I Macabeos   9

         1        Cuando supo Demetrio que Nicanor y su ejército habían caído en la guerra, envió a la tierra de Judá, en una nueva expedición, a Báquides y Alcimo con el ala derecha de su ejército.

         2        Tomaron el camino de Galilea y pusieron cerco a Mesalot en el territorio de Arbelas; se apoderaron de ella y mataron  mucha gente.

         3        El primer mes del año 152 acamparon frente a Jerusalén,

         4        de donde partieron con 20.000 hombres y 2.000 jinetes en dirección a Beerzet.

 

         5        Judas tenía puesto su campamento en Eleasá y estaban con él 3.000 hombres escogidos.

         6        Pero al ver la gran muchedumbre de los enemigos, les entró mucho miedo y muchos escaparon del campamento; no quedaron más que ochocientos hombres.

         7        Judas vio que su ejército estaba desbandado y que la batalla le apremiaba, y se le quebrantó el corazón, pues no había tiempo de volverlos a juntar.

         8        Aunque desfallecido, dijo a los que le habían quedado: «Levantémonos y subamos contra nuestros adversarios por si podemos hacerles frente.»

 

         9        Trataban de disuadirle diciéndole: «No podemos; salvemos nuestras vidas de momento y volvamos luego con nuestros  hermanos para combatir contra ellos, que ahora estamos pocos.»

         10      Judas replicó: «¡Eso nunca, obrar así y huir ante ellos! Si nuestra hora ha llegado, muramos con valor por nuestros hermanos y no dejemos tacha a nuestra gloria.»

         11      Salió la tropa del campamento y se ordenó para irles al encuentro: la caballería dividida en dos escuadrones, arqueros y honderos en avanzadilla, y los más aguerridos en primera línea;

 

         12      Báquides ocupaba el ala derecha. La falange se acercó por los dos lados y tocaron las trompetas. Los que estaban con Judas tocaron también las suyas,

         13      y la tierra se estremeció con el estruendo de los ejércitos. Se trabó el combate y se mantuvo desde el amanecer hasta la caída de la tarde.

         14      Vio Judas que Báquides y sus mejores tropas se encontraban en la parte derecha; se unieron a él los más esforzados,

         15      y derrotaron al ala derecha y la persiguieron hasta los montes de Azara.

 

         16      Pero el ala izquierda, al ver derrotada el ala derecha, se volvió sobre los pasos de Judas y los suyos, por detrás.

         17      La lucha se encarnizó y cayeron muchos de uno y otro bando.

         18      Judas cayó y los demás huyeron.

         19      Jonatán y Simón tomaron a su hermano Judas y le dieron sepultura en el sepulcro de sus padres en Modín.

         20      Todo Israel le lloró, hizo gran duelo por él y muchos días estuvieron repitiendo esta lamentación:

         21      «¡Cómo ha caído el héroe que salvaba a Israel!»

 

         22      Las demás empresas de Judas, sus guerras, proezas que realizó, ocasiones en que alcanzó gloria, fueron demasiado  numerosas para ser escritas.

         23      Con la muerte de Judas asomaron los sin ley por todo el territorio de Israel y levantaron cabeza todos los que  obraban la iniquidad.

         24      Hubo entonces un hambre extrema y el país se pasó a ellos.

         25      Báquides escogió hombres impíos y los puso al frente del país.

         26      Se dieron éstos a buscar con toda su suerte de pesquisas a los amigos de Judas y los llevaban a Báquides, que les  castigaba y escarnecía.

 

         27      Tribulación tan grande no sufrió Israel desde los tiempos en que dejaron de aparecer profetas.

         28      Entonces todos los amigos de Judas se reunieron y dijeron a Jonatán:

         29      «Desde la muerte de tu hermano Judas no tenemos un hombre semejante a él que salga y vaya contra los enemigos,  contra Báquides y contra los que odian a nuestra nación.

         30      Por eso, te elegimos hoy a ti para que, ocupando el lugar de tu hermano, seas nuestro jefe y guía en la lucha que  sostenemos.»

 

         31      En aquel momento Jonatán tomó el mando como sucesor de su hermano Judas.

         32      Al enterarse Báquides trataba de hacer morir a Jonatán.

         33      Pero Jonatán lo supo y su hermano Simón y todos sus partidarios y huyeron al desierto de Técoa, donde establecieron su campamento junto a las aguas de la cisterna de Asfar.

