JEREMÍAS
Jeremías 1
1 Palabras de Jeremías, hijo de Jilquías, de los
sacerdotes de Anatot, en la tierra de Benjamín,
2 a quien fue dirigida la palabra de Yahveh en
tiempo de Josías, hijo de Amón, rey de Judá, en el año trece de su reinado,
3 y después en tiempo de Yoyaquim, hijo de
Josías, rey de Judá, hasta cumplirse el año undécimo de Sedecías, hijo de
Josías, rey de Judá, o sea, hasta la deportación de Jerusalén en el mes quinto.
4 Entonces me fue dirigida la palabra de Yahveh
en estos términos:
5 Antes de haberte formado yo en el seno
materno, te conocía, y antes
que nacieses, te tenía consagrado:
yo profeta de las naciones te constituí.
6 Yo dije: «¡Ah, Señor Yahveh! Mira que no sé
expresarme, que soy un muchacho.»
7 Y me dijo Yahveh: No digas: «Soy un muchacho», pues adondequiera que yo te envíe
irás, y todo lo que te mande
dirás.
8 No les tengas miedo, que contigo estoy yo para
salvarte - oráculo de Yahveh -.
9 Entonces alargó Yahveh su mano y tocó mi boca.
Y me dijo Yahveh: Mira que he puesto
mis palabras en tu boca.
10 Desde hoy mismo te doy autoridad sobre las gentes y sobre los
reinos para extirpar y
destruir, para perder y derrocar, para reconstruir y plantar.
11 Entonces me fue dirigida la palabra de Yahveh
en estos términos: «¿Qué estás viendo, Jeremías?» «Una rama de almendro estoy
viendo.»
12 Y me dijo Yahveh: «Bien has visto. Pues así soy
yo, velador de mi palabra para cumplirla.»
13 Nuevamente me fue dirigida la palabra de Yahveh
en estos términos: «¿Qué estás viendo?» «Un puchero hirviendo estoy viendo, que
se vuelca de norte a sur.»
14 Y me dijo Yahveh: «Es que desde el norte se iniciará el
desastre sobre todos los moradores de esta
tierra.
15 Porque en seguida llamo yo a todas las familias reinos del
norte - oráculo de Yahveh - y vendrán a instalarse a las mismas puertas de
Jerusalén, y frente a todas sus
murallas en torno, y contra
todas las ciudades de Judá,
16 a las que yo sentenciaré por toda su malicia: por haberme dejado a mí para ofrecer incienso a otros dioses, y adorar la obra de sus propias manos.
17 Por tu parte, te apretarás la cintura, te alzarás y les dirás todo lo que yo te mande. No desmayes ante ellos, y no te haré yo desmayar delante de
ellos;
18 pues, por mi parte, mira que hoy te he
convertido en plaza fuerte, en pilar de hierro, en muralla de bronce frente a toda esta tierra, así se trate de los reyes de Judá
como de sus jefes, de sus
sacerdotes o del pueblo de la tierra.
19 Te harán la guerra, mas no podrán contigo, pues contigo estoy yo - oráculo de
Yahveh - para salvarte.»
Jeremías 2
1 Entonces me fue dirigida la palabra de Yahveh
en estos términos:
2 Ve y grita a los oídos de Jerusalén: Así dice Yahveh: De ti recuerdo tu cariño juvenil, el amor de tu noviazgo; aquel seguirme tú por el
desierto, por la tierra no sembrada.
3 Consagrado a Yahveh estaba Israel, primicias
de su cosecha. «Quienquiera que
lo coma, será reo; mal le sucederá» - oráculo de Yahveh -.
4 Oíd la palabra de Yahveh, casa de Jacob, y todas las familias de la casa de
Israel.
5 Así dice Yahveh: ¿Qué encontraban vuestros padres en
mí de torcido, que se alejaron
de mi vera, y yendo en pos de la
Vanidad se hicieron vanos?
6 En cambio no dijeron: «¿Dónde está
Yahveh, que nos subió de la
tierra de Egipto, que nos llevó
por el desierto, por la estepa y
la paramera, por tierra seca y sombría, tierra por donde nadie pasa y en donde nadie se asienta?»
7 Luego os traje a la tierra del vergel, para comer su fruto y su bien. Llegasteis y ensuciasteis mi tierra, y pusisteis mi heredad asquerosa.
8 Los sacerdotes no decían: «¿Dónde está
Yahveh?»; ni los peritos de la
Ley me conocían; y los pastores
se rebelaron contra mí, y los
profetas profetizaban por Baal,
y en pos de los Inútiles andaban.
9 Por eso, continuaré litigando con
vosotros - oráculo de Yahveh
- y hasta con los hijos de
vuestros hijos litigaré.
10 Porque, en efecto, pasad a las islas de los
Kittim y ved, enviad a Quedar
quien investigue a fondo, pensadlo
bien y ved si aconteció cosa
tal:
11 si las gentes cambiaron de dioses - ¡aunque aquéllos no son dioses!
-. Pues mi pueblo ha trocado su
Gloria por el Inútil.
12 Pasmaos, cielos, de ello, erizaos y cobrad gran espanto - oráculo de Yahveh -.
13 Doble mal ha hecho mi pueblo: a mí me dejaron, Manantial de aguas vivas, para hacerse cisternas, cisternas agrietadas, que el agua no retienen.
14 ¿Es un esclavo Israel, o nació siervo? Pues ¿cómo es que ha servido de botín?
15 Contra él rugieron leoncillos, dieron voces y dejaron su país hecho una
desolación, sus ciudades
incendiadas, sin habitantes.
16 Hasta los hijos de Nof y de Tafnis te han rapado el cráneo.
17 ¿No te ha sucedido esto por haber dejado a Yahveh tu
Dios cuando te guiaba en tu
camino?
18 Y entonces, ¿qué cuenta te tiene encaminarte a
Egipto para beber las aguas del
Nilo?, o ¿qué cuenta te tiene encaminarte a
Asur para beber las aguas del
Río?
19 Que te enseñe tu propio daño, que tus apostasías te
escarmienten; reconoce y ve lo malo y amargo que te resulta el dejar a Yahveh tu Dios y no temblar ante mí - oráculo del Señor Yahveh Sebaot -.
20 Oh tú, que rompiste desde siempre el yugo y, sacudiendo las coyundas, decías: «¡No serviré!», tú, que sobre todo otero
prominente y bajo todo árbol
frondoso estabas yaciendo,
prostituta.
21 Yo te había plantado de la cepa selecta, toda entera de simiente
legítima. Pues ¿cómo te has mudado
en sarmiento de vid bastarda?
22 Porque, así te blanquees con salitre y te des cantidad de lejía, se te nota la culpa en mi
presencia - oráculo del Señor
Yahveh -.
