I
Macabeos 5
1 Cuando
los pueblos circunvecinos supieron que había sido reconstruido el altar y
restaurado como antes el santuario, se irritaron sobremanera.
2 Decidieron
acabar con los descendientes de Jacob que entre ellos vivían y comenzaron a
matar y exterminar gente del pueblo.
3 Judas
movió la guerra a los hijos de Esaú en Idumea, al país de Acrabatena, porque
tenían asediados a los israelitas. Les infligió fuerte derrota, les rechazó y
se alzó con sus despojos.
4 Recordó
luego la maldad de los hijos de Baián, que eran un lazo y una trampa para el
pueblo por las emboscadas que en los caminos le tendían.
5 Les
obligó a encerrarse en sus torres, les puso cerco y dándolos al anatema, abrasó
las torres con todos los que estaban
dentro.
6 Pasó
a continuación a los ammonitas, donde encontró una fuerte tropa y una población
numerosa cuyo jefe era Timoteo.
7 Después
de muchos combates, los derrotó y deshizo.
8 Ocupó
Yazer y sus aldeas, y regresó a Judea.
9 Los
gentiles de Galaad se unieron para exterminar a los israelitas que vivían en su
territorio, pero ellos se refugiaron en la fortaleza de Datemá.
10 Enviaron
cartas a Judas y sus hermanos diciéndoles: «Los gentiles que nos rodean se han
unido para exterminarnos;
11 se
preparan para venir a tomar la fortaleza donde nos hemos refugiado, y Timoteo
está al frente de su ejército.
12 Ven,
pues, ahora a librarnos de sus manos, que muchos de entre nosotros han caído
ya;
13 todos
nuestros hermanos que vivían en el país de Tubías han sido muertos, llevados
cautivos sus mujeres, hijos y bienes, y
han perecido allí unos mil hombres.»
14 Estaban
todavía leyendo las cartas, cuando otros mensajeros, con los vestidos rasgados,
llegaron de Galilea con esta noticia:
15 «Se
han unido los de Tolemaida, Tiro, Sidón y toda la Galilea de los Gentiles para
acabar con nosotros.»
16 Cuando
Judas y el pueblo oyeron tales noticias, reunieron una gran asamblea para
deliberar sobre lo que habían de hacer para socorrer a sus hermanos puestos en
angustia y combatidos de enemigos.
17 Judas
dijo a su hermano Simón: «Toma gente contigo y parte a librar a tus hermanos de
Galilea; mi hermano Jonatán y yo iremos a la región de Galaad.»
18 Dejó
para defensa de Judea a José, hijo de Zacarías, y a Azarías, jefe del pueblo,
con el resto del ejército,
19 dándoles
esta orden: «Estad al frente del pueblo y no entréis en batalla con los
gentiles hasta que nosotros regresemos.»
20 Se
le dieron 3.000 hombres a Simón para la campaña de Galilea y 8.000 a Judas para
la de Galaad.
21 Simón
partió para Galilea y luego de empeñar muchos combates con los gentiles, los
derrotó
22 y
los persiguió hasta la entrada de Tolemaida. Sucumbieron unos 3.000 gentiles y se
llevó sus despojos.
23 Tomó
luego consigo a los judíos de Galilea y Arbattá, con sus mujeres, hijos y
cuanto poseían, y en medio de una gran
alegría los llevó a Judea.
24 Por
su parte, Judas Macabeo y su hermano Jonatán atravesaron el Jordán y caminaron
tres jornadas por el desierto.
25 Se
encontraron con los nabateos, que les acogieron amistosamente y les pusieron al
tanto de lo que les ocurría a sus
hermanos de la región de Galaad:
26 que
muchos de ellos se encontraban encerrados en Bosorá y Bosor, en Alemá, Casfó,
Maqued y Carnáyim, todas ellas ciudades fuertes y grandes;
27 que
también los había encerrados en las demás ciudades de la región de Galaad, y
que sus enemigos habían fijado el día siguiente para atacar las fortalezas,
tomarlas y exterminarlos a todos en un solo día.