         34      (Báquides se enteró un día de sábado y pasó con todas las tropas al lado de allá del Jordán.)

         35      Jonatán envió a su hermano, jefe de la tropa, a pedir a sus amigos los nabateos autorización para dejar con ellos  su impedimenta, que era mucha.

 

         36      Pero los hijos de Amrai, los de Medabá, hicieron una salida, se apoderaron de Juan y de cuanto llevaba y se alejaron con su presa.

         37      Después de esto, Jonatán y su hermano Simón, recibieron la noticia de que los hijos de Amrai celebraban una espléndida boda y traían de Nabatá, en medio de gran pompa, a la novia, hija de uno de los principales de Canaán.

         38      Recordaron entonces el sangriento fin de su hermano Juan y subieron a ocultarse al abrigo de la montaña.

 

         39      Al alzar los ojos, vieron que avanzaba en medio de confusa algazara una numerosa caravana, y que a su encuentro venía el novio, acompañado de sus amigos y hermanos, con tambores, música y gran aparato.

         40      Salieron entonces de su emboscada y cayeron sobre ellos para matarlos. Muchos cayeron muertos y los demás huyeron a la montaña. Se hicieron con todos sus despojos.

         41      = La boda acabó en duelo y la música en lamentación. =

         42      Una vez tomada venganza de la sangre de su hermano, se volvieron a las orillas pantanosas del Jordán.

 

         43      Al enterarse Báquides, vino el día de sábado con numerosa tropa a las riberas del Jordán.

         44      Jonatán dijo a su gente: «Levantémonos y luchemos por nuestras vidas, que hoy no es como ayer y anteayer.

         45      Delante de nosotros y detrás, la guerra; por un lado y por otro, las aguas del Jordán, las marismas, las malezas: no hay lugar a donde retirarse.

         46      Levantad, pues, ahora la voz al Cielo para salvaros de las manos de vuestros enemigos.»

         47      Entablado el combate, Jonatán tendió su mano para herir a Báquides y éste le esquivó echándose atrás,

 

         48      con lo que Jonatán y los suyos pudieron lanzarse al Jordán y ganar a nado la orilla opuesta. Sus enemigos no atravesaron el río en su persecución.

         49      Unos mil hombres del ejército de Báquides sucumbieron aquel día.

         50      Vuelto a Jerusalén, hizo Báquides levantar ciudades fortificadas en Judea: la fortaleza de Jericó, Emaús, Bet Jorón, Betel, Tamnatá, Faratón y Tefón, con altas murallas, puertas y cerrojos

         51      y puso en ellas guarniciones que hostilizaran a Israel.

 

         52      Fortificó también la ciudad de Bet Sur, Gázara y la Ciudadela, y puso en ellas tropas y depósitos de víveres.

         53      Tomó como rehenes a los hijos de los principales de la región y los dejó bajo guardia en la Ciudadela de Jerusalén.

         54      El segundo mes del año 153, ordenó Alcimo demoler el muro del atrio interior del Lugar Santo. Destruía con ello  la obra de los profetas. Había comenzado la demolición,

         55      cuando en aquel tiempo sufrió Alcimo un ataque y su obra quedó parada. Se le obstruyó la boca y se le quedó paralizada, de suerte que no le fue posible ya pronunciar palabra ni dar disposiciones en la tocante a su casa.

 

         56      Alcimo murió entonces en medio de grandes sufrimientos.

         57      Cuando Báquides vio que había muerto Alcimo, se volvió adonde el rey y hubo tranquilidad en el país de Judá por espacio de dos años.

         58      Todos los sin ley se confabularon diciendo: «Jonatán y los suyos viven tranquilos y confiados. Hagamos, pues, venir  ahora a Báquides y los prenderá a todos ellos en una sola noche.»

         59      Fueron a comunicar el plan con él,

         60      y Báquides se puso en marcha con un fuerte ejército. Envió cartas secretas a sus alidados de Judea ordenándoles  prender a Jonatán y a los suyos. Pero no pudieron, porque fueron conocidas sus intenciones,

 

         61      antes bien ellos prendieron a unos cincuenta hombres de la región, cabecillas de esta maldad, y les dieron muerte.