23 Cómo dices: «No estoy manchada; en pos de los Baales no anduve?» ¡Mira tu rastro en el Valle! Reconoce lo que has hecho, camellita liviana que trenza sus
derroteros,
24 irrumpe en el desierto y en puro celo se bebe los
vientos: su estro, ¿quién lo
calmará? Cualquiera que la busca la
topa, ¡bien acompañada la
encuentra!
25 Guarda tu pie de la descalcez y tu garganta de la sed. Pero tú dices: «No hay remedio: a mí me gustan los extranjeros, y tras ellos he de ir.»
26 Cual se avergüenza el ladrón cuando es
sorprendido, así se ha avergonzado
la casa de Israel: ellos, sus
reyes, sus jefes, sus sacerdotes
y sus profetas,
27 los que dicen al madero: «Mi padre eres
tú», y a la piedra: «Tú me diste
a luz.» Tras de volverme la
espalda, que no la cara, al tiempo de su mal dice: «¡Levántate y sálvanos!»
28 Pues ¿dónde están tus dioses, los que tú mismo
te hiciste? ¡Que se levanten
ellos, a ver si te salvan en tiempo
de desgracia! Pues cuantas
son tus ciudades, otros tantos
son tus dioses, Judá; (y cuantas
calles cuenta Jerusalén, otros
tantos altares hay de Baal).
29 ¿Por qué os querelláis conmigo, si todos vosotros os habéis rebelado
contra mí? - oráculo de Yahveh
-.
30 En vano golpeé a vuestros hijos, pues no aprendieron. Ha devorado vuestra espada a vuestos
profetas, como el león cuando
estraga.
31 ¡Vaya generación la vuestra!; atended a la
palabra de Yahveh: ¿Fui yo un
desierto para Israel o una
tierra malhadada? ¿Por qué,
entonces, dice mi pueblo:
«¡Bajemos! No vendremos más a
ti.»?
32 ¿Se olvida la doncella de su aderezo, la novia de su cinta? Pues mi pueblo sí que me ha olvidado días
sin número.
33 ¡Qué hermoso te parece tu camino en busca del amor! A la verdad, hasta con maldades aprendiste tus caminos.
34 En tus mismas haldas se encontraban manchas de sangre de las almas de
pobres inocentes: no los sorprendiste en escalo. Y con todo eso,
35 dices: «Soy inocente; basta ya de ira contra mí.» Pues bien, aquí me tienes para discutir
contigo eso que has dicho: «No
he pecado.»
36 ¡Cuánta ligereza la tuya para cambiar de dirección! También de Egipto te avergonzarás como te avergonzaste de Asur.
37 También de ésta saldrás con las manos en la cabeza. Porque Yahveh ha rechazado aquello en que
confías, y no saldrás bien de ello.
Jeremías 3
1 «Supongamos que despide un marido a su
mujer; ella se va de su
lado y es de otro hombre: ¿podrá volver a él? ¿no sería como una tierra
manchada?» Pues bien, tú has
fornicado con muchos compañeros,
¡y vas a volver a mí! - oráculo de Yahveh -.
2 Alza los ojos a los calveros y mira: ¿en dónde no fuiste gozada? A la vera de los caminos te sentabas para
ellos, como el árabe en el
desierto, y manchaste la tierra con tus fornicaciones y malicia.
3 Se suspendieron las lloviznas de otoño, y faltó lluvia tardía; pero tú tenías rostro de mujer
descarada, rehusaste
avergonzarte.
4 ¿Es que entonces mismo no me llamabas: «Padre
mío; el amigo de mi juventud eres tú?;
5 ¿tendrá rencor para siempre?, ¿lo guardará hasta el fin?» Ahí tienes cómo has hablado; las maldades que hiciste las has
colmado.
6 Yahveh me dijo en tiempos del rey Josías: ¿Has
visto lo que hizo Israel, la apóstata? Andaba ella sobre cualquier monte elevado y bajo cualquier árbol
frondoso, fornicando allí.
7 En vista de lo que había hecho, dije: «No
vuelvas a mí.» Y no volvió. Vio esto su hermana Judá, la pérfida;
8 vio que a causa de todas las fornicaciones de
Israel, la apóstata, yo la había despedido dándole su carta de divorcio; pero
no hizo caso su hermana Judá, la pérfida, sino que fue y fornicó también ella,
9 tanto que por su liviandad en fornicar manchó
la tierra, y fornicó con la piedra y con el leño.
10 A pesar de todo, su hermana Judá, la pérfida,
no se volvió a mí de todo corazón, sino engañosamente - oráculo de Yahveh.
11 Y me dijo Yahveh: Más justa se ha manifestado
Israel, la apóstata, que Judá, la pérfida.
12 Anda y pregona estas palabras al Norte y
di: Vuelve, Israel apóstata, -
oráculo de Yahveh -; no estará
airado mi semblante contra vosotros,
porque piadoso soy - oráculo de Yahveh - no guardo rencor para siempre.
13 Tan sólo reconoce tu culpa, pues contra Yahveh tu Dios te
rebelaste, frecuentaste a
extranjeros bajo todo árbol frondoso,
y mi voz no oísteis - oráculo de Yahveh -.
14 Volved, hijos apóstatas - oráculo de Yahveh -
porque yo soy vuestro Señor. Os iré recogiendo uno a uno de cada ciudad, y por
parejas de cada familia, y os traeré a Sión.
15 Os pondré pastores según mi corazón que os den
pasto de conocimiento y prudencia.
16 Y luego, cuando seáis muchos y fructifiquéis en
la tierra, en aquellos días - oráculo de Yahveh - no se hablará más del arca de
la alianza de Yahveh, no vendrá en mientes, no se acordarán ni se ocuparán de
ella, ni será reconstruida jamás.
17 En aquel tiempo llamarán a Jerusalén «Trono de
Yahveh» y se incorporarán a ella todas las naciones en el nombre de Yahveh, en
Jerusalén, sin seguir más la dureza de sus perversos corazones.
18 En aquellos días, andará la casa de Judá al par
de Israel, y vendrán juntos desde tierras del norte a la tierra que di en
herencia a vuestros padres.
19 Yo había dicho: «Sí, te tendré como a un hijo y te daré una tierra espléndida, flor de las heredades de las
naciones.» Y añadí: «Padre me
llamaréis y de mi seguimiento no
os volveréis.»
20 Pues bien, como engaña una mujer a su
compañero, así me ha engañado la
casa de Israel, oráculo de
Yahveh.
21 Voces sobre los calveros se oían: rogativas llorosas de los hijos de
Israel, porque torcieron su
camino, olvidaron a su Dios
Yahveh.
22 - Volved, hijos apóstatas; yo remediaré vuestras
apostasías. - Aquí nos tienes de
vuelta a ti, porque tú, Yahveh,
eres nuestro Dios.
23 ¡Luego eran mentira los altos, la barahúnda de los montes! ¡Luego por Yahveh, nuestro Dios, se salva Israel!
