendo: «Cállate, y
sal de él.» Y el demonio, arrojándole en medio, salió de él sin hacerle ningún
daño.
36 Quedaron todos pasmados, y se decían unos a
otros: «¡Qué palabra ésta! Manda con autoridad y poder a los espíritus inmundos
y salen.»
37 Y su fama se extendió por todos los lugares de
la región.
38 Saliendo de la sinagoga, entró en la casa de
Simón. La suegra de Simón estaba con mucha fiebre, y le rogaron por ella.
39 Inclinándose sobre ella, conminó a la fiebre, y
la fiebre la dejó; ella, levantándose al punto, se puso a servirles.
40 A la puesta del sol, todos cuantos tenían enfermos
de diversas dolencias se los llevaban; y, poniendo él las manos sobre cada uno
de ellos, los curaba.
41 Salían también demonios de muchos, gritando y
diciendo: «Tú eres el Hijo de Dios.» Pero él, conminaba y no les permitía hablar, porque sabían que él era el
Cristo.
42 Al hacerse de día, salió y se fue a un lugar
solitario. La gente le andaba buscando y, llegando donde él, trataban de retenerle para que no les dejara.
43 Pero él les dijo: «También a otras ciudades
tengo que anunciar la Buena Nueva del Reino de Dios, porque a esto he sido enviado.»
44 E iba predicando por las sinagogas de Judea.
Lucas 5
1 Estaba él a la orilla del lago Genesaret y la
gente se agolpaba sobre él para oír la Palabra de Dios,
2 cuando vio dos barcas que estaban a la orilla
del lago. Los pescadores habían bajado de ellas, y lavaban las redes.
3 Subiendo a una de las barcas, que era de
Simón, le rogó que se alejara un poco de tierra; y, sentándose, enseñaba desde
la barca a la muchedumbre.
4 Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: «Boga
mar adentro, y echad vuestras redes para pescar.»
5 Simón le respondió: «Maestro, hemos estado
bregando toda la noche y no hemos pescado nada; pero, en tu palabra, echaré las
redes.»
6 Y, haciéndolo así, pescaron gran cantidad de
peces, de modo que las redes amenazaban romperse.
7 Hicieron señas a los compañeros de la otra
barca para que vinieran en su ayuda. Vinieron, pues, y llenaron tanto las dos barcas que casi se hundían.
8 Al verlo Simón Pedro, cayó a las rodillas de
Jesús, diciendo: «Aléjate de mí, Señor, que soy un hombre pecador.»
9 Pues el asombro se había apoderado de él y de
cuantos con él estaban, a causa de los peces que habían pescado.
10 Y lo mismo de Santiago y Juan, hijos de
Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Jesús dijo a Simón: «No temas. Desde
ahora serás pescador de hombres.»
11 Llevaron a tierra las barcas y, dejándolo todo,
le siguieron.
12 Y sucedió que, estando en una ciudad, se
presentó un hombre cubierto de lepra que, al ver a Jesús, se echó rostro en
tierra, y le rogó diciendo: «Señor, si quieres, puedes limpiarme.»
13 El extendió la mano, le tocó, y dijo: «Quiero,
queda limpio.» Y al instante le desapareció la lepra.
14 Y él le ordenó que no se lo dijera a nadie. Y
añadió: «Vete, muéstrate al sacerdote y haz la ofrenda por tu purificación como
prescribió Moisés para que les sirva de testimonio.»
15 Su fama se extendía cada vez más y una numerosa
multitud afluía para oírle y ser curados de sus enfermedades.
16 Pero él se retiraba a los lugares solitarios,
donde oraba.
17 Un día que estaba enseñando, había sentados
algunos fariseos y doctores de la ley que habían venido de todos los pueblos de
Galilea y Judea, y de Jerusalén. El poder del Señor le hacía obrar curaciones.
18 En esto, unos hombres trajeron en una camilla a
un paralítico y trataban de introducirle, para ponerle delante de él.
