LIBRO SEGUNDO DE LOS REYES
2 Reyes 1
1 Después de la muerte de Ajab, Moab se rebeló
contra Israel.
2 Ocozías se cayó por la celosía de su
habitación de arriba de Samaría; quedó maltrecho, y envió mensajeros a los que
dijo: «Id a consultar a Baal Zebub, dios de Ecrón, si sobreviviré a esta
desgracia.»
3 Pero el Angel de Yahveh dijo a Elías tesbita:
«Levántate y sube al encuentro de los mensajeros del rey de Samaría y diles:
¿Acaso porque no hay Dios en Israel vais vosotros a consultar a Baal Zebub,
dios de Ecrón?
4 Por eso, así habla Yahveh: Del lecho al que
has subido no bajarás, porque de cierto morirás.» Y Elías se fue.
5 Los mensajeros se volvieron a Ocozías y éste
les dijo: «¿Cómo así os habéis vuelto?»
6 Le respondieron: «Nos salió al paso un hombre
que nos dijo: “Andad, volveos al rey que os ha enviado y decidle: Así habla
Yahveh: ¿Acaso porque no hay Dios en Israel envías tú a consultar a Baal Zebub,
dios de Ecrón? Por eso, del lecho al que has subido no bajarás, porque de cierto
morirás.”»
7 Les preguntó: «¿Qué aspecto tenía el hombre
que os salió al paso y os dijo estas palabras?»
8 Le respondieron: «Era un hombre con manto de
pelo y con una faja de piel ceñida a su cintura.» El dijo: «Es Elías tesbita.»
9 Le envió un jefe de cincuenta con sus
cincuenta hombres, que subió a donde él; estaba él sentado en la cumbre de la
montaña, y le dijo: «Hombre de Dios, el rey manda que bajes.»
10 Respondió Elías y dijo al jefe de cincuenta:
«Si soy hombre de Dios, que baje fuego del cielo y te devore a ti y a tus cincuenta.» Bajó fuego del cielo que
le devoró a él y a sus cincuenta.
11 Volvió a enviarle otro jefe de cincuenta, que
subió y le dijo: «Hombre de Dios. Así dice el rey: Apresúrate a bajar.»
12 Respondió Elías y le dijo: «Si soy hombre de
Dios, que baje fuego del cielo y te devore a ti y a tus cincuenta.» Bajó fuego
del cielo que le devoró a él y a sus cincuenta.
13 Volvió a enviar un tercer jefe de cincuenta con
sus cincuenta; llegó el tercer jefe de cincuenta, cayó de rodillas ante Elías y
le suplicó diciendo: «Hombre de Dios, te ruego que mi vida y la vida de estos
cincuenta tuyos sea preciosa a tus ojos.
14 Ya ha bajado fuego del cielo y ha devorado a
los dos jefes de cincuenta anteriores y a sus cincuenta; pues que ahora mi vida
sea preciosa a tus ojos.»
15 El Angel de Yahveh dijo a Elías: «Baja con él y
no temas ante él.» Se levantó y bajó con él donde el rey,
16 y le dijo: «Así dice Yahveh: Porque has enviado
mensajeros para consultar a Baal Zebub, dios de Ecrón, por eso, del lecho al
que has subido no bajarás, pues de cierto morirás.»
17 Murió según la palabra de Yahveh que Elías
había dicho, y reinó en su lugar su hermano Joram, en el año segundo de Joram,
hijo de Josafat, rey de Judá, porque él no tenía hijos.
18 El resto de los hechos de Ocozías, lo que hizo,
¿no está escrito en el libro de los Anales de los reyes de Israel?
2 Reyes 2
1 Esto pasó cuando Yahveh arrebató a Elías en el
torbellino al cielo. Elías y Eliseo partieron de Guilgal.
2 Dijo Elías a Eliseo: «Quédate aquí, porque
Yahveh me envía a Betel.» Eliseo dijo: «Vive Yahveh y vive tu alma, que no te
dejaré.» Y bajaron a Betel.
3 Salió la comunidad de los profetas que había
en Betel al encuentro de Eliseo y le dijeron: «¿No sabes que Yahveh arrebatará
hoy a tu señor por encima de tu cabeza?» Respondió: «También yo lo sé.
¡Callad!»
4 Elías dijo a Eliseo: «Quédate aquí, porque
Yahveh me envía a Jericó.» Pero él respondió: «Vive Yahveh y vive tu alma, que
no te dejaré», y siguieron hacia Jericó.