24 La Vergüenza se comió la laceria de nuestros
padres desde nuestra
mocedad: sus ovejas y vacas, sus
hijos e hijas.
25 Acostémonos en nuestra vergüenza, y que nos
cubra nuestra propia confusión,
ya que contra Yahveh nuestro Dios hemos pecado nosotros como nuestros padres desde
nuestra mocedad hasta hoy, y
no escuchamos la voz de Yahveh
nuestro Dios.
Jeremías 4
1 ¡Si volvieras, Israel!, oráculo de
Yahveh, ¡si a mí
volvieras!, si quitaras tus
Monstruos abominables, y de mí
no huyeras!
2 Jurarías: «¡Por vida de Yahveh!» con verdad, con derecho y con
justicia, y se bendecirían por
él las naciones, y por él se alabarían.
3 Porque así dice Yahveh al hombre de Judá y a Jerusalén: - Cultivad el barbecho y no sembréis sobre cardos.
4 Circuncidaos para Yahveh y extirpad los
prepucios de vuestros corazones,
hombres de Judá y habitantes de Jerusalén; no sea que brote como fuego mi
saña, y arda y no haya quien la
apague, en vista de vuestras
perversas acciones.
5 Avisad en Judá y que se oiga en Jerusalén. Tañed el cuerno por el país, pregonad a voz en grito: ¡Juntaos, vamos a las plazas fuertes!
6 ¡Izad bandera hacia Sión! ¡Escapad, no os paréis! Porque yo traigo una calamidad del
norte y un quebranto grande.
7 Se ha levantado el león de su cubil, y el devorador de naciones se ha
puesto en marcha: salió de su
lugar para dejar la tierra desolada. Tus ciudades quedarán arrasadas, sin
habitantes.
8 Por ende, ceñíos de sayal, endechad y plañid: - «¡No; no se va de nosotros la ardiente ira de Yahveh!»
9 Sucederá aquel día - oráculo de Yahveh - que se perderá el ánimo del rey y el de los príncipes, se pasmarán los sacerdotes, y los profetas se espantarán.
10 Y yo digo: «¡Ay, Señor Yahveh! ¡Cómo embaucaste a este pueblo y a
Jerusalén diciendo: “Paz
tendréis”, y ha penetrado la
espada hasta el alma!»
11 En aquella sazón se dirá a este pueblo y a
Jerusalén: - Un viento ardiente viene por el desierto, camino de la
hija de mi pueblo,
no para beldar, ni para limpiar.
12 Un viento lleno de amenazas viene de mi
parte. Ahora me toca a mí alegar mis
razones respecto a ellos.
13 Ved cómo se levanta cual las nubes, como un huracán sus carros, y ligeros más que águilas sus
corceles. - ¡Ay de nosotros,
estamos perdidos!
14 - Limpia de malicia tu corazón, Jerusalén, para que seas salva. ¿Hasta cuándo durarán en ti tus pensamientos torcidos?
15 Una voz avisa desde Dan y da la mala nueva desde la sierra de
Efraím.
16 Pregonad: «¡Los gentiles! ¡Ya están
aquí!»; hacedlo oír en
Jerusalén. Los enemigos vienen de
tierra lejana y dan voces contra
las ciudades de Judá.
17 Como guardas de campo se han puesto frente a
ella en torno, porque contra mí
se rebelaron - oráculo de Yahveh -.
18 Tu proceder y fechorías te acarrearon esto; esto tu desgracia te ha penetrado hasta
el corazón porque te rebelaste
contra mí.
19 - ¡Mis entrañas, mis entrañas!, ¡me duelen las telas del
corazón, se me salta el corazón
del pecho! No callaré, porque mi alma ha oído sones de
cuerno, el clamoreo del combate.
20 Se anuncia quebranto sobre quebranto, porque es saqueada toda la
tierra. En un punto son saqueadas
mis tiendas, y en un cerrar de
ojos mis toldos.
21 ¿Hasta cuándo veré enseñas, y oiré sones de cuerno?
22 - Es porque mi pueblo es necio: A mí no me conocen. Criaturas necias son, carecen de talento. Sabios son para lo malo, ignorantes para el bien.
23 Miré a la tierra, y he aquí que era un
caos; a los cielos, y faltaba su
luz.
24 Miré a los montes, y estaban temblando, y todos los cerros trepidaban.
25 Miré, y he aquí que no había un alma, y todas las aves del cielo se habían
volado.
26 Miré, y he aquí que el vergel era yermo, y todas las ciudades estaban
arrasadas delante de
Yahveh y del ardor de su
ira.
27 Porque así dice Yahveh: Desolación se volverá toda la
tierra, aunque no acabaré con
ella.
28 Por eso ha de enlutarse la tierra, y se oscurecerán los cielos
arriba; pues tengo resuelta mi decisión y no me pesará ni me volveré atrás de
ella.
29 Al ruido de jinetes y flecheros huía toda la ciudad. Se metían por los bosques y trepaban por las peñas. Toda ciudad quedó abandonada, sin quedar en ellas habitantes.
30 Y tú, asolada, ¿qué vas a hacer? Aunque te vistas de grana, aunque te enjoyes con joyel de
oro, aunque te pintes con polvos
los ojos, en vano te
hermoseas: te han rechazado tus
amantes: ¡tu muerte es lo que
buscan!
31 Y entonces oí una voz como de parturienta, gritos como de primeriza: era la voz de la hija de Sión, que gimiendo extendía sus palmas: «¡Ay, pobre de mí, que mi alma
desfallece a manos de asesinos!»
Jeremías 5
1 Recorred las calles de Jerusalén, mirad bien y enteraos; buscad por sus plazas, a ver si topáis con alguno que practique la justicia, que busque la verdad, y yo la perdonaría.
2 Pues, si bien dicen: «¡Por vida de
Yahveh!», también juran en
falso.
3 - ¡Oh Yahveh! tus ojos, ¿no son para la
verdad? Les heriste, mas no acusaron
el golpe; acabaste con ellos,
pero no quisieron aprender.
Endurecieron sus caras más que peñascos, rehusaron convertirse.
4 Yo decía: «Naturalmente, el vulgo es
necio, pues ignora el camino de
Yahveh, el derecho de su Dios.
5 Voy a acudir a los grandes y a hablar con ellos, porque ésos conocen el camino de
Yahveh, el derecho de su Dios.» Pues bien, todos a una habían quebrado el
yugo y arrancado las coyundas.
6 Por eso los herirá el león de la selva, el lobo de los desiertos los
destrozará, el leopardo acechará
sus ciudades: todo el que
saliere de ellas será despedazado.
- Porque son muchas sus rebeldías, y sus apostasías son grandes.
7 ¿Cómo te voy a perdonar por ello? Tus hijos me dejaron y juraron por el no - dios. Yo los harté, y ellos se hicieron adúlteros, y el lupanar frecuentaron.
8 Son caballos lustrosos y vagabundos: cada cual relincha por la mujer de su
prójimo.