28 Inmediatamente
Judas hizo que su ejército tomara el camino de Bosorá, a través del desierto;
tomó la ciudad y después de pasar a filo de espada a todo varón y de saquearla
por completo, la incendió.
29 Partió
de allí por la noche y avanzó hasta las cercanías de la fortaleza.
30 Cuando,
al llegar el día, alzaron los judíos sus ojos, vieron una muchedumbre
innumerable que levantaba escalas e ingenios para tomar la plaza, y había
comenzado ya el ataque.
31 Al
ver que el ataque se había iniciado y que un inmenso griterío y sonido de
trompetas se levantaba de la ciudad
hasta el cielo,
32 Judas
dijo a los hombres de su ejército: «Combatid hoy por vuestros hermanos.»
33 Y,
ordenados en tres columnas, les hizo avanzar detrás del enemigo tocando las
trompetas y gritando invocaciones.
34 El
ejército de Timoteo, al reconocer que era Macabeo, huyeron ante él, sufrieron
una fuerte derrota y dejaron tendidos unos 8.000 hombres aquel día.
35 Volvióse
luego Judas contra Alemá. La atacó, la tomó y después de matar a todos los
varones y saquearla, la dio a las
llamas.
36 Partiendo
de allí, se apoderó de Casfó, Maqued, Bosor y de las restantes ciudades de la
región de Galaad.
37 Después
de estos acontecimientos, juntó Timoteo un nuevo ejército y acampó frente a
Rafón, al otro lado del torrente.
38 Judas
envió a reconocer el campamento y le trajeron el siguiente informe: «Todos los
gentiles de nuestro alrededor se le han
unido y forman un ejército considerable.
39 Tienen
además, como auxiliares, árabes tomados a sueldo. Acampan al otro lado del
torrente y están preparados para venir a
atacarte.» Judas salió a su encuentro.
40 Cuando
se aproximaba con su ejército al torrente de agua, dijo Timoteo a los capitanes
de sus tropas: «Si él lo pasa primero y
viene sobre nosotros, no podremos resistirle, porque nos vencerá seguramente,
41 pero
si muestra miedo y acampa al otro lado del río, lo atravesaremos nosotros,
iremos sobre él y le venceremos.»
42 Cuando
Judas llegó al borde del torrente de agua, situó a los escribas del pueblo a la
orilla y les dio esta orden: «No dejéis acampar a nadie; que todos vayan al
combate.»
43 Pasó
él el primero contra el enemigo y toda su gente le siguió. Los gentiles todos,
derrotados ante ellos, tiraron las armas y corrieron a buscar refugio en el
templo de Carnáyim.
44 Pero
los judíos tomaron la ciudad y quemaron el templo con todos los que había
dentro. Carnáyim fue arrasada. Y ya
nadie pudo resistir a Judas.
45 Judas
reunió a todos los israelitas de la región de Galaad, pequeños y grandes, a sus
mujeres, hijos y bienes, una inmensa muchedumbre, para llevarlos al país de
Judá.
46 Llegaron
a Efrón, ciudad importante y muy fuerte, situada en el camino. Necesariamente
tenían que pasar por ella, por no haber posibilidad de desviarse ni a la
derecha ni a la izquierda.
47 Pero
los habitantes les negaron el paso y bloquearon las entradas con piedras.
48 Judas
les envió un mensaje en son de paz diciéndoles: «Pasaremos por vuestro país
para llegar al nuestro; nadie os hará
mal alguno; no limitaremos a pasar a pie.» Pero no quisieron abrirle.
49 Entonces
Judas hizo anunciar por el ejército que cada uno tomara posición donde se
encontrara.
50 La
gente de guerra tomó posición y Judas atacó la ciudad todo aquel día y toda la
noche, hasta que cayó en sus manos.
51 Hizo
pasar a filo de espada a todos los varones, la arrasó, la saqueó, y atravesó la
ciudad por encima de los cadáveres.