5 Se acercó a Eliseo la comunidad de los
profetas que había en Jericó y le dijeron: «¿No sabes que Yahveh arrebatará hoy
a tu señor por encima de tu cabeza?» Respondió: «También yo lo sé. ¡Callad!»
6 Le dijo Elías: «Quédate aquí, porque Yahveh me
envía al Jordán.» Respondió: «Vive Yahveh y vive tu alma que no te dejaré», y
fueron los dos.
7 Cincuenta hombres de la comunidad de los
profetas vinieron y se quedaron enfrente, a cierta distancia; ellos dos se
detuvieron junto al Jordán.
8 Tomó Elías su manto, lo enrolló y golpeó las
aguas, que se dividieron de un lado y de otro, y pasaron ambos a pie enjuto.
9 Cuando hubieron pasado, dijo Elías a Eliseo:
«Pídeme lo que quieras que haga por ti antes de ser arrebatado de tu lado.»
Dijo Eliseo: «Que tenga dos partes de tu espíritu.»
10 Le dijo: «Pides una cosa difícil; si alcanzas a
verme cuando sea llevado de tu lado, lo tendrás; si no, no lo tendrás.»
11 Iban caminando mientras hablaban, cuando un
carro de fuego con caballos de fuego se interpuso entre ellos; y Elías subió al cielo en el torbellino.
12 Eliseo le veía y clamaba: «¡Padre mío, padre
mío! Carro y caballos de Israel! ¡Auriga suyo!» Y no le vio más. Asió sus
vestidos y los desgarró en dos.
13 Tomó el manto que se le había caído a Elías y
se volvió, parándose en la orilla del Jordán.
14 Tomó el manto de Elías y golpeó las aguas
diciendo: ¿Dónde está Yahveh, el Dios de Elías?» Golpeó las aguas, que se
dividieron de un lado y de otro, y pasó Eliseo.
15 Habiéndole visto la comunidad de los profetas
que estaban enfrente, dijeron: «El espíritu de Elías reposa sobre Eliseo.» Fueron a su encuentro, se postraron
ante él en tierra,
16 y le dijeron: «Hay entre tus siervos cincuenta
hombres valerosos; que vayan a buscar a tu señor, no sea que el espíritu de Yahveh se lo haya llevado y le
haya arrojado en alguna montaña o algún valle.» El dijo: «No mandéis a nadie.»
17 Como le insistieran hasta la saciedad dijo:
«Mandad.» Mandaron cincuenta hombres que le buscaron durante tres días, pero no
le encontraron.
18 Se volvieron donde él, que se había quedado en
Jericó, y les dijo: «¿No os dije que no fuerais?».
19 Los hombres de la ciudad dijeron a Eliseo: «El
emplazamiento de la ciudad es bueno, como mi señor puede ver, pero las aguas
son malas y la tierra es estéril.»
20 El dijo: «Traedme una olla nueva y poned sal en
ella.» Y se la trajeron.
21 Fue al manantial de las aguas, arrojó en él la
sal y dijo: «Así dice Yahveh: Yo he saneado estas aguas; ya no habrá en ellas muerte ni esterilidad.»
22 Y las aguas quedaron saneadas hasta el día de hoy,
según la palabra que dijo Eliseo.
23 De allí subió a Betel. Iba subiendo por el
camino, cuando unos niños pequeños salieron de la ciudad y se burlaban de él
diciendo: «¡Sube, calvo; sube, calvo!»
24 El se volvió, los vio y los maldijo en nombre
de Yahveh. Salieron dos osos del bosque y destrozaron a 42 de ellos.
25 De allí se fue al monte Carmelo, de donde se
volvió a Samaría.
2 Reyes 3
1 Joram, hijo de Ajab, comenzó a reinar sobre
Israel en Samaría el año dieciocho de Josafat, rey de Judá, y reinó doce años.
2 Hizo el mal a los ojos de Yahveh, pero no como
su padre y como su madre, porque retiró la estela de Baal que su padre había
hecho.
3 Tan sólo que se adhirió a los pecados de
Jeroboam, hijo de Nebat, que hizo pecar a Israel, y no se apartó de ellos.
4 Mesá, rey de Moab, era pastor de ovejas y
pagaba al rey de Israel 100.000 corderos y 100.000 carneros con su lana;
5 pero a la muerte de Ajab, el rey de Moab se
rebeló contra el rey de Israel.