19 Pero no encontrando por dónde meterle, a causa
de la multitud, subieron al terrado, le bajaron con la camilla a través de las tejas, y le pusieron en medio,
delante de Jesús.
20 Viendo Jesús la fe de ellos, dijo: «Hombre, tus
pecados te quedan perdonados.»
21 Los escribas y fariseos empezaron a pensar:
«¿Quién es éste, que dice blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados sino sólo Dios?»
22 Conociendo Jesús sus pensamientos, les dijo:
«¿Qué estáis pensando en vuestros corazones?
23 ¿Qué es más fácil, decir: “Tus pecados te
quedan perdonados”, o decir: “Levántate y anda”?
24 Pues para que sepáis que el Hijo del hombre
tiene en la tierra poder de perdonar pecados, - dijo al paralítico -: “A ti te
digo, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa”.»
25 Y al instante, levantándose delante de ellos,
tomó la camilla en que yacía y se fue a su casa, glorificando a Dios.
26 El asombro se apoderó de todos, y glorificaban
a Dios. Y llenos de temor, decían: «Hoy hemos visto cosas increíbles.»
27 Después de esto, salió y vio a un publicano
llamado Leví, sentado en el despacho de impuestos, y le dijo: «Sígueme.»
28 El, dejándolo todo, se levantó y le siguió.
29 Leví le ofreció en su casa un gran banquete.
Había un gran número de publicanos, y de otros que estaban a la mesa con ellos.
30 Los fariseos y sus escribas murmuraban diciendo
a los discípulos: «¿Por qué coméis y bebéis con los publicanos y pecadores?»
31 Les respondió Jesús: «No necesitan médico los
que están sanos, sino los que están mal.
32 No he venido a llamar a conversión a justos,
sino a pecadores.»
33 Ellos le dijeron: «Los discípulos de Juan
ayunan frecuentemente y recitan oraciones, igual que los de los fariseos, pero
los tuyos comen y beben.»
34 Jesús les dijo: «¿Podéis acaso hacer ayunar a
los invitados a la boda mientras el novio está con ellos?
35 Días vendrán en que les será arrebatado el
novio; entonces ayunarán en aquellos días.»
36 Les dijo también una parábola: «Nadie rompe un
vestido nuevo para echar un remiendo a uno viejo; de otro modo, desgarraría el nuevo, y al viejo no le iría
el remiendo del nuevo.
37 «Nadie echa tampoco vino nuevo en pellejos
viejos; de otro modo, el vino nuevo reventaría los pellejos, el vino se
derramaría, y los pellejos se echarían a perder;
38 sino que el vino nuevo debe echarse en pellejos
nuevos.
39 Nadie, después de beber el vino añejo, quiere
del nuevo porque dice: «El añejo es el bueno.»
Lucas 6
1 Sucedió que cruzaba en sábado por unos sembrados;
sus discípulos arrancaban y comían espigas desgranándolas con las manos.
2 Algunos de los fariseos dijeron: «¿Por qué
hacéis lo que no es lícito en sábado?»
3 Y Jesús les respondió: «¿Ni siquiera habéis
leído lo que hizo David, cuando sintió hambre él y los que le acompañaban,
4 cómo entró en la Casa de Dios, y tomando los
panes de la presencia, que no es lícito comer sino sólo a los sacerdotes, comió
él y dio a los que le acompañaban?»
5 Y les dijo: «El Hijo del hombre es señor del
sábado.»
6 Sucedió que entró Jesús otro sábado en la
sinagoga y se puso a enseñar. Había allí un hombre que tenía la mano derecha seca.
7 Estaban al acecho los escribas y fariseos por
si curaba en sábado, para encontrar de qué acusarle.
8 Pero él, conociendo sus pensamientos, dijo al
hombre que tenía la mano seca: «Levántate y ponte ahí en medio.» El, levantándose, se puso allí.
9 Entonces Jesús les dijo: «Yo os pregunto si en
sábado es lícito hacer el bien en vez de hacer el mal, salvar una vida en vez de destruirla.»
