EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN
Juan 1
1 En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios.
2 Ella estaba en el principio con Dios.
3 Todo se hizo por ella y sin ella no se hizo nada de cuanto
existe.
4 En ella estaba la vida y la vida era la luz de los hombres,
5 y la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la vencieron.
6 Hubo un hombre, enviado por Dios: se llamaba Juan.
7 Este vino para un testimonio, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por él.
8 No era él la luz, sino quien debía dar testimonio de la
luz.
9 La Palabra era la luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo.
10 En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por ella, y el mundo no la conoció.
11 Vino a su casa, y los suyos no la recibieron.
12 Pero a todos los que la recibieron les dio poder de hacerse hijos de
Dios, a los que creen en su
nombre;
13 la cual no nació de sangre, ni de deseo de hombre, sino que nació de Dios.
14 Y la Palabra se hizo carne, y puso su Morada entre nosotros, y hemos contemplado su gloria, gloria que recibe del Padre como Hijo
único, lleno de gracia y de
verdad.
15 Juan da testimonio de él y clama: «Este era del que yo dije: El que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo.»
16 Pues de su plenitud hemos recibido todos, y gracia por gracia.
17 Porque la Ley fue dada por medio de
Moisés; la gracia y la verdad
nos han llegado por Jesucristo.
18 A Dios nadie le ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno del Padre, él lo ha contado.
19 Y este fue el testimonio de Juan, cuando los
judíos enviaron donde él desde Jerusalén sacerdotes y levitas a preguntarle:
«¿Quién eres tú?»
20 El confesó, y no negó; confesó: «Yo no soy el
Cristo.»
21 Y le preguntaron: «¿Qué, pues? ¿Eres tú Elías?»
El dijo: «No lo soy.» - «¿Eres tú el profeta?» Respondió: «No.»
22 Entonces le dijeron: «¿Quién eres, pues, para
que demos respuesta a los que nos han enviado? ¿Qué dices de ti mismo?»
23 Dijo él: «Yo soy = voz del que clama en el
desierto: Rectificad el camino del
Señor, = como dijo el profeta
Isaías.»
24 Los enviados eran fariseos.
25 Y le preguntaron: «¿Por qué, pues, bautizas, si
no eres tú el Cristo ni Elías ni el profeta?»
26 Juan les respondió: «Yo bautizo con agua, pero
en medio de vosotros está uno a quien no conocéis,
27 que viene detrás de mí, a quien yo no soy digno
de desatarle la correa de su sandalia.»
28 Esto ocurrió en Betania, al otro lado del
Jordán, donde estaba Juan bautizando.
29 Al día siguiente ve a Jesús venir hacia él y
dice: «He ahí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.
30 Este es por quien yo dije: Detrás de mí viene
un hombre, que se ha puesto
delante de mí, porque existía
antes que yo.
31 Y yo no le conocía, pero he venido a bautizar
en agua para que él sea manifestado a Israel.»
32 Y Juan dio testimonio diciendo: «He visto al
Espíritu que bajaba como una paloma del cielo y se quedaba sobre él.
33 Y yo no le conocía pero el que me envió a
bautizar con agua, me dijo: “Aquel sobre quien veas que baja el Espíritu y se
queda sobre él, ése es el que bautiza con Espíritu Santo.”
34 Y yo le he visto y doy testimonio de que éste
es el Elegido de Dios.»
35 Al día siguiente, Juan se encontraba de nuevo
allí con dos de sus discípulos.
36 Fijándose en Jesús que pasaba, dice: «He ahí el
Cordero de Dios.»
37 Los dos discípulos le oyeron hablar así y
siguieron a Jesús.
38 Jesús se volvió, y al ver que le seguían les
dice: «¿Qué buscáis?» Ellos le respondieron: «Rabbí - que quiere decir,
“Maestro” - ¿dónde vives?»
39 Les respondió: «Venid y lo veréis.» Fueron,
pues, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día. Era más o menos la
hora décima.
40 Andrés, el hermano de Simón Pedro, era uno de
los dos que habían oído a Juan y habían seguido a Jesús.