6 Aquel día salió el rey Joram de Samaría y pasó
revista a todo Israel.
7 Fue y envió a decir a Josafat, rey de Judá:
«El rey de Moab se ha rebelado contra mí. ¿Quieres venir conmigo a la guerra
contra Moab?» Respondió: «Subiré. Yo seré como tú; mi pueblo como tu pueblo,
mis caballos como tus caballos.»
8 Y preguntó: «¿Por qué camino subiremos?»
Respondió: «Por el camino del desierto de Edom.»
9 Fueron el rey de Israel, el rey de Judá y el
rey de Edom; dieron un rodeo durante siete días y faltó el agua para el
campamento y para las bestias de carga que les seguían.
10 El rey de Israel dijo: «¡Ay! Que Yahveh ha
llamado a estos tres reyes para entregarlos en manos de Moab!»
11 Pero Josafat dijo: «¿No hay aquí algún profeta
de Yahveh para que consultemos a Yahveh por su medio?» Respondió uno de los
servidores del rey de Israel y dijo: «Esta aquí Eliseo, hijo de Safat, el que
vertía el agua en manos de Elías.»
12 Dijo Josafat: «Con él está la palabra de
Yahveh.» Y bajaron donde él el rey de Israel, Josafat, y el rey de Edom.
13 Dijo Eliseo al rey de Israel: «¿Qué tengo que
ver yo contigo? ¡Vete a los profetas de tu padre y a los profetas de tu madre!» Respondió el rey de Israel: «Es
que Yahveh ha llamado a estos tres reyes para entregarlos en manos de Moab.»
14 Dijo Eliseo: «Vive Yahveh Seboat a quien sirvo,
que si no tuviera delante a Josafat, rey de Judá, no te atendería ni te
miraría.
15 Traedme, pues, un tañedor. Y sucedió que,
mientras tocaba el tañedor, vino sobre él la mano de Yahveh,
16 y dijo: «Así dice Yahveh: “Haced en este valle
zanjas y más zanjas “,
17 porque así, dice Yahveh: “No veréis viento y no
veréis lluvia, pero este valle se llenará de agua y beberéis vosotros y
vuestros campamentos y vuestros ganados. “
18 Y aún es poco esto a los ojos de Yahveh, pues
entregaré a Moab en vuestras manos
19 y heriréis a toda ciudad fuerte, talaréis todo
árbol bueno, cegaréis todas las fuentes y devastaréis todos los campos fértiles cubriéndolos de piedra.»
20 A la mañana, a la hora de alzar la oblación,
venían las aguas de la parte de Edom y la tierra se llenó de agua.
21 Habiendo oído todo Moab que subían los reyes
para hacerles la guerra, convocaron a todos, desde los que empezaban a ceñir
espada en adelante, y se apostaron en la frontera.
22 Al levantarse de mañana brillaba el sol sobre
las aguas y los moabitas vieron enfrente las aguas rojas como la sangre,
23 y exclamaron: «Es sangre; sin duda los reyes se
han matado entre sí y se han herido unos a otros. Conque ¡al botín, Moab!»
24 Cuando llegaron al campamento de Israel, se
levantaron los israelitas y batieron a Moab, que huyó ante ellos; ellos
avanzaron impetuosamente y derrotaron a Moab,
25 destruyeron las ciudades, arrojaron sobre los
mejores campos cada uno su piedra y los llenaron, cegaron todos los manantiales, talaron todo árbol bueno; sólo
le quedaron sus piedras a Quir Jeres, y los honderos la cercaron y la batieron.
26 Viendo el rey de Moab que llevaba la parte peor
de la batalla, tomó consigo setecientos hombres que tiraban de espada para abrir brecha hacía el rey de
Aram, pero no pudieron.
27 Tomó entonces a su primogénito, el que había de
reinar en su lugar, y lo alzó en holocausto sobre la muralla, y hubo gran
cólera contra los israelitas, que se alejaron de allí volviendo al país.
2 Reyes 4
1 Una de las mujeres de la comunidad de los
profetas clamó a Eliseo diciendo: «Tu siervo, mi marido, ha muerto; tú sabes que tu siervo temía a Yahveh. Pero el
acreedor ha venido a tomar mis dos hijos para esclavos suyos.»