9 ¿Y de esto no pediré cuentas? - oráculo de Yahveh -, ¿de una nación así no se vengará mi alma?
10 Escalad sus murallas, destruid, mas no acabéis con ella. Quitad sus sarmientos porque no son de Yahveh.
11 Porque bien me engañaron, la casa de Judá y la casa de
Israel - oráculo de Yahveh -.
12 Renegaron de Yahveh diciendo: «¡El no cuenta!, ¡no nos sobrevendrá daño alguno, ni espada ni hambre veremos!
13 Cuanto a los profetas, el viento se los
lleve, pues carecen de
Palabra.» - Así les será hecho.
14 Por tanto, así dice Yahveh, el Dios Sebaot: Por haber hablado ellos tal palabra, he aquí que yo pongo las mías en tu boca como fuego, y a este pueblo como leños, y los consumirá.
15 He aquí que yo traigo sobre vosotros, una nación de muy lejos, ¡oh casa de Israel! - oráculo de Yahveh
-; una nación que no
mengua, nación antiquísima
aquélla, nación cuya lengua
ignoras y no entiendes los que
habla;
16 cuyo carcaj es como tumba abierta: todos son valientes.
17 Comerá tu mies y tu pan, comerá a tus hijos e hijas, comerá tus ovejas y vacas, comerá tus viñas e higueras; con la espada destruirá tus plazas
fuertes en que confías.
18 Por lo demás, en los días aquellos - oráculo de
Yahveh - todavía no acabaré con vosotros.
19 - Y cuando dijereis: «¿Por qué nos hace Yahveh
nuestro Dios todo esto?», les dirás: «Lo mismo que me dejasteis a mí y servisteis a dioses extraños en
vuestra tierra, así serviréis a extraños en una tierra no vuestra.»
20 Anunciad esto a la casa de Jacob y hacedlo oír en Judá:
21 - Ea, oíd esto, pueblo necio y sin seso - tienen ojos y no ven, orejas y no oyen -:
22 ¿A mí no me temeréis? - oráculo de Yahveh
-, ¿delante de mí no temblaréis, que puse la arena por término al
mar, límite eterno, que no
traspasará? Se agitará, mas no lo
logrará; mugirán sus olas, pero
no pasarán.
23 Pero este pueblo tiene un corazón traidor y rebelde: traicionaron llegando hasta el fin.
24 Y no se les ocurrió decir: «Ea, temamos a Yahveh nuestro
Dios, que da la lluvia
tempranera y la tardía a su
tiempo; que nos garantiza las
semanas que regulan la siega.»
25 Todo esto lo trastornaron vuestras culpas y vuestros pecados os privaron del
bien.
26 Porque se encuentran en mi pueblo
malhechores: preparan la
red, cual paranceros montan
celada: ¡hombres son atrapados!
27 Como jaula llena de aves, así están sus casas llenas de
fraudes. Así se engrandecieron y se
enriquecieron,
28 engordaron, se alustraron. Ejecutaban malas acciones. La causa del huérfano no juzgaban y el derecho de los pobres no sentenciaban.
29 ¿Y de esto no pediré cuentas? - oráculo de Yahveh -, ¿de una nación así no se vengará mi alma?
30 Algo pasmoso y horrendo se ha dado en la tierra:
31 los profetas profetizaron con mentira, y los sacerdotes dispusieron a su
guisa. Pero mi pueblo lo prefiere
así. ¿A dónde vais a parar?
Jeremías 6
1 Escapad, hijos de Benjamín, de dentro de Jerusalén, en Técoa tañed el cuerno, y sobre Bet Hakkérem izad bandera, porque una desgracia amenaza del
norte y un quebranto grande.
2 ¿Acaso a una deliciosa pradera te comparas, hija de Sión?
3 A ella vienen pastores con sus rebaños, han montado las tiendas, junto a ella en derredor, y apacientan cada cual su manada.
4 - «¡Declaradle la guerra santa! ¡En pie y subamos contra ella a
mediodía!... ¡Ay de nosotros,
que el día va cayendo, y se
alargan las sombras de la tarde!...
5 ¡Pues arriba y subamos de noche y destruiremos sus alcázares!»
6 Porque así dice Yahveh Sebaot: «Talad sus árboles y alzad contra Jerusalén un
terraplén.» Es la ciudad de visita. Todo el mundo se atropella en su
interior.
7 Cual mana un pozo sus aguas, tal mana ella su malicia. «¡Atropello!», «¡despojo!» - se oye
decir en ella; ante mí de continuo heridas y golpes.
8 Aprende, Jerusalén, no sea que se despegue mi alma de
ti, no sea que te convierta en desolación, en tierra despoblada.
9 Así dice Yahveh Sebaot: Busca, rebusca como en una cepa en el resto de Israel; vuelve a pasar tu mano como el vendimiador por los pámpanos.
10 - ¿A quiénes que me oigan voy a hablar y
avisar? He aquí que su oído es
incircunciso y no pueden
entender. He aquí que la palabra de
Yahveh se les ha vuelto oprobio: no les agrada.
11 También yo estoy lleno de la saña de
Yahveh y cansado de
retenerla. La verteré sobre el niño
de la calle y sobre el grupo de
mancebos juntos. También el hombre y
la mujer serán apresados, el
viejo con la anciana.
12 Pasarán sus casas a otros, campos y mujeres a la vez, cuando extienda yo mi mano sobre los habitantes de esta tierra -
oráculo de Yahveh -.
13 Porque desde el más chiquito de ellos hasta el
más grande, todos andan buscando
su provecho, y desde el profeta
hasta el sacerdote, todos
practican el fraude.
14 Han curado el quebranto de mi pueblo a la ligera, diciendo: «¡Paz,
paz!», cuando no había paz.
15 ¿Se avergonzaron de las abominaciones que
hicieron? Avergonzarse, no se
avergonzaron; sonrojarse,
tampoco supieron; por tanto
caerán con los que cayeren;
tropezarán cuando se les visite
- dice Yahveh.
16 Así dice Yahveh: Paraos en los caminos y mirad, y preguntad por los senderos
antiguos, cuál es el camino
bueno, y andad por él, y
encontraréis sosiego para vuestras almas.
Pero dijeron: «No vamos.»
17 Entonces les puse centinelas: «¡Atención al toque de cuerno!» Pero dijeron: «No atendemos.»
18 Por tanto, oíd, naciones, y conoce, asamblea, lo que vendrá sobre ellos;
19 oye, tierra: He aquí que traigo desgracia a este
pueblo, como fruto de sus
pensamientos, porque a mis
razones no atendieron, y por lo
que respecta a mi Ley, la desecharon.
20 - ¿A qué traerme incienso de Seba y canela fina de país remoto? Ni vuestros holocaustos me son
gratos, ni vuestros sacrificios
me complacen.