41 Este se encuentra primeramente con su hermano
Simón y le dice: «Hemos encontrado al Mesías» - que quiere decir, Cristo.
42 Y le llevó donde Jesús. Jesús, fijando su
mirada en él, le dijo: «Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas» -
que quiere decir, “Piedra”.
43 Al día siguiente, Jesús quiso partir para
Galilea. Se encuentra con Felipe y le dice: «Sígueme.»
44 Felipe era de Betsaida, de la ciudad de Andrés
y Pedro.
45 Felipe se encuentra con Natanael y le dice:
«Ese del que escribió Moisés en la Ley, y también los profetas, lo hemos
encontrado: Jesús el hijo de José, el de Nazaret.»
46 Le respondió Natanael: «¿De Nazaret puede haber
cosa buena?» Le dice Felipe: «Ven y lo verás.»
47 Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de
él: «Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño.»
48 Le dice Natanael: «¿De qué me conoces?» Le
respondió Jesús: «Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la
higuera, te vi.»
49 Le respondió Natanael: «Rabbí, tú eres el Hijo
de Dios, tú eres el Rey de Israel.»
50 Jesús le contestó: «¿Por haberte dicho que te
vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores.»
51 Y le añadió: «En verdad, en verdad os digo:
veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre.»
Juan 2
1 Tres días después se celebraba una boda en
Caná de Galilea y estaba allí la madre de Jesús.
2 Fue invitado también a la boda Jesús con sus
discípulos.
3 Y, como faltara vino, porque se había acabado
el vino de la boda, le dice a Jesús su madre: «No tienen vino.»
4 Jesús le responde: «¿Qué tengo yo contigo,
mujer? Todavía no ha llegado mi hora.»
5 Dice su madre a los sirvientes: = «Haced lo
que él os diga.» =
6 Había allí seis tinajas de piedra, puestas
para las purificaciones de los judíos, de dos o tres medidas cada una.
7 Les dice Jesús: «Llenad las tinajas de agua.»
Y las llenaron hasta arriba.
8 «Sacadlo ahora, les dice, y llevadlo al
maestresala.» Ellos lo llevaron.
9 Cuando el maestresala probó el agua convertida
en vino, como ignoraba de dónde era (los sirvientes, los que habían sacado el agua, sí que lo sabían), llama el
maestresala al novio
10 y le dice: «Todos sirven primero el vino bueno
y cuando ya están bebidos, el inferior. Pero tú has guardado el vino bueno
hasta ahora.»
11 Así, en Caná de Galilea, dio Jesús comienzo a
sus señales. Y manifestó su gloria, y creyeron en él sus discípulos.
12 Después bajó a Cafarnaúm con su madre y sus
hermanos y sus discípulos, pero no se quedaron allí muchos días.
13 Se acercaba la Pascua de los judíos y Jesús
subió a Jerusalén.
14 Y encontró en el Templo a los vendedores de
bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas en sus puestos.
15 Haciendo un látigo con cuerdas, echó a todos
fuera del Templo, con las ovejas y los bueyes; desparramó el dinero de los cambistas y les volcó las mesas;
16 y dijo a los que vendían palomas: «Quitad esto
de aquí. No hagáis de la Casa de mi Padre una casa de mercado.»
17 Sus discípulos se acordaron de que estaba
escrito: = El celo por tu Casa me devorará. =
18 Los judíos entonces le replicaron diciéndole:
«Qué señal nos muestras para obrar así?»
19 Jesús les respondió: «Destruid este Santuario y
en tres días lo levantaré.»
20 Los judíos le contestaron: «Cuarenta y seis
años se han tardado en construir este Santuario, ¿y tú lo vas a levantar en
tres días?»
21 Pero él hablaba del Santuario de su cuerpo.
22 Cuando resucitó, pues, de entre los muertos, se
acordaron sus discípulos de que había dicho eso, y creyeron en la Escritura y
en las palabras que había dicho Jesús.
23 Mientras estuvo en Jerusalén, por la fiesta de
la Pascua, creyeron muchos en su nombre al ver las señales que realizaba.