2 Eliseo dijo: «¿Qué puedo hacer por ti? Dime
qué tienes en casa.» Respondió ella: «Tu sierva no tiene en casa más que una
orza de aceite.»
3 Dijo él: «Anda y pide fuera vasijas a todas
tus vecinas, vasijas vacías, no te quedes corta.
4 Entra luego y cierra la puerta tras de ti y
tras de tus hijos, y vierte sobre todas esas vasijas, y las pones aparte a
medida que se vayan llenando.»
5 Se fue ella de su lado y cerró la puerta tras
de sí y tras de sus hijos; éstos le acercaban las vasijas y ella iba vertiendo.
6 Cuando las vasijas se llenaron, dijo ella a su
hijo: «Tráeme otra vasija.» El dijo: «Ya no hay más.» Y el aceite se detuvo.
7 Fue ella a decírselo al hombre de Dios, que
dijo: «Anda y vende el aceite y paga a tu acreedor, y tú y tus hijos viviréis de lo restante.»
8 Un día pasó Eliseo por Sunem; había allí una
mujer principal y le hizo fuerza para que se quedara a comer, y después,
siempre que pasaba, iba allí a comer.
9 Dijo ella a su marido: «Mira, sé que es un
santo hombre de Dios que siempre viene por casa.
10 Vamos a hacerle una pequeña alcoba de fábrica
en la terraza y le pondremos en ella una cama, una mesa, una silla y una
lámpara, y cuando venga por casa, que se retire allí.»
11 Vino él en su día, se retiró a la habitación de
arriba, y se acostó en ella.
12 Dijo él a Guejazí su criado: «Llama a esta
sunamita.» La llamó y ella se detuvo ante él.
13 El dijo a su criado: «Dile: Te has tomado todos
estos cuidados por nosotros, ¿qué podemos hacer por ti?, ¿quieres que hablemos
en tu favor al rey o al jefe del ejército?» Ella dijo: «Vivo en medio de mi
pueblo.»
14 Dijo él: «¿Qué podemos hacer por ella?»
Respondió Guejazí: «Por desgracia ella no tiene hijos y su marido es viejo.»
15 Dijo él: «Llámala.» La llamó y ella se detuvo a
la entrada.
16 Dijo él: «Al año próximo, por este mismo
tiempo, abrazarás un hijo.» Dijo ella: «No, mi señor, hombre de Dios, no
engañes a tu sierva.»
17 Concibió la mujer y dio a luz un niño en el
tiempo que le había dicho Eliseo.
18 Creció el niño y un día se fue donde su padre
junto a los segadores.
19 Dijo a su padre: «¡Mi cabeza, mi cabeza!» El
padre dijo a un criado: «Llévaselo a su madre.»
20 Lo tomó y lo llevó a su madre. Estuvo sobre las
rodillas de ella hasta el mediodía y murió.
21 Subió y le acostó sobre el lecho del hombre de
Dios, cerró tras el niño y salió.
22 Llamó a su marido y le dijo: «Envíame uno de
los criados con una asna. Voy a salir donde el hombre de Dios y volveré.»
23 Dijo él: «¿Por qué vas donde él? No es hoy
novilunio ni sábado.» Pero ella dijo: «Paz.»
24 Hizo aparejar el asna y dijo a su criado: «Guía
y anda, no me detengas en el viaje hasta que yo te diga.»
25 Fue ella y llegó donde el hombre de Dios, al
monte Carmelo. Cuando el hombre de Dios la vio a lo lejos, dijo a su criado
Guejazí: «Ahí viene nuestra sunamita.
26 Así que corre a su encuentro y pregúntale:
¿Estás bien tú? ¿Está bien tu marido? ¿Está bien el niño?» Ella respondió:
«Bien.»
27 Llegó donde el hombre de Dios, al monte, y se
abrazó a sus pies; se acercó Guejazí para apartarla, pero el hombre de Dios dijo: «Déjala, porque su alma está en
amargura y Yahveh me lo ha ocultado y no me lo ha manifestado.»
28 Ella dijo: «¿Acaso pedí un hijo a mi señor? ¿No
te dije que no me engañaras?»
29 Dijo a Guejazí: «Ciñe tu cintura, toma mi
bastón en tu mano y vete; si te encuentras con alguien no le saludes, y si
alguien te saluda no le respondas, y pon mi bastón sobre la cara del niño.»
