Judit 9
1 Cayó
Judit, rostro en tierra, echó ceniza sobre su cabeza, dejó ver el sayal que
tenía puesto y, a la misma hora en que se ofrecía en Jerusalén, en la Casa de
Dios, el incienso de aquella tarde, clamó al Señor en alta voz diciendo:
2 Señor,
Dios de mi padre Simeón, a quien
diste una espada para vengarse de extranjeros que habían soltado el ceñidor de una
virgen para mancha, que desnudaron sus caderas para
vergüenza y profanaron su seno
para deshonor; pues tú dijiste:
«Eso no se hace», y ellos lo
hicieron.
3 Por
eso entregaste sus jefes a la muerte
y su lecho, rojo de vergüenza por su engaño, lo dejaste engañado hasta la
sangre. Castigaste a los esclavos
con los príncipes, a los
príncipes con los siervos.
4 Entregaste
al saqueo a sus mujeres, sus
hijas al destierro, todos sus
despojos en reparto para tus
hijos amados, que se habían
encendido de tu celo, y tuvieron
horror a la mancha hecha a su sangre
y te llamaron en su ayuda.
¡Oh Dios, mi Dios, escucha a esta viuda!
5 Tú
que hiciste las cosas pasadas,
las de ahora y las venideras,
que has pensado el presente y el futuro; y sólo sucede lo que tú dispones,
6 y
tus designios se presentan y te dicen:
«Aquí estamos!» Pues todos
tus caminos están preparados y
tus juicios de antemano previstos.
7 Mira,
pues, a los asirios que juntan muchas fuerzas, orgullosos de sus caballos y
jinetes, engreídos por la fuerza
de sus infantes, fiados en sus
escudos y en sus lanzas, en sus arcos y en sus hondas, y no han reconocido que tú eres el
Señor, quebrantador de guerras.
8 Tu
Nombre es «¡Señor!» ¡Quebranta
su poder con tu fuerza! ¡Abate
su poderío con tu cólera!, pues
planean profanar tu santuario,
manchar la Tienda en que reposa
la Gloria de tu Nombre, y
derribar con fuerza el cuerno de tu altar.
9 Mira
su altivez, y suelta tu ira
sobre sus cabezas; da a mi mano
de viuda fuerza para lo que he
proyectado.
10 Hiere
al esclavo con el jefe, y al
jefe con su siervo, por la
astucia de mis labios. Abate su
soberbia por mano de mujer.
11 No
está en el número tu fuerza, ni
tu poder en los valientes, sino
que eres el Dios de los humildes,
el defensor de los pequeños,
apoyo de los débiles,
refugio de los desvalidos,
salvador de los desesperados.
12 ¡Sí,
sí! Dios de mi padre y Dios de
la herencia de Israel, Señor de los
cielos y la tierra, Creador de las
aguas, Rey de toda tu creación, ¡escucha mi plegaria!
13 Dame
una palabra seductora para herir
y matar a los que traman duras
decisiones contra tu alianza, contra tu santa Casa y contra el monte Sión y la casa propiedad de tus hijos.
14 Haz
conocer a toda nación y toda tribu
que tú eres Yahveh, Dios de todo poder y toda fuerza, y que no hay otro protector fuera de
ti para la estirpe de Israel.
Judit 10
1 Acabada
su plegaria al Dios de Israel, y dichas todas estas palabras,
2 se
levantó Judit del suelo, llamó a su sierva y bajando a la casa donde pasaba los
sábados y solemnidades,
3 se
quitó el sayal que vestía, se desnudó de sus vestidos de viudez, se baño toda,
se ungió con perfumes exquisitos, se compuso la cabellera poniéndose una cinta,
y se vistió los vestidos que vestía cuando era feliz, en vida de su marido
Manasés.
4 Se
calzó las sandalias, se puso los collares, brazeletes y anillos, sus pendientes
y todas sus joyas, y realzó su hermosura cuanto pudo, con ánimo de seducir los
ojos de todos los hombres que la viesen.