10 Y mirando a todos ellos, le dijo: «Extiende tu
mano.» El lo hizo, y quedó restablecida su mano.
11 Ellos se ofuscaron, y deliberaban entre sí qué
harían a Jesús.
12 Sucedió que por aquellos días se fue él al
monte a orar, y se pasó la noche en la oración de Dios.
13 Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos,
y eligió doce de entre ellos, a los que llamó también apóstoles.
14 A Simón, a quien llamó Pedro, y a su hermano
Andrés; a Santiago y Juan, a Felipe y Bartolomé,
15 a Mateo y Tomás, a Santiago de Alfeo y Simón, llamado Zelotes;
16 a Judas de Santiago, y a Judas Iscariote, que
llegó a ser un traidor.
17 Bajando con ellos se detuvo en un paraje llano;
había una gran multitud de discípulos suyos y gran muchedumbre del pueblo, de toda Judea, de Jerusalén y de
la región costera de Tiro y Sidón,
18 que habían venido para oírle y ser curados de
sus enfermedades. Y los que eran molestados por espíritus inmundos quedaban
curados.
19 Toda la gente procuraba tocarle, porque salía
de él una fuerza que sanaba a todos.
20 Y él, alzando los ojos hacia sus discípulos,
decía: «Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios.
21 Bienaventurados los que tenéis hambre ahora,
porque seréis saciados.
Bienaventurados los que lloráis ahora, porque reiréis.
22 Bienaventurados seréis cuando los hombres os
odien, cuando os expulsen, os injurien y proscriban vuestro nombre como malo,
por causa del Hijo del hombre.
23 Alegráos ese día y saltad de gozo, que vuestra
recompensa será grande en el cielo. Pues de ese modo trataban sus padres a los
profetas.
24 «Pero ¡ay de vosotros, los ricos!, porque
habéis recibido vuestro consuelo.
25 ¡Ay de vosotros, los que ahora estáis hartos!,
porque tendréis hambre. ¡Ay de
los que reís ahora!, porque tendréis aflicción y llanto.
26 ¡Ay cuando todos los hombres hablen bien de
vosotros!, pues de ese modo trataban sus padres a los falsos profetas.
27 «Pero yo os digo a los que me escucháis: Amad a
vuestros enemigos, haced bien a los que os odien,
28 bendecid a los que os maldigan, rogad por los
que os difamen.
29 Al que te hiera en una mejilla, preséntale
también la otra; y al que te quite el manto, no le niegues la túnica.
30 A todo el que te pida, da, y al que tome lo
tuyo, no se lo reclames.
31 Y lo que queráis que os hagan los hombres,
hacédselo vosotros igualmente.
32 Si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis?
Pues también los pecadores aman a los que les aman.
33 Si hacéis bien a los que os lo hacen a
vosotros, ¿qué mérito tenéis? ¡También los pecadores hacen otro tanto!
34 Si prestáis a aquellos de quienes esperáis
recibir, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores prestan a los pecadores para
recibir lo correspondiente.
35 Más bien, amad a vuestros enemigos; haced el
bien, y prestad sin esperar nada a cambio; y vuestra recompensa será grande, y
seréis hijos del Altísimo, porque él es bueno con los ingratos y los perversos.
36 «Sed compasivos, como vuestro Padre es
compasivo.
37 No juzguéis y no seréis juzgados, no condenéis
y no seréis condenados; perdonad y seréis perdonados.
38 Dad y se os dará; una medida buena, apretada,
remecida, rebosante pondrán en el halda de vuestros vestidos. Porque con la
medida con que midáis se os medirá.»
39 Les añadió una parábola: «¿Podrá un ciego guiar
a otro ciego? ¿No caerán los dos en el hoyo?
40 No está el discípulo por encima del maestro.
Todo el que esté bien formado, será como su maestro.
41 ¿Cómo es que miras la brizna que hay en el ojo
de tu hermano, y no reparas en la viga que hay en tu propio ojo?