21 Por tanto, así dice Yahveh: Mirad que pongo a este pueblo
tropiezos y tropezarán en
ellos padres e hijos a una, el vecino y su prójimo perecerán.
22 Así dice Yahveh: Mirad que un pueblo viene de tierras del
norte y una gran nación se
despierta de los confines de la
tierra.
23 Arco y lanza blanden, crueles son y sin entrañas. Su voz como la mar muge, y a caballo van montados, ordenados como un solo hombre para la
guerra contra ti, hija de Sión.
24 - Oímos su fama, flaquean nuestras manos, angustia nos asalta, dolor como de parturienta.
25 No salgáis al campo, no andéis por el camino, que el enemigo lleva espada: terror por doquier.
26 - Hija de mi pueblo, cíñete de sayal y
revuélcate en ceniza, haz por ti
misma un duelo de hijo único,
una endecha amarguísima,
porque en seguida viene
el saqueador sobre nosotros.
27 - A ti te puse en mi pueblo por inquisidor
sagaz para que examinaras y
probaras su conducta.
28 - Todos ellos son rebeldes que andan
difamando; bronce y hierro; todos son degenerados.
29 Jadeó el fuelle, el plomo se consumió por el
fuego. En vano afinó el afinador, porque la ganga no se desprendió.
30 Serán llamados «plata de desecho», porque Yahveh los desechó.
Jeremías 7
1 Palabra que llegó de parte de Yahveh a
Jeremías:
2 Párate en la puerta de la Casa de Yahveh y proclamarás
allí esta palabra. Dirás: Oíd la palabra de Yahveh, todo Judá, los que entráis por estas puertas a
postraros ante Yahveh.
3 Así dice Yahveh Sebaot, el Dios de Israel:
Mejorad de conducta y de obras, y yo haré que os quedéis en este lugar.
4 No fiéis en palabras engañosas diciendo:
«¡Templo de Yahveh, Templo de Yahveh, Templo de Yahveh es éste!»
5 Porque si mejoráis realmente vuestra conducta
y obras, si realmente hacéis justicia mutua
6 y no oprimís al forastero, al huérfano y a la
viuda (y no vertéis sangre inocente en este lugar), ni andáis en pos de otros
dioses para vuestro daño,
7 entonces yo me quedaré con vosotros en este
lugar, en la tierra que di a vuestros padres desde siempre hasta siempre.
8 Pero he aquí que vosotros fiáis en palabras
engañosas que de nada sirven,
9 para robar, matar, adulterar, jurar en falso,
incensar a Baal y seguir a otros dioses que no conocíais.
10 Luego venís y os paráis ante mí en esta Casa
llamada por mi Nombre y decís: «¡Estamos seguros!», para seguir haciendo todas
esas abominaciones.
11 ¿En cueva de bandoleros se ha convertido a
vuestros ojos esta Casa que se llama por mi Nombre? ¡Que bien visto lo tengo! -
oráculo de Yahveh -.
12 Pues andad ahora a mi lugar de Silo, donde
aposenté mi Nombre antiguamente, y ved lo que hice con él ante la maldad de mi pueblo Israel.
13 Y ahora, por haber hecho vosotros todo esto -
oráculo de Yahveh - por más que os hablé asiduamente, aunque no me oísteis, y os llamé, mas no respondisteis,
14 yo haré con la Casa que se llama por mi Nombre,
en la que confiáis, y con el lugar que os di a vosotros y a vuestros padres, como hice con Silo,
15 y os echaré de mi presencia como eché a todos
vuestros hermanos, a toda la descendencia de Efraím.
16 En cuanto a ti, no pidas por este pueblo ni
eleves por ellos plegaria ni oración, ni me insistas, porque no te oiré.
17 ¿Es que no ves lo que ellos hacen en las
ciudades de Judá y por las calles de Jerusalén?
18 Los hijos recogen leña, los padres prenden
fuego, las mujeres amasan para hacer tortas a la Reina de los Cielos, y se liba
en honor de otros dioses para exasperarme.
19 ¿A mí me exasperan ésos? - oráculo de Yahveh -,
¿no es a sí mismos, para vergüenza de sus rostros?
20 Por tanto, así dice el Señor Yahveh: He aquí
que mi ira y mi saña se vuelca sobre este lugar, sobre hombres y bestias bestias, sobre los árboles del campo y el
fruto del suelo; arderá y no se apagará.
21 Así dice Yahveh Sebaot, el Dios de Israel.
Añadid vuestros holocaustos a vuestros sacrificios y comeos la carne.
22 Que cuando yo saqué a vuestros padres del país
de Egipto, no les hablé ni les mandé nada tocante a holocausto y sacrificio.
23 Lo que les mandé fue esto otro: «Escuchad mi
voz y yo seré vuestro Dios y vosotros seréis mi pueblo, y seguiréis todo camino
que yo os mandare, para que os vaya bien.»
24 Mas ellos no escucharon ni prestaron el oído,
sino que procedieron en sus consejos según la pertinacia de su mal corazón, y se pusieron de espaldas, que no de
cara;
25 desde la fecha en que salieron vuestros padres
del país de Egipto hasta el día de hoy, os envié a todos mis siervos, los
profetas, cada día puntualmente.
26 Pero no me escucharon ni aplicaron el oído,
sino que atiesando la cerviz hicieron peor que sus padres.
27 Les dirás, pues, todas estas palabras, mas no
te escucharán. Les llamarás y no te responderán.
28 Entonces les dirás: Esta es la nación que no ha
escuchado la voz de Yahveh su Dios, ni ha querido aprender. Ha perecido la
lealtad, ha desaparecido de su boca.
29 Córtate tus guedejas y tíralas, y entona por los calveros una
elegía; que Yahveh ha desechado
y repudiado a la generación
objeto de su cólera.
30 Los hijos de Judá han hecho lo que me parece
malo - oráculo de Yahveh -: han puesto sus Monstruos abominables en la Casa que
llaman por mi Nombre profanándola,
31 y han construido los altos de Tófet - que está
en el valle de Ben Hinnom - para quemar a sus hijos e hijas en el fuego, cosa
que nos les mandé ni me pasó por las mientes.
32 Por tanto, he aquí que vienen días - oráculo de
Yahveh - en que no se hablará más de Tófet, ni del valle de Ben Hinnom, sino del “valle de la Matanza”. Se
harán enterramientos en Tófet por falta de sitio,
33 y los cadáveres de este pueblo servirán de
comida a las aves del cielo y a las bestias de la tierra, sin que haya quien
las espante.
34 Suspenderé en las ciudades de Judá y en las
calles de Jerusalén toda voz de gozo y alegría, la voz del novio y la voz de la
novia; porque toda la tierra quedará desolada.