5 Luego
dio a su sierva un odre de vino y un cántaro de aceite, llenó una alforja con
harina de cebada, tortas de higos y panes puros, empaquetó las provisiones y se
lo entregó igualmente a su sierva.
6 Luego
se dirigieron a la puerta de la ciudad, de Betulia, donde se encontraron con
Ozías y con Jabrís y Jarmís, ancianos de la ciudad.
7 Cuando
vieron a Judit con el rostro transformado y mudada de vestidos, se quedaron
maravillados de su extremada hermosura y le dijeron:
8 «¡Que
el Dios de nuestros padres te haga alcanzar favor y dé cumplimiento a tus
designios, para gloria de los
hijos de Israel y exaltación de
Jerusalén!»
9 Ella
adoró a Dios y les dijo: «Mandad que me abran la puerta de la ciudad para que
vaya a poner por obra los deseos de que me habéis hablado.» Ellos mandaron a
los jóvenes que le abrieran, tal como lo pedía.
10 Así
lo hicieron ellos, y salió Judit con su sierva. Los hombres de la ciudad la
siguieron con la mirada mientras
descendía por la ladera, hasta que llegó al valle; y allí la perdieron
de vista.
11 Avanzaron
ellas a derecho por el valle, hasta que le salió al encuentro una avanzada de
los asirios,
12 que
la detuvieron y preguntaron: «¿Quién eres? ¿De dónde vienes? ¿A dónde vas?»
Ella respondió: «Hija de hebreos soy y huyo de ellos, porque están a punto de
ser devorados por vosotros.
13 Vengo
a presentarme ante Holofernes, jefe de vuestro ejército, para hablarle con
sinceridad y mostrarle un camino por el que pueda pasar para adueñarse de toda
la montaña, sin que perezca ninguno de sus hombres y sin que se pierda una sola
vida».
14 Oyéndola
hablar aquellos hombres, y viendo la admirable hermosura de su rostro, le
dijeron:
15 «Has
salvado tu vida con tu decisión de bajar a presentarte ante nuestro señor.
Dirígete a su tienda, que algunos de los nuestros te acompañarán hasta ponerte
en sus manos.
16 Cuando
estés en su presencia, no tengas miedo; anúnciale tus propósitos y él se
portará bien contigo.»
17 Y
eligieron entre ellos cien hombres que le dieran escolta a ella y a su sierva y
las llevaran hasta la tienda de Holofernes.
18 Habiéndose
corrido por todas las tiendas la noticia de su llegada, concurrió la gente del
campamento, que hicieron corro en torno a ella, mientras esperaba, fuera de la
tienda, que la anunciasen a Holofernes.
19 Se
quedaban admirados de su belleza y, por ella, admiraban a los israelitas,
diciéndose unos a otros: «¿Quién puede menospreciar a un pueblo que tiene
mujeres como ésta? ¡Sería un error dejar con vida a uno solo de ellos, porque
los que quedaran, serían capaces de engañar a toda la tierra!»
20 Salieron,
pues, los de la escolta personal de Holofernes y todos sus servidores y la
introdujeron en la tienda.
21 Estaba
Holofernes descansando en su lecho, bajo colgaduras de oro y púrpura recamadas
de esmeraldas y piedras preciosas.
22 Se
la anunciaron y él salió hasta la entrada de la tienda, precedido de lámparas
de plata.
23 Cuando
Judit llegó ante Holofernes y sus ministros, todos se maravillaron de la
hermosura de su rostro. Cayó ella rostro en tierra y se postró ante él, pero
los siervos la levantaron.
Judit 11
1 Holofernes
le dijo: «Ten confianza, mujer, no tengas miedo, porque yo ningún mal hago a
quien se decide a servir a
Nabucodonosor, rey de toda la tierra.