52 Pasaron
el Jordán para entrar en la Gran Llanura frente a Bet San.
53 Judas
fue durante toda la marcha recogiendo a los rezagados y animando al pueblo
hasta llegar a la tierra de Judá.
54 Subieron
al monte Sión con alborozo y alegría y ofrecieron holocaustos por haber
regresado felizmente sin haber perdido a ninguno de los suyos.
55 Cuando
Judas y Jonatán estaban en el país de Galaad, y su hermano Simón en Galilea,
frente a Tolemaida,
56 José,
hijo de Zacarías, y Azarías, jefes del ejército, al oír las proezas y combates
que aquéllos habían realizado,
57 se
dijeron: «Hagamos nosotros también célebre nuestro nombre saliendo a combatir a
los gentiles de los alrededores.»
58 Y
dieron orden a la tropa que estaba bajo su mando de ir sobre Yamnia.
59 Gorgias
salió de la ciudad con su gente para irles al encuentro y entrar en batalla.
60 Y
José y Azarías fueron derrotados y perseguidos hasta la frontera de Judea.
Sucumbieron aquel día alrededor de 2.000
hombres del pueblo de Israel.
61 Sobrevino
este grave revés al pueblo por no haber obedecido a Judas y sus hermanos,
creyéndose capaces de grandes hazañas.
62 Pero
no eran ellos de aquella casta de hombres a quienes estaba confiada la
salvación de Israel.
63 El
valiente Judas y sus hermanos alcanzaron gran honor ante todo Israel y todas
las naciones a donde su nombre llegaba.
64 Las
muchedumbres se agolpaban a su alrededor para aclamarles.
65 Salió
Judas con sus hermanos a campaña contra los hijos de Esaú, al país del
mediodía. Tomó Hebrón y sus aldeas, arrasó sus murallas y prendió fuego a las
torres de su contorno.
66 Partió
luego en dirección al país de los filisteos y atravesó Marisá.
67 Al
querer señalarse tomando parte imprudentemente en el combate, cayeron aquel día
algunos sacerdotes.
68 Dobló
luego Judas sobre Azoto, territorio de los filisteos, y destruyó sus altares,
dio fuego a las imágenes de sus dioses y saqueó sus ciudades. Después, regresó
al país de Judá.
I
Macabeos 6
1 El
rey Antíoco, en su recorrido por la región alta, tuvo noticia de que había una
ciudad en Persia, llamada Elimaida, famosa por sus riquezas, su plata y su oro.
2 Tenía
un templo rico en extremo, donde se guardaban armaduras de oro, corazas y armas
dejadas allí por Alejandro, hijo de Filipo, rey de Macedonia, que fue el primer
rey de los griegos.
3 Allá
se fue con intención de tomar la ciudad y entrar a saco en ella. Pero no lo
consiguió, porque los habitantes de la ciudad, al conocer sus propósitos,
4 le
ofrecieron resistencia armada, y tuvo que salir huyendo y marcharse de allí con
gran tristeza para volverse a Babilonia.
5 Todavía
se hallaba en Persia, cuando llegó un mensajero anunciándole la derrota de las
tropas enviadas a la tierra de Judá.
6 Lisias,
en primer lugar, había ido al frente de un poderoso ejército, pero había tenido
que huir ante los judíos. Estos se habían crecido con las tropas y los muchos
despojos tomados a los ejércitos vencidos.
7 Habían
destruido la Abominación levantada por él sobre el altar de Jerusalén. Habían
rodeado de altas murallas como antes el
santuario, así como a Bet Sur, ciudad del rey.
8 Ante
tales noticias, quedó el rey consternado, presa de intensa agitación, y cayó en
cama enfermo de pesadumbre por no
haberle salido las cosas como él quisiera.
9 Muchos
días permaneció allí, renovándosele sin cesar la profunda tristeza, hasta que
sintió que se iba a morir.