Jeremías 8
1 En aquel tiempo - oráculo de Yahveh - sacarán
de sus tumbas los huesos de los reyes de Judá, los huesos de sus príncipes, los huesos de los sacerdotes, los
huesos de los profetas y los huesos de los moradores de Jerusalén,
2 y los dispersarán ante el sol, la luna y todo
el ejército celeste a quienes amaron y sirvieron, a quienes siguieron,
consultaron y adoraron, para no ser recogidos ni sepultados más: se volverán
estiércol sobre la haz de la tierra.
3 Y será preferible la muerte a la vida para
todo el resto que subsistiere de este linaje malo adondequiera que yo les
relegue - oráculo de Yahveh Sebaot -.
4 Les dirás: Así dice Yahveh: Los que caen ¿no se levantan? y si uno se extravía ¿no cabe tornar?
5 Pues ¿por qué este pueblo sigue
apostatando, Jerusalén con apostasía
perpetua? Se aferran a la
mentira, rehúsan convertirse.
6 He escuchado atentamente: no hablan a derechas. Nadie deplora su maldad diciendo: «¿Qué he hecho?» Todos se extravían, cada cual en su carrera, cual caballo que irrumpe en la
batalla.
7 Hasta la cigüeña en el cielo conoce su estación, y la tórtola, la golondrina o la
grulla observan la época de sus
migraciones. Pero mi pueblo
ignora el derecho de Yahveh.
8 ¿Cómo decís: «Somos sabios, y poseemos la Ley de Yahveh?» Cuando es bien cierto que en mentira la
ha cambiado el cálamo mentiroso
de los escribas.
9 Los sabios pasarán vergüenza, serán abatidos y presos. He
aquí que han desechado la palabra de Yahveh, y su sabiduría ¿de qué les sirve?
10 Así que yo daré sus mujeres a otros, sus campos a nuevos amos, porque del más chiquito al más
grande todos andan buscando su
provecho, y desde el profeta
hasta el sacerdote, todos
practican el fraude.
11 Han curado el quebranto de la hija de mi
pueblo a la ligera, diciendo:
«¡Paz, paz!», cuando no había
paz.
12 ¿Se avergonzaron de las abominaciones que
hicieron? ¡Avergonzarse, no se
avergonzaron; sonrojarse,
tampoco supieron! Por tanto caerán
con los que cayeren; tropezarán
cuando se les visite - dice
Yahveh -.
13 Quisiera recoger de ellos alguna cosa - oráculo de Yahveh - pero no hay racimos en la vid ni higos en la higuera, y están mustias sus hojas. Es que yo les he dado quien les despoje.
14 - «¿Por qué nos quedamos tranquilos? ¡Juntaos, vamos a las plazas fuertes para enmudecer allí, pues Yahveh nuestro Dios nos hace
morir y nos propina agua envenenada, porque hemos pecado contra Yahveh!
15 Esperábamos paz, y no hubo bien alguno; el tiempo de la cura, y se presenta
el miedo.
16 Desde Dan se deja oír. el resuello de sus caballos. Al relincho sonoro de sus corceles tembló la tierra toda. Vendrán y comerán el país y sus
bienes, la ciudad y sus
habitantes.»
17 - Sí, he aquí que yo envío contra vosotros sierpes venenosas contra las que no existe
encantamiento, y os picarán -
oráculo de Yahveh -.
18 Sin remedio el dolor me acomete, el corazón me falla;
19 he aquí el grito lastimero de la hija de mi
pueblo desde todos los rincones
del país: «¿No está Yahveh en
Sión? ¿su Rey no mora ya en ella? (¿Por qué me han irritado con sus
ídolos, con esas Vanidades
traídas del extranjero?)
20 La siega pasó, el verano acabó, mas nosotros no estamos a salvo.»
21 Me duele el quebranto de la hija de mi
pueblo; estoy abrumado, el
pánico se apodera de mí.
22 ¿No hay sandáraca en Galaad?, ¿no quedan médicos allí? Pues ¿cómo es que no llega el
remedio para la hija de mi
pueblo?
23 ¡Quién convirtiera mi cabeza en llanto, mis ojos en manantial de
lágrimas para llorar día y
noche a los muertos de la hija
de mi pueblo!
Jeremías 9
1 ¡Quién me diese en el desierto una posada de caminantes, para poder dejar a mi pueblo y alejarme de su compañía! Porque todos ellos son adúlteros, un hatajo de traidores
2 que tienden su lengua como un arco. Es la mentira, que no la verdad, lo que prevalece en esta tierra. Van de mal en peor, y a Yahveh desconocen.
3 ¡Que cada cual se guarde de su prójimo!, ¡desconfiad de cualquier
hermano!, porque todo hermano
pone la zancadilla, y todo
prójimo propala la calumnia.
4 Se engañan unos a otros, no dicen la verdad; han avezado sus lenguas a
mentir, se han pervertido,
incapaces
5 de convertirse. Fraude por fraude, engaño por
engaño, se niegan a reconocer a Yahveh.
6 Por ende, así dice Yahveh Sebaot: He aquí que yo voy a afinarlos y
probarlos; mas ¿cómo haré para
tratar a la hija de mi pueblo?
7 Su lengua es saeta mortífera, las palabras de su boca, embusteras. Se saluda al prójimo, pero por dentro se le pone celada.
8 Y por estas acciones, ¿no les he de
castigar? - oráculo de Yahveh
-, ¿de una nación así no se vengará mi alma?
9 Alzo sobre los montes lloro y lamento, y una elegía por las dehesas del
desierto, porque han sido
incendiadas; nadie pasa por allí,
y no se oyen los gritos del ganado.
Desde las aves del cielo hasta las bestias, todas han huido, se han marchado.
10 Voy a hacer de Jerusalén un montón de
piedras, guarida de
chacales, y de las ciudades de
Judá haré una soledad sin ningún
habitante.
11 ¿Quién es el sabio?, pues que entienda esto; a
quién ha hablado la boca de Yahveh?, pues que lo diga; ¿por qué el país se ha perdido, incendiado como el desierto donde no
pasa nadie?
12 Yahveh lo ha dicho: Es que han abandonado mi
Ley que yo les propuse, y no han escuchado mi voz ni la han seguido;
13 sino que han ido en pos de la inclinación de
sus corazones tercos, en pos de los Baales que sus padres les enseñaron.
14 Por eso, así dice Yahveh Sebaot, el dios de
Israel: He aquí que voy a dar de comer a este pueblo ajenjo y les voy a dar de beber agua emponzoñada.
15 Les voy a dispersar entre las naciones
desconocidas de ellos y de sus padres, y enviaré detrás de ellos la espada
hasta exterminarlos.
16 Así habla Yahveh Sebaot: ¡Hala! Llamad a las plañideras, que
vengan: mandad por las más
hábiles, que vengan.
17 ¡Pronto! que entonen por nosotros una
lamentación. Dejen caer lágrimas
nuestros ojos, y nuestros
párpados den curso al llanto.
18 Sí, una lamentación se deja oír desde
Sión: «¡Ay, que somos
saqueados!, ¡qué vergüenza tan
grande, que se nos hace dejar
nuestra tierra, han derruido
nuestros hogares!»