2 Tampoco
contra tu pueblo de la montaña habría alzado yo mi lanza, si ellos no me
hubieran despreciado; pero ellos mismos lo han querido.
3 Dime
ahora por qué razón huyes de ellos y te pasas a nosotros. Desde luego, al venir
aquí te has salvado. Ten confianza; vivirás esta noche y las restantes.
4 Nadie
te hará ningún mal; serás bien tratada, como se hace con los siervos de mi
señor, el rey Nabucodonosor.»
5 Respondió
Judit: «Acoge las palabras de tu sierva, y que tu sierva pueda hablar en tu
presencia. Ninguna falsedad diré esta noche a mi señor.
6 Si
te dignas seguir los consejos de tu sierva, Dios actuará contigo hasta el fin y
mi señor no fracasará en sus proyectos.
7 ¡Viva
Nabucodonosor, rey de toda la tierra y viva su poder que te ha enviado para
poner en el recto camino a todo viviente!; porque gracias a ti no le sirven tan
sólo los hombres, sino que, por medio de tu fuerza, hasta las fieras salvajes, los ganados y las aves
del cielo viven para Nabucodonosor y para toda su casa.
8 «Nosotros,
en efecto, hemos oído hablar de tu sabiduría y de la prudencia de tu espíritu,
y se dice por toda la tierra que tú eres el mejor en todo el reino, de
profundos conocimientos y admirable como estratega.
9 Por
lo que se refiere al discurso que Ajior pronunció en tu Consejo, nosotros hemos
oído sus mismas palabras, pues los hombres de Betulia le han salvado y él les
refirió todo lo que te dijo.
10 Acerca
de esto, dueño y señor, no desestimes sus palabras; tenlas bien presentes,
porque responden a la verdad. Pues muestra raza no recibe castigo ni la espada
tiene poder sobre ellos, si no han pecado contra su Dios.
11 Pero
precisamente para que mi señor no se vea rechazado y con las manos vacías, la
muerte va a caer sobre sus cabezas. Han caído en un pecado con el que provocan
la cólera de su Dios cada vez que cometen tal desorden.
12 En
vista de que se les acaban los víveres y escasea el agua, han deliberado echar
mano de sus ganados y están ya decididos a consumir todo aquello que su Dios,
por sus leyes, les ha prohibido comer.
13 Han
decidido, igualmente, consumir las primicias del trigo y el diezmo del vino y
del aceite que habían reservado, porque están consagrados a los sacerdotes que
están en la presencia de nuestro Dios, en Jerusalén, y que ningún laico puede
ni tan siquiera tocar con la mano.
14 Han
enviado mensajeros a Jerusalén (cuyos habitantes hacen estas mismas cosas) para
recabar del Consejo de Ancianos los permisos.
15 Y
en cuanto les sea concedido y lo realicen, en ese mismo momento te serán
entregados para su destrucción.
16 Cuando
yo, tu esclava, supe todo esto, huí de ellos. Mi Dios me ha enviado para que yo
haga contigo cosas de que se pasmará toda la tierra y todos cuantos las oigan.
17 Porque
tu esclava es piadosa y sirve noche y día al Dios del Cielo. Ahora, mi señor,
quisiera quedarme a tu lado. Tu sierva saldría por las noches hacia el
barranco, para suplicar a mi Dios y El me dirá cuándo han cometido su pecado.
18 Yo
vendré a comunicártelo y entonces tú saldrás con todo tu ejército y ninguno de
ellos podrá resistirte.
19 Yo
te guiaré por medio de Judea hasta llegar a Jerusalén y haré que te asientes en
medio de ella. Tú los llevarás como
rebaño sin pastor, y ni un perro ladrará contra ti. He tenido el presentimiento
de todo esto; me ha sido anunciado y he sido enviada para comunicártelo.»