42 ¿Cómo puedes decir a tu hermano: “Hermano, deja
que saque la brizna que hay en tu ojo”, no viendo tú mismo la viga que hay en el tuyo? Hipócrita, saca primero
la viga de tu ojo, y entonces podrás ver para sacar la brizna que hay en el ojo
de tu hermano.
43 «Porque no hay árbol bueno que dé fruto malo y,
a la inversa, no hay árbol malo que dé fruto bueno.
44 Cada árbol se conoce por su fruto. No se
recogen higos de los espinos, ni de la zarza se vendimian uvas.
45 El hombre bueno, del buen tesoro del corazón
saca lo bueno, y el malo, del malo saca lo malo. Porque de lo que rebosa el
corazón habla su boca.
46 «¿Por qué me llamáis: “Señor, Señor”, y no
hacéis lo que digo?
47 «Todo el que venga a mí y oiga mis palabras y
las ponga en práctica, os voy a mostrar a quién es semejante:
48 Es semejante a un hombre que, al edificar una
casa, cavó profundamente y puso los cimientos sobre roca. Al sobrevenir una inundación, rompió el torrente contra
aquella casa, pero no pudo destruirla por estar bien edificada.
49 Pero el que haya oído y no haya puesto en
práctica, es semejante a un hombre que edificó una casa sobre tierra, sin
cimientos, contra la que rompió el torrente y al instante se desplomó y fue
grande la ruina de aquella casa.»
Lucas 7
1 Cuando hubo acabado de dirigir todas estas
palabras al pueblo, entró en Cafarnaúm.
2 Se encontraba mal y a punto de morir un siervo
de un centurión, muy querido de éste.
3 Habiendo oído hablar de Jesús, envió donde él
unos ancianos de los judíos, para rogarle que viniera y salvara a su siervo.
4 Estos, llegando donde Jesús, le suplicaban
insistentemente diciendo: «Merece que se lo concedas,
5 porque ama a nuestro pueblo, y él mismo nos ha
edificado la sinagoga.»
6 Iba Jesús con ellos y, estando ya no lejos de
la casa, envió el centurión a unos amigos a decirle: «Señor, no te molestes,
porque no soy digno de que entres bajo mi techo,
7 por eso ni siquiera me consideré digno de
salir a tu encuentro. Mándalo de palabra, y quede sano mi criado.
8 Porque también yo, que soy un subalterno,
tengo soldados a mis órdenes, y digo a éste: “Vete”, y va; y a otro: “Ven”, y
viene; y a mi siervo: “Haz esto”, y lo hace.»
9 Al oír esto Jesús, quedó admirado de él, y
volviéndose dijo a la muchedumbre que le seguía: «Os digo que ni en Israel he encontrado
una fe tan grande.»
10 Cuando los enviados volvieron a la casa,
hallaron al siervo sano.
11 Y sucedió que a continuación se fue a una
ciudad llamada Naím, e iban con él sus discípulos y una gran muchedumbre.
12 Cuando se acercaba a la puerta de la ciudad,
sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda, a la que
acompañaba mucha gente de la ciudad.
13 Al verla el Señor, tuvo compasión de ella, y le
dijo: «No llores.»
14 Y, acercándose, tocó el féretro. Los que lo
llevaban se pararon, y él dijo: «Joven, a ti te digo: Levántate.»
15 El muerto se incorporó y se puso a hablar, y él
= se lo dio a su madre. =
16 El temor se apoderó de todos, y glorificaban a
Dios, diciendo: «Un gran profeta se ha levantado entre nosotros», y «Dios ha
visitado a su pueblo».
17 Y lo que se decía de él, se propagó por toda
Judea y por toda la región circunvecina.
18 Sus discípulos llevaron a Juan todas estas
noticias. Entonces él, llamando a dos de ellos,
19 los envió a decir al Señor: «¿Eres tú el que ha
de venir, o debemos esperar a otro?»