30 Pero la madre del niño dijo: «Vive Yahveh y
vive tu alma, que no te dejaré.» El pues, se levantó y se fue tras ella.
31 Guejazí había partido antes que ellos y había
colocado el bastón sobre la cara del niño, pero no tenía voz ni señales de
vida, de modo que se volvió a su encuentro y le manifestó: «El niño no se
despierta.»
32 Llegó Eliseo a la casa; el niño muerto estaba
acostado en su lecho.
33 Entró y cerró la puerta tras de ambos, y oró a
Yahveh.
34 Subió luego y se acostó sobre el niño, y puso
su boca sobre la boca de él, sus ojos sobre los ojos, sus manos sobre las manos, se recostó sobre él y la carne del
niño entró en calor.
35 Se puso a caminar por la casa de un lado para
otro, volvió a subir y a recostarse sobre él hasta siete veces y el niño
estornudó y abrió sus ojos.
36 Llamó a Guejazí y le dijo: «Llama a la
sunamita.» La llamó y ella llegó donde él. Dijo él: «Toma tu hijo.»
37 Entró ella y, cayendo a sus pies, se postró en
tierra y salió llevándose a su hijo.
38 Cuando Eliseo se volvió a Guilgal había hambre
en el país. La comunidad de los profetas estaba sentada ante él y dijo a su criado: «Toma la olla grande y
pon a cocer potaje para los profetas.»
39 Uno de ellos salió al campo a recoger hierbas
comestibles; encontró una viña silvestre y recogió una especie de calabazas silvestres hasta llenar su vestido;
fue y las cortó en pedazos en la olla del potaje, pues no sabía lo que era.
40 Lo sirvieron después para que comieran los
hombres y, cuando estaban comiendo, comenzaron a gritar diciendo: « ¡La muerte
en la olla, hombre de Dios!» Y no pudieron comer.
41 El dijo: «Traedme harina», y la echó en la
olla. Dijo: «Repartid entre la gente.» Comieron y no había nada malo en la
olla.
42 Vino un hombre de Baal Salisa y llevó al hombre
de Dios primicias de pan, veinte panes de cebada y grano fresco en espiga; y
dijo Eliseo: «Dáselo a la gente para que coman.»
43 Su servidor dijo: «¿Cómo voy a dar esto a cien
hombres?» Él dijo: «Dáselo a la gente para que coman, porque así dice Yahveh: Comerán y sobrará.»
44 Se lo dio, comieron y dejaron de sobra, según
la palabra de Yahveh.
2 Reyes 5
1 Naamán, jefe del ejército del rey de Aram, era
hombre muy estimado y favorecido por su señor, porque por su medio había dado
Yahveh la victoria a Aram. Este hombre era poderoso, pero tenía lepra.
2 Habiendo salido algunas bandas de arameos,
trajeron de la tierra de Israel una muchachita que se quedó al servicio de la mujer de Naamán.
3 Dijo ella a su señora: «Ah, si mi señor
pudiera presentarse al profeta que hay en Samaría, pues le curaría de su
lepra.»
4 Fue él y se lo manifestó a su señor diciendo:
«Esto y esto ha dicho la muchacha israelita.»
5 Dijo el rey de Aram: «Anda y vete; yo enviaré
una carta al rey de Israel.» Fue y tomó en su mano diez talentos de plata,
6.000 siclos de oro y diez vestidos nuevos.
6 Llevó al rey de Israel la carta que decía:
«Con la presente, te envío a mi siervo Naamán, para que le cures de su lepra.»
7 Al leer la carta el rey de Israel, desgarró
sus vestidos diciendo: «¿Acaso soy yo Dios para dar muerte y vida, pues éste me manda a que cure a un hombre de
su lepra? Reconoced y ved que me busca querella.»
8 Cuando Eliseo, el hombre de Dios, oyó que el
rey de Israel había rasgado sus vestidos, envió a decir al rey: « ¿Por qué has
rasgado tus vestidos? Que venga a mí y sabrá que hay un profeta en Israel.»
9 Llegó Naamán con sus caballos y su carro y se
detuvo a la entrada de la casa de Eliseo.
10 Eliseo envió un mensajero a decirle: «Vete y
lávate siete veces en el Jordán y tu carne se te volverá limpia.»
11 Se irritó Naamán y se marchaba diciendo: «Yo
que había dicho: ¡Seguramente saldrá, se detendrá, invocará el nombre de Yahveh
su Dios, frotará con su mano mi parte enferma y sanaré de la lepra!