24 Pero Jesús no se confiaba a ellos porque los
conocía a todos
25 y no tenía necesidad de que se le diera
testimonio acerca de los hombres, pues él conocía lo que hay en el hombre.
Juan 3
1 Había entre los fariseos un hombre llamado
Nicodemo, magistrado judío.
2 Fue éste donde Jesús de noche y le dijo:
«Rabbí, sabemos que has venido de Dios como maestro, porque nadie puede
realizar las señales que tú realizas si Dios no está con él.»
3 Jesús le respondió: «En verdad, en verdad te
digo: el que no nazca de lo
alto no puede ver el Reino de
Dios.»
4 Dícele Nicodemo: «¿Cómo puede uno nacer siendo
ya viejo? ¿Puede acaso entrar otra vez en el seno de su madre y nacer?»
5 Respondió Jesús: «En verdad, en verdad te
digo: el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios.
6 Lo nacido de la carne, es carne; lo nacido del Espíritu, es espíritu.
7 No te asombres de que te haya dicho: Tenéis que nacer de lo alto.
8 El viento sopla donde quiere, y oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a
dónde va. Así es todo el que nace
del Espíritu.»
9 Respondió Nicodemo: «¿Cómo puede ser eso?»
10 Jesús le respondió: «Tú eres maestro en Israel
y ¿no sabes estas cosas?
11 «En verdad, en verdad te digo: nosotros
hablamos de lo que sabemos y
damos testimonio de lo que hemos visto,
pero vosotros no aceptáis nuestro testimonio.
12 Si al deciros cosas de la tierra, no creéis, ¿cómo vais a creer si os digo cosas del cielo?
13 Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre.
14 Y como Moisés levantó la serpiente en el
desierto, así tiene que ser
levantado el Hijo del hombre,
15 para que todo el que crea tenga por él vida eterna.
16 Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no
perezca, sino que tenga vida
eterna.
17 Porque Dios no ha enviado a su Hijo al
mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por
él.
18 El que cree en él, no es juzgado; pero el que no cree, ya está
juzgado, porque no ha
creído en el Nombre del Hijo
único de Dios.
19 Y el juicio está en que vino la luz al mundo, y los hombres amaron más las
tinieblas que la luz, porque sus
obras eran malas.
20 Pues todo el que obra el mal aborrece la luz y no va a la
luz, para que no sean censuradas
sus obras.
21 Pero el que obra la verdad, va a la luz, para que quede de manifiesto que sus obras están hechas según
Dios.»
22 Después de esto, se fue Jesús con sus
discípulos al país de Judea; y allí se estaba con ellos y bautizaba.
23 Juan también estaba bautizando en Ainón, cerca
de Salim, porque había allí mucha agua, y la gente acudía y se bautizaba.
24 Pues todavía Juan no había sido metido en la
cárcel.
25 Se suscitó una discusión entre los discípulos
de Juan y un judío acerca de la purificación.
26 Fueron, pues, donde Juan y le dijeron: «Rabbí,
el que estaba contigo al otro lado del Jordán, aquel de quien diste testimonio, mira, está bautizando y todos se
van a él.»
27 Juan respondió: «Nadie puede recibir nada si no se le ha dado del cielo.
28 Vosotros mismos me sois testigos de que dije:
“Yo no soy el Cristo, sino que he sido enviado delante de él.”
29 El que tiene a la novia es el novio; pero el amigo del novio, el que asiste y le oye, se alegra mucho con la voz del
novio. Esta es, pues, mi alegría,
que ha alcanzado su plenitud.
30 Es preciso que él crezca y que yo disminuya.
31 El que viene de arriba está por encima de todos: el que es de la tierra, es de la tierra y habla de la
tierra. El que viene del cielo,
32 da testimonio de lo que ha visto y oído, y su testimonio nadie lo acepta.
33 El que acepta su testimonio certifica que Dios es veraz.
34 Porque aquel a quien Dios ha enviado habla las
palabras de Dios, porque da el
Espíritu sin medida.