10 Hizo
venir entonces a todos sus amigos y les dijo: «Huye el sueño de mis ojos y mi
corazón desfallece de ansiedad.
11 Me
decía a mí mismo: ¿Por qué he llegado a este extremo de aflicción y me
encuentro en tan gran tribulación, siendo así que he sido bueno y amado en mi
gobierno?
12 Pero
ahora caigo en cuenta de los males que hice en Jerusalén, cuando me llevé los
objetos de plata y oro que en ella había y envié gente para exterminar sin
motivo a los habitantes de Judá.
13 Reconozco
que por esta causa me han sobrevenido los males presentes y muero de inmensa
pesadumbre en tierra extraña.»
14 Llamó
luego a Filipo, uno de sus amigos, y le puso al frente de todo su reino.
15 Le
dio su diadema, sus vestidos y su anillo, encargándole que educara a su hijo
Antíoco y le preparara para que fuese rey.
16 Allí
murió el rey Antíoco el año 149.
17 Lisias,
al saber la muerte del rey, puso en el trono a su hijo Antíoco, al que había
educado desde niño, y le dio el sobrenombre
de Eupátor.
18 La
guarnición de la Ciudadela tenía sitiado a Israel en el recinto del Lugar
Santo; buscaba siempre ocasión de
causarle mal y de ofrecer apoyo a los gentiles.
19 Resuelto
Judas a exterminarlos, convocó a todo el pueblo para sitiarles.
20 El
año 150, una vez reunidos, dieron comienzo al sitio de la Ciudadela y
construyeron plataformas de tiro e ingenios de guerra.
21 Pero
algunos de los sitiados lograron romper el cerco y juntándoseles otros de entre
los impíos de Israel,
22 acudieron
al rey para decirle: «¿Hasta cuándo vas a estar sin hacer justicia y sin vengar
a nuestros hermanos?
23 Nosotros
aceptamos de buen grado servir a tu padre, seguir sus órdenes y obedecer sus
edictos.
24 Esta
es la causa por la que nuestros conciudadanos se nos muestran hostiles. Han
matado a cuantos de nosotros han caído en sus manos y nos han arrebatado
nuestras haciendas.
25 Pero
no sólo han alzado su mano sobre nosotros, sino también sobre todos tus
territorios.
26 He
aquí que hoy tienen puesto cerco a la Ciudadela de Jerusalén con intención de
tomarla y han fortificado el santuario y Bet Sur.
27 Si
no te apresuras a atajarles, se atreverán a más, y ya te será imposible
contenerles.»
28 Al
oírlo el rey, montó en cólera y convocó a todos sus amigos, capitanes del
ejército y comandantes de la caballería.
29 Le
llegaron tropas mercenarias de otros reinos y de la islas del mar.
30 El
número de sus fuerzas era de 10.000 infantes, 20.000 jinetes y 32 elefantes
adiestrados para la guerra.
31 Viniendo
por Idumea, pusieron cerco a Bet Sur y la atacaron durante mucho tiempo,
valiéndose de ingenios de guerra. Pero los sitiados, en salidas que hacían, se
los quemaban y peleaban valerosamente.
32 Entonces
Judas partió de la Ciudadela y acampó en Bet Zacaría, frente al campamento
real.
33 El
rey se levantó de madrugada y puso en marcha el ejército con todo su ímpetu por
el camino de Bet Zacaría. Los ejércitos se dispusieron para entrar en batalla y
se tocaron las trompetas.
34 A
los elefantes les habían mostrado zumo de uvas y moras para prepararlos al
combate.
35 Las
bestias estaban repartidas entre las falanges. Mil hombres, con cota de malla y
casco de bronce en la cabeza, se alineaban al lado de cada elefante. Además,
con cada bestia iban quinientos jinetes escogidos,
36 que
estaban donde el animal estuviese y le acompañaban adonde fuese, sin apartarse
de él.
37 Cada
elefante llevaba sobre sí, sujeta con cinchas, una torre fuerte de madera como
defensa y tres guerreros que combatían
desde ella, además del conductor.