12 ¿Acaso el Abaná y el Farfar, ríos de Damasco,
no son mejores que todas las aguas de Israel? ¿No podría bañarme en ellos para
quedar limpio?» Y, dando la vuelta, partió encolerizado.
13 Se acercaron sus servidores, le hablaron y le
dijeron: «Padre mío; si el profeta te hubiera mandado una cosa difícil ¿es que
no la hubieras hecho? ¡Cuánto más habiéndote dicho: Lávate y quedarás limpio!»
14 Bajó, pues, y se sumergió siete veces en el
Jordán, según la palabra del hombre de Dios, y su carne se tornó como la carne
de un niño pequeño, y quedó limpio.
15 Se volvió al hombre de Dios, él y todo su
acompañamiento, llegó, se detuvo ante él y dijo: «Ahora conozco bien que no hay en toda la tierra otro Dios que el
de Israel. Así pues, recibe un presente de tu siervo.»
16 Pero él dijo: «Vive Yahveh a quien sirvo, que
no lo aceptaré»; le insistió para que lo recibiera, pero no quiso.
17 Dijo Naamán: «Ya que no, que se dé a tu siervo,
de esta tierra, la carga de dos mulos, porque tu siervo ya no ofrecerá holocausto
ni sacrificio a otros dioses sino a Yahveh.
18 Que Yahveh dispense a su siervo por tener que
postrarse en el templo de Rimmón cuando mi señor entre en el templo para adorar
allí, apoyado en mi brazo; que Yahveh dispense a tu siervo por ello.»
19 El le dijo: «Vete en paz.» Y se alejó de él una
cierta distancia.
20 Guejazí, el criado de Eliseo, el hombre de
Dios, se dijo: «Mi amo ha sido indulgente con Naamán, ese arameo, al no aceptar
de su mano lo que traía. ¡Vive Yahveh!, que voy a correr tras él y tomaré algo
de su mano.»
21 Guejazí partió en seguimiento de Naamán. Naamán
vio que corría tras de él y saltó del carro a su encuentro y dijo: «Todo va
bien?»
22 Respondió: «Bien. Mi señor me envía a decirte:
Acaban de llegar a mí dos jóvenes de la montaña de Efraím, de la comunidad de los profetas; dame, por favor,
para ellos un talento de plata y dos vestidos de fiesta.»
23 Dijo Naamán: «Dígnate aceptar dos talentos y
dos vestidos de fiesta.» Le insistió, y metió dos talentos de plata en dos
sacos y se lo entregó a dos de sus criados que lo llevaron delante de él.
24 Cuando llegó a Ofel, lo tomó de sus manos, y lo
puso en la casa y despidió a los hombres, que se fueron.
25 Cuando llegó y se presentó a su señor, Eliseo
le dijo: «¿De dónde vienes Guejazí?» Respondió él: «Tu siervo no ha ido ni aquí
ni allá.»
26 Le replicó: «¿No iba contigo mi corazón cuando
un hombre saltó de su carro a tu encuentro? Ahora has recibido plata y puedes adquirir jardines, olivares y viñas,
rebaños de ovejas y bueyes, siervos y siervas.
27 Pero la lepra de Naamán se pegará a ti y a tu
descendencia para siempre.» Y salió de su presencia con lepra blanca como la nieve.
2 Reyes 6
1 Los profetas dijeron a Eliseo: «Mira, el lugar
en que habitamos a tu lado, es estrecho para nosotros.
2 Vayamos al Jordán y tomemos allí cada uno una
viga, y nos haremos allí un lugar para habitar en él.» Dijo: «Id.»
3 Uno de ellos dijo: «Dígnate venir con tus
siervos.» Dijo él: «Iré.»
4 Se fue con ellos y llegando al Jordán se
pusieron a cortar los árboles.
5 Estaba uno derribando una viga cuando el
hierro se cayó al agua y gritó diciendo: «¡Ay, mi señor, que era prestado!»
6 El hombre de Dios dijo: «¿Dónde ha caído?» Y
le mostró el sitio. Entonces cortó un trozo de madera y lo arrojó allí, y sacó el hierro a flote.
7 Dijo: «Hazlo subir hacia ti.» El extendió su
mano y lo agarró.
8 El rey de Aram estaba en guerra con Israel y
celebró consejo con sus siervos diciendo: «Bajad contra tal plaza.»