20 Llegando donde él aquellos hombres, dijeron:
«Juan el Bautista nos ha enviado a decirte: ¿Eres tú el que ha de venir o
debemos esperar a otro?»
21 En aquel momento curó a muchos de sus
enfermedades y dolencias, y de malos espíritus, y dio vista a muchos ciegos.
22 Y les respondió: «Id y contad a Juan lo que
habéis visto y oído: Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos
resucitan, se anuncia a los pobres la Buena Nueva;
23 ¡y dichoso aquel que no halle escándalo en mí!»
24 Cuando los mensajeros de Juan se alejaron, se
puso a hablar de Juan a la gente: «¿Qué salisteis a ver en el desierto? ¿Una
caña agitada por el viento?
25 ¿Qué salisteis a ver, si no? ¿Un hombre elegantemente
vestido? ¡No! Los que visten magníficamente y viven con molicie están en los
palacios.
26 Entonces, ¿qué salisteis a ver? ¿Un profeta?
Sí, os digo, y más que un profeta.
27 Este es de quien está escrito: = He aquí que
envío mi mensajero delante de ti,
que preparará por delante tu camino. =
28 «Os digo: Entre los nacidos de mujer no hay
ninguno mayor que Juan; sin embargo el más pequeño en el Reino de Dios es mayor
que él.
29 Todo el pueblo que le escuchó, incluso los
publicanos, reconocieron la justicia de Dios, haciéndose bautizar con el bautismo de Juan.
30 Pero los fariseos y los legistas, al no aceptar
el bautismo de él, frustraron el plan de Dios sobre ellos.
31 «¿Con quién, pues, compararé a los hombres de
esta generación? Y ¿a quién se parecen?
32 Se parecen a los chiquillos que están sentados
en la plaza y se gritan unos a otros diciendo: “Os hemos tocado la flauta, y no habéis bailado, os hemos entonando endechas, y no habéis llorado.”
33 «Porque ha venido Juan el Bautista, que no
comía pan ni bebía vino, y decís: “Demonio tiene.”
34 Ha venido el Hijo del hombre, que come y bebe,
y decís: “Ahí tenéis un comilón y un borracho, amigo de publicanos y pecadores.”
35 Y la Sabiduría se ha acreditado por todos sus
hijos.»
36 Un fariseo le rogó que comiera con él, y,
entrando en la casa del fariseo, se puso a la mesa.
37 Había en la ciudad una mujer pecadora pública,
quien al saber que estaba comiendo en casa del fariseo, llevó un frasco de alabastro de perfume,
38 y poniéndose detrás, a los pies de él, comenzó
a llorar, y con sus lágrimas le mojaba los pies y con los cabellos de su cabeza
se los secaba; besaba sus pies y los ungía con el perfume.
39 Al verlo el fariseo que le había invitado, se
decía para sí: «Si éste fuera profeta, sabría quién y qué clase de mujer es la
que le está tocando, pues es una pecadora.»
40 Jesús le respondió: «Simón, tengo algo que
decirte.» El dijo: «Di, maestro.»
41 Un acreedor tenía dos deudores: uno debía
quinientos denarios y el otro cincuenta.
42 Como no tenían para pagarle, perdonó a los dos.
¿Quién de ellos le amará más?»
43 Respondió Simón: «Supongo que aquel a quien
perdonó más.» El le dijo: «Has juzgado bien»,
44 y volviéndose hacia la mujer, dijo a Simón:
«¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa y no me diste agua para los pies. Ella, en
cambio, ha mojado mis pies con lágrimas, y los ha secado con sus cabellos.
45 No me diste el beso. Ella, desde que entró, no
ha dejado de besarme los pies.
46 No ungiste mi cabeza con aceite. Ella ha ungido
mis pies con perfume.
47 Por eso te digo que quedan perdonados sus
muchos pecados, porque ha mostrado mucho amor. A quien poco se le perdona, poco
amor muestra.»
48 Y le dijo a ella: «Tus pecados quedan
perdonados.»