38 Al
resto de la caballería el rey lo colocó a un lado y otro, en los flancos del
ejército, con la misión de hostigar al enemigo y proteger las falanges.
39 Cuando
el sol dio sobre los escudos de oro y bronce, resplandecieron los montes a su
fulgor y brillaron como antorchas encendidas.
40 Una
parte del ejército real se desplegó por las alturas de los montes, mientras
algunos lo hicieron por el llano; y avanzaban con seguridad y buen orden.
41 Se
estremecían todos los que oían el griterío de aquella muchedumbre y el
estruendo que levantaba al marchar y
entrechocar las armas; era, en efecto, un ejército muy grande y fuerte.
42 Judas
y su ejército se adelantaron para entrar en batalla, y sucumbieron seiscientos
hombres del ejército real.
43 Eleazar,
llamado Avarán, viendo una de las bestias que iba protegida de una coraza real
y que aventajaba en corpulencia a todas las demás, creyó que el rey iba en
ella,
44 y
se entregó por salvar a su pueblo y conseguir un nombre inmortal.
45 Corrió
audazmente hasta la bestia, metiéndose entre la falange, matando a derecha e
izquierda y haciendo que los enemigos se
apartaran de él a un lado y a otro;
46 se
deslizó debajo del elefante e hiriéndole por debajo, lo mató. Cayó a tierra el
animal sobre él y allí murió Eleazar.
47 Los
judíos, al fin, viendo la potencia del reino y la impetuosidad de sus tropas,
cedieron ante ellas.
48 El
ejército real subió a Jerusalén, al encuentro de los judíos, y el rey acampó
contra Judea y contra el monte Sión.
49 Hizo
la paz con los de Bet Sur, que salieron de la ciudad al no tener allí víveres
para sostener el sitio por ser año
sabático para la tierra.
50 El
rey ocupó Bet Sur y dejó allí una guarnición para su defensa.
51 Muchos
días estuvo sitiando el santuario. Levantó allí plataformas de tiro e ingenios
de guerra, lanzallamas, catapultas, escorpiones de lanzar flechas y hondas.
52 Por
su parte, los sitiados construyeron ingenios contra los ingenios de los otros y
combatieron durante muchos días.
53 Pero
no había víveres en los almacenes, porque aquel era año séptimo, y además los
israelitas liberados de los gentiles y
traídos a Judea habían consumido las últimas reservas.
54 Víctimas,
pues, del hambre, dejaron unos pocos hombres en el Lugar Santo y los demás se
dispersaron cada uno a su casa.
55 Se
enteró Lisias de que Filipo, aquel a quien el rey Antíoco había confiado antes
de morir la educación de su hijo Antíoco para el trono,
56 había
vuelto de Persia y Media y con él las tropas que acompañaron al rey, y que
trataba de hacerse con la dirección del gobierno.
57 Entonces
se apresuró a señalar la conveniencia de volverse, diciendo al rey, a los
capitanes del ejército y a la tropa: «De día en día venimos a menos; las
provisiones faltan; la plaza que asediamos está bien fortificada y los negocios
del reino nos urgen.
58 Demos,
pues, la mano a estos hombres, hagamos la paz con ellos y con toda su nación
59 y
permitámosles vivir según sus costumbres tradicionales, pues irritados por
habérselas abolido nosotros, se han
portado de esta manera.»
60 El
rey y los capitanes aprobaron la idea y el rey envió a proponer la paz a los
sitiados. Estos la aceptaron
61 y
el rey y los capitanes se la juraron. Con esta garantía salieron de la
fortaleza
62 y
el rey entró en el monte Sión. Pero al ver la fortaleza de aquel lugar, violó
el juramento que había hecho y ordenó
destruir la muralla que lo rodeaba.
63 Luego,
a toda prisa, partió y volvió a Antioquía, donde encontró a Filipo dueño de la
ciudad. Le atacó y se apoderó de la ciudad por la fuerza.