9 El hombre de Dios envió a decir al rey de
Israel: «Ten cuidado de esa plaza, porque los arameos bajan contra ella.»
10 El rey de Israel envió gente al lugar que el
hombre de Dios le había dicho. El le advertía y el rey estaba allí alerta, y no una ni dos veces.
11 El corazón del rey de Aram se inquietó por este
hecho, y llamando a sus oficiales les dijo: «¿No me vais a descubrir quién nos
traiciona ante el rey de Israel?»
12 Uno de los oficiales dijo: «No, rey mi señor,
sino que Eliseo, el profeta que hay en Israel, ha avisado al rey de Israel de
las palabras que has dicho en el interior de tu dormitorio.»
13 El dijo: «Id y ved dónde está y enviaré a
prenderlo.» Se le avisó diciendo: «Está en Dotán.»
14 Y mandó allí caballos, carros y un fuerte
destacamento, que llegaron por la noche y cercaron la ciudad.
15 Al día siguiente se levantó el criado del
hombre de Dios para salir, pero el destacamento rodeaba la ciudad, con caballos y carros, y su criado le dijo: «¡Ay,
mi señor!, ¿qué vamos a hacer?»
16 El respondió: «No temas, que hay más con
nosotros que con ellos.»
17 Oró Eliseo y dijo: «Yahveh, abre sus ojos para
que vea.» Abrió Yahveh los ojos del criado y vio que la montaña estaba llena de
caballos y carros de fuego en torno a Eliseo.
18 Bajaron hacia él los arameos y entonces Eliseo
suplicó a Yahveh diciendo: «Deslumbra a esas gentes.» Y las deslumbró según la
palabra de Eliseo.
19 Eliseo les dijo: «No es éste el camino y no es
ésta la ciudad. Venid detrás de mí y os llevaré donde el hombre que buscáis.» Y los llevó a Samaría.
20 Cuando entraron en Samaría, Eliseo dijo:
«Yahveh, abre sus ojos para que vean.» Abrió Yahveh sus ojos y vieron que estaban dentro de Samaría.
21 Cuando el rey de Israel los vio dijo a Eliseo:
«¿Los mato, padre mío?»
22 El respondió: «No los mates. ¿Acaso a los que
haces cautivos con tu espada y con tu arco los matas? Pon ante ellos pan y agua
para que coman y beban y se vuelvan a su señor.»
23 Les sirvió un gran banquete, comieron, bebieron
y los despidió, y se fueron a su señor, y las bandas de Aram no volvieron a
entrar en la tierra de Israel.
24 Sucedió después de esto que Ben Hadad, rey de
Aram, reunió todas sus tropas y subió y puso sitio a Samaría.
25 Hubo gran hambre en Samaría; y tanto la
apretaron que una cabeza de asno valía ochenta siclos de plata, y un par de
cebollas silvestres cinco siclos de plata.
26 Pasaba el rey de Israel por la muralla cuando
una mujer clamó a él diciendo: «Sálvame, rey mi señor!»
27 Respondió: «Si Yahveh no te salva, ¿con qué
puedo salvarte yo? ¿Con la era o con el lagar?»
28 Díjole el rey: «¿Qué te ocurre?» Ella
respondió: «Esta mujer me dijo: “Trae a tu hijo y lo comeremos hoy; y el mío lo
comeremos mañana.”
29 Cocimos a mi hijo y nos lo comimos; al otro día
le dije: “Trae tu hijo y lo comeremos”, pero ella lo ha escondido.»
30 Cuando el rey oyó las palabras de la mujer
desgarró sus vestidos; como pasaba sobre la muralla, el pueblo vio que llevaba sayal a raíz de su carne.
31 Dijo: «Esto me haga el señor y esto me añada si
hoy le queda la cabeza sobre los hombros a Eliseo, hijo de Safat.»
32 Estaba Eliseo sentado en su casa y los ancianos
estaban sentados con él. El rey envió un hombre por delante, pero antes que llegara el mensajero a donde él,
dijo él a los ancianos: «Habéis visto que este hijo de asesino ha mandado cortar
mi cabeza. Mirad, cuando llegue el mensajero, cerrad la puerta y rechazadle con
ella. ¿Acaso no se oye tras de él el ruido de los pasos de su señor?»
33 Todavía estaba hablando con ellos cuando el rey
bajó al él y dijo: «¡Todo este mal viene de Yahveh! ¿Cómo he de confiar aún en Yahveh?»