20 Agradaron
estas palabras a Holofernes y a todos sus servidores, que estaban admirados de
su sabiduría, y dijeron:
21 «De
un cabo al otro del mundo, no hay mujer como ésta, de tanta hermosura en el
rostro y tanta sensatez en las
palabras.»
22 Holofernes
le dijo: «Bien ha hecho Dios en enviarte por delante de tu pueblo, para que
esté en nuestras manos el poder, y en
manos de los que han despreciado a mi señor, la ruina.
23 Por
lo demás, eres tan bella de aspecto como prudente en tus palabras. Si haces lo
que has prometido, tu Dios será mi Dios, vivirás en el palacio del rey
Nabucodonosor y serás famosa en toda la tierra.»
Judit 12
1 Mandó
luego que la introdujeran donde tenía su vajilla y ordenó que le sirvieran de
sus propios manjares y le dieran a beber
de su propio vino.
2 Pero
Judit dijo: «No debo comer esto, para que no me sea ocasión de falta. Se me
dará de las provisiones que traje
conmigo.»
3 Holofernes
le dijo: «Cuando se te acaben las cosas que tienes, ¿de dónde podremos traerte
otras iguales? Porque no hay nadie de
los tuyos con nosotros.»
4 Respondió
Judit: «Por tu vida, mi señor; que, antes que tu sierva haya consumido lo que
traje, cumplirá el Señor, por mi mano, sus designios.»
5 Los
siervos de Holofernes la condujeron a la tienda, y ella durmió hasta media
noche. Al acercarse la vigilia de la aurora, se levantó,
6 y
envió a decir a Holofernes: «Ordene mi señor que se dé a tu sierva permiso para
salir a orar.»
7 Holofernes
ordenó a su escolta que no se lo impidieran. Judit permaneció tres días en el
campamento. Cada noche se dirigía hacia
el barranco de Betulia y se lavaba en la fuente donde estaba el puesto de
guardia.
8 A
su regreso, suplicaba al Señor, Dios de Israel, que diese buen fin a sus
proyectos para exaltación de los hijos de su pueblo.
9 Y,
ya purificada, entraba en la tienda y allí permanecía hasta que le traían su
comida de la tarde.
10 Al
cuarto día, dio Holofernes un banquete exclusivamente para sus oficiales; no
invitó a ninguno de los encargados de
los servicios.
11 Dijo,
pues, a Bagoas, el eunuco que tenía al frente de sus negocios: «Trata de
persuadir a esa mujer hebrea que tienes contigo, que venga a comer y beber con
nosotros.
12 Sería
una vergüenza para nosotros que dejáramos marchar a tal mujer sin habernos
entretenido con ella. Si no somos
capaces de atraerla, luego hará burla de nosotros.»
13 Salió
Bagoas de la presencia de Holofernes, entró en la tienda de Judit y dijo: «Que
esta bella esclava no se niegue a venir donde mi señor, para ser honrada en su
presencia, para beber vino alegremente con nosotros y ser, en esta ocasión,
como una de las hijas de los asirios que viven en el palacio de Nabucodonosor.»
14 Judit
le respondió: «¿Quién soy yo para oponerme a mi señor? Haré prontamente todo
cuanto le agrade y ello será para mí motivo de gozo mientras viva.»
15 Después
se levantó y se engalanó con sus vestidos y todos sus ornatos femeninos. Se
adelantó su sierva para extender en tierra, frente a Holofernes, los tapices
que había recibido de Bagoas para el uso cotidiano, con el fin de que pudiera
tomar la comida reclinada sobre ellos.
16 Entrando
luego Judit, se reclinó. El corazón de Holofernes quedó arrebatado por ella, su
alma quedó turbada y experimentó un violento deseo de unirse a ella, pues desde
el día que la vio, andaba buscando ocasión de seducirla.
17 Díjole
Holofernes: «¡Bebe, pues, y comparte la alegría con nosotros!»
18 Judit
respondió: «Beberé señor; pues nunca, desde el día en que nací, nunca estimé en
tanto mi vida como ahora.»