         62      A continuación, Jonatán, Simón y los suyos se retiraron a Bet Basí, en el desierto, repararon lo que en aquella plaza estaba derruido y la fortificaron.

         63      En sabiéndolo Báquides, juntó a toda su gente y convocó a sus partidarios de Judea.

         64      Llegó y puso cerco a Bet Basí, la atacó durante muchos días y construyó ingenios de guerra.

         65      Jonatán, dejando a su hermano Simón en la ciudad, salió por la región y fue con una pequeña tropa,

 

         66      con la que derrotó en su campamento a Odomerá y a sus hermanos, así como a los hijos de Fasirón. Estos empezaron a herir y a subir con las tropas.

         67      Simón y sus hombres, por su parte, salieron de la ciudad y dieron fuego a los ingenios.

         68      Trabaron combate con Báquides, le derrotaron y le dejaron sumido en profunda amargura, porque habían fracasado su plan y su ataque.

         69      Montó en cólera contra los hombres sin ley que le habían aconsejado venir a la región, mató a muchos de ellos y  decidió volverse a su tierra.

 

         70      Al saberlo, le envió Jonatán legados para concertar con él la paz y conseguir que les devolviera los prisioneros.

         71      Báquides aceptó y accedió a las peticiones de Jonatán. Se comprometió con juramento a no hacerle mal en todos los  días de su vida,

         72      y le devolvió los prisioneros que anteriormente había capturado en el país de Judá. Partió luego para su tierra y no volvió más a territorio judío.

         73      Así descansó la espada en Israel. Jonatán se estableció en Mikmas, comenzó a juzgar al pueblo e hizo desaparecer  de Israel a los impíos.

 

 

 

   

 

 

I Macabeos  10

         1        El año 160, Alejandro Epífanes, hijo de Antíoco, vino por mar y ocupó Tolemaida donde, siendo bien acogido, se proclamó rey.

         2        Al tener noticia de ello, el rey Demetrio juntó un ejército muy numeroso y salió a su encuentro para combatir con él.

         3        Envió también Demetrio una carta amistosa a Jonatán en que prometía engrandecerle,

         4        porque se decía: «Adelantémonos a hacer la paz con ellos antes que Jonatán la haga con Filipo contra nosotros,

 

         5        al recordar los males que le causamos a él, a sus hermanos y a su nación.»

         6        Le concedía autorización para reclutar tropas, fabricar armamento y contarse entre sus aliados. Mandaba, además, que le fuesen entregados los rehenes que se encontraban en la Ciudadela.

         7        Jonatán fue a Jerusalén y leyó la carta a oídos de todo el pueblo y de los que ocupaban la Ciudadela.

         8        Les entró mucho miedo cuando oyeron que el rey le concedía autorización para reclutar tropas.

 

         9        La gente de la Ciudadela entregó los rehenes a Jonatán y él los devolvió a sus padres.

         10      Jonatán fijó su residencia en Jerusalén y se dio a reconstruir y restaurar la ciudad.

         11      Ordenó a los encargados de las obras levantar las murallas y rodear el monte Sión con piedras de sillería para  fortificarlo, y así lo hicieron.

         12      Los extranjeros que ocupaban las fortalezas levantadas por Báquides, huyeron;

         13      abandonando sus puestos partieron cada uno para su país.

 

         14      Sólo en Bet Sur quedaron algunos de los que habían abandonado la Ley y los preceptos porque esta plaza era su refugio.

         15      El rey Alejandro se enteró de los ofrecimientos que Demetrio había hecho a Jonatán. Le contaron además las guerras y proezas que él y sus hermanos habían realizado y los trabajos que habían sufrido.

         16      Y dijo: «¿Podremos hallar otro hombre como éste? Hagamos de él un amigo y un aliado nuestro.»

         17      Le escribió, pues, y le envió una carta redactada en los siguientes términos:

 

         18      «El rey Alejandro saluda a su hermano Jonatán.

         19      Hemos oído que eres un valiente guerrero y digno de ser amigo nuestro.

         20      Por eso te nombramos hoy sumo sacerdote de tu nación y te concedemos el título de amigo del rey - le enviaba al mismo tiempo una clámide de púrpura y una corona de oro -. Por tu parte, haz tuya nuestra causa y guárdanos tu amistad.»