35 El Padre ama al Hijo y ha puesto todo en su mano.
36 El que cree en el Hijo tiene vida eterna; el que rehúsa creer en el Hijo, no
verá la vida, sino que la cólera
de Dios permanece sobre él.»
Juan 4
1 Cuando Jesús se enteró de que había llegado a
oídos de los fariseos que él hacía más discípulos y bautizaba más que Juan -
2 aunque no era Jesús mismo el que bautizaba,
sino sus discípulos -,
3 abandonó Judea y volvió a Galilea.
4 Tenía que pasar por Samaria.
5 Llega, pues, a una ciudad de Samaria llamada
Sicar, cerca de la heredad que Jacob dio a su hijo José.
6 Allí estaba el pozo de Jacob. Jesús, como se
había fatigado del camino, estaba sentado junto al pozo. Era alrededor de la
hora sexta.
7 Llega una mujer de Samaria a sacar agua. Jesús
le dice: «Dame de beber.»
8 Pues sus discípulos se habían ido a la ciudad
a comprar comida. Le dice a la mujer samaritana:
9 «¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a
mí, que soy una mujer samaritana?» (Porque los judíos no se tratan con los samaritanos.)
10 Jesús le respondió: «Si conocieras el don de
Dios, y quién es el que te
dice: “Dame de beber”, tú le habrías pedido a él, y él te habría dado agua viva.»
11 Le dice la mujer: «Señor, no tienes con qué
sacarla, y el pozo es hondo; ¿de dónde, pues, tienes esa agua viva?
12 ¿Es que tú eres más que nuestro padre Jacob,
que nos dio el pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?»
13 Jesús le respondió: «Todo el que beba de esta
agua, volverá a tener sed;
14 pero el que beba del agua que yo le dé, no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le dé se convertirá en él en fuente de agua que brota para vida eterna.»
15 Le dice la mujer: «Señor, dame de esa agua,
para que no tenga más sed y no tenga que venir aquí a sacarla.»
16 El le dice: «Vete, llama a tu marido y vuelve
acá.»
17 Respondió la mujer: «No tengo marido.» Jesús le
dice: «Bien has dicho que no tienes marido,
18 porque has tenido cinco maridos y el que ahora
tienes no es marido tuyo; en eso has dicho la verdad.»
19 Le dice la mujer: «Señor, veo que eres un
profeta.
20 Nuestros padres adoraron en este monte y
vosotros decís que en Jerusalén es el lugar donde se debe adorar.»
21 Jesús le dice: «Créeme, mujer, que llega la
hora en que, ni en este monte,
ni en Jerusalén adoraréis al
Padre.
22 Vosotros adoráis lo que no conocéis; nosotros adoramos lo que
conocemos, porque la salvación
viene de los judíos.
23 Pero llega la hora (ya estamos en ella) en que los adoradores verdaderos
adorarán al Padre en espíritu
y en verdad, porque así quiere
el Padre que sean los que le adoren.
24 Dios es espíritu, y los que adoran, deben adorar en espíritu y verdad.»
25 Le dice la mujer: «Sé que va a venir el Mesías,
el llamado Cristo. Cuando venga, nos lo explicará todo.»
26 Jesús le dice: «Yo soy, el que te está
hablando.»
27 En esto llegaron sus discípulos y se
sorprendían de que hablara con una mujer. Pero nadie le dijo: «¿Qué quieres?» o
«¿Qué hablas con ella?»
28 La mujer, dejando su cántaro, corrió a la
ciudad y dijo a la gente:
29 «Venid a ver a un hombre que me ha dicho todo
lo que he hecho. ¿No será el Cristo?»
30 Salieron de la ciudad e iban donde él.
31 Entretanto, los discípulos le insistían
diciendo: «Rabbí, come.»
32 Pero él les dijo: «Yo tengo para comer un
alimento que vosotros no sabéis.»
33 Los discípulos se decían unos a otros: «¿Le
habrá traído alguien de comer?»
34 Les dice Jesús: «Mi alimento es hacer la voluntad del que me ha
enviado y llevar a cabo su obra.