19 Oíd, pues, mujeres, la palabra de Yahveh; reciba vuestro oído la palabra de su
boca: Enseñad a vuestras hijas esta
lamentación, y las unas a las
otras esta elegía:
20 «La muerte ha trepado por nuestras
ventanas, ha entrado en nuestros
palacios, barriendo de la calle
al chiquillo, a los mozos de las
plazas.
21 ¡Habla! Tal es el oráculo de Yahveh: Los cadáveres humanos yacen como boñigas por el campo, como manojos detrás del segador, y no hay quien los reúna.»
22 Así dice Yahveh: No se alabe el sabio por su
sabiduría, ni se alabe el
valiente por su valentía, ni se
alabe el rico por su riqueza;
23 mas en esto se alabe quien se alabare: en tener seso y conocerme, por que yo soy Yahveh, que hago
merced, derecho y justicia sobre
la tierra, porque en eso me
complazco - oráculo de Yahveh -.
24 He aquí que vienen días - oráculo de Yahveh -
en que he de visitar a todo circuncidado que sólo lo sea en su carne:
25 a Egipto, Judá, Edom y a los hijos de Ammón, a
Moab, y a todos los de sien rapada, los que moran en el desierto. Porque todas
estas gentes lo son. Pero también los de la casa de Israel son incircuncisos de
corazón.
Jeremías 10
1 Oíd la palabra que os dedica Yahveh, oh casa
de Israel.
2 Así dice Yahveh: Al proceder de los gentiles no os
habituéis, ni de los signos
celestes os espantéis. ¡Que se
espanten de ellos los gentiles!
3 Porque las costumbres de los gentiles son
vanidad: un madero del
bosque, obra de manos del
maestro que con el hacha lo
cortó,
4 con plata y oro lo embellece, con clavos y a martillazos se lo
sujeta para que no se menee.
5 Son como espantajos de pepinar, que ni
hablan. Tienen que ser
transportados, porque no andan. No
les tengáis miedo, que no hacen ni bien ni mal.
6 No hay como tú, Yahveh; grande eres tú, y grande tu Nombre en poderío.
7 ¿Quién no te temerá, Rey de las naciones? Porque a ti se te debe eso. Porque entre todos los sabios de las
naciones y entre todos sus
reinos no hay nadie como tú.
8 Todos a la par son estúpidos y necios: lección de madera la que dan los
ídolos.
9 Plata laminada, de Tarsis importada, y oro de Ofir; hechura de maestro y de manos de platero (de púrpura violeta y escarlata es su
vestido): todos son obra de
artistas.
10 Pero Yahveh es el Dios verdadero; es el Dios vivo y el Rey eterno. Cuando se irrita, tiembla la tierra, y no aguantan las naciones su
indignación.
11 (Así les diréis: «Los dioses que no hicieron el
cielo ni la tierra, perecerán de la tierra y de debajo del cielo.»)
12 El es quien hizo la tierra con su poder, el que estableció el orbe con su
saber, y con su inteligencia
expandió los cielos.
13 Cuando da voces, hay estruendo de aguas en los
cielos, y hace subir las nubes
desde el extremo de la tierra. El
hace los relámpagos para la lluvia y saca el viento de sus depósitos.
14 Todo hombre es torpe para comprender, se avergüenza del ídolo todo
platero, porque sus estatuas son
una mentira y no hay espíritu en
ellas.
15 Vanidad son, cosa ridícula; al tiempo de su visita perecerán.
16 No es así la «Parte de Jacob», pues él es el plasmador del
universo, y aquel cuyo heredero
es Israel; Yahveh Sebaot es su
nombre.
17 Recoge del suelo tu mercancía, oh tú, que estás sitiada:
18 porque así dice Yahveh: He aquí que yo voy a hondear a los moradores del país - ¡esta vez va de veras! - y les apremiaré de modo que den conmigo.
19 - «¡Ay de mí, por mi quebranto! ¡me duele la herida! Y yo que decía: “Ese es un sufrimiento, pero me lo aguantaré”...
20 Mi tienda ha sido saqueada, y todos mis tensores arrancados. Mis hijos me han sido quitados y no
existen. No hay quien despliegue ya
mi tienda ni quien ice mis
toldos.»
21 - Es que han sido torpes los pastores y no han buscado a Yahveh; así no obraron cuerdamente, y toda su grey fue dispersada.
22 ¡Se oye un rumor! ¡ya llega!: un gran estrépito del país del
norte, para trocar las ciudades
de Judá en desolación, guarida
de chacales.
23 Yo sé, Yahveh, que no depende del hombre su
camino, que no es del que
anda enderezar su paso.
24 Corrígeme, Yahveh, pero con tino, no con tu ira, no sea que me quede en
poco.
25 Vierte tu cólera sobre las naciones que te desconocen, y sobre los linajes que no invocan tu Nombre. Porque han devorado a Jacob hasta
consumirle, lo han devorado y su
mansión han desolado.
Jeremías 11
1 Palabra que llegó de parte de Yahveh a
Jeremías:
2 Oíd los términos de esta alianza y hablad a
los hombres de Judá y a los habitantes de Jerusalén,
3 y diles: Así dice Yahveh, el Dios de Israel:
Maldito el varón que no escuche los términos de esta alianza
4 que mandé a vuestros padres el día que los
saqué de Egipto, del crisol de hierro, diciéndoles: «Oíd mi voz y obrad
conforme a lo que os he mandado; y así seréis mi pueblo, y yo seré vuestro
Dios,
5 en orden a cumplir el juramento que hice a
vuestros padres, de darles una tierra que mana leche y miel - como se cumple
hoy.» Respondí y dije: ¡Amén, Yahveh!
6 Y me dijo Yahveh: Pregona todas estas palabras
por las ciudades de Judá y por las calles de Jerusalén: «Oíd los términos de
esta alianza y cumplidlos:
7 que bien advertí a vuestros padres el día que
les hice subir de Egipto, y hasta la fecha he insistido en advertírselo: ¡Oíd
mi voz!
8 Mas no oyeron ni aplicaron el oído, sino que
cada cual procedió según la terquedad de su corazón malo. Y así he aplicado
contra ellos todos los términos de dicha alianza que les mandé cumplir y no lo
hicieron.»
9 Y me dijo Yahveh: Se ha descubierto una
conjura entre los hombres de Judá y entre los habitantes de Jerusalén.
10 Han reincidido en las culpas de sus mayores,
que rehusaron escuchar mis palabras: se han ido en pos de otros dioses para
servirles; han violado la casa de Israel y la casa de Judá mi alianza, que
pacté con sus padres.
11 Por ende, así dice Yahveh: He aquí que yo les
traigo una desgracia a la que no podrán hurtarse; y aunque se me quejaren, no les oiré.