19 Y
comió y bebió, frente a él, sirviéndose de las provisiones que su sierva había
preparado.
20 Holofernes,
que se hallaba bajo el influjo de su encanto, bebió vino tan copiosamente como
jamás había bebido en todos los días de
su vida.
Judit 13
1 Cuando
se hizo tarde, sus oficiales se apresusaron a retirarse y Bagoas cerró la
tienda por el exterior, después de haber apartado de la presencia de su señor a
los que todavía quedaban; y todos se fueron a dormir, fatigados por el exceso de bebida;
2 quedaron
en la tienda tan sólo Judit y Holofernes, desplomado sobre su lecho y rezumando
vino.
3 Judit
había mandado a su sierva que se quedara fuera de su dormitorio y esperase a
que saliera, como los demás días. Porque, en efecto, ella había dicho que
saldría para hacer su oración y en este mismo sentido había hablado a Bagoas.
4 Todos
se habían retirado; nadie, ni grande ni pequeño, quedó en el dormitorio. Judit,
puesta de pie junto al lecho, dijo en su corazón: «¡Oh Señor, Dios de toda
fuerza! Pon los ojos, en esta hora,
a la empresa de mis manos para
exaltación de Jerusalén.
5 Es
la ocasión de esforzarse por tu heredad
y hacer que mis decisiones
sean la ruina de los enemigos que se alzan contra nosotros.»
6 Avanzó,
después, hasta la columna del lecho que estaba junto a la cabeza de Holofernes,
tomó de allí su cimitarra,
7 y
acercándose al lecho, agarró la cabeza de Holofernes por los cabellos y dijo:
«¡Dame fortaleza, Dios de Israel, en este momento!»
8 Y,
con todas sus fuerzas, le descargó dos golpes sobre el cuello y le cortó la
cabeza.
9 Después
hizo rodar el tronco fuera del lecho, arrancó las colgaduras de las columnas y
saliendo entregó la cabeza de Holofernes
a su sierva,
10 que
la metió en la alforja de las provisiones. Luego salieron las dos juntos a
hacer la oración, como de ordinario, atravesaron el campemento, contornearon el
barranco, subieron por el monte de Betulia y se presentaron ante las puertas de
la ciudad.
11 Judit
gritó desde lejos a los centinelas de las puertas: «¡Abrid, abrid la puerta! El
Señor, nuestro Dios, está con nosotros para hacer todavía hazañas en Israel y
mostrar su poder contra nuestros enemigos, como lo ha hecho hoy mismo.»
12 Cuando
los hombres de la ciudad oyeron su voz, se apresuraron a bajar a la puerta y
llamaron a los ancianos.
13 Acudieron
todos corriendo, desde el más grande al más chico, porque no tenían esperanza
de que ella volviera; abrieron, pues, la puerta, las recibieron, y encendiendo
una hoguera para que se pudiera ver, hicieron corro en torno a ellas.
14 Judit,
con fuerte voz, les dijo: «¡Alabad a Dios, alabadle! Alabad a Dios, que no ha
apartado su misericordia de la casa de Israel, sino que esta noche ha
destrozado a nuestros enemigos por mi mano.»
15 Y
sacando de la alforja la cabeza, se la mostró, diciéndoles: «Mirad la cabeza de
Holofernes, jefe supremo del ejército asirio, y mirad las colgaduras bajo las
cuales se acostaba en su borracheras. ¡El Señor le ha herido por mano de mujer!
16 ¡Vive
el Señor!, el que me ha guardado en el camino que emprendí, que fue seducido,
para perdición suya, por mi rostro, pero no ha cometido conmigo ningún pecado
que me manche o me deshonre.»
17 Todo
el pueblo quedó lleno de estupor y postrándose adoraron a Dios y dijeron a una:
«¡Bendito seas, Dios nuestro, que has aniquilado el día de hoy a los enemigos
de tu pueblo!»