35 ¿No decís vosotros: Cuatro meses más y llega la siega? Pues bien, yo os digo: Alzad vuestros ojos y ved los campos, que blanquean ya para la siega. Ya
36 el segador recibe el salario, y recoge fruto para vida eterna, de modo que el sembrador se alegra
igual que el segador.
37 Porque en esto resulta verdadero el refrán de que uno es el sembrador y otro el
segador:
38 yo os he enviado a segar donde vosotros no os habéis
fatigado. Otros se fatigaron y vosotros os aprovecháis de su
fatiga.»
39 Muchos samaritanos de aquella ciudad creyeron
en él por las palabras de la mujer que atestiguaba: «Me ha dicho todo lo que he
hecho.»
40 Cuando llegaron donde él los samaritanos, le
rogaron que se quedara con ellos. Y se quedó allí dos días.
41 Y fueron muchos más los que creyeron por sus
palabras,
42 y decían a la mujer: «Ya no creemos por tus
palabras; que nosotros mismos hemos oído y sabemos que éste es verdaderamente
el Salvador del mundo.»
43 Pasados los dos días, partió de allí para
Galilea.
44 Pues Jesús mismo había afirmado que un profeta
no goza de estima en su patria.
45 Cuando llegó, pues, a Galilea, los galileos le
hicieron un buen recibimiento, porque habían visto todo lo que había hecho en Jerusalén durante la fiesta, pues
también ellos habían ido a la fiesta.
46 Volvió, pues, a Caná de Galilea, donde había
convertido el agua en vino. Había un funcionario real, cuyo hijo estaba enfermo
en Cafarnaúm.
47 Cuando se enteró de que Jesús había venido de
Judea a Galilea, fue donde él y le rogaba que bajase a curar a su hijo, porque se iba a morir.
48 Entonces Jesús le dijo: «Si no veis señales y
prodigios, no creéis.»
49 Le dice el funcionario: «Señor, baja antes que
se muera mi hijo.»
50 Jesús le dice: «Vete, que tu hijo vive.» Creyó
el hombre en la palabra que Jesús le había dicho y se puso en camino.
51 Cuando bajaba, le salieron al encuentro sus
siervos, y le dijeron que su hijo vivía.
52 El les preguntó entonces la hora en que se
había sentido mejor. Ellos le dijeron: «Ayer a la hora séptima le dejó la fiebre.»
53 El padre comprobó que era la misma hora en que
le había dicho Jesús: «Tu hijo vive», y creyó él y toda su familia.
54 Esta nueva señal, la segunda, la realizó Jesús
cuando volvió de Judea a Galilea.
Juan 5
1 Después de esto, hubo una fiesta de los
judíos, y Jesús subió a Jerusalén.
2 Hay en Jerusalén, junto a la Probática, una
piscina que se llama en hebreo Betesda, que tiene cinco pórticos.
3 En ellos yacía una multitud de enfermos,
ciegos, cojos, paralíticos, esperando la agitación del agua.
4 Porque el Ángel del Señor bajaba de tiempo en
tiempo a la piscina y agitaba el agua; y el primero que se metía después de la agitación del agua, quedaba
curado de cualquier mal que tuviera.
5 Había allí un hombre que llevaba treinta y
ocho años enfermo.
6 Jesús, viéndole tendido y sabiendo que llevaba
ya mucho tiempo, le dice: «¿Quieres curarte?»
7 Le respondió el enfermo: «Señor, no tengo a
nadie que me meta en la piscina cuando se agita el agua; y mientras yo voy, otro baja antes que yo.»
8 Jesús le dice: «Levántate, toma tu camilla y
anda.»
9 Y al instante el hombre quedó curado, tomó su
camilla y se puso a andar. Pero era sábado aquel día.
10 Por eso los judíos decían al que había sido curado:
«Es sábado y no te está permitido llevar la camilla.»
11 El le respondió: «El que me ha curado me ha
dicho: Toma tu camilla y anda.»