         21      El séptimo mes del año 160, con ocasión de la fiesta de las Tiendas, vistió Jonatán los ornamentos sagrados; reclutó tropas y fabricó gran cantidad de armanento.

 

         22      Demetrio, al saber lo sucedido, dijo disgustado:

         23      «¿Qué hemos hecho para que Alejandro se nos haya adelantado en ganar la amistad y el apoyo de los judíos?

         24      Les escribiré también yo con ofrecimientos de dignidades y riquezas para que sean auxiliares míos.»

         25      Y les escribió en estos términos:

         26      El rey Demetrio saluda a la nación de los judíos. Nos hemos enterado con satisfacción de que habéis guardado los  términos de nuestra alianza y perseverado en nuestra amistad sin pasaros al bando de nuestros enemigos.

 

         27      Continuad, pues guardándonos fidelidad y os recompensaremos por todo lo que por nosotros hagáis.

         28      Os descargaremos de muchas obligaciones y os concederemos favores.

         29      Y ya desde ahora os libero y descargo a todos los judíos de las contribuciones, del impuesto de la sal y de las  coronas.

         30      Renuncio también de hoy en adelante a percibir el tercio de los granos y la mitad de los frutos de los árboles que me correspondían, del país de Judá y también de los tres distritos que le son anexionados de Samaría - Galilea... a partir de hoy para siempre.

 

         31      Jerusalén sea santa y exenta, así como todo su territorio, sus diezmos y tributos.

         32      Renuncio asimismo a mi soberanía sobre la Ciudadela de Jerusalén y se la cedo al sumo sacerdote que podrá poner  en ella de guarnición a los hombres que él elija.

         33      A todo judío llevado cautivo de Judá a cualquier parte de mi reino, le devuelvo la libertad sin rescate. Todos queden libres de tributo, incluso sobre sus ganados.

         34      Todas las fiestas, los sábados y los novilunios y, además del día fijado, los tres días que las preceden y los tres que las siguen, sean todos ellos días de inmunidad y franquicia para todos los judíos residentes en mi reino:

 

         35      nadie tendrá autorización para demandarles ni inquietarles a ninguno de ellos por ningún motivo.

         36      En los ejércitos del rey sean alistados hasta 30.000 judíos que percibirán la soldada asignada a las demás tropas  del rey.

         37      De ellos, algunos serán apostados en las fortalezas importantes del rey y otros ocuparán puestos de confianza en el reino. Sus oficiales y jefes salgan de entre ellos, y vivan conforme a sus leyes, como lo ha dispuesto el rey para el país de Judá.

 

         38      Los tres distritos incorporados a Judea, de la provincia de Samaría, queden anexionados a Judea y contados por suyos, de modo que, sometidos a un mismo jefe, no acaten otra autoridad que la del sumo sacerdote.

         39      Entrego Tolemaida y sus dominios como obsequio al Lugar Santo de Jerusalén para cubrir los gastos normales del  Lugar Santo.

         40      Por mi parte, daré cada año 15.000 siclos de plata, que se tomarán de los ingresos reales en las localidades convenientes.

 

         41      Todo el excedente que los funcionarios no hayan entregado como en años anteriores, lo darán desde ahora para las obras de la Casa.

         42      Además, los 5.000 siclos de plata que se deducían de los ingresos del Lugar Santo en la cuenta de cada año, los  cedo por ser emolumento de los sacerdotes en servicio del culto.

         43      Todo aquel que por deudas con los impuestos reales, o por cualquier otra deuda, se refugie en el Templo de Jerusalén o en su recinto, quede inmune, él y cuantos bienes posea en mi reino.

 

         44      Los gastos que se originen de las construcciones y reparaciones en el Lugar Santo correrán a cuenta del rey.

         45      Los gastos de la construcción de las murallas de Jerusalén y la fortificación de su recinto correrán asimismo a cuenta del rey, como también la reconstrucción de murallas en Judea.»

         46      Cuando Jonatán y el pueblo oyeron tales ofrecimientos, no les dieron crédito ni los aceptaron, porque recordaban los graves males que Demetrio había causado a Israel y la opresión tan grande a que les había sometido.

 

         47      Se decidieron, pues, por el partido de Alejandro que, a su parecer, les ofrecía mayores ventajas y fueron aliados  suyos en todo tiempo.