18 Ozías
dijo a Judit: «¡Bendita seas, hija del Dios Altísimo más que todas las mujeres de la
tierra! Y bendito sea Dios, el
Señor, Creador del cielo y de la
tierra, que te ha guiado para
cortar la cabeza del jefe de
nuestros enemigos.
19 Jamás
tu confianza faltará en el
corazón de los hombres que
recordarán la fuerza de Dios eternamente.
20 Que
Dios te conceda, para exaltación perpetua, el ser favorecida con todos los
bienes, porque no vacilaste en
exponer tu vida a causa de la
humillación de nuestra raza.
Detuviste nuestra ruina
procediendo rectamente ante nuestro Dios.» Todo el pueblo respondió: «¡Amén, amén!»
Judit 14
1 Judit
les dijo: «Escuchadme, hermanos; tomad esta cabeza y colgadle en el saliente de
nuestras murallas;
2 y
apenas despunte el alba y salga el sol sobre la tierra, empuñaréis cada uno
vuestras armas y saldréis fuera de la ciudad todos los hombres capaces. Que se
ponga uno al frente, como si intentarais bajar a la llanura, contra la avanzada
de los asirios. Pero no bajéis.
3 Los
asirios tomarán sus armas y marcharán a su campamento para despertar a los
jefes del ejército de Asiria. Correrán a la tienda de Holofernes, pero al no
dar con él, quedarán aterrorizados y huirán ante vosotros.
4 Entonces,
vosotros y todos los habitantes del territorio de Israel, saldréis en su
persecución y los abatiréis en la
retirada.
5 «Pero
antes, traed aquí a Ajior el ammonita, para que vea y reconozca al que
despreciaba a la casa de Israel, al que le envió a nosotros como destinado a la
muerte.»
6 Hicieron,
pues, venir a Ajior desde la casa de Ozías. Al llegar y ver que uno de los
hombres de la asamblea del pueblo tenía en la mano la cabeza de Holofernes,
cayó al suelo, desvanecido.
7 Cuando
le reanimaron, se echó a los pies de Judit, se postró ante ella y dijo:
«¡Bendita seas en todas las tiendas de Judá y en todas las naciones que, cuando oigan pronunciar tu
nombre, se sentirán turbadas!»
8 «Y
ahora, cuéntame lo que has hecho durante este tiempo.» Judit le contó, en medio
del pueblo, todo cuanto había hecho, desde que salió hasta el momento en que
les estaba hablando.
9 Cuando
hubo acabado su relato, todo el pueblo lanzó grandes aclamaciones y en toda la
ciudad resonaron los gritos de alegría.
10 Ajior,
por su parte, viendo todo cuanto había hecho el Dios de Israel, creyó en él
firmemente, se hizo circuncidar y quedó anexionado para siempre a la casa de
Israel.
11 Apenas
despuntó el alba, colgaron de la muralla la cabeza de Holofernes, tomaron las
armas todos los hombres de Israel y
salieron, por grupos, hacia las subidas.
12 Al
verlos los asirios, communicaron la novedad a sus oficiales, y éstos la fueron
comunicando a sus estrategas y
comandantes y a todos sus jefes,
13 hasta
llegar a la tienda de Holofernes. Dijeron, pues, a su intendente general:
«Despierta a nuestro señor, porque esos esclavos tienen la osadía de bajar a
combatir contra nosotros, para hacerse exterminar completamente.»
14 Entró,
pues, Bagoas y dio palmadas ante la cortina de la tienda, porque suponía que
Holofernes estaría durmiendo con Judit.
15 Como
nadie respondía, apartó la cortina, entró en el dormitorio, y lo encontró
tendido sobre el umbral muerto y decapitado.
16 Dio
entonces una gran voz, con gemido y llanto y fuertes alaridos, al tiempo que
rasgaba sus vestiduras.