I
Macabeos 7
1 El
año 151, Demetrio, hijo de Seleuco, salió de Roma y, con unos pocos hombres,
arribó a una ciudad marítima donde se proclamó rey.
2 Cuando
se disponía a entrar en la residencia real de sus padres, el ejército apresó a
Antíoco y a Lisias para llevarlos a su presencia.
3 Al
saberlo, dijo: «No quiero ver sus caras.»
4 El
ejército los mató y Demetrio se sentó en su trono real.
5 Entonces
todos los hombres sin ley e impíos de Israel acudieron a él, con Alcimo al
frente, que pretendía el sumo sacerdocio.
6 Ya
en su presencia, acusaron al pueblo diciendo: «Judas y sus hermanos han hecho
perecer a todos tus amigos y a nosotros
nos han expulsado de nuestro país.
7 Envía,
pues, ahora una persona de tu confianza, que vaya y vea los estragos que en
nosotros y en la provincia del rey han causado, y los castigue a ellos y a
todos los que les apoyan.»
8 El
rey eligió a Báquides, uno de los amigos del rey, gobernador de Transeufratina,
grande en el reino y fiel al rey.
9 Le
envió con el impío Alcimo, a quien concedió el sacerdocio, a tomar venganza de
los israelitas.
10 Partieron
con un ejército numeroso y en llegando a la tierra de Judá, enviaron mensajeros
a Judas y sus hermanos con falsas proposiciones de paz.
11 Pero
éstos no hicieron caso de sus palabras, porque vieron que habían venido con un
ejército numeroso.
12 No
obstante, un grupo de escribas se reunió con Alcimo y Báquides, tratando de
encontrar una solución justa.
13 Los
asideos eran los primeros entre los israelitas en pedirles la paz,
14 pues
decían: «Un sacerdote del linaje de Aarón ha venido con el ejército: no nos
hará ningún mal.»
15 Habló
con ellos amistosamente y les aseguró bajo juramento: «No intentaremos haceros
mal ni a vosotros ni a vuestros amigos.»
16 Le
creyeron, pero él prendió a sesenta de ellos y les hizo morir en un mismo día,
según la palabra que estaba escrita:
17 =
«Esparcieron la carne y la sangre de tus santos en torno a Jerusalén y no hubo
quien les diese sepultura.» =
18 Con
esto, el miedo hacia ellos y el espanto se apoderó del pueblo, que decía: «No
hay en ellos verdad ni justicia, pues han violado el pacto y el juramento que
habían jurado.»
19 Báquides
partió de Jerusalén y acampó en Bet Zet. De allí mandó a prender a muchos que
habían desertado donde él y a algunos del pueblo, los mató y los arrojó en el
pozo grande.
20 Luego
puso la provincia en manos de Alcimo, dejó con él tropas que le sostuvieran y
se marchó adonde el rey.
21 Alcimo
luchó por el sumo sacerdocio.
22 Se
le unieron todos los perturbadores del pueblo, se hicieron dueños de la tierra
de Judá y causaron graves males a
Israel.
23 Viendo
Judas todo el daño que Alcimo y los suyos hacían a los hijos de Israel, mayor
que el que habían causado los gentiles,
24 salió
a recorrer todo el territorio de Judea para tomar venganza de los desertores y
no dejarles andar por la región.
25 Al
ver Alcimo que Judas y los suyos cobraban fuerza y que él no podía resistirles,
se volvió donde el rey y les acusó de graves delitos.
26 El
rey envió a Nicanor, uno de sus generales más distinguidos y enemigo declarado
de Israel, y le mandó exterminar al pueblo.
27 Nicanor
llegó a Jerusalén con un ejército numeroso y envió a Judas y sus hermanos un
insidioso mensaje de paz diciéndoles:
28 «No
haya lucha entre vosotros y yo; iré a veros amistosamente con una pequeña
escolta.»
29 Fue
pues, donde Judas y ambos se saludaron amistosamente, pero los enemigos estaban
preparados para raptar a Judas.