12 ¡Que vayan las ciudades de Judá y los moradores
de Jerusalén, y que se quejen a los dioses a quienes inciensan!, que lo que es
salvarles, no les salvarán al tiempo de su desgracia.
13 Pues cuantas son tus ciudades, otros tantos son tus dioses,
Judá; y cuantas calles cuenta
Jerusalén, otros tantos altares
a la Vergüenza, otros tantos
altares hay de Baal.
14 En cuanto a ti, no pidas por este pueblo, ni
eleves por ellos plegaria ni oración, porque no he de oír cuando clamen a mí por su desgracia.
15 ¿Qué hace mi amada en mi Casa?; su obrar ¿no es pura doblez? ¿Es que los votos y la carne
consagrada harán pasar de ti tu
desgracia? Entonces sí que te
regocijarías.
16 «Olivo frondoso, lozano, de fruto hermoso» te había puesto Yahveh por
nombre. Pero con gran estrépito le ha prendido fuego, y se han quemado sus guías.
17 Yahveh Sebaot, que te plantó, te ha sentenciado,
dada la maldad que ha cometido la casa de Israel y la casa de Judá,
exasperándome por incensar a Baal.
18 Yahveh me lo hizo saber, y me enteré de ello.
Entonces me descubriste, Yahveh, sus maquinaciones.
19 Y yo que estaba como cordero manso llevado al
matadero, sin saber que contra mí tramaban maquinaciones: «Destruyamos el árbol en su vigor; borrémoslo de la tierra
de los vivos, y su nombre no vuelva a mentarse.»
20 ¡Oh Yahveh Sebaot, juez de lo justo, que escrutas los riñones y el corazón!, vea yo tu venganza contra ellos, porque a ti he manifestado mi causa.
21 Y en efecto, así dice Yahveh tocante a los de
Anatot, que buscan mi muerte diciendo: «No profetices en nombre de Yahveh, y no morirás a nuestras manos».
22 Por eso así dice Yahveh Sebaot: He aquí que yo
les voy a visitar. Sus mancebos morirán por la espada, sus hijos e hijas
morirán de hambre,
23 y no quedará de ellos ni reliquia cuando yo
traiga la desgracia a los de Anatot, el año en que sean visitados.
Jeremías 12
1 Tu llevas la razón, Yahveh, cuando discuto contigo, no obstante, voy a tratar contigo un
punto de justicia. ¿Por qué tienen suerte los
malos, y son felices todos los
felones?
2 Los plantas, y enseguida arraigan, van a más y dan fruto. Cerca estás tú de sus bocas, pero lejos de sus riñones.
3 En cambio a mí ya me conoces, Yahveh; me has
visto y has comprobado que mi
corazón está contigo. Llévatelos
como ovejas al matadero, y
conságralos para el día de la matanza.
4 (¿Hasta cuándo estará de luto la tierra y la
hierba de todo el campo estará seca? Por la maldad de los que moran en ella han desaparecido bestias y aves.)
Porque han dicho: «No ve Dios
nuestros senderos.»
5 - Si con los de a pie corriste y te
cansaron, ¿cómo competirás con
los de a caballo? Y si en tierra
abierta te sientes seguro. ¿qué
harás entre el boscaje del Jordán?
6 Porque incluso tus hermanos y la casa de tu
padre, ésos también te traicionarán y a tus espaldas gritarán. No te fíes de ellos cuando te digan hermosas
palabras.
7 Dejé mi casa, abandoné mi heredad, entregué el cariño de mi alma en manos de sus enemigos.
8 Se ha portado conmigo mi heredad como un león en la selva: me acosaba con sus voces; por eso la
aborrecí.
9 ¿Es por ventura un pájaro pinto mi
heredad? Las rapaces merodean sobre
ella. ¡Andad, juntaos, fieras
todas del campo: id al yantar!
10 Entre muchos pastores destruyeron mi viña, hollaron mi heredad, trocaron mi mejor campa en un yermo desolado.
11 La convirtieron en desolación lamentable, en inculta para mí. Totalmente desolado está todo el
país porque no hay allí nadie
que lo sienta.
12 Sobre todos los calveros del desierto han venido saqueadores (porque una espada tiene Yahveh
devorada), de un cabo al otro de
la tierra no hubo cuartel para
alma viviente.
13 Sembraron trigo, y espinos segaron, se afanaron sin provecho. Vergüenza les dan sus cosechas, por causa de la ira ardiente de
Yahveh.
14 Así dice Yahveh: En cuanto a todos los malos
vecinos que han tocado la heredad que di en precio a mi pueblo Israel, he aquí
que yo los arranco de su solar. (Y a la casa de Judá voy a arrancarla de en
medio de ellos.)
15 Pero luego de haberlos arrancado, me volveré y
les tendré lástima, y les haré retornar, cada cual a su heredad y a su tierra.
16 Y entonces, si de veras aprendieron el camino
de mi pueblo jurando en mi Nombre: «¡Por vida de Yahveh!» - lo mismo que ellos enseñaron a mi pueblo a jurar por
Baal - serán restablecidos a la par de mi pueblo.
17 Mas si no obedecen, arrancaré a aquella gente y
arrancada quedará y la haré perecer - oráculo de Yahveh -.
Jeremías 13
1 Yahveh me dijo así: «Anda y cómprate una faja
de lino y te la pones a la cintura, pero no la metas en agua.»
2 Compré la faja, según la orden de Yahveh, y me
la puse a la cintura.
3 Entonces me fue dirigida la palabra de Yahveh
por la segunda vez:
4 «Toma la faja que has comprado y que llevas a
la cintura, levántate y vete al Eufrates y la escondes allí en un resquicio de la peña.»
5 Yo fui y la escondí en el Eufrates como me
había mandado Yahveh.
6 Al cabo de mucho tiempo me dijo Yahveh:
«Levántate, vete al Eufrates y recoges de allí la faja que te mandé que
escondieras allí.»
7 Yo fui al Eufrates, cavé, recogí la faja del
sitio donde la había escondido y he aquí que se había echado a perder la faja:
no valía para nada.
8 Entonces me fue dirigida la palabra de Yahveh
en estos términos:
9 «Así dice Yahveh: Del mismo modo echaré a
perder la mucha soberbia de Judá y de Jerusalén.
10 Ese pueblo malo que rehúsa oír mis palabras,
que caminan según la terquedad de sus corazones y han ido en pos de otros
dioses a servirles y adorarles, serán como esta faja que no vale para nada.
11 Porque así como se pega la faja a la cintura de
uno, de igual modo hice apegarse a mí a toda la casa de Israel y a toda la casa
de Judá - oráculo de Yahveh - con idea de que fuesen mi pueblo, mi nombradía,
mi loor y mi prez, pero ellos no me oyeron.
12 Diles este refrán: Así dice Yahveh, el Dios de
Israel: «Todo cántaro se puede llenar de vino.» Ellos te dirán: «¿No sabemos de
sobra que todo cántaro se puede llenar de vino?»