49 Los comensales empezaron a decirse para sí:
«¿Quién es éste que hasta perdona los pecados?»
50 Pero él dijo a la mujer: «Tu fe te ha salvado.
Vete en paz.»
Lucas 8
1 Y sucedió a continuación que iba por ciudades
y pueblos, proclamando y anunciando la Buena Nueva del Reino de Dios; le
acompañaban los Doce,
2 y algunas mujeres que habían sido curadas de
espíritus malignos y enfermedades: María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios,
3 Juana, mujer de Cusa, un administrador de
Herodes, Susana y otras muchas que les servían con sus bienes.
4 Habiéndose congregado mucha gente, y viniendo
a él de todas las ciudades, dijo en parábola:
5 «Salió un sembrador a sembrar su simiente; y
al sembrar, una parte cayó a lo largo del camino, fue pisada, y las aves del cielo se la comieron;
6 otra cayó sobre piedra, y después de brotar,
se secó, por no tener humedad;
7 otra cayó en medio de abrojos, y creciendo con
ella los abrojos, la ahogaron.
8 Y otra cayó en tierra buena, y creciendo dio
fruto centuplicado.» Dicho esto, exclamó: «El que tenga oídos para oír, que
oiga.»
9 Le preguntaban sus discípulos qué significaba
esta parábola,
10 y él dijo: «A vosotros se os ha dado el conocer
los misterios del Reino de Dios; a los demás sólo en parábolas, para que =
viendo, no vean y, oyendo, no entiendan. =
11 «La parábola quiere decir esto: La simiente es
la Palabra de Dios.
12 Los de a lo largo del camino, son los que han
oído; después viene el diablo y se lleva de su corazón la Palabra, no sea que
crean y se salven.
13 Los de sobre piedra son los que, al oír la
Palabra, la reciben con alegría; pero éstos no tienen raíz; creen por algún
tiempo, pero a la hora de la prueba desisten.
14 Lo que cayó entre los abrojos, son los que han
oído, pero a lo largo de su caminar son ahogados por las preocupaciones, las
riquezas y los placeres de la vida, y no llegan a madurez.
15 Lo que en buena tierra, son los que, después de
haber oído, conservan la Palabra con corazón bueno y recto, y dan fruto con
perseverancia.
16 «Nadie enciende una lámpara y la cubre con una
vasija, o la pone debajo de un lecho, sino que la pone sobre un candelero, para
que los que entren vean la luz.
17 Pues nada hay oculto que no quede manifiesto, y
nada secreto que no venga a ser conocido y descubierto.
18 Mirad, pues, cómo oís; porque al que tenga, se
le dará; y al que no tenga, aun lo que crea tener se le quitará.»
19 Se presentaron donde él su madre y sus
hermanos, pero no podían llegar hasta él a causa de la gente.
20 Le anunciaron: «Tu madre y tus hermanos están
ahí fuera y quieren verte.»
21 Pero él les respondió: «Mi madre y mis hermanos
son aquellos que oyen la Palabra de Dios y la cumplen.»
22 Sucedió que cierto día subió a una barca con
sus discípulos, y les dijo: «Pasemos a la otra orilla del lago.» Y se hicieron
a la mar.
23 Mientras ellos navegaban, se durmió. Se abatió
sobre el lago una borrasca; se inundaba la barca y estaban en peligro.
24 Entonces, acercándose, le despertaron,
diciendo: «¡Maestro, Maestro, que perecemos!» El, habiéndose despertado, increpó
al viento y al oleaje, que amainaron, y sobrevino la bonanza.
25 Entonces les dijo: «¿Dónde está vuestra fe?»
Ellos, llenos de temor, se decían entre sí maravillados: «Pues ¿quién es éste,
que impera a los vientos y al agua, y le obedecen?»
26 Arribaron a la región de los gerasenos, que
está frente a Galilea.
27 Al saltar a tierra, vino de la ciudad a su
encuentro un hombre, poseído por los demonios, y que hacía mucho tiempo que no
llevaba vestido, ni moraba en una casa, sino en los sepulcros.