2 Reyes 7
1 Dijo Eliseo: «Escucha la palabra de Yahveh:
Así dice Yahveh: Mañana a esta hora estará la arroba de flor de harina a siclo, y las dos arrobas de cebada a siclo,
en la puerta de Samaría.»
2 El escudero, sobre cuyo brazo se apoyaba el
rey, respondió al hombre de Dios y le dijo: «Aunque Yahveh abriera ventanas en
el cielo ¿podría ocurrir tal cosa?» Respondió: «Con tus ojos lo verás, pero no
lo comerás.»
3 Cuatro hombres que estaban leprosos se
hallaban a la entrada de la puerta y se dijeron uno a otro: «¿Por qué
estarnos aquí hasta morir?
4 Si decimos: “vamos a entrar en la ciudad”,
como hay hambre en ella, allí nos moriremos, y si nos quedamos aquí, moriremos
igual. Así que vamos a pasarnos al campamento de Aram; si nos dejan vivir,
viviremos, y si no matan, moriremos.»
5 Se levantaron al anochecer para ir al
campamento de Aram; llegaron hasta el límite del campamento de Aram y no había
allí nadie,
6 porque el Señor había hecho oír en el
campamento de Aram estrépito de carros, estrépito de caballos y estrépito de un gran ejército, y se dijeron unos a
otros: «El rey de Israel ha tomado a sueldo contra nosotros a los reyes de los
hititas y a los reyes de Egipto para que vengan contra nosotros.»
7 Se levantaron y huyeron al anochecer
abandonando su tiendas, sus caballos y sus asnos, el campamento tal como
estaba, y huyeron para salvar sus vidas.
8 Aquellos leprosos llegaron al límite del
campamento y, entrando en una tienda, comieron, bebieron y se llevaron de allí plata, oro y vestidos, y fueron a
esconderlo. Regresaron y entraron en otra tienda y escondieron lo que de allí
se llevaron.
9 Se dijeron uno a otro: «No está bien lo que
hacemos; hoy es un día de albricias; y si nosotros estamos callados hasta el lucir de la mañana incurriremos en
culpa; así pues, vayamos, entremos y anunciémoslo a la casa del rey.»
10 Llegaron y llamaron a los guardias de la ciudad
y se lo anunciaron diciendo: «Hemos ido al campamento de Aram y no hay nadie,
ninguna voz de hombre; sólo los caballos atados, los asnos atados y las tiendas
intactas.»
11 Llamaron los centinelas y lo comunicaron al
interior de la casa del rey.
12 Se levantó el rey de noche y dijo a sus
oficiales: «Os voy a decir lo que nos ha hecho Aram; saben que estamos hambrientos, han salido del campamento y se
han escondido en el campo pensando: Saldrán de la ciudad, los prenderemos vivos
y entraremos en la ciudad.»
13 Uno de los oficiales respondió y dijo: «Que se
tomen cinco de los caballos restantes, pues les va a pasar lo que a toda la
muchedumbre de Israel que ha perecido; y enviémosles para ver.»
14 Tomaron dos tiros de caballos y los envió el
rey en pos de los arameos diciendo: «Id y ved.»
15 Fueron tras ellos hasta el Jordán, y todo el
camino estaba lleno de vestidos y objetos que habían arrojado los arameos en su
precipitación. Los mensajeros volvieron y se lo comunicaron al rey.
16 Salió el pueblo y saqueó el campamento de Aram;
la arroba de flor de harina estaba a siclo y las dos arrobas de cebada a siclo,
según la palabra de Yahveh.
17 El rey había puesto de vigilancia a la puerta
al escudero en cuyo brazo se apoyaba; pero el pueblo le pisoteó en la puerta y
murió, según la palabra del hombre de Dios, cuando el rey bajó donde él.
18 Sucedió según la palabra del hombre de Dios al
rey cuando dijo: «Mañana a esta hora estarán a siclo las dos arrobas de cebada y a siclo la arroba de flor de
harina en la puerta de Samaría.»
19 Respondió el escudero al hombre de Dios
diciendo: «Aunque Yahveh abriera ventanas en el cielo, ¿podría ocurrir tal
cosa?» Respondió: «Con tus ojos lo verás, pero no lo comerás.»
20 Y así sucedió. El pueblo lo pisoteó en la
puerta y murió.