         48      El rey Alejandro juntó un gran ejército y acampó frente a Demetrio.

         49      Los dos reyes trabaron combate y salió huyendo el ejército de Alejandro. Demetrio se lanzó en su persecución y prevaleció sobre ellos.

         50      Mantuvo vigorosamente el combate hasta la puesta del sol. Pero en aquella jornada Demetrio sucumbió.

         51      Alejandro envió embajadores a Tolomeo, rey de Egipto, con el siguiente mensaje:

 

         52      «Vuelto a mi reino, me he sentado en el trono de mis padres y ocupado el poder después de derrotar a Demetrio y  hacerme dueño de nuestro país;

         53      porque trabé combate con él y luego de derrotarle a él y a su ejército, nos hemos sentado en su trono real.

         54      Establezcamos, pues, vínculos de amistad entre nosotros y dame a tu hija por esposa; seré tu yerno y te haré, como a ella, presentes dignos de ti.»

         55      El rey Tolomeo le contestó diciendo: «¡Dichoso el día en que, vuelto al país de tus padres, te sentaste en el trono de su reino!

 

         56      Pues bien, haré por tí lo que has escrito. Pero ven a encontrarme en Tolemaida donde nos veamos el uno al otro, y te tomaré por yerno como has dicho.»

         57      Tolomeo partió de Egipto llevando consigo a su hija Cleopatra y llegó a Tolemaida. Era el año 162.

         58      El rey Alejandro fue a su encuentro, y Tolomeo le entregó a su hija Cleopatra y celebró la boda en Tolemaida con la gran magnificencia que suelen los reyes.

         59      El rey Alejandro escribió a Jonatán que fuera a verle.

 

         60      Partió éste con gran pompa hacia Tolemaida, se entrevistó con los reyes, les dio a ellos y a sus amigos plata y  oro, les hizo numerosos presentes y halló gracia a sus ojos.

         61      Entonces se unieron contra él algunos rebeldes, peste de Israel, para querellarse de él, pero el rey no les hizo  ningún caso;

         62      antes bien, dio orden de que le quitaran a Jonatán sus vestidos y le vistieran de púrpura. Cumplida la orden,

         63      le hizo el rey sentar a su lado y dijo a sus capitanes: «Salid con él por medio de la ciudad y anunciad a voz de  heraldo que nadie le levante acusación alguna ni le molesten por ningún motivo.»

 

         64      Sus acusadores, que vieron el honor que a voz de heraldo se le hacía y a él vestido de púrpura, huyeron todos.

         65      El rey, queriendo honrarle, le inscribió entre sus primeros amigos y le nombró estratega y meridarca.

         66      Jonatán regresó a Jerusalén con paz y alegría.

         67      El año 165, Demetrio, hijo de Demetrio, vino de Creta al país de sus padres.

         68      Al enterarse el rey Alejandro, quedó muy disgustado y se volvió a Antioquía.

         69      Demetrio confirmó a Apolonio como gobernador de Celesiria, el cual, juntando un numeroso ejército, acampó en Yamnia  y envió a decir a Jonatán, sumo sacerdote:

 

         70      «Tú eres el único en levantarte contra nosotros, y por tu causa he venido a ser yo objeto de irrisión y desprecio. ¿Por qué ejerces tu poder contra nosotros desde las montañas?

         71      Si es que tienes confianza en tus fuerzas, baja ahora a encontrarte con nosotros en la llanura y allí nos mediremos, que conmigo está la fuerza de las ciudades.

         72      Pregunta y sabrás quién soy yo y quiénes los auxiliares nuestros. Ellos dicen que no podréis manteneros frente  a nosotros, que ya dos veces tus padres fueron derrotados en su país,

 

         73      y que ahora no podrás resistir a la caballería y a un ejército tan grande en la llanura donde no hay piedra, ni  roca, ni lugar donde huir.»

         74      Cuando Jonatán oyó las palabras de Apolonio, se le sublevó el espíritu. Escogió 10.000 hombres y partió de Jerusalén. Su hermano Simón fué a su encuentro para ayudarle.

         75      Acampó frente a Joppe. Los de la ciudad le cerraron las puertas, porque había en Joppe una guarnición de Apolonio. La atacaron

         76      y la gente de la ciudad, atemorizada, les abrió las puertas, y Jonatán se hizo dueño de Joppe.