30 Al
conocer que había venido a él con engaños, se atemorizó Judas y no quiso verle
más.
31 Viendo
descubiertos sus planes, Nicanor salió a enfrentarse con Judas cerca de
Cafarsalamá.
32 Cayeron
unos quinientos hombres del ejército de Nicanor y los demás huyeron a la Ciudad
de David.
33 Después
de estos sucesos, subió Nicanor al monte Sión. Salieron del Lugar Santo
sacerdotes y ancianos del pueblo para
saludarle amistosamente y mostrarle el holocausto que se ofrecía por el rey.
34 Pero
él se burló de ellos, les escarneció, les mancilló y habló insolentemente.
35 Colérico,
les dijo con juramento: «Si esta vez no se me entrega Judas y su ejército en
mis manos, cuando vuelva, hecha la paz, prenderé fuego a esta Casa.» Y salió
lleno de furor.
36 Entraron
los sacerdotes y, de pie ante el altar y el santuario, exclamaron llorando:
37 «Tú
has elegido esta Casa para que en ella fuese invocado tu nombre y fuese casa de
oración y súplica para tu pueblo;
38 toma
vengaza de este hombre y de su ejército y caigan bajo la espada. Acuérdate, de
sus blasfemias y no les des tregua.»
39 Nicanor
partió de Jerusalén y acampó en Bet Jorón, donde se le unió un contingente de
Siria.
40 Judas
acampó en Adasá con 3.000 hombres y oró diciendo:
41 «Cuando
los enviados del rey blasfemaron, salió tu ángel y mató a 185.000 de ellos;
42 destruye
también hoy este ejército ante nosotros y reconozcan los que queden que su jefe
profirió palabras impías contra tu Lugar Santo; júzgale según su maldad.»
43 El
día trece del mes de Adar trabaron batalla los ejércitos y salió derrotado el
de Nicanor. Nicanor cayó el primero en
el combate,
44 y
su ejército, al verle caído, arrojó las armas y se dio a la fuga.
45 Les
estuvieron persiguiendo un día entero, desde Adasá hasta llegar a Gázara, dando
aviso tras ellos con el sonido de las trompetas.
46 Salió
gente de todos los pueblos judíos del contorno y, envolviéndoles, les obligaron
a volverse los unos sobre los otros. Todos cayeron a espada; no quedó ni uno de
ellos.
47 Tomaron
los despojos y el botín; cortaron la cabeza de Nicanor y su mano derecha,
aquella que había extendido insolentemente, y las llevaron para exponerlas a la
vista de Jerusalén.
48 El
pueblo se llenó de gran alegría; celebraron aquel día como un gran día de regocijo
49 y
acordaron conmemorarlo cada año el trece de Adar.
50 El
país de Judá gozó de sosiego por algún tiempo.
I
Macabeos 8
1 La
fama de los romanos llegó a oídos de Judas. Decían que eran poderosos, se
mostraban benévolos con todos los que se
les unían, establecían amistad con cuantos acudían a ellos
2 (y
eran poderosos). Le contaron sus guerras y las proezas que habían realizado
entre los galos, cómo les habían dominado y sometido a tributo;
3 todo
cuanto habían hecho en la región de Espanña para hacerse con las minas de plata
y oro de allí,
4 cómo
se habían hecho dueños de todo el país gracias a su prudencia y perseverancia
(a pesar de hallarse aquel país a larga distancia del suyo); a los reyes
venidos contra ellos desde los confines de la tierra, los habían derrotado e inferido fuerte descalabro, y los
demás les pagaban tributo cada año;
5 habían
vencido en la guerra a Filipo, a Perseo, rey de los Kittim, y a cuantos se
habían alzado contra ellos, y los habían sometido;
6 Antíoco
el Grande, rey de Asia, había ido a hacerles la guerra con 120 elefantes,
caballería, carros y tropas muy numerosas, y fue derrotado,
7 le
apresaron vivo y le obligaron, a él y a sus sucesores en el trono, a pagarles
un gran tributo, a entregar rehenes y a ceder
8 algunas
de sus mejores provincias: la provincia índica, Media y Lidia, que le quitaron
para dárselas al rey Eumeno;
9 los
de Grecia habían concebido el proyecto de ir a exterminarlos,
10 y
en sabiéndolo los romanos, enviaron contra ellos a un solo general, les
hicieron la guerra, mataron a muchos de
ellos, llevaron cautivos a sus mujeres y niños, saquearon sus bienes,
subyugaron el país, arrasaron sus
fortalezas y les sometieron a servidumbre hasta el día de hoy;
11 a
los demás reinos y a las islas, a cuantos en alguna ocasión les hicieron
frente, los destruyeron y redujeron a
servidumbre.