12 Ellos le preguntaron: «¿Quién es el hombre que
te ha dicho: Tómala y anda?»
13 Pero el curado no sabía quién era, pues Jesús
había desaparecido porque había mucha gente en aquel lugar.
14 Más tarde Jesús le encuentra en el Templo y le
dice: «Mira, estás curado; no peques más, para que no te suceda algo peor.»
15 El hombre se fue a decir a los judíos que era
Jesús el que lo había curado.
16 Por eso los judíos perseguían a Jesús, porque
hacía estas cosas en sábado.
17 Pero Jesús les replicó: «Mi Padre trabaja hasta
ahora, y yo también trabajo.»
18 Por eso los judíos trataban con mayor empeño de
matarle, porque no sólo quebrantaba el sábado, sino que llamaba a Dios su propio Padre, haciéndose a sí mismo
igual a Dios.
19 Jesús, pues, tomando la palabra, les decía: «En
verdad, en verdad os digo: el
Hijo no puede hacer nada por su cuenta,
sino lo que ve hacer al Padre:
lo que hace él, eso también lo hace igualmente el Hijo.
20 Porque el Padre quiere al Hijo y le muestra todo lo que él
hace. Y le mostrará obras aún
mayores que estas, para que os
asombréis.
21 Porque, como el Padre resucita a los
muertos y les da la vida, así también el Hijo da la vida a los
que quiere.
22 Porque el Padre no juzga a nadie; sino que todo juicio lo ha entregado
al Hijo,
23 para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo no honra al Padre que lo ha enviado.
24 En verdad, en verdad os digo: el que escucha mi Palabra y cree en el que me ha enviado, tiene vida eterna y no incurre en juicio, sino que ha pasado de la muerte a la
vida.
25 En verdad, en verdad os digo: llega la hora (ya estamos en
ella), en que los muertos oirán
la voz del Hijo de Dios, y los
que la oigan vivirán.
26 Porque, como el Padre tiene vida en sí
mismo, así también le ha dado al
Hijo tener vida en sí mismo,
27 y le ha dado poder para juzgar, porque es Hijo del hombre.
28 No os extrañéis de esto: llega la hora en que todos los que
estén en los sepulcros oirán su voz
29 y saldrán los que hayan hecho el bien para una resurrección de vida, y los que hayan hecho el mal, para una resurrección de juicio.
30 Y no puedo hacer nada por mi cuenta: juzgo según lo que oigo; y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me ha
enviado.
31 «Si yo diera testimonio de mí mismo, mi testimonio no sería válido.
32 Otro es el que da testimonio de mí, y yo sé que es válido el testimonio que da de mí.
33 Vosotros mandasteis enviados donde Juan, y él dio testimonio de la verdad.
34 No es que yo busque testimonio de un
hombre, sino que digo esto para
que os salvéis.
35 El era la lámpara que arde y alumbra y vosotros quisisteis recrearos una
hora con su luz.
36 Pero yo tengo un testimonio mayor que el de
Juan; porque las obras que el
Padre me ha encomendado llevar
a cabo, las mismas obras
que realizo, dan testimonio de
mí, de que el Padre me ha enviado.
37 Y el Padre, que me ha enviado, es el que ha dado testimonio de
mí. Vosotros no habéis oído nunca su
voz, ni habéis visto nunca su
rostro,
38 ni habita su palabra en vosotros, porque no creéis al que El ha
enviado.
39 «Vosotros investigáis las escrituras, ya que creéis tener en ellas vida
eterna; ellas son las que dan
testimonio de mí;
40 y vosotros no queréis venir a mí para tener vida.
41 La gloria no la recibo de los hombres.
42 Pero yo os conozco: no tenéis en vosotros el amor de
Dios.
43 Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibís; si otro viene en su propio
nombre, a ése le recibiréis.
44 ¿Cómo podéis creer vosotros, que aceptáis gloria unos de
otros, y no buscáis la gloria
que viene del único Dios?
45 No penséis que os voy a acusar yo delante del
Padre. Vuestro acusador es
Moisés, en quién habéis puesto
vuestra esperanza.