 

         77      Cuando Apolonio se enteró, puso en pie de guerra 3.000 jinetes y un numeroso ejército y partió en dirección a Azoto, como que quería pasar por allí, pero al mismo tiempo se iba adentrando en la llanura porque tenía mucha caballería y confiaba en ella.

         78      Jonatán fue tras él persiguiéndole hacia Azoto y ambos ejércitos trabaron combate.

         79      Había dejado Apolonio mil jinetes ocultos a espaldas de ellos.

         80      Se dio cuenta Jonatán de que a sus espaldas había una emboscada. Estos rodearon su ejército y dispararon tiros  sobre la tropa desde la mañana hasta el atardecer;

 

         81      pero la tropa se mantuvo firme, como lo había ordenado Jonatán, y los caballos de los enemigos se cansaron.

         82      Sacó entonces Simón su ejército y atacó a la falange - pues ya la caballería estaba agotada - la derrotó y puso  en fuga,

         83      mientras la caballería se desbandaba por la llanura. En su huida llegaron a Azoto y entraron en Bet Dagón, el templo  de su ídolo, para salvarse.

         84      Pero Jonatán prendió fuego a Azoto y a las ciudades que la rodeaban , se hizo con el botín y abrasó el templo de Dagón y a los que en él se habían refugiado.

 

         85      Los muertos por la espada y los abrasados por el fuego fueron unos 8.000 hombres.

         86      Partió de allí Jonatán y acampó frente a Ascalón, donde los habitantes salieron a recibirle con grandes honores.

         87      Luego Jonatán regresó a Jerusalén con los suyos, cargados de rico botín.

         88      Cuando el rey Alejandro se enteró de estos acontecimientos, concedió nuevos honores a Jonatán,

         89      le envió una fíbula de oro, como es costumbre conceder a los parientes de los reyes, y le dio en propiedad Acarón y todo su territorio.

 

 

 

   

 

 

I Macabeos  11

         1        El rey de Egipto reunió fuerzas numerosas como las arenas que hay a orillas del mar y muchas naves. Intentaba hacerse  por astucia con el reino de Alejandro y unirlo al suyo.

         2        Salió, pues, para Siria en son de paz y la gente de las ciudades le abría las puertas y salía a su encuentro, ya  que tenían orden del rey Alejandro de salir a recibirle por ser suegro suyo.

         3        Pero una vez que entraba en las ciudades, Tolomeo ponía tropas de guarnición en cada una de ellas.

 

         4        Cuando llegó cerca de Azoto le mostraron el templo de Dagón incendiado, la ciudad y sus aldeas destruidas, los  cadáveres por el suelo y los restos calcinados de los abrasados en la guerra, pues habían hecho montones de ellos por el recorrido del rey.

         5        Le contaron lo que Jonatán había hecho para que el rey le censurara, pero el rey guardó silencio.

         6        Jonatán fue al encuentro del rey a Joppe con fasto; se saludaron y pasaron allí aquella noche.

         7        Acompañó Jonatán al rey hasta el río llamado Eléuteros y regresó a Jerusalén.

 

         8        Por su parte el rey Tolomeo se hizo dueño de las ciudades de la costa hasta Seleucia Marítima y meditaba planes  malvados contra Alejandro.

         9        Envió embajadores al rey Demetrio diciéndole: «Ven y concertemos entre nosotros una alianza. Te daré mi hija, la que tiene Alejandro, y reinarás en el reino de tu padre.

         10      Estoy arrepentido de haberle dado mi hija pues ha intentado asesinarme.»

         11      Le hacía estos cargos porque codiciaba su reino.

         12      Quitándole, pues, su hija se la dio a Demetrio, rompió con Alejandro y quedó manifiesta la enemistad entre ambos.

 

         13      Tolomeo entró en Antioquía y se ciñó la diadema de Asia, con lo que rodeó su frente de dos diademas, la de Egipto y la de Asia.

         14      En este tiempo se encontraba el rey Alejandro en Cilicia por haberse sublevado la gente de aquella región.

         15      Al saber lo que ocurría, vino a luchar contra él. Tolomeo salió con fuerzas poderosas, fue a su encuentro y le derrotó.