17 Entró
luego en la tienda en que se había aposentado Judit, y al no verla, se
precipitó hacia la tropa gritando:
18 «¡Esas
esclavas eran unas pérfidas! Una sola mujer hebrea ha llenado de vergüenza la
casa del rey Nabucodonosor. ¡Mirad a Holofernes, derribado en tierra y
decapitado!»
19 Cuando
los jefes del ejército asirio oyeron estas palabras, su ánimo quedó turbado
hasta el extremo, rasgaron sus túnicas y
lanzaron grandes gritos y voces por todo el campamento.
Judit 15
1 Al
oírlo los del campamento, quedaron estupefactos;
2 fueron
presa de terror pánico y nadie ya fue capaz de mantenerse al lado de sus
compañeros: huyeron todos a la desbandada, por todos los caminos, por la llanura
y la montaña.
3 También
los que estaban acampados en la altura, sitiando a Betulia, se dieron a la
fuga; entonces, todos los hombres de guerra de Israel cayeron sobre ellos.
4 Ozías
mandó aviso a Betomestáin, a Bebé, Jobá y Kolá, y a toda la montaña de Israel,
dando noticia de cuanto había pasado, para que todos se arrojaran sobre los
enemigos y los exterminaran.
5 Cuando
los israelitas lo supieron, todos, como un solo hombre, se lanzaron sobre los
asirios y los batieron hasta Jobá.
También acudieron los de Jerusalén y los de la montaña, porque también a ellos
se les dio noticia de lo sucedido en el
campo enemigo; de igual modo, los de Galaad y Galilea, atacándoles de flanco,
les hicieron enorme estrago hasta que
pudieron refugiarse en Damasco y su región.
6 En
cuanto a los demás habitantes de Betulia, cayeron sobre el campamento asirio,
le saquearon y obtuvieron grandes
riquezas.
7 Los
israelitas, de vuelta de la matanza, se hicieron dueños del resto; también los
de las aldeas y granjas de la montaña y
del llano obtuvieron gran botín, porque había una abundancia incalculable.
8 El
sumo sacerdote Yoyaquim, con el Consejo de Ancianos de Israel y los habitantes
de Jerusalén, vinieron a contemplar los bienes que el Señor había hecho a
Israel, y a ver y saludar a Judit.
9 En
llegando a su presencia, todos a una voz la bendijeron diciendo: «Tú eres la
exaltación de Jerusalén, tú el
gran orgullo de Israel, tú la
suprema gloria de nuestra raza.
10 Al
hacer todo esto por tu mano has procurado la dicha de Israel y Dios se ha complacido en lo que has
hecho. Bendita seas del Señor
Omnipotente por siglos infinitos.»
Y todo el pueblo respondió: «¡Amén!»
11 Todo
el pueblo estuvo recogiendo botín del campamento durante treinta días; dieron a
Judit la tienda de Holofernes, con toda su vajilla de plata, sus divanes, sus
vasijas y todo su mobiliario. Ella lo tomó y lo cargó sobre su mula, preparó
sus carros y los amontonó todo encima.
12 Todas
las mujeres de Israel acudieron para verla y la bendecían danzando en coro.
Judit tomaba tirsos con la mano y los distribuía entre las mujeres que estaban
a su lado.
13 Ellas
y sus acompañantes se coronaron con coronas de olivo; después, dirigiendo el
coro de las mujeres, se puso danzando a la cabeza de todo el pueblo. La seguían
los hombres de Israel, armados de sus armas, llevando coronas y cantando
himnos.
14 Judit
entonó, en medio de todo Israel, este himno de acción de gracias y todo el
pueblo repetía sus alabanzas:
Judit 16
1 ¡Alabad
a mi Dios con tamboriles, elevad cantos al Señor con címbalos, ofrecedle los
acordes de un salmo de alabanza, ensalzad e invocad su Nombre!
2 Porque
el Señor es un Dios quebrantador de guerras, porque en sus campos, en medio de su
pueblo me arrancó de la mano de
mis perseguidores.