46 Porque, si creyerais a Moisés, me creeríais a mí, porque él escribió de mí.
47 Pero si no creéis en sus escritos, cómo vais a creer en mis palabras?»
Juan 6
1 Después de esto, se fue Jesús a la otra ribera
del mar de Galilea, el de Tiberíades,
2 y mucha gente le seguía porque veían las
señales que realizaba en los enfermos.
3 Subió Jesús al monte y se sentó allí en
compañía de sus discípulos.
4 Estaba próxima la Pascua, la fiesta de los
judíos.
5 Al levantar Jesús los ojos y ver que venía
hacia él mucha gente, dice a Felipe: «¿Donde vamos a comprar panes para que coman éstos?»
6 Se lo decía para probarle, porque él sabía lo
que iba a hacer.
7 Felipe le contestó: «Doscientos denarios de
pan no bastan para que cada uno tome un poco.»
8 Le dice uno de sus discípulos, Andrés, el
hermano de Simón Pedro:
9 «Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de
cebada y dos peces; pero ¿qué es eso para tantos?»
10 Dijo Jesús: «Haced que se recueste la gente.»
Había en el lugar mucha hierba. Se recostaron, pues, los hombres en número de unos 5.000.
11 Tomó entonces Jesús los panes y, después de dar
gracias, los repartió entre los que estaban recostados y lo mismo los peces, todo lo que quisieron.
12 Cuando se saciaron, dice a sus discípulos:
«Recoged los trozos sobrantes para que nada se pierda.»
13 Los recogieron, pues, y llenaron doce canastos
con los trozos de los cinco panes de cebada que sobraron a los que habían comido.
14 Al ver la gente la señal que había realizado,
decía: «Este es verdaderamente el profeta
que iba a venir al mundo.»
15 Dándose cuenta Jesús de que intentaban venir a
tomarle por la fuerza para hacerle rey, huyó de nuevo al monte él solo.
16 Al atardecer, bajaron sus discípulos a la
orilla del mar,
17 y subiendo a una barca, se dirigían al otro
lado del mar, a Cafarnaúm. Había ya oscurecido, y Jesús todavía no había venido donde ellos;
18 soplaba un fuerte viento y el mar comenzó a
encresparse.
19 Cuando habían remado unos veinticinco o treinta
estadios, ven a Jesús que caminaba sobre el mar y se acercaba a la barca, y
tuvieron miedo.
20 Pero él les dijo: «Soy yo. No temáis.»
21 Quisieron recogerle en la barca, pero en
seguida la barca tocó tierra en el lugar a donde se dirigían.
22 Al día siguiente, la gente que se había quedado
al otro lado del mar, vio que allí no había más que una barca y que Jesús no
había montado en la barca con sus discípulos, sino que los discípulos se habían
marchado solos.
23 Pero llegaron barcas de Tiberíades cerca del
lugar donde habían comido pan.
24 Cuando la gente vio que Jesús no estaba allí,
ni tampoco sus discípulos, subieron a las barcas y fueron a Cafarnaúm, en busca
de Jesús.
25 Al encontrarle a la orilla del mar, le dijeron:
«Rabbí, ¿cuándo has llegado aquí?»
26 Jesús les respondió: «En verdad, en verdad os
digo: vosotros me buscáis, no porque habéis visto señales, sino porque habéis comido de los
panes y os habéis saciado.
27 Obrad, no por el alimento perecedero, sino por el alimento que permanece
para vida eterna, el que os dará
el Hijo del hombre, porque a
éste es a quien el Padre, Dios,
ha marcado con su sello.»
28 Ellos le dijeron: «¿Qué hemos de hacer para
obrar las obras de Dios?»
29 Jesús les respondió: «La obra de Dios es que
creáis en quien él ha enviado.»
30 Ellos entonces le dijeron: «¿Qué señal haces
para que viéndola creamos en ti? ¿Qué obra realizas?