         16      Alejandro huyó a Arabia buscando un refugio allí y el rey Tolomeo quedó triunfador.

         17      El árabe Zabdiel cortó la cabeza a Alejandro y se la envió a Tolomeo.

 

         18      Pero tres días después murió el rey Tolomeo y los que estaban en sus plazas fuertes perecieron a manos de los que las habitaban.

         19      Demetrio comenzó a reinar el año 167.

         20      Por aquellos días juntó Jonatán a los de Judea para atacar la Ciudadela de Jerusalén y levantó contra ella muchos  ingenios de guerra.

         21      Entonces algunos rebeldes que odiaban a su nación acudieron al rey a anunciarle que Jonatán tenía puesto cerco a la Ciudadela.

         22      La noticia le irritó, y nada más oírla, se puso en marcha y vino a Tolemaida. Escribió a Jonatán que cesara en el cerco y que viniera a verle lo antes posible a Tolemaida para entrevistarse con él.

 

         23      Al enterarse, ordenó Jonatán que se siguiese el cerco, eligió ancianos de Israel y sacerdotes y se expuso a sí  mismo al peligro.

         24      Tomando plata, oro, vestidos y otros presentes en gran cantidad, partió a verse con el rey en Tolemaida y halló  gracia ante él.

         25      Algunos sin ley de la nación le acusaron,

         26      pero el rey le trató como le habían tratado sus predecesores y le honró en presencia de todos sus amigos.

         27      Le confirmó en el sumo sacerdocio y en todos los honores que antes tenía, e hizo que se le contara entre sus primeros  amigos.

 

         28      Jonatán pidió al rey que dejara libres de impuesto a Judea y a los tres distritos de Samaría, a cambio de trescientos talentos que le prometía.

         29      Accedió el rey y escribió a Jonatán una carta sobre todos estos puntos redactada de la forma siguiente:

         30      «El rey Demetrio saluda a su hermano Jonatán y a la nación de los judíos.

         31      Os escribimos también a vosotros una copia de la carta que sobre vosotros hemos escrito a nuestro pariente Lástenes  para que la conozcáis:

 

         32      El rey Demetrio saluda a su padre Lástenes.

         33      Por sus buenas disposiciones hacia nosotros hemos decidido conceder favores a la nación de los judíos, que son amigos nuestros y observan lo que es justo con nosotros.

         34      Les confirmamos la posesión del territorio de Judea y de los tres distritos de Aferema, Lidda y Ramatáyim que han sido desprendidos de Galilea y agregados a Judea con todas sus dependencias en favor de los que sacrifican en Jerusalén, a cambio de los derechos reales que el rey percibía de ellos antes cada año por los productos de la tierra y el fruto de los árboles.

 

         35      En cuanto a los otros derechos que tenemos sobre los diezmos y tributos nuestros, sobre las salinas y coronas que se nos deben, les concedemos desde ahora una exención total.

         36      No será derogada ni una de estas concesiones a partir de ahora en ningún tiempo.

         37      Procurad hacer una copia de estas disposiciones que le sea entregada a Jonatán para ponerla en el monte santo en lugar visible.»

         38      El rey Demetrio, viendo que el país estaba en calma bajo su mando y que nada le ofrecía resistencia, licenció todas  sus tropas mandando a cada uno a su lugar, excepto las tropas extranjeras que había reclutado en las islas de las naciones. Todas las tropas que había recibido de sus padres se enemistaron con él.

 

         39      Entonces Trifón, antiguo partidario de Alejandro, al ver que todas las tropas murmuraban contra Demetrio, se fue donde el árabe Yamlikú que criaba al niño Antíoco, hijo de Alejandro,

         40      y le instaba a que se lo entregase para ponerlo en el trono de su padre. Le puso al corriente de toda la actuación de Demetrio y del odio que le tenían sus tropas. Permaneció allí muchos días.

         41      Entre tanto envió Jonatán a pedir al rey Demetrio que retirara las guarniciones de la Ciudadela de Jerusalén y  de las plazas fuertes porque hostilizaban a Israel.

 

         42      Demetrio envió a decir a Jonatán: «No sólo haré esto por ti y por tu nación, sino que os colmaré de honores a ti y a tu nación cuando tenga oportunidad.

         43      Pero ahora harás bien en enviarme hombres en mi auxilio, pues todas mis tropas me han abandonado.»

         44      Jonatán le envió a Antioquía 3.000 guerreros valientes, y cuando llegaron, el rey experimentó gran satisfacción  con su venida.