28 Al ver a Jesús, cayó ante él, gritando con gran
voz: «¿Qué tengo yo contigo, Jesús, Hijo de Dios Altísimo? Te suplico que no me
atormentes.»
29 Es que él había mandado al espíritu inmundo que
saliera de aquel hombre; pues en muchas ocasiones se apoderaba de él; le
sujetaban con cadenas y grillos para custodiarle, pero rompiendo las ligaduras
era empujado por el demonio al desierto.
30 Jesús le preguntó: «¿Cuál es tu nombre? «El
contestó: «Legión»; porque habían entrado en él muchos demonios.
31 Y le suplicaban que no les mandara irse al
abismo.
32 Había allí una gran piara de puercos que pacían
en el monte; y le suplicaron que les permitiera entrar en ellos; y se lo
permitió.
33 Salieron los demonios de aquel hombre y
entraron en los puercos; y la piara se arrojó al lago de lo alto del
precipicio, y se ahogó.
34 Viendo los porqueros lo que había pasado,
huyeron y lo contaron por la ciudad y por las aldeas.
35 Salieron, pues, a ver lo que había ocurrido y,
llegando donde Jesús, encontraron al hombre del que habían salido los demonios,
sentado, vestido y en su sano juicio, a los pies de Jesús; y se llenaron de
temor.
36 Los que lo habían visto, les contaron cómo
había sido salvado el endemoniado.
37 Entonces toda la gente del país de los
gerasenos le rogaron que se alejara de ellos, porque estaban poseídos de gran
temor. El, subiendo a la barca, regresó.
38 El hombre de quien habían salido los demonios,
le pedía estar con él; pero le despidió, diciendo:
39 «Vuelve a tu casa y cuenta todo lo que Dios ha
hecho contigo.» Y fue por toda la ciudad proclamando todo lo que Jesús había hecho con él.
40 Cuando regresó Jesús, le recibió la
muchedumbre, pues todos le estaban esperando.
41 Y he aquí que llegó un hombre, llamado Jairo,
que era jefe de la sinagoga, y cayendo a los pies de Jesús, le suplicaba
entrara en su casa,
42 porque tenía una sola hija, de unos doce años,
que estaba muriéndose. Mientras iba, las gentes le ahogaban.
43 Entonces, una mujer que padecía flujo de sangre
desde hacía doce años, y que no había podido ser curada por nadie,
44 se acercó por detrás y tocó la orla de su
manto, y al punto se le paró el flujo de sangre.
45 Jesús dijo: «¿Quién me ha tocado?» Como todos
negasen, dijo Pedro: «Maestro, las gentes te aprietan y te oprimen.»
46 Pero Jesús dijo: «Alguien me ha tocado, porque
he sentido que una fuerza ha salido de mí.»
47 Viéndose descubierta la mujer, se acercó
temblorosa, y postrándose ante él, contó delante de todo el pueblo por qué
razón le había tocado, y cómo al punto había sido curada.
48 El le dijo: «Hija, tu fe te ha salvado; vete en
paz.»
49 Estaba todavía hablando, cuando uno de casa del
jefe de la sinagoga llega diciendo: «Tu hija
está muerta. No molestes ya al Maestro.»
50 Jesús, que lo oyó, le dijo: «No temas;
solamente ten fe y se salvará.»
51 Al llegar a la casa, no permitió entrar con él
más que a Pedro, Juan y Santiago, al padre y a la madre de la niña.
52 Todos la lloraban y se lamentaban, pero él
dijo: «No lloréis, no ha muerto; está dormida.»
53 Y se burlaban de él, pues sabían que
estaba muerta.
54 El, tomándola de la mano, dijo en voz alta:
«Niña, levántate.»
55 Retornó el espíritu a ella, y al punto se
levantó; y él mandó que le dieran a ella de comer.
56 Sus padres quedaron estupefactos, y él les
ordenó que a nadie dijeran lo que había pasado.