12 En
cambio, a sus amigos y a los que en ellos buscaron apoyo, les mantuvieron su
amistad. Tienen bajo su dominio a los
reyes vecinos y a los lejanos y todos cuantos oyen su nombre les temen.
13 Aquellos
a quienes quieren ayudar a conseguir el trono, reinan; y deponen a los que
ellos quieren. Han alcanzado gran
altura.
14 No
obstante, ninguno de ellos se ciñe la diadema ni se viste de púrpura para engreírse
con ella.
15 Se
han creado un Consejo, donde cada día 320 consejeros deliberan constantemente
en favor del pueblo para mantenerlo en
buen orden.
16 Confían
cada año a uno solo el mando sobre ellos y el dominio de toda su tierra. Todos
obedecen a este solo hombre sin que haya entre ellos envidias ni celos.
17 Judas
eligió a Eupólemo, hijo de Juan, y de Haqcós, y a Jasón, hijo de Eleazar, y los
envió a Roma a concertar amistad y alianza,
18 para
sacudirse el yugo de encima, porque veían que el reino de los griegos tenía a
Israel sometido a servidumbre.
19 Partieron,
pues, para Roma y luego de un larguísimo viaje, entraron en el Consejo, donde
tomando la palabra, dijeron:
20 Judas,
llamado Macabeo, sus hermanos y el pueblo judío nos han enviado donde vosotros
para concertar con vosotros alianza y
paz y para que nos inscribáis en el número de vuestros aliados y amigos.»
21 La
propuesta les pareció bien.
22 Esta
es la copia de la carta que enviaron a Jerusalén, grabada en planchas de
bronce, para que fuesen allí para ellos
documento de paz y alianza:
23 «Felicidad
a los romanos y a la nación de los judíos por mar y tierra para siempre. Lejos
de ellos la espada y el enemigo.
24 Pero,
si le sobreviene una guerra primero a Roma o a cualquiera de sus aliados en
cualquier parte de sus dominios,
25 la
nación de los judíos luchará a su lado, según las circunstancias se lo dicten,
de todo corazón.
26 No
darán a los enemigos ni les suministrarán trigo, armas, dinero ni naves. Así lo
ha decidido Roma. Guardarán sus compromisos sin recibir compensación alguna.
27 De
la misma manera, si sobreviene una guerra primero a la nación de los judíos,
los romanos lucharán a su lado, según las circunstancías se lo dicten, con toda
el alma.
28 No
darán a los combatientes trigo, armas, dinero ni naves. Así lo ha decidido
Roma. Guardarán sus compromisos sin
dolo.
29 En
estos términos se han concertado los romanos con el pueblo de los judíos.
30 Si
posteriormente unos y otros deciden añadir o quitar algo, lo podrán hacer a su
agrado, y lo que añadan o quiten será
valedero.
31 «En
cuanto a los males que el rey Demetrio les ha causado, le hemos escrito
diciéndole: "¿Por qué has hecho sentir pesadamente tu yugo sobre nuestros
amigos y aliados los judíos?
32 Si
otra vez vuelven a quejarse de ti, nosotros les haremos justicia y te haremos
la guerra por mar y tierra."»