3 Vinieron
los asirios de los montes del norte,
vinieron con tropa innumerable;
su muchedumbre obstruía los torrentes, y sus caballos cubrían las colinas.
4 Hablaba
de incendiar mis tierras, de
pasar mis jóvenes a espada, de
estrellar contra el suelo a los lactantes, de entregar como botín a mis
niños y de dar como presa a mi
doncellas.
5 El
Señor Omnipotente por mano de
mujer los anuló.
6 Que
no fue derribado su caudillo por
jóvenes guerreros, ni le
hirieron hijos de Titanes, ni
altivos gigantes le vencieron;
le subyugó Judit, hija de Merarí, con sólo la hermosura de su rostro.
7 Se
despojó de sus vestidos de viudez,
para exaltar a los afligidos de Israel; ungió su rostro de perfumes,
8 prendió
con una cinta sus cabellos, ropa
de lino vistió para seducirle.
9 La
sandalia de ella le robó los ojos,
su belleza cautivóle el alma
¡y la cimitarra atravesó su cuello!
10 Se
estremecieron los persas por su audacia, se turbaron los medos por su
temeridad.
11 Entonces
clamaron mis humildes, y ellos temieron; clamaron mis débiles y ellos quedaron
aterrados; alzaron su voz éstos,
y ellos se dieron a la fuga.
12 Hijos
de jovenzuelas los asaetearon,
como a hijos de desertores los hirieron, perdieron en la batalla contra mi
Señor.
13 Cantaré
a mi Dios un cantar nuevo: «¡Tú
eres grande, Señor, eres glorioso,
admirable en poder e insuperable!»
14 Sírvante
a ti las criaturas todas, pues
hablaste tú y fueron hechas,
enviaste tu espíritu y las hizo,
y nadie puede resitir tu voz.
15 Pues
los montes, desde sus cimientos,
serán sacudidos con las aguas;
las rocas en tu presencia
se fundirán como cera;
pero con aquellos que te temen,
te muestras tú siempre propicio.
16 Porque
es muy poca cosa todo sacrificio
de calmante aroma, y apenas es
nada la grasa para serte
ofrecida en holocausto. Mas quien
teme al Señor será grande para
siempre.
17 ¡Ay
de las naciones que se alzan
contra mi raza! El Señor Omnipotente
les dará el castigo en el día
del juicio. Entregará sus cuerpos al
fuego y a los gusanos, y gemirán
en dolor eternamente.
18 Cuando
llegaron a Jerusalén, adoraron a Dios, y una vez purificado el pueblo,
ofrecieron sus holocaustos, sus ofrendas voluntarias y sus regalos.
19 Judit
ofreció todo el mobiliario de Holofernes, que el pueblo le había concedido, y
entregó a Dios en anatema las colgaduras que ella misma había tomado del
dormitorio de Holofernes.
20 Durante
tres meses permaneció el pueblo en Jerusalén, celebrando festejos delante de
santuario. También Judit estaba presente.
21 Pasados
aquellos días, se volvió cada uno a su heredad. Judit regresó a Betulia, donde
vivió disfrutando de su hacienda; fue en
su tiempo muy famosa en toda aquella tierra.
22 Muchos
la pretendieron, pero ella no tuvo relaciones con ningún hombre en toda su
vida, desde que su marido Manasés murió y fue a reunirse con su pueblo.
23 Vivió
hasta la avanzada edad de 105 años, transcurriendo su ancianidad en casa de su
marido. A su sierva le concedió la libertad. Murió en Betulia y fue sepultada
en la caverna de su marido Manasés.
24 La
casa de Israel la lloró durante siete días. Antes de morir, distribuyó su
hacienda entre los parientes de su marido Manasés y entre sus propios
parientes.
25
Nadie
ya atemorizó a los israelitas mientras vivió Judit, ni en mucho tiempo después
de su muerte.