31 Nuestros padres comieron el maná en el
desierto, según está escrito: = Pan del cielo les dio a comer.» =
32 Jesús les respondió: «En verdad, en verdad os digo: No fue Moisés quien os dio el pan del
cielo; es mi Padre el que os da
el verdadero pan del cielo;
33 porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da la vida al mundo.»
34 Entonces le dijeron: «Señor, danos siempre de
ese pan.»
35 Les dijo Jesús: «Yo soy el pan de la vida. El que venga a mí, no tendrá hambre, y el que crea en mí, no tendrá nunca
sed.
36 Pero ya os lo he dicho: Me habéis visto y no creéis.
37 Todo lo que me dé el Padre vendrá a mí, y al que venga a mí no lo echaré fuera;
38 porque he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha
enviado.
39 Y esta es la voluntad del que me ha
enviado; que no pierda nada de lo que él me ha dado, sino que lo resucite el último día.
40 Porque esta es la voluntad de mi Padre: que todo el que vea al Hijo y crea en
él, tenga vida eterna y que yo le resucite el último día.»
41 Los judíos murmuraban de él, porque había
dicho: «Yo soy el pan que ha bajado del cielo.»
42 Y decían: «¿No es éste Jesús, hijo de José,
cuyo padre y madre conocemos? ¿Cómo puede decir ahora: He bajado del cielo?»
43 Jesús les respondió: «No murmuréis entre
vosotros.
44 «Nadie puede venir a mí, si el Padre que me ha enviado no lo
atrae; y yo le resucitaré el último
día.
45 Está escrito en los profetas: = Serán todos enseñados por Dios.
= Todo el que escucha al Padre y aprende, viene a mí.
46 No es que alguien haya visto al Padre; sino aquel que ha venido de
Dios, ése ha visto al Padre.
47 En verdad, en verdad os digo: el que cree, tiene vida eterna.
48 Yo soy el pan de la vida.
49 Vuestros padres comieron el maná en el
desierto y murieron;
50 este es el pan que baja del cielo, para que quien lo coma no muera.
51 Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para
siempre; y el pan que yo le voy
a dar, es mi carne por la vida
del mundo.»
52 Discutían entre sí los judíos y decían: «¿Cómo
puede éste darnos a comer su carne?»
53 Jesús les dijo: «En verdad, en verdad os
digo: si no coméis la carne del
Hijo del hombre, y no bebéis su
sangre, no tenéis vida en
vosotros.
54 El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día.
55 Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre
verdadera bebida.
56 El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él.
57 Lo mismo que el Padre, que vive, me ha
enviado y yo vivo por el
Padre, también el que me
coma vivirá por mí.
58 Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron vuestros
padres, y murieron; el que coma este pan vivirá para
siempre.»
59 Esto lo dijo enseñando en la sinagoga, en
Cafarnaúm.
60 Muchos de sus discípulos, al oírle, dijeron:
«Es duro este lenguaje. ¿Quién puede escucharlo?»
61 Pero sabiendo Jesús en su interior que sus
discípulos murmuraban por esto, les dijo: «¿Esto os escandaliza?
62 ¿Y cuando veáis al Hijo del hombre subir adonde
estaba antes?...
63 «El espíritu es el que da vida; la carne no sirve para nada. Las palabras que os he dicho son
espíritu y son vida.
64 «Pero hay entre vosotros algunos que no creen.»
Porque Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían y quién
era el que lo iba a entregar.
65 Y decía: «Por esto os he dicho que nadie puede
venir a mí si no se lo concede el Padre.»
66 Desde entonces muchos de sus discípulos se
volvieron atrás y ya no andaban con él.
67 Jesús dijo entonces a los Doce: «¿También
vosotros queréis marcharos?»
68 Le respondió Simón Pedro: «Señor, ¿donde quién
vamos a ir? Tú tienes palabras de vida eterna,
69 y nosotros creemos y sabemos que tú eres el
Santo de Dios.»
70 Jesús les respondió: «¿No os he elegido yo a
vosotros, los Doce? Y uno de vosotros es un diablo.»
71 Hablaba de Judas, hijo de Simón Iscariote,
porque éste le iba a entregar, uno de
los Doce.