         45      Se amotinaron en el centro de la ciudad los ciudadanos, al pie de 120.000, y querían matar al rey.

 

         46      El se refugió en el palacio, y los ciudadanos ocuparon las calles de la ciudad y comenzaron el ataque.

         47      El rey llamó entonces en su auxilio a los judíos, que se juntaron todos en torno a él y luego se diseminaron por la ciudad. Aquel día llegaron a matar hasta 100.000.

         48      Prendieron fuego a la ciudad, se hicieron ese mismo día con un botín considerable y salvaron al rey.

         49      Cuando los de la ciudad vieron que los judíos dominaban la ciudad a su talante, perdieron el ánimo y levantaron sus clamores al rey suplicándole:

 

         50      «Danos la mano y cesen los judíos en sus ataques contra nosotros y contra la ciudad.»

         51      Depusieron las armas e hicieron la paz. Los judíos alcanzaron gran gloria ante el rey y ante todos los de su reino y se volvieron a Jerusalén con un rico botín.

         52      El rey Demetrio se sentó en el trono de su reino y la tierra quedó sosegada en su presencia.

         53      Pero faltó a todas sus promesas y se indispuso con Jonatán. Lejos de corresponder a los servicios que le había prestado, le causaba graves molestias.

 

         54      Depués de estos acontecimientos, volvió Trifón y con él Antíoco, niño todavía, que se proclamó rey y se ciñó la diadema.

         55      Todas las tropas que Demetrio había licenciado se unieron a él y salieron a luchar contra Demetrio, le derrotaron y le pusieron en fuga.

         56      Trifón tomó los elefantes y se apoderó de Antioquía.

         57      El joven Antíoco escribió a Jonatán diciéndole: «Te confirmo en el sumo sacerdocio, te pongo al frente de los cuatro distritos y quiero que te cuentes entre los amigos del rey.»

 

         58      Le envió copas de oro y un servicio de mesa, y le concedió autorización de beber en copas de oro, vestir púrpura y llevar fíbula de oro.

         59      A su hermano Simón le nombró estratega desde la Escalera de Tiro hasta la frontera de Egipto.

         60      Jonatán salió a recorrer la Transeufratina y sus ciudades, y todas las tropas de Siria se le unieron como aliadas. Llegó a Ascalón y los habitantes de la ciudad le salieron a recibir con muchos honores.

         61      De allí pasó a Gaza donde los habitantes le cerraron las puertas. Entonces la sitió y entregó sus arrabales a las  llamas y al pillaje.

 

         62      Los de las ciudad vinieron a suplicarle y Jonatán les dio la mano, pero tomó como rehenes a los hijos de los jefes y los envió a Jerusalén. A continuación, siguió recorriendo la región hasta Damasco.

         63      Jonatán se enteró de que los generales de Demetrio se habían presentado en Kedes de Galilea con un ejército numeroso para apartarle de su cargo.

         64      Entonces dejó en el país a su hermano Simón y salió a su encuentro.

         65      Simón acampó frente a Bet Sur, la atacó durante muchos días y la bloqueó.

 

         66      Le pidieron que les diese la mano y él se la dio. Les hizo salir de allí, ocupó la ciudad y puso en ella una guarnición.

         67      Por su parte, Jonatán y su ejército acamparon junto a las aguas de Gennesar, y muy de madrugada partieron para la llanura de Asor

         68      donde el ejército extranjero les vino al encuentro en la llanura después de dejar hombres emboscados en los montes. Mientras este ejército se presentaba de frente,

         69      surgieron de sus puestos los emboscados y entablaron combate.

 

         70      Todos los hombres de Jonatán se dieron a la fuga sin que quedara ni uno de ellos, a excepción de Matatías, hijo  de Absalón, y de Judas, hijo de Kalfi, capitanes del ejército.

         71      Jonatán entonces rasgó sus vestidos, echó polvo sobre su cabeza y oró.

         72      Vuelto al combate, derrotó al enemigo y le puso en fuga.

         73      Al verlo, sus hombres que huían volvieron a él y con él persiguieron al enemigo hasta su campamento en Kedes y  acamparon allí.

         74      Cayeron aquel día del ejército extranjero hasta 3.000 hombres. Jonatán regresó a Jerusalén.